|
|
|
Resumen |
| |
La Bioética es un diálogo plural entre diversas ciencias y corrientes
de pensamiento presentes en la sociedad. Desde un primer momento
de confrontación, se está pasando a un convencimiento
de la necesidad de un diálogo fecundo entre bioética
y religión, tal como lo reflejan distintos autores
de estos últimos años. Se ha profundizado, por
una parte, en el ámbito católico, en las relaciones
entre religión y ciencia, fe y razón. Por otra
parte, desde lo secular se reconoce un verdadero interés
en señalar cuál es la óptima aportación
de la teología moral en el debate bioético,
para generar un diálogo constructivo acerca de los
aspectos éticos de la atención de la salud y
el cuidado de la vida humana en el ámbito biomédico.
palabras clave: bioética; religión; diálogo.
BIOETHICS AND RELIGION
Bioethic is a plural dialog between diverse sciences and actual currents of thought
in the society. From the first moment of confrontation, it
is passing to a conviction of the need of a fecund dialog
between bioethic and religion, as it is reflected by different
authors of the last years. It has been deepened, on one hand,
in the catholic area, in the relations between religion and
science, faith and reason. On the other hand, from the secular
thing is recognized a real interest to indicate which is the
ideal contribution of the moral theology in the bioethic discussion,
to generate a constructive dialog brings over of the ethical
aspects of the attention of the health and the care of the
human life in the biomedical area.
Key words: bioethics; religion; dialog.
Introducción
La Bioética es un diálogo plural entre diversas ciencias y entre
las diferentes corrientes de pensamiento presentes en la
sociedad acerca de los aspectos éticos de la atención
de la salud y el cuidado de la vida humana en el ámbito
biomédico. Parte de los que entran en el diálogo,
lo hacen sin dialogar, o bien en algunos casos porque piensan
que la luz de la fe resuelve ya los problemas planteados
a la razón y el sentido moral del hombre, y por lo
tanto ya está preestablecida la solución a
los dilemas éticos, o bien porque piensan que la
religión y más ampliamente el mundo de las
creencias, afectos y sentimientos estorba y entorpece la
reflexión racional, es irracional y debe dejarse
totalmente fuera del estricto diálogo bioético.
Distintas visiones de la relación bioéticareligión
Una parte de la Bioética norteamericana se ha presentado, en efecto, como
un intento de conseguir una ética de consenso, basada
en principios emanados de un ambiguo “sentido común
moral”, cerrado en ocasiones –pero no siempre–
a la trascendencia, y donde los interlocutores del debate
bioético debieran dejar de lado sus creencias y convicciones
religiosas o morales, a favor de lograr acuerdos de mínimos1.
Así, por ejemplo, Max Charlesworth, en su conocida obra sobre la Bioética
en una sociedad liberal, comenta que solo podemos ponernos
de acuerdo en que no vamos a ponernos de acuerdo, y critica
que no se deje a los individuos elegir su propia muerte,
que se limite el arriendo de úteros en la fecundación
in vitro, o que “el enfoque utilitarista de
costo-beneficio adoptado en el presente por muchos economistas
sanitarios, burócratas y políticos (enfoque
que se presta al paternalismo burocrático y el ‘dirigismo’)
va directamente en contra de estos valores neoliberales.
Por lo tanto, todavía existen dudas, pasos hacia
atrás e incoherencias en el reconocimiento y la aceptación
de los valores liberales en la bioética, con reliquias
de criterios antiguos respecto a las cosas, como cuando
el Estado se consideraba como refuerzo de la moralidad pública
básica …. en una sociedad liberal, la única
moralidad común o consenso ético posible sería
aquel fundado en los valores liberales primarios”
(autonomía moral, igualdad y justicia basadas en
la autonomía, y sus valores anexos). En dicha sociedad
no puede haber ningún consenso sobre valores de segundo
orden, ‘parciales’ o confesionales”2.
Se critica el “paternalismo” y el relativismo
del utilitarismo, y a la vez, se rechaza todo intento de
introducir cualquier valor de tipo religioso o moral en
el espacio público.
Otro conocido autor, H. Tristam Engelhardt, comenta: “Las diferencias entre
las visiones morales (entre ateos o creyentes o también
entre los mismos ateos) son reales, fundamentan concepciones
sustancialmente diferentes de la bioética, y tienen
su origen en que los participantes en las controversias
morales disponen de premisas y de reglas de evidencia diferentes,
de tal modo que las controversias no se pueden resolver
“por medio de argumentos racionales lógicos,
ni mediante la apelación a una autoridad moral reconocida
por todos”. Solo la moralidad secular general
carente de contenido puede salvar este abismo y permitir
la colaboración cuando no se alcanza la concurrencia
moral de pareceres, dotada de contenido”3.
Por eso puede compatibilizar su personal moral cristiana
ortodoxa –que comparte con sus “amigos morales”–
con su posición liberal secular, de ética
de consenso, cuando actúa como un ciudadano más
entre “extraños morales”.
Se da la paradoja de que muchos de los impulsores de la Bioética han partido
precisamente desde distintas posiciones de fe: protestantes
y católicos en EE. UU., en el Hasting Center de Nueva
york, o el Kennedy Institut, dentro de la Georgetown University
de Washington, dirigida por los jesuitas. Más aún
en Europa: el primer Centro de Bioética fue el Instituto
Borja de Bioética en Cataluña, de los jesuitas;
y es conocida la labor que en Bioética han desarrollado
instituciones universitarias católicas desde diferentes
posiciones, como la Universidad de Comillas o la Universidad
de Navarra. En los medios de comunicación, en la
elaboración y aprobación política de
la legislación y en el debate académico han
chocado con fuerza muchas veces la llamada en Italia “Bioética
laica” y “la Bioética católica”,
especialmente por las exigencias éticas derivadas
del mensaje cristiano sobre el hombre y la vida humana.
En Latinoamérica también han sido y son importantes la aportación
académica al desarrollo de la Bioética desde
instituciones católicas y, a la vez, los intentos
de diálogo racional entre las diversas fundamentaciones
existentes4.
De un primer momento de confrontación, se está pasando a un convencimiento
de la necesidad de un diálogo fecundo entre Bioética
y Religión, presente en algunas publicaciones recientes
de estos últimos años. Se ha profundizado,
por una parte, en el ámbito católico, en las
relaciones entre religión y ciencia, y fe y razón,
dentro del ámbito bioético5, con
diferentes conclusiones.
Es bien conocida la posición oficial de la Iglesia Católica a través
de la Encíclica “Fides et Ratio” de Juan
Pablo II, de la armonía y complementariedad de ambas:
“es posible reconocer, a pesar del cambio de los tiempos
y de los progresos del saber, un núcleo de conocimientos
filosóficos cuya presencia es constante en la historia
del pensamiento. Piénsese, por ejemplo, en los principios
de no contradicción, de finalidad, de causalidad,
como también en la concepción de la persona
como sujeto libre e inteligente y en su capacidad de conocer
a Dios, la verdad y el bien; piénsese, además,
en algunas normas morales fundamentales que son comúnmente
aceptadas. Estos y otros temas indican que, prescindiendo
de las corrientes de pensamiento, existe un conjunto de
conocimientos en los cuales es posible reconocer una especie
de patrimonio espiritual de la humanidad. Es como si nos
encontrásemos ante una filosofía implícita
por la cual cada uno cree conocer estos principios,
aunque de forma genérica y no refleja. Estos conocimientos,
precisamente porque son compartidos en cierto modo por todos,
deberían ser como un punto de referencia para las
diversas escuelas filosóficas… La Iglesia,
por su parte, aprecia el esfuerzo de la razón por
alcanzar los objetivos que hagan cada vez más digna
la existencia personal. Ella ve en la filosofía el
camino para conocer verdades fundamentales relativas a la
existencia del hombre. Al mismo tiempo, considera a la filosofía
como una ayuda indispensable para profundizar la inteligencia
de la fe”6. Por otro lado, en sus obras
como filósofo, Karol Wojtyla ofrece una significativa
aportación para la fundación de una ética
racional de tipo personalista desde el diálogo con
parte de la filosofía del siglo XX7.
También desde el catolicismo se realiza un esfuerzo por profundizar en
el sentido del Magisterio de la Iglesia y en su interpretación,
desde variadas posiciones, pero siempre desde la posibilidad
de complementar fe y razón en la búsqueda
de soluciones a los dilemas planteados en Bioética8.
Otros autores –desde posiciones más o menos
cercanas a una teología de la liberación–
hablan de una “filosofía de la liberación”,
y del papel liberador de una Bioética emancipadora
de Latinoamérica, que debería ser “de
intervención” política y no de discusión
académica9, pero son voces desde luego
minoritarias en el debate bioético latinoamericano.
En los últimos años existe un verdadero interés en señalar
cuál es la óptima aportación de la
teología moral en el debate bioético, desde
el diálogo constructivo. “La intención
de fondo en todo ello –comenta Francisco J. Alarcos–
no es sino estimular la búsqueda, el diálogo
y la cooperación de los bioeticistas, tanto de índole
secular como teológica, en la tarea ineludiblemente
humana de cuidar la fragilidad vital en todas sus dimensiones”10.
Diego Gracia, dentro del ámbito filosófico, ha escrito sobre la
relevancia de las tradiciones religiosas para el discurso
bioético, con un análisis filosófico,
donde expone de nuevo sus conocidas tesis de la separación
radical entre las éticas de la fe y las de la autonomía,
apoyándose fundamentalmente en la obra de Rahner,
Fuchs y Demmer, para concluir que los mandatos morales específicamente
cristianos no pueden formularse nunca de modo absoluto y
sin excepciones, pues lo único que tendría
este sentido sería la “opción moral
fundamental”, y por tanto, como conclusión,
habría que ir a una autonomía religada, en
el mismo sentido pero más allá de los promotores
del “proyecto de ética mundial”, como
Hans Küng o John E. Hare11. Es una posición
contestada desde dentro de la propia Bioética por
los defensores de los absolutos morales, desde diferentes
perspectivas filosóficas y no solo teológicas:
la opción moral fundamental –importante en
el desarrollo moral personal– debe aplicarse en las
acciones humanas concretas según un esquema de valores
previo a la propia opción; la opción autónoma
no es la base última de fundamentación, sino
la conciencia moral que aplica a lo particular y concreto
los imperativos categóricos, bienes humanos básicos
o valores, fundantes de la obligatoriedad moral, ya sea
desde la exploración racional o desde la aceptación
suprarracional –y no irracional– de las consecuencias
morales de una fe religiosa12.
La necesidad de diálogo en el ámbito de la Bioética
Sobresale en el ámbito filosófico actual la necesidad de un diálogo.
En el último libro editado de Habermas, con el significativo
título “Entre naturalismo y religión”13,
insiste desde la ética del discurso en la necesidad
del diálogo entre dos tendencias contrapuestas, que
caracterizan hoy la situación intelectual de la época:
por un lado, la creciente implantación de “imágenes
naturalistas del mundo”, y por otro, el “recrudecimiento
de las ortodoxias religiosas”. Habermas sondea las
tensiones entre el naturalismo y la religión, y defiende
una comprensión adecuadamente naturalista de la evolución
cultural que rinda cuentas del carácter normativo
del espíritu humano. Además propone una interpretación
adecuada de las consecuencias secularizadoras de una racionalización
cultural y social que, de modo creciente, los defensores
de las ortodoxias religiosas se resisten a aceptar como
la verdadera senda histórica de Occidente.
Lo interesante de esta obra es la nueva sensibilidad con la que se aproxima al
choque actual entre la fría visión que aportan
las ciencias respecto a lo que es el ser humano y la imagen
legada por la tradición religiosa. Habermas aboga
por entrar en una sociedad “postsecular”, donde
las argumentaciones religiosas puedan competir en plano
de igualdad con las explicaciones cientificistas a la hora
de interpretar la vida en común.
En definitiva, se ha reiniciado definitivamente el diálogo –y a
ello ha aportado también el desarrollo de la bioética–
entre fe y razón, entre religión y ciencia,
más allá de los extremismos propios de la
sociedad postmoderna y secularista del siglo XX, y de las
posiciones intolerantes, más bien ideológicas
que religiosas. En la confrontación se pierden de
vista las razones del otro y se intenta construir un mundo
a la medida de nuestras personales razones excluyentes.
La historia del cristianismo es la historia de un diálogo
fructífero entre fe y razón, superador de
ideologías irracionales. En el diálogo, al
entender y respetar –aunque no se compartan–
las razones del otro, entenderemos también mejor
nuestras propias ideas, y podremos ofrecer entre todos soluciones
positivas en un mundo necesitado de clarificación
y profundización en los valores morales. La Bioética
–a través del diálogo– puede aportar
mucho a esta tarea en este siglo XXI.
Citas
1 Beauchamp T. L. y James F. Childress. Principios de ética
biomédica. Masson, Barcelona, 1999. Ver sobre todo
Papel de los principios: la moral común, pág.
33-36. 2 Charlesworth M. La Bioética en
una sociedad liberal. Cambridge University Press, Gran Bretaña,
1996. Introducción del propio autor. pág.
1-10.
3 Engelhardt H. T. Los fundamentos de la bioética. Paidós
Ibérica, S.A. Barcelona, 1995, pág. 104-105.
4 León Correa F. J. Diez años de Bioética en
América Latina: historia reciente y retos actuales.
En Fernando Lolas Stepke (Editor), Diálogo y cooperación
en salud. Diez años de Bioética en la OPS.
Organización Panamericana de la Salud, Unidad de
Bioética OPS-OMS, Santiago de Chile, 2004, pág.
145-152. Ver también: Pessini L., De Barchifontaine
Ch. de P. y Lolas F. (coords.). Perspectivas de la Bioética
en Latinoamérica. Edición: OPS, Santiago de
Chile, 2007. y en cuanto a la fundamentación: Garrafa
V., Kottow M., Saada A., Coordinadores. El estatuto epistemológico
de la Bioética. UNESCO e Instituto de Investigaciones
Jurídicas de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma
de México, 2005.
5 Fe y Ciencias. Jornada del 8 de octubre de 1997. Ediciones de la
Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 1998.
Javier Gafo (ed.). Bioética y religiones: el final
de la vida. Dilemas éticos de la medicina actual,
13. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 2000. Varios
autores. Bioética, religión y derecho. Fundación
Universitaria Española, Madrid, 2006.
6 Juan Pablo II. Encíclica Fides et Ratio. Santa Sede, 1998.
Introducción, Nº 4 y 5. También es significativo
que dos de los capítulos se titulen: “Credo
ut intellegam” e “Intellego ut credam”,
creer para conocer más por la fe, y razonar para
llegar a fundamentar mejor la propia creencia religiosa.
7 Wojtyla K. Mi visión del hombre. Hacia una nueva ética.
Ediciones Palabra, Madrid, 1997.
8 Son muy variados los autores. Es bien conocida la abundante obra
de Elio Sgreccia, desde el Istituto di Bioetica de la Università
del Sacro Cuore en Roma, y en esta misma publicación
está su intervención: Aportes de la Iglesia
Católica al desarrollo de la Bioética. En
Chile, Kottow M., Anguita V. Bioética Católica.
Márgenes de interpretación de las enseñanzas
magisteriales. CINBIO (Centro Interdisciplinario Bioética
Univ. Chile), 1995.
9 Boff L. A voz do Arco-Iris. Letraviva Editorial, Brasilia, 2000.
Como ejemplo reciente, Moser A., Soares A. M. M. Bioética.
Do consenso ao bom senso. Editora Vozes, Petrópolis,
Brasil, 2006
10 Bochatey A. Bioética y teología moral. Edcs. Paulinas,
1994. Pontificia Universidad Católica Argentina.
Alarcos F. J. Bioética Global, Justicia y Teología
Moral. Editorial Desclée de Brouwer, S.A. 2005.
11 Gracia D. Religión y ética, en Como arqueros al blanco.
Estudios de bioética. Triacastela, Madrid, 2004,
pág. 129-196.
12 Para el análisis de las relaciones entre conciencia, autonomía
y ética, Andreas Laun, La conciencia. EIUNSA, Barcelona,
1993. En cuanto a la necesidad de unos principios morales
absolutos universales para todos, y las relaciones entre
moral y religión, John Finnis. Cuestiones de ética.
EIUNSA, 1992. y más reciente, Pérez-Delgado
E. Moral de convicciones, moral de principios. Una introducción
a la ética desde las ciencias humanas. EDIBESA, Salamanca-Madrid,
2000.
13 Habermas J. Entre naturalismo y religión. Paidós
Básica, Barcelona, 2006.
|
|
|