Introducción
La humanidad desde tiempo antiguo posee un conocimiento profundo
respecto al tema del dolor y el sufrimiento, este último
como producto acabado de lo que podríamos llamar el "dolor
total".
Los antiguos romanos normaron la práctica de la tortura
de la siguiente forma, como consta en el De Quaestionibus.
Punto 1. Se comienza por el acusado más sospechoso, y
por aquel del que el juez crea poder sacar más fácilmente
la verdad.
Punto 4. No deben emplearse las torturas en la medida que el
acusador lo pida, sino como lo pida el temperamento de una razón
moderada.
Punto 5. Se comenzará por el acusado más tímido
o de edad más tierna.
Durante la Edad Media (siglo XV), se complementa el inicio de
la tortura con una práctica de "ablandamiento", la que
probablemente formaban parte de un cuerpo legal, esta es básicamente
la siguiente:
El acusado debe ser llevado desnudo a la cámara
de tortura, con las manos atadas a la espalda. Es suficiente que
observe los instrumentos del verdugo y que los ayudantes lo miren,
rechinando los dientes, con ojos terribles (1).
Las citadas recomendaciones, sin duda derivadas de la observación
sistemática del comportamiento de las víctimas de
estos sistemas judiciales, tenían por objetivo la disminución
del esfuerzo necesario por parte de los verdugos y de infligir un
sufrimiento innecesario a los sujetos sometidos a interrogatorio,
aportando una nota de "humanidad" al antiguo arte de causar dolor.
Haciendo abstracción del espíritu final de la legislatura,
notaremos aspectos que apuntaban a características tales
como: baja resistencia a la tortura, carácter débil
(tímido) y juventud entre los atributos que hacían
a alguien ser electo primero para ser sometido al suplicio.
Era práctica frecuente, también, intimidar al sujeto
que iba a ser torturado mostrándole los instrumentos, describiéndole
el suplicio o dejándole escuchar los lamentos de sus pares.
No deja de llamar la atención el hecho que este conocimiento
fuese empleado durante siglos con el fin de infligir dolor más
que el de aliviarlo.
Varios siglos después, el conocimiento de
las características individuales, y aquellas derivadas del
entorno o historia del individuo que inciden en una mayor o menor
percepción del dolor, son empleados en un intento terapéutico
fundando lo que en la actualidad se denomina "El enfoque holístico
en el manejo del dolor" (2). Por otra parte, uno de los principales
campos de desarrollo de la investigación en dolor en nuestros
días se refiere al estudio de la neuroplasticidad (3),
como se denomina el conjunto de mecanismos neurofisiológicos
que permiten una adaptación del sistema nervioso en respuesta
al caudal de estímulos que proviene de los diferentes receptores
sensoriales, incluidos los receptores de dolor o "nociceptores".
En el curso del presente artículo se exponen algunos de
los aspectos que influyen en la percepción del dolor y los
posibles mecanismos fisiológicos que tratan de explicar la
variabilidad individual existente.
Las cuatro dimensiones de la percepción
nociceptiva
La primera dimensión se refiere a la percepción del
estímulo nocivo por parte de las neuronas periféricas
nociceptivas y su posterior transmisión hasta los núcleos
de la base del cerebro, donde después de varias comunicaciones
o sinapsis entre neuronas, la información dolorosa es preparada
para ser consciente y sufrida. El fenómeno "ser preparada"
alcanza su máxima importancia en este punto, donde una serie
de elementos no directamente involucrados en el proceso de conducción
nerviosa entran en juego a modo de un filtro atenuador o amplificador,
en otras ocasiones de la sensación finalmente percibida en
forma consciente. Los conceptos o características que nos
interesan han sido clasificados en tres áreas: conceptual-estimativo,
sociocultural y motivacional-emocional.
Entre los aspectos conceptual-estimativos se encuentran:
la evaluación de amenazas, las pérdidas y, en general,
toda valoración negativa con respecto al proceso doloroso
que se vive, estos como los elementos que se traducen en una amplificación
de la percepción dolorosa. Así podría entenderse
que el dolor asociado a procesos de mal pronóstico, crónicos
o carentes de todo sentido (4), sean menos tolerados que aquellos
que acompañan a procesos limitados, en los cuales se evidencia
una ganancia, por ejemplo una cirugía de extirpación
de cálculos en la vía biliar o urinaria.
En los aspectos socioculturales, se agrupan un conjunto de características
raciales, de edad y sexo, constituyendo una compleja trama donde
se mezclan entre otros: diferencias hormonales, distinta densidad
de población neuronal, un mayor o menor desarrollo de las
vías centrales que modulan la percepción del dolor,
etc. Son estos los factores que combinados determinan que un hombre
joven de origen latino en similares circunstancias, probablemente
perciba el dolor musculoesquelético con mayor intensidad
que una anciana de origen caucásico u oriental. Otros factores
socioculturales que influyen en la percepción del dolor son
la conciencia de la posición social, de la identidad propia
y la expectativa de terceros, como elementos que pueden ser capaces
de generar conductas reductoras del dolor. Por ejemplo, se puede
citar el comportamiento de miembros de fuerzas especiales o los
miembros de cultos religiosos que desarrollan "inmunidad" al dolor.
Finalmente, encontramos agrupados en aspectos motivacionales
y emocionales la "excitación y temor" como elementos que
amplifican la percepción de la señal dolorosa, y "la
excitación y conducta reductora" jugando un papel atenuador
del dolor (5).
En la antigüedad, cuando existía un escaso conocimiento
de la neurofisiología, se pensaba que la mayor o menor capacidad
para resistir el dolor descansaba exclusivamente en "atributos sicológicos"
que hacían que el que los poseía resultase física
y espiritualmente más resistente al dolor o menos proclive
a desarrollar una conducta que lo denotase, además se pensaba
que esta capacidad que caracterizaba un "carácter fuerte"
era el resultado de una actitud estoica que podía ser educada
mediante el ejercicio del rigor. Esto en la práctica confiere
valor a las filosofías que logran paliar el sufrimiento y
el dolor por medio de la educación del sujeto y por cierto
el gran valor terapéutico que significa el ser capaz de conferir
un sentido al dolor y al sufrimiento.
El fenómeno plástico de la percepción
del dolor
El dolor como sensación desencadenada por la percepción
de estímulo nocivo (nocicepción), fue interpretado
hace unos siglos, como el resultado de la transmisión de
un estímulo por un nervio periférico, el que como
un cable o conducto era capaz de llevar la información hasta
el cerebro donde el estímulo era "sentido" e interpretado
como señal dolorosa. Así se desarrollaron conceptos
de secuencia neuronal y vías específicas para la transmisión
del dolor y se pensó que cualquier neurona receptora sometida
a un estimulo máximo o supramáximo era capaz de hacer
percibir una sensación dolorosa.
A fines del siglo XVIII, Sturge (1883) y MacKenzie (1893) sugieren
que el estímulo nociceptivo sería capaz de producir
cambios en la excitabilidad del sistema nervioso central, de modo
tal que estímulos normales serían capaces de evocar
respuestas exageradas.
En el transcurso del siglo XX se identificaron
los distintos tipos de neuronas receptoras del dolor, terminales
libres, nociceptores de umbral variable y terminales polimodales.
Capaces de responder a estímulos de distinta naturaleza (mecánicos,
térmicos, químicos) (6), se describieron vías
de conducción para el dolor cutáneo y músculo
esquelético, diferentes a las que conducen el dolor visceral.
Distintas en el origen del estímulo, en la ubicación
topográfica de vía de conducción en la médula
espinal, en las áreas o núcleos del cerebro donde
se efectúan las distintas sinapsis neuronales de cada una
de las vías en cuestión, en la mayor interconexión
de la vía de dolor visceral con las neuronas del sistema
límbico (área emotiva del cerebro), lo que explica
el mayor componente emocional que acompaña al dolor visceral
que tiende a paralizar a quien lo sufre, en contraposición
a lo que sucede con el dolor somático llamado a desencadenar
una respuesta defensiva o de evitación.
Después de la descripción anatómica
de las vías del dolor se plantearon los primeros esquemas
neurofisiológicos que pretendían explicar los fenómenos
que sugerían la existencia de una capacidad de regular la
percepción del dolor. Siendo el modelo de "compuerta del
dolor" descrita por los autores Wall y Melzack (7) el primero
en incorporar la influencia de los factores cognitivos emocionales
y motivacionales sobre la percepción del dolor. Basándose
en la convergencia de neuronas de distinto tipo (tacto y dolor)
sobre una misma neurona de relevo en la médula espinal (neurona
de segundo orden), y además mediante el concurso de pequeñas
neuronas intercaladas entre las vías táctiles y dolorosas
(neuronas inhibitorias), son en conjunto, capaces de producir un
efecto de compuerta, en el que la sensación táctil
al primar sobre la conducción del dolor abría o cerraba
la posibilidad de transmitir el dolor desde el nociceptor (neurona
de primer orden) a la neurona que conduce la sensación de
dolor a lo largo de la médula espinal (neurona de segundo
orden). Actuando el tacto a modo de un atenuador de la capacidad
de transmitir dolor, como se puede observar cuando se soba un área
dolorida.
La modulación de la sensación de dolor por simple
competencia entre fibras de distinto grosor, no lograba explicar
muchas de las diferencias individuales que se atribuían al
filtro emocional y cognitivo descrito por el enfoque holístico.
Se aclaró en alguna medida el panorama cuando se descubrieron
en la médula espinal las vías que descienden desde
el cerebro que haciendo contacto con el extremo pre-sináptico
del nociceptor (extremo del nociceptor con el que se une a la neurona
de segundo orden), liberan sustancias opioides endógenas
capaces de bloquear la liberación de neurotransmisores desde
el nociceptor hacia una neurona de segundo orden. En castellano
simple, existe un mecanismo por el cual el cerebro, una vez alertado
de la existencia de un dolor, sería capaz de interrumpir
la transmisión del mismo a nivel de una zona de relevo entre
neuronas. Esto puede ocurrir sin que necesariamente el dolor sea
consciente, como sucede por ejemplo durante infartos indoloros del
miocardio. Así se explicaba un gran número de fenómenos
moduladores "aprendidos" después de una experiencia dolorosa,
y al parecer lo observado en sujetos con diferencias raciales (se
pensó por ejemplo que los orientales poseían un mayor
desarrollo del sistema modulado por opioides endógenos, y
por eso soportaban mejor el dolor), dando además explicación
a las diferencias presentes en individuos de un mismo origen y a
las diferencias condicionadas por aspectos vivenciales y cognitivos.
Un aspecto no completamente cubierto o explicado
por alteraciones de la modulación cerebral, se refiere a
la existencia de dolores de origen neuronal presentes mucho tiempo
después de haber cesado el estímulo primario, o carentes
de estímulo periférico. Entre estos, encontramos algunos
dolores neuropáticos de características causálgicas
(quemante), hiperestesias secundarias y otros que están reflejando
la existencia de una alteración funcional en la vía
neuronal, la que puede existir en cualquier punto desde la periferia
hasta la corteza cerebral. El estudio de estas dolencias ha llevado
al descubrimiento de mecanismos moleculares y de actividad génica
presente en las neuronas que conforman la vía de dolor, mecanismos
responsables de cambios del umbral de respuesta de las neuronas
ante los impulsos que están recibiendo desde la periferia,
en el sentido de amplificar o atenuar la sensibilidad al estímulo
aferente y por lo tanto el grado de percepción del dolor
(actividad neuroplástica). Existe en las neuronas del asta
posterior de la médula unos proto-oncogenes que regulan la
actividad de respuesta o conductividad frente a estímulos
dolorosos aferentes al actuar sobre los genes neuronales responsables
de la producción de neuropeptidos involucrados en la transmisión
de los impulsos y sensibilización de los nociceptores. Alteraciones
en el accionar de estos proto-oncogenes se pueden traducir en la
fijación de una memoria dolorosa, haciendo por ejemplo que
neuronas que debiesen discriminar entre estímulos dolorosos
y otros que no lo son (por ejemplo tacto), respondan siempre conduciendo
un código de señales dolorosas (trastornos de la neuroplasticidad)
(8).
Así se nos configura en la actualidad un
esquema parcialmente desvelado por la investigación actual,
en el cual una serie de mecanismos neuronales complejos de autorregulación
y de regulación cerebral, son capaces de atenuar, amplificar
o modificar la cualidad de la información dolorosa captada
en la piel, músculos, huesos o vísceras. Sabemos también
que la menor percepción del dolor (en sentido positivo) de
las mujeres en edad fértil se debe en parte a la acción
de esteroides ováricos responsables de modificar el umbral
de respuesta al dolor (período en que se ven expuestas a
dolores de parto y premenstruales). Los infantes prematuros perciben
más dolor que los adultos debido a una inmadurez de su sistema
inhibitorio descendente, en cambio los ancianos perciben menos el
dolor musculoesquelético (lo que coincide con despoblamiento
neuronal); pero sin embargo son más sensibles al dolor visceral,
esto tiene su lógica: los ancianos dejan de ir a la guerra
y se preparan para sufrir enfermedades de las vísceras (9).
Pero aún no está completamente aclarado el mecanismo
por el cual se genera un dolor "por trastorno de la neuroplasticidad"
o como se logra atenuar la percepción del dolor en forma
voluntaria.
Cómo unir los elementos organicistas y los elementos de
la esfera conceptual que son capaces de influir en la mayor o menor
percepción del dolor. Sería necesario determinar cómo
opera un pensamiento o convicción hasta ser capaz de anular
la actividad alterada de protooncogenes en neuronas del asta posterior
de la médula espinal, corriendo el riesgo de finalmente desarrollar
una visión parcial, limitada por nuestra capacidad de observación
y por la dificultad natural que enfrenta cualquier sistema que pretende
comprenderse a sí mismo, hay que reconocer que la mayoría
de los mecanismos neurofisiológicos han sido estudiados en
animales, lo que supone una desventaja cuando se pretende explicar
con estos el complejo sistema regulador presente en una especie
más evolucionada.
El presente texto no pretende dar un sentido exclusivamente organicista
a los mecanismos que juegan un papel en la regulación de
la percepción del dolor y a su convidado de piedra que es
el sufrimiento, en desmedro de la gracia santificadora derivada
del ejercicio de la Fe (como elemento extracorporal capaz de mitigar
el sufrimiento). Cabe con fines de análisis hacer una diferencia
clara entre lo que significa el dolor físico y el sufrimiento
espiritual como el producto derivado de la experiencia del dolor
físico o de otra naturaleza. El primero está claramente
determinado por propiedades neurofisiológicas del individuo,
sobre las cuales elementos conceptuales por mecanismos aún
no bien aclarados, son capaces de influir en su grado de percepción
consciente. El dolor físico puede ser evitado casi en la
totalidad de su percepción por medidas analgésicas
o anestésicas. En cambio el sufrimiento, fenómeno
misterioso que entre sus características está el no
poder ser evitado, logra ser paliado en parte por la justificación
u otorgándosele un sentido metafísico, es el sufrimiento
o dolor espiritual muchas veces menos tolerado que el dolor físico.
A su vez el sufrimiento es capaz de amplificar la percepción
del dolor físico al anular entre otros los mecanismos neurológicos
analgésicos con los que cuenta el organismo.
En el presente ensayo se intenta presentar en forma muy simplificada
algunos elementos que componen el rompecabezas neurofisiológico
que gobierna la percepción del dolor físico, los que
podrían actuar en concordancia con los elementos conceptuales
descritos en el enfoque holístico del dolor.
1 El Arte de Matar. Daniel Sueiro. Capítulo
1: "Del lado de las víctimas", páginas 51-52. Ediciones
Alfaguara, S.L. Barcelona. 1968.
2 "Psychological Aspects of Pain Patient Treatment".
Respecto al enfoque holístico o integral; del manejo del
dolor postoperatorio. Chapman C.R. Arch. Surg. 1977; 112: 767.
3 "Corticalization of Chronic Pain". Niels Birbaumer,
Hertha Flor, et cols. Pain and the Brain: From Nociception
to Cognition. Pág.: 331-343. Raven Press, Ltd., New York.
1995.
4 Nos referimos al hecho de justificar de alguna forma
la existencia o valor positivo que pudiese atribuirse a la presencia
del dolor y sufrimiento ya sea por representar el "acompañante
necesario" de un proceso beneficioso para el individuo o por
razones salvíficas. En contraposición del dolor y sufrimiento
que se vive sin justificación de ningún tipo o que
es percibido como un castigo no merecido.
5 La excitación como parte de un cuadro de angustia,
temor o pánico se contrapone a la excitación como
acompañante de un cuadro de estrés, situación
en la cual es posible sufrir traumas de importancia sin experimentar
dolor, por ejemplo heridas o amputaciones de una extremidad en el
curso de una batalla.
6 Actualmente se sabe que la especificidad de los distintos
tipos de receptores de dolor permite responder a estímulos
que difieren en su naturaleza dependiendo del órgano donde
se ubican los receptores, por ejemplo, los nociceptores viscerales
responden a distensión y cambios del pH, en la piel se encuentran
nociceptores que requieren ser sensibilizados (activados) mediante
el contacto con mediadores químicos de la respuesta inflamatoria.
Los distintos tipos de nociceptores presentan conductas diferentes
en respuesta a sucesión de estímulos repetidos. Essentials
of Pain Medicine and Regional Anesthesia. Benzon, Raja, Borsook,
Molloy, Strichartz. Churchill Livingstone 1999 (ISBN 0-443-06509-8).
7 Las primeras referencias respecto al gate-control
model se encuentran en: Melzack R, Wall PD: "Pain mechanisms:
A new theory". Science 150: 971-979, 1965. El modelo permitió
incorporar los conceptos que proporcionan el control cognitivo como
mecanismo regulador del sistema de control inhibitorio del dolor,
como se puede encontrar en: "Sensory, motivational and central control
of determinants of pain". En The Skin Senses. Ed Springfield,
1968, pp. 423-443.
8 Los estímulos sobre los receptores de membrana
que se encuentran en las neuronas nociceptivas elevan la concentración
de calcio iónico en el citoplasma de la neurona, este ión
a su vez activa a los protooncogenes los que intervienen en la regulación
de RNA, mensajero que interviene en la síntesis de moléculas
capaces de atenuar (p. ej. encefalinas) o de amplificar (p. ej.
fosfokinasa) la respuesta dolorosa. "Contribution of central neuroplasticity
to pathological pain". Review of Clinical and Experimental Evidence.
Terence J. Coderre, Joel Katz, Anthony Vaccarino, Ronald Melzack.
Textbook of Pain, 52 (1993), 259-285. (ISBN 0-443-04757-X).
9 Sex, Gender, and Pain Progress in pain research and
management, Vol. 17. Roger B, Fillingim. IASP press, 2000 (ISBN
0-931092-35-3).
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