LOS TRASTORNOS DE LA COMUNICACION ORAL EN EL NIÑO

Fonoaudióloga María Angélica Cunazza D.

Los trastornos de la comunicación oral constituyen un motivo de consulta frecuente. Es necesario reconocerlos y tratarlos tan temprano como sea posible, para dar al niño la mejor oportunidad de vencer su impedimento antes de ingresar al sistema escolar básico. Estas alteraciones pueden comprometer en grados variables al sistema de lenguaje, al habla y a la voz.

Un niño presenta un trastorno de lenguaje, cuando tiene una inhabilidad para comprender y/o expresar significados en forma efectiva.

El profesional que se enfrenta a un niño preescolar que no ha podido desarrollar su lenguaje en forma normal, debe inicialmente determinar si el deterioro del lenguaje es primario, o secundario a un estado más generalizado. Por consiguiente, el diagnóstico diferencial de un desarrollo inadecuado de lenguaje en la edad preescolar incluye considerar:

  1. Deterioro Auditivo
  2. Deficiencia Mental
  3. Disfasia
  4. Autismo o desórdenes del espectro autista (Tuchman y Rapin, 1991).

Siempre, el primer ítem a tomar en cuenta es la pérdida auditiva, debido a que el error de este diagnóstico podría causar perjuicios significativos al niño que necesita ser dotado de ayudas auditivas y expuesto a lenguaje visual en la edad del aprendizaje del lenguaje. No basta confiar en la impresión de los padres de que el niño tiene una audición normal o en el examen rápido del médico en la supervisión de salud del niño; es necesario complementar la evaluación conductual con una confiable audiometría de tonos puros, una impedanciometría o bien con la valoración de respuestas evocadas auditivas de tronco cerebral.

La deficiencia mental se traduce en una incompetencia conductual completa, cuyas limitaciones intrínsecas del déficit intelectual hacen que la adquisición del lenguaje se vea gravemente perturbada.

En el niño deficiente mental hay un retraso en la maduración neurológica y sensorial que se traduce en dificultades a nivel de la percepción auditiva y visual, en la coordinación de la percepción auditiva y visual, en la coordinación sensorio motriz, en la motricidad gruesa y fina y en la capacidad de memorización a corto y largo plazo. En relación al lenguaje, se observa un retraso en la iniciación de la actividad verbal, una lentitud o imperfección en la organización del lenguaje, con una estructuración donde hay ausencia de artículos y preposiciones, alteraciones en la conjugación verbal y uso insuficiente y erróneo de adjetivos y adverbios. También hay deficiencias en el contenido del lenguaje, pobreza conceptual y semántica y una limitada comprensión de la palabra, que se hacen más notorias en la medida en que la edad, la educación y las pautas sociales aumentan las exigencias. Los síntomas del retraso lingüístico variarán según se trate de deficiencias mentales profundas o leves.

Las disfasias corresponden a una inadecuada y retrasada adquisición de lenguaje en ausencia de deficiencia mental, pérdida auditiva, problemas emocionales-sociales y deprivación medio-ambiental grave. Se caracterizan por déficit a nivel de comprensión, procesamiento y/o uso del lenguaje. En los cuadros disfásicos existen todos los estados, entre un retardo totalmente recuperable y las formas más duraderas de disfasias.

No hay acuerdo universal en la clasificación de las disfasias, sin embargo, existe consenso en que hay más de un tipo, Allen y Rapin (1991) han propuesto al menos seis variantes:

  1. Trastornos expresivos con comprensión normal:
    • Dispraxia verbal
    • Trastorno de déficit de programación fonológica
  2. Trastornos mixtos con articulación deteriorada:
    • Agnosia verbal auditiva
    • Síndrome fonológico-sintáctico
  3. Trastornos de procesamiento de orden alto:
    • Trastorno lexical-sintáctico
    • Trastorno semántico-pragmático.

El autismo corresponde a un síndrome complejo de disfunción cerebral, con un inicio temprano en la infancia que puede tener una de múltiples etiologías. Los síntomas principales del autismo, aquellos que hacen que uno llame a un niño autista cualquiera sea su nivel de inteligencia tienen que ver con:

  1. Socialización alterada,
  2. Afecto modulado,
  3. Desorden del lenguaje; y
  4. Juego anormal con un estrecho rango de intereses.

Muchos niños autistas tienen muy retrasada la adquisición del lenguaje. Algunos quedan virtualmente mudos, con comprensión gravemente impedida o bien la palabra aparece y luego se desvanece. Los autistas mudos típicamente no apuntan ni intentan comunicarse con gestos. Muchos no miran a su compañero conversacional; otros parlotean sin la necesidad de una respuesta; algunos hablan en scripts "guiones aprendidos" o repiten lo que ellos han oído al pie de la letra (ecolalia) sin comprometerse en una conversación significativa, manteniendo un rango muy estrecho de tópicos conversacionales.

Para facilitar la detección de los cuadros de alteración lingüística más frecuentes en la infancia, sería útil alertarse cuando un niño:

Un trastorno de habla puede comprometer tanto a la articulación como al ritmo y fluidez de la palabra. Una de las anomalías articulatorias que se presenta con mayor frecuencia y que tiene un mejor pronóstico es la Dislalia. Esta corresponde al trastorno de pronunciación sistemático que puede afectar a uno o varios fonemas y que no obedece a patología del sistema nervioso central. Para su correcta detección es de gran importancia la valoración que se haga de los órganos fonoarticulatorios, a saber: labios, lengua, paladar duro y blando, alvéolos, dientes y fosas nasales. De consulta habitual es la posibilidad de estar frente a un frenillo sublingual corto, para descartarlo es necesario lograr la elevación de la lengua, ya sea en forma activa o pasiva hasta contactar con paladar duro.

Las dislalias pueden ser clasificadas en: orgánicas, fisiológicas, audiógenas, ambientales y funcionales. Estas últimas son las más frecuentes y son producto de una escasa habilidad motora. No existe un criterio cronológico único para su diagnóstico, pero se considera anormal cuando no han sido superadas entre los 4 y 5 años.

El defecto del ritmo y fluidez del habla más común es la Tartamudez o Espasmofemia, en que el niño es incapaz de hablar correctamente a causa de una involuntaria repetición, prolongación o cesación de un sonido.

La edad de comienzo de la tartamudez es típicamente entre los 2 y años, y su diagnóstico requiere la presencia de espasmos, que pueden ser tónicos o clónicos. Es importante diferenciarla de las disfluencias normales del habla del preescolar (que carecen de espasmos), las que son repeticiones de la palabra completa más que de parte de ella. Este trastorno se denomina también tartamudez fisiológica o evolutiva, y tiene comienzo temprano y pocos meses de duración.

Se han planteado múltiples etiologías de la espasmofemia, pero aún no hay nada concluyente al respecto. En la etapa preescolar se indican intervenciones indirectas sobre el ambiente y la familia, controlando factores que pudieran ser desencadenantes o mantenedores del síntoma. El tratamiento fonoaudiológico directo debería iniciarse alrededor de los 6 años y es útil siempre que se acompañe de psicoterapia.

En la etapa preescolar debe evitarse que el niño tome conciencia de su dificultad para hablar, para lo cual es necesario considerar las siguientes indicaciones:

La disfonía (ronquera) es uno de los principales síntomas en los niños que presentan algún tipo de trastorno vocal, producto en gran medida del uso vocal abusivo y crónico, lo que lesiona o irrita las cuerdas vocales. De importancia es la pronta derivación al especialista otorrinólogo, mientras se indican medidas de higiene vocal, que pretenden principalmente aislar al niño de las situaciones en que hace abuso de su voz.

 

BIBLIOGRAFIA