Los tumores mamarios son frecuentes. El carcinoma es el tumor maligno
más frecuente en la mujer, si se ha controlado el carcinoma del
cuello uterino.
Tumores Benignos
Tumores no epiteliales
Son semejantes a los que se describen en otras ubicaciones y no poseen
características especiales: lipoma, fibroma, angioma, neurofibroma,
etc.
Tumores epiteliales
Papiloma (adenoma) de los grandes conductos
Es un tumor subareolar que corresponde a una proliferación de
los elementos epiteliales, sin atipias, pero con importante alteración
de la arquitectura: hay formación de papilas que distienden los
conductos, lo que puede dar la impresión de malignidad. Se reconocen,
sin embargo, el doble estrato epitelial, la persistencia de un eje conjuntivo-vascular
en las papilas y la ausencia de focos de necrosis (Fig. 7-3). Se considera
que corresponde una mastopatía fibroquística en que se
afectan los grandes conductos. Clínicamente se reconoce un nódulo
palpable subareolar y, frecuentemente, hay sangramiento por el pezón,
en mujeres en la tercera a quinta décadas de la vida. No debe
confundirse con el carcinoma papilar de los conductos.
Tumores mixtos
Fibroadenoma
Es la lesión tumoral más frecuente de la mama. Se observa
principalmente en mujeres menores de 30 años como un nódulo
generalmente único, elástico, desplazable, indoloro,
muy bien delimitado. Macroscópicamente es blanco, granuloso
o fasciculado, mide entre 1 y 4 cm.; puede presentar foquitos calcificados,
hialinos, mixoideos o quísticos en forma excepcional.
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Figura 7.3
Papiloma (adenoma) de los conductos (hiperplasia epitelial intraductal).
Un eje conjuntivo-vascular revestido por epitelio normotípico
crecre en el lumen de un conducto |
Durante el embarazo puede aumentar de volumen notablemente; en estas
circunstancias puede producirse un infarto con calcificación
o hialinización ulteriores. Durante la lactancia, el fibroadenoma
participa en el proceso, adquiriendo un aspecto microscópico
especial, denominado adenoma de la lactancia .
El aspecto microscópico del fibroadenoma es bastante típico:
se observa proliferación del doble epitelio canalicular, el
que es elongado y deformado por el crecimiento simultáneo del
componente conjuntivo laxo, diseñando figuras estelares, lineales,
arciformes, etc (Fig. 7-4). La transformación carcinomatosa
es excepcional.
Tumores Malignos
Sarcomas
Ocurren en la mama, aunque rara vez, fibrosarcomas, liposarcomas, osteosarcomas,
angiosarcomas y otros tumores no epiteliales malignos. Después
de mastectomías con vaciamiento ganglionar axilar, se han descrito
linfangiosarcomas de esa región y que comprometen la extremidad
superior ipsilateral. Más frecuente que estos tipos es el tumor
que se trata a continuación.
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Figura 7.4
Fibroadenoma. Proliferación tanto de canalículos mamarios,
elongados y deformados, como del tejido conjuntivo intralobulillar.
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Cystosarcoma phillodes
Podría considerarse como el equivalente maligno del fibroadenoma
en el que el componente conjuntivo ha adquirido caracteres de agresividad.
Es poco frecuente y no representa más allá del 1% a
2% de las lesiones fibroadenomatosas. El comportamiento biológico
puede ser muy variable: hay cistosarcomas poco agresivos hasta otros
claramente malignos, incluso con metástasis. Por eso hoy se
tiende a hablar de tumor filodes . Su tamaño promedio es mayor
que el del fibroadenoma y, frecuentemente, sobrepasa los 8 cm de diámetro.
Se presenta en las mismas edades que el carcinoma, es decir, es más
frecuente en la quinta década. Su aspecto más característico
está dado por la superficie de corte cuando presenta hendiduras
lineales más o menos paralelas, que confieren el aspecto de
una estructura foliácea (fuvllon (phyvllov) hoja , ei\do" (éidos),
forma ), pero macroscópicamente puede ser muy semejante a un
fibroadenoma y sólo la microscopía revelará su
verdadera identidad, o bien puede presentarse como un gran nódulo
relativamente bien delimitado, de color amarillento u ocre, algo gelatinoso,
con áreas involutivas quísticas, hemorrágicas
o necróticas. Su aspecto microscópico muestra un fibroadenoma
en el que el componente no epitelial es más celular, con células
atípicas y frecuentes mitosis (Fig. 7-5). El componente epitelial
de regla es normotípico. En un 10% de los casos es posible
detectar metástasis, principalmente pulmonares; éstas
se presentan como un sarcoma, sin acompañamiento epitelial.
No obstante, es mucho más frecuente la recidiva de la lesión,
la que responde a la cirugía más o menos amplia, según
las circunstancias y extensión.
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Figura 7.5
Cystosarcoma phyllodes. Aspecto semejante al de dibroadenoma,
pero el componente conjuntivo exhibe mayor densidad celular y
atipias. |
Carcinomas
El carcinoma mamario es el carcinoma más frecuente en la mujer.
La mayoría, cerca del 75%, se observa después de los 40
años de edad. En la mujer premenopáusica, la evolución
es evidentemente peor. La mortalidad por carcinoma mamario tiene variaciones
raciales (¿o geográficas?) notorias: en Holanda es superior
a 25 por 100.000 habitantes; en cambio, en Chile es de menos de 10 y
en Japón es de menos de 5. Se ha visto que aumentan el riesgo
los siguientes factores: menarquia temprana, menopausia tardía,
primer hijo a edad tardía, interrupción de la lactancia,
tratamientos prolongados con estrógenos exógenos en la
menopausia, dieta muy rica en grasas, antecedentes familiares de carcinoma
mamario y otros.
Se ubica de preferencia en el cuadrante superior externo de la glándula,
aquel que contiene la prolongación axilar.
Macroscópicamente, se presenta como una masa firme, de tamaño
variable, granulosa, de color blanco, seca, con pequeñas estrías
o puntos de aspecto cretáceo; la superficie de corte ha sido
comparada con la de una pera verde . Su contorno puede ser policíclico
o infiltrante. El tipo mucoso (o gelatinoso ) es brillante y de él
puede escurrir material filante; las formas muy celulares pueden ser
de menor consistencia y de color rosado; las formas escirrosas pueden
ser de consistencia leñosa.
Al microscopio, el carcinoma mamario ha sido clasificado desde muchos
puntos de vista: grado de diferenciación tubular, irregularidad
o atipia de los núcleos, proporción del tejido conjuntivo
acompañante, presencia de receptores hormonales, semejanza de
las células tumorales con las normales. Según uno de estos
criterios se distinguen los carcinomas basándose en el tipo de
célula neoplástica, en particular, en carcinomas de conductos
y lobulillar (Fig. 7-6). Los carcinomas de células de conductos
pueden clasificarse descriptivamente : simple, tubular, sólido,
escirroso y papilar, pero esta clasificación es de dudoso valor
en cuanto al pronóstico. Prácticamente todos los tipos
pueden presentar formas in situ o infiltrante (Fig. 7-7).
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