ASAT (GOT) y ALAT (GPT): La concentración de estas enzimas en el interior del hepatocito es muy elevada y cada vez que se altera difusamente la permeabilidad de la membrana citoplasmática, sea por necrosis o por inflamación, las transaminasas experimentan un aumento de actividad en sangre periférica. Los requisitos indispensables para una elevación cuantitativamente importante de transaminasas son que el daño sea difuso y agudo. Constituyen el examen de mayor utilidad frente a la sospecha de una inflamación hepática y habitualmente ponen el sello del diagnóstico de un daño hepático agudo. La actividad en plasma alcanza niveles sobre 500 mU/ml y habitualmente sobre 1000 mU/ml. Su normalización completa es posterior a la desaparición de la ictericia (Fig.1).