Resumen

El libro Domestic Medicine, de William Buchan, escrito en 1769, fue el primero del tipo “información médica para el hogar”. Con el objeto de aportar datos para el conocimiento de la historia de los conceptos sobre la naturaleza y tratamiento de la tuberculosis, se transcribe y comenta brevemente el capítulo sobre la consunción, tomado de una versión castellana de 1890, pero muy similar a la segunda edición en inglés de 1785, por lo que representa ideas en boga en el siglo XVIII.

palabras clave: Medicina Doméstica; William Buchan; consunción; tuberculosis; tratamiento.

DOMESTIC MEDICINE: ON CONSUMPTION

The book Domestic Medicine by William Buchan, written in 1769, was the first household guide to diagnosis and therapy. With the purpose of providing information for the history of concepts about the nature and treatment of tuberculosis, the chapter on consumption is transcribed and briefly commented. It was taken from a 1890 Spanish version of the book very similar to the 1785 second edition in English, thus representing ideas in vogue in the 18th century.

Key words: Domestic Medicine; William Buchan; consumption; tuberculosis; therapy.

Introducción

En la biblioteca particular de un médico chileno, ya fallecido, se encontraba el libro Medicina Doméstica ó tratado completo de precaver y curar las enfermedades con el régimen y medicinas simples� Obra traducida del doctor Buchan1.

El texto original, del autor William Buchan, fue publicado en inglés en Edimburgo en 1769. Alcanzó gran popularidad y fue seguido de numerosas ediciones, reimpresiones y ediciones piratas en Gran Bretaña. Además de las versiones castellanas, fue también traducido al francés, portugués, italiano, alemán, ruso y sueco2.

William Buchan nació en 1729. Estudió Medicina en Edimburgo y ejerció la profesión en distintos lugares, para establecerse finalmente en Londres en 1778.

La versión de Medicina Doméstica que nos ocupa fue publicada en 1890: en el libro no se indica de cuál edición en inglés fue traducida por

D. Mariano de S. y M. (sic). Corresponde a la séptima edición en castellano, que fue publicada en París por Garnier Hermanos. Hay traducciones españolas anteriores publicadas en Madrid.

Los motivos que indujeron al autor a escribir la obra, según expone en la introducción, se basan en las siguientes consideraciones:

La creciente libertad para investigar y averiguar ha determinado que muchos caballeros interesados en instruirse accedan al conocimiento de temas de religión, leyes, filosofía, historia natural y agricultura, que abren nuevas perspectivas, destruyen la superstición, enseñan a discurrir y proporcionan entretención.

En cambio, los adelantos científicos de la medicina son estudiados por un escaso número de gentes que viven de ella como un ramo de comercio. Con celo engañoso han procurado disfrazar y ocultar el arte médico escribiendo textos en lengua muerta y adoptando en sus recetas términos ininteligibles para los profanos. La apariencia de misterio en la conducta de los médicos

1 Buchan W. (1890). Medicina doméstica. Séptima edición. Librería de Garnier Hermanos. París.

2 Lawrence C.J. “William Buchan: Medicine laid open”. Medical History� 1975; 9: 20-35.

no solo hace sospechoso su arte, sino que establece los fundamentos del charlatanismo, que es la mayor desgracia de la medicina; porque no pueden darse dos caracteres más opuestos que el del médico racional y el del charlatán. El camino más seguro para destruir el charlatanismo en cualquier arte o ciencia es propagar el conocimiento de ella en el género humano.

El autor explica que no pretende que todos los hombres sean médicos; intenta que las personas sensatas e instruidas sepan los principios generales de la medicina. Esto los estimulará a pedir razón de su conducta a los hombres a quienes se fía el tesoro de la salud, aun reconociendo que algunos médicos son dignos de toda confianza. Por otra parte, las observaciones unidas de todos los que componen la parte ingeniosa y sensible del género humano harían más en pocos años en beneficio de la medicina que los médicos solos en muchos años, dado que muy pocos de los descubrimientos apreciables que ha habido en la medicina se deben a los médicos.

Finalmente, la introducción de la obra sintetiza de esta manera sus objetivos:

Estimular los intentos laudables de las personas humanas y benéficas para con los enfermos, desarraigar las preocupaciones dañosas y perjudiciales, preservar a los ignorantes y crédulos de los engaños y ardides de impostores, y enseñar a los hombres lo que está en su mano para la preservación y cura de las enfermedades, son los verdaderos objetos dignos de la atención de un médico. Estas han sido las principales ideas que han movido a escribir y publicar esta obra de la Medicina Doméstica3.

El libro, de formato pequeño (16,5 x 10 cm) y 560 páginas de extensión, está dividido en 54 capítulos, que tratan de normas higiénicas y de las enfermedades de los distintos órganos y sistemas, con capítulos separados dedicados a enfermedades de los niños y de la mujer. Al final, un apéndice contiene:

Una lista de las medicinas simples y compuestas que son necesarias para el uso de un particular. El método de preparar y componer los remedios que se encargan en la primera parte del libro, con el aumento de otros de igual naturaleza. Observaciones sobre la dósis, uso y modo de aplicarlos en las diferentes preparaciones.

3 Buchan W., óp. cit., pág. 12-13.

Como un documento de interés para el conocimiento de la historia de los conceptos sobre la naturaleza de la tuberculosis y su tratamiento, se transcribe a continuación el capítulo 18: “De la consunción”4, que aparece entre el capítulo “De la pulmonía o inflamación de los pulmones” (número 17) y el “De la calentura lenta o nerviosa” (número 19).

texto Capitulo XVIII. De la consuncion

La consuncion es una destruccion ó decadencia de todo el cuerpo por una úlcera, tubérculos, concrecion de los pulmones, empiema, atrofia nerviosa o caquejia.

El doctor Arbuthnot dice, que en su tiempo la décima parte de los que morian en Lóndres y en sus inmediaciones era de consuncion, y ahora tenemos motivo para creer que se ha aumentado el número, y sabemos con certeza que no es ménos fatal que en Lóndres en otras ciudades de Inglaterra.

Las personas jóvenes desde la edad de quince hasta treinta años que tienen un temperamento delicado, largo el cuello, altas las espaldas, y sumido el pecho, están más sujetas á esta enfermedad.

Las consunciones son mas comunes en Inglaterra que en ninguna otra parte del mundo, por el uso general de alimentos animales, licores fuertes, aplicacion á ocupaciones sedentarias, y gran cantidad de carbon de tierra que se quema, á lo cual podemos añadir las contínuas mudanzas de la atmósfera é inconstancias del tiempo.

Causas� Ya hemos dicho que la inflamacion del pecho termina muchas veces en una postema, y por consecuencia de cualquiera modo que la gente padezca esta enfermedad, es preciso considerarla como una causa de consunciones.

También pueden ocasionarlas otras enfermedades que vician los humores, como el escorbuto, las escrófulas o lamparones, el mal venéreo, el asma, las viruelas y el sarampión, etc.

Como esta enfermedad rara vez se cura, procuraremos explicar sus causas con mas prolijidad, para que todos estén instruidos del modo de precaverlas. Éstas son:

Aire encerrado, ó malsano: el que está contenido y cargado de humo de metales ó minerales, es sumamente dañoso á los pulmones, y muchas veces corroe los tiernos vasos de un órgano tan precioso.

4 Buchan W., óp. cit., Capítulo XVIII, pág. 140-151.

Pasiones violentas, agitaciones ó afectos de ánimo, como pesar, disgusto, fatiga ó la contínua aplicacion al estudio de las artes ó ciencias abstractas.

Evacuaciones excesivas, como sudores, diarreas, flujos de orina, contínuo uso de mujeres, flores blancas, exceso del flujo menstrual y dar de mamar mucho tiempo, etc.

Supresion repentina de evacuaciones acostumbradas, como sangre de almorranas, sudor de piés, sangre de narices, reglas, fuentes, úlceras y toda especie de erupciones.

Daños externos, cálculo, etc. Poco tiempo hace vi un ejemplar de una tísis confirmada, causada por un hueso pequeño que se habia fijado en el bronquio, y vomitó el paciente una porcion considerable de materia purulenta; pero recobró la salud por medio de un régimen proprio y del uso de la quina.

Mudanzas repentinas de un clima cálido á otro muy frio, variar de ropa, y todo lo que ofende con exceso la transpiración.

Excesos graves y frecuentes, trasnochar y beber licores fuertes que ordinariamente van juntos, con dificultad pueden dejar de destruir los pulmones; por eso el que es, como dicen, un buen compañero, hace un sacrificio á esta enfermedad.

InfecciónPorque las consunciones provienen muy comunmente de dormir con los enfermos, y por esto se ha de evitar con mucho cuidado; pues ademas de no ser de beneficio para estos, es muy dañoso para el que está sano.

Ocupaciones de la vida: aquellos artífices que están mucho tiempo sentados, y continuamente inclinados hácia abajo, ó que comprimen el estómago y el pecho, como cuchilleros, sastres, zapateros, costureras, etc. mueren ordinariamente de consuncion. También es muy fatal para los que cantan, y para todos los que ejercitan frecuentemente y con violencia los pulmones.

Frío: mas consunciones ocasiona el principio de mojarse los pies, cometer desórdenes, dormir en camas húmedas, salir al aire por la noche, tener la ropa mojada y otras cosas semejantes, que todas las demas causas.

Alimentos picantes, salados y aromáticos que acaloran, é inflaman la sangre, tambien son con frecuencia causa de consunciones.

Solo añadiremos que muchas veces vienen estas de vicio hereditario, y entónces son absolutamente incurables.

Síntomas. Esta enfermedad generalmente empieza por una tos seca que por lo comun dura algunos meses. Si esta excita una disposición á vomitar despues de haber comido, es la mas fuerte razón para temer una próxima consunción; y si el enfermo padece mas calor que el ordinario, y opresion de pecho particularmente cuando se mueve; si el esputo tiene un gusto salado, y suele salir mezclado de sangre; si está triste, tiene poco apetito y gran sed, si el pulso es vivo, blando y pequeño, aunque algunas veces está algo lleno y duro, son síntomas de un principio de consuncion.

Después empieza á escupir una materia verdosa, blanca, sanguinolienta; el cuerpo se extenúa por una fiebre ética, y sudores colicuativos que se suceden uno á otro por la noche y por la mañana: la diarrea y excesiva evacuacion de orina son síntomas fatales en este tiempo, y debilitan mucho al paciente, que tiene extraordinario calor en las palmas de las manos, la cara encendida despues de comer, los dedos notablemente pequeños, las uñas torcidas hácia abajo, y el pelo se le cae.

Finalmente la hinchazon de piés y piernas, la pérdida total de fuerzas, la sumidez de ojos, la dificultad de tragar y la frialdad de los extremos manifiestan una próxima muerte, que á pesar de todo rara vez cree el enfermo tan inmediata: este es el ordinario progreso de una enfermedad tan fatal que, si no se acude muy en tiempo, hace por lo comun justa la desconfianza de los remedios.

Régimen� A las primeras señales de consuncion, si el paciente vive en una ciudad grande, ó en otro paraje donde el aire no circula, debe inmediatamente dejarle y elegir en el campo una situacion que goce aire libre y puro, y allí no debe estar en inaccion, sino hacer diariamente todo el ejercicio que pueda.

El mejor método para esto es andar á caballo, porque se pone todo el cuerpo en movimiento sin mucha fatiga, y el que no pueda, lo hará en coche. Un paseo largo, como divierte el ánimo por su continua mudanza de objetos, es mucho mas preferible que el pasear en un mismo terreno de un lado á otro, y ha de tener mucho cuidado en no resfriarse, no tener la ropa mojada, ni la cama húmeda, etc., concluyendo siempre su paseo por la mañana, ó á lo menos antes de comer, pues de otro modo le haria mas daño que provecho.

Es lástima que los que asisten á los enfermos pocas veces los hacen pasear en esa enfermedad, hasta que ya no pueden hacerlo, ó que el mal es incurable; y los mismos pacientes se burlan de todo aquello que está en su mano porque no quieren persuadirse á que las acciones comunes de la vida puedan ser remedio en una enfermedad obstinada, y los desprecian esperando con gran confianza su alivio de la medicina, únicamente por que no lo entienden.

Los que tengan espíritu y fuerzas para emprender un viaje largo pueden esperar gran ventaja de él. En mi inteligencia esto ha curado con mucha frecuencia una consuncion cuando ya el enfermo estaba segun todas las apariencias en el último estado de la enfermedad, y en que las medicinas no habian hecho ningún efecto. De aquí podemos inferir que si el viaje se hiciese á tiempo no dejaria de curarla.

Los que sigan este método deben llevar consigo provisiones frescas para todo el tiempo que estén en el mar; como la leche no se puede tener allí, se han de alimentar de frutas y caldos de gallina, ó de otros animales tiernos que se puedan conservar vivos á bordo y solo debemos añadir que semejantes viajes se hagan, si es posible, en la estacion média, y siempre á países templados.

Los que (no) tienen valor para hacer un viaje largo pueden emprender una jornada á los países meridionales, como Francia, España ó Portugal, y si el aire de estos les prueba, se mantendrán allí á lo ménos hasta recobrar la salud.

Despues del aire y ejercicio conveniente debemos encargar la atención á la comida, que no debe ser nada cálida, ó de dificil digestion, y la bebida de naturaleza blanda y fresca. Todo su alimento se ha de dirigir á moderar la acrimonia de los humores, y á nutrir y sostener al enfermo; para lo cual es preciso reducirlo al uso de vegetales y de leche. Esto solo es más útil en esta enfermedad que toda la materia médica.

La leche de burra comunmente se tiene por preferible á las demás; pero no se puede lograr siempre, y por lo general se toma en corta cantidad, cuando, para que haga algun efecto, debía ser parte muy considerable del alimento del enfermo. No se debe esperar que uno ó dos vasos de leche de burra bebidos en el espacio de veinte y cuatro horas, sean capaces de producir alguna mudanza de consideracion en los humores de un adulto, y cuando no ve muy pronto los efectos, pierde la esperanza y abandona el remedio. De aquí nace que este, aunque tan útil, rara vez cura á nadie; y la razón es clara, porque se usa tarde, se toma en poca cantidad, y no se continúa el tiempo que era necesario.

Yo he visto efectos extraordinarios de la leche de burra, en toses rebeldes que propendian á una consuncion de los pulmones, y creo firmemente, que si se diese en este período, rara vez dejaria de curar; pero si se dilata hasta que se ha hecho una úlcera, como sucede comunmente, ¿por qué debemos esperar beneficio de ella?

La leche de burra se debe beber en su calor natural, y una persona adulta en cantidad de medio cuartillo cada vez, y en lugar de tomarla solo por la mañana y noche, es preciso hacerlo cuatro veces al dia, ó á lo menos tres, echando unas sopitas delgadas de pan, como si fuera en la comida.

Si sucediera que purgase al enfermo, se le mezclará un poco de conserva de rosas secas, ó en su defecto se usarán los polvos de patas de cangrejo. Por lo comun se manda al enfermo que la tome caliente y en la cama; pero como generalmente hace sudar de este modo, sería más acertado tomarla despues de levantarse.

Algunas curaciones extraordinarias se han hecho en casos de consunciones con la leche de mujer. Si esta se pudiera tener con abundancia, la preferiríamos á todas las demas, y mucho mejor si el paciente pudiese mamarla del pecho. Yo conozco un hombre que estaba reducido á tanta debilidad en una consuncion, que no se podía mover en la cama; su mujer criaba á la sazón, y habiéndosele muerto la criatura, empezó él á mamar para darle alivio, y no sin objeto de que también le aprovechase, como experimentó luego; y continuando hasta curarse, vive hoy sano y robusto.

Muchos prefieren el suero que queda despues de hacer la manteca á las demas especies de él, y es medicina muy apreciable si el estómago lo puede sufrir. Al principio no prueba á todos, y por eso lo dejan sin suficiente razón; pero debia tomarse muy poca cantidad, y aumentarla por grados hasta que se hiciese único alimento. Nunca he visto que aproveche, á ménos que el enfermo se acostumbre casi á vivir con él.

La leche de vacas se logra con mas facilidad; y aunque no es de tan fácil digestión como la de burra ó yegua, se puede hacer mas ligera, mezclándola con igual cantidad de agua de cebada, dejándola reposar algunas horas, y quitándole la nata; y si no obstante de esto es pesada al estómago, se le echará una cucharada de aguardiente ron, y un pedacito de azúcar á medio cuartillo.

No es de extrañar que la leche por algun tiempo sea desagradable á un estómago acostumbrado á no digerir mas que carne y licores fuertes, que es lo que sucede á algunos que padecen consunciones. No aconsejaremos á los que están hechos á alimentos animales y licores, que los dejen de repente, porque sería muy peligroso. Estos deben comer un poco de carne de algun animal jóven una vez al dia, ó usar caldos de gallina, ternera, cordero, o cosa semejante, y beber un poco de vino con dos o tres partes de agua, haciéndolo cada vez mas ligero, hasta dejarlo enteramente.

Esto se debe usar solo como preparativos de la dieta que se ha de reducir principalmente a leche y vegetales, prefiriendo los que pueda tolerar mejor el paciente: arroz y leche, ó cebada cocida en leche con un poco de azúcar es alimento muy propio. Las frutas maduras cocidas ó asadas son también a propósito, como tartas de grosellas, manzanas asadas ó cocidas en leche, etc.; lasjaleas, conservas y compotas, etc., de frutas maduras subácidas tambien las puede comer con libertad, comojalea de grosellas, conserva de rosas, compota de ciruelas, de guindas, etc.

Aire puro, ejercicio regular y dieta que consista principalmente en estos y otros vegetales y leche, es el único manejo que se debe observar en una consuncion que empieza; y si el paciente tiene fuerzas y constancia para persistir en este método, rara vez dejará de quedar curado.

En una ciudad populosa de Inglaterra (Sheffield) donde son muy comunes las consunciones, he visto con frecuencia muchos enfermos de esta naturaleza, que han sido enviados al campo para pasear y vivir con leche y vegetales, volver en pocos meses buenos y libres de todo mal. Es cierto que esto no sucede siempre cuando la enfermedad es hereditaria, ó ha cobrado mucha fuerza; pero es el único medio de que se puede esperar algun suceso; y á falta de él no conozco medicina alguna que lo consiga.

Cuando están abatidas las fuerzas y el ánimo del enfermo, es preciso sostenerlo con caldos sustanciosos, jaletinas y otras cosas semejantes. Algunos recomiendan en esta enfermedad las almejas, y no sin razón, porque son nutritivas y restaurativas. Toda la comida y bebida se ha tomar en pocas cantidades, para evitar que el exceso de quilo fresco oprima los pulmones, y acelera mucho la circulacion de la sangre.

El ánimo del paciente se ha de conservar alegre y tranquilo cuanto sea posible. Las consunciones muchas veces se originan, y las mas se agravan, por un efecto melancólico del ánimo; por cuya razón, la música, el trato de gente divertida, y todo lo que inspira alegría, son sumamente benéficos al paciente, y nunca se le ha de dejar solo, pues la cavilacion en sus desgracias es positivo que le hará mas daño.

Medicinas� Aunque la curación de esta enfermedad depende principalmente del régimen y esfuerzos del enfermo; sin embargo trataremos de algunas cosas que pueden ser muy útiles para aliviar algunos de los síntomas que tienen mayor fuerza.

En el primer estado de una consuncion se puede mitigar la tos con la sangría, promoviendo la expectoración por las siguientes medicinas. Tómese de cebolla albarrana fresca, de goma amoniaca y semilla de cardamomo, la cuarta parte de una onza de cada una, muélase todo en un mortero, y si la masa está muy dura, añádasele un poco de cualquiera jarabe, y fórmese píldoras de moderado tamaño, para que tome el enfermo cuatro ó cinco, dos veces al dia, segun pueda sufrir el estómago.

La leche de goma amoniaca es también medicina propia en este estado de la enfermedad; y se puede usar, como dijimos en la pleuresía.

Una mixtura hecha de partes iguales de zumo de limon, miel fina y jarabe de adormideras tambien es muy útil: cuatro onzas de cada uno se cocerán en una cazuela a fuego lento, para darle una cucharada de ella siempre que le incomode la tos.

En este estado de la enfermedad es muy comun cargar al enfermo el estómago de medicinas oleosas y balsámicas; pero éstas, en vez de quitar la causa, la aumentan acalorando la sangre, al mismo tiempo que quitan el apetito, relajan los sólidos, y son de todos modos muy dañosas al paciente. Todo lo que se haga para quitar la tos, ademas del ejercicio y régimen propio, deben ser remedios de naturaleza ácida y mundificante, como el ojimiel, jarabe de limón, etc.

Los ácidos parece que peculiarmente hacen buenos efectos en esta enfermedad, aplacando la sed y refrescando la sangre. Los vegetales de esta naturaleza, como manzanas, naranjas y limones, son sin duda los mas a propósito, y yo he conocido algunas personas que, chupando el jugo de varios limones todos los dias, experimentaron conocido alivio; y por esta razon quisiera encargar que se usasen los ácidos vegetales todo cuanto pueda sufrir el estómago.

Para la bebida se deben preferir las infusiones de las plantas amargas, como la hiedra, centáurea menor, flor de manzanilla, trifolio acuático, etc., bebidas á pasto que fortifican el estómago, promueven la digestion, y purifican la sangre, y al mismo tiempo sirven para diluir y mitigar la sed, mucho mejor que las cosas insípidas ó dulces; pero si el enfermo escupe sangre, debe usar por bebida ordinaria una infusión o decocción de las plantas y raíces vulnerarias.

Hay también otras plantas y semillas mucilaginosas de naturaleza propia a consolidar y conglutinar, cuyas decocciones e infusiones se pueden preparar para el mismo efecto, como la semilla de membrillo, la fárfara o uña de caballo, linaza y zarzaparrilla; y no es necesario explicar los diferentes modos con que se pueden disponer, porque la simple infusion ó decoccion es suficiente, y la dósis arbitraria.

La conserva de rosas tambien es muy propia; y se puede añadir a la decoccion citada arriba, o tomarla por sí sola; pero no se debe esperar ningun beneficio de esta medicina tomada en corta cantidad. Nunca he visto que sea útil, á ménos que se tomen tres ó cuatro onzas diariamente por algun tiempo, y de este modo he experimentado felices efectos, por lo cual la encargo como a propósito siempre que hay evacuacion de sangre de los pulmones.

Cuando el esputo de materia crasa, la opresion del pecho y síntomas éticos manifiestan que se ha formado postema en los pulmones, es preciso ocurrir á la quina como el único remedio que tiene actividad para contrarrestar la propension general que entonces adquieren los humores a la putrefaccion.

Una onza de quina en polvo se puede dividir en diez y ocho ó veinte tomas, usando una cada tres horas en jarabe, ó en un vaso de la bebida comun.

Si la quina se hiciera purgante, se hará un electuario con la conserva de rosas de este modo: tómese un cuarteron de esta, una onza de quina en polvo, y la cantidad de jarabe de naranja ó de limon que sea suficiente á darle la consistencia de miel; lo cual podrá servir al paciente para cuatro ó cinco días, repitiéndolo cuando sea necesario.

Los que no pueden tomar la quina en sustancia, la usarán poniéndola en infusion de agua fria, que es el mejor menstruo para extraer las virtudes de esta corteza: media onza en polvo ha de estar veinte y cuatro horas en medio cuartillo de agua, despues se pasará por cedazo fino, y se tomará una taza tres ó cuatro veces al día.

No somos de dictámen que se use la quina miéntras hay algunos síntomas de inflamacion al pecho; pero cuando se ve claramente que no, y que la materia está depositada allí, es una de las mejores medicinas que se pueden usar. Pocos enfermos tienen suficiente resolucion para hacer una experiencia constante de la quina en este período de la enfermedad, y si la hicieran, debemos creer que lograrían un gran beneficio de ella.

Cuando no queda duda de que se ha formado postema en el pecho, y la materia no se puede evacuar por esputo ni por absorcion, es menester que el enfermo haga esfuerzos para romperla interiormente, sorbiendo el vapor de agua caliente ó vinagre, tosiendo, riendo y gritando, etc. Si sucede el reventarse en los pulmones, la materia puede salir por la boca; pero algunas veces ocasiona una muerte pronta sofocando al enfermo, y es muy regular que suceda cuando es grande la cantidad del vómito, y están muy debilitadas las fuerzas. En algunos casos sobreviene un desmayo, y entónces se deben aplicar á las narices sales volátiles ó espíritus.

Si la materia que evacua es espesa, y la tos y respiracion se facilitan, hay alguna esperanza de curar. En este tiempo la dieta debe ser ligera, pero restaurante, como caldo de gallina, sémola de sagú, arroz y leche, etc., y la bebida el suero que queda despues de hacer la manteca, endulzado con miel y la quina por ser ocasion oportuna tomándola como hemos dicho ántes.

Si la vómica ó postema cae á la cavidad del pecho entre la pleura y los pulmones, no hay otro medio de evacuar la materia que haciendo una incision como ya hemos dicho; pero como esta operación debe hacerse siempre por cirujano, es inútil explicar el modo de ejecutarla, y solo advertiremos que no es tan terrible como se cree comunmente, y que es el único recurso que le queda al enfermo para salvar la vida.

La consuncion nerviosa. Es una destruccion o decadencia de todo el cuerpo sin calentura sensible, tos, ni dificultad de respirar, acompañada de indigestion, debilidad y falta de apetito, etc.

Los que son de un temperamento triste, dados á las bebidas espirituosas, ó que respiran un aire malsano, están mas expuestos a esta enfermedad.

Quisiéramos con particularidad recomendar en la cura de la consunción nerviosa la comida ligera ó nutritiva, el ejercicio abundante al aire, y el uso de los amargos, que fortifican y corroboran el estómago, como la quina, la raíz de genciana, la manzanilla, etc., puestas en infusion de agua ó vino, y tomando un vaso de ella con frecuencia.

Contribuye mucho á la digestion, y facilita la cura de esta enfermedad, tomar dos veces al dia veinte ó treinta gotas del elixir de vitriolo en un vaso de vino o agua. El vino acerado tambien es excelente medicina en este caso, porque fortalece los sólidos, y ayuda poderosamente á la naturaleza en la preparacion de una buena sangre.

Los entretenimientos agradables, la compañía alegre y el paseo á caballo son preferibles á todas las medicinas en esta enfermedad: por cuya razon encargamos al paciente, siempre que pueda, la salida al campo a divertirse, como el medio mas seguro de recobrar la salud.

La que se llama consuncion sintomática no se puede curar sin quitar antes la enfermedad que la ocasiona; así cuando procede de escrófulas, escorbuto, asma, ó mal venéreo, etc., se debe aplicar toda la atencion a la enfermedad de que nace, dirigiendo el régimen y medicinas correspondientes.

Cuando las excesivas evacuaciones de cualqueria (sic)especie ocasionan una consuncion, no solo es preciso contenerlas, sino restaurar las fuerzas del enfermo con el ejercicio, la dieta nutritiva y los cordiales mas poderosos. Las madres jóvenes y delicadas pueden caer en consunciones por criar mucho tiempo: luego que conozcan que la fuerza y el apetito empiezan á decaer, deben inmediatamente destetar a la cría, ó buscarle ama, pues de otro modo no tendrán remedio.

Antes de concluir este asunto, es preciso recomendar con la mayor eficacia á todos los que quieran precaverse de las consunciones, que hagan todo el ejercicio

que puedan al aire, que eviten el que sea malsano, y estudien en la sobriedad. Las consunciones deben su aumento actual no poco a la costumbre de estar sentados mucho tiempo, cenando manjares cálidos, y empleando las tardes en beber ponche caliente, ú otros licores fuertes, que, usados continuamente, no solo vician la digestion, y destruyen el apetito, sino que acaloran e inflaman la sangre y arruinan toda la constitucion.

Comentario

El libro Domestic Medicine fue la primera obra de divulgación del tipo “información médica para el hogar”: su éxito se comprueba por los 80.000 ejemplares que sumaron las distintas ediciones durante la vida del autor5.

Al comparar el capítulo de la edición castellana de 1890 con el texto de la segunda edición en inglés de 1785, que se encuentra transcrita en internet6, se concluye que ambos son prácticamente iguales, con excepción de un par de frases de importancia secundaria. Por consiguiente, se puede estimar que el ejemplar de fines del siglo XIX aún reflejaba conceptos en boga a fines del siglo XVIII.

El término inglés consumption fue adoptado por los médicos ingleses del siglo XVII en sus discusiones en lengua vernácula sobre las enfermedades. Derivaron la palabra del verbo latino consumere, que significaba “consu-mir”7. La palabra latina consumptio se usó desde que Cicerón la empleó en su traducción del Timeo de Platón, aunque no en el sentido médico8.

“Consunción” equivale a la palabra “tisis” (phthísis), proveniente del griego phthínein, “descomponerse, podrirse, menguar, decrecer”: referido en especial al tiempo, a la luna y a las estrellas; luego, a las personas, a la vida y a las cosas9. Los médicos griegos la aplicaron de antiguo para denotar la forma más avanzada e impresionante de la tuberculosis, que era la emaciación extrema.

5 Dunn P.M. Dr� William Buchan (1729-1805) and his Domestic Medicine. Arch Dis Child Fetal Neonatal Ed 2000; 83: F71-F73.

6 Buchan W. Domestic Medicine. Digitalización de la segunda edición, de 1785. En www. americanrevolution.org/med9.html. Consultado el 20-02-2007.

7 Dubos R., Dubos J. (1996). The white plague. Capítulo VI, pág. 71. Rutgers University Press, New Brunswick, New Jersey.

8 Oxford Classical Dictionary (1982). Edit. Oxford.

9 Liddle H.G., Scott A. A Greek English Lexicon (1968). Oxford at the Clarendon Press.

En el siglo XVII, Fracastoro empleó para designar a la tisis la palabra latina tabes10, que derivada del verbo tabeo, “licuarse, descomponerse”11, vino a significar “corrupción, putrefacción; descomposición, humor infecto, venenoso; contagio, epidemia”. En Cicerón y Quintiliano, “consunción, tisis”. En Cicerón y Virgilio, “enfermedad que roe, que mina moralmente”12.

En la literatura del siglo XVII, se aplicaba la palabra “consunción” también para pacientes caquécticos por otras causas, como diabetes, cáncer

o absceso pulmonar; sin embargo, el uso corriente de la palabra se refería a la tisis, aquella emaciación del cuerpo originada en la ulceración del pulmón. En Domestic Medicine de 1785, el capítulo se titula “Of consumptions” (en plural): en ambas versiones, el autor distingue otras dos formas diferentes de cuadro clínico: la consunción nerviosa y la consunción sintomática.

Buchan indica once causas o grupos de causas de la consunción. Entre las últimas de dicha enumeración, se encuentra la infección. Sobre esto, en un libro de 1890, se esperaría encontrar alguna mención a la etiología bacteriana de algunas enfermedades y, en particular, de la tuberculosis, dado que el agente de la enfermedad fue dado a conocer en 1882: por ejemplo, en la Revista Médica de Chile, en el volumen de los años 1882-83, un resumen de la revista Deutsche Medizinal-Zeitung informaba: “Ayer 24 de marzo, el Dr. Koch… ha demostrado perentoriamente, en una estensa comunicacion a la sociedad de fisiolojía, que la tuberculosis… resulta de la infeccion por bacterios”13. Sin embargo, como se ha deducido más arriba, el libro Medicina Doméstica se basa en conocimientos del siglo XVIII.

¿Qué se entiende entonces por infección en el capítulo acerca de la consunción? Sobre la base de lo que el autor menciona en el párrafo pertinente, se trata de un contagio, porque afirma que las consunciones provienen frecuentemente de dormir con los enfermos. En el libro, hay un capítulo titulado “De la infección” (número 9)14, donde se afirma que muchas enfermedades son contagiosas, por lo cual las personas sanas deben evitar en cuanto puedan la comunicación con los enfermos. La costumbre de reunir

10 Dubos R., Dubos J., óp. cit., pág. 72.

11 Ernout A., Meillet A. (1979). Dictionnaire étymologique de la Langue Latine. Éditions Klincksieck, París.

12 Diccionario Latín-Español/Español-Latino (1985). Edit. Ramón Sopena, Barcelona.

13 Notable descubrimiento. Rev Méd Chile 1982-1983; 11: 22-23.

14 Buchan W., óp cit., Capítulo IX, pág. 85-89.

en los funerales a mucha gente en la misma habitación donde se encuentra el cadáver “es otro medio de propagar la infección, porque esta no siempre muere con el paciente: en algunos casos mas bien toma mayor fuerza á medida que el cuerpo se descompone, y esto sucede en los que mueren de fiebres malignas ú otras enfermedades pútridas”. Las enfermedades contagiosas se transmiten también por los vestidos, por el tráfico del comercio y en cárceles y hospitales.

La atmósfera de las ciudades populosas es una masa contaminada que abunda de varias especies de infeccion… La mejor advertencia que podemos dar á los que tienen precision de vivir en ciudades grandes, es que elijan una situación desembarazada, que eviten la estrechez, la porqueria, y las calles muy juntas, ó apiñadas; que mantengan limpias sus casas y oficinas, y procuren salir al aire siempre que puedan.

El autor no se pronuncia acerca de qué es lo que se transmite al contagiarse la enfermedad; no aparece de manera expresa el concepto de miasma� La palabra miasma (del griego miaínein, “manchar”) con el significado de “mancha, contaminación, especialmente de asesinatos u otros crímenes; escándalo” se aplicó como causa de enfermedad a partir del siglo XVIII15 (Corripio), vino a significar “efluvio maligno que, según se creía, desprendían cuerpos enfermos, materias corruptas o aguas estancadas”16. Antes del nacimiento de la bacteriología, en el siglo XIX, se produjeron en Inglaterra, a propósito del cólera, posiciones contrapuestas entre los partidarios del “miasmatismo”, quienes opinaban que la enfermedad se transmite a las personas por un aire malsano, y los del “contagionismo”, que sostenían que la enfermedad se transmite de persona a persona17.

15 Corripio F. Diccionario etimológico general de la lengua castellana (1979). Edit. Bruguera S.A. Barcelona.

16 Real Academia Española. Diccionario de la lengua española (1984), tomo II, 20ª edición, pág. 906. Edit. Espasa-Calpe. Madrid.

17 Porter R. The greatest benefit to mankind, pág. 259, 411. WW Norton & Company, New York 1997.