APUNTES SOBRE HISTORIA DE LA MEDICINA

TERCERA CLASE
LA MEDICINA HIPOCRATICA

LA MEDICINA PREHIPOCRATICA

La medicina prehipocrática está basada en los dos elementos característicos de la medicina arcaica: en lo sobrenatural y en lo puramente empírico. Así, se rinde culto a Apolo como al dios del que se origina la enseñanza del arte de curar, y se diviniza a Esculapio o Asclepio, al que se dedican santuarios por toda Grecia. Allí concurrían los enfermos a ofrecer sacrificios para una cura milagrosa a través del sueño sagrado, de la incubación, en que se les aparecía Asclepio. En estos templos había Asclepíades, sacerdotes que probablemente también eran médicos. No se sabe si Hipócrates era un Asclepíade. En todo caso, la medicina religiosa y la racional coexistían entonces, lo que prueba que se habían desarrollado paralelamente y no la una de la otra.

Esculapio es una figura oscura que parece haber tenido existencia humana hacia el año 1.200 a.C. y que después se convirtió en el dios de la medicina. Hijas de Apolo son Higiea, diosa de la salud, y Panacea, diosa remediadora de todo. La serpiente, con que suele representarse a Esculapio, es un animal sagrado en la mitología griega y símbolo de las virtudes medicinales de la tierra.

 

HIPOCRATES

De Hipócrates se saben de modo casi cierto, muy pocas cosas. La única biografía que se conoce de la Antigüedad fue escrita por Sorano unos 500 años después de la muerte de Hipócrates. Se sabe que nació en la isla de Cos hacia el año 460 a.C., por tanto, era coetáneo de Demócrito y unos diez años menor que Sócrates. Se sabe, además, que fue un médico destacado y, como era lo usual, itinerante. Al parecer, ejerció la medicina también en la isla de Tasos, en Tracia, cerca del Ponto Euxino y en Tesalia, donde murió, según se cree, en Larisa cerca de los 80 años, esto es, alrededor del año 380 a.C. Tampoco se conoce con certeza su figura; ninguno de los bustos que se habían considerado de él, lo son con seguridad. Sin embargo, en la isla de Cos se encontraron cuatro monedas del siglo I A,.C. grabadas con la efigie y nombre de Hipócrates: es la cabeza de un hombre robusto, calvo, nariz gruesa y barba corta. Uno de los bustos existentes tiene estos rasgos.

Hay varios relatos sobre Hipócrates en que aparece como un médico legendario, y estas leyendas pueden tener algo de verdad. Parece cierto que para los alejandrinos fue el introductor de la dietética. Desde entonces su fama creció de siglo en siglo y en particular, desde que Galeno lo consideró el médico perfecto. Para el mundo de Occidente es el padre de la medicina y personifica el ideal de médico con los valores eternos de la profesión médica.

 

LA CUESTION HIPOCRATICA

Se conoce como la cuestión hipocrática el problema de llenar nuestros vacíos de conocimiento sobre los Tratados Hipocráticos. Sobre este tema hay mucho de conjetura. Este conjunto, llamado también Corpus hippocraticum, está constituido por unos cincuenta tratados, que abarcan más de mil páginas. Es una colección heterogénea en estilo, doctrina y época. Está escrita en dialecto jónico y se sabe que buena parte de ella estuvo en la Biblioteca Médica de la isla de Cos. Los principales tratados fueron escritos entre los años 420 y 350 a.C., probablemente algunos por el mismo Hipócrates, pero cuáles y cuántos escribió no se sabe con certeza. La heterogeneidad de Corpus parece deberse, a lo menos en parte, a que los alejandrinos a un cierto núcleo genuinamente hipocrático que existía en la Biblioteca de Alejandría, fueron agregando tratados médicos hasta entonces anónimos

La colección puede agruparse así:

  1. tratados anatómicos: son cortos y fragmentarios. Se trata de una anatomía primitiva y especulativa, basada en la disección de animales. En todo caso, los conocimientos de anatomía que tenían los hipocráticos no son tan pocos como se supone;
  2. tratados teóricos: son dos los más importantes. Sobre la medicina antigua es una bella obra filosófica, aunque se inicia con una crítica a la filosofía por su intromisión en la medicina; Sobre la naturaleza del hombre es uno de los textos tardíos, contiene la doctrina sobre los cuatro humores;
  3. tratados sobre la clínica y enfermedades: éstos son textos heterogéneos, que difieren en los conceptos que se enuncian de salud y enfermedad, así Sobre las enfermedades y Sobre las afecciones; el tratado Sobre los humores versa acerca de la constitución del cuerpo humano y predisposición a enfermarse en distintas épocas; los libros de las Epidemias, escritos en forma de breves historias clínicas, son una de las mejores obras de la colección, hoy, clásica de la literatura mundial; otro tratado clásico, una de las primeras monografías sobre una sola enfermedad, es Sobre la enfermedad sagrada; otros tratados clínicos son Sobre las crisis y Sobre los días críticos; Sobre aires, aguas y lugares es un tratado muy especial, que versa acerca de geografía médica. En él se habla de cómo el medio ecológico determina las condiciones físicas y mentales del hombre y sus enfermedades. El tratado acerca del Pronóstico es otra obra clásica, de muy rica información;
  4. hay varias obras que versan sobre terapéutica, están las de dietética, entre ellas Sobre la dieta en enfermedades agudas, y las de cirugía, entre ellas: Sobre fracturas, y Sobre articulaciones, esta última es muy especial porque está ilustrada. El libro Sobre las heridas de la cabeza es de cirugía militar;
  5. entre los tratados ginecológicos son notables los dos libros Sobre las enfermedades de la mujer, que abarca la ginecología y obstetricia. En ese tiempo en Grecia las mujeres no solían ser atendidas por médicos, de manera que las enfermedades ginecológicas y obstétricas no eran de conocimiento corriente entre médicos;
  6. están, por último, los tratados deontólogicos, entre ellos el Juramento y Sobre el médico, un libro apologético de la medicina, Sobre el arte, y el magnífico libro de los Aforismos, uno de los más conocidos de la literatura médica universal.

Los tratados similares en carácter, estilo y presentación considerados genuinamente hipocráticos, son Pronóstico, Epidemias I y III, Aires, aguas y lugares, Sobre la enfermedad sagrada y la mayor parte de los tratados quirúrgicos.

 

FUNDAMENTO CIENTÍFICO

El nacimiento de la medicina como un saber técnico, como téchne iatriké, como ars medica, es el acontecimiento más importante de la historia universal de la medicina. La total elaboración de esta primera medicina científica, que llamamos medicina hipocrática, duró alrededor de trescientos años a partir del siglo VI a.C. Esta hazaña consistió en substituir en la explicación de la salud y enfermedad todo elemento mágico o sobrenatural por una teoría circunscrita a la esfera del hombre y la naturaleza. Hechos de observación interpretados racionalmente en el marco de esa teoría, conforman la base de este nuevo saber. En efecto, lo esencial en una ciencia es un sistema teórico que, en una ciencia empírica, relacione los hechos de observación, los explique y así, a partir de ciertas condiciones, permita predecir un estado de cosas. Pero ¿acaso la explicación mágico-religiosa no tiene los atributos de una tal teoría? ¿En qué se apartan una de otra? Difieren en que la explicación mágico-religiosa es inmutable e irreproducible, tiene el carácter de verdad absoluta. El sistema teórico de una ciencia, en cambio, es siempre hipotético, puede en sí investigarse y modificarse, es una verdad provisional.

La medicina hipocrática nació de la filosofía y luego se separó de ésta, pero continuó ligada al saber general. Fue aquélla, por lo demás, la primera ciencia aplicada en nacer. El hombre siguió concibiéndose de acuerdo con Demócrito, a saber, como el mundo en pequeño.

La idea fundamental que esta nueva medicina tomó de la filosofía presocrática, fue la de naturaleza. La physis según los hipocráticos posee una fuerza que no puede ser superada por el hombre y tiene límites infranqueables por lo humano; y por lo tanto, en relación con la enfermedad, no hay nada a qué invocar más allá de esos límites. La naturaleza tiene armonía y produce armonía, esto es, posee fuerzas capaces de restablecer el orden; tiene una razón, el lógos, accesible a la razón humana; por eso puede haber una fisiología, es decir, un estudio de la naturaleza; la naturaleza posee ciertas fuerzas o principios elementales activos, las dynámeis, así, en particular, lo seco, lo húmedo, lo caliente y lo frío. Los cambios o movimientos, la kínesis, que ocurren en la naturaleza pueden acaecer por necesidad o por azar. En el primer caso, los cambios son inexorables, en el segundo caso puede intervenir el hombre. Los cambios inexorables, el fatum, es superior a todas las fuerzas humanas. El hombre puede dominar lo que en la naturaleza ocurre por azar, pero no lo que sucede por necesidad. Como todo movimiento, así también los cambios de la naturaleza tienen sus causas, las aitíai.

 

EL HOMBRE COMO MICROCOSMOS

Al ser el hombre el mundo en pequeño, su naturaleza debía tener los atributos de la physis. Nace así la idea de los humores como elementos activos que contiene el cuerpo. En el tratado Sobre la medicina antigua se supone un número ilimitado de humores, en el libro Sobre las enfermedades, los humores son cuatro, pero uno de ellos es el agua. ¿Pero por qué el agua habría de ser uno de los humores, si ella como tal rara vez se ve escapar del cuerpo? En el tratado Sobre la naturaleza del hombre aparecen los constituyentes definitivos con la bilis negra en lugar del agua. Son dos pares de humores, cada par con cualidades opuestas: sangre y bilis negra, flema y bilis amarilla. Cada humor posee las cualidades de uno de los elementos de la physis, que son: aire, tierra, agua y fuego. Así, la sangre es caliente y húmeda como el aire y aumenta en primavera; la bilis negra, fría y seca como la tierra y aumenta en otoño; la flema, fría y húmeda como el agua y aumenta en invierno, y la bilis amarilla, caliente y seca como el fuego y aumenta en verano. Se originan y renuevan la sangre, del corazón; la bilis negra, del bazo; la flema, del cerebro, y la bilis amarilla, del hígado. Estos humores no son ficticios, pueden verse: la sangre, en heridas; la bilis negra, en deposiciones, en particular, en la melena; la flema, en catarros nasales; la bilis amarilla, en vómitos. Puede apreciarse la importante relación de ellos con las estaciones del año, así, por ejemplo, las enfermedades con exceso de flema, ocurren en el invierno y pueden manifestarse en consunción pulmonar, acumulación de líquido en el abdomen o en una disentería. Si además se acepta el principio del tratamiento por los contrarios, entonces se tenía una terapéutica racional, pues también los remedios poseían cualidades elementales.

También se observó una relación entre los humores y los temperamentos, así, en el temperamento melancólico domina la bilis negra. Más tarde los árabes, siguiendo esta misma doctrina, describirán los temperamentos sanguíneo, flegmático y colérico. Esto es el germen de la medicina psicosomática y de la teoría de los tipos constitucionales. Por otra parte, la naturaleza del hombre también encierra una potencia curativa, la vis medicatrix naturae.

 

SALUD COMO EUCRASIA Y ENFERMEDAD COMO DISCRASIA

La salud fue concebida como una buena mezcla de los humores, como una eyctasía, lo que representaba armonía en la naturaleza del hombre. El estado de salud era justo, fuerte, equilibrado y bello. En tanto la enfermedad era un cambio de esta naturaleza que resultaba de una mala mezcla de los humores, era una dyscrasía, un desequilibrio general, y, por consiguiente, el hombre enfermaba en su totalidad. En la medicina actual es frecuente calificar la salud como un estado de equilibrio y a la enfermedad, como un desequilibrio.

La enfermedad, la nósas, fue concebida, tal como lo hacemos hoy, como un proceso, como un cambio desarrollado en el tiempo. Las enfermedades, como todo cambio, tienen sus causas y, además, modos típicos y aspectos específicos, que se manifiestan en el tiempo constituyendo un curso natural. Las ideas de modo típico y aspecto específico se convertirán después en los conceptos de género y especie. El proceso nosológico general era concebido así: por alguna causa, en el alimento o en el aire, se producía un exceso de un humor; debía, por lo tanto, ser expulsado para restaurar el equilibrio. Para eso, esta substancia, llamada más tarde materia peccans, pasaba por un proceso de cocción producido por el calor innato, la pépsis, por lo que se mezclaba y era eliminada por la orina o las heces o por alguna vía. Si la eliminación era rápida, se llamaba crísis, si era lenta, se denominaba lysis. Otras veces la materia peccans se separaba y depositaba en algún órgano, por ejemplo, como un absceso. El depósito se producía en algún órgano, pero el que ocurriera en éste o en ese otro era más bien un accidente.

Las enfermedades tenían días críticos, días en que podía ocurrir la crisis. Así, uno de los aforismos dice:

El cuarto día es indicador del séptimo; el octavo, comienzo de otra semana; ha de observarse el undécimo, pues éste es cuarto de la segunda semana. Ha de observarse a su vez el decimoséptimo, pues éste es el cuarto a partir del decimocuarto, séptimo a partir del undécimo.

La teoría de los días críticos sin duda está basada en la experiencia, en la observación de que ciertas fiebres hacían crisis en días determinados, como las fiebres palúdicas terciana y cuartana. Y malaria había en Grecia. Pero, además, hay influencia mágico-religiosa: el número cuatro es un número pitagórico, representa el volumen y es uno de los enteros sencillos de la cuarta justa en la escala musical. El número siete es de origen babilónico, es el número de los que entonces se llamaban planetas: Mercurio, Venus, Luna, Marte, Júpiter, Saturno, Sol. Neptuno, Urano y Plutón no son visibles a simple vista.

 

EL CONCEPTO DE ENFERMEDAD

El concepto que tenemos hoy de enfermedad es el de una abstracción, hay entidades morbosas distintas, que se pueden estudiar en los libros y que pueden repetirse en muchos individuos. En los hipocráticos prima, en cambio, la noción de enfermedad como proceso patológico general. La enfermedad es la lucha entre la naturaleza del hombre y el mal, siendo el síntoma la expresión de esta lucha. El paciente y su enfermedad están unidos inseparablemente como un hecho único que nunca se repite. La idea de enfermedades diferentes era vaga, con frecuencia lo que hoy para nosotros es un síntoma o signo, era para ellos una enfermedad. Así, por ejemplo, la phthísis corresponde a lo que hoy llamaríamos enfermedades consuntivas, un conjunto de afecciones muy diversas, entre ellas, la tuberculosis; la malaria se describe entre las fiebres. Hay claras descripciones de cuadros patológicos que hoy no vacilaríamos en catalogarlos como entidades nosológicas bien determinadas, y que, sin embargo, no se reconocían como una enfermedad definida. He aquí una:

Les sobrevenían... hinchazones junto a los oídos a muchos, en un sólo lado o en ambos, a la mayoría sin fiebre y sin verse obligados a guardar cama; pero hay quienes también tenían un ligero calor febril. Se extinguieron en todos sin causar daño y en ningún caso supuraron como las que se originan por otros motivos. Y su carácter era: flácidas, grandes, difusas, sin inflamación, indoloras; en todos desaparecieron sin señal. Se producían éstas en adolescentes, en jóvenes, en los que están en flor de la edad, y de éstos especialmente los que frecuentan la palestra y los gimnasios. Pero en mujeres, en pocas se producían. Y toses secas en muchos, que tosían y no expectoraban nada; voces roncas. No mucho después, pero en algunos incluso después de un tiempo, inflamaciones con dolor en los testículos en un sólo lado, y en algunos, en ambos. Fiebres a unos, pero a otros no (Epidemias, I, 1)

A pesar de este cuadro característico de parotiditis y orquitis urleana, el médico hipocrático no lo califica con un nombre especial. Precisamente los médicos de la Escuela de Cos criticaban a los de la Escuela de Cnido por la tendencia de éstos a hacer distinciones y poner nombres diferentes.

El estudio de las causas de las enfermedades, la etiología, aunque de reconocida importancia teórica en la medicina hipocrática, se desarrolló poco porque los métodos de examen eran muy elementales. Los factores etiológicos principales eran el clima, en particular, las estaciones, los vientos y los lugares, los alimentos y los traumas físicos. El pneyma, es decir, el aire, llegó a tener un papel importantísimo. Aparte la teoría de los humores, tampoco se investigó mayormente la patogenia, es decir, la concatenación de las alteraciones desencadas por las causas del proceso patológico. A esta situación contribuyeron dos aspectos negativos del médico hipocrático: por una parte, más allá de lo mucho que observó, su fuerte tendencia a la especulación, entendida ésta en el sentido de perderse en sutilezas o hipótesis sin base real; por otra, la falta de desarrollo del pensamiento anatómico. El hacer autopsias era algo ajeno a esa medicina. En la medicina hipocrática no se encuentra el concepto de contagio a pesar de que precisamente en el siglo V, durante la guerra del Peloponeso, una peste, conocida como la Peste de Atenas, azotó Grecia. La descripción que Tucídides es clásica. No se sabe con certeza qué peste fue, si fue peste bubónica, tifus, tifoidea, escarlatina o dos infecciones juntas. Tampoco se sabe cuántos murieron en Atenas, si un tercio, la mitad o dos tercios de la población.