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Como dije en una oportunidad anterior, citando a Laín Entralgo y convencido por su argumento, todo autor debe justificar la elección del tema que presenta, aunque en este caso haya sido casi lo contrario: fue el tema quien me eligió, ocurrencia que supongo no es infrecuente. Todo partió con la idea de investigar sobre la historia de la anestesia local y del hecho de que el primer anestésico local fuese la cocaína, alcaloide que por cerca de 20 años sería usado con este fin, cediendo luego su sitial a derivados sintéticos menos tóxicos, apenas iniciado el siglo XX. De la cocaína a la coca, hubo solo un paso, y en el curso de esa investigación surgió otra historia, tan fascinante como aquella de la cocaína y la anestesia local. Fue como adentrarse en una tierra ignota donde cada recodo del camino o cada colina escondía tesoros inesperados que impulsaban a seguir avanzando por el solo placer de descubrir esas sorpresas. Tampoco fue un camino lineal sino, por el contrario, uno lleno de desvíos laterales que se apartaban del central y por los que pronto se hacía necesario regresar para no correr el riego de alejarse demasiado, o bien otros que retornaban naturalmente al troncal luego de más o menos vericuetos. La historia de la anestesia local se desenvuelve fundamentalmente en el ámbito de lo médico; aquella de la coca, si bien también con evidentes implicancias médicas, abarca un espectro más amplio, en el tiempo, en los eventos que giran en torno y en los personajes que entran y salen del escenario. Como las dos historias son diferentes, pareció conveniente separarlas para así dedicarle a cada una el enfoque que me parece ameritan. La coca es un arbusto de origen amazónico que crece en los valles y laderas orientales de la cordillera de los Andes, entre los 1.000 y los 2.000 metros de altura. Existen cuatro géneros y alrededor de 200 especies, pero las domesticadas son fundamentalmente dos: la Erythroxylum coca, Lamarck, y la Erythroxylum novogranatense. Llega a los 3 metros de altura y su follaje perenne es espeso, con hojas de un verde brillante y tallos de un color rojizo oscuro; de aquí su nombre: rutroj = rojo; xÚlon = madera. Produce una flor blanca seguida de una baya rojiza de la cual se reproducen nuevas plantas. La predilección por las hojas de la coca es compartida por una mariposa, Eloria noyesi, que solo se alimenta de ellas, alcanzando concentraciones de cocaína que llegan a 0,7 ug/ml, varias veces mayor a las observadas en seres humanos. Por otro lado, la cocaína le permite al arbusto protegerse de otros insectos, muy particularmente de la hormiga del faraón, Monomorium pharaonis, pues es un potente inhibidor de la recaptación de la octopamina, neurotransmisor en algunos insectos, actuando por ende como insecticida; en el ser humano, es un potente inhibidor de la recaptación de dopamina y noradrenalina. El uso indígena tradicional de las hojas produce concentraciones plasmáticas de cocaína de hasta 150 ng/ml que se alcanzan entre los 30 y 120 minutos. Este uso, chacchar o acullicar, ha sido descrito como chupar o masticar las hojas, pero en realidad es más pasivo pues se coloca, entre la mejilla y la arcada dental, un bolo compuesto de hojas de coca y una pasta, llipta o llucta, hecha de cenizas alcalinas (Chenopodium quinoa) o de conchas pulverizadas y calcinadas. La pasta alcalina permite que el alcaloide sea liberado en forma absorbible; Hipólito Unanue habría sido el primero en sugerir que la adición de la llipta entregaba nuevas propiedades a las cuales atribuir las cualidades de la coca. Esta mezcla es, probablemente, uno de los primeros ejemplos de serendipidad en el Nuevo Mundo, aunque esto es parte de otra historia, aquella de la serendipidad en la Medicina. El contenido de alcaloides de la hoja de la coca la cocaína es uno de los 14 alcaloides naturales presentes, es críticamente dependiente de un curado adecuado; Eduard Poeppig (1798-1868), quien viajó por Chile, Perú y Bolivia entre 1827 y 1832, al observar que las hojas guardadas durante mucho tiempo perdían su valor, pensaba que existía un componente volátil que era destruido con la exposición de la hoja al aire. La coca fue cultivada en el Perú y usada en forma similar a la actual desde, por lo menos, 2000 años antes de la llegada de los españoles. Las evidencias incluyen huacos con la reveladora mejilla abultada, momias con chuspas o huallqui (bolsas de hojas de coca) alrededor del cuello o iscupurus (contenedores de cal o ceniza que los españoles denominaron poporos) guardándoles compañía. Su origen se pierde en el tiempo y en las diversas leyendas transmitidas por tradición oral que sitúan a la coca como la planta divina de los incas. Los capítulos que siguen distribuyen cada uno de los cuatro siglos que cubre esta historia. La elección de eventos y personas puede ser criticada como arbitraria aunque, si bien pueden citarse otros, es probable que ninguno de los incluidos pueda o deba excluirse; las menciones y citas pretenden ser ilustrativas y en ningún caso exhaustivas. Siglo XVI. La llegada de los españoles al mundo nuevo. Las primeras crónicas y el primer boom de la coca. Monardes y LécluseLa peste y la sífilis campean en Europa. Sobresalen Paracelso, Ambroise Paré y el gran Vesalio. Diversos historiadores, sacerdotes, soldados y viajeros del siglo XVI se refirieron a la coca, describiendo el arbusto, su cultivo e importancia económica, el hábito indígena y también los efectos observados en los coqueros. Las lecturas son a menudo confusas o contradictorias, en parte porque los autores en su mayoría tenían una postura decidida, a favor o en contra de la coca, prejuicio que muchas veces abarcó todo lo indígena. Algunos verían en ella grandes ventajas, mientras otros llamarían la atención hacia los peligros que podría acarrear su uso. En cualquier caso, desde los inicios se tejieron diversas versiones sobre los efectos de la coca, versiones que seguirían manejándose y aumentándose hasta fines del siglo XIX y que tendrían consecuencias directas en el descubrimiento de la anestesia local. Uno de los primeros fue Pedro de Cieza de León (c.1520-1554) quien llegó al Nuevo Mundo en 1535. En su Crónica del Perú , preparada desde 1541 y publicada en España en 1553, escribiría: En el Perú en todo él se usó y se usa traer Coca en la boca: y desde la mañana hasta que se van a dormir la traen, sin la echar della. Preguntando a algunos Indios porqué causa traen siempre ocupada la boca con aquesta yerva (la cual no comen, ni hazen más que traerla en los dientes), dizen que sienten poco la hambre, y que se hayan en gran vigor y fuerça. Creo yo que algo lo deve de causar: aunque más me parece una costumbre aviciada y conveniente para semejante gente que estos Indios son. Más adelante comenta: Y fue tan preciada esta Coca, o yerva en el Perú el año de mill y quinientos y quarenta y ocho, quarenta y nueve, cinquenta, cinquenta y uno, que no ay para que pensar, que en el mundo aya abido yerva ni rayz, ni cosa criada de árbol que críe y produza (sic) cada año como esta, fuera la especiería, que es cosa diferente, se estimasse tanto: porque valieron los repartimientos en estos años: digo los más del Cuzco, la ciudad de la paz, la villa de Plata a ochenta mill pesos de renta y a sesenta, y a quarenta, y a veynte, y a más, y a menos: todo por esta Coca. Y al que le davan encomienda de Indios luego ponía por principal los cestos de Coca que cogía. En fin teníalo como por posessión de yerva de Trugillo. Esta Coca se llevava a vender a las minas de Potossí: y diéronse tanto al poner árboles della y coger la hoja, que es esta Coca, que no vale ya tanto, ni con muchos mas nunca dexará de ser estimada. Algunos están en España ricos con lo que ovieron del valor desta Coca, mercándola y tornándola a vender: y rescatándola en los tianguez o mercados a los Indios. Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), defensor de una colonización más humana y considerada de los derechos de los indígenas, y conocido como el apóstol de las Indias, comentando sobre el hábito indígena, el coqueo, escribe en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias en 1552: Traen esta yerva en la boca por sanidad y mantenimiento según yo tengo entendido, pero es cosa muy sucia y engendra grande asco verlos, a nosotros digo. Quizás quien mejor entendió la cultura inca, pues fue engendrado y criado dentro de ella, es el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), bautizado en el Cuzco como Gómez Suárez de Figueroa, hijo de Chimpu Ocllo, hija del Inca Huallpa Túpac, y del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega. Era dueño de un extenso cocal en el Beni y en sus Comentarios Reales (1606) y en su Historia General del Perú (1617) escribe extensamente sobre la coca: No será razón dexar en el olvido la yerva que los indios llaman cuca y los españoles coca, que ha sido y es la principal riqueza del Perú para los que la han manejado en tratos y contratos; antes será justo se haga larga mención della, según lo mucho que los indios la estiman, por las muchas y grandes virtudes que della conoscían antes y muchas más que despues acá los españoles han esperimentado en cosas medicinales. Y en este punto, el Inca Garcilaso recurre a lo escrito por el jesuita Blas Valera (1548-1598): El padre Blas Valera, como más curioso y que residió muchos años en el Perú y salió dél más de treinta años después que yo, escrive de las unas y de las otras como quien vió la prueva dellas. Y sigue Valera: De cuánta utilidad y fuerça sea la cuca para los trabajadores, se colige de que los indios que la comen se muestran más fuertes y más dispuestos al trabajo; y muchas vezes, contentos con ella, trabajan todo el día sin comer. La cuca preserva el cuerpo de muchas enfermedades, y nuestros médicos usan della hecha polvos, para atajar y placar la hinchazón de las llagas; para fortalescer los huessos quebrados; para sacar el frío del cuerpo o para impedirle que no entre; para sanar las llagas podridas, llenas de gusanos. Pues si a las enfermedades de afuera haze tantos beneficios, con virtud tan singular, en las entrañas de los que la comen ¿no tendrá más virtud y fuerça? Y sigue: Tiene también otro gran provecho, y es que la mayor parte de la renta del obispo y de los canónigos y de los demás ministros de la Iglesia Catedral del Cozco es de los diezmos de las hojas de la cuca; y muchos españoles han enriquescido y enriquecen con el trato y contrato desta yerva; empero algunos, iñorando todas estas cosas, han dicho y escrito mucho contra este arbolillo, movidos solamente de que en tiempos antiguos, los gentiles, y agora algunos hechizeros y adevinos, ofrescen y ofrescieron la cuca a los ídolos; por lo cual dizen, se devía quitar y prohibir del todo. Ciertamente fuera muy buen consejo si los indios huvieran acostumbrado a ofrescer al demonio solamente esta yerba. Pero si los antiguos gentiles y los modernos idólatras sacrificaron y sacrifican las miesses, las legumbres y frutos que encima y debaxo de la tierra se crían, y ofrescen su brevaje y el agua fría y la lana y los vestidos y el ganado y otras muchas cosas, en suma, todo cuanto tienen, y como todas no se les deven quitar, tampoco aquella. Deben doctrinarles que, aborresciendo las supersticiones, sirvan de veras a un solo Dios y usen cristianamente todas aquellas cosas. Garcilaso describe luego el curado adecuado de las hojas, necesario para cuidar su actividad: Cogida la hoja, la secan al sol; no ha de quedar del todo seca, porque pierde mucho del verdor, que es muy estimado, y se convierte en polvo, por ser tan delicada, ni ha de quedar con mucha humidad, porque en los cestos donde la echan para llevarla de unas partes a otras, se enmohece y se pudre; han de dexarla en un cierto punto, que participe de lo uno y de lo otro. Agrega después, sobre la necesidad de protegerlas de la humedad cubren por de fuera los cestos, por que no se moje la cuca, que la ofende mucho el agua. Consideraciones religiosas, y las dudas sobre las consecuencias del uso de la coca, llevaron a su prohibición. El Rey, en Cédula Real, declaró: A nos se ha hecho relación, que el uso y costumbres que los indios de estas tierras tienen en la granjería de la coca, se siguen inconvenientes, por ser mucha parte para sus idolatrías, ceremonias y hechicerías, y fingen que trayéndola en la boca les da fuerza, lo cual era ilusión del demonio según dicen los experimentados. El virrey Francisco de Toledo llegó a dictar más de 70 ordenanzas sobre la coca, incluyendo un intento de reforma agraria para limitar su plantación. Todo esto cambiaría con el descubrimiento en 1545 de las minas de plata en Potosí y la inmensa riqueza que generaron: entre 1546 y 1601, las minas enteraron más del 50% de la producción mundial de plata. Las condiciones de los mineros eran extremadamente duras, por estar a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, por lo que los españoles decubrieron pronto que proporcionar coca a los mineros de la plata permitía aumentar la producción. Como consecuencia, la coca en Potosí llegó a valer 3 a 4 veces lo que valía en el Cuzco; según el Inca Garcilaso, los mineros llegaron a consumir 100.000 cestas de coca el año 1548. El virrey estableció un sistema de trabajos forzados llamado mitta (en quechua, tiempo) por el cual hasta un séptimo de los habitantes de una región podían ser llamados a trabajos temporales fuera de su comunidad; muchos morían antes de terminar su tiempo y la población indígena fue diezmada. España trató de mantener el monopolio del comercio y de los conocimientos sobre el Nuevo Mundo a través de instituciones como el Consejo de Indias y la Casa de Contratación, y la dictación de leyes y reglamentos que regulaban las naves, los pasajeros y las cargas, las que llegaron a ser profusas y extremas hasta el punto del absurdo. A modo de ejemplo, la Ley Primera, del libro IX, Título XXVI, que trata De los pasajeros y licencia para ir a las Indias, y bolver a estos Reynos se inicia con este párrafo: Declaramos, y mandamos, que no puedan pasar á las Indias, ni á sus Islas adjacentes, ningunos naturales, ni estrangeros, de cualquier estado, y condicion que sean, sin expresa licencia nuestra, si no fuere en los casos que la pueden dar el Presidente y Juezes de la Casa de Contratació (sic): y si algunos de los susodichos pasaren sin esta calidad, por el mismo hecho hayan perdido, y pierdan los bienes que allá adquirieren para nuestra Camara, y Fisco, menos la quinta parte, que aplicamos al Denunciador. Al ser rentable a ambos lados del Atlántico, como siempre ha sucedido, el contrabando floreció. Sin embargo, el de hojas de coca no fue del todo exitoso pues, como hemos visto, sin un curado y protección adecuados, el contenido de alcaloides llegaba a ser generalmente muy bajo o inexistente luego de los largos viajes. Esto tendría dos consecuencias que se manifestarían por más de 300 años: por un lado, el desprestigio de aquellos informes sobre las propiedades de la coca al no ser reproducibles los efectos; por ejemplo, un editorial del Lancet de 1876, comentando un trabajo de Dowdeswell quien fracasó al intentar reproducir los reputados efectos de la coca, resumía así el hecho cualesquiera que pueda ser la virtud de la hoja de la coca en Sudamérica, parece haber perdido mucho de su virtud maravillosa cuando usada en este país. La otra consecuencia sería la demora en el aislamiento del principio activo. Si se revisan las fechas del descubrimiento de otros alcaloides naturales, entre ellos otros provenientes de plantas del Nuevo Mundo, quizás haya algo de razón en esa aseveración: nicotina, aislada en 1828 por Posselt y Reiman, estudiantes de Heidelberg, honrando con el nombre a Jean Nicot, embajador francés en Portugal quien le envió plantas de tabaco a la reina de Francia, Catalina de Medicis; colchicina y quinina por Pelletier y Caventou en 1820; atropina por Mein en 1831. La cocaína sería aislada recién en 1860.
Siglo XVII. La poesía y la nueva Holanda en PernamburgoEl siglo XVII fue el de William Harvey y su amigo Willis, Malpighi y Sydenham. Al Gran Incendio de Londres en 1666 siguió su reconstrucción, donde se destacaría Sir Christopher Wren quien, además de gran arquitecto, habría sido el primero en realizar una inyección intravenosa. Casi 100 años después de Monardes, aparece recién la primera mención independiente de la coca en la literatura inglesa, en un poema que escribió Abraham Cowley (1616-1667). Este estudió medicina en Oxford y, junto con su amigo Cristopher Wren, colaboró en la fundación de la British Royal Society. En su Plantarum Libri Duo, una colección de poemas sobre plantas que se publicó en 1662, aparece Una leyenda de la coca, algunos de cuyos versos parece interesante citar: Our Varicocha (1) first this Coca sent/Endowd with leaves of wondrous Nourishment, /Whose Juice succd in, and to the Stomach takn/Long Hunger and long Labour can sustain; /From which our faint and weary Bodies find/More succor, more they cheer the drooping Mind. El último párrafo se inicia con Nor coca only useful art at home/a famous Merchandize thou art become... El Dr. Samuel Johnson, intelectual y hombre de letras británico que brillaría en la segunda mitad del siglo XVIII, diría En la mente de Cowley, la botánica se torna poesía. Holanda fue el mayor conducto para que las historias de la coca, y probablemente los primeros especímenes, llegasen al resto de Europa. Una de los episodios que sirvió para ello fue la conquista de Pernambuco por los holandeses en 1630 y el establecimiento de la Nueva Holanda en lo que hoy es Recife, dominio que solo ejercería por 16 años. El gobernador entre 1637 y 1644, el conde Johan Maurits de Nassau-Siegen, además de hábil estratega militar, fue admirador del Brasil e introdujo grandes mejoras a la colonia, construyendo caminos y puentes. En la isla aledaña de Antonio Vaz, fundó una nueva ciudad llamada Mauritstad, donde se construiría el primer observatorio astronómico y estación metereológica de las Américas en un lugar llamado apropiadamente Boa Vista, sitio que también incluyó un jardín botánico y un zoológico. Envió especímenes de plantas y animales para que fuesen estudiados en Europa y comisionó a artistas y científicos para que trabajasen en terreno. La principal beneficiaria sería la Universidad de Leiden y su Jardín Botánico. Siglo XVIII. Boerhaave. Cassini, Newton, la condamine, de Jussieu, Linneo y LamarckDurante este siglo destacan John Hunter, Morgagni y Bichat. Daviel inventa la cirugía de las cataratas en 1730. En 1774 se funda el Allgemeines Krankenhaus de Viena. Herman Boerhaave (1668-1738) fue nombrado director del Jardín Botánico de Leiden en 1709, exactamente 100 años después de la muerte de su fundador y primer director, LÉcluse. Al igual que muchos otros médicos famosos de los siglos XVI y XVII, Boerhaave era además un gran botánico. Se graduó en Filosofía en Leiden y en Medicina en Harderwijk; llegó a ser rector de la Universidad de Leiden. Ha sido considerado el padre de la química orgánica y fue probablemente el médico más famoso de la época, con una reputación que se extendió por toda Europa y hasta la China. Es recordado como gran químico, su obra Elementa chimiae de 1732 fue la mejor de su género durante el siglo XVIII, y como maestro, por insistir la enseñanza al lado de la cama del paciente. En palabras del Dr. Samuel Johnson, escritas con ocasión de su muerte Boerhaave no perdió ninguna de sus horas, pues cuando había ganado una ciencia, intentaba otra; sumó la física a la teología, la química a las matemáticas y anatomía a la botánica. Examinó sistemas con experimentos y transformó experimentos en sistemas. Sus escritos demuestran sus conocimientos de la coca y la cinchona aun cuando el origen de ellos examen de especímenes reales, traducciones de Monardes y Acosta o bien correspondencia con otros contemporáneos es difícil de determinar. Mencionó a la coca en su publicación de 1708, Institutiones Medicae, donde describe el principio amargo de los jugos de la coca que entrega fuerza vital y nutrición verdadera. No volvería a mencionarla en ediciones posteriores de esta misma obra ni tampoco en otros escritos, probablemente porque no existía un abastecimiento regular ni suficiente, situación que continuaría por otros 150 años. Revela además, probablemente, que la coca no era cultivada en Leiden.
Siglo XIX, Primera mitad. Los ingleses y Von TschudiDescubrimiento de la anestesia general y el desarrollo de la Escuela de Medicina de Viena, quizás la más importante de su época. Sobresalen John Snow, Laennec, Magendie, Johannes Müller, Virchow y Semmelweis. Probablemente los primeros en apreciar el valor comercial de las plantas de los nuevos territorios, y la necesidad de cultivarlas, fueron los ingleses. Uno de los pioneros fue Sir Joseph Banks (1743-1820), botánico, quien acompañó al capitán Cook en su primer viaje de 1768 a Sudamérica, la Polinesia y Australia. Regresó con una colección de especímenes de 110 nuevos géneros y 1300 nuevas especies. Presidió la Royal Society por 42 años. Convenció a Jorge III (1760-1820) que muchas plantas descubiertas en el Nuevo Mundo tenían valor comercial y que era indispensable desarrollar un jardín botánico. Así nacieron los Kew Gardens que hoy alojan plantas de todo el mundo, entre ellas araucarias y una palma chilena. Las muertes de Banks y del rey en 1820 detuvieron el desarrollo de los jardínes hasta que, en 1841, fue nombrado director Sir William Jackson Hooker (1785-1865), también miembro de una familia famosa: su hijo le sucedería con singular éxito en la dirección de los jardínes. Hooker, quien contó con nuevos fondos, ordenó la construcción de un herbario gigante y la realización de un completo catastro de las plantas a lo largo y ancho del vasto imperio. Dos de los botánicos asociados a Hooker, Richard Spruce (1817-1893) y Clement Markham (1830-1916), consiguieron contrabandear plantas de cinchona y establecer plantaciones en la India, lo que permitió que el precio de la quinina en los mercados mundiales bajase importantemente. En viajes posteriores lograron llevar también plantas de coca. El primer dibujo de la coca que apareció en la prensa inglesa, idéntico al de Lamarck, fue el de Hooker, publicado en 1835. Este dibujo corresponde a un espécimen recogido por James Matthews en Chincheros a mitad de camino antre Lima y Cuzco. En 1869 llegarían semillas recolectadas al sur del Cuzco, en el valle de Huánuco; estas serían las plantas que se cultivarían en Kew durante cuarenta años. En el otro extremo del mundo algunas plantas, probablemente llevadas por holandeses, llegarían a la isla de Java donde serían exitosamente cultivadas. Su contenido de cocaína es mayor que los de la variedad de Kew y esta diferencia influyó en la expansión del tráfico ilegal de cocaína efectuado por los japoneses en la primera mitad del siglo XX, con plantaciones que se extendieron a Iwo Jima, Okinawa y la entonces Formosa. El contenido de alcaloides de las hojas sudamericanas va de 0,5 a 1,5% y del total, la cocaína representa un 75%; el contenido de las hojas de Java es mayor, 1 a 2,5% pero solo el 50% es cocaína. El suizo Johann Jakob von Tschudi (1818-1889), hombre de ciencias con contribuciones en las más diversas disciplinas, viajó extensamente por América, de México a Punta Arenas. Su viaje por Perú y Chile fue descrito en 1846 en su Perú, bosquejos de un viaje entre 1838 y 1842. En él describe la coca y sus efectos en los indígenas, menciona que podía prevenir el mal de alturas, y en él mismo: Podía escalar durante todo el día y aún seguir a ágiles animales salvajes. Si bien concluye: No solo es inocua sino muy conducente a la salud, también se dio cuenta de que su uso inveterado podía traer efectos indeseados en los indígenas como el paso vacilante, piel macilenta, ojos apagados y hundidos, labios temblorosos y apatía general. En un viaje posterior, en 1857, visitó a Enrique Pizzi, profesor de Química y Farmacología en la Universidad de La Paz y le convenció de que intentase aislar el principio activo; Pizzi le entregó un tiempo después una muestra de un polvo blanco. Al volver a Göttingen, von Tschudi fue a visitar a su amigo Friedrich Wöhler (1800-1882) y le entregó la muestra. Wöhler era ya famoso por su descubrimiento de la síntesis de la urea en 1828, otro ejemplo de serendipidad, al intentar preparar cianato de amonio a partir del cianuro de plata; además, descubrió el isomerismo al darse cuenta que el cianato de amonio (CO(NH2)2) y la urea (NH4CNO) tenían la misma fórmula, pero muy distintas propiedades químicas. Wöhler entregó la muestra a Albert Niemann, su estudiante de postgrado, para que la analizara, pero este solo encontró yeso. Casi treinta años después, en 1886, Clemente Torretti, el sucesor de Pizzi, habría reanalizado la muestra encontrando que sí contenía cocaína; para entonces Niemann ya había publicado su tesis describiendo el proceso para aislar la cocaína. En 1855 Gädecke aisló de las hojas de coca cristales rojizos a los cuales llamó eritroxilina. Aparentemente, sin conocer este descubrimiento y en lo que parece ser una coincidencia química y lingüística, Percy describió dos años después, en un trabajo leído en la New York Academy of Medicine, los mismos cristales de una substancia a la que llamó también eritroxilina. Siglo XIX, Segunda mitad. La S.M.S. (2) Novara: aislamiento de la cocaína y el segundo boom de la cocaAsepsia y antisepsia. Claude Bernard, Líster, Pasteur, Koch y Mendel. La Escuela de Medicina de Viena alcanza su apogeo con Brücke y Billroth, entre otros. Pocos meses después de la visita de Tschudi a Wöhler, el archiduque Ferdinando Maximiliano, hermano del emperador Francisco José, decidió enviar a la fragata austríaca Novara en un viaje científico alrededor del mundo. A bordo iba el dibujante Joseph Selleny y Carl von Scherzer (1821-1902) a quien Wöhler había pedido que le recolectase una cantidad suficiente de hojas de coca. La Novara zarpó de Trieste el 30 de abril de 1857, viajando primero hacia el oeste hasta recalar en Río de Janeiro y luego hacia el oriente hasta alcanzar Valparaíso el 24 abril de1859, donde Selleny haría hermosos dibujos del puerto y del interior. El inicio de la guerra austro-italiana aceleró el regreso de la Novara a Trieste, por lo que von Scherzer debió desembarcar y seguir hacia el norte por vía terrestre. En Perú recogió unos veinte kilos de hojas de coca, metiendo la mitad en su equipaje y haciendo arreglos con un comerciante austríaco de Lima para que enviase el resto a Europa. Luego continuó su viaje por tierra hasta Panamá donde se embarcó de regreso. Incidentalmente, la Novara sería la nave que llevaría al archiduque Ferdinando Maximiliano a ser coronado emperador de México en 1864 y la que regresaría, 3 años después, a buscar su cadáver embalsamado tras su fusilamiento en el Cerro de Las Campanas en Querétaro. En septiembre de 1859, 28 meses después del zarpe inicial de la Novara, von Scherzer le entregó las hojas a Wöhler quien nuevamente se las pasó a Niemann. El análisis constituyó su tesis doctoral que presentó en 1860 y en la que comunicó el aislamiento de la cocaína. Esta es la bencilmetilecgonina, una base amino alcohol muy similar a la tropina, el amino alcohol en la atropina; es un éster del ácido benzoico, estructura que sería la base para la síntesis de otros anestésicos locales. Niemann moriría al año siguiente y luego de su muerte, Willhelm Lossen, otro pupilo de Wöhler, continuaría con el estudio de las substancias contenidas en la hoja de coca; fue Lossen quien denominó ecgonina (de ekgonos = hijo o descendiente) a la base del ácido benzoico. En 1875, Richard Willstätter, también en Göttingen, descubrió la fórmula molecular y finalmente logró sintetizarla. Merck, en Darmstadt, empezó a producir cocaína refinada a partir de 1862 y sería por años el principal productor; su principal competencia en los Estados Unidos de Norteamérica sería Parke, Davis & Co.
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