Facomatosis
Existe un grupo de enfermedades caracterizadas por múltiples lesiones
del ectoderma y neuroectoderma, algunas malformativas tisulares y otras
tumorales: son las llamadas displasias blastomatosas. A este grupo pertenecen
las facomatosis. El término deriva del hecho de que en ellas se
encuentran hamartomas lentiformes en el iris, la retina o el disco óptico
(fakov" (phakós): lenteja, cristalino ). Las dos más frecuentes
son la neurofibromatosis de von Recklinghausen y la esclerosis tuberosa
o enfermedad de Bourneville.
Neurofibromatosis
Hoy se desglosa la neurofibromatosis en dos enfermedades diferentes.
La neurofibromatosis 1 (forma periférica clásica) es una
enfermedad hereditaria, relativamente frecuente (1 en 3.000 individuos),
autosómica dominante (mutación en el cromosoma 17) con penetrancia
de 100% y expresividad variable. Sus manifestaciones principales son:
neurofibromas (nodulares : dos o más; plexiforme : puede ser único),
glioma del nervio óptico, manchas cutáneas de color café
con leche, hamartomas del iris, alteraciones óseas (displasia del
esfenoide, adelgazamiento de la cortical de huesos largos). Puede haber
otros tumores (carcinoide, feocromocitoma). Con frecuencia hay retardo
mental y macrocefalia. La neurofibromatosis 2 corresponde a la forma central
clásica . Se debe a una mutación en el cromosoma 22. Es
autosómica dominante, de alta penetrancia, muy poco frecuente (1
en 40.000 individuos), manifestada principalemente en schwannomas y meningiomas
múltiples y, algo menos constantemente, en gliomas y hamartomas
gliales.
Esclerosis Cerebral Tuberosa
Es la segunda facomatosis más frecuente (1 en 10.000 recién
nacidos), de herencia dominante autosómica, genéticamente
heterogénea (mutación en el cromosoma 9 o en el 16), con
manifestaciones muy variadas, constituidas esencialmente por hamartomas
de la piel, ojo y diversas vísceras. Son frecuentes las formas
frustras. Las lesiones viscerales más características son
nódulos displásticos cerebrales y rabdomiomas del miocardio.
Estos se presentan en alrededor del 30% de los casos y pueden provocar
la muerte por insuficiencia cardíaca o por compromiso del sistema
éxcito-conductor. Los nódulos displásticos cerebrales,
hechos de tejido glial y neuronas frecuentemente monstruosas, son constantes.
Se presentan en la corteza cerebral o en la región subependimaria.
En alrededor del 5% de los casos se encuentran gliomas, las más
de las veces se trata de una variedad particular: el astrocitoma subependimario
gigantocelular, que a su vez casi siempre está asociado a una esclerosis
tuberosa.
Malformaciones
Las malformaciones del sistema nervioso central son numerosas. Entre
las más frecuentes están las disrrafias y la hidrocefalia.
Una malformación que con alta frecuencia está asociada a
mielomeningocele y a hidrocefalia es la malformación de Arnold-Chiari.
Por otra parte, es importante conocer una malformación de la médula
espinal, relativamente frecuente, que suele manifestarse en el adulto,
en la tercera a quinta década de la vida, con una sintomatología
característica: la siringomielia.
Malformación de Arnold-Chiari
En la forma típica, el vermis cerebeloso inferior se halla elongado
y prolapsado a través del foramen magno, las amígdalas
cerebelosas suelen están herniadas, el puente se encuentra elongado
y junto con el bulbo, prolapsado hacia el canal raquídeo. El
velo medular posterior se halla extendido hacia abajo por la tela coroidea
con eventual oclusión de los forámenes de Luschka y Magendie.
Es frecuente que haya hipoplasia del cerebelo. El cráneo muestra
tres alteraciones: pequeñez de la fosa posterior (platibasia),
agrandamiento del foramen magno y múltiples defectos óseos
de la calota (craneolacunia). Puede haber, además, estenosis
del acueducto de Silvio.
Siringomielia
La siringomielia se presenta macroscópicamente como un engrosamiento
más o menos cilíndrico de un sector de la médula,
de ahí el nombre: su`rigx (syvrinks): caña, flauta.. De
preferencia se trata del segmento cervical o de la región cérvico-torácica.
Rara vez se afecta el bulbo (siringobulbia). La tumefacción se
debe a una cavidad expandida, bien delimitada por tejido glial y ubicada
generalmente en la substancia gris central con compromiso de la comisura
blanca, de ahí el cuadro neurológico caracterizado por
la disociación siringomiélica: pérdida de la sensibilidad
al dolor y temperatura con conservación de la sensibilidad tactil
epicrítica (Fig. 9-33). La cavidad puede ser única o múltiple,
puede estar comunicada con el canal ependimario o extenderse a los cordones
de la substancia blanca o a los cuernos anteriores o posteriores. Está
demostrado que se trata de una alteración progresiva. La morfogénesis
no es del todo clara, pero parece probable de que se trate de un trastorno
en la formación del rafe posterior o de la fusión entre
las láminas alares y basales.
No es raro que la siringomielia se acompañe de tumores, especialmente
de ependimoma, por lo cual esta enfermedad es considerada por algunos
dentro de las displasias blastomatosas.
La siringomielia debe distinguirse de la hidromielia, tumefacción
de la médula por dilatación del canal ependimario, y de
la pseudosiringomielia, constituida por cavidades mielomalacias post
infarto (Fig. 9-33).
 |
Figura 9.33
a: siringomielia, b: hidromielia, c: mielomalacia
cavitada. |
Lesiones Perinatales
Las lesiones perinatales más importantes del encéfalo corresponden,
por una parte, a un grupo heterogéneo de lesiones que constituyen
el substrato anatómico de la parálisis cerebral infantil
(espástica) y, por otra parte, a la impregnación ictérica
de los núcleos grises: el kernicterus. En dicho grupo de lesiones
se trata principalmente de hemorragias o encefalomalacias extensas. La
patogenia de estas lesiones no siempre es clara, pero en una parte de
los casos los traumatismos del parto son el factor principal. En algunas
hemorragias la hipoxia parece ser el factor más importante. En
las encefalomalacias ya constituidas en el período prenatal se
aducen factores mecánicos, como torsiones cervicales, capaces de
condicionar trastornos circulatorios, en particular, isquemia. A continuación
se describen las formas principales de las lesiones encefalomalácicas
y el kernicterus.
Encefalomalacias
Estas lesiones se presentan bajo tres formas principales: la porencefalia,
la hidrancefalia y la mal llamada hemiatrofia cerebral. Entre ellas
hay formas de transición. La porencefalia corresponde a focos
de encefalomalacia alba, no rara vez de estructura esponjosa y múltiples,
generalmente en el territorio superficial de la cerebral media. La hidrancefalia
está constituida por una destrucción casi total de la
masa cerebral, con preservación de una delgada capa periférica,
de manera que la casi totalidad del volumen cerebral corresponde aparentemente
a cavidad ventricular. Sin embargo, no se trata de una hidrocefalia.
La cavidad de la hidrancefalia está dada por una cavitación
encefalomalácica con comunicación con el sistema ventricular
(Fig. 9-34). La llamada hemiatrofia cerebral pertenece a las lesiones
cicatrizales. Se trata una extensa encefalomalacia con colapso de un
hemisferio cerebral, que aparece retraido y acartonado con extensa gliosis
del tejido preservado.
 |
Figura 9.34
A: hidrocefalia (dilatación del sistema ventricular).
B: hidrancefalia (ampliación del sistema por un foco
de encefalomalacia). |
Kernicterus
Corresponde a la impregnación ictérica principalmente
de núcleos grises encefálicos. Se produce especialmente
en prematuros. El mecanismo patogenético fundamental es una escasa
formación de bilirrubina conjugada generalmente por depresión
de la actividad de la glucoroniltransferasa. Un factor agravante es
una hemólisis, por ejemplo, por eritroblastosis fetal. La bilirrubina
indirecta es capaz de atravesar la barrera hémato-encefálica.
La impregnación ictérica se produce principalmente en
el pallidum, asta de Amón, núcleos motores mesencefálicos,
núcleo dentado y oliva inferior, y afecta a neuronas, que aparecen
necrosadas. No está aclarado si la bilirrubina ejerce una accción
necrotizante o si se impregnan neuronas ya necrosadas por hipoxia.
|