Introducción
La hemorragia obstétrica representa la pérdida excesiva
de sangre proveniente del sitio de implantación placentaria o de
traumatismo en las vías genitales o de una combinacion de ambos
orígenes. Cuando ella se presenta, la hipovolemia concomitante
puede poner en peligro la vida de la mujer o exponerla a graves secuelas.
La mortalidad materna ha disminuido en años recientes, pero la
hemorragia sigue representando una de las causas de muerte más
frecuente. En nuestro país es la cuarta causa de muerte materna.
Durante el embarazo suceden cambios profundos en el aparato circulatorio
de la mujer. El volumen sanguíneo aumenta en un 48% en relación
con los niveles pregestacionales; esta expansión cubre las necesidades
metabólicas del feto y de la madre, asegura el retorno venoso adecuado
al corazón con los cambios de posición materna, y protege
a la mujer de las pérdidas hemáticas durante el parto.
El parto vaginal espontáneo supone una pérdida promedio
de 500 ml de sangre, y una operación cesárea aproximadamente
de 930 ml. En ambas circunstancias, la pérdida hemática
se produce fundamentalmente durante el expulsivo y en las primeras horas
post-parto. Independientemente de la vía de parto, 7-8% de las
mujeres excederán la pérdida promedio.
Cuando la hipovolemia es intensa, aparece insuficiencia circulatoria y
riego tisular insuficiente. El menor volumen de sangre ocasiona disminución
del llenado y gasto cardíaco lo que disminuye la presión
arterial. En ese momento se ponen en marcha mecanismos compensadores que
intentan revertir los cambios mencionados. La mayor actividad simpaticosuprarrenal
produce taquicardia, incremento de la contractilidad miocárdica,
aumento de la resistencia vascular periférica, y contraccion de
las arteriolas precapilares y vénulas postcapilares. Los cambios
vasculares generan aumento de la presión arterial, absorción
intravascular del tejido intersticial, por disminución de la presión
hidrostática capílar y aumento del retorno venoso al corazón
por movilización de la sangre almacenada en los vasos de capacitancia.
El aumento de la resistencia vascular periférica no es uniforme,
lo que implica que el flujo sanguineo disminuye en músculos, riñones
e intestinos, para mantener constante el flujo de los órganos vitales
(encéfalo y corazón). Por las razones expuestas es que los
signos clásicos de hipovolemia incluyen taquicardia, signos de
vasoconstricción periférica, hipotensión y oliguria.
El manejo clínico debe considerar:
1) identificar causa de la hemorragia,
2) valorar pérdida real de sangre,
3) buscar signos de hipovolemia,
4) restaurar volumen sanguíneo y capacidad de transporte de oxígeno,
5) iniciar medidas que eviten una mayor pérdida sanguínea.
El modo habitual de valorar la pérdida hemática
durante el parto es inexacto, ya que consiste en su estimación
visual. Es posible, sin embargo, objetivar mejor las pérdidas,
intentando medir la sangre acumulada y los coágulos, o pesando
las compresas. Cada paciente responde de manera diferente frente a una
pérdida hemática determinada, lo que hace necesario conocer
las condiciones que modifican el volumen sanguíneo en cada caso.
La presencia de hipotensión y taquicardia sugieren hipovolemia,
pero su ausencia no la descarta. Deben considerarse, además, los
valores de presión arterial y de frecuencia cardíaca previos
al evento hemorrágico y la presencia de estímulos modificadores
como anestesia, dolor o miedo.
La oliguria es un signo temprano de hipovolemia. El riñón
es sensible al déficit de irrigación disminuyendo su flujo
renal, filtración glomerular y diuresis, antes de que ocurran cambios
notables en la presión arterial, frecuencia cardíaca y hematocrito.
Las pérdidas sanguíneas no se reflejan de inmediato en cambios
del hematocrito, por lo que su medición aislada no tiene mayor
valor.
Uno de los pilares en el enfrentamiento de la paciente con hemorragia
del postparto es la anticipación del clínico a esta situación
en casos de riesgo reconocido, de modo de estar preparados para reaccionar
en forma inmediata ante su ocurrencia. Frente a ella es fundamental
tener una valoración de signos vitales, hematocrito, clasificación
de tipo sanguíneo y pruebas cruzadas. Disponer de una o dos vías
permeables con catéteres de grueso calibre, conocer la disponibilidad
de soluciones cristaloides para uso parenteral, soluciones plasma símiles,
reconstituyentes sanguíneos e infraestructura adecuada para cualquier
eventualidad que pueda surgir.
Producida la complicación, la meta es normalizar la perfusión
y la oxigenación tisular a la brevedad. La restitución de
volumen debe hacerse dependiendo de la cuantía de la pérdida,
considerando que el hematocrito debe mantenerse alrededor de 30% (hematocrito
que en pacientes de alto riesgo se asocia a menor morbimortalidad), y
la diuresis entre 30-60 ml/hora. Por último, cuando la reposición
de volumen es importante, no debe olvidarse el uso de soluciones osmóticamente
activas que permitirán mantener la presión coloidoosmótica
del intravascular.
Etiologia
Entre las causas de hemorragia postparto se encuentran:
1) INERCIA UTERINA, cuyos factores predisponentes son el parto prolongado
o precipitado, hiperdistensión uterina (macrosomía, polihidroamnios,
gemelares), gran multiparidad, fármacos (uso prolongado ocitocina,
halotano, sulfato de magnesio y drogas tocolíticas), corioamnionitis,
antecedente de hemorragia postparto en embarazos previos, óbito
fetal, miomas uterinos concomitantes y embolía de líquido
amniótico.
2) LESIONES DEL CANAL VAGINAL, en relación a partos traumáticos
o instrumentales.
3) ROTURA UTERINA, en pacientes con antecedente de cicatriz uterina,
parto prolongado o precipitado, hiperdistensión uterina, hiperestimulación
con ocitocina.
4) INVERSION UTERINA, cuando ha habido una tracción indebida
del cordón umbilical o presión fúndica excesiva,
placenta acreta o antecedente de inversión uterina en partos
previos.
5) PLACENTA ACRETA, en pacientes multíparas, con enfermedades
uterinas como miomas o adenomiosis, cesárea anterior, placenta
previa, legrados uterinos previos.
6) PLACENTA RETENIDA, que puede corresponder a lóbulos placentarios
aberrantes o fragmentos placentarios retenidos.
Tratamiento general
Acciones recomendadas en la Introducción. Exploración del
canal del parto en pabellón y con anestesia adecuada. Tal exploración
debe iniciarse con la revisión manual de la cavidad uterina y luego
una revisión instrumental delicada. En seguida debe procederse
a la revisión cuidadosa de la vagina, incluyendo sus paredes y
fondos de saco.
Tratamiento especifico
1) Inercia uterina
Para revertir la atonía uterina en la mayoría de los
casos basta con la limpieza de la cavidad uterina y con un masaje bimanual
adecuado. Debe mantenerse la vejiga vacía para ayudar al descenso
uterino y favorecer su contractilidad.
El tratamiento médico será eficaz en la mayoría
de los casos y hay que hacer uso de él para evitar la recidiva.
La ocitocina debe administrarse por vía endovenosa (20-40 unidades
en 1000 ml de solución de Ringer-lactato, infundidos hasta 200
ml/hora). La administración de ocitocina endovenosa en bolos
no es recomendable ya que puede agravar la hipotensión y ser
fatal en pacientes con cardiopatía no conocida. El maleato de
metilergonovina (methergin), 0,2 mg por vía intramuscular, es
efectivo al causar una prolongada contracción tetánica
del útero. Se debe evitar la administración en bolo endovenoso
ya que puede provocar una hipertensión brusca e intensa. Las
prostaglandinas en forma de supositorios vaginales (prostaglandina E2,
20 mg), inyección intramiometrial (prostaglandina F2, 1 mg )
e inyección intramuscular del análogo 15-metil de la prostaglandina
F2 (Prostin 15/M, 0,25 mg) se han utilizado con éxito en la atonía
uterina que no responde a otros agentes.
La intervención quirúrgica no debe ser retrasada si las
medidas precedentes no revierten la atonía uterina. Se intentará
que ésta sea conservadora cuando se pretenda conservar la fertilidad.
A) La ligadura bilateral de la arteria uterina, descrita por O'Leary
es segura, se practica con facilidad, suele ser efectiva y conserva
la fertilidad. La justificación de esta técnica está
dada porque en el embarazo el 90% del flujo sanguíneo uterino
pasa por estas arterias. La técnica fue diseñada para
el control de la hemorragia postcesárea, utiliza una sola ligadura
en masa de sutura cromada del n.1. La ligadura pasa a través
del espacio avascular en el ligamento ancho y a través del
miometrio, a la altura justo por debajo de la incisión miometrial
de la cesárea, y por tanto a una distancia segura del ureter
pélvico. No se intenta disecar los vasos al ligar, de manera
que se incluyen la rama ascendente de la arteria uterina y las venas
adyacentes. Aunque el útero puede permanecer blando, con frecuencia
se controla la hemorragia. No se seccionan los vasos, de manera que
cabe esperar su recanalización.
B) La ligadura bilateral de la arteria hipogástrica se realiza
tras la incisión del ligamento redondo y la exposición
de la pared lateral pélvica. El ureter pélvico se moviliza
medialmente. La disección de la arteria iliaca común
se identifica mediante disección roma. Se ha de tener cuidado
en no lacerar la muy frágíl vena hipogástrica
subyacente. La mayoría de los autores recomienda la doble ligadura
con sutura vycril n.0 proximal a la bifurcación de las divisiones
anterior y posterior. Siempre debe asegurarse el flujo de las extremidades
inferiores antes de realizar la ligadura definitiva, ocluyendo la
arteria en cuestión y simultáneamente palpando el pulso
pedio ipsilateral.
Cuando se ligan las arterias hipogástricas, se recomienda ligar
simultáneamente las arterias ováricas.
C) Histerectomia. La atonía persistente a pesar
de las medidas quirúrgicas conservadoras debe ser tratada mediante
histerectomía total o supracervical. Es importante destacar
que para lograr una mejor retracción uterina siempre debe intentarse
la sutura de la herida uterina, lo que en caso de cirugía facilitará
la intervención.
2) Laceraciones
El promedio de pérdida sanguinea por una episiotomía
media es de 200 ml, lo cual hace que la pérdida por laceraciones
cervicales, vaginales o perineales no reconocidas pueda ser significativa,
y se ha de sospechar cuando la hemorragia continúa a pesar de
la buena contracción uterina. El tratamiento consiste en reparar
la mucosa comenzando por encima del vértice de la laceración
con sutura continua reabsorbible.
3) Restos ovulares
Se debe sospechar la presencia de fragmentos placentarios retenidos
cuando persiste la hemorragia en ausencia de laceraciones o atonía
evidente. Hay que inspeccionar cuidadosamente la integridad de la placenta
expulsada. Cuando se sospecha la retención de fragmentos, es
mejor practicar la exploración manual intrauterina y el legrado,
con una cuchara de Hunter bajo anestesia adecuada.
4) Hematomas
Los hematomas del perineo, de la vagina o del espacio subperitoneal
(supraelevador) provienen de ocasionales hemorragias masivas ocultas.
El dolor pélvico o perineal agudo, la incapacidad miccional o
la presencia de una taquicardia inexplicada, hipotensión o anemia
deberían sugerir el diagnóstico, que se confirma mediante
inspección y palpación. El tratamiento consiste en la
incisión, la retirada de los coágulos, la ligadura de
los vasos sangrantes y la obliteración del defecto con suturas
reabsorbibles. Los antibióticos y el taponamiento vaginal pueden
ser beneficiosos durante las 24 hrs siguientes a la evacuación
de grandes hematomas vaginales. Los hematomas subperitoneales son raros,
pero pueden originar schock; la laparotomía está indicada
cuando las medidas conservadoras no dan lugar a una mejoría.
Los intentos de ligar los vasos sangrantes o de practicar una ligadura
de arteria hipogástrica bilateral puede ser dificultoso debido
a la distorsión anatómica causada por el hematoma en expansión.
5) Rotura uterina
Hay que descartar la rotura uterina mediante exploración manual
intrauterina inmediatamente después de la expulsión de
la placenta en las pacientes con factores predisponentes (cicatriz uterina,
útero hiperdistendido, hiperestimulación uterina). La
rotura uterina se produce en uno de cada 1000-1500 partos y puede originar
un schock asociado a una pérdida sanguínea externa mínima.
El defecto en una antigua cicatriz de cesárea en paciente estable
con hemorragia mínima posiblemente no requerirá una intervención
quirúrgica. Los defectos asociados a una hemorragia importante
o empeoramiento del estado hemodinámico si requieren esa intervención.
En las pacientes que desean futuras gestaciones se puede intentar la
reparación primaria, aunque el riesgo de rotura recidivante sea
de un 10%. Está indicada la histerectomía cuando no se
desea fertilidad o la rotura es demasiado grande para poder repararla.
6) Inversión uterina
Se produce en uno de cada 2000-20000 partos y se asocia a una pérdida
sanguínea media de 2000 ml. Caracterizan su aparición
el dolor agudo y la hemorragia profusa, acompañada a menudo de
schock. Esta inversión puede ser completa o incompleta; si es
incompleta, puede ser reconocida solamente mediante exploración
pélvica. El exito del resultado depende de la rapidez de la reinversión,
por diferentes métodos, ya que es posible que se forme un anillo
de contracción cervical que hará imposible la técnica
sin anestesia general. La inversión uterina refractaria a la
reposición manual puede precisar una laparotomía y corrección
quirúrgica.
7) Placenta acreta
Se produce en uno de cada 7000 partos y consiste en la unión
superficial de la placenta al miometrio. La unión más
invasiva (placenta increta o percreta) es menos frecuente. La asociación
de placenta previa al término y cesárea anterior predispone
al acretismo placentario pudiendo llegar hasta el 53%. Las opciones
de tratamiento son el legrado, tratamiento quirúrgico conservador
y la histerectomía.
8) Metrorragia tardia del puerperio
La subinvolución del útero o del lecho placentario se
suele asociar con una hemorragia posparto de aparición tardía.
El útero es blando y no presenta involución normal. El
tratamiento consiste en retractores uterinos y antibióticos.
En casos especiales se puede requerir un legrado suave de la cavidad
uterina. Se ha de considerar la neoplasia trofoblástica gestacional
cuando la hemorragia postparto tardía es refractaria al tratamiento.
Lecturas seleccionadas
Clark SI, Phelan JP: Surgical Control of Hemorrhage. Contemporary Ob/Gyn
1984; 24(2): 70-84
Hughes SA, Partridge BL: Oxytocics, tocolytics and prostaglandins. Anesthesiol
Clin North Am 1990; 8(1): 27-42
Varner M: Postpartum hemorrhage. Critical Care Clin 1991; 74(4): 883-897
Watson P: Postpartum hemorrhage and shock. Clin Obstet Gynecol 1980; 23(4):
985-1001
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