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Dr.
Ramón Florenzano U.
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¿Qué constituye consumo y qué constituye abuso de drogas en el niño o el adolescente? Se ha planteado que cualquier uso de una sustancia química en un niño, por definición, constituye abuso (1). En el caso del adolescente, sin embargo, esta definición se hace más complicada. El uso ocasional de alcohol en una reunión social no es necesariamente abuso. Sin embargo, el "volarse" en la misma fiesta es por lo menos abuso temporal o agudo, y si se mantiene se puede transformar en abuso crónico. Las consecuencias negativas del abuso agudo, tal como tener problemas con los amigos, con el sistema escolar, con la policía, el verse involucrado en un accidente o en un episodio de tráfico, son todas posibilidades para el adolescente que consume alcohol o drogas. En el caso del alcohol, Donovan y Jessor (2) han combinado las dimensiones anteriores para definir al adolescente con beber problema como "aquel que consume alcohol en forma regular de tal modo que incurre en consecuencias negativas de este consumo". Los mismos autores han mostrado como el uso y abuso de sustancias químicas en la adolescencia se asocia frecuentemente con otras conductas problema tales como delincuencia, conducta sexual temprana, o deserción escolar. El enfocar el consumo de drogas sin mencionar estos correlatos distorsiona el hecho de que estamos hablando aquí de un síndrome más amplio: el de CONDUCTAS RIESGOSAS DEL ADOLESCENTE. Estas ponen la salud del individuo en dificultades, en el corto o en el largo plazo. Existen, por el contrario, CONDUCTAS PROTECTORAS DE LA SALUD, tales como el ejercicio físico sistemático, la relación interpersonal adecuada con amigos del mismo y del otro sexo, el saber decir que no a la oferta de drogas, etc. La salud del adolescente es el resultado entonces de un balance entre conductas riesgosas y protectoras. Diferentes personas tienen mayor tendencia a incurrir en conductas riesgosas, dependiendo de la presencia en ellos, en sus familias, o en sus comunidades, de factores de riesgo.
GRAFICO 1. FACTORES DE RIESGO
Los factores de riesgo a nivel del individuo se refieren a características de personalidad tales como inseguridad, timidez, impulsividad, dificultades en la interacción social o baja tolerancia a la frustración, o bien a rasgos genéticos, a factores biográficos tales como situaciones personales de vida (crisis, separación, pérdida o duelo), a creencias y actitudes que favorecen el consumo de drogas, al escaso desarrollo de habilidades sociales e interpersonales y a la dificultad para resistir las presiones del grupo de amigos para consumir drogas.
Los factores de riesgo familiar, social y comunitario se refieren a las influencias del entorno familiar y social a nivel local. Entre ellos, se destacan los problemas de desintegración familiar e incomunicación en las relaciones familiares, las características de personalidad de los padres que configuran estilos parentales muy permisivos o muy autoritarios, a la influencia de compañeros y amigos, de los grupos juveniles, las características de la comunidad y el colegio, así como a las leyes respecto del tráfico y consumo y la disponibilidad de alcohol o drogas en el barrio o comunidad.
Los factores de riesgo macrosocial consideran las influencias socioeconómicas, políticas y legales. Estas incluyen la publicidad respecto del alcohol, los modelos sociales que aparecen en los medios masivos de comunicación social y las actitudes y creencias que comunican, los patrones culturales que favorecen el consumo, la disponibilidad de drogas y alcohol, el precio y las leyes que regulan el expendio, el tráfico y consumo de alcohol y drogas.
Estos problemas se concentran en algunos grupos etarios específicos. La razón por la cual se habla tan frecuentemente de la drogadicción como un problema de los adolescentes y jóvenes es que estadísticamente el período del ciclo vital en que hay mayor tendencia al consumo de sustancias químicas es el de los 15 a 25 años. Esto no quita que sean los adultos quiénes presentan la mayor parte de las consecuencias mórbidas de este consumo: los alcohólicos se incuban en la niñez y pre-adolescencia, florecen en la segunda y tercera décadas de vida, y sufren las consecuencias del consumo, en términos de enfermedad o muerte, desde los cuarenta en adelante. La mujer desarrolla estos problemas en porcentajes mucho menores que el varón, pero cuando lo hace, el curso clínico de la enfermedad es particularmente maligno. Algunos grupos étnicos, como los mapuches en nuestro medio, o los descendientes de irlandeses en otras latitudes, tienen una mayor predisposición, al parecer genética, a presentar estas enfermedades.
Otra área de interés es la de los correlatos del comienzo del consumo. Al parecer, la influencia del grupo de pares juveniles es una de las más comprobadas: el efecto de modelaje de los amigos que consumen, el refuerzo de la conducta de ingesta cada vez que el grupo se reúne, y la provisión de la droga a través de traficantes juveniles conforman un círculo vicioso del cual es a veces difícil salir. Además de ese factor, aumentan el riesgo de consumo:
- La existencia de otras conductas de riesgo, tales como actividades antisociales, vandalismo, deserción escolar, etc.
- El uso previo de sustancias químicas: el tener experiencia en fumar cigarrillo es casi un prerequisito para fumar marihuana.
- La presencia de factores de riesgo socio-económico. Muchas de estas sustancias presentan mayor uso entre los grupos más deprivados, lo que se ha ligado a un aumento del consumo cuando se tienen pocas perspectivas de desarrollo personal futuro.
- Un elemento crucial es el de la familia y del proceso de socialización para consumir drogas dentro del hogar. Hay un mayor uso de sustancias químicas en hijos de familias disfuncionales, en adolescentes provenientes de familias en las cuales los adultos utilizan sustancias químicas, y en aquellas sin observancia religiosa (3,4).
- Son también relevantes las variables educacionales: existe mayor uso en adolescentes con peor rendimiento escolar, y especialmente entre quienes desertan del sistema formal de educación.
- Hay que tomar asimismo en cuenta las variables psicológicas. Existe un mayor uso en adolescentes con autoestima baja, con alta impulsividad, con alta necesidad de búsqueda de novedades, o con una mayor debilidad del Yo. Aparecen aquí también actitudes que se asocian a un consumo aumentado tales como tolerancia por la desviación y falta de respeto por la ley.
- Finalmente, se encuentran variables psicopatológicas propiamente tales: hay mayor uso cuando se da un mayor nivel de ansiedad, depresión y de estrés, así como circunstancias externas desfavorables: a mayor número de eventos vitales difíciles, hay más síntomas de las así llamadas "crisis de la adolescencia", lo que a su vez lleva a mayor consumo.
Los jóvenes muchas veces usan drogas como un intento de enfrentar situaciones problemáticas en sus vidas y, en especial con sus familias. En el corto plazo, las sustancias químicas les pueden permitir ignorar los conflictos intrafamilares, sea entre ellos y sus padres, con sus hermanos, o de la pareja parental. El uso regular o intensivo de drogas claramente disminuye la capacidad del jóven de elaborar constructivamente estas situaciones, exacerbando. por lo tanto a la larga, los problemas familiares. El usuario excesivo de drogas tiende a aislarse de su familia, a dejar de tomar en cuenta las necesidades de ésta, y a colocar sus propios intereses en primer lugar. Aparece con alguna frecuencia el hurto (para comprar droga) así como la mentira (para ocultar el uso de esta): ambas conductas disminuyen la confianza entre el jóven y su familia. El distanciamiento que entonces se produce es a veces difícil de superar posteriormente.
Las consecuencias económicas del uso de drogas son dobles: por un lado, estas cuestan dinero, y el costo del hábito aumenta en la medida que se produce acostumbramiento y tolerancia: la persona, como recién dijimos, incurre en conductas antisociales para financiar su hábito. Por otra parte, el usuario deja de trabajar o de producir ingresos, lo que mantiene un círculo vicioso en el cual aparecen nuevamente el recurrir a préstamos, a robos o a cualquier medio que le permita mantener el hábito. Las conductas delictuales son otro paso en el círculo vicioso: los asaltos a terceros, la prostitución en la mujer, y el tráfico de drogas son de aparición frecuente en etapas avanzadas del cuadro. En el caso de los jóvenes el incurrir en estas conductas es especialmente problemático, ya que en la etapa de la vida en que debiera estar aprendiendo a ganarse la vida honradamente entra en una espiral de criminalidad. El aprendizaje de un oficio requiere esfuerzo, compromiso responsable a largo plazo y tolerancia a la frustración, conductas todas que no existen en el mundo delictual. Las sustancias químicas interfieren con el proceso de aprendizaje al disminuir la capacidad de concentración, de síntesis y organización del material, de aprender conceptos nuevos, de aplicar principios nuevos a problemas específicos, de enjuiciar tareas y situaciones complejas, y de tomar decisiones adecuadas y a tiempo (5).
Otra tarea de la adolescencia es la de adquirir amistades y desarrollar vínculos interpersonales con el otro sexo. Es normal que este paso hacia la intimidad signifique un grado de tensión, angustia y temor al rechazo. El uso de sustancias químicas puede aparecer como una manera de superar estas inhibiciones. El uso intensivo de la sustancia, en forma paradojal, hace que el adolescente aparezca desinteresado y apático en las situaciones interpersonales (De allí el término que ocupan nuestros jóvenes: "reventado"). El uso de drogas muy frecuentemente lleva al aislamiento social, al desinterés por los deportes y por otras entretenciones, y al así denominado "síndrome amotivacional". En el caso específico de los deportes, las drogas interfieren con todas las tareas que requieren coordinación psicomotora rápida, velocidad y enjuiciamiento para tomar decisiones en el minuto. Esto hace que muchas veces el jóven que intenta correr en un vehículo motorizado, esquiar en el agua o en la nieve, etc., se exponga a accidentes propios o ajenos.
La maduración para convertirse en un adulto requiere que el adolescente aprenda a aceptar responsabilidades y a enfrentar situaciones adversas. El madurar significa poder enfocarse fuera de uno mismo, centrarse en tareas objetivas, y retrasar las gratificaciones por períodos a veces prolongados. El usuario de drogas, por contraste, desarrolla una actitud egocéntrica centrada en el presente. Una de los características de los muchachos que pasan sus años juveniles utilizando sustancias químicas es que posteriormente exhiben características psicológicas de personas mucho menores cronológicamente (6).
El modelo ecológico divide las influencias que llevan a producir un problema de farmacodependencia en aquellas ligadas al agente (en este caso la sustancia química), aquellas ligadas al huesped (en este caso el jóven usuario) y aquellas ligadas al medio ambiente propicio. En los capítulos que siguen revisaremos las características del agente, para luego pasar a estudiar las del huesped y del medio social que puede fomentar el consumo de sustancias químicas entre los adolescentes.
Chile ha sido pionero desde las décadas del 50 y del 60 en la realización de estudios epidemiológicos sobre el consumo e sustancias químicas. El primer estudio chileno en el que se buscó una tendencia temporal es el de Pallavicini, Legarreta y Cols. (7). Este estudio, que usó en 1982 la misma metodología utilizada por Horwitz y Marconi en 1958, encontró que no habian cambios entre las tasas globales de alcoholismo en la población (11% de bebedores excesivos y 4 a 6% de alcohólicos). Sin embargo, el numero de bebedores excesivos ascendió en un 123% entre los mayores de 65 años, y en un 400% entre los jóvenes entre 15 y 19.
Múltiples estudios entre adolescentes han demostrado que los jóvenes tienden a consumir cantidades importantes de alcohol, sea en forma de cerveza, licores destilados, o vino. Aproximadamente el 70% de los jóvenes que terminan enseñanza media consumen alcohol, mas del 15% se ha embriagado antes de cumplir quince años, y un 5% bebe mas de una vez a la semana. Estos porcentajes crecen entre jóvenes que han desertado del sistema escolar, entre los desempleados, y entre los hijos de padres alcohólicos. Las tasas de consumo entre adolescentes en Chile son altas para las sustancias legales (alcohol y tabaco) e inferiores para las ilegales. De estás, la marihuana es la más común: del 4 al 7% de la población juvenil admite haberla consumido, y del 1.0 al 3.5% son usuarios frecuentes. El uso de tranquilizantes esta mucho menos difundido, así como el de la cocaína, cuyo uso solo está apareciendo entre los jóvenes en algunos sectores geográficos y socio-económicos del país (8).
A partir de los datos de diversos estudios, el Ministerio de Salud ha concluído que "en Chile existe una pandemia de uso generalizado de marihuana que afecta a los jóvenes, que durante la década del 80 se asistió a una epidemia de uso de solventes volátiles, y que además tenemos un foco epidémico de consumo de pasta base de coca en la I Región, que tiende a propagarse hacia el resto del país". Las bases de está afirmación son datos de las recientes encuestas de CONACE, que revelan un estudio que revela (9,10) que los jóvenes de 19 a 25 años son quiénes más consumen drogas: un 13.2% ha probado sustancias químicas. Las sustancias ilegales más consumidas son la marihuana (12%) y la cocaína (3.41%).
Existen diferentes modos de clasificar las sustancias psicoactivas. En lo que sigue seguiremos la ordenación sugerida por la Fundación sobre Investigaciones de la Drogadicción (ARF) del Canadá (11), y que se resume en la Tabla 1.
Los depresores del sistema nervioso, llamados tambien calmantes o sedantes, que lo relajan y le hacen estar menos conscientes de lo que sucede en su rededor. El alcohol, los hipnóticos, los tranquilizantes, los analgésicos y narcóticos tales como la heroína y la morfina producen estos efectos. Algunos medicamentos contra las alergias y resfríos también pueden producir efectos calmantes.
Los estimulantes, que aceleran los procesos mentales y por lo tanto hacen sentirse a la persona más alerta,dándole una sensación de euforia o mayor ánimo. Entre las drogas de este tipo se cuentan las anfetaminas, la cocaína y la cafeína.
Los alucinógenos, algunas veces llamados psicodélicos, son sustancias que cambian las sensaciones que se experimentan, sea en cuanto a las percepciones temporales (haciendo transcurrir el tiempo en forma más rápida o lenta) o espaciales, distorsionando lo que se ve u oye, y generando a veces alucinaciones muy semejantes a las que aparecen en las psicosis. Entre los alucinógenos se encuentran la marihuana, el hashish, el LSD, la mescalina, y las dosis excesivas de algunas drogas que se usan en medicina interna.
Revisaremos a continuación algunas de estas sustancias:
La nicotina es un estimulante sin usos médicos hoy día, fuera del Nicorette, que es un chicle que contiene 2 a 4 mg de resina de nicotina, que se recomienda a fumadores que están tratando de dejar el hábito. La nicotina se extrae de las plantas del tabaco (Nicotiana tabacum, Nicotiana rustica y nicotiana persica). Las hojas de estas plantas contienen entre 0.6 y 0.9% de nicotina. Este producto se absorbe a través de los pulmones o las membranas mucosas de la boca y naríz. Un cigarrillo habitualmente contiene 15 a 20 mg de nicotina. Sin embargo, al fumarlo, menos de 1 mg alcanza la circulación sanguínea. La nicotina es inactivada por el hígado y eliminada por los riñones. La nicotina es central en la inducción de dependencia al tabaco, y puede existir un fenómeno de tolerancia inducida por activación de microsomas hepáticas. Sin embargo, además del efecto farmacológico de la nicotina, la perpetuación del consumo es hecho por razones ambientales y sociales.
B. ALCOHOL
El alcohol etílico (C2H5-OH) es el producto de la fermentación de los azúcares contenidos en diferentes vegetales, granos o frutas. La fermentación en sí no produce bebidas con concentración etílica superior al 15%. Para elevar ésta se requiere un proceso de destilación. Las formas más usuales de consumo del alcohol son la cerveza, que contiene un 5% de alcohol, el vino, con un 15%, y los licores destilados (tales como pisco, aguardiente, ron, gin o whisky) que contienen hasta un 45%. Una botella de cerveza contiene tanto alcohol como un vaso de vino (142cc) y que una copita de licor (42 cc).
C. MARIHUANA.
Los efectos de la marihuana aparecen segundos a minutos después de su inhalación, o entre media a una hora después de su ingestión. Al fumar la droga, ésta pasa directamente del pulmón al cerebro, lo que hace que éste reciba su efecto rápidamente y prácticamente sin dilución. Al ingerirla en forma oral, los efectos aparecen más lentamente, duran más, y son más variables, lo que hace también más probables los efectos adversos.
D. COCAINA.
La cocaína, uno de los catorce alcaloides de la hoja de coca, fue aislada por Nieman en 1860, y consumida libremente por alrededor de medio siglo. Entre sus entusiastas usuarios se contaron Sigmund Freud y el Papa León XII. En 1914 el Acta Harrison la declaró ilegal en los Estados Unidos, y poco después fue puesta bajo control internacional, hasta nuestros días.
E. INHALANTES HIDROCARBONADOS.
Estas sustancias generalmente son inhaladas desde una bolsa de plástico, o directamente desde la botella que contiene el líquido volátil. Las sustancias así inhaladas se absorben rápidamente por vía pulmonar y llegan desde allí en segundos, al cerebro, produciendo un estado mental alterado que dura de cinco a quince minutos. Sus efectos se producen sobre el sistema nervioso central, donde actúan como depresores. En dosis aún pequeñas pueden producir intoxicaciones semejantes a la alcohólica, acompañada de distorciones sensoriales y a veces, delirios de grandeza. Esto puede conducir a conductas peligrosas para el usuario o para quiénes lo rodean. En dosis mayores,inducen sueño y anestesia. El uso regular de inhalantes puede producir tolerancia y dependencia.
F. ANFETAMINAS.
G. ALUCINOGENOS.
H. OPIACEOS
I. TRANQUILIZANTES.
El uso de tranquilizantes en forma regular induce tolerancia (necesidad de mayor dosis de droga para inducir el mismo efecto) y dependencia tanto física como psicológica. Esta última se traduce en un síndrome de privación con temblores, agitación, sudoración y dolores abdominales.
J. CAFEINA.
Existen preguntas que se pueden hacer de rutina para averiguar acerca del consumo de drogas, sea en forma escrita (como cuestionarios pre-visita) u oral. Algunos adolescentes dan mas información por escrito, otros durante la entrevista. La tabla 2 y la tabla 3 resumen algunas de éstas preguntas.
Las preguntas anteriores deben hacerse en forma tranquila, pero directa. Los adolescentes saben cuando han estado consumiendo, y encuentran que es lógico que un profesional de la salud inquiera de rutina en estos temas. Si confirman el uso, es importante comentar la opinión de éste acerca de la cuantía o de los efectos del consumo, sin tender a sobreidentificarse ni con el adolescente (disculpándolo) ni con los padres (apoyándolos). El punto crucial en la entrevista es mantener una relación de confianza tanto con el jóven como con su familia.
En los casos que hay una sospecha fundada de que el adolescente está consumiendo drogas, y que es llevado con esa sospecha como motivo de consulta expreso al profesional se crea una situación que puede ser dificil si el jóven toma la actitud de que no existe un problema, y si resiente las preguntas sintiéndo que alguien se entromete, sin permiso, en su vida privada. Esto puede crear una situación tensa en la cual el adolescente toma una posición no cooperativa o incluso beligerante. Es importante no colocarse en una actitud desafiante o de controversia con el jóven, sino mostrar un interés profesional por éste, el reconocer las emociones negativas que éste está experimentando, y mostrar que se está determinado a hacer las preguntas que sean necesarias para llegar a una conclusión al respecto, o ahora o en una consulta posterior. Muchas veces el jóven, al ver está determinación, prefiere franquearse para no tener que seguir viniendo a nuevas entrevistas. La información necesaria puede obtenerse de los padres o del jóven. A veces es necesario conseguir datos de los profesores, orientadores, u otros adultos que conozcan al adolescente. La tabla 3, la tabla 4 y la tabla 5 muestran algunos ejemplos de preguntas útiles en ambas situaciones.
En muchos casos, existe un patrón de uso normal, no patológico, o social. En el caso del alcohol, esto usualmente se denomina beber social. Afortunadamente, la gran mayoría de las personas se mantiene dentro de este nivel no patológico, pero siempre algunos progresan hacia el abuso o a la dependencia. Existen signos tempranos de que se está yendo en esa dirección. El individuo puede comenzar a anticipar y a prepararse para su próxima experiencia de consumo. El uso de la sustancia química se transforma en un fín en sí mismo, y la persona empieza a organizar su vida alrededor del uso, planeando la próxima ingesta, y asegurándose de que cuenta con suficiente droga. Las situaciones sociales pasan a ser vistas como placenteras sólo cuando hay sustancia química. A veces, por un sentido de culpa en relación al consumo, se tiende a comenzar a esconder la droga, y además, se colocan a la defensiva cuando un familiar expresa crítica o preocupación por el consumo. Posteriormente, acepta esta preocupación, y comienza a hacer intentos de reducir el consumo, sea en su cantidad o en su frecuencia, o cambiando la ruta de administración. El uso deja en esta etapa de ser social, para pasar a ser a solas y muchas veces, a hurtadillas.
Los usuarios de drogas no mantienen una dosis constante a lo largo del tiempo, sino que típicamente varían ésta. Existen quiénes ingieren cantidades importantes en períodos cortos (consumo intermitente). Otros son más parejos (consumo inveterado). Aún los usuarios crónicos son capaces de detener o disminuir el consumo después de algun hecho tal como la aparición de una complicación médica, social o familiar. Estas variaciones son cíclicas, y no implican necesariamente que la persona se haya recuperado. La pérdida total de control es un hecho tardío en el curso de una drogadicción. La mayoría de los adictos mantienen cierto grado de control, pero este es errático y poco predecible.
Esquemáticamente podemos dividir el curso de una farmacodependencia en tres etapas: una precoz, o de uso problemático, una media, o de dependencia crónica o adicción propiamente tal, y una tardía o de deterioro. En el caso de los jóvenes, es raro que se progrese a la segunda y excepcional a la tercera etapa, que son más típicas de la adultez.
Las motivaciones en esta etapa para usar la sustancia química son el agrado que ésta produce, el mejorar la confianza en sí mismo, el aliviar estados disfóricos, tales como angustia, depresión o insomnio. Por otra parte, el uso en sí comienza a provocar fluctuaciones del ánimo: enojo, remordimientos y angustia hacen que la persona se sienta débil y con remordimientos por su uso de la droga. La vida de la persona empieza a centrarse en ésta. Los intereses y ambiciones disminuyen y aparece una preocupación excesiva por conseguir la sustancia química. El joven usuario cambia de amistades, y comienza a juntarse con otros adolescentes que también usan drogas. Se producen discusiones dentro de la familia por el consumo, y el joven empieza a rehuir quedarse en la casa, y a desinteresarse emocionalmente por sus familiares.
En el plano laboral o escolar se produce ausentismo (típicamente de dia lunes), y aparecen dificultades con supervisores o profesores. Las notas desmejoran. Se dejan de lado intereses previos, no relacionados al uso, como participación en deportes, o en grupos religiosos. El joven necesita más dinero para financiar su hábito: a veces empieza a trabajar en las tardes, pero otras incurre en actividades ilegales. Pueden surgir los primeros problemas legales: partes automovilísticos por conducir bajo el efecto del alcohol.
Desde el punto de vista farmacológico, pueden producirse aquí los primeros signos de tolerancia: se necesitan dosis mayores para relajarse, aliviar el insomnio o la depresión. Pueden producirse también los primeros problemas de salud: accidentes automovilísticos, caídas, quemaduras, accidentes del trabajo, etc.
Los hechos anteriores hacen que algunos usuarios reconsideren su uso, y hay cierto porcentaje de recuperación espontánea, sin tratamiento. Muchos otros, sin embargo, progresan hacia la etapa siguiente. Aquí es cuando el tratamiento tiene su mejor rendimiento, sea dado por grupos de auto-ayuda, o por profesionales. Si se enfrenta el problema en este momento, el pronóstico es bastante bueno: hay un 60 a 80% de recuperación significativa al año de seguimiento.
2. ETAPA MEDIA
En esta etapa, la motivación del uso es centralmente para volver a sentirse normal. La personalidad empieza a cambiar: hay emocionalidad fácil, y aparecen sentimientos encontrados con respecto a su uso de la droga. La persona se siente culpable, resiente cualquier comentario acerca de su uso, y se ve inadecuado o inferior a los demás. La auto-imagen se deteriora, tiende a justificarse y a tenerse autocompasión por su uso. Su capacidad de tomar decisiones es cada vez más deficiente, usa el tiempo en forma ineficiente, evita el reconocer que los problemas provienen del uso excesivo, y culpa a los demás muy fácilmente. Esto lo lleva a discusiones y situaciones socialmente inconfortables. Rompe sus promesas y compromisos de reducir la ingesta, y miente abiertamente con respecto a las cantidades y consecuencias de ésta. Surgen cada vez más problemas con la familia: fuera de mentirles, roba o discute abiertamente, y pasa cada vez más tiempo fuera de la casa. Deserta de los estudios y si tiene un trabajo, lo pierde. Comienza a rotar de un colegio en otro. Muchas veces abandona el hogar, y termina viviendo en otra localidad, a menudo solo. Pueden surgir problemas legales, relacionados a gastos excesivos o a deudas que no puede pagar. Se desentiende de los grupos de amigos y asociaciones a los que perteneció con anterioridad, y sólo mantiene amistades superficiales con compañeros de fiesta o de consumo.
En esta etapa desde el punto de vista farmacológico hay síntomas claros de privación, y alteraciones de la memoria. Típicamente comienza el consumo matutino para aliviar los síntomas de privación. Pueden aparecer infecciones (respiratorias, urogenitales, cutáneas); hay tendencia a las lesiones accidentales (caídas, quemaduras, accidentes del tránsito) y a la conducta autoagresiva (intentos de suicidio). En el plano sexual surge impotencia o frigidez, conducta promiscua y enfermedades de transmisión sexual.
En esta etapa se puede consultar médico no por el consumo pero si por una variedad de síntomas vagos: sudoración, angustia, libido disminuída, dolores musculares y malestar general, obesidad, diarrea, pérdida de memoria, crisis de pánico, depresión.
Un pequeño porcentaje de personas mejoran espontáneamente en esta etapa. La mayoría, sin embargo, requiere tratamiento sistemático para no progresar a la etapa siguiente. El pronóstico es relativamente bueno: 30 a 60% de abstinencia al cabo de un año post-tratamiento. Muchas veces la motivación para el tratamiento no es propia, sino que se busca ayuda por presión de familiares, amigos o empleadores.
3. ETAPA TARDIA
A estas alturas el efecto de la droga no es placentero como antes, pero la persona es incapaz de detener el consumo, que se ha transformado en el eje de la propia vida. El funcionamiento mental se caracteriza por la percepción confusa de la propia situación, por la incapacidad de planear y de decidir, así como de evaluar objetivamente el propio estado. Exhibe un juicio extremadamente pobre en la mayoría de los temas, excepto en la capacidad de manipular a los demás para obtener acceso a la droga. Típicamente se ha distanciado de la familia, viviendo lejos de ellos, en barrios marginales de la ciudad. Tiene sólo empleos ocasionales, o vive de la caridad o de la seguridad social. Pasa períodos prolongados en la cárcel, en hospitales, o viviendo involucrado en actividades ilegales.
Desde el punto de vista farmacológico, hay tolerancia disminuída a la sustancia: la intoxicación o la amnesia aparecen rápidamente. Los sindromes de privación son severos, presentando a veces delirium tremens o convulsiones post-privación. Cuando la droga se usa en forma inyectable, surgen complicaciones infecciosas de ésta: septicemia, edema pulmonar, endocarditis, y actualmente, SIDA. Puede haber conducta violenta, involucrandose en homicidios, o intentando repetidamente el suicidio. Hay también claros déficits nutricionales: vitamínicos, proteicos, o de minerales. En el plano sexual, se tienen claras dificultades para encontrar pareja, se tiende a tener relaciones sólo con prostitutas, o bien, en el caso de las mujeres, a prostituirse para obtener fondos para comprar la droga.
En esta etapa la remisión espontánea prácticamente no existe, y si no hay una terapia intensiva, la tendencia natural es al deterioro progresivo. El tratamiento tiene en general que ser de internación, a veces prolongada, en unidades residenciales especializadas, seguidas posteriormente por un sistema progresivo de rehabilitación y de reinserción en la comunidad y la familia. El pronóstico, en todo caso, es mucho peor que en las etapas anteriores: 10 a 30% de mejoría en los seguimientos al cabo de un año. El resto tiene una mortalidad elevada. El tratamiento en esta etapa rara vez se busca voluntariamente, y en la mayoría de los casos la persona es obligada por medios judiciales u otros a tratarse.
Los programas de tratamiento del abuso de alcohol y drogas tienden a ser prolongados y estructurados. Es útil, por lo tanto, distinguir en ellos diversas etapas, las cuales aunque no conforman necesariamente secuencias rígidas, muestran cuales son los objetivos y problemas relevantes en diferentes momentos del tratamiento.
2.- Admisión y supresión de la droga.
3. Adhesión al Tratamiento y Mantención de la Abstinencia.
a) Contexto del Programa Terapéutico.
Los tratamientos en instituciones tales como hospitales o clínicas psiquiátricas, siguen siendo utilizados en las fases iniciales (desde la desintoxicación hasta los primeros tres meses), especialmente en las situaciones más graves, como por ejemplo poliadicción con comorbilidad importante. Sin embargo, los ámbitos para internaciones prolongadas tienden a veces a ser descartados porque hacen dificil la realización de actividades de rehabilitación y de reinserción social efectivas, y porque acentúan la identidad anormal y su asociación con una alta tasa de reincidencia y progresiva patologización.
Los programas residenciales, con un ambiente terapéutico y activides sistemáticas y continuadas, son vistos como una alternativa utilizada y potencialmente exitosa.La base de estos programas es el ingreso del joven después de un período de preparación, a un hogar donde permanecerá por un tiempo no determinado, realizando actividades orientadas a posibilitar su mejor desarrollo personal y su reinserción social. La estructura de estos programas varía de acuerdo a la edad del grupo de jóvenes.
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