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De la época y su medicinaCelso nació alrededor de 25 años antes de Cristo y murió el año 45 de nuestra era. Su vida se inició cuando era emperador (o príncipe, como se decía en la época) Octavio Augusto, el que en su largo reinado expandió notablemente las fronteras imperiales y mantuvo la paz, a la que se refiere el evangelista al narrar el nacimiento del Señor : estando todo el mundo en paz... Los fundamentos materiales y culturales del Imperio eran muy sólidos. Los romanos descollaban por su genio en la administración, el derecho y la ingenieria, y habían conquistado enormes riquezas. Su provisión de alimentos, principalmente los cereales de Sicilia y Egipto, era al parecer inagotable; lo mismo sucedía con la provisión de esclavos provenientes de todas las provincias. Finalmente la anexión de Grecia y del mundo helénico había significado un gran aporte cultural que modificó, para bien o para mal, los conocimientos, las costumbres y la visión del mundo de los romanos. La juventud y madurez de Celso transcurrieron durante el largo principado de Tiberio, personaje extrano, depresivo e introvertido, pero a juicio de los historiadores, excelente administrador de la prosperidad del Imperio y de la paz de sus fronteras. En este ambiente, tan propicio para el ocio y la creación cultural, vivió Celso. En esa época, la Medicina de la capital del imperio era ejercida casi exclusivamente por griegos, provenientes en su mayoría de las escuelas de Pérgamo, Cos y Alejandría. La profesión estaba prohibida a los patricios (cabe recordar que solo bajo Vespasiano se permitió la fundación de Escuelas de Medicina en Roma: Los auditoría). La calidad de los médicos griegos era tan variable como su clientela: trataban desde los esclavos, pasando por las prostitutas, los gladiadores y los soldados, hasta las autoridades de la burocracia, los grandes políticos del foro y las familias patricias. Algunos médicos eran esclavos, otros libres: pero todos ambicionaban la fama, la riqueza y por sobre todo, la ciudadanía romana. Pocos lograron obtenerla, a pesar de sus méritos: los romanos desconfiaban de los griegos y más aún, de los médicos, como queda en claro en el siguiente párrafo de una Carta de Catón a su hijo Marco: Los griegos son una raza perversa e indocil; créeme cuando te afirmo que siempre que nos aportan sus conocimientos corrompen a Roma y peor aún, si nos envian a sus médicos. Estos han jurado matar a todos los bárbaros con la ayuda de la medicina y llaman bárbaros a los romanos. Recuerda que te he prohibido a los médicos... La Medicina, siguiendo la tradición hipocrática, consideraba dentro de la práctica profesional a la Dietética, la Farmacéutica y la Cirugía. La gran mayoría de los médicos ejercían en todos estos campos a la vez, sin perjuicio de un mayor desarrollo de sus habilidades en alguno de ellos, de acuerdo a su inclinación natural y sus habilidades. En todo caso el ejercicio profesional no estaba controlado ni reglamentado por el Estado: los pacientes asumian sus riesgos... y a menudo los médicos también (según la importancia y el poder de sus clientes). La Dietética, nombre con el que se designaba la higiene en general, daba gran importancia a la nutrición, el ejercicio y el control de las pasiones: al decir de Celso, la salud no viciada por la desidia o la lujuria. Curiosamente, él incluyó entre los vicios la disciplina de las letras... que aunque de considerable importancia para el espíritu es enemiga del cuerpo, puesto que la meditacion, el estudio y las vigilias nocturnas lo debilitan. La Farmacéutica, elaborada y múltiple, constituía una tradición atesorada no solo por los griegos sino por todo el mundo mediterráneo, y reforzada por la influencia asiática que aportaron las conquistas de Alejandro Magno. Finalmente la Cirugía, a pesar de las limitaciones de la anestesia, gozaba de un enorme prestigio, sobre todo entre los soldados y en el popular gremio de los gladiadores. Del personaje y su obraAulo Cornelio Celso perteneció a la destacada familia republicana de Los Cornelios. Patricio educado, reflexivo y humanitario, manejaba el latín con gran elegancia y precisión. Su pasión enciclopedista lo llevó a escribir su obra De Artibus (25-35 d.C): en múltiples tomos trató las disciplinas de la Agronomía, el Arte Militar, la Medicina, la Retórica, la Filosofía y la Jurisprudencia. Naturalmente no ejerció nunca la medicina: fue un: filiiatra o amigo de los médicos, a los que tiene que haber interrogado sin descanso. Su monumental obra se perdió: casualmente la Re Medica fue encontrada por el papa Nicolás V alrededor de 1450 y fue la primera obra médica multiplicada por la naciente imprenta (primera edición: Florencia, 1478). Reeditada numerosas veces, llegó a ser popular entre los médicos a comienzos de la edad moderna. Re Medica recopila el conocimiento y práctica de la Medicina a comienzos del Imperio Romano. En consecuencia, sus fuentes fueron helenísticas: seguramente el actor las recopiló entrevistando a médicos griegos amigos, de diferentes escuelas y tendencias. Su principal mérito, que todavía persiste, es haber traducido el léxico de la medicina helenística al latín. El orden de la obra incluye el Proemio, o Introducción objeto de este comentario y los capítulos sobre Dietética, Farmacéutica y Cirugía. El Proemio es un elegante análisis crítico de las escuelas en que se dividian los médicos en esa época: Dogmáticos, Empíricos y Metódicos, estos últimos de aparición reciente. Antes de analizar el pensamiento de cada una, Cello expone los conceptos de causalidad propios de la medicina hipocrática clásica :
- Las llamadas causas ocultas se suponía que eran las principales determinantes del equilibrio del organismo sano, y su alteración desencadenaba la enfermedad. Se resumían en la conocida teoría de los 4 humores y temperamentos, reflejo antropocéntrico del macrocosmos y sus elementos: Aire, Agua, Fuego y Tierra. Esta teoría también servía para explicar la predisposición de las personas a contraer determinadas enfermedades. Obviamente la interpretación de las causas ocultas era especulativa y en muchos sentidos irracional. Su vinculación con la astrología era permanente. - Las llamadas causas evidentes se referían a aquellas circunstancias externas que podían jugar un rol en la aparición de alguna patología: el frío, el calor, la sed, el ayuno, la gula o la lujuria desenfrenadas o ambas tan comunes en esos tiempos y obviamente los traumatismos. - Las acciones naturales se referían a la calidad de las funciones fisiológicas. Destacaba entre ellas la digestión, como proveedora de la energía para el organismo; la respiración, el equilibrio sueño-vigilia, etc. - Finalmente las partes internas tenían que ver con la observación anatómica de los órganos sanos o enfermos, sus relaciones topográficas y la asociación de diferentes lesiones en los pacientes. Celso se refiere solo de paso a la disección de los cadáveres; pero discute ampliamente la vivisección, procedimiento bárbaro de exploración de la anatomía en criminales condenados a muerte, o aprovechando las heridas de gladiadores o soldados. La Medicina Dogmática descansaba en el uso del pensamiento racional y especulativo para deducir el origen de síntomas y signos y derivar de ellos el tratamiento. Algunos de sus aforismos, mencionados por Celso, aparecen en la tabla siguiente: Medicina Dogmática: Fundada en el conocimiento y la razón. Aforismos: Quien ignora el origen de las enfermedades no puede pretender curarlas. El ejercicio aislado de la razón no tiene sentido: del razonamiento debe derivar la práctica. Renovación del conocimiento: Cada año se encuentran nuevos remedios y se dan nuevos géneros de enfermedades... Por su parte, la Medicina Empírica despreciaba como inútil la posicion de los dogmáticos, a quienes consideraba ineficientes y comparaba con los filósofos, como se puede observar de los aforismos presentados en la tabla siguiente :
Finalmente, los médicos de la Escuela Metódica fundada por Temisón, trataron de observar qué había de común en los síntomas y signos de diversas enfermedades, e intentaron su encasillamiento en 3 variedades: estrechas, fluidas y mixtas. Además las clasificaron en agudas o crónicas, y según su pronóstico en las que se agravaban, permanecían estacionarias o se atenuaban, hasta curar... Rechazaban tanto a los dogmáticos, por creer en las causas ocultas como a los empíricos, porque no usaban el arte de la observación a un nivel adecuado. Celso critica severamente a los metódicos señalando que sus clasificaciones y tratamientos no agregan nada de valor; sus observaciones le parecen fáciles y vulgares, los compara con los veterinarios y considera que los antiguos maestros de la medicina griega no se habrían contentado con esos conocimientos... Celso concluye su Proemio exponiendo breve y concisamente su posición personal en 4 premisas: Posición Ecléctica de Celso1. La Medicina debe ser ciertamente racional. Finalmente, condena la vivisección como inhumana y solo justifica la observación anatómica de los heridos durante las maniobras destinadas a curarlos. Resulta admirable que un hombre que no ejercía la Medicina llegara a esta síntesis; ella probablemente reflejaba la opinión de los médicos más eminentes y equilibrados que él trató mientras escribia su libro. Se demuestra de paso que en buena medida podemos (y ¿debemos?) compartir nuestros conocimientos con los pacientes, sobre todo si destacan, como Celso, por su nivel cultural, humanidad y sentido común. |
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