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Dr. Gonzalo Eymin L.
Dra. Mónica Manrique E.
Octubre de 2001
INTRODUCCION
La obesidad fue considerada en el pasado como un signo de status
social y, probablemente ofreció ventajas adaptativas en el proceso
evolutivo del ser humano, brindándole mayor posibilidades de subsistir
en un ambiente adverso.
Hoy en día la obesidad es considerada una enfermedad crónica
no transmisible. Esta epidemia contribuye en forma importante al aumento
en la prevalencia de diabetes tipo II, hipercolesterolemia, colelitiasis,
trastornos osteoarticulares y músculoligamentosos, contribuyendo
no sólo al aumento de la mortalidad, sino también a la peor
calidad de vida y discapacidad de la población.
La tendencia actual a la obesidad en occidente, se debe en gran medida
al sedentarismo y a los cambios alimentarios, inclinados preferentemente
a dietas ricas en grasa e hidratos de carbono refinados.
La prevención de la obesidad debe empezar en la niñez, promoviendo
el desarrollo de hábitos de vida saludables. En este sentido, es
saludable incrementar el consumo de frutas, verduras legumbres y cereales,
limitando el consumo de productos con alto contenido graso. La actividad
física mantenida, es el otro pilar en la prevención y control
de la obesidad. En este sentido la reducción del sedentarismo es
de gran importancia, lo que implica necesariamente, menos tiempo de televisión
o computador y más tiempo juegos activos.
La reducción de peso aunque no se alcance el ideal, tiene un impacto
significativo en la salud de las personas y en el desarrollo de las enfermedades
crónicas no transmisibles.
Los medicamentos y la cirugía deben considerarse tratamientos de
apoyo en la obesidad e insuficientes por si solos, y deben recomendarse
sólo en casos de obesos con enfermedades crónicas no transmisibles
(ECNT) con fracaso a tratamientos convencionales (1).
EPIDEMIOLOGIA
Hasta la década de los 60 los indicadores biomédicos
en Chile eran similares a los del resto de los países de latinoamérica,
con altas tasas de mortalidad materno-infantil por desnutrición
y enfermedades infecciosas. Esta situación ha cambiado considerablemente
con los años, predominando en los 90 la mortalidad por ECNT y accidentes,
que aumentaron de 53.7% de todas las muertes en los 60 a un 75,1% en 1995,
siendo las enfermedades cardiovasculares la principal causa de muerte
y una de las principales causas de morbilidad en los adultos
(1).En general no existen problemas de déficit alimentario en la
población chilena en la actualidad, por el contrario actualmente
se presentan problemas relacionados con la sobreingesta aún en
grupos de escasos recursos. Esto puede evidenciarse en el cambio en el
consumo de grasa per cápita, pasando de 13,9 gramos/persona/año
en 1975 a 16,7 gramos/persona/año en 1995. El consumo de azúcar
también aumentó de 30,2 a 39,2 kilos/persona/año
en el mismo período. A nivel de alimentos este cambio se refleja
en el mayor consumo de carnes, grasas, aceites y pan, y en el menor consumo
de cereales, legumbres, frutas y pescados
(2).Una encuesta realizada en consultorios del servicio nacional de salud
demostró que el porcentaje de calorías provenientes de grasa
estuvo por sobre el límite recomendado de 25%.
Estudios realizados en Chile en 1995 demuestran que el 55,4% de los hombres,
y el 77,4% de las mujeres son sedentarias (3). Estas cifras, al igual
que la obesidad, son mayores en el nivel socioeconómico bajo.
En 1988 el 20% de los hombres y el 30% de las mujeres de la región
metropolitana eran obesos, condición que aumenta con la edad y
con el menor nivel socioeconómico (29,3%)(3). En 1992 la obesidad
llegó a 20,5% en los hombres, y a 39,9% en las mujeres, llegando
a 49,7% en el nivel socioeconómico bajo (4). La pobreza y los bajos
niveles de educación aparecen como las variables más importantes
que explican las altas prevalencias de obesidad, enfermedad y muerte en
los sectores más pobres de la población.
Es sabido que la obesidad se asocia a un aumento en los niveles de triglicéridos,
colesterol total y LDL, y disminución del colesterol HDL. Existe
una relación directa entre obesidad y dislipidemia, HTA, diabetes,
cardiopatía coronaria, colelitiasis , cánceres, enfermedades
osteomusculares, respiratorias y psicológicas.
BASES FISIOLOGICAS DE LA OBESIDAD
En la actualidad se acepta que la obesidad se produce únicamente
frente a un balance energético positivo. Por otro lado hay que
considerar las variaciones debidas al balance oxidativo que determina
la cantidad de grasa depositada (cuyo exceso finalmente es lo que determina
la obesidad). Después de una comida mixta la energía se
obtiene fundamentalmente a partir del alcohol y los hidratos de carbono,
seguidos por las proteínas y las grasas.
En condiciones de ayuno esto se invierte, utilizándose como principal
sustrato energético los ácidos grasos depositados. Cualquiera
sea la cantidad de alcohol ingerida, ésta es oxidada en su totalidad,
puesto que no existen depósitos corporales de alcohol. El depósito
de carbohidratos es relativamente pequeño y las necesidades de
glucosa son permanentes, de ahí que el organismo esté obligado
a mantener el balance glucídico de una manera precisa. Las proteínas
por su parte tienden al depósito dada su función anabólica,
y puesto que en general se ingieren en cantidad superior a la necesaria,
tienden a una mayor participación en el metabolismo oxidativo.
Las grasas son el principal depósito corporal de energía.
Sin embargo las grasas se comienzan a oxidar en forma importante sólo
cuando el nivel de insulina ha descendido lo suficiente para permitir
la acción de hormonas catabólicas, especialmente del glucagón.
Desafortunadamente si ésto empieza a ocurrir al momento de ingresar
una nueva comida, el proceso oxidativo se invierte, priorizándose
los glúcidos y el alcohol como fuente energética. A mayor
índice glicémico-insulinémico de una comida, mayor
será el depósito de grasa. Estudios demuestran que en una
dieta común el porcentaje de oxidación de grasas es de 30%,
porcentaje que disminuye a 5% en dietas en que los hidratos de
carbono son reemplazados por alcohol, y 0 % en una dieta común
más alcohol. Esto se explica porque en la glicólisis aumenta
la producción de malonil coA, inhibidor de la acyl-carnityl transferasa-I,
con lo que se inhibe la deshidrogenación de los ácidos grasos
necesaria para su oxidación.
ASPECTOS NEUROENDOCRINOS EN EL CONTROL DEL APETITO
Existen factores genéticos y ambientales que determinan el
depósito o consumo de grasa. Pacientes con déficit en la
trasmisión serotoninérgica tienen una apetencia exagerada
por comidas ricas en hidratos de carbono.
En situaciones de estrés, los corticoides endógenos aumentan
la producción de neuropéptido Y, sustancia que aumenta la
ingesta energética, disminuye el gasto, y aumenta la lipogénesis.
Por otro lado disminuye la producción de CRH, sustancia anorexígena.
En obesos crónicos se ha visto una mayor actividad opioide, condición
que aumenta el apetito, y que se ha visto involucrada en el hiperinsulinismo
y la resistencia insulínica observada en obesos. Los antagonistas
opioides revertirían esta condición.
La obesidad humana se asocia a un aumento en los niveles circulantes de
leptina, señal aferente que regula los depósitos grasos
activando receptores en los plexos coroídeos y en el hipotálamo.
Esta sustancia disminuye el apetito por medio de la inhibición
del neuropéptido Y, y estimula el gasto energético a través
de la estimulación de los receptores B adrenérgicos, condición
que no se daría en humanos debido a una leptinorresistencia (1).
FISIOLOGIA DEL TEJIDO ADIPOSO
El tejido adiposo sintetiza numerosos péptidos relacionados no
sólo con el desarrollo y diferenciación del mismo, sino
también con el metabolismo energético. Destacan la leptina,
adipsina, angiotensinógeno/angiotensina, inhibidor del activador
del plasminógeno1 (PAI-I) y el FNT- alfa, entre otros.La leptina
es una proteína de 167 aminoácidos que controla la expresión
de diversos neuropéptidos implicados en la regulación de
la ingesta y el gasto calórico. Su administración intraperitoneal
o intraventricular produce una disminución de la ingesta alimentaria,
y un aumento del gasto calórico y de la actividad física,
acciones mediadas por la inhibición del neuropéptido Y,
y estimulación de la pro opio melanocortina y el factor liberador
de corticotrofina, entre otros. En humanos obesos los niveles de leptina
están aumentados en relación al grado de adiposidad y de
hiperinsulinemia, lo que ha llevado al concepto de leptinorresistencia
(5). Esta hiperleptinemia ha sido involucrada en la insulinorresistencia
del obeso a través de alteraciones en la fosforilación del
receptor insulínico (6).
La adipsina, proteína homóloga al factor D del complemento,
junto al factor B y C3 de producción adiposa, constituyen los sustratos
para la síntesis de la proteína estimulante de la acetilación,
que junto a la lipoproteinlipasa adipocitaria, constituyen las principales
enzimas responsables de la lipogénesis.
El angiotensinógeno puede ser transformado a angiotensina en el
mismo tejido adiposo, la que estimula la producción de prostaciclina
que participa directamente en la diferenciación del adipocito
y, por tanto en la hiperplasia del tejido graso. La angiotensina
también aumenta la síntesis de dos enzimas claves en la
lipogénesis.
La mayor síntesis de I- PAI en obesos hiperinsulinémicos,
junto a la hiperfibrinogenemia son los principales responsables de la
hipercoagulabilidad y mayor riesgo de eventos cardiovasculares en obesos
(7), lo cual se ve potenciado por la mayor agregación plaquetaria
inducida por la hiperleptinemia.
El FNT- alfa también se produce más en obesos y se relaciona
directamente con la insulinorresistencia, actividad mediada por la alteración
de la fosforilación del receptor insulínico. Por otro lado
inhibe la expresión de la mayoría de los genes implicados
en la lipogénesis, y estimula la lipólisis, la desdiferenciación
y apoptosis adipocitaria, limitando la expansión grasa.
La actividad metabólica grasa medida en términos de la lipólisis
y lipogénesis se puede encuadrar en tres grupos. Una actividad
metabólica alta, propia de la grasa visceral; una intermedia, propia
de la grasa subcutánea, abdominal, retroperitoneal y mamaria y
finalmente una actividad metabólica muy baja, propia de la grasa
femoroglútea. Los principales estímulos de la lipólisis
son el ayuno y el ejercicio, a través de la estimulación
beta adrenérgica.
El proceso de lipogénesis de novo (LDN), es decir la síntesis
de ácidos grasos a partir de glucosa es inexistente en adultos,
salvo cuando se ingieren grandes cantidades de hidratos de carbono con
una ingesta de grasa muy baja (menor al 10% del aporte calórico
total). Por esta razón se puede decir que la grasa depositada proviene
de la dieta.
En el hombre hay un predominio de la grasa visceral, con predominio de
lipolisis por sobre lipogénesis. Esto lleva a la movilización
de grandes cantidades de ácidos grasos al hígado, teniendo
como consecuencia un hiperinsulinismo por alteración del catabolismo
de la insulina, hiperglicemia por aumento de la gluconeogénesis,
y una hipertrigliceridemia. En la mujer predomina el tejido adiposo femoroglúteo,
que presenta un metabolismo más bajo, almacena energía y
sólo la libera en casos extremos como el embarazo y la lactancia.
En ella predomina la lipogénesis. Esta obesidad se relaciona más
a alteraciones mecánicas y circulatorias (várices, linfedema,
etc) que a enfermedades metabólicas. En la menopausia por predominio
de los andrógenos, se redistribuye la grasa hacia la región
abdominal y visceral, comenzando a aparecer alteraciones metabólicas
propias del hombre.
ETIOPATOGENIA DE LA OBESIDAD CONDICIONANTES GENÉTICOS
El componente genético de la obesidad es de naturaleza poligénica.
Se han descubierto al menos 24 alteraciones genéticas relacionadas
con la obesidad en todos los cromosomas. La heredabilidad de los fenotipos
de la obesidad va de un 10 a un 50%.Los niveles de leptina se han
visto aumentados en la obesidad, lo que sugiere que ésta en humanos
se asocia a resistencia a la leptina.
La mutación del receptor B3 adrenérgico se asocia a obesidad
abdominal y resistencia insulínica puesto que también participa
en la termogénesis y en la lipólisis. Los individuos
con mutación de este receptor, tienen con mayor frecuencia el sindrome
de resistencia insulínica, caracterizado por aumento del IMC, obesidad
abdominal, hiperinsulinemia, aumento de presión arterial, y un
comienzo más precoz de diabetes (8,9). La mutación de la
lipoproteinlipasa, enzima que hidroliza los triglicéridos a ácidos
grasos en la circulación, se asocia fuertemente a hipertrigliceridemia,
bajos niveles de HDL, y ateroesclerosis prematura (10,11). Polimorfismos
o mutaciones de las proteínas desacoplantes UCP 1 y 2 responsables
de la termogénesis, también se asocian a diabetes y obesidad.
Por último la mutación del receptor activado por proliferados
peroximales gamma 2 (PPAR gamma 2) acelera la diferenciación adipocitaria
conduciendo a la obesidad (12).
En el 3% de los sujetos obesos se ha encontrado mutaciones heterozigotas
del gen del receptor de melanocortina-4 (13)
OBESIDAD Y DIETA
Diversos estudios muestran que la ingesta calórica ha disminuido
en EEUU y en Inglaterra los últimos 40 años tanto en hombres
como mujeres. Sin embargo la incidencia de obesidad ha aumentado al doble
en la última década. Esto se debería básicamente
a un descenso en la actividad física estimulado tanto por el automóvil
como por la televisión y videojuegos (14). En cuanto al consumo
de grasa se ha observado una tendencia similar, con una disminución
promedio del 10%; sin embargo entre 1990 y 1995 el consumo absoluto de
grasas aumentó. Hay que considerar que los obesos tienden
a informar consumos menores de grasas y carbohidratos (15). Por otro lado
el consumo de grasas facilita el desarrollo de un balance energético
positivo a través de un menor efecto sobre la saciedad, mayor densidad
energética, y sabor más agradable. Una dieta que contenga
un 10% menos de calorías totales como grasas, produce una reducción
de peso de 16 g/día (16). Otros estudios muestran que pacientes
obesos consumen más grasas que aquellos moderadamente obesos, y
que éstos a su vez consumen más que sujetos normopesos (17).
Otro factor muy importante a considerar es el índice glicémico
(IG) de los alimentos. A mayor IG mayor será la secreción
de insulina que estimula la oxidación de la glucosa y el depósito
de grasa. Es frecuente que los alimentos con alto índice glicémico
sean consumidos en combinación con grasas, lo cual estimulará
el depósito de la totalidad de grasa incluida en la preparación.
Además la oxidación de la glucosa da origen al malonil-CoA,
potente inhibidor de la acyl carnityl transferasa, transportador de los
ácidos grasos al interior de la mitocondria. Si bien frente a una
ingesta exagerada de carbohidratos aumenta la disponibilidad de acetil-CoA,
citrato y malonil-CoA, inhibiéndose la oxidación de ácidos
grasos, no ocurre en el humano una gran producción de grasa a partir
del exceso de glucosa (lipogénesis de novo), puesto que en las
vías metabólicas de esta lipogénesis se producen
metabolitos que tienden a frenar el proceso. Frente a condiciones de sobrealimentación
con carbohidratos, el exceso es convertido a glucógeno u oxidado,
y sólo después de algunos días comienza la LDN. Este
proceso se ha evaluado por medio del cuociente respiratorio (mayor a 1
indica LDN), y por medio de isótopos estables de carbono.
En cuanto a los ácidos grasos, los de cadena larga saturados (>14C)
están destinados al depósito y en general no se oxidan,
a diferencia de los ácidos grasos insaturados los cuales se oxidan
en forma directamente proporcional al grado de insaturación.
INACTIVIDAD FÍSICA Y OBESIDAD
Ya es conocida la relación entre sedentarismo y obesidad.
Como ya vimos, en Inglaterra no ha aumentado el consumo de calorías
totales ni de grasa en los últimos 20 años, pero sí
ha bajado enormemente la actividad física. Además la inactividad
física se asocia a gastar el tiempo en quehaceres que involucran
incrementar el consumo de alimentos de alto contenido energético.
Los factores que participan en el gasto energético son el metabolismo
basal, la termogénesis inducida por alimentos, y la actividad física.
En ancianos disminuye el metabolismo basal por disminución de la
masa muscular, sin embargo como la ingesta se mantiene, se produce la
obesidad. Del mismo modo atletas que dejan de hacer ejercicio suben de
peso.
Junto a la restricción de la ingesta es fundamental en una buena
dieta la actividad física. Esto produce un aumento del gasto energético
y de la masa magra, lo cual aumenta el metabolismo basal, beneficios que
se observan al aumentar el gasto energético diario en 200 Kcal,
lo que equivale aproximadamente a caminar 3 km a paso normal. Conjuntamente
al riesgo de salud que conlleva la adiposidad general, se sabe en la actualidad
que la grasa visceral de tipo abdominal constituye un riesgo independiente
de enfermedades cardiovasculares, dislipidemias y diabetes tipo 2, y que
el ejercicio físico es efectivo en reducirla. Cuando se acaban
los depósitos de glucógeno se utilizan ácidos grasos
como fuente energética, lo que tiende a disminuir los lípidos
sanguíneos, la presión arterial y a mejorar la sensibilidad
a la insulina incluso en personas con sobrepeso. Por otro aspecto, la
inactividad per se es un factor de riesgo independiente para enfermedades
cardiovasculares.
El ejercicio físico aumenta los niveles séricos de HDL,
cuya deficiencia constituye otro factor de riesgo cardiovascular, y disminuye
los triglicéridos en individuos con valores altos, a través
de una mejoría de la sensibilidad a la insulina.
Todos estos efectos benéficos pueden producirse independiente de
una reducción de peso.
En los últimos años se ha demostrado que personas con alta
capacidad cardio-respiratoria tienen menor mortalidad que la población
general, independiente del peso del paciente.
En Chile una encuesta realizada en 1993 demostró que sólo
el 24,3% de la población practicaba algún deporte; de éstos
un 75% eran hombres, la mayoría pertenecen al nivel socioeconómico
alto, y principalmente al grupo etáreo entre los 8 y 14 años.
Sólo el 22% corresponde a mayores de 22 años.
PREDICTORES DE OBESIDAD
Diversos factores se han identificado como factores de riesgo para desarrollar
obesidad. Entre los metabólicos se encuentra una baja tasa metabólica
basal, insulinorresistencia, una alta oxidación de carbohidratos,
y una baja actividad simpática. Entre las socioeconómicas
están el bajo nivel socioeconómico, bajo nivel educacional,
y la cesación del tabaco (18).
DIAGNOSTICO DEL SOBREPESO Y LA OBESIDAD
El IMC en el adulto es el indicador que mejor se relaciona con el porcentaje
de grasa corporal, con una correlación entre 0.6 y 0.8. El porcentaje
de grasa corporal en el hombre va de 18 a 25%, y en mujeres de 25 a 30%.
Según este indicador puede establecerse categorías de riesgo
de comorbilidades como puede observarse en la siguiente tabla:
Clasificación del estado nutricional y riesgo de comorbilidad de
acuerdo al IMC
Normal
Sobrepeso
Obesidad
Grado I
Grado II
Grado III
*Kg/m2 |
IMC*
18.5-24.9
25.0-29.9
>30
30.0-34.9
35.0-39.9
>40.0 |
Riesgo
Promedio
Levemente aumentado
Aumentado |
Las ventajas del IMC como indicador para el diagnóstico de obesidad
son su alta correlación con la grasa corporal y con la mortalidad,
su baja correlación con la talla, y su fácil aplicabilidad.
Sin embargo debe tenerse cuidado al comparar diferentes poblaciones dado
las diferencias en las proporciones relativas de tronco y extremidades
(1).
También puede definirse como obesidad la presencia de grasa mayor
al 25% del peso corporal en hombres y mayor al 30% en mujeres, medido
a través de los pliegues bicipital, tricipital, subescapular y
suprailiaco.
La distribución de la grasa corporal tiene más importancia
que la cantidad absoluta en cuanto a la comorbilidad. Así la obesidad
intra-abdominal se asocia a alteraciones metabólicas conducentes
a intolerancia a la glucosa, diabetes, dislipidemias, enfermedades cardiovasculares
y cánceres. Esta distribución puede evaluarse mediante antropometría,
siendo las medidas más útiles las de la cintura y de la
cadera, especialmente la cintura. El mayor riesgo de comorbilidad se da
con circunferencia de cintura de 102 cm en hombres y 88 cm en mujeres.
En cuanto a la razón circunferencia cintura/cadera el mayor riesgo
es a partir de 1 en hombres y 0.85 en mujeres.
MORBILIDAD ASOCIADA A LA OBESIDAD
Más del 80% de pacientes con DM tipo 2 son obesos. El riesgo
de DM 2 aumenta con el grado, data, y con la distribución abdominal
de la obesidad. El riesgo relativo de diabetes en hombres con IMC>35
kg/m2 es 40 veces mayor que en hombres con IMC<23 kg/m2. En mujeres
el riesgo relativo en el primer grupo es 61 veces mayor que en el segundo.
Esto se incrementa por el sedentarismo y se reduce por el ejercicio
y la baja de peso (16,17).
Los pacientes obesos tienen alterada la extracción de glucosa y
una mayor resistencia a la insulina. Esto es especialmente válido
para la obesidad abdominal, en la que habría una mayor lipólisis,
con mayor liberación de ácidos grasos e inhibición
secundaria de la acción insulínica sobre los tejidos.
Otra hipótesis es que estos obesos tendrían mayor sensibilidad
del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, con mayor producción
de cortisol. La insulina estimula la lipasa lipoproteica endotelial, con
lo que hidroliza triglicéridos de las VLDL y los transfiere al
tejido adiposo. Al haber resistencia insulínica tienden a aumentar
las VLDL, aumenta la síntesis de PAI-1, la actividad del sistema
nervioso simpático, la reactividad vascular vía canales
de calcio y la reabsorción de sodio. Estos cambios contribuyen
a la hiperlipidemia y a la hipertensión arterial en obesos.
Un estudio noruego muestra un aumento de la presión arterial con
el IMC tanto en hombres como mujeres (19). El control de la obesidad elimina
la HTA en el 48% de los hombres blancos y en el 28% de los negros. Por
cada kg de peso disminuído se produce una baja en la presión
arterial de 0.3 a 1.0 mm Hg (20).
Además por cada 1 mm Hg que se reduce la PAD, el riesgo de IAM
disminuye de 2 a 3%. La HTA sería resultado de la resistencia insulínica,
por medio de un aumento del tono simpático, del tono vascular,
y de la reabsorción de sodio. No está claro si el hiperinsulinismo
guarda relación con la HTA, puesto que pacientes con insulinoma
no tienen HTA, y al ser operados no bajan su presión arterial.
La obesidad, principalmente abdominal, se asocia a un aumento de los niveles
plasmáticos del colesterol total, colesterol LDL, VLDL, y triglicéridos,
y a una disminución de los niveles plasmáticos de colesterol
HDL (21).
El riesgo relativo de enfermedad coronaria en mujeres obesas y con sobrepeso
es 3.3 y 1.8 veces el de mujeres normales respectivamente, diferencia
independiente de diabetes (22). Por otro lado la obesidad produce una
hipertrofia cardíaca, con aumento del riesgo de insuficiencia cardíaca.
Esta hipertrofia puede regresar parcialmente con la baja de peso, independiente
del control de la presión arterial.
El sobrepeso, la obesidad, y el aumento de peso después de los
18 años, se correlacionan con un mayor riesgo de AVE isquémico.
El riesgo relativo en pacientes con IMC>27 va de 1.8 a 2.4 en comparación
a pacientes con IMC<21. Por otro lado el riesgo relativo en mujeres
que aumentan de 10 a 20 k es de 1.7, y para aquellas que aumentan más
de 20 k es de 2.5 (23).
El riesgo de colelitiasis aumenta moderadamente con el sobrepeso y considerablemente
con la obesidad. Esto se debe a la mayor producción de colesterol
por parte del hígado, lo que aumenta la saturación de la
bilis. Otra alteración frecuente en obesos es la esteatosis por
aumento de la lipólisis periférica y saturación de
las VLDL. Por otro lado se ha visto mayor incidencia de hepatitis alcohólica
y cirrosis en pacientes alcohólicos obesos. Esto se debe probablemente
a que el tejido adiposo puede producir mayor cantidad de interleuquina
1 y FNT alfa, sustancias que estimulan la lipogénesis hepática.
Además la IL-1 ha demostrado in vitro estimular los fibroblastos.
Se recomienda efectuar ejercicio tres veces a la semana, de una hora cada
sesión, usando 2/3 del tiempo en actividad física aeróbica,
llevando al paciente a un 70% de la frecuencia cardíaca teórica
máxima (220- edad), y 1/3 en ejercicios localizados de los diferentes
grupos musculares en forma alternada.
En cuanto a la prevención de la obesidad está demostrado
que personas que hacen ejercicio en forma regular ganan menos peso con
los años (29). Esto también es válido en sujetos
con predisposición genética a la obesidad, como lo demuestran
estudios en gemelos en el que el gemelo activo tiene en promedio 4.0 Kg
menos de grasa corporal total, y 0.5 Kg menos de grasa abdominal (30).
TERAPIA CONDUCTUAL EN EL TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD
La expresión fenotípica de la obesidad es el resultado
de la interacción de factores genéticos, ambientales, y
factores conductuales propios del obeso. De ahí que el éxito
a largo plazo del tratamiento pase por modificar estilos de vida y las
conductas que han permitido la manifestación clínica de
la obesidad. Antes de iniciar el tratamiento hay que aclararle al paciente
ciertos elementos para no generar frustraciones intratratamiento: el obeso
no logra su peso ideal, aún con terapias agresivas; es muy difícil
mantener en el tiempo pérdidas de peso superiores al 15% del peso
inicial; no es necesario llegar al peso ideal para obtener los beneficios
en la salud, y que existen distintos tipos de contextura.
La terapia conductual está recomendada en pacientes con obesidad
moderada, y como coadyuvante a la dieta y la farmacoterapia. Los objetivos
de la terapia son disminuir la ingesta y estimular el gasto energético
a través de técnicas para modificar hábitos, basadas
en el aprendizaje de habilidades. En cuanto a la reducción de la
ingesta inicialmente se buscan pequeños cambios, y en cuanto a
la actividad física se busca incentivar las que ya realiza o bien
insistir en caminar más durante el día.
Entre las herramientas usadas está el monitoreo personal de la
ingesta y el ejercicio, el manejo del estrés, el control de estímulos,
la solución de problemas, la reestructuración cognitiva,
y el apoyo social. Lo ideal es lograr cambios conductuales en un año
y no mantener a los pacientes en forma permanente en terapia.
En pacientes muy obesos la terapia farmacológica combinada con
la terapia conductual produce reducciones de peso a seis meses de tratamiento
más importantes que cada una de ellas por si solas, (15.5 Kg vs.
6 y 11 Kg respectivamente). Sin embargo todos subieron de peso después
de terminada la intervención.
TRATAMIENTO MEDICAMENTOSO DE LA OBESIDAD
El tratamiento medicamentoso de la obesidad tiene un rol coadyuvante
en el manejo de la obesidad y en algunos casos es imprescindible, ya que
a veces la dieta y los ejercicios no bastan para lograr la reducción
de peso.
Antes de emplear cualquier fármaco es necesario conocer los hábitos
alimentarios y actividad física del paciente, tener una historia
y examen físico completos y realizar algunos exámenes de
laboratorio como un perfil bioquímico, creatinina, estudio de lípidos,
pruebas hepáticas, y en casos necesarios función tiroídea,
suprarrenal e hipofisiaria.
Los fármacos utilizados en el tratamiento de la obesidad los podemos
clasificar en 3 grupos: los anorexígenos, los inhibidores de la
absorción digestiva, y los termogénicos. El éxito
del tratamiento farmacológico está definido por una baja
de 2 Kg de peso el primer mes, del 5% del peso los primeros 3 a 6 meses,
y la mantención posterior del peso.
Los anorexígenos actúan en el sistema nervioso central a
nivel de receptores o vías adrenérgicas, serotoninérgicas
y/o dopaminérgicas. Existe controversia acerca de su potencial
tolerancia, dependencia física o psicológica, o recuperación
del peso después de suspendidos. En general se usan en pacientes
con IMC>30 Kg/m2, o bien en pacientes con IMC>27 Kg/m2 más
comorbilidad, por ejemplo HTA, dislipidemia o diabetes mellitus.
Los catecolaminérgicos (dietilpropión, fentermina, fenilpropanolamina,
etc.) son derivados de la anfetamina. Además de su efecto anorexígeno
son estimulantes del SNC y producen saciedad.
Pueden producir arritmias graves, crisis hipertensivas, muerte súbita,
y hemorragia cerebral (fenilpropanolamina en mujeres), especialmente cuando
se les utiliza con hormonas tiroídeas o tricíclicos. Actualmente
no se usan, dada la tolerancia que desarrollan y los potenciales efectos
adversos con dosis más altas. Los serotoninérgicos
incluyen la fenfluramina, la dextrofenfluramina, y la fluoxetina en altas
dosis. Aumentan la saciedad y disminuyen el número y frecuencia
de las comidas. La dextrofenfluramina aislada o en asociación con
fentermina ha producido varios casos de valvulopatía que han requerido
cirugía. La fenfluramina y sus derivados se han asociado al desarrollo
de hipertensión pulmonar, probablemente secundario a la liberación
exagerada de serotonina a nivel vascular y cardíaco. Las dosis
de fluoxetina para lograr anorexia son altas (60 mg/día), lo cual
aumenta el riesgo de efectos adversos.
La sibutramina en dosis de 10 a 15 mg/día es un agente mixto
que actúa inhibiendo la recaptura de noradrenalina y de serotonina.
Aumenta la saciedad por acción en el SNC, y aumenta la termogénesis
por estimulación de los receptores beta-1,2 y 3 adrenégicos.
Sus efectos adversos son náuseas, xerostomía, mareos, constipación
e insomnio. Produce un aumento de la PAD en hipertensos. Está contraindicada
en enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca congestiva, arritmias,
o AVE. No debe utilizarse conjuntamente con I-MAO ni con ISRS. Es metabolizada
por el citocromo P450.
Entre los inhibidores de la absorción intestinal actualmente usados
están la acarbosa y el orlistat. La acarbosa inhibe las alfa-glucosidasas
intestinales, retrasando la absorción de glucosa, y moderando las
glicemias post prandiales en diabéticos obesos. El orlistat actúa
localmente en el tubo digestivo inhibiendo la lipasa gástrica y
pancreática. Disminuye hasta en un 30% la absorción de grasa.
Orlistat está aprobado para pacientes con IMC>30 Kg/m2 o >27
Kg/m2 con comorbilidad.
Menos del 1% se absorbe, y no altera el metabolismo de la digoxina, fenitoína,
warfarina, anticonceptivos orales, alcohol, furosemida, captopril, nifedipino
o atenolol. Varios trabajos muestran que orlistat es mejor que el placebo
en reducción de peso, y en recuperación posterior de peso
(31,32). También mejora el perfil lipídico, efecto
que va más allá de la reducción de peso (32). Los
efectos adversos del orlistat son cólicos intestinales, flatulencia,
incontinencia fecal, spotting oleoso. Usualmente son leves y pasan después
de algunas semanas de tratamiento. En algunos pacientes es necesaria la
suplementación de vitaminas liposolubles.
El grupo de los termogénicos incluye fármacos con efectos
beta 2 (cafeína, efedrina) y beta 3 agonista (sibutramina).
La combinación cafeína efedrina es más efectiva que
cada una por separada en reducción de peso. Podría ser utilizado
como coadyuvante en dietas hipocalóricas para revertir los efectos
metabólicos adaptativos. No se recomienda el uso de hormonas tiroídeas,
ya que sus efectos se ejercen principalmente sobre el tejido magro,
con riesgo de alteraciones óseas y cardíacas.
PEPTIDOS QUE REDUCEN LA INGESTA ALIMENTARIA
Si bien los obesos tienen niveles elevados de leptina, sugiriendo
que tienen una leptinorresistencia, al administrársele 0.30 mg/k/día
de leptina subcutánea por 24 semanas tuvieron una disminución
de peso mayor que la observada en el grupo placebo (7.1 Kg vs. 1.3 Kg),
lo que sugiere que esta insulinorresistencia puede superarse con dosis
altas de leptina (33).
En plena investigación están los antagonistas del neuropéptido
Y, análogos de la colecistoquinina, glucagón, glucagon-like
peptide-1, y melanocortinas.
TRATAMIENTO QUIRURGICO DE LA OBESIDAD
Las indicaciones de tratamiento quirúrgico en la obesidad son
pacientes con un IMC>40 Kg/m2 o bien IMC>35 Kg/m2 y algún
problema médico de importancia que se beneficie de la baja de peso
(35). Estudios muestran que pacientes obesos con IMC 41 Kg/m2 +- 4, desarrollan
menos diabetes mellitus, HTA, hiperinsulinemia e hipertrigliceridemia
que el grupo control, y tienen niveles más altos de HDL colesterol
(35).
Tanto el bypass yeyunocólico, como el yeyunoileal han sido abandonados
por complicaciones metabólicas e infecciosas. Los procedimientos
de elección hoy en día son el bypass gástrico y los
procedimientos restrictivos. Los riesgos de la cirugía son mortalidad
(menos de un 1%), infección y fuga anastomótica, dumping,
ferropenia, neuropatía y colelitiasis en el bypass gástrico
en Y de Roux.
EXPERIENCIA EN EL HOSPITAL CLÍNICO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD
CATOLICA DE CHILE
El Departamento de Nutrición, Diabetes y metabolismo de este
hospital evaluó la modificación de los factores de riesgo
en pacientes obesos incorporados a un programa de obesidad. Se evaluaron
25 pacientes de ambos sexos, entre los 15 y 68 años de edad,
sometidos a una dieta hipocalórica (800-1.200 kcal/día),
trabajo grupal y a un programa controlado de ejercicios.
Los resultados se muestran en la siguiente tabla:
| N=25 |
X+-D.S. al inicio |
X+- D.S. al final |
P |
| Peso (k) |
96.6+-19.9 |
79.4+-15.6 |
<0.0001 |
| IMC (kg/m2) |
35.8+-6.3 |
29.4+-5.1 |
<0.0001 |
| Colesterol Total* |
215+-43.7 |
186+-35.4 |
<0.0001 |
| Colesterol HDL* |
46.9+-13.4 |
47.1+-10.9 |
NS |
| Colesterol Total/HDL |
4.94+-1.64 |
4.16+-1.17 |
0.001 |
| Triglicéridos* |
142.2+-62.2 |
101.6+-49.7 |
<0.0001 |
| Glicemia* |
93.1+-14.8 |
87.2+-8.9 |
<0.05 |
|
Insulina (nU/ml) |
25.3+-17.4 |
13.5+-9.0 |
0.001 |
| GEB (kcal/día)** |
1644+-244 |
1626+-210 |
NS |
* (mg/dl) ** (n-11).
De esto se concluye que este grupo de pacientes obesos sometidos a un
programa de control de la obesidad presentó una reducción
del peso corporal con una mejoría del perfil de riesgo cardiovascular
en relación a los parámetros estudiados. Otro estudio del
mismo departamento muestra la efectividad en reducción de
peso de un programa de obesidad multidisciplinario en un período
de seis meses. Se estudiaron 138 individuos de ambos sexos con un promedio
de edad de 41.6 +- 13 años, con distintos grados de obesidad. 2/3
de los pacientes obesos lograron una meta significativa (reducción
de peso mayor o igual al 10% del peso inicial), lo que se vio en
todos los grados de obesidad estudiados. Al evaluar las variables predictivas
del resultado de un tratamiento en un programa de obesidad se vio que
la motivación del paciente al inicio del tratamiento, la HTA, la
diabetes mellitus tipo 2, la dislipidemia, la actividad física
previa, y el tabaquismo no tienen un valor predictivo significativo. Los
factores que sí demostraron tener un valor predictivo positivo
fueron el IMC (p<0.05), el sexo masculino (P<0.05), y la asistencia
a las actividades programadas (P<0.001).
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