Algunos aspectos historicos de le evolución de la cirugía pediatrica chilena

Profesor Dr. René Artigas N.
Maestro de la Cirugía Pediátrica Chilena
Profesor de Cirugía Pediátrica de la Universidad de Chile

"A medida que la cirugía acelera su paso hacia el progreso, impulsada por un grupo de cultores entusiastas y llenos de fe, a medida que construímos un edificio científico cuya cima jamás ha de alcanzarse, nos vamos distanciando ingratos, de nombres ilustres en la cirugía y ejemplos luminosos de esfuerzos, que escribieron con singular modestia las páginas primeras del libro sobre nuestra cirugía".

Estas palabras corresponden a la clase inaugural de un curso sobre Cirugía Reparadora, pronunciadas por el Dr. Emilio Aldunate Phillips.

"Es habitual entre nosotros estar pendientes del futuro, pero somos ingratos con ese pasado que acunó los méritos del que hoy día gozamos. Debemos recordar con cariño a aquellos hombres que contribuyeron a este prestigio". Palabras del Dr. César Izzo Parodi, con motivo de las Bodas de Plata de la Sociedad Chilena de Pediatría en 1947.

Tuve la suerte de ser discípulo de ambos maestros y de ellos aprendí el interés por conocer el pasado y el respeto que se merecen nuestros antecesores, quienes lucharon incansablemente, en un ambiente a menudo hostil y de escasos recursos, legándonos el saber del que hoy disfrutamos y que nos ha permitido evitar tantos errores.

Inicios

Figura 1.
Dr. Agustín Inostroza
No es difícil remontarse al nacimiento de la Cirugía Pediátrica Chilena, es casi contemporánea nuestra. Aún viven entre nosotros algunos de sus primeros cultores, como lo es el Dr. Agustín Hinostroza (figura 1), hace algún tiempo, designado "Maestro de la Cirugía Pediátrica Chilena".

Al revisar las publicaciones médicas nacionales de la época, fue posible ubicar un artículo del Dr. R. Aguirre Luco, publicado en la Revista Médica de Chile en 1901; en el relata las vicisitudes sufridas al operar dos niños de cuatro y siete años respectivamente, de sendas hernias inguinales, a quienes se mantuvo en cama doce días después de la operación. Años más tarde, en 1908, de nuevo el Dr. Aguirre Luco relata las observaciones clínicas de cuatro pacientes operados de idéntica patología, pero como era normal en ese tiempo, en un hospital para adultos, pese a que la edad de los pacientes fluctuaba entre los cinco y los siete años.

Corría el primer año de nuestro siglo cuando todavía era frecuente oír que: "los niños no debían operase, porque era hacerlos sufrir inútilmente".



Figura 2
Sr. Manuel Arriarán
Santiago en 1901, se vio asolado por una cruel epidemia de sarampión, que diezmó la población infantil. Fue tal su gravedad, que las autoridades de la época, de acuerdo con el Arzobispado de Santiago, encargaron a Don Manuel Arriarán (figura 2), que en la Casa de Ejercicios de San José ubicada en la calle Huérfanos esquina Riquelme, albergara a todos los niños enfermos, en compañía de sus madres, para que allí recibieran auxilio médico.

Pasó el tiempo, la epidemia decreció, pero la Casa de Ejercicios seguía ocupada por madres e hijos. Con el objeto de devolver el inmueble se ubicó a estos niños en un viejo cuartel de policía, en ese momento desocupado, ubicado en la calle Matucana. Allí continuó su labor el Sr. Arriarán, y este local con el tiempo pasó a ser el primer hospital para niños del país, conocido con el nombre de "Hospital de Niños de la calle Matucana". Lógicamente aquí no tenía cabida aún la Cirugía Infantil.


Figura 3
Dr. Eugenio Díaz Lira
Recién en 1908, se inició la preocupación por la Cirugía Infantil, fecha de la partida a Europa, del Dr. Eugenio Díaz Lira (figura 3), quién tenía la misión de visitar los hospitales de niños de Francia. Allí tomó estrecho contacto con el Prof. Ombredanne, del Hospital "Les enfants malades" en París y después en Berck-Sur-Mer, estuvo en los Servicios de los profesores Calot y Menard, especializados en tuberculosis ósea.

De regreso en Chile, el Dr. Díaz Lira, trabajó junto a su antiguo maestro y amigo, el Dr. Gregorio Amunátegui, profesor de Cirugía General y Decano de la Facultad de Medicina. Aquel era el tiempo de los grandes maestros, de las grandes clínicas, de los profesores con barba y tenidas de etiqueta.

 


Figura 4
Dr. Roberto del Río
La Sección Quirúrgica del Hospital de niños fue creada en 1909, quedando bajo la dirección del Dr. Gregorio Amunátegui, actuando como Director del Hospital el Dr. Roberto del Río (figura 4). Esta sección contaba con: la sala Santa Rosa para 30 camas para niños con tuberculosis, la sala San José, también con 30 camas y la sala Abelardo Nuñez con otras 20. Para las niñas se disponía de la Sala Purísima y Rosario, con 36 camas. Además esta sección se ampliaba ocupando parte de la Sala Cuna Belén, destinada a los niños de pecho que era dirigida por el Dr. Infante.

Las estadísticas exhibidas por el Dr. Amunátegui, correspondientes al año 1911 revelan: 516 pacientes hospitalizados, 401 pacientes operados, 94 aparatos de yeso colocados y 5.897 curaciones efectuadas. Este altísimo número de curaciones se explica por el elevado número de lesiones tuberculosas fistulizadas, tanto ganglionares como óseas y lo rebeldes que eran éstas lesiones a los tratamientos de la época

Llama también la atención al revisar estas estadísticas la calidad de las intervenciones quirúrgicas practicadas, así se relatan 5 sindactilias, 4 labios leporinos, 1 meningocele, 5 pie bot, 1 imperforación anal. Además de suponer las intervenciones en hernias y apendicitis.

Otro hecho digno de mención, es el tratamiento a que fueron sometidos algunos pacientes, por ejemplo, a dos niños portadores de mixedema crónico se les injertó cuerpo tiroides de cordero en el canal medular, previa trepanación ósea. Esta experiencia fue motivo de una tesis de grado del Dr. Francisco Lara Espinoza, presentada en 1912.

En abril de 1915, el Dr. Gregorio Amunátegui publicó nuevas estadísticas de su servicio, que corresponden a los años 1913 y 1914. Durante este lapso se hospitalizaron 1.599 pacientes, fueron operados 848 y fallecieron 54 (29.6%).

Durante este período el Dr. Enrique González Pastor, quien fuera más tarde eminente cirujano y profesor de la Universidad de Concepción, presentó su tesis de grado titulada: "Transplantación de Organos".

El Dr. Díaz Lira fue durante todo este tiempo un colaborador eficiente y leal del Dr. Amunátegui, primero como su ayudante y después como su jefe de clínica. Luego en 1918 fue nombrado Profesor Extraordinario de Cirugía Infantil y Ortopedia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, cargo que ejerció durante 25 años. Su Tesis de profesorado la tituló "Luxación congénita de la cadera".

Desde ese momento, el progreso de la cirugía pediátrica chilena no se ha detenido. Avanzó cada día con mayor celeridad cubriendo nuevos campos, incorporando técnicas cada vez más complejas, sofisticadas y efectivas, logrando siempre renovados y muy justificados éxitos.

El Dr. Díaz Lira, era secundado en sus diarias labores en el hospital, por dos auxiliares de enfermería, doña Isabel Jaritonova y doña María Díaz Trincado, quienes además de cuidar a los pacientes, administraban las anestesias, practicaban las curaciones, lavaban y arreglaban la ropa, esterilizaban el instrumental quemándolo con alcohol, etc.

Figura 5
Hospital de Niños "Manuel Arriarán"
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El Sr. Manuel Arriarán, administrador del Hospital de la calle Matucana, al fallecer en 1908, dejó un legado de cuatrocientos mil pesos, destinados a construir y habilitar otro hospital para niños, en el área sur de Santiago. Con este objeto la Junta de Beneficencia adquirió en la calle Santa Rosa la quinta de veraneo de la familia Matte. Allí se construyó el nuevo Hospital Infantil, el que en honor a su benefactor se llamó "Hospital de Niños Manuel Arriarán" (figura 5). Fue inaugurado para la atención ambulatoria en 1918.

El 2 de Enero de 1920, se inauguró, en dicho Hospital el Servicio de Cirugía Infantil, designándose Jefe al Dr. Gonzalo Moraga, quien ejerció el cargo sólo unos meses, sucediéndole el Dr. Agustín Inostroza, quien fue su Jefe por espacio de 41 años, hasta su merecida jubilación, en 1961.

Este servicio inició sus funciones con seis camas. Estaba ubicado en el segundo piso del edificio de la calle Santa Rosa y contaba con un minúsculo pabellón de operaciones, una salita para la esterilización del instrumental, otra sala para colocar yesos, otra para consultorio externo y el pasillo servía como sala de espera.

El Dr. Inostroza contaba con un solo ayudante, el licenciado en medicina Sr. Francisco Espinoza, quien hizo su tesis de grado en este servicio con el tema: "Tubo de Gillies".

En 1923 se agregó como ayudante, otro cirujano, el Dr. Juan Gandulfo, fallecido trágicamente en 1931, cuya interesante vida y obra ha sido recopilada por sus contemporáneos y editada en un folleto gracias a los esfuerzos del Dr. Carlos Urrutia.

Es interesante destacar las estadísticas exhibidas por el Dr. Inostroza, correspondientes a su trabajo en el año 1920: 76 intervenciones quirúrgicas, que incluyen entre otras operaciones: 6 amputaciones y una plastía por fístula labial.

La Sociedad Chilena de Pediatría se fundó el 21 de Julio de 1922, y su primera reunión académica se realizó el 7 de agosto de ese mismo año. Resulta interesante desde el punto de vista quirúrgico analizar el temario de esta primera reunión:

1.- Linfangioma quístico del cuello.
2.- Anomalía congénita del esternón.
3.- Tumor incalificado del muslo.

Por lo tanto podría calificarse esta reunión, como la primera sesión de Cirugía Infantil del país, tanto más que, esta naciente sociedad pediátrica desde su inicio albergó a los pocos cirujanos pediatras que existían.

En 1925 el Dr. Inostroza viajó a Europa, y allí tuvo la oportunidad de trabajar en cirugía con el Prof. Ombredanne en París y con el Dr. Putti en Italia, en cirugía osteoarticular. De regreso a Chile en 1926 inició los tratamientos a base de osteosíntesis metálica y artroplastías osteoperiósticas de caderas. Junto a estos avances fue necesario aumentar a nueve el número de cirujanos y a veinte las camas.

En 1924 se inicia la publicación de los Archivos Chilenos de Pediatría, donde también tenían cabida los temas quirúrgicos. A partir de 1930 esta publicación pasó a llamarse "Revista Chilena de Pediatría", la que siguió cobijando a los cirujanos por muchos años, incluso en la actualidad.

Desarrollo mantenido

 

En el desarrollo de la especialidad, tuvo gran importancia la visita que en 1927 hiciera a nuestro país el profesor Ombredanne de París, con el objeto de conocer los servicios del profesor Díaz Lira y del Dr. Inostroza, quienes habían estado una larga temporada en su servicio. Más tarde, en 1930 se efectuó la visita del Prof. Putti, Director del Instituto Rizoli, de Bologna, Italia.

Fruto de estas distinguidas visitas, fue la invitación que se gestó para algunos cirujanos pediatras chilenos entre los cuales los Drs. César Izzo y Carlos Urrutia resultaron favorecidos. También lo fue, un par de años después, el Dr. Arnulfo Johow, quien viajó a Alemania, por un tiempo prolongado, recogiendo allá una valiosa experiencia.

En el decenio 1931 - 1940, ocurren tres hechos fundamentales que caracterizan la época:

1. Se pone fin a la tan temida hipertermia pálida, que no era otra cosa que la aguda deshidratación de los pacientes motivada por el prolongado ayuno pre-operatorio.

2. Se inicia con el Prontosil, la era de las sulfamidas, valioso elemento en la lucha contra las infecciones.

3. El tratamiento de las secuelas de la poliomielitis se hace en forma más racional gracias a los trabajos de los Drs. Eugenio Díaz Bordeau y Olimpo Molina, en los hospitales Roberto del Río y Arriarán respectivamente.

En 1939, es abandonado el viejo edificio de la calle Matucana, trasladándose el Hospital Roberto del Río a su nuevo edificio de la calle Zañartu, donde funciona hasta hoy día dedicado exclusivamente a la atención de los niños.

Con el panorama descrito se llega al decenio 1941 - 1950, caracterizado por relevantes avances en cuanto a diagnóstico, tratamiento y técnicas quirúrgicas.

Fue muy importante el establecimiento de la hidratación parenteral, desterrándose así la dolorosa hipodermoclisis y la poco eficiente proctoclisis. Se inicia la era de los antibióticos con el empleo de la penicilina en dosis de 5.000 unidades cada cuatro horas, día y noche, con el inconveniente, más tarde subsanado, de tener que almacenar la droga en refrigeración. La era de los antibióticos ha seguido su línea de progreso hasta el presente y no tiene visos de terminar todavía.

En este período también, se abandona el uso del cloroformo como droga anestésica, e incluso el éter suministrado gota a gota, lo que da paso al uso de máquinas anestésicas más complejas que el aparato de Ombredanne, usado hasta esa fecha.

El aumento siempre creciente de la demanda de atención para niños, obliga en el Hospital Arriarán a aumentar su dotación de camas a 84 y, por ende, el número de cirujanos.

Figura 6
A la derecha el Dr. César Izzo Parodi.
El 2 de Enero de 1942, en el Hospital Manuel Arriarán se inauguró el primer Servicio de Urgencia Infantil del país, siendo su primer jefe y propulsor el Dr. César Izzo Parodi. Las puertas de dicho servicio, desde ese momento jamás se han cerrado por motivo alguno hasta el día de hoy. Este servicio inició sus labores con cinco cirujanos solamente: los Drs. César Izzo (figura 6), Urbano González, Julián Corcuera, Juan Lucht y Olimpo Molina, este último reemplazado muy poco después por el Dr. Alberto Veloso.

Durante el primer año de funcionamiento se atendieron 1.500 pacientes quirúrgicos, por los cinco cirujanos del comienzo. Hoy día el servicio tiene una planta de 25 cirujanos, además de los pediatras y efectúa un promedio anual de 45.000 atenciones quirúrgicas, de las más variadas índoles. Aparte de la labor asistencial ha sido escuela de perfeccionamiento científico y técnico de las nuevas generaciones y modelo de los servicios creados posteriormente, tales como el del Hospital Roberto del Río, más tarde el del Hospital Luis Calvo Mackenna, luego el Hospital Exequiel González Cortés y, últimamente, los Hospitales Sótero del Río y Félix Bulnes, totalizándose así, seis servicios de Urgencia Infantil en el Area Metropolitana, los que en conjunto tiene un promedio de 800.000 consultas anuales, de las cuales alrededor del 25% tiene carácter quirúrgico. A esto debe agregarse la puesta en marcha de varios servicios anexos a clínicas privadas y todos aquellos que ahora funcionan en las regiones, similares al fundado por el Dr. Izzo.

En 1943 se inauguró en Santiago el tercer hospital para niños, llamado "Dr. Luis Calvo Mackenna" en honor a un gran pediatra chileno. El servicio de cirugía estuvo desde un comienzo a cargo del Dr. Carlos Urrutia, formado en el Hospital M. Arriarán junto al Dr. Agustín Inostroza; se hizo acompañar al nuevo hospital por los Drs. Helmuth Jäeger y Alfredo del Río, los que también procedían del Arriarán y quienes hasta el día de hoy permanecen en el Calvo Mackenna, habiendo sucedido ambos al Dr. Urrutia en la jefatura del servicio.

A poco andar, este hospital se destaca por la gran importancia nacional que adquiere su Centro de Cirugía Cardiovascular, el que exhibe un impresionante volumen de trabajo, con resultados francamente halagadores, lo que en gran parte fue debido al empuje que su creador, el Dr. Helmuth Jäeger supo imprimirle, ejemplo que sus seguidores han mantenido.

En 1945 falleció el Prof. Eugenio Díaz Lira, ex-jefe del servicio de cirugía infantil del Hospital Roberto del Río. Fue reemplazado por su dilecto discípulo, el Dr. Arnulfo Johow, quién poseía una personalidad fascinante y arrolladora, además de una alegría de vivir impresionante. Gracias a sus profundos conocimientos inició los primeros pasos de la cirugía cardíaca, digestiva e incluso reparadora. Como exponente de esta última disciplina le cupo en suerte organizar el II Congreso Latinoamericano de Cirugía Plástica Reparadora, efectuado en Santiago en 1944, el que fue todo un éxito. Permaneció como jefe del servicio hasta su jubilación en 1960.

El quinquenio 1951 - 1955, también exhibe importantes avances. Se inicia la anestesia mediante circuito cerrado, lo que permite junto con la intubación endotraqueal, la cirugía pulmonar y cardíaca sin los graves riesgos de antes. Aquí el Dr. Johow tuvo una participación de pionero al iniciar la cirugía cardíaca, siendo el primero en Chile en operar un paciente portador de una Tetralogía de Fallot. La Estreptomicina cambia fundamentalmente el tratamiento y pronóstico de la tuberculosis en todas sus manifestaciones, siendo la más importante el término de las fijaciones articulares para obtener su curación, las que a partir de ese momento pueden curar con función, como lo demostró el Dr. Alberto Veloso, en el Congreso de la Sociedad Latinoamericana efectuado en Brasil. Esto mereció los más diversos comentarios, entre la duda y la estupefacción en 1953.

Otro avance importante lo constituyó el cambio radical en las resecciones intestinales, demostrándose que también en el niño podían efectuarse anastómosis término-terminales, lo que se consideraba hasta ese momento imposible por el diámetro intestinal tan reducido.

Como complemento del acto quirúrgico, fue de una extraordinaria ayuda el progreso de la anestesia, administrada desde este momento por profesionales médicos, especializados en los riesgos infantiles. Entre ellos cabe destacar a los Drs. Mario Torres Kay en el Hospital M. Arriarán, Luis Bartlet en el Hospital Dr. Roberto del Río y al Dr. García Huidobro en el Hospital Calvo Mackenna. También ocupan un rol preponderante, la transfusión sanguínea durante el acto operatorio y la premedicación anestésica, la que pasó a ser obligatoria.

Entre 1956 - 1960, otros cambios vienen a mejorar aún más el panorama quirúrgico. Se instalan las primeras salas de recuperación para los pacientes quirúrgicos, provistas de aspiración y oxígeno central, evitándose de esta manera la recuperación de los pacientes en sus propias salas de internación, con todos los riesgos que ésto significaba.

Los estudios referentes a electrolitos cambian fundamentalmente los conceptos de hidratación y calidad de las soluciones destinadas a estos fines.

Se estima necesario el trabajo en equipo, para lo cual se incorporan una serie de especialistas de otras disciplinas afines, tales como los foniatras, ortodoncistas, kinesiólogos, nutricionistas y se da real importancia a la enfermera pediátrica.

En los tres hospitales infantiles que funcionaban en esa época, fué necesario aumentar la dotación de sus camas y el número de cirujanos, y lógicamente también el número de pabellones quirúrgicos.

El 18 de Abril de 1960, se inauguró en el Hospital Manuel Arriarán el primer Centro de Quemados del país, con una reducida capacidad de seis camas, las que de inmediato fueron copadas con los pacientes diseminados en otras salas del hospital. Rápidamente fue necesario ampliarlo y dotarlo de mayores elementos. Este centro ha sido cuna de la gran mayoría de los especialistas con que cuenta el país y modelo de otros centros que se han formado con posterioridad. Además ha organizado los dos primeros cursos internacionales sobre la materia que se han efectuado en el país. Ambos han contado con la presencia y experiencia de distinguidos profesionales extranjeros de la talla de Bruce Mc Millan, Hugo Linares, Fortunato Banain, Jorge González.

En lo negativo, este quinquenio tiene que lamentar el prematuro fallecimiento del Dr. César Izzo Parodi, a raíz de un infarto, en cuya memoria se colocó una placa recordatoria en la sala de espera del servicio de urgencia por él fundado, en la que se estampó una frase que él nunca se cansó de repetir: "Ningún esfuerzo es perdido. Lo importantes es servir".

El decenio 1961 - 1970, también tiene importantes sucesos a su haber, aunque no todos ellos de agradable recuerdo.

En Octubre de 1962, el Hospital General de Adultos es transformado en Hospital de Niños, conservando su nombre primitivo: Hospital Dr. Exequiel González Cortés, en homenaje a un distinguido profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y prestigioso Senador de la República. Este Hospital, por no estar adaptado a las necesidades infantiles, en un principio, mantuvo su estrecho nexo con el Hospital Arriarán, el que le proporcionaba todo el apoyo logístico, incluso comidas, transporte, exámenes. En lo quirúrgico contaba solamente con unas pocas camas, un pabellón de operaciones y dos cirujanos, los Drs. Juan Lucht y Samuel Gelfenstein, ambos provenientes también del Hospital Arriarán. Poco a poco este Hospital adquirió vida propia, para tener en la actualidad 70 camas, 4 pabellones quirúrgicos y 20 cirujanos, además de alumnos, internos y médicos becados.

Figura 7
De izquierda a derecha los doctores H. Jeria, R. Artigas y A Gantz.
 
Figura 8
Fotografía de un periódico de la época anunciando la desgracia ocurrida en el Hospital Arriarán.

En el Hospital Roberto del Río, se creó el Centro de Fisurados, organizado por el Dr. Alfredo Gantz (figura 7), quién recibió su título de Profesor extraordinario de Cirugía Infantil, cuando presentó su tesis sobre este tema, la que mereció nota máxima. Este centro adquirió rápidamente gran importancia, transformándose en centro nacional al integrarse al equipo profesionales afines, lo que significó disminuir e incluso hacer desaparecer las graves secuelas que estos pacientes presentaban con los tratamientos anteriores, por la falta de colaboración de los otros especialistas que debían secundar al cirujano.

En el Hospital Calvo Mackenna, continuaba adquirendo gran importancia la cirugía cardiovascular infantil, dirigida por el Dr. Helmut Jäeger, por lo que pasó a ser también, un centro nacional, dotado hoy día de los más modernos elementos de trabajo y examen.


Todo en este período no podía ser maravilla. El 6 de Mayo de 1963 una violenta explosión ocurrida en los pabellones quirúrgicos del Hospital M. Arriarán (figura 8), tronchó la vida de dos cirujanos, dos anestesiólogos, dos pacientes, dejando además con importantes mutilaciones a otros dos cirujanos y diez auxiliares, además de la completa destrucción de todo el recinto quirúrgico del Hospital. Esta tragedia marcó un hito en la historia del Hospital, pues fue muy largo y doloroso poder sobreponerse a ella tanto en lo emotivo como en lo material. Por otra parte significó el abandono, a partir de ese momento, del uso del ciclopropano como agente anestésico en todo el país. El local de la explosión fue reconstruído y allí se instaló el Centro de Quemados ampliándose a 16 camas, provisto además, de una sala de curación y otra de balneoterapia.

El 29 de Junio de 1964, falleció el Prof. Arnulfo Johow, quien por mucho tiempo fue el Jefe del Servicio en el Hospital Roberto del Río. Le sucedió en el cargo el Prof. Ernesto Prieto Trucco.


Sociedad Chilena de Cirugía Pediátrica

En 1967, un grupo de cirujanos pediatras, entre los que destacaban el Dr. Alberto Veloso, en Santiago (figura 9) y el Dr. José Bengoa (figura 10) en Valparaíso, unidos por los mismos ideales, preconizaron la formación de una sociedad que cobijara en su seno a los especialistas en esta disciplina dispersos a lo largo del país. Esta Sociedad Chilena de Cirugía Pediátrica, tuvo su primera reunión el 17 de Junio de ese año firmando el acta de fundación 47 socios. Su primer presidente fue el Dr. Guillermo Ziegler, secundado en la secretaría por el Dr. Fernando Torres.

Entre los progresos médicos, se inicia la diálisis peritoneal que favoreció a muchos niños desahuciados, las transfusiones sanguíneas también son ya usadas a larga mano. Inician sus trabajos los grupos oncológicos de reciente formación, empleando una quimioterapia incipiente, dolorosa, difícil de manejar pero efectiva.

En lo administrativo, el Prof. Mario Noé se hace cargo de la jefatura del servicio en el Hospital E. González Cortés, el Dr. Alberto Veloso, de la jefatura del Hospital M. Arriarán, el Dr. René Artigas de la jefatura del Servicio de Urgencia del Hospital Arriarán y el Dr. Rubén Acuña del Servicio de Urgencia del Hospital Calvo Mackenna.

El decenio 1971 - 1980, es contemporáneo con la gran mayoría de los especialistas del momento, y a ellos les ha tocado vivir muy de cerca el vertiginoso avance de esta cirugía. Hemos visto como verdades sustentadas hasta ayer como inamovibles, caen hoy destronadas por el progreso. Por esto, sólo se enunciarán en forma muy rápida los hechos más sobresalientes de esta evolución.

La urología pediátrica consolida su mayoría de edad, conquistando sin reservas el título de subespecialidad, gracias al aporte muy importante de mejores diagnósticos y oportunos tratamientos. Basta con señalar a modo de ejemplo lo referente a las hipospadias, reflujos vesico-ureterales, neoimplantes.

También otros métodos diagnósticos se imponen, tales como la cintigrafía, la ecografía, el empleo del tecnecium para diagnosticar divertículos de Meckel u otras patologías. El progreso en las endoscopías, mediante el uso de equipos a base de fibra óptica, ha permitido disminuír apreciablemente su calibre, posibilitando su empleo en los niños. La linfografía, con diagnósticos más precisos de la ubicación de metástasis cancerosas. Los análisis histoquímicos, con los cuales se descarta la enfermedad de Hirschsprung y así otros métodos difíciles de detallar.

En el campo de la cirugía reparadora, se usan los injertos de piel de cerdo o de cadáver conservados, lo que unido a las escarectomías precoces, ha elevado considerablemente las expectativas de vida de los grandes quemados, tanto que hoy es posible salvar a pacientes con un 80% y aún más de superficie quemada. Los progresos en la reparación de las fístulas labiopalatinas han sido espectaculares. Una serie de malformaciones que hasta hace poco estaban fuera del alcance quirúrgico, ahora son reparables, tales como la enfermedad de Crouzon, el síndrome de Appert, o el de Poland, mediante los colgajos musculocutáneos y últimamente, los expansores de piel han permitido reparaciones de cicatrices y defectos de envergadura.

La alimentación reforzada, tanto enteral como parenteral, son una inapreciable ayuda tanto en el pre como en el postoperatorio y tiene una diaria aplicación incluso en recién nacidos con malformaciones digestivas.

La inmunología se convierte en una importante ayuda en el combate contra las infecciones, en especial las sepsis, cuyos gérmenes causantes siguen una línea oscilante en variedad y en resistencia.

También se aprecian importantes avances en lo material: En el Hospital E. González Cortés se aumentan a cuatro el número de pabellones, se instala una sala para post-operados, se crea una Unidad de Quemados y Cirugía Plástica, se pone en marcha el Servicio de Urgencia Quirúrgico Infantil, con un equipo de doce cirujanos. Esta zona Sur de Santiago, muy populosa y de escasos recursos, tenía una larga lista de espera por cama de pacientes quirúrgicos, por lo que el Ejército facilitó por varios meses uno de sus hospitales de campaña. Esto permitió una drástica reducción de los pacientes en espera.

El Servicio de Cirugía del Hospital Manuel Arriarán que fuera fundado en 1920, pasa a integrar el "Complejo Hospitalario Paula Jaraquemada", perdiendo mucho de su historia y tradiciones, pero ganando en cambio, mejoría en sus servicios de apoyo y directa conexión con la maternidad.

En el Hospital Roberto del Río, se tienen que lamentar primero la muerte del Prof. A. Johow, quien fuera durante muchos años el jefe de servicio, y después la muerte del Prof. A. Gantz, fundador del Centro de Fisurados de dicho Hospital, el que ya tenía un muy bien ganado prestigio nacional. Sus colegas y amigos en su memoria crearon la "Fundación Gantz", encargada de continuar su obra en favor de los fisurados. Esta actualmente es presidida por el Dr. L. Monasterio.

El antiguo sanatorio para tuberculosos, llamado Dr. Sótero del Río, se transformó en hospital general de adultos. Un ala de su edificio se dedicó a los niños en el aspecto pediátrico y poco a poco la cirugía infantil fue presionando hasta lograr en 1980, la categoría de servicio, el que continúa ampliándose y adquiriendo cada vez más importancia.

En 1979, la Sociedad Chilena de Cirugía Pediátrica, bajo la presidencia del Dr. León Vial, secundado en la secretaría por el Dr. Ricardo Zubieta, dio un importante paso hacia adelante: se organizaron las IX Jornadas Anuales y Primeras Jornadas Internacionales de Cirugía Pediátrica, efectuadas en Santiago. Estas contaron con la presencia de muy distinguidos especialistas extranjeros: J. Boix-Ochoa, de España; Emil Tanagho de U.S.A; Virgilio Carvalho Pinto y Raúl Couto Sucena de Brasil; Fortunato Benaim de Argentina y Carlos Bazan de Perú.

Epoca Actual

Quedando mucho por decir, se llega a los años últimos años de esta nutrida historia, que pese a su brevedad y cercanía en el tiempo, también luce importantes logros y novedades. Se inicia y cobra gran importancia la microcirugía adaptada al niño, permitiendo ejecutar intervenciones que parecían de ciencia ficción, tales como reimplantes de dedos o miembros, colgajos a distancia en un solo acto quirúrgico y otras.

El progreso de la ecografía, ha permitido diagnosticar en el útero ciertas malformaciones congénitas y ha hecho posible su corrección inmediatamente después del parto. Se acerca incluso el día en que puedan corregirse algunos defectos aún antes del nacimiento.

Las necesidades quirúrgicas infantiles han seguido en aumento y ha sido necesario crear nuevos servicios. Uno de ellos en el Hospital Félix Bulnes, en el área poniente de Santiago, dirigido por el Dr. Isaías Fernández; inaugurado en 1983, cuenta ya con doce cirujanos, 42 camas y un servicio de urgencia ad-hoc. También en el antiguo Sanatorio El Pino, ubicado en el extremo sur del área metropolitana, da sus primero pasos un nuevo servicio quirúrgico infantil, que por el momento cuenta con dos cirujanos y unas pocas camas.

Desde otro ángulo, la Sociedad Chilena de Cirugía Pediátrica, brindó un muy sentido homenaje al Dr. Augustín Inostroza, con motivo de cumplir 90 años de edad, en la plenitud de su lucidez y actividad. Con este motivo fue recordada la fundación en 1920, de su servicio, en el Hospital Manuel Arriarán.

Sin embargo, la Sociedad no fue tan feliz con otros socios, también de brillante trayectoria científica y docente: los profesores Alberto Veloso y José Bengoa, ambos designados "Maestros de la Cirugía Pediátrica Chilena", fallecieron en 1985 y 1986 respectivamente, dejando un vacío que será muy difícil de compensar.

 

Figura 9
Dr. Alberto Veloso

Figura 10
Dr. José Bengoa

Finalmente queda por decir, que la Sociedad, vistió sus mejores galas para recibir a 24 invitados extranjeros y 250 adherentes que concurrieron al Congreso Mundial, Congreso Panamericano y Congreso Chileno de la especialidad, que se efectuó en Noviembre de 1986, en Santiago. Este Congreso resultó brillante, por la extraordinaria calidad de los invitados, entre los cuales no puede dejar de citarse al Prof. Marcel Bettex, presidente de la Federación Mundial de Cirujanos Pediatras, al Prof. Maier, Presidente de la Sociedad Alemana de Cirugía Pediátrica; al Prof. Panayotis Kellalis, Jefe del Depto. de Urología de la Clínica Mayo de U.S.A.; al Prof. Nizam Ul Hasan de Pakistan, al Prof. Boix-Ochoa de España y al Prof. Ricardo Piñeyro de Argentina.

Este Congreso ha permitido a los cirujanos pediatras chilenos decir, con plena razón, que han entrado en su mayoría de edad.

Sin entrar en detalles, las regiones del país, no han quedado atrás en esta marcha de progreso. Con orgullo se puede decir, que hoy día desde Arica a Punta Arenas, todos los hospitales regionales cuentan por lo menos con dos cirujanos infantiles, que están atentos a la solución de los problemas quirúrgicos de los niños. Sin duda con el paso del tiempo este número de cirujanos se hará cada vez mayor y su trabajo más eficiente.

Este documento fue publicado en la Revista "Jornadas de la Historia de la Medicina", editada por A. Neghme. Editorial Universitaria, Santiago. 1989.