La muerte fetal intrauterina es una de las complicaciones más
trágicas y difíciles de enfrentar en la práctica
obstétrica diaria. Ocurre con una frecuencia de aproximadamente
6 casos por cada 1000 nacidos vivos, y es responsable de la mitad de las
muertes perinatales. El médico clínico se ve enfrentado
a dos dilemas. El primero corresponde al estudio de la causa del problema
actual, y el segundo, al manejo de una eventual gestación futura.
En el presente capítulo señalaremos la metódica sugerida
para enfrentar ambos problemas, delineando las limitaciones de nuestro
enfoque actual y proyectando el manejo que esperamos que esta situación
tenga en los próximos años.
Introducción
Se define como óbito fetal la muerte fetal "in útero" durante
la gestación, a partir de las 20 semanas y hasta el momento del
parto. En algunos lugares existe, además, la exigencia de que el
feto pese más de 500 ó 350 gramos. Sin embargo, otros países
aún utilizan el criterio de 28 semanas o 1000 g de peso fetal.
En Chile este problema tiene una frecuencia de aproximadamente 4 por/1000.
Si se analiza su incidencia durante las últimas décadas,
se observa que, tanto en Chile como en E.U.A., ésta se ha reducido
en forma progresiva, fundamentalmente a expensas de aquellas causas que
dependen del manejo apropiado del "embarazo de alto riesgo". A partir
de la década de los 80 su incidencia ha permanecido estable.
En una cohorte bien caracterizada en Japón, que involucró
el seguimiento de más de 22000 fetos durante 1989 a 1991, se observó
que la frecuencia de la muerte fetal intrauterina disminuye conforme progresa
la gestación, desde, por ejemplo, un 6 por mil a las 23 semanas,
hasta cifras del orden de 1 por mil a las 39 semanas, para luego aumentar
a 4 por mil a las 42 semanas de gestación.
Por otra parte, se sabe que éste es un evento recurrente. Al efectuar
estudios en una serie de 348 pacientes con muerte fetal como evento primario,
se observó que en 33 de ellas este hecho volvió a repetirse,
otorgando un riesgo relativo de 8,4 y una razón de disparidad (odds
ratio) de 10,02. Por este motivo, la forma de enfrentar este problema
debe, sin duda, pasar por aproximarse a la causa para así poder
realizar un consejo apropiado y oportuno en la gestación siguiente.
Rara vez existe un estudio completo que permita responder las interrogantes
que esta complicación plantea. Un problemas frecuente se observan
al tratar de reunir la casuística de diferentes lugares, es la
heterogeneidad de la evaluación y de los diagnósticos etiológicos
finales, dependiendo ello de si esa evaluación es primariamente
realizada por un patólogo, un genetista o un obstetra. Al revisar
las causas de muerte, por ejemplo, en el registro del Ministerio de Salud
de Chile, no es infrecuente que el diagnóstico indique como causa
de muerte hipoxia intrauterina, evento final que puede ser causado por
diferentes etiologías.
Desde el punto de vista clínico, los diversos estudios agrupan
las causas de diferentes maneras. En 1983, en la ciudad de Wisconsin,
E.U.A., se estableció un centro de referencia para el estudio de
mortinatos y mortineonatos. En 1994 se realizó un análisis
de los primeros 1000 casos referidos. Interesantemente, su estudio etiológico
permitió conocer que desde el punto de vista clínico, sobre
un total de 795 óbitos, un 25% de las causas pudo ser considerada
de origen fetal, un 4% de origen materno, un 14% de causa placentaria-cordón
umbilical y un 57% de etiología desconocida. En Chile, según
información de 1992, sobre un total de 1667 casos de muerte fetal,
un 10% de las veces la etiología fue descrita como de origen fetal,
un 15% de origen materno, un 40% de origen placentario-cordón,
un 10% de causas varias y un 25% de etiología desconocida.
Cuando se realiza un estudio etiológico completo, aparecen mejor
definidas las causas según su origen.
1. Causas fetales:
La Tabla I resume las causas desde el punto
de vista clínico y genético. Destaca que, desde el punto
de vista clínico, un 44% de ellas corresponde a síndromes,
es decir malformaciones múltiples; 34%, a malformaciones únicas,
de las cuales la anencefalia es la más frecuente. De esta forma,
en globo, las malformaciones estructurales del feto son responsables
del 75% de las causas fetales de muerte intrauterina.
Respecto de las otras etiologías fetales, siguen en frecuencia
las disrrupciones, es decir causas que involucran la anormalidad en
la formación normal del feto, pero que no son malformaciones
propiamente tal. Estas causas engloban a bandas amnióticas, transfusiones
feto-fetales y otras anormalidades que ocurren en embarazos múltiples.
Sigue luego el grupo de las denominadas displasias, (no esqueléticas
y esqueléticas). Más atrás en frecuencia, siguen
las condiciones categorizadas como metabólicas, subgrupo que
engloba principalmente a hidrops de causa inmunológica, como
isoinmunización por factor Rh o antígenos irregulares.
Cuando se agrupan las causas según el factor etiológico
primario más probable (Tabla I) el grupo de anormalidades esporádicas
es el más prevalente, seguido por causas no determinadas y anomalías
cromosómicas. Debe mencionarse, sin embargo, que este grupo presentará
variaciones en los próximos años como consecuencia de
un mayor conocimiento de las bases moleculares de muchas de esas enfermedades.
Es de todas formas interesante que un 25% de las veces existe una alteración
cromosómica, tal como el síndrome de Down o el de Turner,
las dos entidades más frecuentemente descritas. En un 5% de las
veces existe una anormalidad mendeliana (alteración en un gen
único) relacionada, como osteogénesis imperfecta.
Desde un punto de vista global y empírico, existe 3% de riesgo
de recurrencia cuando no existe una etiología conocida. 67% de
los diagnósticos fetales tendrían una recurrencia aún
menor, 8%, riesgos entre 3 y 25%, y un reducido número de condiciones
(4%), logra alcanzar un riesgo tan alto como 25%.
2. Causas Placentarias-Cordón umbilical
Corresponde a la segunda categoría más frecuente según
el centro de referencia de Wisconsin, y a la primera causa según
la estadística informada en nuestro país. Las causas más
frecuentes son de origen placentario (75%), seguidas por anomalías
del cordón umbilical (25%). Las causas placentarias más
frecuentes son: corioamnionitis (27% del total), seguida por desprendimiento
de placenta normalmente inserta (23%), e infarto placentario (18%).
Menos frecuentemente existen problemas atribuibles al cordón
umbilical, tales como compresiones secundarias a nudos o circulares
de cordón, rotura de vasos arteriales y trombosis de la arteria
umbilical.
Respecto de la primera etiología, corioamnionitis, es interesante
hacer notar que ella puede ser secundaria a lesiones de origen bacteriano
(listeria monocitogenes, estreptococo grupo B) o viral (parvovirus,
CMV), eventos que, en forma reconocida, pueden ser causa inadvertida
de muerte fetal.
En relación a las causas presuntamente placentarias, cabe destacar
la transfusión feto materna. Normalmente, el volumen de sangre
fetal que pasa a la madre en el parto es pequeño (<0.1 ml);
sin embargo, excepcionalmente la hemorragia feto materna puede ser masiva.
Si se analiza aquel subgrupo de muertes fetales de causa no precisada,
hasta un 10% de ella puede ser debida a esta condición. Su diagnóstico
puede precisarse mediante el Test de Kleihauer Betke.
Causas de Origen Materno
En este subgrupo se encuentran la mayoría de las enfermedades
propias y/o coexistentes con la gestación, tales como hipertensión
arterial, diabetes mellitus, trauma materno. Llama la atención
su poca frecuencia en las series de Wisconsin (4%), en comparación
con los informes de otros centros, incluido Chile (14-25%). Esto es
posiblemente debido a que la muerte fetal sea sólo consecuencia
de una alteración secundaria sobre la placenta o el feto, como
en el caso de las malformaciones atribuibles a diabetes mellitus, o
hipertensión arterial por ejemplo, pero que, en su diagnóstico
etiológico, se señale a la placenta como el órgano
primariamente responsable de la muerte fetal.
Estudio Etiologico
Es importante destacar que la evaluación del feto muerto "in útero"
es compleja y debe iniciarse tan pronto como se establece el diagnóstico.
En Chile, su estudio es habitualmente incompleto dado que generalmente
hay falta de uniformidad en la forma de estudio, hay recursos limitados,
y existen dificultades para realizar el estudio necrópsico.
Podemos dividir la aproximación etiológica en el estudio
materno, clínico y de laboratorio y feto-placentario. El estudio
materno (Figura 1
, panel de la izquierda), involucra aproximarse a la etiología
clínica a través de la anamnesis así como de exámenes
de laboratorio específicos como detección de diabetes, isoinmunización,
presencia de anticuerpos antifosfolípidos o de transfusión
feto materna (Test de Kleihauer-Betke), detección de serología
para citomegalovirus, etc. Respecto del estudio fetal (Figura
1 , panel derecho), éste debe ser lo más sistemático
posible. Como se desprende del estudio de causas fetales y placentarias
de muerte fetal, la clave está en realizar: 1) estudio citogenético,
2) examen macroscópico-microscópico del feto-placenta, y
3) estudio radiológico. Es interesante consignar que cuando se
evalúan los diferentes exámenes en el estudio de esta condición
existen anormalidades en aproximadamente un 30% de los casos en el examen
externo-interno del feto-placenta, en un 20% de los exámenes radiológicos
y en un 6% de los análisis citogenéticos.
Una vez concluido el estudio tanto materno como fetal, el siguiente paso
es establecer el riesgo de recurrencia para poder así orientar
el manejo clínico de una gestación siguiente.
Manejo clinico de la paciente con una muerte fetal previa
Como se mencionó, el riesgo de recurrencia de un episodio de
muerte fetal es variable, dependiendo de la etiología del óbito
previo. En globo, sabemos que el riesgo relativo aumenta en 8 veces, por
lo que, frente a una nueva gestación, surge la pregunta respecto
del manejo específico del embarazo en curso. La respuesta es compleja
y aún no se dispone de suficiente información para poder
entregar una clara orientación al respecto.
Clásicamente, el consejo respecto al manejo de un embarazo con
el antecedente de muerte fetal previa ha sido el comenzar con pruebas
de vigilancia antenatal aproximadamente 2-4 semanas antes de la edad gestacional
en que tuvo lugar el problema previo. La metódica originalmente
sugerida fue realizar test de tolerancia a las contracciones uterinas.
Sin embargo, existen contraindicaciones obstétricas para realizar
el test, y, por otra parte, en el caso de pacientes con muerte fetal bajo
las 30 semanas, el riesgo de un resultado perinatal adverso ocasionado
por la prematurez excede el riesgo potencial de muerte fetal.
Enfrentados a una paciente sin conocimientos previos respecto de la etiología
más probable de la muerte intrauterina, es necesario, en primer
lugar, realizar un estudio de condiciones maternas que orienten al diagnóstico
en forma similar al primer episodio de muerte fetal. (enfermedades crónicas
maternas, isoinmunización, retardo en el crecimiento intrauterino
severo y síndrome de anticuerpos antifosfolípidos). De acuerdo
a ello hay que diseñar un esquema de manejo específico (Figura
2 ). Es interesante señalar que el esquema de manejo
sugerido demostró, en un grupo de 300 pacientes, que en un 6,4%
existió al menos un test de vigilancia fetal anteparto francamente
alterado (test tolerancia a las contracciones positivo o perfil biofísico
de 4), y en un 13,6% se realizó la interrupción del embarazo
debido al resultado del test de vigilancia fetal. Sin embargo, esta serie
es reducida, con sólo un caso de muerte fetal (3/1000) y, por lo
tanto, no permite conocer a cabalidad la real eficacia del algoritmo propuesto.
Se requerirían 3000 pacientes para que con un poder de un 80% se
pudiese observar un cambio significativo entre una tasa basal de alrededor
de 7/1000 versus el 3/1000 aquí reportado.
Interrupción del embarazo
Clásicamente, la interrupción de la gestación a
través de una inducción ocitocica ha sido el método
utilizado. Recientemente, la introducción del misoprostol, análogo
sintético de prostaglandina E, utilizado en forma local, ha demostrado
no sólo su utilidad sino que también ventajas en términos
de costos y efectos colaterales.
Apoyo Parental
Especial énfasis debe ser otorgado a este aspecto en el manejo
global de esta complicación obstétrica. Esta condición
es bien caracterizada, desde el punto de vista psicológico, como
un duelo. Por lo tanto, debe hacerse especial énfasis en el apoyo
familiar. Es importante otorgarle a los padres la posibilidad de poder
ver y tocar a su hijo luego de que el parto haya tenido lugar, así
como explicarles los beneficios que un estudio anátomomo patológico
tiene en el manejo de esta condición. Al momento de completar el
estudio, ambos padres deben ser citados y deben discutirse en forma amplia
las opciones diagnósticas e implicancias para una gestación
posterior.
Proyecciones futuras
El advenimiento del conocimiento sobre las bases genéticas de
las enfermedades comunes ha puesto de manifiesto un gran número
de anormalidades, al menos en animales de experimentación, en los
cuales mutaciones en los denominados "housekeeping genes" se asocian fuertemente
a la muerte fetal en diferentes períodos de la gestación.
En la medida que estas anormalidades puedan ser identificadas en la especie
humana, existirán las bases biológicas para conocer cuáles
de ellas pueden evitarse, o bien ingresar al grupo de condiciones que,
por su grado de recurrencia y letalidad, serían beneficiadas con
terapia génica.
Lecturas Seleccionadas
-ACOG Technical Bulletin N 176 January 1993: Diagnosis and management of
fetal death. Int J Gynecol Obstet 1993; 42: 291-299
-Copp AJ y col: Trends in Genetics II; 1995
-Gadow EC, Castilla EE, López Camelo J, Queenan JT: Stillbirth rate
and associated risk factors among 869.750 Latin American hospital births
1982-1986. Int J Gynecol Obstet 1991; 35:209-214
-Pardo J, Sedano M, Furhman A, Capetillo M, Alarcón J: Muerte fetal.
Análisis prospectivo de un año. Rev Chil Obstet Ginecol 1993;
58(4):262-270
-Pauli RM, Reiser CA, Lebovitz RM, Kirkpatrick SJ: Wisconsin Stillbirth
Service Program: I. Establishment and assessment of a community-based program
for etiologic investigation of intrauterine deaths. Am J Med Genetics 1994;
50: 116-134
-Pauli RM, Reiser CA: Wisconsin stillbirth Service Program: II. Analysis
of diagnoses and diagnostic categories in the first 1.000 referrals. Am
J Med Genetics 1994; 50: 135-153
-Samueloff A, Xenakis EMJ, Berkus MD, Huff RW, Langer O: Recurrent stillbirth.
Significance and characteristics. J Reprod Med 1993; 38(11) 883-886
-Weeks JW, Asrat T, Morgan MA, Nageotte M, Thomas SJ, Freeman RK: Antepartum
surveillance for a history of stillbirth: When to begin? Am J Obstet Gynecol
1995; 172: 486-92
TABLA I
MUERTE FETAL - CAUSAL FETAL
|
CLINICO
|
%
|
GENETICO
|
%
|
|
Síndromes
|
44,0
|
Esporádicas
|
29,0
|
|
Malform. únicas
|
34,0
|
No det/clasif
|
25,9
|
|
Disrrupciones
|
10,4
|
Cromosómicas
|
24,9
|
|
Displasias
|
3,1
|
Multifactorial
|
11,9
|
|
Metabólicas
|
2,1
|
Mendeliana
|
4,7
|
|
Otras
|
6,2
|
Ambientales
|
3,6
|
n = 178
Pauli RM y col: Am J Med Genetics 1994; 50
FIGURA 1
PROTOCOLO EVALUACION MUERTE FETAL
Modificado de: Pauli RM y col: Am J Obstet Gynecol 1994; 50:
FIGURA 2
HISTORIA MATERNA
DETALLE MORTINATO PREVIO
Modificado de: Weeks JW: AJOG 1995; 172
|