Dra. María Ines Romero S.
Profesor Adjunto
Departamento de Salud Pública
Pontificia Universidad Católica de Chile


 


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MARCO CONCEPTUAL

1. Salud: bienestar, calidad de vida, desarrollo

La salud de los adolescentes y jóvenes tiene gran importancia para todas las sociedades, pues ellos serán los líderes del futuro inmediato y del medio siglo siguiente, constituyéndose en elementos fundamentales para el impulso al progreso y al desarrollo. La salud y el bienestar de adolescentes y jóvenes, así como los programas y servicios que contribuyan a alcanzar un óptimo nivel de salud y bienestar deben concebirse, entonces, como una herramienta básica para el desarrollo de los países.

Llama la atención, sin embargo, que a pesar del reconocimiento de la trascendencia estratégica de este grupo etario, no se han desarrollado políticas, planes ni programas de atención integral del adolescente y joven concordantes --en cobertura y calidad-- con dicha importancia en los distintos países, tanto de América como de otras partes del mundo.

La relativa postergación de adolescentes y jóvenes en términos de programas y servicios específicos se explica, en parte, por el enfoque biomédico que caracterizó a los programas de salud entre las décadas de los 50 y 90, centrados en la lucha contra la enfermedad y muerte, especialmente del menor de un año; dichos programas fueron exitosos al reducir la mortalidad infantil a la décima parte, en promedio, en el período señalado, en los países de América. En esos mismos años, la situación de salud básica del adolescente y joven que ya había sobrevivido a los altos riesgos de la niñez, mostraba baja susceptibilidad a las enfermedades y bajo riesgo de mortalidad. A pesar de lo anterior, adolescentes y jóvenes presentaban una gran cantidad de necesidades que, aunque algunas de ellas no amenazaban su vida inmediata, sí amenazaban su calidad de vida presente y futura cuando no eran satisfechas.

En dicha postergación, es probable que también haya influido la imagen que el mundo adulto ha tenido del adolescente y joven: energía, soberbia, autosuficiencia, conflicto (delincuencia, consumo de drogas, embarazos extemporáneos). Son muy diferentes de lactantes y preescolares (criaturas tiernas y adorables) y muy diferentes de los ancianos (en necesidad de ayuda). Esta imagen ha dificultado la creación de un clima apropiado para promover e implementar políticas, legislaciones y acciones programáticas destinadas a satisfacer sus diversas necesidades.

Al adquirir relevancia el concepto de salud integral, que agrega la consideración de los componentes psicosociales, se hacen evidentes otras necesidades y exigencias, probablemente más críticas en este grupo etario, haciendo muy importante su cumplimiento para que adolescentes y jóvenes sean saludables y puedan ejercer su rol de contribución al desarrollo y al bienestar social.

La adolescencia y la juventud son etapas turbulentas per se y que, idealmente, deberían darse en un contexto ambiental de estabilidad familiar y social. Sin embargo, en las últimas décadas, la familia y la sociedad también han estado sufriendo cambios más o menos turbulentos que han dificultado el logro de las expectativas de bienestar y calidad de vida de las comunidades. Como ha sido expresado en un sinnúmero de documentos, el bienestar y calidad de vida no se logran si no existen niveles básicos en derechos humanos, como paz, educación, vivienda, nutrición y buena salud física y mental, así como derecho al trabajo, recreación, oportunidades para uso del tiempo personal, derecho a la participación, etc. Del mismo modo el bienestar social no se logra si no se reducen las desigualdades en el acceso a las oportunidades de desarrollo integral, en un marco de solidaridad, justicia y equidad.

Como en toda etapa del ciclo vital, los programas y servicios de salud para adolescentes y jóvenes, deben asegurar la respuesta a las necesidades básicas en la enfermedad de predominio biológico -aguda, crónica, accidente, trauma- así como a las necesidades en el ámbito psicosocial, con enfoques promocionales, preventivos, de recuperación y de rehabilitación, incorporando al adolescente y joven como co-responsable de su salud.

Los adolescentes y jóvenes constituyen el periodo de la vida en que, de acuerdo a los indicadores clásicos de salud y enfermedad, se es más saludable, ya que se presentan las tasas de mortalidad más bajas y la menor frecuencia de episodios de enfermedad percibidos en un año. Es por lo tanto una etapa en que las demandas por servicios curativos son relativamente inferiores a otros periodos de la vida lo que, en teoría, debería facilitar la reorientación de los servicios hacia el énfasis promocional y de prevención contenido en el presente marco conceptual..

2. Impacto y trascendencia presente y futura.

Al considerar a adolescentes y jóvenes como "grupo objetivo", se define una etapa del ciclo vital como eje de categorización, a diferencia de otros programas cuyo eje lo constituyen problemas específicos. Con ello se hace énfasis en la condición de un eslabón -el periodo- de una cadena -el ciclo vital- y en la trascendencia de la perspectiva evolutiva.

En este contexto recobran validez los conceptos que aceptan que cada etapa del ciclo vital es una síntesis resultante de los acontecimientos vividos hasta esa etapa y un pronóstico de lo que será el futuro. Implica, asimismo, tener en perspectiva los procesos de crecimiento, desarrollo, maduración, diferenciación y adaptación y considerar los aportes que los microambientes de la familia, la escuela, la iglesia, las instituciones recreativas, ofrecen en las esferas educacional, social, psicológica, cultural, económica y afectiva. En la práctica, es la necesidad de que los programas de salud y de los otros sectores sean congruentes con el carácter de continuum de las etapas. Provee, asimismo, los elementos para diseñar programas con enfoque anticipatorio.

Siendo la adolescencia un periodo con características y necesidades inmediatas y futuras, es también una intersección de muchos caminos en la vida, en el cual la elección del camino saludable tendrá impactos positivos en la calidad de vida presente y futura.

3. Salud Integral

3.1. Integralidad biológico-psicológico-social

A pesar de la reiterada aseveración de que el ser humano es una unidad biopsicosocial, ello no se ha traducido, en la práctica, en programas o acciones concretas, y desde la perspectiva de salud los esfuerzos se han concentrado en la esfera biológica. Desde la perspectiva biológica, el periodo de la adolescencia y juventud es determinante de la situación de salud, de enfermedad y, aún, de la causa de muerte futuros. Al considerar a la salud en su triple dimensión bio-psico-social la trascendencia del periodo se hace más destacable, dado que en esta etapa se consolidan los estilos de vida que a su vez serán determinantes de la calidad de vida y la salud en los periodos siguientes. Estos elementos fundamentan la necesidad de tener en cuenta la interrelación de salud física, mental y social y su mutua influencia presente y en etapas posteriores, en una perspectiva transgeneracional.

El desarrollo moral, ético y espiritual debe, también, ser considerado, lo que implica un desafío para los adultos en quienes los adolescentes esperan encontrar modelos. Una tarea central de la socialización es transmitir a las nuevas generaciones las normas o valores sociales que el grupo humano de pertenencia ha aceptado y compartido y que permiten regular las interacciones buscando la armonía entre los intereses de los otros y los de uno mismo.

En resumen, salud biopsicosocial, dentro de un continuum, vinculada a los procesos de socialización, adaptación, espiritualidad, desarrollo integral y desempeño óptimo durante y después de la adolescencia y juventud.

3.2. Integralidad del Sistema de Atención

Considerando los diferentes niveles de complejidad-cobertura de los sistemas de atención, estos deben estar adecuadamente integrados para que cualquiera sea el nivel de entrada al sistema, ésta sea fluida y favorezca la relación del adolescente y joven mientras ella se requiera. Se debe recordar que las definiciones ortodoxas no son aplicables a los adolescentes y que la experiencia muestra que la puerta de entrada al sistema es con mayor frecuencia la Unidad de Emergencias del hospital que el tradicional establecimiento de primer nivel como consultorio o centro de salud. Asimismo, la promoción y prevención en salud de adolescentes y jóvenes requiere que quienes trabajan con ellos estén dispuestos a ir hacia donde los adolescentes y jóvenes se encuentran.

El éxito del sistema depende en gran medida de las características del recurso humano, que debe estar compuesto por un equipo multidisciplinario, capacitado para la atención de adolescentes y jóvenes y para el trabajo participativo.

3.3. Integralidad de la Cadena de Prevención La atención de adolescentes y jóvenes presenta grandes desafíos al personal de salud el que, sin abandonar el compromiso esencial de ayudar en la recuperación de los enfermos, debe incorporar los aspectos de promoción y prevención.

La incorporación del concepto de integralidad en la prevención o de prevención continua o de cadena de prevención permite considerar acciones que contribuyan a la calidad de vida independientemente de la condición de salud basal. Mientras haya vida pueden realizarse acciones orientadas a promover la salud en cuanto calidad de vida, actuando a través de una secuencia de intervenciones.

Promoción de la salud implica el fortalecimiento de los factores protectores para evitar o controlar los riesgos. La promoción de varios factores protectores en forma simultánea, complementaria y continuada producirá un cambio positivo del estado de salud, bienestar y desarrollo. Este nivel de prevención acepta que, interviniendo ciertos factores, es posible mejorar la salud en etapas posteriores de la vida ya que dichos factores no están necesariamente asociados a daños en la etapa de la vida en que la exposición ocurre. Esto es particularmente importante en relación a hábitos y estilos de vida (saludables o no saludables), como el consumo de sustancias (alcohol, tabaco, otras), de alimentos (grasas saturadas), el sedentarismo, etc. en relación a trastornos psicosociales, enfermedades crónicas, y otros daños.

Prevención primaria: evitar la aparición o el efecto de factores o agentes causales específicos y su impacto en la salud; es el caso de las vacunas para las enfermedades inmunoprevenibles; la educación sexual para prevenir los problemas derivados del ejercicio precoz de la sexualidad (embarazo no deseado, enfermedades de transmisión sexual); las medidas legislativas que hacen obligatorio el uso de cinturones de seguridad para reducir los efectos de los accidentes de tráfico, o las que retardan la edad para autorizar la conducción de vehículos motorizados o para consumir bebidas alcohólicas.

Prevención secundaria: evitar que un daño ya producido se agrave o se complique con otros problemas sobreagregados, o deje secuelas. La efectividad de los sistemas asistenciales, especialmente en el caso de accidentes y trauma, así como la participación de redes de apoyo comunitarias para problemas psicosociales, son ejemplos de prevención secundaria. El trabajo intersectorial con las escuelas permite la detección precoz de problemas de salud, especialmente los que primeramente repercuten en el rendimiento y/o en la conducta (como defectos en los órganos de los sentidos, síntomas emocionales y otros).

Prevención terciaria: si las formas de prevención anteriores son insuficientes o inefectivas se puede requerir de acciones que disminuyan los efectos residuales o secuelas y que contribuyan a la rehabilitación física, psicológica, social, laboral, etc. y a la reintegración a la sociedad del adolescente o joven.

En suma, la incorporación del concepto de integralidad de la cadena de prevención acepta que en cualquier momento y en cualquier estado de salud, enfermedad o daño, es posible prevenir otros daños, evitar que un daño existente deje secuelas o incapacidad o evitar que un daño existente se agrave, complique o conduzca a una defunción,.

Todas las formas de prevención deben estar presentes en todas las etapas del ciclo vital, en todas las fases del proceso de salud-enfermedad, frente a todas las personas, familias y comunidades, sean sanas o enfermas, en un continuo de prevención.

3.4. Aplicación de enfoques integradores:

Enfoque participativo Reconoce que el adolescente no sólo es parte del "problema", sino también de la solución. Implica la participación de los adolescentes y jóvenes en el diagnóstico, el diseño, la implementación, ejecución y evaluación de los programas.

La participación de los jóvenes es crucial para la consideración de sus necesidades, expectativas e ideales en salud y bienestar. La incorporación de los adolescente y jóvenes, en forma individual y como grupo permite, no sólo ampliar los recursos con que se cuente, sino, también, alcanzar a aquéllos más desprotegidos que no acuden espontáneamente ni con facilidad a la invitación de un adulto. El mensaje a un adolescente o joven llega mucho mejor si proviene de un par.

Enfoque anticipatorio

La posibilidad de predecir los eventos en el proceso secuencial del crecimiento y desarrollo, permite plantear acciones anticipadamente, con los adolescentes y jóvenes, con sus familias, con las escuelas y otros organismos comunitarios, previas a la aparición de tales eventos. La investigación psicosocial está aportando cada vez mayor información acerca de las conductas de riesgo y los momentos en que se inician, posibilitando la definición, no sólo de la mejor estrategia de intervención sino, también, de su oportunidad, idealmente previa a la aparición de dichas conductas.

Enfoque de riesgo y factores de riesgo y protección.

En los adolescentes y jóvenes, el grado de vulnerabilidad es una función de lo pasado en su ciclo vital, de las debilidades o fortalezas inducidos por los cambios biopsicosociales de la etapa e influenciados por los elementos del ambiente físico y humano (incluyendo familia, lescuela, grupo de pares, características culturales y elementos de la estructura política, social y económica).

El enfoque de riesgo se basa en las siguientes premisas:

  • Los factores que determinan los niveles de salud, bienestar y desarrollo son numerosos, a menudo interrelacionados y su direccionalidad puede ser favorable (factores de protección) o negativa (factores de riesgo).
  • Las personas, familias y comunidades tienen diferentes probabilidades de desviarse de la salud y el bienestar, que se traducen en diferentes necesidades.
  • La distribución de esfuerzos y recursos debe ser proporcional a las necesidades a fin de contribuir a la equidad.
  • La vulnerabilidad tiene una base probabilística; la probabilidad de daño disminuye cuando se controla el factor de riesgo por supresión o compensación (prevención primaria) o cuando se refuerzan los factores protectores o de resiliencia (promoción).

Intersectorialidad.

El enfoque de salud integral implica la aceptación de la multidimensionalidad de salud y su íntima relación con el bienestar y desarrollo. La intersectorialidad en los programas contribuye a mejorar el nivel de salud de adolescentes y jóvenes, aceptando que la atención médica no es el único camino, así como tampoco lo son sólo las acciones de recuperación. La efectividad de la articulación intersectorial contribuye a la optimización del uso de recursos y es esencial para realizar acciones efectivas en el nivel local o comunitario a través de organismos gubernamentales, no gubernamentales y, especialmente, con los grupos juveniles.

Las organizaciones que contribuyen al buen uso del tiempo personal, especialmente en el plano recreativo y solidario, pueden cumplir una función critica, como factor de protección de grupos de riesgo, a la vez que como canalizadoras del idealismo y del afán de servicio de adolescentes y jóvenes.

El sector educación tiene la máxima importancia, dado que esta institución no sólo representa una instancia de instrucción y capacitación, sino también un factor de protección frente a los riesgos del ambiente natural y social que rodea al adolescente.

En sus múltiples dimensiones, los ambientes familiar y comunitario, pueden proveer oportunidades para el desarrollo saludable en los aspectos social, emocional, intelectual, físico, sexual y moral y para la construcción de la confianza y la capacidad de enfrentar las situaciones de riesgo y las presiones no deseables de grupos de pares u otros.

 

DESARROLLO DE PROGRAMAS Y SERVICIOS PARA ADOLESCENTES Y JÓVENES

1. Objetivos

En el contexto de la salud de adolescentes y jóvenes, el propósito general de programas y servicios es la disminución de la morbimortalidad del grupo etario y el desarrollo de competencias y habilidades que le ayuden a tomar decisiones saludables.

1.1. Objetivos Generales

  • Contribuir al logro de la salud integral de adolescentes y jóvenes y a su bienestar y desarrollo, a través de actividades sectoriales e intersectoriales.
  • Contribuir a desarrollar y fortalecer los mecanismos para una progresiva satisfacción de las necesidades biológicas y psicosociales de adolescentes y jóvenes.
  • Contribuir a reducir las desigualdades de oportunidades de salud y desarrollo de los adolescentes y jóvenes.

1.2. Objetivos Específicos

  • Mejorar las condiciones de salud de los adolescentes y jóvenes, considerando los elementos de crecimiento y desarrollo y los de salud integral.
  • Contribuir al aprendizaje de habilidades sociales que capaciten a adolescentes y jóvenes para el autocontrol de emociones y conductas y a resistir a la presión de los pares: decir que NO, con razones fundamentadas.
  • Mejorar la cobertura y calidad de los servicios de atención, aplicando enfoques integradores.
  • Desarrollar programas de educación para la salud, con énfasis en promoción y prevención, con metodologías participativas, incorporando a los adolescentes y jóvenes, interactuando con la comunidad y utilizando los medios de comunicación más efectivos.
  • Desarrollar sistemas de vigilancia epidemiológica orientados a la pesquisa y control de los problemas de salud biopsicosocial de adolescentes y jóvenes.

2. Estrategias de Intervención

2.1. Aplicación de los conceptos de crecimiento y desarrollo

Mejorar las condiciones de salud de los adolescentes y jóvenes, considerando los elementos de crecimiento y desarrollo y los de salud integral, en las acciones. El estudio sistemático del proceso de crecimiento y desarrollo durante el periodo, tanto desde el punto de vista biológico como psicosocial es de la mayor importancia y debe tenerse presente al organizar programas de atención para el adolescente y joven.

Algunos elementos básicos, seleccionados, se presentan a continuación:

Desde el punto de vista del desarrollo cognitivo entre los 10 y los 18 años se transita desde el pensamiento concreto hacia el abstracto: es decir, desde la interpretación literal en los adolescentes menores, al uso de su capacidad de abstracción en los jóvenes.

En cuanto a la familia se produce un distanciamiento progresivo de los padres y una integración mayor al grupo de pares. Este hecho debe tenerse presente cuando se planean actividades, las que en la adolescencia temprana deben involucrar preferentemente a la familia y en la juventud, de preferencia, a los pares.

La maduración biológica precede a la emocional y social, lo que hace que las preocupaciones se centren, inicialmente, en el cuerpo y los cambios que este experimenta y posteriormente en las relaciones interpersonales y luego con el otro sexo. Por ello es aconsejable que los programas educativos se diferencien por subgrupos etarios y, en ocasiones, por sexo.

La inserción en el mundo adulto se torna progresivamente más central en tanto se transita de la adolescencia a la juventud; esta se manifiesta en la esfera vocacional/laboral y en la de pareja/familia. Junto con ser motivo de decisiones de trascendencia desde el punto de vista del desarrollo, estos aspectos pueden ser el origen de situaciones que afectan al adolescente y joven y que deben tenerse presentes en los programas.

2.2. Aplicación de los conceptos de Salud Integral.

Al organizar programas de atención del adolescente se debe considerar su triple dimensión bio-psico-social. Para llevar el concepto al plano operacional, es indispensable el trabajo multi disciplinario, transdisciplinario e intersectorial.

En los aspectos de integralidad, es necesaria la estructuración de una red de servicios que facilite la entrada al primer nivel y la referencia expedita a los niveles más complejos cuando proceda. Ello implica la coordinación con actividades en que el equipo tenga los mecanismos para llegar a la comunidad en que los adolescentes se encuentran.

Aplicar los conceptos de integralidad de la cadena de prevención, en adolescentes y jóvenes implica un esfuerzo sostenido en actividades de promoción y prevención. Entre los mecanismos de promoción de la salud, bienestar y desarrollo de los adolescentes, es de gran importancia la promoción de estilos de vida saludables, el logro progresivo de la capacidad de autocuidado y la actuación sobre los ambientes en donde permanece el adolescente, para hacerlos más saludables.

2.3. Aplicación de enfoques integradores.

Los problemas de salud del adolescente y del joven se interrelacionan: las conductas de riesgo se concentran en subgrupos más vulnerables. Como consecuencia, los sistemas de atención de adolescentes y jóvenes deben ofrecer atención integral más que segmentada o subespecializada, lo que ofrece ventajas en cuanto al rendimiento de las acciones, pues una intervención puede tener efectos en más de un problema ("abanico").

Entre las estrategias que deben consolidarse en forma gradual y sostenida está la aplicación de enfoques integradores, destacando el enfoque participativo y la acción intersectorial.

El enfoque participativo, es de suma importancia. Algunos ejemplos del aporte de los jóvenes en programas y servicios son los siguientes:

  • Identificación de necesidades y determinación de objetivos.
  • Diseño de servicios y actividades atractivos y accesibles para los adolescentes.
  • Expansión del conocimiento acerca de los problemas comunitarios y familiares que representan barreras para los jóvenes.
  • Creación de un ambiente donde los jóvenes puedan contribuir a su comunidad.
  • Actuación como consejeros, instructores, mentores, divulgadores de información, etc. en que los mismos adolescentes y jóvenes ayudan a sus pares.
  • Promoción del liderazgo juvenil y de organizaciones juveniles.

La acción intersectorial

La organización de servicios para adolescentes y jóvenes debe tener presente el contexto sociocultural y los recursos existentes en la comunidad. Particular importancia se les asigna a la incorporación de los siguientes tipos de instituciones y sus posibles aportes:

Escuela

Propuestas innovativas en educación, propuestas de cambios curriculares en el sistema educativo formal, propuesta de nuevas áreas vocacionales, adecuación a necesidades de educación informal, aplicación de metodologías creativas, combinación formal-informal y otras experiencias innovadoras

Trabajo

Ayudar al joven a incorporarse al mundo laboral, a través de capacitación para el ingreso al trabajo y de capacitación continua; creación de asociaciones de producción y prácticas de generación de ingresos.

Comunidad y Grupos Comunitarios

Apoyo a programas integrados de salud con base comunitaria; apoyo a grupos de riesgo físico o psicosocial; apoyo al desarrollo de líderes y de grupos e instituciones del joven para el joven. Apoyo a actividades voluntarias de interés social. Programas de uso adecuado del tiempo libre a través de asociaciones. Apoyo a actividades culturales deportivas y de servicios comunitarios.

Familia

La familia es un eje central en el desarrollo del adolescente, pudiendo ser una fuente protectora o de riesgo para ellos. Una familia protectora se destaca por ser estable, con padres sentimentalmente conectados a sus hijos, dispuestos a saber lo que pasa en sus vidas y a entregar valores en forma explícita e implícita. Por ello, se debe integrar a la familia y, si es necesario, apoyarlo para que ayuden a guiar a los jóvenes.

Conformación de redes

Redes intersectorial e intrasectorial en salud y redes de alcance nacional e internacional.

Incorporación de técnicas efectivas de comunicación.

Amplían el alcance de los programas y optimizan el impacto en la promoción y prevención y en el progreso hacia la salud integral de adolescentes y jóvenes.

3. Características deseables de los servicios y programas de salud integral del adolescente y joven.

Un Sistema de Servicios de Salud Integral para adolescentes y jóvenes debe considerar que la atención de salud abarca no solamente la atención medica, sino todas las actividades de promoción, prevención, recuperación y rehabilitación de la salud, realizadas por el equipo de salud y la participación de las personas, familias y comunidades.

Requisitos:

A continuación se plantean los requisitos que los servicios de salud para adolescentes y jóvenes deben reunir a fin de cumplir con el objetivo de contribuir al logro de la salud integral:

  1. Acceso universal con cobertura efectiva.
  2. Calidad técnica suficiente.
  3. Continuidad.
  4. Nivel primario integrado a los niveles secundario y terciario.
  5. Participación de los adolescentes y jóvenes.
  6. Enfasis en promoción y prevención.
  7. Equipo multidisciplinario, entrenado, comprensivo y comprometido.
  8. Credibilidad.
  9. Privacidad y confidencialidad.
  10. Organización funcional: disminución de barreras,; horarios adecuados.
  11. Profesional responsable en forma individual.
  12. Normas técnicas y administrativas facilitadoras.
  13. Identidad.
  14. Penetración en la comunidad.
  15. Coordinación intersectorial.

Características deseables en los recursos humanos:

El personal que atiende adolescentes debe ser gente respetuosa, comprometida y confiable, que haya tenido capacitación en habilidades para el diseño, implementación, supervisión y evaluación de programas y servicios para adolescentes, además de saber otorgar oportunidades de crecimiento y desarrollo personal.

Al iniciar un programa o servicio para adolescentes es frecuente la discusión en torno a la escasez o inexistencia de recursos idóneos, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que los adolescentes y jóvenes siempre están recibiendo atención, aunque asistemática y probablemente insuficiente en cobertura y calidad. En estudios en las décadas de los 70 y los 80 (Chile) se demostró que entre el 19% (psiquiatría) y 10% (medicina general) de las horas de atención de morbilidad se dedicaban a población de 10 a 19 años, incluyendo atención hospitalaria. Una simple medida administrativa de organizar esos recursos en horario preferencial, definiendo una "unidad funcional" de atención de este grupo etario, es un buen comienzo. En términos cualitativos, lo más importante en una primera etapa es identificar el recurso humano existente y cuáles profesionales están capacitados o interesados en capacitarse, y con la mejor disposición para atender adolescentes.

Para consolidar programas y servicios para adolecentes y jóvenes se irá requiriendo de un equipo de profesionales de distintas disciplinas que puedan interactuar en la atención de salud de este grupo etario con un enfoque multidisciplinario e interdisciplinario. Un equipo multidisciplinario está formado por miembros de varias disciplinas, que trabajan en forma separada para una misma población, a través de interconsultas y referencias; un equipo interdisciplinario está compuesto por profesionales de disciplinas diferentes que abordan el estudio de la situación o persona en forma conjunta. Esta última modalidad es altamente deseable en la atención de adolescentes y jóvenes.

Características deseables en los recursos físicos:

La atención de primer nivel del adolescente y joven, sólo necesita del equipamiento regular de un centro de salud ambulatorio. Lo que lo hace diferente y contribuye a su aceptación por parte de los adolescentes es su debida identificación, como programa o servicio para adolescentes y jóvenes en un horario exclusivo y a cargo de un profesional, también debidamente identificado, para los adolescentes y jóvenes y que responda a las características deseables señaladas..

Para una atención maá especializada se pueden desarrollar estándares de planta física, equipamiento, procedimientos técnicos y administrativos, amén de recursos humanos especializados, de acuerdo a las necesidades que se definan.

Características de programas exitosos

A continuación se describen algunas de las características, para las cuales existe consenso, que contribuyen al éxito de un programa o servicio:

  • Identificación e intervención precoz de los adolescentes y sus familias, (comienzo alrededor de los 8 a 10 años), acompañándolos hasta completar una transición eficaz a la etapa adulta.
  • Programas con metas amplias que ofrezcan a los jóvenes una razón para buscar y esperar un futuro mejor.
  • Atención individual: un adulto, no necesariamente del equipo de salud se preocupa de las necesidades específicas de cada adolescente.
  • Dar a los adolescentes competencia social, es decir, la capacidad de integrar afecto, conocimiento y conductas para lograr un adecuado desarrollo en su cultura. Esto implica aprender habilidades sociales, tales como, autocontrol de emociones y conductas, manejo del stress, resolver problemas, tomar decisiones, aprender a comunicarse, saber dar y recibir retroalimentación a través de una escucha activa y a resistir a la presión de los pares: decir que NO, con razones fundamentadas del porqué, a la vez de sugerir acciones alternativas.
  • Ir hasta donde está el adolescente. Dado que es en el sistema escolar donde permanecen la gran mayoría de los jóvenes por mayor tiempo, las escuelas son lugares ideales para aplicar intervenciones grupales.
  • Compromiso del grupo de pares en las intervenciones (diagnóstico y elaboración participativos de los proyectos y programas) para que los adolescentes se sientan identificados con éstos.
  • Compromiso con la familia: ver al joven en su contexto familiar y en el resto de su entorno.
  • Brindar servicios coherentes y de fácil acceso.

Lecciones de las experiencias no exitosas

Los programas de atención de adolescentes que han tenido menos éxito y, dicho sea de paso, han tenido mayor costo, se han caracterizado por:

  • Enfoque individual, en adolescentes portadores de una condición de riesgo o un daño.
  • Centrados en conductas problemáticas específicas y aisladas
  • Intervención tardía, cuando los comportamientos ya están bien arraigados o los daños establecidos.
  • No utilizan el apoyo de la familia, ni el de los pares.
  • No utilizan el apoyo extrasectorial ni se coordinan con las escuelas
  • Utilizan tácticas de miedo.
  • Se basan en intervenciones de corta duración.
  • Se enfocan en el comportamiento negativo, más que en la promoción del comportamiento positivo.

La gran lección de estas experiencias se resume en la necesidad de aplicar modelos de atención que respondan a las características comentadas.

Un ejemplo de programa exitoso se presenta como estudio de caso de esta lección.

 

MARCO PARA LA PROGRAMACIÓN A NIVEL DE PAÍS A FAVOR DE LA SALUD DE LOS ADOLESCENTES. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD. 1997.

 

 


 


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