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| La enfermedad hipertensiva es una de las complicaciones médicas
más frecuentes del embarazo, y ha compartido, con aborto séptico,
el primer lugar entre las causas de mortalidad materna en nuestro país.
Su prevalencia varía entre el 7 y 10% de la población gestante.
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FACTORES MORFOLOGICOS |
FACTORES FUNCIONALES |
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Primiparidad |
Desbalance entre vasoconstrictores y vasodilatadores |
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Diabetes |
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Embarazos múltiples |
Predominio tromboxano sobre prostaciclina |
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Mola hidatidiforme |
Déficit óxido nítrico |
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Enfermedades inmunológicas (LE, síndrome antifosfolípidos) |
Déficit sistema calicreína-cinina |
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Déficit del sistema renina-angiotensina |
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Hipertensión |
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Edad tardía |
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Nuliparidad: aproximadamente el 75% de los casos de
PE corresponden a primigestas. Esta alta incidencia de la enfermedad en
primigestas se atribuye a menor desarrollo de la vascularización
uterina, ya que se ha confirmado que el calibre de sus arterias uterinas
es menor que el de las multíparas.
Historia familiar: las madres, hermanas e hijas de pacientes
que han presentado PE o eclampsia, tienen una incidencia significativamente
mayor de la enfermedad, lo que apunta a factores genéticos predisponentes,
probablemente relacionados con los sistemas reguladores de presión
arterial.
Grupos de edad extremos: la mayor parte de los estudios
muestra una incidencia mayor antes de los 20 años y después
de los 35 años, siendo una curva en "J" la que mejor representa
la relación incidencia-edad.
Embarazo múltiple: la incidencia de la enfermedad
es alrededor de 5 veces mayor que la observada en la población
general de embarazadas, lo que se atribuye a mayor demanda placentaria.
Hipertensión crónica: la incidencia de
la enfermedad se quintuplica en relación a lo esperado.
Diabetes Mellitus: existe una mayor incidencia de PE-E
en embarazadas diabéticas con inadecuado control metabólico
y con nefropatía diabética.
Mola hidatidiforme: la aparición de PE-E es más
precoz y frecuente en las molas de gran tamaño.
Durante los controles obstétricos ambulatorios la presión
arterial (PA) se mide con la paciente en posición sentada, con
el manguito colocado a la altura del corazón, después de
un período de reposo de 5 minutos. De encontrar una cifra elevada
se repiten las mediciones en 3 oportunidades separadas por 1 minuto. En
la embarazada se considera como cifra sistólica el primer ruido
de Korotkoff y como cifra diastólica estudios recientes apoyan
una mejor relación entre el 5 ruido y la medición intraarterial.
Si existe auscultación hasta 0 mm Hg, hay que consignar el apagamiento
de los ruidos (4 ruido) (ej.: 120/70-0 mm Hg). El monitoreo ambulatorio
continuo de PA (MAPA) esta aún siendo evaluado en la embarazada
y su uso para el diagnóstico no se justifica en la práctica
habitual.
Se considera hipertensa a la embarazada con:
1) comprobación de hipertensión previa al embarazo o en controles tempranos:
1.1. aun cuando sus cifras tensionales en primer y segundo trimestre sean normales.
1.2. hallazgo de cifras iguales o mayores a 140/90 mm Hg en el control inicial en primer o segundo trimestre.
2) aparición de cifras tensionales elevadas durante el transcurso de un embarazo previamente normotensivo:2.1. alzas de 30 mm Hg de presión sistólica (PAS) y 15 mm Hg de diastólica (PAD) sobre los valores de los controles en la gestación temprana deben ser considerados anormales, por lo que debe repetirse la determinación al cabo de reposo de 30 minutos. De persistir esta alza deben realizarse exámenes de laboratorio y control clínico una semana más tarde.
2.2. elevaciones en el rango de 159-140/ 109-90 mm Hg en mediciones espaciadas por 30 minutos en la segunda mitad de la gestación, sin los antecedentes de 1.1 ó 1.2, obligan al diagnóstico presuntivo de una PE y constituyen indicación de semihospitalización. En este caso la paciente debe permanecer hospitalizada, en reposo en decubito lateral izquierdo, durante 6 horas, con control de PA al ingreso y al completar las 6 horas. Si la presión no desciende al cabo del reposo, se indica hospitalización formal para estudio de laboratorio (hematocrito, hemoglobina, uricemia, proteinuria de 24 horas, clearance de creatinina, orina completo, fondo de ojo). Si al cabo de 6 horas la presión es normal, la paciente es dada de alta, con indicación de control en 1 semana y medidas preventivas.
2.3. una sola cifra de 160/110 mm Hg o más, o hipertensión en rango menor asociada a proteinuria, hacen el diagnóstico de síndrome hipertensivo establecido y no requiere de mediciones repetidas, separadas en el tiempo.
Anamnesis: cuando se ha comprobado una HTA establecida
hay que evaluar si la paciente posee antecedentes familiares de hipertensión
o de PE y si ha tenido HTA antes del embarazo actual. Si la tuvo, debe
consignarse si la presentó en relación a gestaciones previas,
cuál fue la conducta adoptada y si se comprometió el peso
del recién nacido (RN). La detección de cifras tensionales
elevadas antes de las 24 semanas de gestación, apoya la hipótesis
de que se trata de una HTA crónica y no de una PE. Las diferencias
pueden ser escasas en cuanto al manejo de la paciente, pero tienen importancia
en cuanto al riesgo materno y fetal, mayor en la PE. La ausencia o presencia
de cefalea, fotopsias y tinnitus permite catalogar a una madre como portadora
de un cuadro moderado o severo, en los cuales las medidas terapéuticas
van a ser diferentes.
Examen físico: el elemento cardinal es precisar
los niveles de PA mediante determinaciones repetidas hasta obtener estabilidad
(variaciones de 2 o menos mm Hg). En pacientes hospitalizadas la presión
debe tomarse en decúbito dorsal o lateral izquierdo. En esta última
posición el manguito se coloca en el brazo izquierdo. Si la determinación
se realiza en el brazo derecho se pueden obtener cifras falsamente menores,
dadas por el nivel mayor al del corazón.
Otros hechos importantes son el edema facial y lumbar, los reflejos osteotendíneos
exaltados y la presencia de otras complicaciones como insuficiencia cardíaca,
epigastralgia y compromiso de conciencia. El examen de fondo de ojo permite
caracterizar la cronicidad del cuadro (aumento del brillo arteriolar y
alteración de cruces arteriovenosos) o certificar la gravedad del
cuadro actual (vasoespasmo importante, retina brillante edematosa, exudados,
hemorragias, edema de papila).
Hemograma: el hematocrito elevado certifica la hemoconcentración propia de la PE. Las alteraciones en el recuento de plaquetas y las alteraciones morfológicas en los glóbulos rojos reflejan daño endotelial y señalan la severidad del cuadro (trombocitopenia, esquistocitos, signos de hemólisis y/o aparición de crenocitos).
Examen de orina: evalúa el compromiso renal agudo
o previo, y alteraciones asociadas como infecciones urinarias a través
de la presencia de cilindros, hematuria, bacteriuria y/o piuria.
Uricemia: un valor sobre 5 mg/dl es característico
de PE.
Proteinuria: cualitativa o cuantitativa (sobre 300 mg
en orina de 24 horas o sobre 1 gr/lt en una muestra aislada) indica nefropatía
previa o PE. La magnitud de la proteinuria reviste importancia para evaluar
la severidad y progresión de la PE.
Clearance de creatinina: es el mejor parámetro
para evaluar la función renal, porque si se consideran otros como
la creatininemia o uremia pueden existir modificaciones sutiles que no
sobrepasan los valores normales de estas determinaciones, pero que sí
traducen una reducción de función renal o una incapacidad
para alcanzar el aumento propio de una gestación normal. La recolección
de orina de 24 horas es, además, útil, porque permite cuantificar
con precisión la proteinuria.
Electrocardiograma: la presencia de hipertrofia ventricular
indica hipertensión previa al embarazo.
Enzimas hepáticas: esta determinación
se agrega en una PE severa o si existen indicadores de consumo plaquetario
o de glóbulos rojos que indiquen daño endotelial importante.
Una elevación de enzimas hepáticas asociada a estas alteraciones
hace el diagnóstico de síndrome de HELLP (Hemolysis, Elevated
Liver enzymes, Low Platelet count), forma grave de PE.
La Tabla I resume los criterios
utilizados para el diagnóstico diferencial de los síndromes
hipertensivos del embarazo.
La Tabla II resume los riesgos
maternos y fetales en el síndrome hipertensivo del embarazo.
La Tabla III presenta los criterios
utilizados para clasificar la PE como moderada o severa.
Los distintos exámenes que permiten evaluar la UFP se analizan en capítulo aparte. Aquí sólo se mencionan los aspectos más relevantes al SHE. Su evaluación permite precisar las posibilidades de prolongar el embarazo y decidir la vía de parto.
Examen obstétrico: evalúa la vitalidad y crecimiento fetal así como su relación con la edad gestacional mediante altura uterina y estimación de peso fetal. Es necesario, además, precisar la presentación fetal y el grado de madurez del cuello uterino para decidir la vía del parto.
Movimientos fetales: en la práctica clínica se solicita a las pacientes que registren los movimientos fetales durante 1 hora, una vez al día. Si registra menos de 6 movimientos fetales en ese período, se realiza monitorización electrónica de la frecuencia cardíaca fetal (FCF). Una modalidad alternativa es registrar los movimientos fetales 30 minutos, 3 veces al día. Si la madre pesquisa menos de 2 movimientos fetales por período se realiza monitorización electrónica de la FCF.
Monitorización electrónica de la FCF: a través del registro basal no estresante y/o del test de tolerancia a las contracciones uterinas.
Ecografía seriada: permite la evaluación del crecimiento fetal, el diagnóstico de retardo de crecimiento intrauterino, la evaluación biofísica del feto ("perfil biofísico"), el diagnóstico de anomalías congénitas asociadas y el compromiso de la hemodinámica uterina y fetal mediante Doppler. Debe repetirse cada 1 semana para exámenes de evaluación de bienestar fetal (perfil biofísico y Doppler). Se repite cada dos semanas para evaluar crecimiento.
Amniocentesis: el estudio del líquido amniótico (LA) mediante los tests de Clements, índice lecitina-esfingomielina y fosfatidilglicerol, permite verificar la madurez pulmonar fetal antes de la interrupción del embarazo. La presencia de meconio en el LA constituye un signo de alerta, ya que se asocia a Apgar bajo y mayor mortalidad perinatal.
Equilibrio ácido básico fetal: la determinación del pH en sangre del cuero cabelludo fetal permite evaluar la condición ácidobasica del feto durante el trabajo de parto.
Una hipertensa crónica que se embaraza habitualmente presenta
durante el primer trimestre un descenso de las cifras tensionales que
permite retirar o reducir sus medicamentos antihipertensivos.
Las drogas de elección para el tratamiento de mantención
de la embarazada hipertensa son la metildopa, la apresolina y el labetalol
en dosis que se detallan más adelante.
Los inhibidores de enzima de conversión producen tal impacto sobre
el embarazo, que si la paciente los emplea debe estar instruida para contactarse
con su médico tratante de modo de retirarlos en cuanto se confirme
embarazo. Si la paciente no es confiable, y presenta riesgo de embarazo,
esta línea de antihipertensivos no puede emplearse. Respecto a
los antagonistas del calcio, se prefiere suspenderlos por riesgo teratogénico.
No se recomienda el uso de betabloqueadores sin efecto alfa asociado ni
de diuréticos para iniciar un tratamiento durante la gestación.
Si la paciente se encuentra en tratamiento con alguno de estos medicamentos,
la recomendación es retirarlos, efectuando una titulación
retrógrada.
La paciente debe ser controlada en forma alternada por su internista y
su obstetra, de modo que el intervalo sea de 15 días. Su PA debe
mantenerse en cifras de 140/90 mm Hg. Valores inferiores a estas cifras
pueden provocar hipoperfusión uterina.
Una vez planteado el diagnóstico se solicitan exámenes de
laboratorio que permitan una evaluación completa del cuadro hipertensivo
y de sus repercusiones multisistémicas: hemograma, perfil bioquímico,
clearance creatinina, proteinuria 24 horas, fondo de ojo, orina completo,
electrolitograma en plasma y orina.
La paciente debe realizar reposo relativo a partir del segundo trimestre
de la gestación. El uso profiláctico de aspirina (desde
la semana 14) y de suplementación de calcio (1 gr/día) está
indicado para disminuir la incidencia de PE sobreagregada.
La aparición de PE sobreagregada puede pesquisarse a través
de exámenes de laboratorio, aún antes de la exacerbación
de la HTA. Con el fin de detectar precozmente variaciones de ellos, es
conveniente solicitar en forma periódica (13-16, 25-26, 31-32 y
36 semanas de amenorrea) clearance de creatinina, proteinuria 24 horas,
uricemia y hematocrito. La pesquisa de proteinuria cualitativa debe realizarse
en todos los controles.
Si la evolución clínica y de laboratorio es favorable, la
paciente puede prolongar su gestación hasta una interrupción
electiva a las 37-38 semanas. Sobrepasar las 37 semanas, evitando la amniocentesis
antes de la interrupción, sólo se justifica, sin embargo,
si la paciente cursa con diastólicas menores de 90 mm Hg.
Si la paciente presenta PE sobreagregada o el manejo de sus cifras tensionales
se dificulta, debe hospitalizarse.
Por ser la PE una enfermedad causada por una placenta isquémica
dañada en las primeras etapas de la invasión trofoblástica,
la interrupción del embarazo es la única medida que revierte
las alteraciones características de la enfermedad. En la práctica
clínica es inconveniente interrumpir la gestación en un
gran número de casos, ya que se hace necesario prolongar la estadía
del feto in útero para permitir una madurez que asegure su viabilidad.
Por esto, cuando hablamos de "tratamiento" nos referimos a medidas destinadas
a:
- evitar el compromiso materno secundario al alza tensional (edema y/o hemorragia cerebral, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal)
- prevenir la eclampsia
- promover la mejoría o detener el deterioro de la circulación placentaria
- prolongar, con el menor riesgo posible, la estadía fetal in útero con el fin de evitar las complicaciones propias del prematuro
- hospitalización
- reposo, de preferencia en decúbito lateral izquierdo
- régimen común, normosódico
- control de signos vitales maternos [presión arterial (PA), frecuencia
de pulso (FC), reflejos osteotendíneos (ROT) y frecuencia
respiratoria] y LCF cada 4 horas entre 7 y 23 horas
- peso y diuresis diarios
- sedación con Diazepam oral, según nivel de ansiedad materna
(10 a 20 mg diarios)
- uso de antihipertensivos si la PAD es mayor o igual a 100 mm Hg
- exámenes de laboratorio semanales o bisemanales
- interrupción del embarazo según criterios que se señalarán
- mantención de los antihipertensivos en el puerperio según
evolución de las cifras tensionales
- hospitalización (sala oscura, aislada de ruidos)
- reposo absoluto, de preferencia en decúbito lateral izquierdo
- régimen 0 a régimen liviano normosódico, según
tolerancia de la paciente. Control de ingesta hídrica
- control de signos vitales maternos (PA, FC, ROT y frecuencia respiratoria)
y LCF cada 3-4 horas entre 7 y 23 horas; cada 1-2 horas en cuadros graves
- peso y diuresis diarios. Sonda vesical a permanencia en los cuadros
graves y, frente a oligoanuria, control de diuresis horaria
- sulfato de magnesio, 4 a 5 gramos ev en dosis de carga y luego 2 gramos/hora
en dosis de mantención, en caso de existir hiperreflexia o síntomas
y signos premonitores de convulsiones. Antídoto del sulfato de
magnesio es el gluconato de calcio en dosis de 1 gramo ev.
- sedación con Diazepam (desde 5 mg cada 8 horas oral a 10 mg im
cada 6 horas).
- antihipertensivos orales si la PAD es mayor o igual a 100 mm Hg o endovenosos
en caso de crisis hipertensiva
- exámenes de laboratorio bisemanales o más frecuentes
- inducción de madurez pulmonar (cidotén rl 12 mg im cada
24 horas por 2 veces) en embarazos menores de 34 semanas, y a mayor edad
gestacional cuando se ha decidido la interrupción del embarazo
en ausencia de madurez bioquímica del pulmón fetal
- interrupción del embarazo según criterios que señalaremos
mantención de la sedación y de antihipertensivos en el puerperio,
efectuando una titulación retrógrada cuidadosa.
- Antihipertensivos orales si la PAD es mayor o igual a 100 mm Hg
- Antihipertensivos por vía parenteral (ver "crisis hipertensiva")
si la PA es mayor o igual a 170/110 mm Hg, y ante la falta de respuesta
al tratamiento oral.
En aquellas pacientes que presentan PAD mayor o igual a 100 mm Hg se usarán
drogas antihipertensivas hasta lograr cifras entre 90 y 100 mm Hg. Si
se logra un buen control de las cifras tensionales y se demuestra indemnidad
de la unidad fetoplacentaria, no debe interrumpirse el embarazo.
Las drogas de elección son:
Metil dopa (500 a 2000 mg/día) es el antihipertensivo de primera elección, por dos razones: 1) es la única droga para la cual existe seguimiento prolongado (7 años) de los niños expuestos a ella in útero, seguimiento que demuestra inocuidad del medicamento, y 2) los estudios randomizados disponibles que comparan metil dopa con otros antihipertensivos no muestran ventajas para ninguno de los otros medicamentos
Apresolina (50 a 200 mg/día). También ha sido ampliamente usado. No provoca en la embarazada un ascenso significativo de la frecuencia cardíaca sobre el aumento ya propio de la gestación, por lo que no requiere de la adición obligada de betabloqueadores como en el hipertenso habitual.
Otras alternativas:El labetalol y la clonidina son preferibles en pacientes con frecuencias de pulso sobre 100 lpm. en dosis de 100 a 400 y 0.15 a 0.60 mg, respectivamente.
Los antagonistas del calcio pueden emplearse en la gestación avanzada, pero nunca deben asociarse a sulfato de magnesio, pues pueden producir hipotensión y parálisis muscular.
Los inhibidores de enzima convertidora deterioran la perfusión fetal e inducen teratogenia, razón por la que su uso está absolutamente contraindicado.
- Hospitalización
- Frente a alzas bruscas de PA o PAD de 110 o más mm Hg, Nifedipino
es actualmente la droga de elección por su eficacia,
rapidez de acción (10-15 minutos), seguridad, simplicidad de uso,
mecanismo antihipertensivo vasodilatador y moderado efecto natriurético.
La cápsula debe ser masticada y tragada. Dosis: 10-20 mg sublingual.
Está contraindicado en encefalopatía hipertensiva.
De no observar respuesta o de haber compromiso de conciencia es necesario
emplear antihipertensivos parenterales:
Apresolina : es el medicamento más usado en crisis
hipertensivas durante el embarazo. El descenso tensional que induce no
se asocia a cambios paralelos en el flujo renal o placentario. Dosis:
5-10 mg ev directo; 20-40 mg en SG 5%. La dosis inicial es 5 mg ev directo
y se controla la PA cada 5 minutos. Si a los 20 minutos la presión
diastólica no ha disminuido a 100 mm Hg al menos, colocamos 10
mg ev directo, dosis que repetimos cada 20 minutos, mientras la presión
diastólica no alcance los niveles deseados (90-100 mm Hg).
Otras alternativas:
Diazoxide : recomendamos su administración en minibolos
de 30 mg ev, repetidos cada 1-2 minutos según necesidad, controlando
simultáneamente la PA. En sus inicios se recomendó su uso
en forma de bolos de 300 mg, pero esas dosis sobrepasan con frecuencia
el efecto buscado.
Labetalol : 20 mg ev. Luego 20 a 80 mg ev cada 20 a 30
minutos, hasta 300 mg, o infusión ev de 0,5-2,0 mg/min. Logrado
el efecto deseado, se disminuye la dosis a 0,5 mg/min. Contraindicado
en insuficiencia cardíaca, asma bronquial o bloqueo AV.
Nitroprusiato de sodio: su uso en el embarazo es excepcional.
Sólo es planteable en una gestación con hipertensión
refractaria a los tratamientos anteriores, que se ha decidido interrumpir,
con el fin de llegar al parto con la madre adecuadamente estabilizada.
Su uso requiere mantención de la paciente en una sala de terapia
intensiva. En el contexto mencionado, no existiría riesgo fetal
descrito para la droga (toxicidad por acumulación de tiocianato
y cianuro). Dosis: 0,5-10 ug/Kg/min (50 mg en 250-1000 ml SG 5%).
La restricción de sal o el uso de diuréticos sólo están justificados en aquellas pacientes cuyas complicaciones médicas así lo exigen (insuficiencia cardíaca congestiva, edema pulmonar agudo, insuficiencia renal).
En centros especializados y en situaciones de excepción puede emplearse la expansión de volumen mediante soluciones coloidales. Esta es beneficiosa frente a contracción de volumen (hematocrito >40%) y a oligoanuria, y puede asociarse a un descenso de la PA, pero es una medida terapéutica riesgosa que puede precipitar insuficiencia cardíaca. Habitualmente se emplea simultáneamente con vasodilatadores parenterales y, si hay oliguria, con furosemida ev.
Si a pesar de las medidas señaladas no se logra un buen control
de las cifras tensionales, si aparecen signos de mayor daño materno
(elevación de proteinuria, deterioro del clearance de creatinina)
o fetal (evidenciado a través de los parámetros de evaluación
de la UFP), debe plantearse la interrupción del embarazo, sea por
inducción o por operación cesárea, de acuerdo a las
condiciones obstétricas de cada paciente. Nuestros criterios de
interrupción del embarazo son los siguientes:
- hospitalización en área quirúrgica. Aislamiento
(sin luz ni ruidos)
- vía aérea y venosa permeables
- yugulación de la crisis convulsiva: en la práctica habitual
se colocan inicialmente 10 mg ev de Diazepam y a continuación se
usa sulfato de magnesio en las dosis de carga y mantención mencionadas
en el tratamiento de la PE severa. Cuando se usa sulfato de magnesio se
deben monitorizar frecuencia respiratoria, reflejos osteotendíneos
y diuresis horaria.
También puede usarse Diazepam para controlar las convulsiones,
en dosis de 10 mg iniciales y dosis de mantención de 2-4 mg/hora
en infusión ev posteriormente.
En casos extremos puede usarse Penthotal en dosis de 100 a 200 mg ev.
- disminución de la HTA si la hipertensión es severa: con
las drogas de uso endovenoso mencionadas en el ítem "Crisis hipertensiva"
- evaluación hemodinámica y del equilibrio ácido
básico: registro de pulso, PA, PVC, diuresis horaria,equilibrio
ácido básico y observación de signos sugerentes de
insuficiencia cardíaca
- evaluación neurológica y tratamiento del edema cerebral:
interesa investigar pares craneanos, nivel de conciencia y la presencia
o no de paresias y/o hemiplejias. Puede requerirse punción lumbar
para descartar o confirmar el diagnóstico de hemorragia subaracnoídea.
El tratamiento del edema cerebral puede efectuarse con Dexametasona
- resolución del parto (interrupción del embarazo): una
vez controlado el cuadro convulsivo y recuperada la conciencia. La vía
de parto debe ser preferentemente vaginal y debe intentarse, por tanto,
la inducción ocitócica. Las pacientes eclámpticas
parecen ser especialmente sensibles a la estimulación ocitócica.
Toda paciente hipertensa durante el embarazo debe evaluarse en el postparto.
El obstetra está en una posición de privilegio para detectar
predisposición a HTA o HTA crónica en etapas iniciales.
En la PE pura los parámetros clínicos y de laboratorio se
normalizan habitualmente en los primeros 10 días del postparto.
Estas pacientes pueden hacer una vida completamente normal, con una baja
posibilidad de recurrencia en embarazos posteriores y de HTA crónica
a futuro.
Las pacientes multíparas que presentan alzas tensionales sin proteinuria
durante sus embarazos desarrollan con el transcurso de los años
una hipertensión esencial estable en el 39 a 60% de los casos,
frecuencia significativamente mayor que la de la población general,
por lo que se estima que esta condición revela una predisposición
a hipertensión esencial. Las pacientes deben ser instruidas para
ser controladas regularmente, reducir la ingesta de sal, evitar el sobrepeso
y el uso de anticonceptivos orales.
La mejor prueba para predecir qué pacientes desarrollarán
una PE es la de sensibilidad a la angiotensina II, pero sus características
técnicas la invalidan para su utilización masiva. Se ha
utilizado la prueba de PA supina o "roll-over test", pero su alta tasa
de falsos positivos también la invalida. Se han incorporado otros
exámenes de laboratorio para predecir PE, como niveles de fibronectina,
prostaciclina, calicreína, antitrombina III, antígeno relacionado
del factor VIII, y Doppler de arterias uterinas. Ninguno de ellos ha logrado
entregar convincente evidencia que permita validar su uso clínico.
Una presión arterial diastólica (PAD) mayor de 80 mm Hg
en el segundo trimestre, o una presión arterial media (PAM) mayor
de 90 mm Hg, se asocia con una incidencia de HTA 5 veces mayor que la
del grupo de pacientes cuyas cifras son inferiores. Este parámetro
permite seleccionar pacientes que se beneficiarán de un control
más frecuente y/o de prescripciones especiales (reposo relativo,
aspirina, suplementación de calcio, régimen hiperproteico).
El ácido acetilsalicílico en dosis de 75-85 mg diarios
inhibe la producción de tromboxano A2 de las plaquetas, sin afectar
la producción endotelial de PGI2, con lo que se restablece el balance
prostaciclina/tromboxano alterado en la PE.
En diversos estudios prospectivos, el uso de aspirina no se ha asociado
a complicaciones hemorrágicas en la madre o recién nacido
y se ha acompañado de una disminución de la PE, de una significativa
reducción de la forma grave y de una menor incidencia de retardo
de crecimiento intrauterino (RCIU). Las dosis utilizadas en la literatura
oscilan entre 60 y 150 mg diarios.
El uso profiláctico de aspirina a partir de la semana 14 de gestación
está indicado en:
- mujeres que han presentado hipertensión o RCIU recurrente en 2 o más gestaciones,
- hipertensas crónicas,
- enfermedades autoinmunes (sindrome antifosfolípidos)
- aumento de reactividad vascular en el segundo trimestre identificado por cifras de PA normales altas (135-139/80-89 mm Hg).
A estas pacientes debe indicárseles, además, una dieta hiperproteica, suplementación de calcio (1 g) y reposo relativo, con 4-6 horas de reposo en decúbito lateral izquierdo durante el día.
Meta Análisis: Suplementación Rutinaria
de calcio en el embarazo
Meta Análisis: Agentes Antiplaquetarios
para RCIU y preeclamsia
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Paridad |
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Semana inicio |
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Antec. familiares |
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Fondo de ojo |
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Proteinuria >300 mg/lt |
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Acido úrico > 5 mg/dl |
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Deterioro función renal |
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PA postparto |
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Recurrencia |
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HTA: Hipertensión arterial
RIESGOS MATERNOS
a) Desprendimiento prematuro de placenta normoinserta
(asociado en alrededor del 25% de los casos a preeclampsia)
b) Insuficiencia cardíaca y edema pulmonar agudo
c) Insuficiencia renal
d) Daño hepatocelular
e) Coagulación intravascular diseminada
f) Accidente vascular encefálico
g) Eclampsia
h) Muerte
RIESGOS FETALES
a) Prematurez
b) Retraso de crecimiento intrauterino
c) Muerte fetal in útero
e) Muerte en período neonatal
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Presión sistólica (mm Hg) |
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Presión diastólica (mm Hg) |
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Proteinuria (g 24 h) |
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Diuresis (ml 24 h) |
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Edema |
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Compromiso neurológico |
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Compromiso coagulación |
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Compromiso hepático |
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Elevación de enzimas hepáticas |
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