Introducción
En el presente hay una controversia sobre el estatuto del llamado
"preembrión," es decir la entidad que resulta de la división
del cigoto durante los primeros 14 días del desarrollo cuando
se forma el disco embrionario con la diferenciación en tres
capas embrionarias del embrión ya implantado. La cuestión
a dilucidar es si ésta entidad puede considerarse un ser
humano con derechos o simplemente un ser con la potencialidad de
llegar a ser humano o persona, en el momento en que lo fuera sería
sujeto de derechos. El respeto y la protección que la sociedad
da al preembrión depende del estatuto que se dé a
esta entidad. Una de las cuestiones éticas a dilucidar es
la posibilidad de usar preembriones para investigación. Esto
haría posible el que la comunidad científica haga
experimentos de terapia génica y otras técnicas sin
implantar el preembrión, y daría utilidad a preembriones
que han sido congelados en procedimientos de fecundación
in vitro y no van a ser implantados. En el presente, en ciertos
países, como Gran Bretaña, se permite la investigación
hasta el día catorce después de la fecundación.
La justificación científica, dada por el Comité
Warnock de Investigación sobre la Fecundación y Embriología
Humana en Gran Bretaña, para limitar la investigación
a no más de los primeros 14 días de desarrollo, es
que la implantación y formación del disco embrionario
marca "el comienzo del desarrollo individual del embrión"
de tal forma que éste es el momento en que la vida humana
individual comienza y los estados anteriores desde la fecundación
no constituyen el mismo individuo que el embrión, el feto
y el bebe. El argumento está basado en los siguientes hechos
biológicos: 1) La dificultad del proceso de implantación,
crítico para el desarrollo; la división celular del
cigoto no siempre resulta en un embrión, hay un alto porcentaje
que no se desarrolla por causa de fallos en el proceso de implantación.
2) El preembrión se encuentra en estado de dependencia genética,
necesita de información externa para poder desarrollarse;
las células del preembrión poseen plena capacidad
de desarrollo debido a que no están diferenciadas y son capaces
de desarrollarse tanto como células fetales como extraembrionales,
dependiendo de información externa, de forma que no todas
las células se convierten en el embrión. 3) La posibilidad
de formación de gemelos antes de la implantación.
Estas consideraciones son el sujeto de la presente reflexión,
en la cuál examinaré los datos científicos
que están en relación con el estatuto que ha de darse
al preembrión y analizaré la implicaciones éticas
que ello conlleva.
1. La Implantación
Una tercera parte de los preembriones no llegan a implantarse naturalmente.
Esto indica que la implantación constituye un hecho biológico
dramático. Si la implantación tiene lugar hay mayor
probabilidad de que el desarrollo llegue a su completitud. Por lo
tanto, se puede decir que la implantación señala un
momento crucial en el desarrollo. La alta frecuencia de fallos en
la implantación se debe a la dificultad fisiológica
del proceso o a que el preembrión es anormal en algunos casos,
pero no indica un cambio de estatuto. No hay ningún nexo
lógico que permita decir que el preembrión es menos
ser humano que el embrión porque haya un alto riesgo de eliminación.
En el pasado los recién nacidos tenían un alto riesgo
de probabilidad de muerte y no por ello eran considerados menos
seres humanos. El preembrión y el embrión son el mismo
ser formado en el momento de la fecundación. La implantación
solamente señala la suficiente estabilidad como para garantizar
el desarrollo. Toda vida de cualquier ser viviente parte de una
célula. La célula es la unidad de la vida; ¿cómo
no habría de ser así también en el ser humano?
2. Dependencia Genética
Coughlan ha argumentado que el preembrión no puede crecer
y desarrollarse por sí mismo. Solamente cuando el preembrión
se implanta en el útero comienza la vida humana individual
y por tanto los preembriones humanos formados in vitro pueden
ser usados para la investigación. La incapacidad para crecer
y desarrollarse indica que hay algunos factores que deben ser suministrados
por el tejido maternal para que el preembrión continue el
desarrollo. El preembrión no puede desarrollarse sin la formación
de la placenta, dado que ésta establece conexiones funcionales
que son críticas para que el preembrión sobreviva.
Sin embargo, la evidencia biológica establece que la influencia
que tiene lugar entre el útero y el pre-embrión es
recíproca. El proceso requiere la sincronía de actividades
tanto del útero como del blastocisto (estado del preembrión
en el momento de la implantación). Antes de la implantación
el útero sufre cambios controlados por hormonas enviadas
por los ovarios para facilitar la implantación y el blastocisto
desarrolla moléculas adhesivas para unirse al útero
y proteinasas para invadir la pared del útero y formar la
placenta. De aquí en adelante la placenta redirige funciones
immunológicas, endocrinas y metabólicas maternales
que dirigen los cambios necesarios en el útero para continuar
la gestación y establecer una vasculatura híbrida
en que los trofoblastos (células especializadas de la placenta)
se encuentran en contacto directo con la sangre maternal para proveer
nutrientes y gases.
Lo que esta evidencia científica refleja es la realidad
del carácter relacional de la vida en que una entidad nunca
puede estar completamente aislada por sí misma. La relación
fisiológica tan próxima que existe durante el desarrollo
embriológico y fetal con la madre tiene paralelo con la relación
que existe durante el período de lactación y a través
de la comunicación en la niñez. La naturaleza de la
dependencia varia a través del desarrollo, pero no hay vida
sin interacción con otros seres. Un niño, por ejemplo,
no puede crecer si no recibe nutrición, de forma que necesita
estar en relación con otros seres.
Bedate y Cefalo han propuesto que el preembrión se encuentra
en un estado de dependencia genética a causa de que necesita
material genético extra aparte de la información cromosómica,
tal como el ADN mitocondrial materno o factores celulares maternos
o paternos en la forma de ARN mensajero o proteinas. Sin embargo,
la evidencia biológica demuestra que el ADN mitocondrial
materno ya está presente en el cigoto y los factores celulares
también. Es verdad que el ADN cromosómico del cigoto
no es suficiente para determinar el desarrollo de un ser humano,
pero el cigoto es más que su ADN cromosómico y en
su totalidad contiene suficiente información para desarrollarse
en interacción con el ambiente materno. Estoy de acuerdo
con Diego Gracia de que es la célula como un todo la que
posee suficiente constitución y por tanto sustantividad y
no el genoma por si solo cuando hablamos de los que es sustancial
para que se dé un ser humano. Es sabido que el citoplasma
del cigoto contiene específicas sustancias morfogenéticas
(inductores) paternas y maternas en origen que selectivamente permiten
la expresión de ciertos genes, activándolos, que son
necesarios para la diferenciación de los diferentes tipos
celulares y que estas sustancias se distribuyen espacialmente a
través del proceso de división celular de tal forma
que dependiendo de donde están localizadas algunas células
llegarán a ser tejido extraembrionario y otras los diferentes
tejidos embrionarios. La presencia o ausencia de las moléculas
inductoras puede generar caminos alternativos de diferenciación
celular. El desarrollo no es la mera expresión de los genes,
sino el resultado de la interacción de la información
genética con la información de las moléculas
inductoras, aunque estas habría que decir han sido codificadas
o modificadas previavemente por genes. La información genética
que programa el desarrollo, incluyendo la implantación y
la formación de tejidos extraembrionarios, está presente
al final del proceso de fecundación, cuando el nucleo del
espermatozoide y el del huevo se unen y el citoplasma contiene las
necesarias moléculas informacionales. La información
para diferenciarse está presente en el genoma de todas las
células, pero no es utilizada sin la estimulación
recibida por las moléculas morfogenéticas presentes
en el citoplasma. El cigoto no solamente contiene información
genética, sino también moléculas morfogenéticas,
ambas son necesarias para el desarrollo y ambas son parte de la
programación de ser humano. Ciertos nutrientes externos pueden
actuar como sustancias morfogenéticas en el estado embrionario,
como por ejemplo hormonas provenientes de la madre. Pero no se puede
decir, como afirma Diego Gracia, que el preembrión pertenece
aún a la sustantividad de la madre, ya que es la que con
su sistema neuroendocrino formaliza el nuevo ser vivo. Ya hemos
visto que la influencia entre el preembrión y la madre es
recíproca. El hecho de que el preembrión intervenga
en la formación de la placenta indica que se trata de un
ser con su propia información capaz de ejercer cambios en
la madre. El primer proceso de diferenciación tiene lugar
después del estado de morula con la formación del
blastocisto, que incluye la masa interna de células, destinada
a ser el embrión, y el trofoectodermo, destinado a unirse
a la pared del utero como tejido extraembrionario. El destino de
llegar a ser trofoectodermo está dictado por la posición
en que se encuentran las células en la morula. Estos hechos
reflejan la realidad de la interdependencia de la vida. Después
de todo, los genes del cigoto provienen del padre y de la madre,
pero esto no quiere decir que porque los genes tengan existencia
previa, un nuevo ser no haya sido formado.
Bedate y Cefalo también han propuesto que algunas veces
un cigoto normal no se desarrolla como feto porque carece de información
genética complementaria y forma moles o tumores. Sin embargo,
la evidencia biológica contradice esta aserción ya
que ésta dice que los tumores y moles se forman como consecuencia
de fallos en el proceso de fertilización o meiosis, no porque
falte información esencial externa. Se ha demostrado que
los moles se forman como consecuencia de fallos en el proceso de
fecundación, tales como la fecundación de un huevo
sin núcleo por dos espermatozoides o la reduplicación
partenogenética de huevos que no han sido fecundados por
un espermatozoide. Se ha demostrado que los tumores surgen como
resultado de la transformación maligna de células
germinales o por fallos en el proceso meiótico de células
germinales o por enfermedad trofoblástica gestacional. En
el desarrollo normal la formación de trofoblastos que forman
la placenta está controlada por alelos que han sido marcados
en el espermatozoide y cuya proliferación se mantiene por
contacto con la masa interna celular, mientras que el desarrollo
de los tejidos embrionarios depende fundamentalmente de alelos maternos
marcados en el huevo. Los alelos de origen paterno y materno son
marcados diferentemente y cumplen diferentes funciones durante el
desarrollo. Este proceso parece tener un componente epigenético
(parte del cuál consiste en la metilación del ADN)
que marca el cromosoma, y un componente genético (la secuencia
del ADN) que es modificado por la marca durante el desarrollo. Se
ha propuesto que éste proceso controla el desarrollo. Este
hecho impide que se desarrollen embriones por partenogénesis
de un sólo gameto. Ambos genomas, el materno y el paterno
deben estar presentes para que el embrión se desarrolle,
algo que ocurre en la formación de un cigoto normal.
El hecho de que algunas células del preembrión estén
destinadas a ser extraembrionales, como la placenta, el amnios o
el corion, no hace que el preembrión sea una entidad diferente
del embrión. La existencia de éstas células
es una extrategia natural que hace posible el crecimiento del embrión,
que necesita de una estructura natural que lo soporte.
3. Gemelidad
Norman Ford y otros han argumentado que cada una de las células
del preembrión son totipotentes, capaces de formar seres
humanos idénticos. Es suficiente con decir que un ser humano
individual se hace realidad después de la implantación.
Sin embargo, la posibilidad de formación de gemelos no niega
la individualidad del cigoto. Las células individuales del
preembrión no pueden ser consideradas totipotentes en acto
mientras estén integradas en el preembrión; por sí
mismas no constituyen una forma independiente de vida. Para que
se den gemelos una célula debe ser separada del resto y por
lo tanto una nueva entidad es formada. Esto puede ser considerado
una forma inusual de reproducción asexual o puede tener un
origen genético. En el caso de reproducción asexual,
un nuevo individuo es formado. Si está genéticamente
determinado, desde el comienzo estaba programado la formación
de dos individuos. La relación próxima que existe
al comienzo de la vida constituye una forma especial de relación
fisiológica que cambiará a través del desarrollo.
Lo que ésta evidencia demuestra es que durante las primeras
divisiones la información para dirigir el desarrollo completo
está presente en cada célula así como en el
preembrión entero. Biológicamente, la totipotencialidad
se pierde a causa de un proceso de metilación que silencia
ciertos genes en cada célula que se diferencia. Este proceso
de metilación está controlado por genes que ya están
presentes en el cigoto. Más aún, se ha demostrado
que la formación de gemelos puede ocurrir también
más tarde durante el desarrollo, dos o tres meses después
de la fecundación, así que algunas células
del embrión son todavía totipotentes en este estado.
Que diríamos de la posibilidad que se ha abierto recientemente
de clonar individuos a partir de células adultas. La producción
de gemelos de forma natural es una forma de clonación y si
fuera posible con células del adulto, no por ello no vamos
a decir que un adulto no sea un individuo. Su caracter de individualidad
no reside en que no se pueda dividir o dar lugar a otro ser, sino
en la unicidad de su ciclo de vida que se establece en el momento
de la fecundación.
Reflexión ética
Respetar al máximo la dignidad humana es el principio que
rige las decisiones éticas. La aceptación de éste
principio debería llevar a aceptar el principio derivado
de defensa de la vida. La vida constituye el fundamento de cualquier
otro valor, ya que para que los valores se manifiesten, se debe
haber permitido a una vida que exista. Todas las capacidades humanas
tienen su origen inicial en el cigoto y no en ningún otro
sitio. No hay justificación ética para respetar más
un estado del desarrollo que otro. Relativizar los primeros estados
del desarrollo pone en peligro la vida humana, ya que puede llevar
a disminuir el valor de la vida en todos los demás estados.
Hoy en día hay una tendencia a separar el concepto de ser
humano del de persona, como si el ser persona fuera añadido
o ocurriera en algún momento durante el desarrollo, y que
es la persona la que es sujeto de derechos y no el ser humano. El
problema con éste punto de vista es que se diga que el ser
persona se adquiera en momentos determinados del desarrollo de acuerdo
a los criterios múltiples que se establecen como esenciales
para definir a la persona. Tampoco se puede decir que el preembrión
pertenezca a la especie humana pero no es un individuo humano porque
carece de suficiencia constitucional. Ya hemos dicho que la posibilidad
de formar otro individuo a partir de un individuo no quita el que
sea ser humano. La biología no puede definir que es ser persona
pero sí cuando comienza la vida de un ser humano, que ocurre
en el proceso de la fecundación, en la formación del
cigoto. La concepción del ser humano es el punto final de
un proceso complejo biológico que se denomina fecundación
en que dos células, el ovocito y el espermatozoide se fusionan.
El proceso comienza con el reconocimiento de las membranas de los
dos gametos que es específico para cada especie, continua
con la reacción acrosómica en que la membrana del
espermatozoide y la membrana acrosómica se fusionan y se
liberan proteinasas que hacen posible la penetración en la
zona pelucida. Un organismo se separa del ambiente por una bien
definida barrera física. En el cigoto esta barrera se forma
por la fusión de la membrana del espermatozoide y la del
ovocito inmediatamente de la penetración del espermatozoide.
El cigoto aparece separado del exterior por un mosaico de fragmentos
de las dos membranas y la zona pelucida es modificada químicamente
debido a la reacción cortical que bloquea el que otros espermatozoides
penetren inactivando los receptores y formando una cubierta que
protegerá los primeros estadios del desarrollo. Una vez penetrado
el espermatozoide comienza la reorganización del genoma,
formándose los dos pronucleos. Después de que las
membranas del ovocito y del espermatozoide se han fusionado, el
ovocito es activado y se inician una serie de eventos morfológicos
y bioquímicos que conducen a la formación de un nuevo
individuo: el cigoto. En el huevo fecundado, se expulsan los gránulos
corticales y se reinicia la meiosis, se expulsa el segundo corpúsculo
polar y el núcleo, ahora haploide (contiene la mitad de la
información genética), se transforma en el pronúcleo
femenino. Entre tres y seis horas después de la penetración
del espermatozoide, los microtubulos astrales del espermatozoide
se organizan alrededor de la base de la cabeza del espermatozoide
y su núcleo, también haploide, se descondensa transformándose
en el pronúcleo masculino. Los dos pronucleos se acercan
el uno al otro replicando su DNA a medida que avanzan; al encontrarse,
la envoltura nuclear se desintegra y los cromosomas se organizan
en una única placa metafásica mientras que los microtubulos
se reorganizan y rodean a los cromosomas. En este punto el número
diploide de cromosomas es restaurado . Esto puede ser considerado
como el final de la fecundación. Hasta que no se forma el
cigoto no hay una célula completamente estructurada, por
tanto de la que ha de partir el desarrollo; por tanto, se puede
decir que la formación del cigoto es el momento, de acuerdo
a la biología, en que un nuevo ser humano surge.
Más aún, el sentido común dice que un ser
no cambia de estado o esencia. Un ser es lo que es a lo largo de
la vida. Si se redujera el ser persona a ciertas propiedades de
la vida humana, como el uso del lenguaje, la capacidad racional
o la habilidad de establecer valores en la vida, éstas aparecen
gradualmente a través del desarrollo, y habría que
decir que hay varios grados de ser persona entre los seres humanos,
ya que algunos carecen de algunas o de muchas o de todas las propiedades
o éstas se hallan dísminuidas, y tendríamos
que hacer una gradación de derechos. Algunos seres humanos
tendrían más derechos que otros. Por lo tanto, es
prudente no separar ambos conceptos, la persona y el ser humano
es el mismo individuo, ambos conceptos enfatizan diferentes aspectos
de la misma entidad.
Si usaramos preembriones para la investigación en vez de
darles la oportunidad de vivir, ejerceríamos una injusticia
en contra de la dignidad humana. Los preembriones deberían
ser social y legalmente protejidos si la sociedad ha de ser consistente
con la protección que se ejerce para los adultos y recién
nacidos.
Conclusión
En resumen, no hay razón para considerar al huevo fecundado
como una entidad diferente del embrión. Es un hecho que se
forma una vida humana con una única constitución genética
en el momento de la fecundación. La pretensión del
informe Warnock de que la vida humana individual comienza cuando
el embrión se encuentra estruscturado no puede ser sostenida
científicamenete. El huevo fecundado es un individuo humano
único con 46 cromosomas diferentes en conjunto de los que
se encuentran en el padre y en la madre y con el suficiente suplemento
de moléculas morfogenéticas para controlar el comienzo
del desarrollo. El cigoto posee una nueva y exclusiva estructura
informacional que constituye la base para el futuro desarrollo.
Ningún otro hecho biológico del desarrollo se puede
decir que sea el momento del comienzo de un nuevo ser. La singularidad
de la fecundación reside en que señala el comienzo
en que un nuevo ser emerge. Ello requiere la unión de dos
entidades, los gametos, que pertenencen a dos seres diferentes,
el padre y la madre, los cuales por sí mismos no tienen ningún
poder de dirigir el crecimiento y la diferenciación, pero
sí cuando están unidos. La continuidad con la especie
humana se establece por el contenido que aporta cada gameto, pero
la vida individual de un ser humano nace con el cigoto. La implantación
sólamente señala la suficiente estabilidad como para
garantizar el desarrollo. Ningún preembrión, por lo
tanto, puede ser sujeto a investigación que no sea para su
propio beneficio, por razones terapeúticas. Esto es lo que
es obligado si hemos de respetar la vida humana desde el comienzo
en su dignidad. La legislación, por tanto, debería
protejer el preembrión de abusos. La práctica de congelar
preembriones necesita ser revisada, ya que no respeta al preembrión
como ser humano.
1. El término fue introducido por la embriologa
A. McLaren, que consideró que hasta el día 14 lo que
hay es un proceso de preparación para las necesidades futuras
del embrión que se forma en el día 15 con la formación
del disco embrionario. Ver A. McLaren, Prelude to Embryogenesis,
Human Embryo Research, Yes or No?, London/New York: Tavistock, 1986,
p. 12.
2 Ver E. Marshall, "Rules on Embryo Research Due Out,"
Science, 265 (1994): 1024-1026.
3 Warnock Report, Report of the Committee of Inquiry
into Human Fertilisation and Embryology, Department of Health and
Social Security (London, 1984), p. 66.
4 Ver A. Sutton, "Ten Years After the Warnock Report:
Is the Human Neo-conceptus a Person?," Linacre Quarterly, 62 (1995):
63-74, pp. 64-66; y L. S. Cahill, "Notes on Moral Theology-1992:
The embryo and the Fetus: New Moral Contexts," Theological Studies,
54 (1993): 124-142, pp. 129-134.
5 Ver J. C. Cross, Z. Werb, and S. J. Fisher, "Implantation
and the Placenta: Key Pieces of the Development Puzzle," Science,
266 (1994): 1508-1518, pp. 1510-1513.
6 Ver Ibid., at 1514-1516.
7 Ver A. J. Wilcox, "Incidence of Early Loss of Pregnancy,"
New England Journal of Medicine, 319 (1988): 189-194.
8 M. Coughlan, The Vatican, The Embryo and the Law (Iowa
City: University of Iowa Press, 1990): pp. 58-77.
9 C. A. Bedate, and R. C. Cefalo, "The Zygote: To Be
or not Be a Person," Journal Of Medicine and Philosophy, 14 (1989):641-645,
p. 642.
10 D. Gracia, Etica de los Confines de la Vida. El Buho
LTDA, 1996, p. 103.
11 Ibid., p. 116.
12 Ver J. C. Cross, Z. Werb, and S. J. Fisher, "Implantation
and the Placenta: Key Pieces of the Development Puzzle," Science,
266 (1994): 1508-1518, p. 1509.
13 C. A. Bedate, and R. C. Cefalo, "The Zygote: To Be
or not Be a Person," Journal Of Medicine and Philosophy, 14 (1989):641-645,
p. 644.
14 Ver N. Wake, T. Seki, H. Fujita, H. Okubo, K. Sakai,
K. Okuyama, H. Hayashi, Y. Shiina, H. Sato, M. Kuroda, and K. Ichinoe,
"Malignant Potential of Homozygous and Heterozygous Complete Moles,"
Cancer Research, 44 (1984): 1226-1230; S. D. Lawler, and R. A. Fisher,
"Genetic Studies in Hydatidiform Mole with Clinical Correlations,"
Placenta, 8 (1987): 77-88; y R. A. Fisher, S. Povey, A. J. Jeffreys,
C. A. Martin, I. Patel, and S. D. Lawler, "Frequency of Heterozygous
Complete Hydatidiform Moles, Estimated by Locus-specific Minisatellite
and Y Chromosome-specific Probes," Human Genetics, 82 (1989): 259-263.
15 Ver R. S. K. Chaganti, P. R. K. Koduru, R. Chakraborty,
and W. B. Jones, "Genetic Origin of a Choriocarcinoma," Cancer Research,
50 (1991): 6330-6333; T. Ihara, K. Ohama, M. Satoh, T. Fuji, K.
Nomura, and A. Fujiwara, "Histologic Grade and Karyotype of Immature
Teratoma of the Ovary," Cancer, 54 (1984): 2944-2988; and K. Ohama,
K. Normua, E. Okamoto, Y. Fukuda, T. Ihara, and A. Fujiwara, "Origin
of Immature Teratoma of the Ovary," American Journal of Obstetrics
and Gynecology, 152 (1985): 869-890.
16 Ver D. P. Barlow, "Gametic Imprinting in Mammals,"
Science, 270 (1995): 1610-1613.
17 Ibid., p. 1611.
18 N. M. Ford, When Did I Begin?: Conception of the
Human Individual in History, Philosophy and Science (Cambridge:Cambridge
University Press, 1988): pp. 139-145.
19 Ver A. E. H. Emery, Elements of Medical Genetics
(New York: Churchill Livingstone, 1983), p. 103.
20 Ver K. Dawson, Embryo Experimentation (New York:
Cambridge University Press, 1990): p. 58; y K. L. Moore, The Developing
Human (Philadelphia: W. B. Sunders Co., 1982), p. 133.
21 Esta es la opinión de Diego Gracia, Etica
de los Confines de la Vida, El Buho LTDA, 1996, p. 121.
22 Ver R. Yanagimachi, Mammalian Fertilization, en E.
Knobil, y J. D. Neill (eds.). The Physiology of Reproduction (New
York: Raven Press, 1988), pp. 135-315.
23 Ver G. Palermo, S. Munné, J. Cohen, The Human
Zygote Inherits its Mitotic Potential from Male Gamete, Human Reproduction
(1994) 9:1220-1225.
24 El Magisterio de la Iglesia afirma
que el ser humano debe ser tratado y respetado como persona desde
el momento de la concepción. Ver Congregation for the Doctrine
of the Faith, Instruction on Respect for Human Life in its Origin
and on the Dignity of Procreation "Donum Vitae", 1987, 1.
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