Resumen
Este artículo presenta la vida y obra de un matemático
chileno del siglo XIX cuya obra fue reconocida por los más importantes
centros científicos de su época, y paradojalmente, permaneció
olvidada en Chile por casi 150 años. Picarte puede ser considerado
el primer científico completamente educado y entrenado en Chile
que publicó desde Chile a nivel internacional.
Introducción
Las matemáticas en Chile en el siglo XIX son poco
conocidas. Las reseñas históricas se han limitado a su enseñanza
y a sus aplicaciones y poco o nada se ha escrito acerca de su cultivo
como ciencia en sí. Surge aquí una pregunta natural: ¿Hubo
creación matemática en Chile en el siglo XIX, o solo hubo
transferencia de matemática instrumental desde Europa para encarar
los problemas contingentes del país? Pensamos que hubo las 2 cosas:
matemática aplicada y también aporte al conocimiento matemático.
La matemática como ciencia "útil" respondía
a la hipótesis programática del Estado para el progreso
del país, así como a las aspiraciones de las capas ilustradas
de la sociedad que confiaban en la enseñanza de la ciencia entiéndase
ciencias aplicadas e industriales como único medio de engrandecer
a la nación. Los primeros gobiernos de Chile desarrollaron su programa
científico-cultural a través de 2 canales principales: el
Instituto Nacional y la Universidad de Chile. La Universidad (se
funda) como expresión del afán racionalizador del Estado
nacional moderno que busca ordenar la sociedad de acuerdo con patrones
de la razón y de la ciencia(1).
Esta hipótesis, a nuestro juicio, es válida también
para el Instituto Nacional, formador de los primeros profesionales y de
los primeros conductores de la joven república.
En el ámbito de las matemáticas, la enseñanza
tenía como objetivo principal la formación de agrimensores
e ingenieros, tema que desarrollamos en el primer capítulo del
presente trabajo (2).
La transferencia de la ciencia a través de las profesiones fue
exitosa. Hacia 1850, Chile contaba con un cuerpo de ingenieros bien organizado
y un movimiento matemático semejante al "movimiento literario del
42".
Entre los jóvenes amantes de las matemáticas
estaba Ramón Picarte, autor del primer trabajo científico
de envergadura hecho en casa por un chileno nacido y formado en el país,
y es, a nuestro parecer, quien alcanzó mayor altura científica
entre los hombres de ciencias exactas que produjo Chile en el siglo XIX.
En el ámbito internacional, su obra científica fue aplaudida
por el más importante centro de matemáticas de su época,
la Academia Francesa, y permaneció vigente por más de un
siglo en los círculos mundiales (3). Aunque hoy
parezca extraño, aquella obra matemática de Picarte no fue
comprendida ni reconocida en un comienzo por la intelectualidad científica
chilena, fuertemente orientada por la "racionalidad" de la Ilustración
Francesa. Es así como Picarte hubo de viajar a Francia en busca
de validación para su trabajo, en una odisea que comenzó
en Chile y concluyó en las gradas de la Academia Francesa, lo que
se relata en los capítulos segundo y tercero. El triunfo en la
metrópoli tuvo fuertes ecos en Chile, y Picarte vuelve a su país
envuelto en gloria y reconocimiento.
Una vez de regreso, y sorprendiendo a muchos, Picarte
orienta su talento a la creación de modelos matemáticos
de estructuras sociales que permitiera resolver el problema de la
felicidad pública y asegurar al hombre pobre pero trabajador,
con economías a su alcance, un porvenir a su familia. Este
giro de Picarte tuvo, como su primer trabajo, una silenciosa e indiferente
acogida por parte de la ilustración criolla; pero, a diferencia
de aquel, tampoco fue celebrado por ninguna academia ni sociedad extranjera.
Exponemos estas actividades sociales en el capítulo cuarto.
Para finalizar nuestro estudio, insertamos una breve
exposición de su "invención" matemática, el informe
de la Academia Francesa sobre su obra de juventud, una cronología
de su vida y una bibliografía de su obra.
La obra de Picarte ha permanecido en Chile oculta en
los anaqueles de una biblioteca. Su olvido y desconocimiento alcanzan
en Chile tanta altura como sus logros (4). Fueron algunas
felices indicaciones las que nos motivaron a estudiarla: una referencia
sobre un matemático chileno que pretendió fundar un
falansterio; la mención en el catálogo internacional
más autorizado de tablas matemáticas de la mejor tabla
de inversos conocida, la de Picarte, y finalmente el artículo
publicado en 1859 en los Anales de la Universidad de Chile, con el sugerente
título: MATEMÁTICAS.- Merecidos aplausos que el joven
chileno don Ramón Picarte acaba de recibir en las prensas europea
y americana, y especialmente de sus compatriotas, por los progresos y
descubrimientos que ha hecho en este importante ramo del saber humano
(5).
Esperamos que estas notas sobre su vida y obra contribuyan
al mejor conocimiento de la ciencia chilena y sus cultivadores, y motiven
futuras investigaciones sobre su persona y los científicos chilenos.
Las presentamos como modesta reparación al injusto silencio a que
Picarte ha sido relegado por tantos años.
1. Estudiar matemáticas en los comienzos
de la República
La inseguridad de alcanzar por medio de las letras y de las ciencias
los recursos más indispensables es lo que influye en un gran
número (de alumnos) para no emplear 12 ó 14 años
en penosas tareas que pueden ser muy mal recompensadas, o no serlo absolutamente.
(...)
(En particular) los cursos de ciencias físicas y matemáticas
cuentan con un escasísimo número de alumnos. Me parece
que si los jóvenes que siguieran esos cursos tuvieran alguna
esperanza de obtener después de concluidos, una ocupación
decente, tendrían para incorporarse en esas clases el aliciente
que ahora les falta.
(M.L. Amunátegui, Secretario General de la Universidad, haciendo
un análisis retrospectivo, 1882.)
Los años que siguieron a la expulsión de los conquistadores
y colonizadores españoles en Chile fueron turbulentos. Un buen
ejemplo lo representa la vida del coronel Ramón Picarte, padre
del futuro matemático. Desde un comienzo combatió junto
a José Miguel Carrera en las luchas por la Independencia; siendo
sargento, fue pieza clave en 1811 cuando aquel se tomó el cuartel
de artillería; tuvo brillante actuación en el intento
de reconquista de Talca el año 1814, donde cayó prisionero;
liberado, emigró a Mendoza después del desastre de Rancagua,
desde donde fue enviado a organizar el movimiento guerrillero en Chile;
nuevamente detenido, se fugó y volvió finalmente a Chile
con el Ejército Libertador, tomando parte en las batallas de
Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. La República no le trajo
tranquilidad: intervino en la sofocación del motín de
la guarnición de Valdivia; fue intendente de esa ciudad; participó
desde el bando liberal en otros tantos motines durante las luchas por
el poder en esos años, hasta ser dado de baja del ejército
en 1830 por el ministro Portales (quien, se dice, le guardaba una secreta
admiración). Estaba entonces al mando de la guarnición
de Valparaíso. Después de esta agitada vida de contratiempos
y peligros, murió en 1835, pobre y olvidado, dejando a su familia
como única herencia su valentía y tozudez para luchar
por sus ideas.
El coronel Picarte se había casado en 1823 con doña Carmen
Mujica, hija de una conocida familia santiaguina, con quien tuvo varios
hijos, de los cuáles solo nos han llegado noticias de Ramón
y sus hermanas Albina y María Georgiana (6).
Ramón, que es el que nos interesa aquí, nació
el 9 de Junio de 1830 (7), cuando su padre caía
en desgracia política. Sus años de niñez y adolescencia
fueron difíciles. Más tarde siempre viviría preocupado
por el bienestar de su madre y hermanas.
De los estudios primarios del joven Picarte no nos ha llegado información,
pero, de haber sido así, tampoco tendría gran novedad.
En la escuela de aquella época, regida por el decreto educacional
de 1832, se aprendía lectura, escritura, doctrina cristiana,
las 4 operaciones de la aritmética, algunas nociones de moral
y de urbanidad adecuadas (8).
Ya adolescente, en 1840, entró a estudiar humanidades al Instituto
Nacional, donde tuvo como compañeros de curso a un grupo de jóvenes
que más tarde fueron estrellas de primera magnitud en el firmamento
de la vida nacional. Pertenecían a este curso de 1843, que denominaremos
el curso de los notables, el novelista Alberto Blest Gana
y sus hermanos Guillermo y Joaquín; Miguel Luis Amunátegui
y su hermano Víctor, ambos historiadores de renombre; Diego Barros
Arana, uno de los padres de la historiografía chilena; Eusebio
Lillo, poeta y autor de la letra del himno nacional y Pedro León
Gallo, destacado político, entre otros (9). Anotemos
que el único título a que conducían estos estudios
era al de Abogado. De hecho, posteriormente, este fue el curso de Derecho
del Instituto.
Pronto, sin embargo, Picarte se dedicaría a lo que llenará
el resto de sus días: la ciencia de los números. Uno de
sus amigos cercanos nos cuenta algo de su vida estudiantil, relato al
que volveremos periódicamente: (10)
El joven Picarte cursó los ramos legales del Instituto
Nacional; y después de haber estudiado el Derecho Romano, los
abandonó por las matemáticas, ciencia a la que se dedicó
con ardor, porque cuadraba mejor a su espíritu analítico
y observador, y le presentaba la perspectiva de un porvenir venturoso
más cercano.
Por aquellos años las matemáticas conducían solo
al título de Agrimensor General de la República. Aunque
la pobreza de su familia era acuciante y los estudios de agrimensor
eran más cortos que los de Derecho, veremos que los reales motivos
que tuvo Picarte para dedicarse a las matemáticas eran sencillamente
vocacionales.
¿Cómo podía alguien interesarse por el estudio de
las matemáticas en esos años? ¿Dónde, cómo
y con quién estudiarlas? Para buscar respuesta a estas interrogantes
es necesario revisar el ambiente cultural y el estado de nuestra ciencia
en Chile en esa época.
Ya desde los primeros años de la República, el proyecto
de desarrollo nacional exigía contar con hombres científicos
en mineralogía, maquinaria, química, economía política,
matemáticas, historia, geografía y demás ciencias
útiles(11)para lo cual se resolvió
traer desde el extranjero personalidades que enseñaran aquellas
materias y las aplicaran a la resolución de los grandes problemas
nacionales, tales como estudio de minerales; trazado de caminos; construcción
de edificios, puentes, canales de regadío; mensura de terrenos;
catastros de la fauna y de la flora; problemas de partida doble;
elaboración de cartas y mapas del territorio; censos de población,
etc. Así, entre las primeras personalidades contratadas por el
gobierno para tales efectos, figuran Andrés Gorbea y Santiago
Ballarna en Matemáticas; Guillermo Blest y Lorenzo Sazié
en Medicina; Claudio Gay e Ignacio Domeyko en Ciencias Naturales; Andrés
Bello y Domingo F. Sarmiento en Letras y Humanidades. Estos sabios,
que ejercieron la docencia en el Instituto Nacional, pronto abrieron
nuevos horizontes en la instrucción pública, elevando
los niveles de enseñanza y preparando a la juventud para las
diversas actividades nacionales. Tal programa, basado en la ciencia
y en la enseñanza, fue la idea maestra que guió
el progreso del país en los primeros años de vida independiente.
El curso de los notables es solo una consecuencia de aquella
política. También lo es el conocido movimiento literario
del 42, eclosión preparada y debida a las lecciones de
Bello que llegó a Chile en 1829. Hubo, asimismo, por ese entonces,
una interesante producción científica; sólo en
matemáticas podríamos citar, en torno del año 1850,
no menos de 30 publicaciones de buen nivel, relativas unas a la enseñanza
de esta ciencia, otras a sus aplicaciones, sin faltar aquellas referentes
a las matemáticas puras (12).
Se puede apreciar en ciencias un "movimiento" análogo
al del 42 en literatura. El alma mater de aquel movimiento científico-cultural
fue el Instituto Nacional, fundado en 1813, que lentamente fue entregando
la enseñanza superior a la Universidad de Chile, instalada en
1843, pero cuyo real funcionamiento empezó unos diez años
después.
La enseñanza de las matemáticas y sus aplicaciones fue
uno de los objetivos que se trazaron desde el principio los patriotas
encargados de organizar el sistema educacional. El curso de matemáticas
comprendía (Decreto de 1831): Aritmética, Álgebra,
Geometría especulativa, Trigonometría rectilínea,
Goemetría práctica, Geometría Descriptiva, Topografía
y Dibujo; y haber sido examinado y aprobado de ellos en el Instituto
Nacional. A estos requisitos para ser agrimensor se agregó,
a partir de 1842, haber cursado y rendido examen competente de
Trigonometría esférica(13). La
carrera de Agrimensor no era ninguna carrera despreciable y Picarte
está acompañado por varios agrimensores que llegaron a
ser ilustres personalidades de esos años (14).
La enumeración de esta materias deja en claro que el estudio
de las matemáticas no estaba dirigido al fomento de esta ciencia.
Felizmente para su cultivo la enseñanza de las matemáticas
se había depositado en manos de un hombre de profundos conocimientos,
cuyo amor a las ciencias le hacía no omitir sacrificio alguno
para su fomento en Chile(15). Este hombre era
don Andrés Antonio Gorbea, para quien las matemáticas
puras eran parte esencial de la educación del Liceo, pues
enseñan a pensar y pueden considerarse como lógica
verdadera. Gorbea no detuvo su enseñanza en los límites
del decreto de los aspirantes a agrimensores. De hecho, sus lecciones
comprendían además geometría analítica,
cálculo de probabilidades, álgebra superior, series, cálculo
diferencial y cálculo integral (16) Sin embargo,
para el título de agrimensor continuaba exigiéndose solo
lo establecido en el decreto del año 1831, de modo que los alumnos
de matemáticas superiores eran escasos. El rector del Instituto
Nacional en 1838, M. Montt, informaba que 72 alumnos cuenta la
primera clase y sólo tres la última, porque la mayor parte
abandona el estudio después de concluir los primeros ramos (exigidos
para ser agrimensor)(17). Como vemos, la historia
no es nueva. Más adelante, entre estos quijotes encontraremos
a Picarte. A pesar de la pobreza de su familia, estudia afanosamente
matemáticas. Su amigo continúa:
En esta ciencia llegó a descollar Picarte entre sus
camaradas. Estudiarla era su ocupación del día y de
la noche, pues se proponía escribir algún día
un Curso científico más adaptado a la enseñanza
que el de Francoeur. No contento con el texto que estudiaba, se
procuraba con sacrificios y leía otras obras de matemáticas
de los sabios modernos más célebres de Europa.
Su maestro, A. Gorbea (Vizcaya 1792, Santiago 1852), que llegó
al Instituto Nacional en 1826, impartió sus clases siguiendo
desde un comienzo el Curso Completo de Matemáticas Puras,
de M. Francoeur, profesor de la Facultad de Ciencias de París.
Para ello, Gorbea mismo hizo una excelente traducción en 2 tomos
de 530 y 325 páginas cada uno, publicados en Chile en 1833 y
1845 respectivamente, lo que significó para el gobierno un gran
esfuerzo editorial que incluyó la importación de tipos
especiales para los símbolos matemáticos.
Además del texto de Franceour, existían en Chile el Curso
Completo de Ciencias Matemáticas (6 tomos) de J. Jariez,
para uso de la Escuela de Artes y Oficios, y otras obras que servían
de textos en la Escuela Militar; pero ninguno de ellos alcanzaba el
nivel y la extensión de aquel. El Francoeur, además de
Francia y Chile, se usaba también en Rusia como texto de enseñanza.
Comprendía desde las partes más elementales, la
Aritmética y la Geometría, hasta el Cálculo Integral
más compuesto dice su autor en el Prefacio. (18)
Las pretensiones del joven Picarte de escribir un Curso Científico
más adapatado a la enseñanza que el de Francoeur
no eran, pues, menores; pero esto nos indica que su entusiasmo juvenil
y su amor por las matemáticas iban mucho más allá
de las lecciones de Gorbea, cuyo saber y grandes dotes de maestro habrían
hecho honor a cualquier universidad europea(19)
2. La obsesión de las tablas
A fuerza de vigilias y contracción a esta ciencia, vino
a inventar una Tabla de división que reducía esta operación
larga y penosa a una simple suma. (...) Arrebatado de entusiasmo con
este hallazgo, comunicólo a las personas competentes y a sus
amigos, creyendo que sentirían igual satisfacción. (...)
En todas partes no hallaba Picarte más que desdén, indiferencia,
y cuando más, compasión en algunos. De tantas diligencias,
sólo consiguió al fin que todos le tuviesen por loco,
y como a tal le hablaban cada vez que Picarte tocaba la idea que le
traía tan preocupado.
(Anales de la U. Chile, Tomo XV, 1859)
A mediados de los años 50 del siglo XIX, nos imaginamos al joven
agrimensor Ramón Picarte, con una gran carpeta, golpeando a la
puerta del despacho del Ministro Varas, para solicitarle ayuda financiera
que le permitiera publicar su "invención" matemática:
una tabla de división para cálculo numérico superior
a las que usaba Amado Pissis en el levantamiento cartográfico
del país y mejor que las que tenía Carlos Moesta en el
observatorio astronómico del Cerro Santa Lucía. El Ministro,
que además de abogado era también agrimensor, comprendió
todo de un golpe y con su reconocida sagacidad y sentido común
de estadista, intentó disuadirlo con palabras que no nos han
llegado, pero no difíciles de imaginar. ¿Supuso, tal vez,
que aquella empresa era superior a la fuerza y a la capacidad de un
joven formado en Chile? ¿No sería más provechoso
para el país que su ingenio y entusiasmo juvenil los dedicara
a la agrimensura? ¿O le dijo derechamente que no había dinero
para una publicación que no encontraría interesados?
Por aquellos años Picarte era profesor de matemáticas
en la Escuela Militar, donde enseñó hasta fines de 1856.
Las clases eran diarias, de 7 y media a 9 según la estación,
y había ejercicios en la tarde también. Todo indica que
este joven de 26 años era un buen maestro. Domeyko, examinador
de la Escuela Militar en ese ramo, informaba el 5 de enero de 1856:
He tomado parte el 13 de diciembre en el examen de álgebra
de la Academia Militar y en general (quedé) muy satisfecho de
la contestación de los alumnos, tanto por el método que
se observa en la enseñanza del ramo como por las aplicación
que muestran los alumnos. El año siguiente repetía
los elogios al profesor: (Los exámenes) me han convencido
que la enseñanza de las matemáticas en este establecimiento
se hallan siempre en progreso y está confiada a profesores celosos
por la instrucción e inteligentes (20)
Sin embargo la rutina de la docencia no se avenía con el carácter
inquieto e inquisidor de Picarte; tampoco le atraía la práctica
ingenieril de la agrimensura. Su pasión eran las matemáticas.
La pobreza bibliográfica, especialmente científica, era
el gran vacío de la enseñanza en esos años. Gorbea,
en la dedicatoria de su traducción del Francoeur, escribe: Nada
contribuye tanto a los rápidos progresos de una juventud ansiosa
de saber, como la remoción de cuantos obstáculos puedan
oponerse a ello, siendo uno de los mayores la suma escasez
en que nos hallamos de libros elementales que traten de las diferentes
ramas que constituyen las ciencias exactas.(21)
Procurarse libros o revistas de sabios modernos que trataran
temas de matemáticas avanzadas más allá del Francoeur,
era casi un imposible en el Chile de la época. La primera suscripción
a una revista matemática el Journal de Liouville
la propuso Domeyko recién en diciembre de 1856 (22).
De modo que alguien, en estas tierras, y en tales circunstancias,
para llegar a una invención matemática tenía
que ser un verdadero genio. La duda de Varas para no apoyarlo parece
razonable desde este punto de vista.
¿Qué llevó a Picarte a inventar sus tablas? Las
tablas matemáticas, en sus diversas expresiones, representaban
de alguna forma la expresión material gráfica, la prueba,
el cálculo a la vista, del poder de los números.
Por aquellos días, la tablas eran una herramienta muy común
de uso general para diversas actividades, desde el comercio hasta la
agrimensura y la navegación. Eran populares la Cuentas hechas,
que incluían tablas de multiplicar, dividir, de interés,
para los cambios (reducción de moneda inglesa o francesa a chilena
y viceversa), tablas métricas de pesos y medidas, descuento,
cambios, comisiones, etc. Pero a Picarte le interesaban las tablas mayores,
aquellas de logaritmos o funciones difíciles de calcular. En
efecto, el diseño y cálculo de una tabla matemática
de este tipo es un asunto que requiere gran solidez en esta ciencia,
y hasta esos días era cosa reservada a grandes calculistas y
matemáticos europeos.
¿En qué consistían las que Picarte ideó?
Sigamos el relato de su amigo:
A fuerza de vigilias y contracción a esta ciencia
(las matemáticas), vino a inventar una Tabla de División
que reducía esta operación larga y penosa a una simple
suma; una Tabla de Logaritmos mucho más perfecta que
la de Lalande; una Tabla de partes proporcionales y unas
tablas de multiplicación, que dan todos los productos
de los números hasta 10.000.
Es bueno hacer notar, aun a costa de adelantarnos un poco al relato,
la magnitud de este trabajo. Las tablas de Lalande eran por esos días
las más populares existentes en el mundo, y estaban en el bolsillo
de todo agrimensor, navegante, ingeniero. Tablas de división
había pocas y servían para un rango de números
muy pequeño. Había que inventar una, pues, que compitiera
con las tablas de logaritmos de Lalande. La invención de las
tablas continúa su amigo llenó de júbilo
a Picarte, y arrebatado de entusiasmo las hizo examinar
por personas versadas en matemáticas, obteniendo de ellos solo
una fría aprobación. Intentó luego
vender sus derechos de autor, en una módica suma, a personas
que pudieran financiar su publicación y luego ponerlas en venta,
pero nadie se aventuró en tal empresa. Ni de balde le habrían
admitido su obra. En todas partes no hallaba Picarte más que
desdén, indiferencia y cuando más, compasión en
algunos. Fue entonces cuando se dirigió al gobierno en
busca de apoyo financiero y las respuesta fue la misma: frialdad, indiferencia,
incredulidad. ¡ Autor de una invención en las matemáticas
un joven, cuando no lo fue ni Gorbea ni tantos maestros eximios envejecidos
en la ciencia! ¡Qué loca ilusión! .
Así razonaban los contemporáneos de Picarte, y tal vez
era justo que así pensaran. ¿Quién podría
en Chile asegurar, con autoridad irrefutable, que las tablas del joven
Picarte eran superiores a las tablas de Lalande, gran astrónomo
francés? Hombres tan ilustres como el Ministro Varas, con una
gran versación científica y matemática, no quisieron
o no se atrevieron a dar su aprobación a Picarte. Tampoco había
matemáticos que pudieran, sin titubear, pronunciarse sobre el
proyecto.
Por otro lado, la obra de Picarte no encajaba en el proyecto de desarrollo
nacional de la época, eminentemente práctico, que
propiciaba el gobierno de Montt y del cual Varas era su Ministro del
Interior. Por ejemplo, para los cálculos realizados por Pissis
en el levantamiento de la carta geográfica del territorio nacional
o los estudios astronómicos de Moesta, eran suficientes las tablas
existentes importadas de Europa. En los planes del gobierno tampoco
estaba el apoyo financiero a investigaciones científicas prescindibles
en el corto plazo.
Un tercer factor que sin duda influyó en la falta de apoyo a
Picarte, fue la presencia de aquellos "sabios" extranjeros contratados
por el gobierno, que todo lo saben, frente a los cuales el logro de
un connacional solo produce confusión e incredulidad. ¡No
puede ser, esto pertenece solo a Europa! A los sabios europeos están
reservados los descubrimientos científicos; nosotros limitémonos
a utilizar sus resultados. Esta reflexión, que hoy, 150 años
después, nos parece propia de un escolar, estaba avalada nada
menos que por el Director de la Escuela de Artes y Oficios de entonces,
don Julio Jariez. Hablándole al Consejo de la Facultad de Ciencias
Físicas y Matemáticas en 1852, decía:
Lejos de mí el pensamiento de atacar en manera alguna
las admirables teorías que con justo título forman
el orgullo de los sabios europeos y que han ilustrado los
Laplace, los Poisson y tantos otros. A estos genios maravillosos
han sido reservados los grandes descubrimientos; a ellos
pertenece el privilegio exclusivo de esos magníficos
sistemas sobre el calor, la atracción, la electricidad, que
sirven después de base a los sabios de segundo orden
o a los prácticos para deducir de ellos las consecuencias
útiles a la sociedad, a las artes y a la industria.
(El subrayado es nuestro.)23
Jariez era uno de los sabios europeos contratados por el Gobierno para
introducir en el país conocimientos útiles
y para desarrollar los infinitos recursos que presenta el estudio
de las ciencias aplicadas e industriales. En este campo su obra
fue valiosa.
Aquella sensación de inferioridad de los chilenos frente a los
extranjeros para crear y aplicar conocimientos, alcanzaba también
a los altos puestos del Estado como lo denuncia un testigo
ocular:
No dudo un momento, que se niegue por muchos la competencia de
los conocimientos de nuestros jóvenes que han abrazado en Chile
la ingrata carrera de las ciencias, y solo se esperen buenos resultados
de los que bajo el cielo del Viejo Mundo han hecho sus estudios, desde
que, la monomanía del genio ideal europeo y la incapacidad de
nuestros compatriotas se han declarado desde los altos puestos del Estado24.
El justo balance de lo nacional con lo europeo no era sencillo de establecer.
De hecho, más adelante en su mismo discurso, nuestro informante
cae víctima de la monomanía del genio ideal europeo:
Protejamos y apoyemos positivamente las ciencias, que es el único
medio de engrandecer a la Nación y a nosotros mismos: digo que
es el único medio, porque así nos los manifiesta
y aconseja la experiencia de la Nación Modelo. La Nación
Modelo era Francia, cuya cultura permeó casi todas las
capas de la sociedad chilena en el siglo XIX: el "afrancesamiento" fue
casi general25 .
En este cuadro no es sorprendente que Picarte, convencido del valor
de su invento y tenaz como su padre, luego de su experiencia negativa
con sus pares chilenos decidiera ir a buscar una validación de
su obra a la Nación Modelo misma.
3. Nadie es profeta en su tierra
Ninguna sociedad acepta a sus escritores hasta que ha asimilado
lo que dijeron. (Octavio Paz).
Ni el desdén de la sociedad, ni la frialdad de los sabios frente
a su trabajo, ni la indiferencia del Gobierno que lo abandonó
a su suerte, mellaron el carácter del joven matemático.
Íntimamente convencido del valor de sus hallazgos, concibió
la idea de viajar a Europa para presentar sus estudios matemáticos
a la Academia de Ciencias de París. No tenía dinero para
el viaje, ni contactos, ni experiencia. Sus amigos se empeñaron
en disuadirlo de esta riesgosa casi absurda empresa, pero
la fuerza de su convicción pudo más en él que el
buen sentido de sus amigos.
Llegó a Valparaíso a principios de 1857, y de ahí
se embarcó al Perú sin más equipaje que lo puesto
y sus tablas. En Perú buscó editor, sin encontrarlo. Permaneció
2 meses en ese país, trabajando en labores muy ajenas a su oficio
para ganarse la vida, hasta que, providencialmente, encontró
dos compatriotas suyos que le financiaron, generosamente, el viaje hasta
Panamá, y luego a Southampton. En este puerto inglés vendió
su reloj de oro para lograr llegar a Londres, y por fin, a Francia.
Sepa Dios cómo tuvo medios para dirigirse a París,
concluye su amigo.
¡Ya estaba en París! Pero no con esto estaban sus problemas
resueltos. ¿Cómo era el París de ese entonces? ¿Cuál
era el ambiente científico y matemático? A falta de impresiones
de Picarte mismo, podemos formarnos una idea de esto a través
de una carta que Niels Abel, genial matemático noruego, pobre
y allegado en París como Picarte algunos años antes, dirigió
a un amigo suyo desde la capital francesa:
Te diré que esta ruidosa capital me ha producido por
el momento el efecto de un desierto. (...) Cauchy es el único
que se preocupa de Matemáticas puras. Poisson, Fourier, Ampere,
etc. trabajan exclusivamente en problemas de magnetismo y en otras
cuestiones físicas. (...)
Los franceses son mucho más reservados con los extranjeros
que los alemanes. Es extraordinariamente difícil obtener
su intimidad, y no me aventuro a presentar mis pretensiones. En
fin, todo principiante tendrá aqui grandes dificultades para
hacerse notar. Acabo de terminar un extenso tratado sobre cierta
clase de funciones trascendentes para presentarlo al Instituto (Academia
de Ciencias) en la sesión del próximo lunes. Lo he
mostrado a M. Cauchy pero apenas se ha dignado mirarlo. Me aventuro
a decir sin jactancia que es una obra de importancia. Tengo curiosidad
por oir la opinión del Instituto.26
Abel llegó a París en 1826, y se alojó en casa
de una familia pobre pero codiciosa que le daba dos malas comidas al
día y un aposento inmundo a cambio de un alquiler caro. No sabemos
si Picarte tuvo mejor suerte al respecto, pero no es aventurado pensar
que treinta años más tarde las condiciones sociales en
Francia no hubiesen cambiado mucho. Picarte, pobre como Abel, probablemente
corrió parecida suerte.
Cuando Picarte llegó a París en 1857, Cauchy ya había
muerto. Le sucedió en la Academia Charles Hermitte, cuya actitud
hacia los jóvenes matemáticos era diametralmente opuesta
a la de Cauchy. Sin embargo, los obstáculos y requisitos impuestos
por la Academia para la admisión de memorias científicas
seguían siendo los mismos: había que tener alguien que
hiciera la presentación. Picarte recurrió primero a Claudio
Gay, que entonces estaba en París. Gay dudó del valor
del trabajo de Picarte y solicitó a un matemático que
la examinase y le dijiese si sería digno de ser presentado a
la Academia. Pero Picarte desconfió del comisionado, temiendo
que le robara su invención. Recurrió, entonces, al presidente
de la Sociedad San Vicente de Paul, quien le presentó un sujeto
de la Academia de Ciencias, el que lo puso en contacto con los matemáticos,
los que finalmente le aconsejaron que pasara su trabajo en limpio para
ser examinado por una comisión. 5 meses trabajó
Picarte con 2 ayudantes durante 10 a 12 horas diarias. A fines
de 1858, el trabajo fue presentado a la Academia. ¿Correría
Picarte la misma suerte que Abel, cuya memoria sobre cierta clase de
funciones trascendentes, su obra maestra, fue rechazada por el Instituto
por ser apenas legible, y luego extraviada y olvidada?
Aunque sus obras difieren, las vidas de estos dos matemáticos
tienen una especie de paralelismo de pobreza, gloria e incomprensión.
Picarte pertenecía a un país nuevo en pleno desarrollo;
Abel era hijo de un país centenario. Abel tenía a su alcance
las obras originales de todos los grandes matemáticos; Picarte
solo podía leer compendios de segunda mano. Abel sigue siendo
recordado y venerado en su país y en el mundo; Picarte fue olvidado
totalmente en su país, donde sigue siendo un desconocido. La
obra de Abel sigue vigente; la de Picarte fue sepultada por el aluvión
de la computación. Cuando Abel, en 1825, decidió perfeccionar
sus estudios en Europa continental y discutir sus trabajos con matemáticos
franceses y alemanes, su Gobierno lo apoyó monetariamente y sus
pares lo alentaron con entusiasmo; cuando Picarte quiso publicar sus
descubrimientos, sus pares lo miraron con indiferencia o desconfianza
y el Gobierno le volvió la espalda.
Pero en una cosa Picarte fue más afortunado: su memoria no fue
extraviada, y recibió una aprobación calurosa. Leemos
en un periódico francés del 6 de marzo de 1859:
Un joven matemático de Santiago de Chile, don Ramón
Picarte, dejaba no hace mucho su Patria y atravesaba los mares para
abordar las escalas del Instituto (Academia de Ciencias). Su valor
y perseverancia obtenían una recompensa bien preciosa en
el juicio que de él se formaba en la sesión de la
Academia del 15 de Febrero último, en la que recibía
las gracias de los Académicos y al mismo tiempo se le animaba
para la publicación de sus obras.27
El informe de la Academia está firmado por los famosos matemáticos
Hermitte, Mathieu y Bienaymé.
Concluía así la odisea de un viaje de gloria. Picarte
daba un certero golpe al fantasma de nuestra inferioridad para el cultivo
de las ciencias, ratificando al mismo tiempo el viejo refrán
que dice nadie es profeta en su tierra. La hazaña
científica de Picarte tuvo repercusiones de variado orden en
Chile y en otras partes del mundo.
En París, el Monitor de la Flotte del 6 de marzo informaba
sobre el viaje de Picarte y hacía un resumen de sus trabajos.
Explicaba en qué consistían las Tablas, ubicándolas
por encima de las famosas tablas de Barlow reimpresas varias veces en
Inglaterra. Este resultado escribía es un paso
dado en la ciencia. Los matemáticos, los ingenieros, los industriales,
los hacendistas y los negociantes encontrarán en ella un alivio
a sus largos cálculos, y sobre todo, la seguridad de no cometer
error. Terminaba el Monitor elogiando a Picarte y las virtudes
de su trabajo. En términos parecidos se pronunciaban en aquella
capital el Monitor Universal, órgano oficial del Imperio
y el Eco Hispanoamericano. Este último aseguraba que en
forma análoga se han expresado todos los grandes periódicos
de París. Igual acogida a la proeza de Picarte dio La
Estrella de Panamá y otros periódicos del Nuevo Mundo
que durante muchos días ocuparon sus columnas en tratar
con especialidad de este asunto.
En Chile, El Mercurio de Valparaíso en su edición del
17 de mayo de 1859 escribía:
En estos días ha ocupado la atención pública
la noticia publicada en El Mercurio de un nuevo paso dado en la
ciencia por un joven chileno y que ha sido aplaudido por eminentes
matemáticos europeos y por los más acreditados periódicos
de Francia (...) Su mérito es aun más relevante desde
que sepan las grandes dificultades que ha vencido, las amarguras
que ha devorado y los increíbles sacrificios que ha hecho
para llegar al feliz término de su empresa.
En Santiago, el público se apresuró a rendirle homenaje,
mediante una suscripción voluntaria, ofreciéndole un obsequio
pecuniario que se le hizo entrega a través del Cónsul
General de Chile en Francia. Activaron esta suscripción Miguel
Luis Amunátegui y su hermano Víctor, Manuel Antonio Tocornal,
Enrique Cood, Juan Pablo Urzúa y otros amigos de Picarte.
El Gobierno, que años antes había dudado de su talento,
se apresuró a nombrarlo Adicto a la Legación de Chile
en Francia, con una asignación de 500 pesos anuales, mediante
Decreto del 18 de mayo de 1859, en reconocimiento a su patriótica
labor, pues había puesto el nombre de Chile en los círculos
científicos más prestigiosos del mundo. Asimismo,
se suscribió a 300 ejemplares de las tablas de multiplicación
y división.
Por su parte el Consejo de la Universidad de Chile y la Facultad de
Ciencias Físicas y Matemáticas, en sesión del 11
de junio de 1859, lo nombraron miembro corresponsal de la Universidad
en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Físicas28,
como una ovación a sus méritos científicos.
Picarte se quedó por algún tiempo en Francia para editar
sus tablas, de cuya venta obtuvo una buena entrada por sus derechos
de autor. Se vendieron como obra enteramente nueva no solo en Francia,
sino también en Inglaterra, Portugal, Bélgica, Holanda,
Perú y en otros países con los cuales Francia tenía
tratados comerciales. Aprovechó su estadía en París
para perfeccionar sus conocimientos de matemáticas y titularse
en Francia de Agrimensor. Se interesó por conocer algunas organizaciones
sociales y comerciales que pensaba que, con las respectivas adaptaciones,
podrían implantarse en Chile para levantar o aliviar la pobreza
de la gente modesta, tales como Instituciones de Crédito, Cajas
de Ahorro, Asociaciones Populares, Cajas de Seguros. En resumen, se
compenetró de cuanto conocimiento le pareció que podría
ser útil para su país29.
Regresó a Chile colmado de gloria y alabanzas, probando con
su esfuerzo, tenacidad y perseverancia que en un país pobre,
aislado y sin tradición científica, también se
puede hacer ciencia de buena calidad.
4. Matemáticas y bienestar social
Hasta tal punto (Picarte) era además desinteresado y servidor,
que ha llegado una vez a dejar un empleo lucrativo por cedérselo
a un amigo a quien creyó más necesitado. (Anales,
Tomo XV, 1858).
Un argumento en favor de utopías que parezcan irrealizables,
es que la organización social actual parece una utopía;
de absurdo, de sufrimiento, de desigualdad, tan irracional e inverosímil;
y sin embargo, hasta eso ha podido realizarse!.
(Carlos Vaz Ferreira).
Hay personas para las cuales no existe la tranquilidad después
del triunfo. Recordemos a Picarte padre, que después de conquistada
la independencia nacional, continuó una agitada vida luchando
por sus ideales liberales. Ramón hijo tampoco descansó
luego de su triunfo científico: miles de proyectos que podrían
ser de provecho para su país y compatriotas estaban en su agenda.
En 1862 Picarte volvió al país. En octubre se incorporó
oficialmente a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
Permaneció allí como miembro académico sin hacer
docencia hasta principios de los 90, asistiendo regularmente a los eventos
de la Universidad30.
Completa también, durante este período, su estudios de
leyes, que había suspendido en 1843 para dedicarse a las matemáticas.
El 2 de mayo de 1863 obtuvo su grado de Bachiller en Leyes acogiéndose
a un decreto que favorecía a su promoción del Instituo
Nacional31, y dos años más tarde,
el 8 de julio de 1865, se graduó de Licenciado en Leyes.
Su curiosidad y actividad científica seguían vivas: patentó
a fines de la década del 60 3 inventos: la bomba-sifón,
el sifón a vapor, y las bombas impelentes a vapor32
.
Sin embargo, son las cuestiones del bienestar social las que consumían
sus mejores energías durante este tiempo, y es en lo que nos
detendremos en este capítulo. Ideó, organizó e
impulsó diferentes sociedades cooperativas de artesanos y trabajadores
en Santiago; intentó implementar sociedades comunitarias de ayuda
y bien común; desarrolló y difundió una ingeniosa
teoría sobre ellas; finalmente se estableció en la zona
de Chillán donde trabajó afanosamente en estos proyectos.
¿Qué llevó al famoso matemático a dedicarse
a estos menesteres? La inclinación al bien social no era nueva
en él. Por confesión propia y de sus amigos, la idea del
bienestar común y el alivio de la pobreza que él
y su familia vivieron en carne propia son ideas que Picarte arrastraba
desde hacía mucho tiempo33. En Europa
conoció de cerca los esfuerzos que allá realizaban distinguidas
personalidades intentando resolver el problema de la felicidad pública,
que como afirmaba Charles Fourier, primo del famoso matemático
J. Fourier, hasta ahora ha sido un escollo insuperable para las
ciencias políticas y morales (...) El solo aspecto de los indigentes
que llenan las ciudades nos demuestra que los torrentes de luces filosóficas
no son sino torrentes de tinieblas. El mismo Fourier se preguntaba:
¿Por qué fatalidad las ciencias modernas, que han
alcanzado una perfección gigantesca en la física y en
las artes [geometría] han permanecido pigmeas en la ciencia bastante
secundaria de la política?, y se proponía aplicar
los métodos que tanto éxito habían dado en las
ciencias exactas para buscar la armonía social34.
Esta teorías resulta(ba)n extremadamente atractivas para
una matemático con inclinaciones sociales.
De estas experiencias Picarte elaboró una interesante y original
teoría aprovechando las condiciones nacionales. En efecto, en
su memoria de incorporación a la Universidad, Importancia
de la Institución de Seguros de la Vida, y proyectos sobre el
particular que son susceptibles de establecerse en Chile35
plantea: Si este horrible estado de cosas (la miseria)
es una necesidad en esa triste civilización europea que sólo
se sostiene con la pobreza i el egoísmo, en América, continente
de Repúblicas nuevas, i en Chile especialmente donde todavía
no se han formado o no tienen consistencia las arterias de torpe especulación,
sería una eterna vergüenza si pudiendo hacer algo útil
a este respecto (la asociación), no lo realizáramos.
En esta memoria expone las bases científicas de su
futuro programa social en Chile. Después de señalar algunas
organizaciones de este tipo que funcionaban en Europa (es un hecho
matemáticamente probado que son posibles), pasa a explicar
por qué no son deseables como están (son muy raros
los que estén organizados en vista del interés general),
y saca, con un cálculo a la vista, la conclusión
de la factibilidad de su implementación en Chile en una versión
social. Así les habló a sus colegas de la Facultad de
Ciencias Físicas y Matemáticas:
He aquí el problema que he querido resolver: Hallar
algún medio práctico que permita al hombre pobre pero
trabajador, el asegurar con economías a su alcance,
un porvenir a su familia sin el temor de su muerte prematura, y
un porvenir a si propio que le de una vejez honorable y sin inquietud
por el pan cotidiano.
Desde que tomé conocimiento de las teorías de los
seguros de vida, vi que este problema estaba en gran parte resuelto,
por lo menos teóricamente. Al pensar en los medios prácticos
que permitiesen su introducción entre nosotros, he necesitado
modificar notablemente, las reglas deducidas de la pura teoría.
Las grandes tablas que anexó a su trabajo, los minuciosos detalles
que contienen, y una inmensa cantidad de cálculos, convencieron
a Picarte de la factibilidad de llevar a cabo estas empresas. Este proyecto
marcaría su actividad durante los siguientes años:
Señores, es un hecho que hay en nuestra capital un
gran número de trabajadores quienes cuentan con las condiciones
de edad, salud y que pueden con mucha facilidad ahorrar diariamente
5 y medio centavos. Creo también que es un hecho el que este
proyecto puede ser muy útil y que será fácil
realizarlo. En consecuencia, mientras no se me pruebe con verdaderas
razones el que me hallo equivocado, creo que tendré derecho
para deciros: MANOS A LA OBRA, ayudadme.
Probablemente de nuevo pocos le creyeron. También, seguramente,
los aplausos formales con que finalizan estos eventos le impidieron
a sus colegas universitarios escuchar completamente su 2 últimas
frases: Espero tener el gusto de volver sobre esta misma materia
el día en que se plantee esta asociación. Entonces se
podrá con gusto moralizar sobre ella.
Picarte no solo era un distinguido intelectual; era también
un hombre de acción. En 1863, logró organizar una sociedad
de sastres y otra de zapateros en Santiago. Sin embargo no es sino hasta
1864 que pudo abocarse a su plan maestro: la Sociedad Trabajo para
Todos, una sociedad de consumo y producción, sociedad de
socorros mutuos y caja de ahorros del pueblo, organizada de acuerdo
con sus cálculos y teorías. El folleto que hizo circular
indicaba que la sociedad procuraría alimentos sanos y baratos,
suprimiendo intermediarios en las compras, trataría de reducir
los gastos de habitación mediante el arrendamiento por la sociedad
de varias propiedades que serían subarrendadas a los socios a
bajo precio; también proporcionaría trabajo a sus miembros
alentándolos a que produjeran diversas clases de artículos
y fomentando el intercambio de productos entre ellos. Una vez que la
Sociedad proporcionara beneficios, ampliaría el radio de sus
actividades, incluyendo socorros mutuos, ahorro y construcción
de viviendas populares entre otras. Para conseguir los capitales necesarios
para el impulso inicial, Picarte esperó por un largo tiempo,
todos los días de 12 a 3 de la tarde en su oficina de los altos
del Portal Tagle, a quienes quisieran apoyarlo en la realización
del Proyecto. No es difícil imaginar los resultados. Al igual
que sus sociedades de artesanos, este proyecto fracasó, según
indican los periódicos de la época36.
Picarte no desfalleció.
En su afán de servicio público, en 1865 obtuvo su título
de Abogado con una memoria sobre bancos de emisión. Expone allí
la necesidad de organizar nosotros mismos nuestro crédito público
para que realmente seamos una nación soberana. Y
agrega:
Solo se necesita que lo queramos, que nos creamos ya hombres
capaces de ser tales; que dejemos pronto esa tristes preocupaciones
que nos hacen mirar con cierto respeto lo que viene de esa caduca Europa.37
Usó su condición de abogado para ayudar a los más
necesitados, ofreciendo sus servicios gratuitamente, como lo prueban
los diarios de la época. En esta misma dirección está
la serie de folletos, de los cuales sólo nos ha llegado su Tratado
de los principales derechos que consagra el código civil chileno,
puestos al alcance de las personas que no están versadas en las
leyes38.
Se radicó a mediados de la década del 60 en San Carlos,
y luego en Chillán, donde intentó fundar un falansterio,
proyecto del cual no tenemos noticia. Lo que sí conocemos por
las noticias de los periódicos es la actividad de la Sociedad
de Artesanos de Chillán, fundada en 1866, de la cual fue fundador
y vice-presidente, y que tuvo comienzos muy auspiciosos39.
Del resto de su vida es poco lo que sabemos. En 1869 se casó
con la joven Clorinda Pardo, hija del Coronel Pardo, y se estableció
definitivamente en Chillán. Al parecer la pareja no tuvo hijos40.
Hizo noticia nuevamente en 1883, cuando apareció anunciando la
publicación de sus Grandes Tablas de Logaritmos a doce decimales,
a ser publicadas en Francia, trabajo informado probablemente por Daniel
Barros Grez y Francisco Vidal, y apoyado financieramente por el gobierno
chileno bajo decreto del 26 de abril de 1883 (41).
Posteriormente viajó a Francia y se le pierde el rastro (42).
Digamos, para cerrar esta última etapa de su vida, que a Picarte
no le deben de haber sorprendido las dificultades que encontró
para implementar sus proyectos sociales. Ya al comenzar su jornada había
pronosticado:
Si el pueblo llegara a comprender que una sola de estas asociaciones
instituida en vista del interés general bastaría, donde
se estableciera, para resolver el problema de la extinción del
pauperismo, pronto (se) vendrían por tierra muy altos y arraigados
elementos de aquella sociabilidad (que hoy criticamos) para dar paso
a una nueva forma. Y acaso también los poderes tiránicos
ven su propio interés vinculado en mantener ese caos de imprevisión,
de miseria y ajiotaje (43).
5. Epílogo para matemáticos
Me lisonjeo de que las presentes tablas están sin errata
alguna, pues habiendo ofrecido cien francos de recompensa por cada una
que se me señalare en los logaritmos, no he recibido demanda
alguna.
(J. de Lalande, 1800).
Como vimos, no fue fácil para los cerebros chilenos de la época
comprender el significado de una tabla matemática. Tampoco lo
es hoy día, en que la microelectrónica mató el
romanticismo de los cálculos manuales. Ni siquiera es fácil
evaluar la calidad de una de ellas. Menos aun situar la importancia
de su mecanismo de cálculo, una tarea que requiere no solo paciencia,
sino también conocimientos matemáticos y gran ingenio.
Las tablas matemáticas son más antiguas de lo que uno
sospecha intuitivamente. De hecho la primera tabla, en el sentido moderno
del término, de que se tenga registro, data de la mitad del siglo
II a.C., y da los valores de las cuerdas de un círculo a intervalos
de medio grado con 6 cifras de aproximación. Mas, no es sino
en el siglo XV que comienza realmente el desarrollo de las tablas matemáticas
en su sentido actual. Podríamos nombrar entre las más
conocidas las tablas de senos de Regiomontanus (1490), las tablas de
tangentes de Reinhold (1543) y el trabajo de toda la vida de Rheticus
(1514-76), una tabla de funciones trigonométricas de 15 cifras
decimales para cada 10 segundos de arco, y en cuya construcción
se ocuparon varios calculistas y 12 años de trabajo, y que solo
terminó, despues de la muerte del maestro, un alumno suyo, V.
Otho. Poco después, en 1614, Napier publicó la primera
tabla de logaritmos ampliamente conocida, al tiempo que Briggs calculaba
y publicaba en 1624 la primera tabla de logaritmos en base 10. Con esto
quedaba abierta la puerta para el uso y cálculo de funciones
trigonométricas logarítmicas con el consiguiente alivio
de los usuarios de las tablas, particularmente los astrónomos,
navegantes y agrimensores.
Un curso similar siguieron las tablas de cuadrados, cubos y raíces.
En las de recíprocos, destacan las tablas de Goodwyn y las de
Barlow, ambas de comienzos del siglo XIX. Aproximadamente medio siglo
después aparecen las tablas de división de Picarte, publicadas
en Francia en 1861, que permiten calcular rápidamente por medio
de un sencillo algoritmo, el cuociente de dos números con una
aproximación de 10 cifras significativas, superando así
a las de Goodwyn y también a las de Barlow que solo dan 7 cifras.
En los días de Picarte, las tablas más conocidas y usadas
eran las Tablas de logaritmos para los números y los
senos de J. de Lalande, famoso astrónomo francés.
Eran unas tablas de bolsillo de logN hasta N=10.000 y
de logaritmos de sen x, cos x, tan x y cotan
x de minuto en minuto hasta x=45º. Lalande hombre
de experiencia en estas materias se refiere así a la forma
y tamaño de sus tablas: No he puesto más de seis
cifras en los logaritmos, porque no se necesita la séptima cuando
no se calculan ángulos más que por minutos y los números
a 4 guarismos: acerca de lo cual tengo 50 años de experiencia.
El ámbito de aplicaciones de las tablas, según reza la
cubierta, era Astronomía, la Gnomónica, la Geometría,
la Navegación, la Geografía, la Física, el Arte
Militar, la Arquitectura, la Agrimensura, la Estadística y las
Rentas y agrega que el primer uso de los logaritmos consiste
en abreviar las multiplicaciones y las divisiones, principalmente en
las reglas de tres. Por otra parte, los senos de que se
sirven en todas los operaciones de triángulos, bien sea para
el cielo, la tierra, para el mar, deben tener también sus logaritmos
(44).
Este era el modelo que Picarte y sus compatriotas tenían en
mente cuando hablaban de una tabla matemática. Para
quien construye la tabla, sin embargo, hay una serie de otros parámetros
técnicos a considerar que hacen que una tabla sea buena o mala,
útil o inservible:
El valor intrínseco de una tabla debe ser estimado
por la cantidad de tiempo ahorrado al consultarla: por ejemplo, una
tabla de raíces cuadradas de diez decimales es más valiosa
que una tabla de cuadrados, pues la extracción de raíz
ocuparía más tiempo que la multiplicación del número
por sí mismo. El valor de una tabla no depende de las dificultades
para calcularla: puesto que, una vez hecha, queda para siempre y en
lo que respecta al usuario el tiempo ocupado en su construcción
es el mismo que si todos los resultados de la tabla hubiesen sido calculados
separadamente; pero en la mayoría de los casos una tabla puede
ser formada por métodos expeditos que son inaplicables para el
cálculo de un resultado individual. Este es el caso de tablas
con cantidades continuas, que pueden ser frecuentemente construídas
por diferencias. El más impactante caso quizás, es el
proporcionado por una tabla de factores o una tabla de primos; pues,
si se requiere determinar si un número dado es primo o no, el
único método a disposición universalmente (en la
ausencia de tablas) es dividirlo por cada primo menor que su raíz
cuadrada o hasta que se encuentra uno que lo divide sin resto. Pero
para formar una tabla de números primos el proceso es teóricamente
simple y rápido, puesto que solamente necesitamos colocar todos
los números en una línea, y tarjar los números
de dos en dos partiendo de 2, de tres en tres partiendo de 3, y así
sucesivamente: los que quedan son los primos. Aun cuando los resultados
tabulares sean construidos separadamente, el método de las diferencias
u otros métodos que relacionen diferentes resultados tabulares
permiten al calculador no solo ahorrar tiempo y trabajo, sino también
obtiene la certeza de exactitud (45).
Se podría indicar como los aspectos centrales a tener en mente
a la hora de evaluar matemáticamente una tabla los siguientes:
1.La función que calcula la tabla. No solo la dificultad
de la función, sino su utilidad, su frecuencia de uso.
2.El rango, es decir, el intervalo sobre el cual los valores
del argumentos son considerados. Mientras mayor el rango, más
valor tiene la tabla.
3.El número de cifras significativas, es decir, el número
de cifras que entrega la tabla para cada valor del argumento. A
mayor número de cifras significativas, más precisión
en el cálculo.
4.¿Es práctico su uso? Esto depende de la elección
de los parámetros, incluso de la forma de presentar visualmente
los resultados.
5.La seguridad, es decir, la ausencia de errores.
6.El método usado para calcularla. ¿Es práctico?
¿Permite calcular otras tablas? ¿Se puede generalizar?
Hechas estas consideraciones, nos abocaremos a las tablas de división
de Picarte, las más importantes en su tipo aun hoy día
que ideó, diseñó y calculó a mediados del
siglo XIX (46).
Bajo el título La Division reduite à une Addition
(París, Mallet-Bachelier, 1861), Picarte publica, luego de una
calurosa aprobación por la Academia de Ciencias de Francia (ver
informe completo en el Apéndice), su tabla clásica sobre
recíprocos. Es una tabla muy sencilla, que como lo dice su título,
tiene por objetivo reducir la división, esa operación
larga i penosa a una simple suma. Entrega en cada línea
los cuocientes 1/n,2/n,...,9/n, para cada n
desde 1 hasta 10.000, con 10 cifras significativas. Supera en este aspecto
a la de Barlow que da solo 7 cifras y nada más que los cuocientes
de la forma 1/n, así como también a la de Goodwyn
que entrega d/n para d < n y primos entre
sí, y solo para n < 1.000 en lo sustancial. Esto habría
bastado para entrar a la galería de calculistas célebres.
Pero esto no es todo ni lo fundamental. La tabla está diseñada
y esta es su peculiaridad distintiva y original para calcular
rápidamente, por medio de un sencillo procedimiento, el cuociente
de 2 números cualesquiera con una aproximación de 10 cifras
significativas. Esta es la gran novedad para la época: nadie
lo había hecho ni pensado hasta ese entonces. El cuadro adjunto
muestra sumariamente el método para calcular una división
usando las tablas a través de un ejemplo.
| Ejemplo. Se quiere dividir 8.976.795 por 7.674
con diez cifras significativas. Se tiene sucesivamente: |
|
10424811050
|
(resultado de buscar en la tabla
|
8/7674)
|
|
1172791234
|
ídem
|
9/7674
|
|
091217097
|
ídem
|
7/7674
|
|
07818608
|
ídem
|
6/7674
|
|
0912171
|
ídem
|
7/7674
|
|
117279
|
ídem
|
9/7674
|
|
06515
|
ídem
|
5/7674
|
|
11697673963
|
|
|
| Luego el resultado final (considerando las comas)
es 1.169.767.396. |
Para los divisores de más de cuatro cifras el método
de interpolación usual funciona bien si solo se desean seis o
siete cifras para el cuociente. Si se quieren más, Picarte propone
aprovechar la siguiente observación. Si
y se quiere calcular
entonces mediante un cálculo elemental se obtiene
Usando reiteradamente esta fórmula para n <
< b, no es difícil mostrar que x se puede aproximar
con diez cifras significativas como ,
donde c es el valor de
obtenido de la tabla,
es el valor de
obtenido de la tabla, y finalmente
es el valor de
obtenido de la tabla. Así por ejemplo para x = 674/513922
usamos b = 513900 (5139 está en la tabla) y n = 22
para obtener el cuociente de 10 cifras 1311483065, o sea x = 0,001311483065.
Finalmente daremos una breve idea del algoritmo que Picarte
usó para lograr la gran precisión que tienen sus tablas,
lo que llevó a Comrie a chequear con ellas la nueva edición
de las tablas de Barlow que preparó en 1930 (47).
Picarte parte de la simple identidad.
La observación clave, hace notar Picarte, es que
la parte entera de
es 2a - b más la parte entera de
. Si se aplica esta fórmula a números de la forma
, transformararemos el problema de obtener cifras significativas en el
de calcular partes enteras de cuocientes.
En su primera tabla calculada en Chile, usa esta fórmula
para calcular las primeras cinco cifras significativas de los cuocientes.
Es decir, aplica la fórmula para a = 10000; de esta forma,
las cinco cifras significativas de
, para b entero de cinco cifras, serán la parte entera del
cuociente . 
A modo de ilustración, veamos algunos casos. Para
los divisores entre 9999 y 9901 se obtiene que
, luego la parte entera de
es exactamente 2a - b. Para los divisores entre 9900 y 9860,
la parte entera de
es 1, luego la parte entera de
es 2a - b + 1. El proceso sigue en forma similar. Usando
estos resultados, los cuocientes se pueden obtener contruyendo una tabla
que contiene cuatro columnas como se puede apreciar en el cuadro anexo,
que se llena mecánicamente de arriba hacia abajo. (Esto explica
la ausencia de errores de las tablas de Picarte: un procedimiento sencillo
usa solo sumas para calcular las entradas).
|
b
|
|
auxiliar
|
cuociente
|
|
9999
|
1
|
3
|
1001
|
|
9998
|
4
|
5
|
1002
|
|
9997
|
9
|
7
|
1003
|
|
9996
|
16
|
9
|
1004
|
|
.
|
.
|
.
|
.
|
|
.
|
.
|
.
|
.
|
|
.
|
.
|
.
|
.
|
|
9902
|
9604
|
197
|
10098
|
|
9901
|
9801
|
199
|
10099
|
|
9900
|
100
|
202
|
10101
|
|
9899
|
302
|
204
|
10102
|
|
.
|
.
|
.
|
.
|
|
.
|
.
|
.
|
.
|
|
.
|
.
|
.
|
.
|
Obsérvese que la cantidad auxiliar (números
de la forma 2n + 1) se necesita para calcular mecánicamente
(a - b)2, debido a la propiedad (n + 1)2
- n2 = 2n + 1, es decir el siguiente número
cuadrado (n + 1)2 se obtiene del anterior n2
sumando 2n + 1. Similarmente para los restos si corresponde.
Usando este procedimiento, Picarte calculó los
cuocientes con cinco cifras significativas desde 9999 hasta 5000. Para
determinar las restante cuatro últimas cifras usó un procedimiento
de interpolación junto a ingeniosas observaciones sobre los números
del rango considerado.
Finalmente, para los cuocientes correspondientes a 2500
b
4999, considera los múltiplos de 2 (4999 x 2, etc.); para los del
rango 1250
b 2499, los
múltiplos de cuatro. Por último, desde 1249 a 1001, los
cuocientes se determinaron directamente.
6. Apéndice: El informe de la Academia Francesa
La siguiente es la versión en castellano del informe completo
de la Academia de Ciencias Francesa, aprobado en su sesión del
14 de febrero de 1859 por una comisión compuesta de Hermitte,
Mathieu y Bienayme. (Esta traducción es la que aparece en la
edición de sus tablas en castellano publicadas en 1860).
La Academia nos ha encargado a MM. Mathieu, Hermitte y al que suscribe
examinar una Tabla de divisiones que le ha sido presentada por
el señor Ramón Picarte, y que el autor se propone publicar.
La composición de esta Tabla es muy sencilla. Ofrece
en una sola línea los cuocientes de los primeros 9 números,
o de las 9 cifras, por cada uno de los números comprendidos entre
1.000 y 10.000 con 10 cifras significativas. Hay por consiguiente 9.000
líneas de esta especie que contienen los 10 mil divisores del
1 al 10.000 y los correspondientes cuocientes. Las Tablas de Barlow,
reimpresas muchas veces en Inglaterra, contienen una columna que da,
con 7 cifras significativas solamente, las fracciones cuyo denominador
es uno de los 10 mil primeros números. Hasta ahora, esta Tabla
parece ser única. Se ve que la del señor Picarte da por
una parte 3 decimales más, lo que puede importar mucho para ciertos
cálculos; y por otra, pone inmediatamente a la vista los productos
por los números de una sola cifra de cada una de las fracciones
a que se limita la Tabla de Barlow.
Acaso se creerá que las Tablas de Logaritmos hacen inútil
un conjunto de cuocientes tal como la del señor Picarte. Pero
si es una verdad que en muchos casos la Tabla de Logaritmos nada deja
que desear, debemos también reconocer que con dificultad se extiende
a más de 6 cifras significativas exactas. Sería tiempo
perdido que se imprimiesen Tablas de Logaritmos de ocho decimales,
por las cuales la interpolación por medio de las partes proporcionales
podría ejecutarse con tanta seguridad como sobre los 7 decimales
de las Tablas actuales. Pero no es posible emplear Tablas
de 9 o 10 decimales, sino sirviéndose de las diferencias de los
2 primeros órdenes, lo que conduce a una interpolación
complicada. Así, una Tabla no es verdaderamente cómoda
sino cuando dispensa al calculador de la contracción de espíritu
que exige el cálculo; y las mejores Tablas son las que
dan inmediatamente el mayor número de resultados ya preparados.
La que el señor Picarte ha calculado cumple en su género
esta condición. Reduce la división a una adición;
puede además extenderse con el auxilio de la interpolación
a divisores más grandes que 10.000. En el estado en que ha sido
presentada a la Academia, falta a esta Tabla una introducción
explicativa. El empleo de esta tabla es tan sencillo, que el Autor se
contentó con precederla de varios ejemplos. Le hemos aconsejado
que redacte una explicación más extensa.
La publicación de las Tablas que facilitan los grandes
cálculos y aun los cálculos usuales, ha sido siempre considerada
favorablemente por la Academia. Las colecciones de funciones trascendentales
preparadas, son los únicos medios de compendiar las operaciones
tan penosas de largos cálculos numéricos. Siendo sencilla
la función 1/x no deja de ser por eso una de las que imponen
más trabajo a los calculadores.
Proponemos, en vista de lo expuesto a la Academia, el dar las gracias
al señor Picarte por la presentación de su trabajo, y
animarlo a publicar su Tabla de divisiones.
Cronología de Ramón Picarte
| 1830 |
9 de junio: nace Manuel Felipe Ramón Picarte
Mujica, hijo de Ramón Picarte y Carmen Mujica, quienes se habían
casado en 1823. |
| 1835 |
Muere su padre. |
| 1843 |
Estudia humanidades en el Instituto Nacional cursando
los planes antiguos. |
| 1846 |
Rinde exámenes de latín. Se cambia a matemáticas. |
| 1852 |
Se titula de Agrimensor General de la República. |
| 1854 |
Profesor de matemáticas de la Escuela Militar
hasta 1856. |
| 1857 |
A comienzos de año viaja a Francia (vía
Perú, Panamá, Southhampton, Londres) para presentar
sus tablas en Europa.
|
| 1858 |
Marzo: comunicación a la Facultad de Ciencias
Físicas y Matemáticas presentando sus Tablas. |
| 1859 |
Febrero: la Academia Francesa aprueba sus Tablas.
Mayo: nombrado adicto a la legación chilena en Francia.
Julio: nombrado miembro corresponsal de la Fac. Cs. Fís. y
Mat.
Octubre: el Gobierno se suscribe a 300 ejemplares de las tablas. |
| 1862 |
Regresa a Chile.
Octubre: se incorpora a la Fac. Cs. Fís. y Mat.
Publica folleto sobre Sociedad de Albañiles. |
| 1863 |
Mayo: se gradúa de Bachiller en Leyes.
Funda Asociación de Sastres y Zapateros en Santiago. |
| 1864 |
Intenta organizar cooperativa Sociedad Trabajo para
Todos. |
| 1865 |
Julio: se gradúa de Licenciado en Leyes.
Se alista en el batallón de voluntarios instruido en la Escuela
Militar para la guerra contra España.
Intenta formar cooperativa Sociedad para Todos en Santiago.
|
| 1866 |
Se radica en San Carlos.
Funda la Sociedad de Artesanos de Chillán. |
| 1868 |
Obtiene 3 patentes por inventos relacionados con el
vapor. |
| 1869 |
Contrae matrimonio con Clorinda Pardo Seco, hija del
Coronel Pardo.
Se establece en Chillán. |
| 1870 |
Publica folleto explicando al pueblo sus derechos. |
| 1882 |
Nuevos descubrimientos matemáticos. |
| 1883 |
Patente de invención sobre tabla de logaritmos.
El Gobierno le subvenciona la publicación de sus tablas en
Francia. |
| 1884 |
Viaja a Francia. Se pierde su pista. |
Bibliografía de Ramón Picarte
A. Matemáticas
1858 Tablas para efectuar una división
cualesquiera por medio de la adición, Anales de la Universidad
de Chile, tomo XV, pág. 67bis-74bis.
1858 Les Tables de logarithmes pour les nombres
et pour les sinus, par Jrme de Lalande, reduites 41 pages et augmentes
de tables qui donnent les parties proportionnelles des différences
correspondant aux logarithmes des nombres et aux logarithmes des arcs,
Texto Impreso, monografía, edición del autor, IX-41 pág.,
tablas. (Hay copia en la Biblioteca Nacional de Francia, París,
Notice n: FRBNF31104451).
1858 Tables de multiplication et de division,
contenant les produits par 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 de toutes les quantits
au-dessous de 10.000; ces tables reduisent la multiplication á
une simple addition et la division a une simple soustraction, Texto
Impreso, monografía, edición del autor, IX pág. y
tablas. (Hay copia en la Biblioteca Nacional de Francia, París,
Notice n: FRBNF31104452).
1859 Uso de la tablas de División para
hallar los cocientes siempre que el divisor sea mayor de diez mil,
Anales de la Universidad de Chile, enero de 1860, págs. 49-55.
(Enviado en agosto 1859)
1860 La División reducida a una adición,
aumentada con una Tabla de Logaritmos de nueve decimales y un apéndice
que contiene un método para construcción de tablas en general,
Librería Científica Industrial y Agrícola, 112 págs.,
E. Lacroix, París, 1860. (Hay copia en la Biblioteca Nacional de
Chile).
1860
(61) La Division reduite á une Addition, ouvrage augment
dune table de logarithmes de numeros neuf décimales et dune
nouvelle méthode pour calculer avec une grande facilit les tables
de logarithmes, XVI-104 pág., Mallet-Bachelier, París,
1860(61). (Hay copia en la Biblioteca Nacional de Francia, París,
Notice n: FRBNF31104450).
1883 Grandes Tablas de Logaritmos a Doce Decimales,
Trabajo apoyado financieramente por el Gobierno Chileno (Decreto Supremo
del 26 de abril 1883) para ser publicada en Francia. (Destino desconocido).
B. Patentes de Invención
1868 Bomba Sifón.
1868 Sifón a vapor.
1868 Bombas impelentes de vapor.
1883 Tablas de logaritmos.
C. Legales
1865 Algunas indicaciones para el estudio
de las cuestiones sobre bancos de emisión, con notas relativas
a la ley del 23 de julio de 1860, Memoria para obtener el grado
de Licenciado en Leyes, Anales de la Universidad de Chile,
1865 Estudios sobre Bancos de Emisión,
Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1865.
1870 Tratado de los principales derechos
que consagra el código civil chileno, puestos al alcance de las
personas que no están versadas en leyes. Primera Entrega: La Prescripción.
88 págs. Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1870.
D. Sociales
1862 Aviso a los artesanos honrados: traducción
al castellano del folleto "Asociación de los Albañiles",
de L. Jourdain, publ. en 1861, con comentarios, 8vo., 3p., pie de
Imprenta Nacional. En Bibliografía chilena de Ramón Briseño,
documento 298.
1862 Importancia de la Institución de
Seguros de Vida, y proyectos sobre el particular que son susceptibles
de establecerse en Chile, Anales de la Universidad de Chile,
1862 Proyectos sobre seguros de la vida: discurso,
22 págs., 3 tablas ilustrativas. Imprenta Nacional, Santiago de
Chile, 1862.
1864 Estatutos de la Sociedad titulada Trabajo
para Todos, Imprenta Nacional, Santiago, 1864.
186? Obra sobre falansterios perdida, según
(31).
Referencias
A. Fuentes Documentales
1.Biblioteca Nacional, Santiago de Chile, Archivo
Fernández Larraín, Vol. 45, págs. 9. Expediente
en que R. Picarte solicita licencia para casarse con Carmen Mujica,
6 Fs., incluye providencia de Freire autorizando dicha licencia.
2.Archivo del Arzobispado de Santiago. Libro
40 de Bautismos, Parroquia del Sagrario, pág. 164.
3.Archivo del Arzobispado de Santiago. Libro
12 de Matrimonios, Parroquia del Sagrario, pág. 127v.
4.Anales de la Universidad de Chile (1843-1950).
B. Diarios, Periódicos y Revistas
5.El Voto Libre, Chillán, 1866-1867.
6.El Mercurio de Valparaíso, 1859.
7.El Independiente, 1864-1865.
C. Libros, Artículos y Folletos
8.Almendras, Domingo, "Desarrollo de los estudios
de Matemáticas en Chile antes de 1930", Folleto.
9.Amunátegui Solar, Domingo, Los primeros
años del Instituto Nacional (1813-1835), Santiago, Imprenta
Cervantes, 1889.
10.Amunátegui Solar, Domingo, El Instituto
Nacional bajo los rectorados de don Francisco Puente, don Manuel Montt
y don Antonio Varas (1835-1845), Santiago, Imprenta Cervantes,
1891.
11.Barlow, Peter, Tables of squares, cubes,
square roots, cube roots and reciprocals of all integers up to 12,500,
Cuarta edición por L.J. Comrie, Chemical Publ. Co., New York,
1954. (Primera edición 1819).
12.Bell, Eric T., Los grandes matemáticos,
Ed. Losada, 1948.
13.Blancpain, Jean Pierre, "Cultura francesa
y francomanía en América Latina: el caso de Chile en
el siglo XIX". Cuadernos de Historia 7, Depto. de Ciencias
Históricas, Universidad de Chile, julio de 1987, págs.
11-52.
14.Encyclopaedia Britannica, artículo
"Mathematical Tables", ver especialmente ediciones de 1911 y de 1961.
15.Encina, Francisco Antonio, Historia de Chile.
16.Figueroa, Pedro Pablo, Diccionario Biográfico
General de Chile (1550-1887), Santiago, ediciones de 1888 (Imp.
Victoria) y de 1897.
17.Fletcher, Miller, Rosenhead, Comrie, An
Index of Mathematical Tables, Second Ed., Blockwell Sc. Publ.
Ltd., Oxford, England, 1962 (Primera edición 1946).
18.Francoeur, J.-B., Curso Completo de Matemáticas
Puras, Traducción de A.A. Gorbea, Santiago, Imprenta de
la Opinión, tomo I (1833), tomo II (1845).
19.Galdames, Luis, La Universidad de Chile,
1843-1934. Santiago, Prensas de la Univ. de Chile, 1934.
20.Greve, Ernesto, Historia de la Ingeniería
en Chile, tomo II, Santiago, Imprenta Universitaria, 1938.
21.Grez Toso, Sergio, De la Regeneración
del Pueblo a la Huelga Nacional. Génesis y evolución
histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890),
Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Santiago, 1997.
22.Gutiérrez, Claudio, "Un trabajo matemático
chileno del siglo XIX", Revista Creces, Nº 5, 1992 (40-44).
23.Gutiérrez, Flavio, Reseña
histórica de las Matemáticas en Chile durante la Colonia,
Memoria de prueba para optar al título de Profesor de Estado
en Matemáticas y Física, Universidad de Chile, Instituto
Pedagógico, 1953, Profs. guía E. Pereira Salas y Carlos
Videla, 200 páginas (inédito).
24.Hernández Ponce, Roberto, "Chile Conquista
su Identidad con el Progreso. La enseñanza de las Matemáticas,
1758-1852", Historia, Nº 23, 1988, págs. 125-168.
25.Huneeus Gana, Jorge. Cuadro Histórico
de la Producción Intelectual de Chile, Biblioteca de Escritores
de Chile, tomo I, 1919, 880 páginas.
26.Jariez, Julio, Curso Completo de Ciencias
Matemáticas Físicas y Mecánicas Aplicadas a las
Artes Industriales, Cinco Tomos: Aritmética, Álgebra,
Geometría, Geometría Descriptiva, Mecánica. Segunda
Edición, Traducción de Fco. Solano, Santiago, Imprenta
del Ferrocarril, 1861.
27.Lalande, Jerome de, Tablas de Logaritmos
para los números y los senos, Librería de la Vda.
de Ch. Bouret, París, México, 1912. (Primera Edición
1760).
28.Maublanc, Rene y Armand, Felix, Fourier,
Fondo Cultura Económica, México, 1940.
29.Maturana, Valerio, Diccionario histórico,
biográfico y bibliográfico de Chile, Santiago de
Chile, 1930.
30.Mellafe, R., Rebolledo, A., Cárdenas,
M., Historia de la Universidad de Chile, Ediciones de la Universidad
de Chile, Biblioteca Central, Santiago de Chile, 1992.
31.Ramírez Necochea, Hernán, Historia
del Movimiento Obrero en Chile, Antecedentes siglo XIX, Segunda
Edición, Concepción, Ed. LAR, 1988.
32.Serrano, Sol, Universidad y Nación,
Editorial Universitaria, 1994.
Actualmente se encuentra jubilado.
Citas
1 Página 14 en (32). En este libro se desarrolla
ampliamente esta relación Universidad-Nación.
2 Para una historia de la enseñanza de las
matemáticas hasta la mitad del siglo XIX, véase (24) y E.
Allendes, Anales, Oct. 1859.
3 Según Sol Serrano (32), entre 1842 y 1879
solo 6 chilenos publicaron fuera del país. Los otros cinco son:
Lastarria, Vicuña Mackenna, Barros Arana, M.L. Amunátegui
y el Dr. Adolfo Murillo.
4 La historiografía chilena lo ha desconocido
sistemáticamente: en el interesante Cuadro Histórico
de la Producción Intelectual de Chile, de J. Huneeus (25) publicado
en 1910 con motivo del centenario de nuestra Independencia y dedicado
a presentar la intelectualidad chilena desde la Independencia hasta esos
días, en todos los ámbitos, no se menciona una palabra sobre
Picarte, aun estando el capítulo XI dedicado a las ciencias
matemáticas y físicas. Amunátegui, en su Historia
del Instituto Nacional (9) y (10), tampoco nombra a Picarte entre
sus alumnos destacados. Encina, en su voluminosa historia, al hablar de
la ciencia en esa época tampoco lo menciona. Habría que
agregar que en las historias de la Universidad de Chile, antiguas y recientes,
por ejemplo (19), (30), tampoco aparece Picarte entre sus científicos
ilustres.
5 La cita sobre el falansterio aparece en (31).
El catálogo internacional de tablas matemáticas es (17).
El artículo de los Anales, firmado R.B., y aparecido en los Anales
de mayo de 1859, págs. 417-426, fue con toda seguridad escrito
por don Ramón Briseño, en esa fecha miembro de la Facultad
de Humanidades de la Universidad y encargado de los Anales. Es muy probable
que el amigo aludido sea Paulino del Barrio.
6 El parte de matrimonio en el Archivo del Arzobispado
nombra a los padres de Santiago Ramón, don José Picarte
y doña Bartola Castro, y de Carmen, don Manuel Mujica y doña
Pastoriza Alderete. Ver también (1).
Respecto de los hijos de este matrimonio, solo hemos
podido ubicar a Ramón y sus hermanas Albina y María Georgiana.
En 1912 Albina aparece como la única descendiente de la familia.
En la dedicatoria de la edición de 1860 de sus tablas, Picarte
habla de mi madre y hermanos. Por otro lado la pequeña
biografía en (29) habla de hermanos.
7 La fe de bautismo está en (2). En la edición
de 1888 del Diccionario Biográfico de Pedro Pablo Figueroa aparece
erróneamente 1820 como el año de nacimiento.
8 Según el plan de estudios primarios, ordenado
por decreto del 12 de julio de 1832. Programa de Educación Primaria,
Anales, 1845(? ), pág. 30.
9 Amunátegui en (10) se refiere al curso
de 1843. Aparte de los nombrados, estaban Santiago Godoy, Ramón
Sotomayor Valdés, Floridor Rojas, Pío Varas, Pedro Pablo
Ortiz, Ambrosio Montt, Ignación Zenteno.
Que Picarte, a quien Amunátegui no nombra, pertenecía
al curso lo atestigua la sesión del Consejo Universitario del 18
de abril de 1863 (véase los Anales de ese año), respondiendo
a una petición de Picarte para acogerse a un acuerdo que beneficiaba
a ese curso. Allí se lee: Puesta en discusión la primera
parte de la solicitud, los señores Solar, Barros Arana y el secretario
testificaron, el primero como rector del Instituto Nacional a la época
en que el Sr. Picarte hizo sus estudios en dicho establecimiento, y los
2 segundos como condiscípulos del solicitante, que efectivamente
el Sr. Picarte perteneció al curso en cuyo favor se celebró
el acuerdo que se cita. El Secretario era Miguel Luis Amunátegui.
10 El relato es el artículo de los Anales
de mayo del 1859 mencionado en la Nota 5, y es, con toda seguridad, muy
cercano a lo ocurrido, por la cantidad de información que hemos
podido corroborar con otras fuentes. Es muy probable que el condiscípulo
nombrado sea Paulino del Barrio, miembro de la Facultad de Ciencias Físicas
y Matemáticas, con quien Picarte debe haber estado manteniendo
correpondencia epistolar.
11 Archivo OHiggins, Tomo III, citado en
(24).
12 Véase (24), pág. 164 y siguientes.
13 Eulogio Allendes, Anales, oct. 1859,
t. XVI. Las consideraciones que tuvo el Gobierno para introducir estos
estudios son del mayor interés: En Chile, país agricultor,
dividido más que ningún otro de los de la América
española en propiedades pequeñas, donde cada día
se aumenta la subdivisión de terrenos, donde por estas causas cerca
de la mitad de los pleitos que se ajitan en los Tribunales es sobre deslindes
de tierras; el cargo de Agrimensor es uno de los más delicados,
y de cuyo mal desempeño resultan graves perjuicios al público.
La práctica diaria de los Tribunales hace notar cuántos
litigios, cuántas deudas y cuan prolongados pleitos provienen de
mensuras mal hechas. La Geometría es una ciencia práctica,
que para desempeñarse bien requiere uso y ejercicio en su aplicación
a grandes espacios, y a los obstáculos que presenta la naturaleza
de algunos terrenos. Así es que no debe estimarse suficiente la
geometría práctica que se enseña en los colegios
para confiar a las manos inexpertas de un alumno recién salido
de ellos, el ejercicio de operaciones que deben decidir de la fortuna
de los ciudadanos; puesto que en esta materia los jueces obran dirigidos
únicamente por los conocimientos que suponen en los que se estiman
peritos. Movido el Gobierno por estas consideraciones, ínterin
se publica un Plan General de Estudios que se prepara, y se designas los
requisitos necesarios para estudiar las profesiones científicas
(...) (citado en el artículo de E. Allendes, pág.
963).
14 Podemos nombrar entre ellos al Ministro Antonio
Varas, quien también era abogado (igual que Picarte como veremos);
el novelista Alberto Blest Gana; Francisco de Borja Solar, sucesor de
Gorbea en la cátedra de matemáticas superiores y más
tarde en el decanato de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas;
José Basterrica, autor de varios textos de enseñanza; M.
Salustio Fernández, biógrafo de Gorbea y el primero que
escribió una memoria sobre probabilidades y estadística
en Chile; Eulogio Allendes, autor de una reseña histórica
de las matemáticas desde la Colonia hasta 1858 y posteriormente
ministro de Obras Públicas del Presidente Balmaceda. Todos egresados
del Instituto Nacional y discípulos de Gorbea.
15 Biografía de A.A. Gorbea, por Manuel
Salustio Fernández, Anales, mayo de 1861, págs. 645-811.
16 Estas eran las materias de matemáticas
de 1832.
17 En (10).
18 Acotemos que el Francoeur es un libro muy completo.
El primer tomo comprende Aritmética, Álgebra Elemental,
Geometría y Trigonometría Plana y Geometría Analítica.
En el segundo tomo hay Álgebra Superior, Geometría del Espacio,
Trigonometría Esférica, Cálculo Diferencial e Integral,
Ecuaciones Diferenciales, Series y Cálculo de Variaciones. En el
prefacio el autor dice que se ha propuesto poner a un lector atento
e inteligente en estado de leer todas las obras que tratan de ciencias
exactas sin suponer en él ningún otro conocimiento preliminar
de matemáticas (el subrayado es nuestro). Tal vez esta fue
la razón que tuvo Gorbea para elegir esta obra como texto y dedicar
su traducción a la estudiosa juventud chilena con el vivo
deseo de cooperar a la remoción de cuantos obstáculos
que puedan oponerse a los progresos de una juventud ansiosa de saber.
19 Citado por Encina (15), tomo 22, pág. 126.
20 Picarte aparece en las planillas de profesores
de la Escuela Militar desde 1854 hasta 1856, como puede comprobarse en
los Anales de 1855, tabla en la pág. 804, y Anales
1856. En el mismo sentido apunta una información aparecida en la
revista semanal francesa de los progresos de la ciencia, COSMOS: El
señor Picarte, profesor de matemáticas de la Escuela Militar
de Santiago de Chile, ha publicado ya un excelente libro titulado Tablas
de Logaritmos para los números y los senos, por J. Lalande, reducidas
a 41 páginas y aumentadas con las partes proporcionales de las
diferencias, correspondientes a los logaritmos de los números y
a los logaritmos de los arcos. M. LeVerrier, Director del Observatorio
Imperial, ha hecho de esta obra una acogida muy benévola.
(Citado en Anales 1859, pág. 828).
21 Prefacio a la traducción del primer tomo
de Curso Completo de Matemáticas Puras, de M. Francoeur,
(18).
22 En los Anales de 1856, pág. 402,
aparece sobre la Sesión del 13 de diciembre de 1856: El señor
Domeyko hizo presente que convendría que la Universidad se suscribiese
a una revista de lejislación y a otra de matemáticas puras,
de las que se publican en Francia, y al efecto indicó las de Woloski
y Liouville. El Consejo aprobó esta indicación.
23 En Anales, 1852, pág. 167-175.
Don Julio Jariez llegó contratado al país desde Francia
para hacerse cargo de la Escuela de Artes y Oficios.
Pero esta incredulidad, esta creencia pesimista, esta
subestimación de capacidades en la sociedad chilena, no se refería
sólo a las matemáticas. Abarcaba también el campo
de la creación artística e intelectual. Dice Encina, con
justa razón, que durante muchos años, un siglo tal
vez, se ha creído como dogma de fe, que esta inferioridad es racial.
Este fantasma nos ha acompañado a lo largo de
nuestra historia. Ejemplos hay muchos, pero quizás el de Gabriela
Mistral sea el más conocido. Desgraciadamente esto no es solo historia.
Por ejemplo, véase la Editorial del diario El Mercurio del 24 de
abril de 1974, y la contundente respuesta de la astrónoma Adelina
Gutiérrez, en carta del 6 de septiembre del mismo año.
24 Eulogio Allendes en su Discurso de incorporación
a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Anales,
octubre de 1859, tomo XVI, pág. 987.
25 Ver el estudio sistemático de este fenómeno
en (13).
26 En las biografías de grandes matemáticos
de Bell (12), página 375-6.
27 Citado en el artículo de los Anales
referido en la Nota 10.
30 Desde 1862 en adelante participará regularmente
en los consejos de la Facultad y en los claustros de la Universidad, como
puede corroborarse en las listas de asistentes a estos eventos publicadas
periódicamente en los Anales. Aparece como miembro de la Facultad
hasta comienzos de los noventa por ejemplo en las listas de miembros
de la Universidad elaboradas por el secretario general en 1890 y 1892
aparece, aunque en 1890 como ausente de Santiago, pero en el listado
de miembros elaborado por el Rector Barros Arana en 1895 ya no está.
¿Qué ocurrió?
Hagamos notar que Picarte era miembro académico
de la Facultad. De acuerdo a la Ley Orgánica, la Universidad de
Chile era a la vez superintendencia de educación y academia científica.
Como superintendencia de educación, le corresponde a este
cuerpo la dirección de los establecimientos literarios y científicos
nacionales y la inspección sobre todos los demás establecimientos
de educación (art. 1º, inciso 2º). Como academia
debía canalizar y estimular la producción científica,
literaria y artística (para detalles, véase [32], pág.
111 y sig.). En el aspecto docente la universidad dirigía y supervigilaba
la educación nacional, pero no la enseñanza directa en ninguna
de sus ramas. Los académicos eran nombrados por el Presidente de
la República a propuesta de la Universidad. Su número se
limitaba a 30 por Facultad y formaban el Consejo de esta. Podían
o no ser docentes o profesores. Estos últimos tenían a su
cargo la enseñanza y podían ser o no ser académicos.
La Universidad docente se definió legalmente en la ley del año
1879. Picarte fue nominado académico en 1862, pero no tenemos conocimiento
de que haya sido profesor en la universidad.
31 En los Anales, primer semestre de 1863,
pág. 521 puede leerse el acta de la sesión del Consejo Universitario
del 18 de abril de 1863: De una solicitud de don Ramón Picarte,
para que se le exonere de graduarse de Bachiller en Humanidades a fin
de obtener igual grado en Leyes, por ser uno de los alumnos a que se refiere
el acuerdo celebrado por el Consejo en la sesión del 26 de octubre
de 1850, y para que se le permita graduarse de Bachiller en Leyes con
la obligación de rendir durante la práctica forense los
exámenes de Geografía y Cosmografía, concedido a
muchos de sus condiscípulos, por no haber sido obligatorio el estudio
de los mencionados ramos en los tiempos que cursaron humanidades.
Puesta en discusión la primera parte de
la solicitud, los señores Solar, Barros Arana y el secretario testificaron,
el primero como rector del Instituto Nacional a la época en que
el Sr. Picarte hizo sus estudios en dicho establecimiento, y los dos segundos
como condiscípulos del solicitante, que efectivamente el Sr. Picarte
perteneció al curso en cuyo favor se celebró el acuerdo
que se cita.
Finalmente B. Arana propuso que se dispense absolutamente
al Sr. Picarte los dos ramos indicados, por los méritos de R. Picarte.
32 Arturo Montero, Patentes de Invención,
pág. 29, citado en (29).
33 Las posibles influencias, que merecen un estudio
detallado, son variadas: su padre, exaltado pipiolo; la situación
de pobreza de su familia; el impacto del juicio y expulsión de
Bilbao del Instituto mientras él era estudiante; las teorías
socialistas en boga mientras estuvo en Francia, particularmente las fourieristas;
amigos relacionados con la Sociedad de la Igualdad (por ej. Paulino del
Barrio).
34 Citado en (28). Luego Fourier se pregunta: ¿Qué
hacer, entonces? Sencillamente no ir contra la naturaleza, como se ha
venido haciendo hasta ahora, sino actuar en consonancia con las armonías
del universo como lo hacen las ciencias físicas, que han
sabido arrancarle los secretos a la naturaleza. Asegura que estas
son las leyes de la atracción social, la teoría matemática
de las pasiones del hombre y los animales. De aquí se puede
inferir una "forma científica de organizar la sociedad, las
relaciones entre los seres humanos entre sí, con los animales y
la naturaleza en general, sin violentar el orden natural." Como en
las ciencias físicas, las matemáticas son ingrediente esencial
para buscar las leyes que rigen estos dominios. Fourier llega incluso
a establecer, luego de intrincados argumentos, ¡que un falansterio
debiera contar exactamente con 1.620 miembros! Una teoría matemática
para el mundo social, análoga a la del mundo físico, es
un problema que aún permanece abierto.
35 Memoria publicada en los Anales del año
1862 y en folleto aparte, Proyectos sobre seguros de vida: discurso,
Imprenta Nacional, 1862.
36 Seguimos a Hernán Ramírez Necochea
(31) y Sergio Grez (21). El folleto que hizo circular son los "Estatutos
de la Sociedad Trabajo para Todos".
37 Memoria publicada en los Anales del año
1865 y en folleto aparte "Estudio sobre Bancos de Emisión",
Imprenta Nacional, 1865.
38 El Voto Libre, periódico de Chillán,
año 1, Nº 4, diciembre de 1866 y números siguientes.
39 El Voto Libre, Nº 23, mayo de 1867.
40 El parte de matrimonio está en (3). Revisamos
los libros de bautizos del Archivo del Arzobispado hasta 1890 y no encontramos
registrados hijos de la pareja.
41 Anales de la Universidad de Chile, enero
y febrero de 1884.
42 P. P. Figueroa en su Diccionario, ed.
de 1888 dice: Actualmente se encuentra en París, y
en la ed. de 1897: Ha permanecido en París consagrado a sus
estudios científicos.
43 En su discurso de incorporación a la
Facultad de Matemáticas citado en la nota 35.
44 Ver por ejemplo la edición de 1912 (27).
Y para precisar aún más añadía:
La mayor parte de los cálculos no exigen sino los minutos;
y los astrónomos, los navegantes, los militares, los geógrafos,
los agrimensores y los arquitectos necesitan continuamente de tablas pequeñas,
y muy rara vez o nunca grandes. Si se buscan los minutos en un grueso
volumen que contiene los segundos se pierde tiempo. El tamaño de
este no requiere rigurosamente más que el tiempo necesario a la
operación: además de que los cortos de vista se fatigan
mucho con las grandes tablas; en fin cuanto más diminuto en el
tamaño, tanta mayor comodidad of rece para el uso diario; por lo
que he reducido este a lo puramente necesario (10 x 6 cm. aproximadamente).
He calculado eclipses a centenares, y casi jamás
usé otras tablas que las que publico.
45 El artículo "Tablas matemáticas"
de la Enciclopedia Británica, escrito por el experto James
W.L. Gleisher, para la edición de 1911.
46 En el autorizado catálogo sobre tablas matemáticas
An Index of Mathematical Tables de Fletcher, Müiller, Rosenhead
y Comrie (2 tomos, Oxford, 1962) puede leerse que la más destacada
tabla matemática de valores decimales de fracciones, para N/D,
es Picarte 1861. También señala que para recíprocos,
con valores restringidos, las tablas estándar son Oakes 1865, Barlow-Comrie
1930,1941, Y junto a ellas Picarte 1861.
47 El asunto de la seguridad de una tabla es el dolor
de cabeza de los calculistas. Decía A. De Morgan que toma años
de prueba y uso el establecer que una tabla está libre de error.
No solo hay errores de cálculo (tablas deficientes o inseguras),
sino equivocaciones involuntarias de transcripción e imprenta que
son inevitables aun en las tablas de primer nivel. Lalande pagaba cien
francos por cada error que le fuese señalado en sus tablas de logaritmos.
En nuestro caso, el aludido L.J. Comrie le encontró casi 100 años
después uno a Picarte: ¡la línea correpondiente a 7746
en la página 82 tiene una cifra cambiada!
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