PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE CHILE
ESCUELA DE MEDICINA
DEPARTAMENTO DE PEDIATRIA

 

PORTAFOLIO DE PEDIATRÍA AMBULATORIA


ATENCIÓN AMBULATORIA EN EL PERÍODO ESCOLAR

 

Escolar es la etapa del ciclo vital que comprende entre los 6 y 10 años de edad.

El escolar enfrenta una de las etapas más exigentes de su desarrollo personal, la cual será determinante para la consolidación de su personalidad y de sus capacidades emocionales, laborales y sociales. Por primera vez en su vida deberá desenvolverse en un ambiente formal que le exigirá un desempeño objetivo en campos hasta ahora no explorados por él. Para cumplir con éxito este desafío, el escolar deberá echar mano a las fortalezas acumuladas en las etapas anteriores de su desarrollo. Se podría decir que es el momento en que se resume la historia previa y el niño se vuelca hacia el descubrimiento y conquista de un mundo más amplio, atrayente, competitivo y agresivo.

Simultáneamente el niño continuará con mayor fuerza el proceso de separación de sus padres, logrando así el grado necesario de autonomía para incursionar en otro medio social, donde sus compañeros comienzan a constituirse en referentes significativos. De esta manera los padres dejan de ser los únicos modelos, apareciendo otros adultos en este rol, como profesores, jefes de scouts, deportistas, etc.

En la medida que el niño va enfrentando con éxito estos desafíos, irá logrando un mayor grado de autoestima o valoración de si mismo, lo que a su vez repercutirá en un mejor desempeño global, cerrando de esta manera un círculo virtuoso. En oposición, es fácil imaginar el vicioso que surge frente al fracaso en cualquier ámbito.

Durante la Supervisión de Salud el médico debe considerar que el escolar puede cumplir un rol activo durante la atención, pues es capaz de relatar lo que siente, sus preocupaciones y sus dudas. Esto será más fácil en la medida que se haya creado una relación de cercanía afectiva o simpatía entre ambos. Es importante que al momento de dar un diagnóstico y explicar las indicaciones, el niño se sienta considerado y, en lo posible, comprometido con los cambios recomendados. Es fundamental que el médico vaya permitiendo y estimulando la adquisición de este rol cada vez más protagónico del niño en el cuidado de su salud.

 

Desarrollo físico

Durante la edad escolar la velocidad de crecimiento llega a su punto más lento antes de comenzar con el "estirón puberal". El niño crece a razón de 5 a 6 cm promedio y aumenta alrededor de 3 kilos en un año. El perímetro craneano sólo crece 2 a 3 cm en todo el período.

El sistema músculo esquelético presenta una curva de velocidad de crecimiento similar a la talla, siendo ésta su etapa más lenta.

El sistema nervioso está completando la mielinización a los 6 y 7 años. El sistema genital sigue en un estado de latencia, prácticamente sin mayor desarrollo. El sistema linfático es el único que está en plena actividad, mostrando un gran crecimiento de sus órganos, como las amígdalas y los nódulos linfáticos.

La pérdida de la dentadura temporal es uno de los signos característicos de esta etapa, la que es seguida por la erupción de los primeros molares definitivos.

Por lo tanto se aprecia un niño con mayor fuerza muscular y mejores habilidades motoras, lo que permite la realización de movimientos más complejos como jugar fútbol, andar en bicicleta, tocar instrumentos musicales o dibujar.

Los intereses personales, sumados a las habilidades innatas y al entrenamiento, permiten comenzar el desarrollo de expertos en cada área.

 

Desarrollo cognitivo

El pensamiento mágico y egocéntrico del preescolar es reemplazado en esta etapa por otro más racional, donde el niño es capaz de observar el mundo que lo rodea desde una perspectiva más objetiva, lo que significa una fuente inagotable de conocimientos. Es capaz de separar la fantasía de lo real, elaborar un pensamiento lógico y aplicar reglas basadas en conclusiones de fenómenos observables.

La escuela demanda una gran exigencia cognitiva, especialmente con los procesos de aprendizaje de la lecto-escritura y de las operaciones matemáticas, herramientas que son fundamentales para seguir progresando en la adquisición de nuevos conocimientos. La capacidad de concentración y de comprensión se convierte en funciones claves para responder con éxito las nuevas demandas educativas.

Después de los primeros 2 o 3 años de escuela, los niños comienzan a desarrollar juegos de estrategia, basados en reglas claras, aprovechando sus nuevos dominios intelectuales. Comienzan a especializarse en temas de mayor interés como ciencias, deportes, juegos computacionales, etc.

Para los padres y los supervisores de salud, es importante observar como el niño va logrando las pequeñas metas que significa su inserción y progreso escolar. En estos logros se está poniendo en juego múltiples funciones y destrezas físicas, mentales, emocionales y sociales, y un deterioro del rendimiento escolar puede ser un síntoma de un problema a diagnosticar. Por sobre el éxito escolar, lo que está en juego es la autoestima del niño y con ella la seguridad con que el niño enfrentará su futuro.

 

Desarrollo social y emocional

Se da en 3 contextos, los que en orden de importancia, son el hogar, la escuela y el barrio.

La relación con los padres sigue siendo la base para enfrentar los desafíos de una socialización cada vez más exigente. Sin embargo, la escuela representa el escenario de mayor exigencia social, donde el niño debe demostrar y demostrarse que es capaz de hacer amigos, ser aceptado y querido por sus pares, cumplir con las expectativas que sus padres y profesores tienen puestas en él, sabiendo levantarse frente a los pequeños tropiezos.

Otros adultos surgen como nuevos modelos de conducta para el niño: profesores, deportistas, etc. Los amigos poco a poco adquieren mayor importancia, hasta convertirse en su principal referente social, ocupando gran parte de su tiempo libre y de energías con ellos. Sus opiniones, críticas y alabanzas significan mucho, pues van dibujando su autoimagen.

El niño comienza a tener mayor control sobre su conducta y junto a la conciencia de esta capacidad de autocontrol, pueden aparecer actos compulsivos o movimientos motores repetitivos o tics. Estos últimos pueden reflejar un considerable grado de tensión. Hay que tener presente que en esta etapa el niño está sometido a un variado ámbito de preocupaciones, que si no son sobrellevadas en forma adecuada, determinan ansiedad y síntomas asociados.

 

Problemas del niño en el período escolar.

 

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