Este artículo analiza desde el punto de vista de la salud pública
la evidencia para prevenir los embarazos no deseados interviniendo
a nivel de poblaciones con la anticoncepción de emergencia
(AE). Se analiza en primer lugar la relación entre fecundidad
y salud en Chile, particularmente en la etapa adolescente, para
dimensionar la magnitud del problema y su vinculación
con el programa nacional de planificación familiar. Se
concluye que existe un alto número de nacidos vivos en
mujeres menores de 20 años, alrededor de 36.000/año,
que concentran mayores riesgos materno-infantiles, siendo relevante
prevenir los embarazos no deseados. El decreto del Ministerio
de Salud que introduce la AE ha sido declarado inconstitucional
por el Tribunal Constitucional. Aun cuando ello no hubiera ocurrido,
es necesario desarrollar una estrategia alternativa consistente
en la educación de la juventud y de los padres. Esto
porque la evidencia científica disponible indica que
la reducción estimada de 50% en el número de embarazos
no deseados no se ha cumplido. Es así que diversos estudios
en el Reino Unido y Suecia demuestran que al mayor acceso a
la AE se sigue de un mayor uso de la misma, pero no se sigue
de la reducción esperada de embarazos no deseados y abortos;
por el contrario, en estos dos países las tasas de abortos
se incrementaron. Se presenta la amplia evidencia favorable
para desarrollar una intervención educativa proveniente
de Uganda y de Estados Unidos. En el caso de Chile se revisa
la historia de los esfuerzos iniciales de educación sexual
para jóvenes y se describe especialmente el programa
Teen STAR que ha tenido una evaluación experimental controlada.
palabras clave: anticoncepción de emergencia; fecundidad en adolescentes;
salud pública; educación a la abstinencia.
A PUBLIC HEALTH PERSPECTIVE ABOUT THE USE OF EMERGENCY CONTRACEPTION
This article deals with evidence of alternative measures to emergency contraception
to prevent adolescent unwanted pregnancies, from the standpoint
of public health. Variables of fertility and general health
in this young population are considered to conclude that the
absolute number of adolescent unwanted pregnancies is in the
whereabouts of 40.000 cases per year. These are young females
and their offspring with the highest vulnerability to develop
serious perinatal morbidity, which makes the case to warrant
preventive non-abortive measures. The most relevant of the alternative
strategies to emergency contraception is an informed educational
program designed for the young population and their parents.
Key words: emergency contraception; fertility in adolescents; public health;
abstinence education.
Introducción
El uso de la anticoncepción de emergencia (AE) en la salud pública
ha sido incluido dentro de las Normas Nacionales sobre regulación
de la fertilidad en Chile para disminuir los embarazos no deseados
y sus consecuencias, especialmente en adolescentes1.
Estas Normas Nacionales del Ministerio de Salud están
contenidas en el Decreto Supremo Nº 48 del año 2007.
Este Decreto ha sido declarado inconstitucional por el Tribunal
Constitucional (TC) en lo referido al uso de la AE (Acápite
3.3 de la Sección C y Acápite 1 de la Sección
D), fallo que se comenta en otro artículo de este número
de la Revista Ars Medica.
El objetivo sanitario de reducir los embarazos adolescentes es esencialmente
deseable para la sociedad y por ello interesa conocer si ello
fue logrado en algún país a través de esta
estrategia o de otra. Algunos países de Europa han establecido
como política nacional el libre acceso a la AE indicando
que podría reducir en 50% los embarazos no deseados y
los abortos en adolescentes, los que, sin embargo, no se han
modificado2. Por su parte, el gobierno de los Estados
Unidos ha promovido la educación sobre la abstinencia
sexual en la juventud, lo que también ha ocurrido preponderantemente
en Uganda dentro del continente africano3, 4.
Estos esfuerzos, incluyendo los del ámbito público
y privado en Chile, se analizan en este artículo.
La experiencia de Holanda que ha propendido al aborto como medio eficaz para
reducir los embarazos adolescentes, es otra estrategia que algunos
defienden en el mundo5. Este método está
totalmente fuera de la discusión que se ha dado en nuestro
medio, debido a que la amplia mayoría del país
lo rechaza y que la Constitución consagra el derecho
a la vida. El volumen 6 de esta Revista ha analizado ampliamente
el problema del aborto inducido con sus consecuencias negativas
en la salud de las mujeres y en los productos de los futuros
embarazos.
El análisis, desde el ámbito académico, de las posibles
soluciones a los problemas de salud pública, es indispensable
para la toma de decisiones estables y con una política
de Estado en esta materia.
Nuestra visión reemplaza, en las estrategias de salud pública,
a la AE por la educación juvenil para la abstinencia
sexual, acompañada de información sobre los diferentes
medios de planificación familiar no abortivos. Está
pendiente, entonces, la gran tarea de fortalecer la educación
juvenil sobre el amor y el sexo en el sistema educativo, donde
no se han logrado avances sustantivos.
Este artículo describe la situación de la fecundidad en Chile,
especialmente en los menores de 20 años, para luego analizar
la evidencia sobre las dos estrategias antes señaladas.
Fecundidad y salud en Chile
La fecundidad promedio en Chile ha descendido considerablemente. Desde un promedio
de 5,4 hijos por mujer en 1962-63 bajó a solo 1,9 hijos
en 2004, cifra menor a la requerida para el reemplazo poblacional
que debiera llegar a 2,1 hijos por mujer6. Este descenso
se ha concentrado desde temprano más en las mujeres con
trabajo fuera del hogar o activas quienes en el año 2002
tenían 1,5 hijos en promedio, mientras que las inactivas
llegaban a 2,5 hijos en promedio ese mismo año. Por ello,
es de gran importancia el apoyo a la mujer trabajadora para
favorecer la natalidad con diferentes medidas, incluyendo la
dotación de salas cunas.
Cabe destacar que las madres adolescentes, menores de 20 años, también
han participado de este gran descenso de la fecundidad desde
una tasa de 66,0 por mil mujeres en 1990 a una de 48,8 en 2004
(6). Aunque las madres menores de 20 años han incrementado
levemente su participación proporcional en los nacimientos
del país de cada año entre 1990 y 2005, de 13,8%
a 15,6%, en términos absolutos, estos nacimientos vivos
han disminuido desde 40.285 nacidos vivos en 1990 a 36.069 en
20057. Por tanto, para la salud pública estos
nacimientos de riesgo se están reduciendo pero todavía
constituyen motivo de gran preocupación por el impacto
desfavorable que tienen en el desarrollo psicosocial de las
madres jóvenes y en la mayor morbilidad de sus recién
nacidos.
Está bien demostrado que los embarazos en las mujeres adolescentes, cuya
gran mayoría no han completado todavía la madurez
biológica y psicológica requerida, tienen mayores
riesgos de presentar alteraciones del crecimiento fetal con
impacto en la mortalidad y desarrollo posterior. Esto es más
notorio en las menores de 15 años8. Estas
madres tienen serias dificultades para poder estudiar o trabajar,
perpetuándose así el círculo de la pobreza
(6). Además se ha señalado que sus hijos podrían
tener mayores posibilidades de maltrato infantil.
Muchas veces, estas niñas no contraen matrimonio y permanecen en soltería
viviendo con sus padres. En efecto, se ha reportado que en este
grupo de edad la tasa de nupcialidad en mujeres y hombres es
la más baja, en proporción a su fecundidad, si
se hace la misma comparación en los grupos de edad mayor
(6). Evidentemente esas madres jóvenes tienen una escasa
probabilidad de contraer matrimonio. El último censo
poblacional del año 2002 indica que en Chile se ha reducido
la proporción de parejas que contraen este vínculo.
Las informaciones estadísticas sobre embarazos no deseados y abortos inducidos
en las madres menores de 20 años son inexistentes en
nuestro país. El número de los abortos inducidos
pueden estimarse como muy reducido, de acuerdo con las estadísticas
de mortalidad materna por aborto, cuya causa ha descendido al
tercer lugar en el año 2004. Es así como en el
periodo 1990-2000 hubo 178 muertes maternas atribuibles al aborto
(16,2 muertes por año), mientras que en el periodo 2000-2004
hubo 25 muertes maternas por esa causa (5 muertes por año);
el grupo de edad menor de 20 años es el que tiene menor
tasa de mortalidad materna en Chile9. Aunque el embarazo
no deseado continúa siendo una de las principales causas
de la muerte materna, su importancia ha disminuido claramente;
el control del aborto inducido a través de la educación
y de la anticoncepción han sido claves en su reducción
(9).
De esta manera la situación de salud relacionada con la fecundidad en
Chile dista mucho de lo que ocurre en otros lugares. Se estima
que en el mundo en desarrollo un tercio de los embarazos es
no deseado y que uno de cada cinco embarazos termina en aborto
inducido, lo que constituye un alto riesgo a la salud de la
madre10.
Sin embargo, la edad de inicio de la actividad sexual se ha ido adelantando en
las mujeres chilenas, especialmente en los grupos con menor
educación de acuerdo con datos representativos del 80%
de la población urbana nacional recogidos por una encuesta
realizada en 199811. La edad de iniciación
sexual declarada por mujeres jóvenes entre 18-24 años
fluctúa entre 15,6 años en aquellas con solo educación
básica y 21 años en las que tienen educación
superior. La mediana del inicio de la actividad sexual en mujeres
con educación superior se ha mantenido en las diversas
cohortes de edad; se ha reducido en mujeres con educación
media (de 20,5 en la cohorte de 45-69 años a 18,6 en
la cohorte de 18-24 años); este descenso es mayor en
aquellas mujeres con educación básica cuyo descenso
va de 19,0 a 15,6 años. En hombres, la edad de iniciación
por cohortes no ha sufrido variación, ni tampoco reporta
diferencias por nivel educacional, siendo alrededor de 17 años.
Dados estos antecedentes, interesa comentar el origen de la política de
regulación de la fecundidad o planificación familiar
en Chile. Esta se formula en el año 1965, cuando asume
la Dirección General del Servicio Nacional de Salud (SNS)
de la época uno de los autores de este artículo
(FM-R). El primer paso fue formar una comisión mixta,
presidida por el Dr. Jorge Rosselot Vicuña, jefe del
Departamento Materno-infantil del SNS, con la participación
de las sociedades científicas y la del obispo Jorge Hourton.
Luego se produjo una conversación a solas del Director
General Dr. Mardones-Restat con el cardenal Raúl Silva
Henríquez, arzobispo de Santiago, a quien se le presentó
la información sobre la mortalidad materna e infantil
que existía en Chile y su vinculación a la problemática
de la fecundidad. El cardenal no se pronunció en esa
primera reunión y lo invitó a una reunión
con la asamblea plenaria de todos los obispos de Chile. A esa
reunión concurrió el Dr. Mardones-Restat para
entregar a los obispos información sobre fecundidad y
salud en Chile, incluyendo la alta mortalidad materna que existía
por aborto clandestino. Aproximadamente la mitad de las camas
de las maternidades del Servicio Nacional de Salud estaban ocupadas
por mujeres con complicaciones de los abortos ya indicados,
las que presentaban una alta mortalidad. De hecho, hasta 1990
el aborto séptico fue la primera causa de muerte materna
en Chile. Los obispos respondieron no oponiendo la Iglesia Católica
con las nuevas normas del SNS cuando aparecieron el año
1966.
Se hace evidente que en un gobierno en que los funcionarios de confianza del
Presidente de la República en su mayoría eran
católicos era necesario realizar una política
de Estado al servicio de toda la población, aunque los
métodos naturales de contracepción fueran los
únicos considerados usables para los católicos.
En el programa nacional de planificación familiar iniciado en el año
196612 se incluyeron los métodos contraceptivos
no abortivos, incluyendo también los métodos de
abstinencia periódica, llamados también naturales.
Ellos aparecen hasta ahora explicados en las Normas Nacionales
sobre regulación de la fertilidad en Chile. Se consideró
también indispensable dejar establecido que la decisión
sobre el método a elegir fuera una decisión de
la pareja y no una imposición del funcionario de salud.
Diversos autores consideran que el programa de planificación familiar
y el descenso de la natalidad han contribuido significativamente
a la disminución de la mortalidad materna e infantil
en Chile9,13.
la contracepción de emergencia
En Chile las instituciones católicas han adoptado, respecto a la AE, una
conducta concordante con las directrices de la Iglesia y dado
que su administración alrededor de la ovulación
no permite descartar efectos abortivos, han indicado la abstención
de su uso, antes de la declaración del TC (14).
En el informe que la Pontificia Universidad Católica de Chile proporcionó
al TC se detallan varios aspectos biomédicos, incluyendo
aquellos referidos a los estudios de salud pública sobre
el uso de la AE, también llamada píldora del día
después (PDD)14. Se presentan a continuación
esos estudios, complementados con otros. La conclusión
de ellos es que la evidencia disponible no revela efectos favorables
de su uso a nivel de poblaciones en los objetivos sanitarios
propuestos.
La distribución facilitada del levonorgestrel (LNG) como AE se fundamentó
en la expectativa de que su uso masivo iba a producir una disminución
significativa en las tasas de aborto y de embarazos no deseados.
Se esperaba una disminución de sobre 50% en el número
de abortos inducidos en base a un ejercicio de modelación15
y también sobre 50% en el número de embarazos
con la revisión de cuatro estudios que utilizaron la
vinculación entre el día de la relación
sexual con la tasa específica de concepción esperada
para ese día del ciclo16. Esos estudios fueron
publicados en 1992.
Frente a esta expectativa, se ha reportado que esas tasas no se han modificado
en Inglaterra y en Suecia (2). En el Reino Unido, a pesar del
aumento en el uso de la AE las tasas de aborto han aumentado
de 11/1000 en 1984 a 17.8/1000 en 2004 en mujeres de 15-44 años.
En Suecia, en que el acceso a la AE se ha hecho fácilmente
disponible, este hecho no se ha asociado con una disminución
de las tasas de aborto provocado. Es más, la tasa de
abortos en adolescentes ha aumentado de 17/1000 en 1995 a 22.5/1000
en 2001. Un total de 5665 abortos provocados fueron practicados
en jóvenes adolescentes en 2001. Actualmente la AE más
recomendada y usada en estos países es el LNG.
Es necesario comentar, también, otras dos nuevas publicaciones sobre revisiones
sistemáticas que aparecieron en el año 2007 y
que están referidas a los nuevos estudios disponibles
sobre el uso de la PDD. Estos investigaron la eficiencia, a
nivel poblacional, de la indicación de su uso cuando
se entregó la PDD con antelación y no la eficacia
a nivel clínico como en los datos reportados el año
1992 donde se seleccionaron las mujeres que efectivamente utilizaron
la AE (16).
La primera de esas publicaciones seleccionó 23 estudios provenientes de
10 países entre los que había diseños experimentales
controlados, de cohorte y evaluaciones de intervenciones comunitarias,
que fueron reportados entre 1998 y 200617. El segundo
autor de esa revisión sistemática fue James Trussell,
conocido investigador y propulsor del uso de la AE. Fue uno
de los que pronosticó una drástica disminución
en las tasas de embarazo no deseado y aborto (15, 16). Esta
revisión sistemática que incluyó 23 estudios
realizados en 10 países concluye que: “Contamos
ahora con un número importante de investigaciones sobre
los efectos del acceso facilitado a la AE. Esta información
demuestra de manera convincente que el mayor acceso aumenta
su uso. Sin embargo, a la fecha, “ningún estudio
ha mostrado que el acceso facilitado a estos métodos
reduzca las tasas de embarazo no deseado o aborto a nivel de
la población” (17).
La segunda revisión sistemática fue realizada por la Cochrane Database
of Systematic Reviews, que incluye solo estudios experimentales
controlados. Pudo concluir, sobre la base de 10 experimentos
de ese tipo, que: “La información disponible muestra
que la provisión anticipada de la AE no reduce las tasas
globales de embarazos no deseados”18. Luego
agrega que: “Esta conclusión contrasta con las
optimistas expectativas iniciales respecto al potencial impacto
en salud pública que tendría el fácil acceso
a la AE”.
El informe de la Pontificia Universidad Católica de Chile al TC, sobre
los aspectos científicos y éticos del uso del
LNG como anticonceptivo, comenta en base a los resultados anteriores
que ellos deben hacer reflexionar sobre cuáles son las
verdaderas causas del problema del embarazo no deseado y del
aborto. Se trata de problemas humanos complejos que comprenden
un conjunto de aspectos psicológicos, sociales, culturales
y morales, para los que se requiere una aproximación
más integral y humana. El hecho de que, a pesar del aumento
significativo (2 a 3 veces en algunos estudios) en el consumo
de los anticonceptivos de emergencia este no haya tenido ningún
impacto en la incidencia de embarazos no deseados y de abortos,
especialmente de adolescentes, hace plausible la hipótesis
de que la disponibilidad fácil de la PDD pueda estimular
la frecuencia de relaciones sexuales a temprana edad. Mirado,
solamente, desde la perspectiva de la salud pública,
estos resultados ponen una duda adicional respecto a los efectos
de la distribución facilitada del LNG en adolescentes,
sin participación de los padres ni el apoyo afectivo
y humano que requieren estas situaciones. El embarazo no deseado
se da con mucha más frecuencia en situaciones de soledad,
marginación y pobreza. Son estos problemas de inequidad
los que hay que afrontar desde sus raíces. Ellos condicionan
en gran parte los problemas mencionados, que no se van a solucionar
distribuyendo gratis el LNG a las mujeres de menos recursos,
en especial a las adolescentes (14).
Educación juvenil para la abstinencia sexual y sobre medios contraceptivos
no abortivos
La evidencia más importante sobre el posible impacto positivo de la educación
sobre abstinencia ha venido desde Uganda, África. El
Presidente Museveni de Uganda tomó el poder en 1986,
después de cinco años de guerra irregular, siendo
reelecto en dos oportunidades. En los años 90 detectó
la presencia de VIH en sus oficiales y empezó a recorrer
el país advirtiendo a los ugandeses sobre la amenaza
de este virus. Predicó la abstinencia, la fidelidad matrimonial
y el uso del preservativo o condón19. Se ha
indicado, por las autoridades del Ministerio de Salud, que estos
esfuerzos redundaron en los cambios conductuales indicados y
en un rápido descenso de la prevalencia de VIH desde
los años 90. El gobierno ha provisto servicios educativos
y pruebas diagnósticas en todo el país. Además,
ha permitido que otras organizaciones no estatales actúen
firmemente en la prevención. En las áreas urbanas,
donde la prevalencia estaba alrededor de 30% al principio de
los años 90, las tasas habrían bajado recientemente
a 10%. En las áreas rurales, donde a mitad de los 90
estaban en 10%, habrían llegado a 4,2% a inicios de los
años 2000. El promedio de edad para el inicio de la vida
sexual habría aumentado de 14 a 16 años de edad.
El número de personas casadas que tienen sexo fuera del
matrimonio también habría disminuido.
Además de estos reportes oficiales, otros autores han coincidido que aun
en ausencia de información confiable completa el conjunto
de los datos apunta a sugerir que la incidencia de VIH en los
grupos más jóvenes va en descenso (3). Habrían
influido favorablemente en este descenso también otros
factores, tales como la presencia de diversos actores educativos
en la vida ciudadana y el temor generalizado a los efectos de
la epidemia en amigos y parientes.
La discusión sobre los factores que habrían influido en el descenso
de la prevalencia del VIH en Uganda ha constituido un hecho
político en los Estados Unidos. En este contexto, el
Instituto Alan Guttmacher publicó un estudio sobre los
cambios que ocurrieron en Uganda durante los años 90,
en la abstinencia, en la monogamia y en el uso del condón20.
Para ello utilizó muestras representativas del país
de los años 1988, 1995 y 2000, provenientes de las encuestas
de Demografía y Salud, además de dos encuestas
nacionales del programa Global contra el SIDA de los años
1989 y 1995. La evidencia encontrada sugirió que los
cambios favorables en los tres factores indicados contribuyeron
al descenso y a la mantención del mismo. El aumento en
la edad de inicio de la actividad sexual entre los años
1988 y 2000 contribuyó a la reducción del riesgo
de infección; estos cambios fueron mayores en las mujeres
jóvenes, especialmente aquellas de 15-17 años
de edad. Este efecto combinado que ha sido señalado por
diversos autores ha fortalecido la propuesta de los programas
integrados de abstinencia, monogamia y uso del condón
(referencias 3, 19, 20).
En los Estados Unidos existen, desde 1982, programas de abstinencia sexual exclusiva
en los colegios, con un pequeño apoyo federal. En 1996
se crea un fondo federal importante, con un programa llamado
Título V, en pleno gobierno del Presidente Clinton, que
provee hasta 50 millones de dólares anuales en apoyos
parciales a los estados para programas educativos de este tipo
(4). El presupuesto del gobierno del Presidente Bush del año
2009 está asignando 204 millones de dólares para
estos programas sobre abstinencia sexual exclusiva. Se requiere,
para tener un apoyo parcial de este fondo, que los programas
enseñen que la abstinencia de la actividad sexual es
la única manera cierta de prevenir tanto el embarazo
extraconyugal como las infecciones de transmisión sexual
y otros problemas de salud asociados. Además, se requiere
que enseñen la fidelidad en el matrimonio, puesto que
la sexualidad extramarital puede tener daños físicos
y psicológicos. Hoy en día estos programas se
focalizan especialmente en jóvenes de 12 a 18 años
de edad y excluyen la educación sobre otros métodos
de contracepción.
Este enfoque educativo, llamado en inglés “sexual abstinence-only”,
ha sido evaluado en un metaanálisis con un escaso efecto
positivo en cuanto a promover la abstinencia y retardar el inicio
de la vida sexual21; solo 12 estudios controlados,
algunos experimentales y otros cuasi experimentales, se incluyeron
finalmente en ese análisis. Una revisión posterior
de la literatura que incluyó una evaluación independiente
del programa federal, varias revisiones sistemáticas
y datos de cohortes, encontró también poca evidencia
de un efecto positivo y también alguna evidencia de daño
producido por el programa, especialmente por un acceso distorsionado
a la información de salud22. Por ello, han
surgido propuestas para realizar los llamados programas de educación
sexual integral (“comprehensive” en inglés)
que se explican más adelante y que tendrían mayor
efecto en postergar el inicio de la vida sexual, reducir el
número de parejas sexuales, aumentar el uso del condón
y disminuir los embarazos (4).
Una comparación reciente de los dos programas, que fue realizada con diseño
no experimental, resultó en un menor riesgo de embarazo
en los adolescentes que recibieron el nuevo programa integral23.
Debe notarse que la evaluación con estudios experimentales
controlados ha sido más bien escasa en los dos tipos
de programas recién descritos24.
En conjunto, la evidencia de estudios, especialmente observacionales, provenientes
de Uganda y de los Estados Unidos, indica que la educación
juvenil sobre abstinencia sexual, acompañada o no de
información verídica sobre métodos anticonceptivos
no abortivos, puede tener efecto en la prevención de
los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión
sexual, incluido el VIH-SIDA.
La conducta deseable para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y
para el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de los Estados
Unidos para la prevención del SIDA es plenamente coincidente
con la señalada por la Iglesia Católica. Esta
es la abstinencia sexual y luego la pareja única25,
26 como se señala en un documento del Centro de
Bioética de nuestra Facultad de Medicina27.
Así como ocurre en todas las áreas de la conducta
humana, se puede fallar en el ideal de la abstinencia. Ante
esa situación es necesario que la trasgresión
tenga los menores costos humanos posibles.
En relación a la posibilidad de utilizar métodos contraceptivos,
cualesquiera ellos sean, debe considerarse que no son infalibles
y que tienen efectos laterales y/o complicaciones médicas
potenciales, de las cuales debe informarse a los jóvenes.
Una revisión de los mismos se puede encontrar fácilmente
en la literatura y no se presentan en este artículo.
La alternativa no vigente del aborto legal o también
del aborto clandestino tiene serias consecuencias para la mujer
desde el punto de vista de la salud pública que también
deben ser informados28. En relación con lo
anterior, la dignidad de la persona humana en edad embrionaria
ha sido también presentada en esta revista29.
Esta información objetiva sobre los diversos métodos
debe hacerse, como se comenta más adelante, dentro del
contexto de una relación conyugal basada en el amor y
el respeto mutuo.
La educación sobre los diferentes métodos contraceptivos para la
población adulta, a través del Programa de Planificación
Familiar, ha sido desarrollada con altibajos durante 40 años
por los equipos de salud en Chile. Ha tenido importantes éxitos
en la salud pública, como se explicó en la primera
sección sobre Fecundidad y salud en Chile. Sin embargo,
no se ha desarrollado a nivel del sistema educativo una alternativa
similar para la juventud, con la excepción del programa
diseñado en el Gobierno de Eduardo Frei Montalva entre
1968 y 196930. Ese programa de educación al
amor y la sexualidad fue elaborado por el Comité Vida
Familiar y Educación Sexual del Ministerio de Educación,
presidido por don Rodolfo Valdés Phillips. Se incluían
pautas de trabajo para el profesor y para los padres dentro
del material preparado, que se presentó parcialmente
el año 1970 en la Revista de Educación del Ministerio
respectivo31. Lamentablemente, este programa no alcanzó
a ser implementado, aun cuando se inició la capacitación
de los profesores orientadores de cada colegio con dos seminarios
para 60 de ellos, de 15 días de duración. Para
los colegios católicos se elaboraron unidades pedagógicas
por talleres de trabajo dirigidos por María Echenique
de Valdés, Armando Marín Brante y María
Eugenia Necochea de Elton, que fueron entregadas a la comunidad
nacional por la Conferencia Episcopal de Chile32.
En los últimos años se ha estado planteando el llamado Plan Nacional
de Sexualidad y Afectividad, del gobierno. Sin embargo, recientemente,
la prensa nacional ha reportado que este Plan Nacional del Ministerio
de Educación está estancado33; se señala
que a tres años de su elaboración los objetivos
pronosticados para el 2010 no presentan avances. La idea era
contar para esa fecha con 9.500 docentes informados, alumnos
de pedagogía con formación en sexualidad y con
mecanismos de orientación permanentes desde el Ministerio
de Educación. En esa misma publicación se indica
que el presidente del área de Educación de la
Conferencia Episcopal, el obispo Carlos Pellegrin, está
ofreciendo actualmente colaboración de la Iglesia a la
Ministra de Educación Sra. Mónica Jiménez,
facilitando programas con buenos resultados, como el Teen STAR
de la Pontificia Universidad Católica de Chile, para
que se avance en la formación sexual de los jóvenes
(33).
Una publicación reciente presenta los resultados de la aplicación
de este programa Teen STAR en un estudio en Chile34.
Se da esta alternativa, cuando se requiere de urgentes medidas
para disminuir la frecuencia del embarazo y de las enfermedades
de transmisión sexual en adolescentes. Los autores explican
que su método se ubica dentro de los llamados programas
de Cuarta Generación que enfatizan la prevención
de enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH,
combinando un fuerte mensajeabstinencia, con un entrenamiento
en técnicas de comunicación y negociación,
enseñando al mismo tiempo sexualidad y contracepción35.
En el programa Teen STAR que se inició en los Estados
Unidos en 1980, aplicándose actualmente en 35 países,
se agrega un importante papel de los padres.
Se describe también este programa como una superación de las dos
estrategias educativas sobre sexualidad, que se han estado discutiendo
en el mundo y que se presentaron más arriba como la de
solo abstinencia o “abstinencia exclusiva” y la
llamada “integral” (24). Este nuevo programa propone
incorporar tanto los hechos relativos a la fecundidad biológica
como los aspectos emocionales, cognitivos, sociales y espirituales
involucrados en la sexualidad humana. El programa de “abstinencia
exclusiva” puede ser considerado como coercitivo y autoritario
dado que no considera una decisión libre del adolescente.
El programa “integral” también promueve la
abstinencia como la primera y mejor solución o alternativa
para prevenir el contagio del VIH y de otras enfermedades sexuales,
aunque también provee educación y algunas veces
servicios sobre métodos anticonceptivos al adolescente.
El propósito de este último programa es asistir
a los estudiantes para que sean tomadores de decisiones bien
informados y es criticado porque a veces ven las consecuencias
de las conductas sexuales solo mecánicamente, o aisladas
de los valores individuales y sociales.
Es de interés que se realice una comparación de los resultados
de estos dos programas con los resultados del programa Teen
STAR (Sexuality Teaching in the context of Adult Responsibility)36.
Idealmente, debiera realizarse en un estudio experimental controlado.
En las publicaciones antes citadas (24, 34) se presenta un estudio experimental
controlado de un año de duración con jóvenes
chilenos adolescentes entre 12 y 18 años de edad, donde
se evaluó el efecto del programa Teen STAR en las conductas
sexuales y en la tasa de embarazos. Por diseño, se asignó
al azar jóvenes a un grupo control con la educación
sexual habitual y a otro grupo experimental recibiendo el programa
indicado.
Se observó que en los jóvenes con participación en el programa
se presentó 3,4% de inicio de vida sexual en las niñas
vírgenes, comparado con 12,4% de inicio de vida sexual
en las niñas vírgenes que no participaron en el
programa. En varones, con participación en el programa,
se presentó 8,8% de inicio de vida sexual, comparado
con 17,6% de inicio de vida sexual en los que no participaron
en el programa. También se reportó que en las
niñas que participaron en el programa se presentó
una tasa promedio de embarazos por año de 0,87%, comparado
con 4,87% en las niñas que no participaron en el programa.
La fortaleza de estos hallazgos radica en su diseño experimental controlado
y que fueron realizados en nuestro país, alentando proponer
el programa Teen STAR o alguno similar en Chile. La experiencia
inicial del gobierno del Presidente Frei Montalva en esta materia
podría ser también revisada para apoyar una propuesta
para el país. Actualmente la Facultad de Medicina de
la Pontificia Universidad Católica de Chile también
desarrolla diversos cursos para los estudiantes que podrían
enriquecer los aportes. El Departamento de Obstetricia y Ginecología
de la Escuela de Medicina ofrece dos cursos a los estudiantes:
a) Paternidad Responsable (MEB-158), y b) Sexualidad, fertilidad
y procreación (MEB-173). Otra alternativa de apoyo que
podría considerarse es el curso optativo sobre sexualidad
humana de la Escuela de Enfermería, a cargo de la Profesora
Mila Urrutia, que se ofrece cada semestre a los alumnos de todas
las escuelas37; este curso de sexualidad y autocuidado
está orientado a reflexionar sobre la sexualidad humana
desde la edad infantil, luego en el período adolescente
y finalmente la del adulto joven, en el marco de los principios
y valores de esta universidad.
Conclusiones
Se considera que para enfrentar el problema del aborto en adolescentes con el
enfoque de salud pública se deben realizar los siguientes
pasos sucesivos: a) la prevención primaria (referida
a las acciones anteriores al inicio de la enfermedad, como es
en este caso la educación de los jóvenes y sus
padres), b) la prevenció-secundaria (referida a la detección
temprana y el tratamiento oportuno del problema) y c) la prevención
terciaria (referida a los mejores tratamientos y cuidados)38.
En resumen, es crítico fortalecer la educación como inversión
prioritaria de salud pública. La educación para
disminuir la frecuencia del embarazo y de las enfermedades de
transmisión sexual en adolescentes constituye prevención
primaria. Cuando la abstinencia no es posible por alguna razón
humana, el uso de métodos anticonceptivos que no tengan
riesgo de producir aborto corresponde a la prevención
secundaria. Cuando ya se produjo un embarazo o una enfermedad
de transmisión sexual hay que apoyar globalmente a estos
jóvenes, particularmente a la joven madre, teniendo presente
que vivimos en un país que ha reducido drásticamente
su natalidad.
Agradecimientos
Se deja constancia de la ayuda prestada en diferentes aspectos de este artículo
por: Dr. Patricio Ventura-Juncá, Dra. Lilian Ferrer y
Rodolfo Valdés Phillips.
Citas
* Francisco Mardones S., Médico Salubrista, Master of Sciences Salud Pública,
Profesor Asociado, Departamento de Salud Pública, Facultad
de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile,
Profesor Titular, Universidad de Chile; Enrique Oyarzún
E., Médico Obstetra, Profesor Titular, Departamento de
Obstetricia y Ginecología, Facultad de Medicina, Pontificia
Universidad Católica de Chile; Patricio Torres-Lisboa,
Diácono. Médico Psiquiatra, Programa de Estudios
Médicos Humanísticos, Departamento de Psiquiatría
y Pastoral de la Salud, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad
Católica de Chile; Francisco Mardones-Restat, Médico
Salubrista, Licenciado Salud Pública, Profesor Titular
Universidad de Chile, Profesor Titular Universidad de Santiago
de Chile, Investigador Adjunto, Departamento de Salud Pública,
Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica
de Chile.
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