Introducción
Muchos de los procesos en biología, tales como la diferenciación
y el desarrollo, aumentan la complejidad del organismo. A diferencia de
estos, en el proceso de envejecimiento aumenta la entropía culminando
con la muerte del ser vivo. Los seres vivos han sido diseñados
para reproducirse y posteriormente extinguirse, puesto que la evolución
favorece la reproducción frente a la inmortalidad. De esta forma,
una vez traspasado el umbral que deja atrás el período fértil
de la vida, el deterioro de los seres vivos prevalece por sobre la síntesis
y el organismo envejece.
La complejidad del proceso de envejecimiento se pone de manifiesto con
la observación que dentro de la misma especie, no todos los individuos
envejecen por igual, lo que sugiere la existencia de condicionamientos
de carácter genético con un fuerte componente ambiental,
que marcan las pautas del proceso de senescencia. Se ha observado que,
algunos de estos procesos son universales desde la levadura del pan (Saccharomyces
cerevisiae), la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster), el gusano
redondo (Caenorhabditis elegans, C.elegans), los mamíferos y finalmente
hasta el hombre.
El fenotipo general de la senescencia es característico de cada
especie. Sin embargo, para analizar este proceso es necesario empezar
con modelos animales relativamente simples alguno de los cuales analizaremos
en este artículo. Veremos que el proceso de envejecimiento está
sujeto a regulación pero también con algunos elementos al
azar.
En este artículo revisaremos los estudios más relevantes
que se han realizado en los distintos modelos animales para entender el
proceso de envejecimiento, incluyendo el ser humano. Revisaremos también
las teorías más aceptadas al respecto.
1. Componentes genéticos del envejecimiento
Cada célula cuenta con un sistema complejo para reproducirse
y construir las moléculas que le permiten desarrollarse. La información
y la maquinaria para lograr lo anterior están codificadas en
los ácidos nucleicos (ADN y ARN) y en las proteínas. En
las células, los ácidos nucleicos comparten un ambiente
que contiene numerosas moléculas inorgánicas, agua y una
gran variedad de especies moleculares, potencialmente reactivas, que
pueden existir como moléculas excitadas, iones o radicales libres.
Estas especies son posteriormente convertidas en productos químicamente
estables por reacciones subsecuentes.
1.1. Teoría de los radicales libres
La teoría de los radicales libres fue enunciada por Hamon en
1956 y propone que estos dañarían la función
celular. En los seres humanos, la producción y acción
de radicales libres se relacionan con enfermedades de la vejez como:
aterosclerosis, artritis, distrofia muscular, cataratas, disfunción
pulmonar, varios desórdenes neurológicos, declinación
del sistema inmune e incluso cáncer. Los radicales libres son
átomos o moléculas con uno o más electrones sin
neutralizar, por lo tanto tienen una tendencia a ceder o captar electrones
transformándose en moléculas tremendamente reactivas.
Los radicales libres dirigen su poder mutagénico a los ácidos
nucleicos, proteínas y lípidos causando lesiones que,
en la mayoría de los casos, son reparadas mediante una compleja
maquinaria celular. En el caso de los ácidos nucleicos, cuando
el sistema de reparación falla, se producen mutaciones que
pueden generar células tumorales. Los radicales libres atacan
al ADN ocasionando modificaciones de las bases purinas (adenina-A,
guanina-G) y pirimidinas (citosina-C, timina-T), también rompen
o entrecruzan las hebras del ADN. El ataque por especies reactivas
de oxígeno (EROs) es la mayor fuente de lesiones espontáneas
del ADN y se generan por reducción ineficiente en la mitocondria
durante la respiración celular. Por otra parte, oxidantes ambientales
como agentes químicos cancerígenos y radiación
ultravioleta e ionizante pueden lesionar los ácidos nucleicos.
EROs incluyen el ion superóxido (O2-), el radical hidroxilo
(OH), el peróxido de hidrógeno (H2O2) y O2 aislado.
(1) Los radicales hidroxilo son originados principalmente durante
la reducción química y enzimática de moléculas
de oxígeno en la célula. Se calcula que se producen
104 modificaciones de bases nucleotídicas por célula
al día, por efecto de EROs. Es factible que una fracción
de estos daños no pueda ser reparada y que la acumulación
contribuya a la pérdida de las funciones fisiológicas
relacionadas con la edad.
Una de las evidencias que apoyan esta teoría es la observación
que en Drosophila melanogaster, en las que se ha sobrexpresado enzimas
que destruyen EROs (catalasa, que degrada peróxido, y superóxido
dismutasa) viven un 30-40% más que los controles (2-3). En
C. elegans, también se ha observado que individuos con mutaciones
que aumentan la síntesis de enzimas que degradan EROs viven
mucho más tiempo que los nematodos controles (4-5). Estos hechos
no solo sugieren que el proceso de envejecimiento está bajo
control genético, sino que además entrega evidencia
de la participación de EROs en este fenómeno.
La evidencia de la acción de EROs en el envejecimiento en mamíferos
no es tan clara. Por ejemplo, en ratón, mutaciones que producen
la ausencia de enzimas que degradan EROs no causan un envejecimiento
prematuro (6-7). Sin embrago, hay que tener en cuenta que en mamíferos
existe una redundancia genética mucho mayor a lo observado
en invertebrados, por lo que otros genes que codifican para enzimas
que degradan EROs podrían estar siendo más expresados
y así anular el efecto de la mutación.
El lapso de vida de un organismo parece estar inversamente correlacionado
con su tasa metabólica y por lo tanto con la tasa del daño
oxidativo. La restricción calórica puede ser utilizada
para prolongar el lapso de vida en ratas y ratones y decrecer la frecuencia
de aparición de cáncer, el cual se incrementa dramáticamente
con la edad (ver más adelante). Todas las observaciones son
consistentes con la proposición de una gradual acumulación
de las alteraciones genéticas perjudiciales debidas al daño
oxidativo. Entre estas tenemos la restricción del codón,
en la cual la fidelidad y precisión de la traducción
del mARN está disminuida, mutaciones somáticas, desdiferenciación
celular causadas por daños moleculares al azar, etc. La acumulación
de todos estos efectos incluye una pobre reparación de las
lesiones del ADN, efecto que se acentúa notoriamente con la
edad, hasta llegar al cese de las funciones vitales.
1.2. Acortamiento de los telómeros
Los telómeros (del griego télos, final, y méros,
componente) son complejos de proteínas y ácidos nucleicos
que se encuentran en los extremos de los cromosomas lineales. En vertebrados,
el ADN telomérico está compuesto por la secuencia TTAGGG,
la cual se repite miles de veces. Este ADN es sintetizado por la enzima
telomerasa, una transcriptasa reversa especializada que utiliza templados
de ARN. Los telómeros, aparte de permitir la replicación
del genoma sin perder secuencias codificantes presentes al final de
los cromosomas, protegen el final del cromosoma frente a la degradación,
así como la unión de los extremos del ADN por enzimas
reparadoras.
Se ha postulado que los telómeros funcionarían como
una especie de reloj control, que lleva cuenta del número de
divisiones celulares. Esta última función cobra importancia
en la mayoría de los tejidos somáticos, los cuales no
expresan telomerasa. En ausencia de esta enzima, los telómeros
se acortan entre 80-300 pares de bases por cada duplicación
del genoma, durante la división celular. Esto se debe a la
incapacidad de la maquinaria de replicación de copiar la totalidad
de la secuencia del telómero en una de las hebras del ADN en
el cromosoma.
Los primeros experimentos que apoyaron esta idea se basan en cultivos
primarios de fibroblastos humanos descritos por Hayfick en la década
de los 60. El potencial de proliferación de las células
en cultivo se relaciona con la cantidad de veces que se han dividido
más que la edad del cultivo, observándose que cultivos
celulares establecidos a partir de individuos jóvenes pueden
dividirse más veces comparado a células provenientes
de individuos de mayor edad. (8)
Eventualmente, el acortamiento de los cromosomas, a través
de las sucesivas divisiones celulares, gatilla el proceso de senescencia
celular que resulta de la cesación de divisiones celulares
por una detención en el ciclo celular. Las células senescentes
permanecen viables y metabólicamente activas por largos periodos
de tiempo con relativamente poca muerte celular. La observación
que la expresión ectópica de telomerasa puede llevar
a la inmortalización de las células, con una concomitante
estabilización de los telómeros (9), apoya aún
más la hipótesis de que el largo de los telómeros
está causalmente asociado al fenómeno de senescencia
celular.
La senescencia celular ha despertado especial interés por sus
posibles conexiones con cáncer y envejecimiento. La telomerasa
se encuentra activada en una gran proporción de los cánceres
humanos. Esta enzima por sí misma no es capaz de transformar
células normales en cancerosas, pero su activación coopera
durante la carcinogénesis con mutaciones en oncogenes y genes
supresores como p53. La inhibición de esta enzima es una aproximación
promisoria para reducir el crecimiento de las células tumorales.
A pesar de los datos que sugieren fuertemente que la senescencia celular
tiene una importante función de supresión tumoral, las
conexiones que actualmente se pueden hacer con el envejecimiento natural
del organismo son bastante más tenues. (10)
En ratones en los que se ha eliminado la expresión de telomerasa,
se ha observado el desarrollo de disfunciones relacionadas con el
envejecimiento de varios sistemas y el desarrollo de fenotipos de
envejecimiento prematuro; sin embargo, actualmente no existe evidencia
directa de que la senescencia celular contribuya a alguna patología
propia del envejecimiento en humanos. (11)
Al realizar estudios del largo de los telómeros en la oveja
Dolly, obtenida por clonación en un proceso de transferencia
de núcleos, se encontró que éstos eran bastante
más cortos que los de una oveja control de la misma edad. Dolly
fue clonada a partir de una línea celular mamaria derivada
del tejido de una oveja de 6 años y mantenida en cultivo, por
lo que probablemente sufrió erosión de los telómeros
antes de la transferencia de núcleos. Es importante hacer notar
que Dolly manifestó prematuramente artritis, una enfermedad
característica del envejecimiento, sin embargo esto no se puede
atribuir directamente al proceso de clonación12. El acortamiento
de telómeros en clonación no es único, ya que
se ha observado para otro tipo de ganado, por lo que la transferencia
de núcleos durante este proceso, aparentemente no es capaz
de restaurar el largo original de los telómeros.(13)
Los pacientes aquejados de progeria, el síndrome de envejecimiento
prematuro, presentan un acortamiento significativo de los telómeros.
También, en los portadores del síndrome de Down, se
ha observado un envejecimiento prematuro, calculándose que
pierden 133 pares de bases teloméricas por año, comparado
con 41 en los controles normales (14). Por otra parte, se ha observado
la depleción de telómeros en linfocitos periféricos
en humanos de edad avanzada.
A pesar de que las células senescentes son una pequeña
fracción de la población de células de cualquier
tejido envejecido, estas podrían influir en el proceso de envejecimiento
del individuo, ya que las células senescentes secretan factores
remodeladores de tejido, como proteasas extracelulares, que pueden
afectar negativamente a las células vecinas y la homeostasis
general del tejido.
1.3. Envejecimiento prematuro
Se han descubierto varios genes que aceleran el proceso de envejecimiento
en humanos. Muchos de estos genes están involucrados con deficiencias
bioquímicas en la reparación del ADN, metabolismo lipídico,
procesamiento de proteínas, etc. (15)
El síndrome de progeria de Hutchinson-Gilford se caracteriza
por un envejecimiento prematuro en niños, los que mueren antes
de los 12 años por problemas cardiacos asociados con aterosclerosis
avanzada. Esta enfermedad es causada por un gen mutante dominante
y sus síntomas incluyen adelgazamiento y manchas de la piel,
reabsorción de la masa ósea, pérdida de cabello
y arteriosclerosis. La función del producto de este gen es
desconocido, pero se piensa que estaría involucrado en la supresión
del fenotipo de envejecimiento.
Para otros síndromes de envejecimiento prematuro como el síndrome
de Werner y el de Bloom se sabe que el gen mutado corresponde a una
enzima helicasa. Las helicasas participan en la replicación,
recombinación o reparación del ADN. Con el estudio de
estos síndromes, se evidencia que se requiere estabilidad genética
para envejecer normalmente. Muchos investigadores creen que el envejecimiento
acelerado de los pacientes con el síndrome de Down es la producción
desmesurada de EROs, sumado además al efecto del acortamiento
de los telómeros, ya descrito.
En otras enfermedades, como la de Alzheimer, de Huntington y del prión,
los problemas se asocian a un mal plegamiento de las proteínas,
ya sea por mutaciones en genes de proteínas de membrana implicadas
en sistemas de transducción de señales, en el caso del
Alzheimer; como en la transformación de una proteína
normal en otra mutante, en el caso de la enfermedad del prión.
El análisis de estas enfermedades, ha reforzado la noción
de que la mantención del soma es crítica para retardar
el proceso de envejecimiento. Defectos que reducen la habilidad del
cuerpo de reparar eficientemente o remover macromoléculas dañadas,
son aceleradores del proceso de envejecimiento.
1.4. Genes que codifican para proteínas del metabolismo
celular
Existe otra serie de genes que se han involucrado en longevidad. Todos
ellos participan en mecanismos de regulación de la actividad
metabólica del organismo. Estos estudios se han realizado en
sistemas sencillos como Saccharomyces cerevisiae, Caenorhabditis elegans
y Drosophila melanogaster. Por ejemplo, el gen clk-1 codifica para
una proteína de levadura que se requiere para la síntesis
de coenzima Q (ubiquinona) de la cadena respiratoria. Su sobreexpresión
eleva el nivel de fosforilación oxidativa y reduce la esperanza
de vida. Otra serie de mutaciones en nematodos y levadura producen
mayor resistencia al estrés oxidativo. En este caso, los genes
mutados codifican proteínas implicadas en cascadas de señalización
intracelular, que influyen sobre la expresión y nivel de actividad
de determinadas enzimas antioxidantes como superóxido dismutasa
(SOD), catalasa (CAT) o glutatión peroxidasa (GSP). No obstante,
hasta la fecha, se desconocen los mecanismos exactos por los que tiene
lugar esta correlación inversa entre longevidad y niveles de
metabolismo.16
1.5. Daño del genoma mitocondrial
Otro blanco para acumular mutaciones durante el envejecimiento es
el genoma mitocondrial. Las mitocondrias son críticas para
el funcionamiento celular ya que proveen la energía que requiere
la célula, en forma de ATP, a través del proceso de
fosforilación oxidativa. Cada célula puede tener varios
cientos de mitocondrias, y cada una de ellas posee varios genomas
mitocondriales. A pesar de que un gran número de las proteínas
mitocondriales que se utilizan en la fosforilación oxidativa
están codificadas en el genoma nuclear, al menos 13 proteínas
y 24 tARN (ARN de transferencia) están codificadas en su genoma.
Mutaciones puntuales y/o deleción en cualquiera de estos 37
genes puede comprometer la función mitocondrial. Sin embargo,
en el proceso de envejecimiento normal, se ha encontrado que las mutaciones
por deleción son las causantes primordiales de la disminución
de la fosforilación oxidativa. La velocidad de mutación
en la mitocondria es 10-20 veces mayor que la del DNA nuclear, principalmente
por tres razones: 1) está expuesto a altos niveles de EROs
los que se producen como subproducto del proceso respiratorio; 2)
no está protegido por proteínas, y 3) no posee la misma
capacidad para reparar los daños en el ADN. Se piensa que mutaciones
en la mitocondria pueden llevar a una producción de energía
defectuosa, producción de EROs por un transporte de electrones
alterados e inducción de apoptosis (muerte celular programada).
Una disminución de la función mitocondrial ha sido observada
con la edad en distintas especies incluyendo a humanos17. Las mutaciones
en las mitocondrias no solo producen un aumento en la producción
de EROs, si no que también hacen al ADN mitocondrial más
susceptible a sufrir daños por EROs.
Se han correlacionado mutaciones mitocondriales con patologías
específicas, como ceguera, sordera, problemas motores, debilidad
muscular, epilepsia y disfunciones de la médula ósea.
Muchos de estos cambios patológicos no son aparentes en el
nacimiento, sino que aparecen varias décadas después.
Esto se debería a que las células poseen una mezcla
de mitocondrias con mutaciones y normales (heteroplasmia). Se cree
que los cambios patológicos serían el resultado de un
cambio en el porcentaje de heteroplasmia versus la relativa capacidad
de fosforilación oxidativa presente en la célula. En
edades tempranas, el porcentaje de genomas mitocondriales normales
sería suficiente para mantener las células viables,
en cambio en edad avanzada, este mismo porcentaje sería insuficiente,
ya que la capacidad de fosforilación oxidativa se encuentra
muy disminuida. (18)
1.6. Teoría inmunológica
La teoría inmunológica considera que el envejecimiento
es consecuencia de las alteraciones en el sistema inmune del animal.
El origen de estos trastornos inmunitarios que aparecen con la edad,
radica en la disminución de la actividad de los linfocitos
T-ayudadores o T-supresores, el incremento en la producción
de autoanticuerpos y en la disminución de la sensibilidad de
la respuesta de defensa del paciente geriátrico. (19)
2. Medio ambiente y envejecimiento
2.1. Medio ambiente
Injurias ambientales que sobrepasan los sistemas de mantención
del sistema de reparación del ADN, pueden llevar a un envejecimiento
prematuro. Por ejemplo, exposición prolongada al sol va a llevar
a un envejecimiento prematuro de la piel debido a los altos niveles
de radiación ultravioleta que daña el ADN.
2.2. Restricción calórica (CR)
A principios del siglo XVI, Luigi Cornaro, de 40 años, decidió
disminuir drásticamente su consumo de alimentos por razones
de salud. Él vivió hasta los 102 años y escribió
un tratado sobre los beneficios de su abstemia forma de vida. Cinco
siglos después, no es claro si la limitación en el consumo
de alimentos puede extender la vida humana, sin embargo el consumo
de calorías en forma restringida o restricción calórica
extiende el largo de vida en organismos que van desde la levadura
hasta el ratón, además de posponer o prevenir una gran
cantidad de enfermedades y deterioros relacionados al envejecimiento,
sin causar daños irreversibles en el desarrollo ni en la reproducción.
(20)
Distintos investigadores han propuesto que, la acción antienvejecimiento
de la restricción calórica, resulta de la atenuación
de la acumulación de moléculas dañadas por estrés
oxidativo, asociado a la edad. Se ha demostrado que la restricción
calórica disminuye la acumulación de lípidos,
proteínas y ácidos nucleicos oxidados. Sin embargo,
lo que no ha sido claramente mostrado es el papel de estas moléculas
dañadas en la senescencia.
La restricción calórica causa una disminución
en los niveles de glucosa e insulina plasmática influyendo
el eje hormona de crecimiento (GH)-factor de crecimiento tipo insulina-1
(IGF-1). Se observó que ratas bajo restricción calórica,
tienen disminuida la secreción y la concentración plasmática
de GH y de IGF-1. Estos resultados concuerdan con el descubrimiento
en que mutaciones que disminuyen la señalización por
glucosa o insulina/IGF-1 en levadura, Drosophila, gusano y ratón
presentan una mayor extensión de vida y son enanos.(21) Esto
sugiere además, que al menos parte de las vías regulatorias
de la longevidad evolucionaron de un ancestro común. Interesantemente,
en humanos, la hiperglicemia e hiperinsulinemia por largo tiempo produce
daños similares a los que ocurren en la senescencia.
Recientemente, en levadura, se describió que una enzima llamada
Pnc1 parece ser la clave para unir el estrés del medio ambiente
(por ejemplo restricción calórica, altas temperaturas
y concentraciones elevadas de sal), energía metabólica
y largo de la vida. Esta enzima rompe la nicotinamida en ácido
nicotínico, controlando la acción de otra proteína
Sir2, que requiere de nicotinamida para su función. Sir2 es
una histona deacetilasa nuclear, capaz de apagar genes por control
del empacamiento del ADN en los cromosomas. (22) Por ejemplo, Sir2
silencia la trascripción génica del ADN ribosomal (rADN),
reduciendo la inestabilidad genómica en el nucleolo, lo que
se traduce en un aumento de longevidad en la levadura. (23) En nematodos,
el ortólogo de Sir2 (sir-2.1), extiende la vida de estos organismos,
regulando negativamente una vía de transducción de señales
que involucra hormonas parecidas a la insulina. Finalmente, en células
mamíferas la sobreexpresión del ortólogo de Sir2p
(SIRT1), otorga a estas células resistencia al daño
inducido por apoptosis o muerte celular programada. El mecanismo por
el cual esto ocurre lo discutiremos más adelante.
Tanto en el caso de la levadura como en el nematodo, Sir2 está
involucrado en la percepción de las condiciones microambientales,
que cuando se tornan adversas, gatillan diversas formas de sobrevivencia
especializadas, como esporas en las levaduras y larva dauer en el
nematodo. Esta forma de regulación podría haber estado
presente en un ancestro común a levadura y nematodo billones
de años atrás y solo la naturaleza adaptativa podría
explicar estas preservaciones.
2.3. p 53 (24)
Existe una proteína llamada p53 que se ha considerado guardián
del genoma, p53 cumple una serie de funciones anticancerosas
causando la detención del ciclo celular o la muerte de células
en las que se ha producido daño en el ADN, hipoxia, estrés
oxidativo, exceso de estímulo mitogénico o acortamiento
excesivo de los telómeros. Por una parte p53 evita el desarrollo
del cáncer, sin embargo, un exceso de actividad de p53 gatilla
o favorece procesos de envejecimiento. Existen, como ya vimos, múltiples
y no excluyentes procesos (como fallas en la reparación de
daños en el ADN, acortamiento de telómeros y estrés
oxidativo) que nos permiten, al menos en parte, explicar el proceso
de envejecimiento. La p53 estaría involucrada en estos tres
procesos. Los daños en el ADN, producidos por la exposición
a factores ambientales o por defectos en los mecanismos de reparación,
son censados por p53. Por lo tanto, si el envejecimiento es el resultado
de estos daños, la activación de p53 debería
jugar un papel en la generación de respuestas celulares relacionadas
al envejecimiento.
A pesar de no estar bien establecida la participación del acortamiento
de los telómeros en el proceso normal de envejecimiento en
humanos, este sí contribuiría a la falla final de órganos
en enfermedades crónicas que se caracterizan por un alto recambio
celular, como por ejemplo la cirrosis después de una hepatitis
crónica. En el ratón, el análisis de la dinámica
de los telómeros ha establecido una relación entre cáncer
y envejecimiento y el resultado final dependería de la función
de p53. En ratones con p53 intacto, los telómeros acortados
a un nivel crítico pueden contrarrestar el desarrollo de cáncer
al presentarse mutaciones en genes supresores de tumor; sin embargo,
se produce un fenotipo similar al envejecimiento precoz observado
en humanos. Sorprendentemente, la mayoría de las fallas en
distintos órganos, asociadas al acortamiento en los telómeros,
puede ser atenuada por pérdida de la función de p53.
Como ya vimos, la restricción calórica o mutaciones
que disminuyen el metabolismo de la glucosa, producen un aumento en
el largo de vida de distintas especies. Una de las posibilidades es
que esto se deba a que un metabolismo menor disminuiría la
producción de EROs. Al menos, en mamíferos la respuesta
a estrés oxidativo involucra a p53. Se ha postulado que p53
es capaz de censar el daño del ADN producido por EROs e incluso
regular la producción de estas especies.
Por último, se ha sugerido otra asociación entre metabolismo
y p53, por la observación que p53 interacciona con el ortólogo
humano de la enzima Sir2 de levadura. La expresión de Sir2
disminuye la habilidad de p53 para transactivar genes blancos e inducir
la inhibición del crecimiento y la muerte celular, mientras
que un dominante negativo de Sir2 potencia la muerte celular inducida
por p53 en respuesta al estrés oxidativo.
2.4. Glicosilación de proteínas en el envejecimiento
(25)
Otra vía que ha sido implicada en la degeneración celular
asociada al envejecimiento es la acumulación de productos altamente
glicosilados. Estos productos son formados por una reacción
no enzimática entre grupos aldehídos de azúcares
reductoras y los grupos aminos de proteínas. En condiciones
in vivo, este proceso depende principalmente de los niveles de glucosa
presentes en la sangre, lo que explica un aumento en la producción
de estas proteínas altamente glicosiladas en la diabetes. Se
ha demostrado que el control de la glucosa sanguínea es menos
estricta con la edad, lo que puede conducir a una tolerancia a la
glucosa, con largos periodos en los que se puede detectar alta concentración
de glucosa plasmática, favoreciendo la formación de
estos productos.
Se ha descrito glicosilación de muchas proteínas importantes
como: hemoglobina, fibrinógeno, lipoproteínas y ferritina.
De especial importancia es la glicosilación de proteínas
de matriz, las cuales presentan bajo recambio, como el colágeno.
La formación de productos del colágeno altamente glicosilado
produce un entrecruzamiento que lleva a una alteración de la
matriz extracelular y de su interacción con las células.
Algunas de las consecuencias de estas alteraciones incluyen el angostamiento
de los vasos sanguíneos, retención de otras proteínas
plasmáticas como LDL, engrosamiento de las membranas basales,
disminución de la elasticidad de los vasos sanguíneos,
piel y ligamentos. Por otra parte, estos productos altamente glicosilados
se unen a receptores específicos de células del sistema
inmune, lo que gatilla la liberación de mediadores proinflamatorios
y EROs, aumentando aún más el daño inducido por
estos productos.
3. Prevención del envejecimiento en humanos
Desgraciadamente no existe una receta mágica que prevenga el
envejecimiento en humanos. Uno puede dilatar ciertos aspectos del envejecimiento,
como el de la piel, evitando la exposición excesiva al sol.
La restricción calórica, como analizamos, disminuye la
frecuencia de las enfermedades seniles, pero también la sexualidad.
Se han usado diferentes hormonas, para posponer el envejecimiento. Por
ejemplo, las hormonas de crecimiento (hGH) y DHEA que aumentan la masa
muscular y fortalece el sistema inmune. Sin embargo, ratas genéticamente
modificadas para producir mucha hGH viven menos que los controles. La
melatonina, que está involucrada en mantener el ritmo circadiano,
tiene un efecto antioxidante. En mujeres se utiliza el estrógeno
para reducir los efectos de la menopausia, protegiéndola contra
infartos al corazón y osteoporosis. Tiene el inconveniente que
induce un aumento de peso y una mayor tendencia a la formación
de trombos.
Finalmente, un producto nuevo parece ser el mejor tratamiento para retrasar
el envejecimiento. ALT-711 actúa rompiendo catalíticamente
los productos (proteínas) altamente glicosilados que se adhieren
a las arterias. De este modo ALT-711 disminuye el riesgo de enfermedades
cardíacas, reduciendo la presión sanguínea y mejorando
la elasticidad arterial.
Conclusiones
El envejecimiento está asociado con dos procesos que se superponen
y que finalmente llevan a la muerte del organismo. Estos son la degeneración
progresiva de las células y la pérdida de la capacidad
regenerativa. Tanto la degeneración como la regeneración
de las células, son procesos que ocurren en cada una de las etapas
de la vida y permanecen en un perfecto balance, bajo condiciones normales,
no patológicas. La homeostasis mitótica permite
que las células dañadas sean reemplazadas preservándose
así la integridad funcional de tejidos y órganos. Sin
embargo, en el envejecimiento este balance se inclina hacia la degeneración.
Los mecanismos de degeneración estarían principalmente
relacionados a la generación de EROs y a la glicosilación
de proteínas; ambos procesos estrechamente relacionados a factores
ambientales. Por otra parte, la pérdida de la capacidad de proliferación
y regenerativa estaría determinada genéticamente por el
acortamiento de los telómeros y de procesos de muerte celular.
Esta visión resalta la importancia y participación tanto
de factores exógenos como endógenos en el envejecimiento,
por lo que es muy probable que el envejecimiento del organismo no ocurra
por un único motivo, sino que por la sumatoria de múltiples
factores y procesos, cuyo balance general determina que el individuo
envejezca.
Finalmente, las diferencias genéticas y ambientales explicarían
las expectativas de vida dispares que presentan entre sí las
diferentes especies e incluso los distintos individuos de una misma
especie.
Citas
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