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Tabla 1 .
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Grupo I |
Grupo III |
Grupo III |
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(0-15 mgr) |
(50-100) |
(150-800) |
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Verduras |
Carnes |
Anchoa |
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Frutas |
Aves de corral |
Sardinas |
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Leche |
Pescados |
Hígado |
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Quesos |
Mariscos |
Riñones |
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Huevos |
Porotos secos |
Sesos |
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Cereales |
Lentejas |
Extractos de Carne |
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Pan |
Espinacas |
Guatitas |
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Azúcares |
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Grasas |
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| Adaptado de TURNER Handbook of diet Therapy 4º Edición University of Chicago. Press Chicago 1965 | |||
La cristalización del urato es un problema no bien comprendido. La hiperuricemia es una causa necesaria, pero no suficiente para explicar la Gota. Así es como la aparición de la artritis está en relación con los niveles de uricemia aunque esta relación no es absoluta. Tomado de un modo general, alrededor de un 20% de los individuos hiperuricémicos desarrollarán gota. Separados por uricemia, se ha visto en el estudio de Framingham que 9 de 10 hiperuricémicos sobre 9 mg/dl desarrollaron gota al cabo de 14 años de seguimiento, en tanto que sólo lo hicieron 10 de 40 sujetos con uricemia entre 8 y 9 mg/dl seguidos por el mismo período. Esto demuestra que los hiperuricémicos pueden pasar muchos años o toda la vida sin que cristalice el urato en situación de sobresaturación. Se han buscado agentes nucleantes y existen algunos datos que involucran a los proteoglicanos aislados del líquido sinovial de los gotosos en este fenómeno. Estos datos no son, sin embargo, universalmente aceptados.
El ácido úrico circula como urato monosódico en el plasma a un pH 7.4. Al bajar el pH, se disocia el átomo de sodio y se transforma en ácido úrico, como sucede en la orina. Eso explica entonces, que los cristales que se encuentran en el tejido conectivo o en los parénquimas sean de urato en tanto que los cristales de los cálculos renales sean de ácido úrico, que es menos soluble que el urato, de donde la necesidad de alcalinizar la orina como un modo de disolver los cálculos de ácido úrico que se ven en los gotosos.
Al momento de la artritis aguda gotosa, se encuentran cristales de urato de sodio en el líquido sinovial que provienen de precipitación reciente, secundaria a mecanismos desencadenantes, o bien derivan de la ruptura de depósitos critalinos sinoviales acumulados a lo largo de años de hiperuricemia. Es interesante señalar, que más que hiperuricemia mantenida, lo que muchas veces desencadena un ataque es la rápida variación de uricemia, elevación o descenso, en estos enfermos. Así por ejemplo, después de una comida copiosa con alcohol, la crisis de gota se presenta entre 18 a 80 horas después de que la comida fuera ingerida, en los momentos en que la uricemia está volviendo a los niveles de pre-comida. Esto también pudiera explicar las crisis de gota en los post-operados, en que aumenta la uricosuria y varían bruscamente los niveles plasmáticos.
El cristal en la articulación, interacciona con los sistemas de complemento, coagulación, kininas y plasminógeno, poniendo en marcha la cascada enzimática respectiva que genera numerosas moléculas con efecto inflamatorio, como las que aumentan la permeabilidad vascular, las que inducen dolor y las que son quemotácticas. Por otro lado, la interacción de los cristales con membranas celulares, determina la liberación de serotonina de las plaquetas, colagenasa de los fibroblastos y polimorfonucleares y es fundamental en la fagocitosis. Es posible que los cristales sufran cierto grado de opsonización por IgG adsorbida en su superficie, lo que facilita su fagocitosis. Esta es seguida de la rápida disolución de la membrana fagolisosomal asociada a edema y muerte celular con liberación del cristal.
La razón por la que el ataque agudo de gota termina en forma espontánea seguramente es multifactorial. Por un lado puede existir un fenómeno de secuestro de cristales por células fagocíticas en la sinovial y un aumento en la solubilidad al aumentar la temperatura por la hiperhemia concomitante; sin embargo, muchas veces en gotosos encontramos cristales en el líquido sinovial de articulaciones muy poco inflamadas. Es probable que esto suceda por el recubrimiento de los cristales por moléculas, como las apolipoproteínas, que ocultan los sitios de interacción de los cristales con las membranas celulares impidiendo así que se genere el proceso inflamatorio. Esto también podría explicar la baja correlación entre la cantidad de cristales que se ven al microscopio con la intensidad de la inflamación clínica.
La gota es una enfermedad que afecta de preferencia las extremidades infe- riores; en alrededor de un 50% de las veces, el primer ataque de gota afecta la 1ª metatarsofalángica (Podagra) y en el 90% de los casos, esa articulación es comprometida en algún momento de la evolución. La presentación inicial como poliartritis aguda es muy rara en hombres (aproximadamente un 3%), aunque en los pacientes con años de enfermedad, no es infrecuente que un nuevo brote sea poliarticular. En mujeres, la presentación poliarticular inicial es mucho más frecuente, alrededor de un 20%. El ataque puede ser precipitado por trauma, exceso alcohólico o enfermedad intercurrente. Se presenta habitualmente en la noche, notando el enfermo dolor agudo al apoyar el pie al levantarse en la mañana. Se ha planteado que durante la noche, se reabsorbe agua más rápidamente que urato desde el espacio articular al plasma, dejando una situación de concentración aumentada de urato en el líquido sinovial, lo que favorecería su precipitación. Por otro lado, la temperatura en las articulaciones distales es menor, favoreciendo la formación de cristales.
Junto con el dolor, el enfermo nota aumento de volumen y enrojecimiento de la zona afectada. El dolor puede ser extraordinariamente intenso incapacitando a la persona al punto de no tolerar el peso de las sábanas sobre el pie. Muchas veces se acompaña de fiebre, elevación de la velocidad de sedimentación y leucocitosis. Crisis banales de dolor en esa articulación, de pocas horas de duración, a menudo son relatadas por estos enfermos años antes de tener este gran episodio artrítico. Esta primera crisis puede durar de pocos días a pocas semanas y sana con descamación de la piel. Ocasionalmente, la inflamación está confinada a las partes blandas, bursas, vainas tendinosas o tejido periarticular y puede simular una celulitis.
Este episodio agudo cede en forma absoluta sin dejar secuelas.
En las crisis de gota aguda, hay también inflamación de partes blandas y a veces, sólo existe ésta confundiéndose con celulitis.
En esta forma de la enfermedad, el pool de urato puede elevarse hasta 20 o 50 veces sobre lo normal y sólo ocurre en enfermos con hiperuricemias graves y prolongadas, con crisis de gota, muchas veces poliarticular, de más de 10 años de evolución. Muy rara vez, hay tofos pequeños al momento del primer ataque. Esto se ha descrito en enfermos con gota secundaria a enfermedad mieloproliferativa.
Grandes depósitos de urato se acumulan en los tejidos subcutáneos o periarticulares y aún en el espesor de los parénquimas. Estos depósitos están mezclados con una matriz proteica que contiene inmunoglobulina y pueden estar rodeados por fibrosis y células inflamatorias. Sin embargo, son habitualmente asintomáticos a no ser que produzcan molestias por su tamaño. Los sitios donde se encuentran más frecuentemente son los pies, las orejas, los codos y el tendón de Aquiles. En las manos, su presencia puede dar un aspecto que se puede confundir con la Artritis Reumatoídea. Característicamente, los tofos suelen tener zonas nacaradas en su superficie que ayudan a hacer el diagnóstico diferencial con nódulos reumatoídeos. Es corriente encontrar que cuando hay tofos, existe daño articular radiológico.
Como el tratamiento de esta enfermedad es por muchos años o por toda la vida, su diagnóstico debe estar asentado sobre bases sólidas. Muchos individuos pueden tener hiperuricemia, pero sólo una minoría desarrollará la enfermedad.
El único modo de establecer el diagnóstico, es la observación de los cristales de urato de sodio. Estos se pueden obtener de articulaciones inflamadas o de nódulos subcutáneos (tofos). La visión de los cristales en la microscopía corriente hace el diagnóstico altamente probable. La visión bajo luz polarizada lo certifica al precisar la característica birrefringencia negativa. Muchas veces sin embargo, no es posible obtener líquido sinovial para el estudio correspondiente y se debe basar en aspectos clínicos, como la rapidez de instalación, lo agudo de la inflamación, historia de episodios similares sin secuelas, etc.
Desde un punto de vista personal el diagnóstico de gota se hace en cualquiera de las siguientes condiciones:
Si bien la presencia de cristales de urato intracelulares hace el diagnóstico, no debe olvidarse que la gota puede coexistir con otras enfermedades, como por ejemplo, una artritis séptica. Es interesante señalar la extraordinaria rareza de la asociación con la artritis reumatoídea.
La hiperuricemia es un factor de riesgo para dos enfermedades: gota y litiasis renal.
Como vimos anteriormente, un porcentaje importante de individuos hiperuricémicos, nunca desarrollará gota. Por otro lado, la relación entre hiperuricemia y litiasis renal es compleja. Los hiperuricémicos asintomáticos tienen mayor riesgo de litiasis úrica renal, pero es lo suficientemente bajo como para no dejar tratamiento profiláctico. El daño renal por hiperuricemia sola, probablemente es inexistente o sin significado clínico. De este modo se puede concluir que no hay indicación de tratar la hiperuricemia asintom1atica.
Estos enfermos sin embargo, deben estar advertidos de su condición y aconsejados para normalizar su peso si están excedidos, disminuir el consumo de alcohol, evitar excesos alimenticios y hasta donde sea posible, no usar drogas que se sabe elevan la uricemia, como por ejemplo los diuréticos.
Ataque agudo de gota
El tratamiento del ataque agudo de gota es el tratamiento de la inflamación. Las drogas de elección son los antiinflamatorios no esteroidales. Esta es una familia muy numerosa de compuestos y han demostrado su efectividad en esta enfermedad. Deben usarse en dosis máxima por dos o tres días y luego disminuirse hasta completar una semana de tratamiento. Una variación de esta modalidad es el uso de estos antiinflamatorios por vía inyectable por uno o dos días y luego pasar a la forma oral. La Colchicina es un antiinflamatorio muy especial, efectivo en un grupo muy escaso de artritis y que para la gota es muy adecuado. Habitualmente se indica 1 comprimido de 0.5mg cada hora hasta 6. El efecto secundario más importante es la diarrea cuya ocurrencia suele suceder junto con la disminución de la inflamación. Una vez controlado el proceso agudo, se sigue con dosis menores hasta una semana. Si el episodio de gota lleva mas de 48 horas, la colchicina probablemente ya no será tan eficaz.
El uso de esteroides, rara vez está indicado en esta crisis aguda. Se lo reserva en general para los brotes poliarticulares, que pueden ser muy invalidantes. Se usan dosis de 30 a 50 mg/día. En enfermos con tratamiento anticoagulante, se puede usar antiinflamatorios no esteroidales como la indometacina, colchicina, ibuprofeno o también esteroides. Los ulcerosos presentan un problema adicional. Aquí se puede usar colchicina o esteroides inyectables; si estos están contraindicados, pudiera usarse antiinflamatorios no esteroidales inyectables, con completa protección gástrica con bloqueadores H2 y antiácidos de superficie (misoprostol).
Cuando se trata del primer ataque de gota, en general se prefiere indicarle al paciente medidas dietéticas y hacerlo bajar de peso si procede, pero no iniciar tratamiento crónico, porque puede pasar muchos años antes de volver a tener otro episodio artrítico.
Gota Crónica
El tratamiento de la gota crónica es el de la hiperuricemia. Para esto contamos con dos tipos de drogas: las que aumentan la excreción de urato o uricosúricos y las que bloquean la formación de ácido úrico o hipouriceminates. Para usar las primeras, hay que tener cuantificada la excreción de urato en 24 horas, de modo de evitar la precipitación de ácido úrico en el riñón. Contamos actualmente con el Probenecid que en dosis de 1 gr/día es bastante eficaz. Al usar uricosúricos, es conveniente agregar bicarbonato para alcalinizar la orina, evitando la cristalización.
El alopurinol, bloquea la xantino-oxidasa, disminuyendo la formación de ácido úrico acumulándose hipoxantina y xantina que son más solubles. Se comienza con dosis bajas, por ejemplo 100 mg/día y se va subiendo cada 7 días hasta una dosis máxima de 300 mg. Tras varios años de tratamiento con alopurinol se observa por ejemplo la desaparición de tofos en las orejas en un enfermo. En enfermos con insuficiencia renal, debe tenerse la precaución de adaptar la dosis a la función renal; se suele indicar reducir en 100mg el alopurinol por cada 30ml/min de disminución del clearence de creatinina.
Los efectos secundarios de esta droga son escasos, del tipo intolerancia digestiva o alergia cutánea. Se han publicado sin embargo, reacciones alérgicas fatales. En un principio se indicó alopurinol sólo para los gotosos hiperexcretores, pero su facilidad de uso y lo relativamente seguro de su aplicación lo ha convertido en la droga más usada como tratamiento de la gota crónica.
Cuando se introdujo al mercado, se observó que los enfermos hacían crisis de gota estando con este compuesto y con uricemias normales, lo que se atribuyó al efecto que la hipouricemia generada tiene sobre los depósitos de cristales en las articulaciones. Al bajar la uricemia, los cristales comienzan a disolverse con lo que se altera toda la estructura del depósito, pudiendo entonces pasar a la articulación cristales intactos que desencadenan la inflamación. Es por esto, que nunca debe darse alopurinol en un episodio agudo de gota, porque lo puede agravar. También se recomienda usarlo asociado a un antiinflamatorio, de preferencia colchicina, en los primeros meses de tratamiento, para prevenir nuevas crisis.
Junto con el tratamiento medicamentoso, los enfermos deben ser instruídos respecto de hábitos dietéticos. En la tabla 1 se presentan diversos alimentos con su contenido de purinas. En la práctica, se recomienda la drástica reducción del alcohol, especialmente de alta gradación, la supresión de mariscos e interiores y la reducción relativa del consumo de carne. A los obesos les es muy beneficioso la baja de peso, porque pueden llegar a normalizar la uricemia sin necesidad de drogas.
Por último, los pacientes deben ser aleccionados respecto de drogas que elevan la hiperuricemia y que deben evitar o tomar otras medidas si les son imprescindibles. En la tabla 2 se presenta una lista de las principales drogas involucradas con la hiperuricemia.
Tabla 2 .
Drogas de uso frecuente relacionadas con la
producción de hiperuricemia.
Diuréticos
Etanol
Etambutol
Pirazinamida
Salicilatos en dosis bajas
Levodopa
La litiasis renal úrica, se trata bajando los niveles de uricemia con alopurinol y alcalinizando la orina además de aumentar la ingesta de líquidos. No es aconsejable en estos casos, el popular uso de la cerveza como diurético, porque su contenido de guanosina puede aumentar la uricemia.
La gota es un excelente ejemplo del trabajo integrado de investigadores clínicos y básicos que nos ha permitido aliviar en forma importante una enfermedad que durante siglos fue considerada invalidante y eventualmente letal.
Tabla 3.
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Gota |
Tratamientos |
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Aguda |
Aines, colchicina, esteroides | |
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Crónica |
Alopurinol o Probenecid | |
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Copiado de Terkeltaub. Capítulo 15, Primer on the Rheumatic Disease.Edición 12, año 2001. |
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