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La Facultad de Medicina ha considerado de gran importancia realizar
esta jornada de revisión sobre una materia que es, sin duda,
un tema de debate y de opinión en todos los escenarios y
por parte de todos los actores relacionados con el quehacer nacional.
Equidad en salud es un propósito medular,
que amplía en esencia un derecho natural de las personas
que garantiza la Constitución. Ello implica asegurar un acceso
equitativo de la población a la atención en salud,
de manera oportuna y humanitaria. En resumen, es un desafío
que involucra tanto valores como políticas sociales, económicas
y otras conductas culturales.
En concreto, hoy nos preocupan como Facultad de
Medicina los desafíos en el ámbito de la Bioética,
sobre todo los relacionados con la asignación de recursos,
la organización de los sistemas de salud y su impacto en
el mercado.
En un escenario de grandes desafíos para
humanizar el mundo de la salud, la desviación del balance
de poder de decisión desde los pacientes y médicos
a los empresarios y administradoras que manejan el financiamiento
de las acciones sanitarias ha provocado grandes cambios en el ejercicio
de la Medicina. Las normas éticas y profesionales, como también
los históricos derechos de los pacientes, han sido desafiados
por las influencias de negocios, usufructo y empresas con fines
de lucro. Si bien hay aspectos de los sistemas de atención
médica que cambian, el médico es y será moral
y legalmente responsable del acto médico y sus resultados.
En el ámbito actual, las normas de atención médica
son influidas por los sistemas de administración, cuyos intereses
no siempre representan el bienestar de los enfermos.
Además del cambio de balance de poder, ha
habido una transformación en los estilos de los sistemas
de atención en salud. Ello representa un viraje desde un
compromiso de entregar un cuidado de alta calidad, a menudo sin
fijarse en costos, hacia un sistema de atención eficiente,
que contempla un análisis de costo-efectividad.
Lo que está sucediendo a la Medicina es,
en parte, consecuencia de las desviaciones que experimentan los
valores y objetivos de la sociedad contemporánea, y son parte
de los cambios sociales: un público más educado, la
propagación de una democracia participativa mediante movimientos
de derechos civiles y un consumismo activo; por último, una
desconfianza de la autoridad y de las instituciones en general.
Todo esto, en los tiempos en que la Medicina se ha hecho más
técnica, más especializada y, a los ojos del público,
más distante.
Como consecuencia de esta desviación del
poder, los componentes primarios de la atención en salud,
médico y paciente, se sienten apartados de la toma de decisiones.
Además, ha ocurrido una acentuada evolución de la
ética social, permitiendo surgir el interés comercial
en las organizaciones de atención en salud. Para algunos,
el cambio de poder de decisión puede crear conflictos éticos
en la medida que el fin organizacional se desvía desde el
bienestar de los enfermos a las ganancias financieras del sistema.
Hoy, la profesión médica está
sufriendo grandes desafíos en todo su espectro de valores
culturales y sus roles tradicionales y responsabilidades. En la
medida que los planes de atención tipo salud administrada
y la competencia aumenta, la disposición de las empresas
para financiar la atención en salud que otorgan los centros
médicos académicos y cubrir los costos de la docencia
irá disminuyendo.
Estamos frente a un cambio radical del modo de
conducir los aspectos profesionales y comerciales de nuestra vida.
Existe el riesgo de que se defina al buen médico como aquel
que ahorra más dinero, y al malo, como el que gasta más,
sin estar relacionado con la real calidad de la atención.
Estos son los temores que rondan en el ámbito médico.
Tal vez seremos testigos de la transformación de la atención
médica desde un sistema de empresa familiar, hacia la corporación
de la Medicina.
En 1932 el Comité americano sobre costos
de la atención médica, al finalizar el estudio sobre
la atención de salud de los EE.UU., expresaba: "La calidad
de la atención médica es un índice de la civilización".
Más de seis décadas han pasado, en que se ha producido
una significativa evolución en el diagnóstico y tratamiento
de las enfermedades y en los sistemas de cuidado de los enfermos.
Hoy "cuidar" no es suficiente; los pacientes esperan y
los médicos tratan esforzadamente de "curar", a
menudo en desmedro del cuidado como se entendía entre los
años 30 y 40 del recién pasado siglo.
Sesenta años atrás los pacientes
esperaban poco y exigían menos. Los pacientes que podían
pagaban a médicos y hospitales, y aquellos que no estaban
en condiciones eran atendidos como casos de caridad. Los médicos
generosamente donaban su tiempo y talento; los hospitales eran poco
costosos y se financiaban fundamentalmente de donaciones; no existía
una tecnología cara. El paternalismo era desmesurado y bien
recibido.
Sin duda, los tiempos han cambiado, se ha alcanzado
una alta eficiencia y eficacia de los medios de diagnóstico
y de terapéutica que ha favorecido la fragmentación
de la Medicina y ha repercutido en su mayor costo.
Por último, en la medida que se han logrado
grandes avances en ciencia y tecnología, tenemos grandes
desafíos y problemas para mantener aquellos valores que son
inseparables de nuestra profesión. Como es el cuidar dignamente
a nuestro prójimo que solicita nuestra atención a
través de sistemas que necesariamente se han generado en
búsqueda de un orden y de procesos de administración
de recursos.
Espero que hoy, durante este Seminario, se logre
un debate amplio y productivo sobre uno de los más relevantes
desafíos para la Bioética, como es la equidad en salud.
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