Uno de los aspectos relevantes del control prenatal es el diagnóstico,
evaluación y manejo de la condición nutricional de la embarazada.
Es conocido el hecho de que el peso materno pregestacional y la ganancia
ponderal durante el embarazo influyen directamente sobre el peso fetal.
Es así como el bajo peso y la obesidad materna se relacionan con
recién nacidos pequeños y grandes para la edad gestacional,
respectivamente.
El factor de riesgo nutricional materno es elevado en países en
desarrollo. En Chile, en 344 madres con recién nacidos de término
y sin patologías, sólo el 54% presentaba características
nutricionales previas al embarazo definidas como normal (IPT 90-110%);
el 35% eran enflaquecidas (IPT <90%) y un 11% presentaba sobrepeso
y obesidad (IPT >110%).
Los trabajos de Kramer y cols. mostraron que los factores nutricionales
maternos eran los determinantes más importante de retraso del crecimiento
intrauterino (RCIU) en países en desarrollo, y que estos factores
por sí solos, eran los responsables del 50% de las diferencias
en la frecuencia de RCIU entre los países industrializados y en
desarrollo.
Requerimientos nutricionales de la embarazada
Existe consenso de que la mujer embarazada requiere un aporte nutricional
mayor que la no grávida. Por razones éticas no ha podido
determinarse con exactitud, cuáles son los requerimientos adicionales,
ya que esto implicaría manipulaciones dietéticas no permitidas
en humanos.
Las recomendaciones nutricionales de la FAO/OMS se muestran en la Tabla
I . En ella se aprecia un aumento variable de todos los componentes
nutricionales, lo cual implicaría un cambio de las características
de su dieta o recibir suplementación de algunos nutrientes. Esta
afirmación es discutible, ya que el embarazo, como una situación
fisiológica, debiera compensar los mayores requerimientos con un
aumento de la dieta habitual, siempre que ésta esté adecuadamente
equilibrada. Sin embargo, en los países en desarrollo lo característico
de la dieta promedio es un bajo componente calórico y proteico,
de ahí la importancia de los programas nacionales de alimentación
complementaria a las embarazadas.
|
TABLA I
REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES DIARIOS
DURANTE EL EMBARAZO,
PARA MUJER CON PESO ADECUADO PARA LA TALLA
|
|
Requerimiento
|
NO EMBARAZADA
|
EMBARAZADA
|
|
Energía (kcal)
|
2.200
|
2.500
|
|
Proteinas (g)
|
46
|
57
|
|
Vitamina A (mcg retinol)
|
750
|
1.500
|
|
Vitamina D (UI)
|
400
|
800
|
|
Vitamina E (UI)
|
12
|
15
|
|
Acido Ascórbico (mg)
|
30
|
50
|
|
Acido Fólico (ug)
|
200
|
400
|
|
Vitamina B6 (mg)
|
2,0
|
2,5
|
|
Vitamina B12 (mg)
|
2,0
|
3,0
|
|
Calcio (mg)
|
800
|
1.200
|
|
Hierro (mg)
|
28
|
50
|
|
Magnesio (mg)
|
300
|
450
|
|
Zinc (mg)
|
15
|
20
|
Calorías. Durante la gestación se produce
un incremento del metabolismo anabólico, especialmente en el
tercer trimestre.
Esto está determinado por la presencia de feto y placenta en
continuo crecimiento, aumento del trabajo mecánico externo dado
por el mayor peso materno, aumento del trabajo mecánico interno
dado por mayor uso de la musculatura respiratoria y del trabajo cardíaco.
Todo esto implica un aumento del aporte calórico equivalente
a un 13% de las necesidades pregestacionales. El costo energético
total del embarazo se estima en 80.000 kcal, equivalente a un aumento
promedio de 286 kcal/día, distribuidas en 150 kcal/día
en el primer trimestre y 350 kcal/día en el segundo y tercer
trimestre. Estos cálculos se basan en una mujer de antropometría
promedio, normonutrida y con feto único. En embarazo gemelar
se recomienda un aporte calórico adicional de 300 kcal/día.
En embarazadas obesas se debe efectuar una restricción del aporte
calórico, lo suficiente para lograr un aumento de peso total
a término equivalente a 7,5 - 10,5 kg; la restricción
calórica máxima es de 1.800 kcal/día, cifras inferiores
se asocian a ketoacidosis de ayuno que deben ser evitadas.
Proteínas. Los requerimientos proteicos durante
el embarazo se incrementan en promedio en un 12%. La acumulación
total de proteínas en el embarazo es 925 g, equivalente a 0,95
g/kg/día. Estos cambios del metabolismo proteico están
dados por una acelerada síntesis proteica, necesaria para la
expansión del volumen sanguíneo materno, el crecimiento
de las mamas, del útero y muy especialmente el aumento de los
tejidos fetales y placentario.
El aumento de la ingesta de alimentos proteicos debe considerarse cuantitativa
y cualitativamente. La concentración de aminoácidos esenciales
en la proteína de origen animal es considerada óptima,
mientras que en la proteína de origen vegetal la concentración
es un 50 a 65% de lo ideal. Estos conceptos son especialmente importantes
en las recomendaciones nutricionales dado el alto costo económico
de los nutrientes proteicos.
Hierro. La anemia por déficit de hierro constituye
una patología nutricional de alta prevalencia en las embarazadas,
debido a los importantes requerimientos de hierro durante el embarazo
y a dietas pobres en este elemento, especialmente en las dietas promedio
de los países en desarrollo.
Los requerimientos de hierro durante el embarazo son aproximadamente
1.000 mg, estimándose 270 mg transferidos al feto, 90 mg a la
placenta, 450 mg utilizados en la expansión eritrocítica
materna y 170 mg de pérdida externa.
El hierro proporcionado por los alimentos oscila entre 6 a 22 mg y sólo
el 20% es de origen animal. La absorción del hierro de origen
vegetal es del 1% y del hierro de origen animal entre 10 y 25%, de ahí
que la suplementación con hierro medicamentoso constituya una
de las acciones preventivas más relevantes del control prenatal.
La suplementación con hierro debe iniciarse precozmente en el
primer trimestre si el hematocrito es inferior a 36%; si es superior
a ese valor se puede iniciar la suplementación en el segundo
trimestre. Si el hematocrito en el primer trimestre es inferior a 28%,
debe iniciarse el estudio de la etiología de la anemia para descartar
anemias megaloblásticas (déficit de ácido fólico
y vitamina B12), hemoglobinopatías (talasemias), anemias hemolíticas
adquiridas (autoinmune, neoplasias, infección, etc.).
Anemia del embarazo se define en relación a la edad gestacional
al momento del diagnóstico: en el primer trimestre cuando el
hematocrito y la hemoglobina es igual o inferior a 33% y 11 g/dl, respectivamente;
en el segundo y tercer trimestre, cuando el hematocrito es inferior
o igual a 30% y la hemoglobina a 10 g/dl.
La suplementación profiláctica se efectúa con preparados
que aseguren una cantidad de 60-100 mg de hierro elemental y la suplementación
terapéutica en cantidades de 200 mg de hierro elemental (absorción
del 10% de la dosis). En la Tabla II
se presentan los preparados más frecuentemente utilizados.
TABLA II
MEDICAMENTOS UTILIZADOS EN LA SUPLEMENTACION
DE HIERRO EN LA EMBARAZADA
|
|
MEDICAMENTO
|
HIERRO ELEMENTAL (mg)
|
|
Supradyn
|
10
|
|
Natabec
|
30
|
|
Obron F
|
33
|
|
Sulfato ferroso
|
40
|
|
Fisiofer
|
40
|
|
Legofer
|
40
|
|
Engran HP
|
45
|
|
Fefol vit sp
|
47
|
|
Ferro vitamínico
|
60
|
|
Niferex
|
60
|
|
Tardiferon
|
80
|
|
Fefol spansule
|
80
|
|
Ferro F-500
|
105
|
|
Iberol 500
|
105
|
|
Iberol fólico
|
105
|
|
Firretard
|
105
|
|
Confer
|
109
|
|
Folifer
|
109
|
|
Ferranim
|
109
|
|
Ferranem
|
109
|
|
Cronoferril
|
109
|
Debemos recordar que la ingesta de hierro puede producir intolerancia
gástrica, estado nauseoso, constipación y coloración
oscura de las deposiciones. Para su mejor absorción debe ingerirse
con estómago vacío (entre las comidas) con una bebida
cítrica y evitar la ingesta con leche o té que bloquea
casi totalmente la absorción enteral.
Calcio. El embarazo produce modificaciones del metabolismo
del calcio, dado por la expansión del volumen plasmático,
disminución de la albuminemia, aumento de las pérdidas
por orina y la transferencia a través de la placenta que llevan
a una disminución del calcio iónico.
Con fines de mantener la estabilidad se produce un aumento de la hormona
paratiroidea que, a término, alcanza 30 a 50% de los valores
basales; de igual forma aumenta la calcitonina para proteger al hueso
del aumento de la hormona paratiroidea. La placenta transporta activamente
el calcio hacia el feto, con una acumulación neta de 30 g al
término de la gestación, estando casi todo en el esqueleto
fetal. En un 90% esta acumulación acontece en el tercer trimestre.
El esqueleto materno puede dañarse sólo en circunstancias
nutricionales de extremo déficit de aporte de calcio o escasa
exposición solar. Con dieta balanceada y exposición solar
habitual los mecanismos compensadores evitan el daño óseo
materno.
Durante el embarazo los requerimientos de calcio aumentan hasta 1.200
mg/día, lo que equivale aproximadamente a un 50% más que
en el estado pregestacional. Se recomienda un aporte extra de 400 mg/día
mediante aporte adicional de productos lácteos o calcio medicamentoso.
La leche de vaca proporciona 125 mg de calcio por 100 ml, de ahí
que una madre que puede ingerir entre 750-1.000 cc de leche diario,
más otros productos lácteos adicionales, cumple adecuadamente
con los requerimientos necesarios para un buen desarrollo del esqueleto
fetal.
En embarazadas con intolerancia a la leche por déficit de lactosa
se recomienda un aumento de otros nutrientes con alto contenido en calcio
como carnes, yoghurt, quesos o leche con bajo o nulo contenido de lactosa
y suplementación medicamentosa de calcio.
Vitaminas. La embarazada que tiene acceso a una dieta
balanceada no requiere de suplementación adicional de vitaminas.
Prácticamente todas las vitaminas aumentan sus requerimientos
durante la gestación, especialmente ácido fólico
y vitamina D, los cuales alcanzan un 100% de aumento. En el resto de
las vitaminas su mayor requerimiento es inferior al 100%.
En Chile, las patologías nutricionales por avitaminosis específica
en el adulto son excepcionales, de ahí que los mayores requerimientos
son compensados con una mayor ingesta cuantitativa de una dieta balanceada.
El consumo excesivo de vitaminas condiciona un potencial riesgo perinatal,
especialmente con las vitaminas liposolubles como son la vitamina A
y D que tienen un efecto acumulativo. Se han descrito malformaciones
renales en niños cuyas madres han ingerido entre 40.000 y 50.000
UI de vitamina A durante el embarazo; incluso dosis inferiores pueden
producir alteraciones conductuales y de aprendizaje en la vida futura.
En animales, en dosis equivalentes del humano a 500.000 UI de vitamina
A, se han descrito malformaciones oculares, auditivas y labio leporino.
El consumo de grandes dosis de vitamina D se asocia a malformaciones
cardíacas del feto, particularmente la estenosis aórtica,
la cual se ha descrito con dosis de 4.000 UI. Una normal exposición
a la luz solar permite una adecuada síntesis de vitamina D y
no sería necesario una suplementación de esta vitamina.
Diagnóstico y manejo nutricional de la embarazada
Constituye uno de los objetivos más importantes del control prenatal.
En el primer control prenatal la embarazada debe tener un diagnóstico
nutricional, con fines de implementar una serie de medidas en relación
a sus características nutricionales. El diagnóstico se basa
fundamentalmente en dos parámetros maternos: el peso y la talla.
En Chile se utiliza la gráfica que desarrolló Rosso y cols.
que relaciona el porcentaje de peso para la talla, también denominado
índice peso/talla. Este índice obtenido del nomograma que
se presenta en la Figura 1 ,
permite el diagnóstico nutricional y su seguimiento en relación
a la edad gestacional en la Figura 2
.
Esta gráfica clasifica a las embarazadas en zona A o bajo peso
materno, zona B o peso materno normal, zona C o sobrepeso materno y zona
D u obesidad materna.
Las madres con bajo peso tienen como objetivo nutricional un aumento de
peso superior al 20% de su peso inicial e idealmente un aumento total
en relación con la magnitud del déficit, es decir alcanzar
al término de la gestación una relación peso/talla
mínima equivalente al 120%.
Las madres con normopeso tienen como objetivo nutricional un aumento del
20% de su peso inicial alcanzando al término de la gestación
una relación peso/talla entre 120 y 130%.
Las madres con sobrepeso deben incrementar un peso tal que las ubique
al término de la gestación entre 130 y 135% de la relación
peso/talla.
Las madres obesas deben incrementar su peso no menos de 7,5 kilos y no
más de 10,5 kilos. Una ganancia de peso en este rango permite no
cometer iatrogenia en la nutrición fetal y la madre no incorpora
masa grasa adicional a su peso pregestacional.
Nomograma para el cálculo
del índice peso-talla de la embarazada
|
|
|
Diagnóstico nutricional
según índice peso-talla y edad gestacional
durante el embarazo
|
 |
- Meta Análisis: Multivitamínicos
(sin Folato) periconcepcionales vs. placebo en madres de alto riesgo.
- Meta Análisis: Multivitamínicos
(incl. Folato 0,8 mg) periconcepcionales vs. placebo en madres de alto
riesgo.
- Meta Análisis: Folato periconcepcional
(4 mg/dia) vs. placebo en madres de alto riesgo
Lecturas Seleccionadas
-Donoso, E. y Espinoza, R.: Efecto de algunas variables nutricionales maternas
sobre el peso del recién nacido de término. Rev. Latinoam.
Perinatol. 1988; 8:90.
-FAO/OMS/ONU: Necesidades de energía y proteínas. Ginebra:
Organización Mundial de la Salud, 1985.
-PAHO: Maternal nutrition and pregnancy outcomes. Scientific Publication N
529. Eds. Krasovec, K., Anderson, M.A., 1991.
-Rosso, P. y Campano, M.: Nutrición en el embarazo. En Obstetricia.
Capítulo 13. Eds. Pérez Sánchez, A. y Donoso Siña,
E. Editorial Mediterráneo Ltda., Santiago, Chile, 1992.
-Rosso, P.: A new chart to monitor weight gain during pregnancy. Am. J.
Clin. Nutr. 1985; 41:644.
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