Presentación
Fruto de larga, atenta y multidisciplinaria preparación, sale
ahora la publicación, por iniciativa del Pontificio Consejo para
la Pastoral de los Agentes de la salud, la Carta de los Agentes de la
Salud.
En las vicisitudes humanas nada es casual: inclusive las coincidencias
cronológicas pueden asumir significados emblemáticos. El
esperado documento, en efecto, sale a la luz a pocos meses de que la Pontificia
Academia para la Vida fuese instituida (11 Febrero 1994) por el Santo
Padre Juan Pablo II. Academia que, idealmente, operativamente y por finalidad
estatutaria, está estrechamente asociada a los objetivos y tareas
del Dicasterio para la Pastoral de los Agentes de la salud.
No es menos halagador el hecho de que la Congregación para la
Doctrina de la Fe haya aprobado y confirmado prontamente y en su totalidad
el texto de la Carta, sometido a su consideración: una razón
más para reconocerle plena validez y segura autoridad, como también
una concreta confirmación de la eficacia de la cooperación
interdicasterial, expresamente auspiciada por el "Motu proprio" institutivo
del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes de la salud.
Múltiples motivos recomiendan el estudio, el conocimiento, la
difusión y la aplicación de la directiva contenida en este
código deontológico de los agentes de la salud. Su publicación
cubre una laguna fuertemente advertida no sólo en la Iglesia, sino
también de quienes se reconocen en el empeño primario que
ella cumple en la promoción de la defensa de la vida.
Los extraordinarios progresos de la ciencia y de la técnica en
el vastísimo campo de la sanidad y de la salud han convertido en
disciplina específica a aquélla que actualmente se denomina
Bióetica, o ética de la vida. Esto explica porqué,
sobre todo a partir de Pío XII, el magisterio de la Iglesia ha
intervenido con creciente atención, con coherente firmeza y con
directivas siempre más explícitas, sobre todos los complejos
problemas implicados en la inseparable relación existente entre
medicina y moral. Ninguno de estos problemas puede actualmente considerarse
terreno neutro cuando se confrontan la ética hipocrática
y la moral cristiana. De aquí la exigencia, rigurosamente respetada
por la Carta de los Agentes de la salud, de ofrecer una síntesis
orgánica y exhaustiva de la posición de la Iglesia sobre
todo aquello que pertenece a la afirmación, en el campo de la salud,
del valor primario y absoluto de la vida: de toda la vida y de la vida
de cada ser humano.
Por esta razón, después de presentar en la introducción
la figura y deberes esenciales de los agentes de la salud, o mejor, "ministros
de la vida", la carta concentra sus directivas en torno al triple tema
del engendrar, del vivir, y del morir. Y con el fin de que - como frecuentemente
sucede - la interpretación opinable no prevalezca sobre la validez
objetiva de los contenidos, en la redacción del documento se ha
preferido, casi siempre, ceder directamente la palabra a las intervenciones
de los Sumos Pontíficies o de los textos autorizados publicados
por los Dicasterios de la Curia Romana. Intervenciones que demuestran
hasta la evidencia cómo la posición de la Iglesia sobre
los problemas fundamentales de la bioética, manteniendo firmes
los límites insuperables de la promoción de la vida, es
altamente constructiva y abierta al verdadero progreso de la ciencia y
de la técnica, cuando éste se une con el de la civilización.
En el párrafo inicial de la Carta se dice que la actividad del
agente de la salud es "una forma de testimonio cristiano".
Con humildad, pero también con firmeza, podemos creer que la Carta
de los Agentes de la salud se inscribe en el compromiso de la "nueva evangelización"
que, en el servicio de la vida, basado en el ejemplo del ministerio de
Cristo, adquiere su momento cualificante en especial en aquellos que sufren.
El auspicio es, por tanto, que este instrumento de trabajo se convierta
en parte integrante de la formación inicial y permanente de los
agentes de la salud, de manera que su testimonio sea demostración
de que en la defensa de la vida, la Iglesia abre su corazón y sus
brazos a todos los hombres, porque a todos los hombres se dirige el mensaje
de Cristo
Cardenal Fiorenzo Angelini
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes de Salud
Introducción: Ministros de la vida
1. La actividad de los agentes de la salud tiene el alto valor del servicio
a la vida. Es la expresión de un empeño profundamente humano
y cristiano, asumido y desarrollado como actividad no sólo técnica,
sino de un entregarse total e incondicionalmente y de amor prójimo.
Tal actividad es "una forma de testimonio cristiano".(1) "Su profesión
les exige ser custodios y servidores de la vida humana" (2).
La vida es un bien primario y fundamental de la persona humana. En el
cuidado de la vida se expresa, pues, ante todo, una obra verdaderamente
humana al tutelar la vida física.
A ella dedican la propia actividad profesional o voluntaria los agentes
de la salud. Son médicos, enfermeras, farmacéuticos, capellanes
hospitalarios, religiosos, religiosas, administradores, voluntarios del
sufrimiento, comprometidos en diversas formas en la profilaxis, tratamiento
y rehabilitación de la salud humana. Modalidad primaria y emblemática
de "darse al cuidado" es su presencia vigilante y solícita al lado
de los enfermos. En ella la actividad médica y de enfermería
expresan su alto valor humano y cristiano.
2. La actividad médico-sanitaria se funda sobre una relación
interpersonal, de naturaleza particular. Ella es "un encuentro entre una
confianza y una conciencia" (3). La "confianza" de un hombre marcado
por el sufrimiento y la enfermedad, y por tanto necesitado, el cual confía
a la conciencia de otro hombre que pude hacerse cargo de su honestidad
y que lo va a encontrar para asistirlo, cuidarlo, sanarlo. Este es el
agente de la salud (4).
Para él "el paciente no es solamente un caso clínico" -un
individuo anónimo sobre el cual aplica el fruto de los propios
conocimientos- sino siempre un "hombre enfermo", hacia el cual "adoptar
una actitud sincera de simpatía" en el sentido etimológico
del término (5).
Lo cual exige amor: disponibilidad, atención, comprensión,
compartir, benevolencia, paciencia, diálogo. No bastan "la pericia
científica y profesional", se precisa también "la participación
personal en las situaciones concretas del paciente individual". (6)
3. Salvaguardar, recuperar y mejorar el estado de salud significa servir
a la vida en su totalidad. En efecto, "enfermedad y sufrimiento son fenómenos
que, escrutados a fondo, plantean siempre interrogantes que van más
allá de la misma medicina para tocar la esencia de la condición
humana en este mundo. Se comprende por tanto fácilmente qué
importancia reviste, en los servicios socio-sanitarios, la presencia ...
de los agentes de la salud, que sean guiados por una visión integralmente
humana de la enfermedad y sepan actuar en consecuencia con un acercamiento
profundamente humano al enfermo que sufre". (7)
En este sentido el agente de la salud, cuando está verdaderamente
animado del espíritu cristiano, descubre más fácilmente
la exigente dimensión misionera propia de su profesión:
en ella efectivamente: "está implicada toda su humanidad y le es
requerida una entrega total". (8)
Decir misión es decir vocación: (9) respuesta a
una llamada trascendente que toma forma en el rostro sufriente e invocante
del paciente confiado a los propios cuidados. Así que cuidar con
amor a un enfermo es cumplir una misión divina que sólo
puede ser motivada y sostenida por un compromiso más desinteresado,
disponible y fiel y le da a esto una valencia sacerdotal. (10)
"Presentando el núcleo central de su misión redentora, Jesús
dice: "yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn
10,10). Se refiere a aquella vida "nueva" y "eterna" que consiste en la
comunión con el Padre, a la que todo hombre está llamado
gratuitamente en el Hijo por obra del Espíritu santificador. Pero
es precisamente en esa "vida" donde encuentran pleno significado todos
los aspectos y momentos de la vida del hombre". (11)
El agente de la salud es el buen samaritano de la parábola, que
se para el lado del hombre herido, haciéndose su "prójimo"
en la caridad (cf. Lc 10,29-37). (12)
4. Esto significa que la actividad médico-sanitaria es un instrumento
ministerial del amor efusivo de Dios por el hombre sufriente; y a la vez
obra de amor por Dios, que se manifiesta en el cuidado amoroso al hombre.
Para el cristiano es continuación actualizante de la caridad terapéutica
de Cristo, el cual "pasó haciendo el bien y sanando a todos" (Hech
10, 38) (13). Y al mismo tiempo caridad directa a Cristo: es él
el enfermo -"estaba enfermo"- que toma el rostro del hermano sufriente,
puesto que él retiene dirigido hacia sí mismo -"lo habéis
hecho a mí"- los cuidados plenos de amor por el hermano (cf Mt
25, 31-40). (14)
Profesión, vocación y misión se encuentran y, en
la visión cristiana de la vida y de la salud, se integran recíprocamente.
Bajo esta luz, la actividad médico-sanitaria toma un nuevo y más
alto sentido como "servicio a la vida" y "ministerio terapéutico".
(15) Ministro de la vida (16), el agente de la salud es
"ministro de aquel Dios, que en la Escritura es presentado como "amante
de la vida" (Sab 11-26). (17) Servir a la vida es servir a Dios
en el hombre: volverse "colaborador de Dios en la recuperación
de la salud del cuerpo enfermo" (18) y dar alabanza y gloria a
Dios en la acogida amorosa de la vida, sobre todo si está débil
y enferma. (19)
5. La Iglesia, que considera "el servicio a los enfermos como parte integrante
de su misión" (20), lo asume como momento de su ministerio.
(21) "La Iglesia ... ha mirado siempre la medicina como un soporte
importante de la propia misión redentora cuando se confronta con
el hombre". En efecto, "el servico al espíritu del hombre no puede
efectuarse plenamente, sino poniéndose como servicio a su unidad
psicofísica. La Iglesia sabe bien que el mal físico aprisiona
el espíritu, así como el mal del espíritu somete
el cuerpo". (22)
Esto significa que el ministerio terapéutico de los agentes de
la salud participa de la acción pastoral. (23) y evangelizadora
(24) de la Iglesia. El servicio a la vida se convierte en ministerio
de salvación, o sea, anuncio que realiza el amor redentor de Cristo.
"Médicos, enfermeros, los otros agentes de la salud, voluntarios,
son llamados a ser la imagen viva de Cristo y de su Iglesia en el amor
hacia los enfermos y los que sufren"(25): testimonios del "evangelio
de la vida".(26)
6. El servicio a la vida es tal sólo en la fidelidad a la ley
moral, que de ella expresa con exigencia el valor y los deberes. Más
allá de una competencia técnico-profesional, existen para
el agente de la salud responsabilidades éticas: "La norma ética,
fundada sobre el respecto de la dignidad de la persona y de los derechos
de los pacientes, debe iluminar y disciplinar tanto la fase de la investigación,
como también la de la aplicación de los resultados obtenidos
en ella". (27) En la fidelidad a la norma moral, el agente de la
salud vive su fidelidad al hombre, de cuyo valor es garante, y a Dios,
de cuya sabiduría la norma es expresión.
El toma su directiva de comportamiento de aquel campo particular de la
ética normativa que hoy se denomina Bioética. Sobre ella,
con vigilante y cuidadosa atención, se ha pronunciado el magisterio
y la Iglesia, con relación a cuestiones y conflictos surgidos del
progreso biomédico y del cambiante ethos cultural. Este magisterio
bioético constituye para el agente de la salud, católico
y no católico, una fuente de principios y normas de comportamiento
que le iluminan la conciencia y lo orientan -especialmente en la complejidad
de la actual posibilidad biotecnológica- a hacer elecciones siempre
respetuosas de la vida y de su dignidad.
7. El continuo progreso de la medicina requiere de parte del agente de
la salud una seria preparación y formación continua, para
mantener, también mediante estudio personal, la exigida competencia
y el debido prestigio profesional.
De la misma manera debe ser cultivada una sólida "formación
ético-religiosa de los agentes de la salud" (28), que "promueva
en ellos el culto de los valores humanos y cristianos y la delicadeza
de su conciencia moral". Es necesario "hacer crecer en ellos una fe auténtica
y el verdadero sentido de la moral, en la búsqueda sincera de una
relación religiosa con Dios, en la cual encuentra fundamento todo
ideal de bondad y de verdad". (29)
"Todos los agentes de la salud sean formados en materia moral y en la
bioética". (30) Para tal finalidad los responsables de la
formación deben empeñarse en la institución de cátedras
y cursos de bioética.
8. Los agentes de la salud, los médicos en particular, no pueden
ser dejados solos y cargados de responsabilidades insostenibles, ante
casos clínicos cada vez más complejos y problemáticos,
debidos a las posibilidades biotecnológicas, muchas de las cuales
en fase experimental, de que dispone la medicina actual, y de la relevancia
socio-sanitaria de ciertas cuestiones.
Para facilitar tales opciones y mantener una vigilancia sobre ella, han
de favorecerse, en los principales centros hospitalarios, la constitución
de comités éticos. En ellos la competencia y valoración
médica se confronta e integra con la de otros que también
están presentes al lado del paciente, tutelando la dignidad de
éstos y la misma responsabilidad médica. (31)
9. El ámbito de acción de los agentes de la salud está
constituido, en general, de cuanto concierne y está comprendido
en los términos y conceptos ante todo de salud y de sanidad.
Con el término y concepto de salud se entiende todo lo que atiene
a la prevención, al diagnóstico, al tratamiento y a la rehabilitación
para el mejor equilibrio y bienestar físico, psíquico y
espiritual de la persona. Por sanidad se entiende, en cambio, todo lo
que atañe a la política, la legislación, la programación
y la estructura sanitaria. (32)
El concepto integral de salud se refleja directamente incluso sobre lo
de la sanidad. En efecto "las instituciones son muy importantes e indispensables;
pero ninguna institución puede por sí sola sustituir el
corazón humano, la compasión humana, el amor humano, la
iniciativa humana, cuando se trata de encontrarse con el sufrimiento del
otro". (33)
El encuentro y la síntesis en la praxis de las exigencias y de
los deberes suscitados de los conceptos de salud y sanidad, constituyen
el fundamento y la forma de humanización de la medicina. Esta ha
de practicarse conjuntamente ya sea en el plano personal-profesional:
relación médico-paciente; ya sea en el plano social-político:
para defender en las estructuras institucionales y tecnológicas,
los intereses humano-cristianos en la sociedad y en las infraestructuras
institucionales y tecnológicas. El primero no sin el segundo, en
cuanto a la humanización, más que a una obra de amor-caridad,
"responde a un deber de justicia". (34)"Esta humanización
construye en lo profundo "la civilización del amor y de la vida",
sin la cual la existencia de las personas y de la sociedad pierde su significado
más auténticamente humano". (35)
10. La presente carta quiere garantizar la fidelidad ética del
agente de la salud: las elecciones y comportamientos en los cuales toma
cuerpo el servicio a la vida.
Esta fidelidad viene delineada siguiendo el camino de la existencia humana:
el generar, el vivir, el morir, como referencia de reflexiones ético-pastorales.
I Engendrar
11. "En el relato bíblico, la distinción entre el hombre
y las demás criaturas se manifiesta sobre todo en el hecho de que
sólo su creación se presenta como fruto de una especial
decisión por parte de Dios, de una deliberación que establece
un vínculo particular y específico con el Creador, "Hagamos
al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra" (Gn 1,26). La
vida que Dios ofrece al hombre es un don con el que Dios comparte algo
de sí mismo con la criatura". (36)
"El mismo Dios, que dijo: "no es bueno que el hombre esté solo"
(Gn 2, 18) y que "hizo desde el principio al hombre, varón y mujer"
(Mt 19, 4), queriendo comunicarle cierta participación especial
en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer diciendo:
"Creced y multiplicaos"(Gn 1, 28)".
La generación de un nuevo ser humano es, pues, "un acontecimiento
profundamente humano y altamente religioso, en cuanto implica a los cónyuges
que forman una "sola carne" (Gn 2, 24) como colaboradores de Dios Creador".
(37)
Los agentes de la salud cumplen su servicio cuando ayudan a los padres
a procrear con responsabilidad, favoreciendo las condiciones, removiendo
las dificultades y protegiéndose de un tecnisismo invasivo y no
digno del procrear humano.
La manipulación genética
12. El conocimiento siempre más extenso del patrimonio genético
(genoma) humano, la individualización y el trazado del mapa de
los genes (mapa genético), con la posibilidad de transferirlos,
modificarlos o sustituirlos, abre inéditas prospectivas a la medicina
y contemporáneamente plantea nuevos y delicados problemas éticos.
En la valoración moral se debe distinguir la manipulación
estrictamente terapéutica, cuyo objetivo es el tratamiento de enfermedades
debidas a anomalías génicas o cromosómicas (terapia
génica), de la manipulación que altera el patrimonio genético
humano. La intervención curativa, llamada también "cirugía
genética", "es considerada en principio permisible, porque tiende
a la verdadera promoción del bienestar personal del hombre, sin
menoscabar su integridad o deteriorar sus condiciones de vida". (38)
13. Las intervenciones que no son propiamente curativas, sino que miran
a la "producción de seres humanos seleccionados según el
sexo u otra cualidad preestablecida", o en cualquier caso que alteren
la dotación genética del individuo y de la especie humana,
"son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad
y a su identidad. Por esta razón de ningún modo pueden ser
justificadas en vista de eventuales consecuencias benéficas para
la humanidad futura". (39) "Ninguna utilidad social o científica
y ninguna motivación ideológica podrán jamás
motivar una intervención sobre el genoma humano que no sea terapéutica,
es decir, que en sí misma sea finalizada según el desarrollo
natural del ser humano". (40)
14. En cada caso este género de intervenciones "no debe perjudicar
el origen de la vida humana, es decir, la procreación ligada a
la unión no solamente biológica sino también espiritual
de los padres, unidos por el vínculo del matrimonio". (41)
Las valoraciones éticas negativas, aquí delineadas, se
refieren a cada intervención de manipulación genética
que atañe a los embriones. En cambio no suscitan cuestiones morales
ni la manipulación de células somáticas humanas con
fines curativos, como tampoco la manipulación de células
animales y vegetales con fines farmacéuticos.
La regulación de la fertilidad
15. "La verdadera práctica del amor conyugal y toda la estructura
de la vida familiar que de él nace, sin posponer los otros fines
del matrimonio, tienden a que los cónyuges, con fortaleza de ánimo,
estén dispuestos a cooperar con el amor del Creador y del Salvador
que a través de ellos continuamente dilata y enriquece su familia".
(42)
"Cuando de la unión conyugal de los dos nace un nuevo hombre,
éste trae consigo al mundo una particular imagen y semejanza de
Dios mismo: en la biología de la generación está
inscrita la genealogía de la persona... En la concepción
y generación de un nuevo ser humano, no nos referiremos sólo
al aspecto biológico; queremos subrayar más bien... la continuación
de la creación". (43)
"La paternidad responsable se ejercita, ya sea con la deliberación
ponderada y generosa de hacer crecer una familia numerosa, ya sea con
la decisión tomada por motivos graves y en el respeto de la ley
moral de evitar temporalmente o aun por tiempo indeterminado", (44)
una nueva concepción. En este segundo caso se ubica el problema
de la regulación de la fertilidad.
16. En la evaluación de los comportamientos en orden a esta regulación,
el juicio moral "no depende sólo de la sincera intención
y de la evaluación de los motivos, sino que va determinado por
criterios objetivos, que tienen su fundamento en la dignidad misma de
la persona humana y de sus actos". (45) Se trata de la dignidad
del hombre y de la mujer y de su más íntima relación.
El respecto a esta dignidad decide la verdad del amor conyugal.
El acto conyugal expresa la "conexión indivisible entre los dos
significados del acto: el significado unitivo y el significado procreativo".
(46) Los actos, en efecto, con los cuales los conyuges realizan
plenamente e intensifica su unión son los mismos que generan la
vida y viceversa. (47)
El amor que asume el "lenguaje del cuerpo" en su expresión, es
al mismo tiempo unitivo y procreativo: "comporta claramente "significados
esponsales" y paternales conjuntamente". (48) Esta conexión
es intrínseca al acto conyugal: "el hombre no la puede romper por
su propia iniciativa", sin desmentir la dignidad propia de la persona
y "la verdad interior del amor conyugal". (49)
17. Por tanto, mientras es lícito, por motivos graves, valerse
del conocimiento de la fertilidad de la mujer, renunciando al uso del
matrimonio en los períodos de fecundidad, resulta ilícito
el recurso de los medios contraceptivos. (50)
Los métodos naturales implican un acto conyugal que, de una parte
no dan lugar a una nueva vida y, de la otra, permanece todavía
en sí mismo destinado a la vida. (51)"Precisamente este
respecto legítimo, al servicio de la responsabilidad en la procreación,
el recurso a los métodos naturales de regulación de la fertilidad:
éstos han sido precisados cada vez mejor desde el punto de vista
científico y ofrecen posibilidades concretas para adoptar decisiones
en armonía con los valores morales". (52)
Los medios artificiales contradicen "la naturaleza del hombre y de la
mujer y la de sus más íntima relación". (53)
Aquí la unión sexual queda separada de la procreación:
el acto se ve privado de su natural apertura a la vida. "Así se
deforma y falsifica el contenido originario de la sexualidad humana, y
los dos significados, unitivo y procreativo, innatos a la naturaleza misma
del acto conyugal, son separados artificialmente. De este modo, se traiciona
la unión y la fecundidad se somete al arbitrio del hombre y la
mujer". (54)
Esto sucede con "cada acción que, o en previsión del acto
conyugal, o en su cumplimiento, o en el desarrollo de sus consecuencias
naturales, se proponga, como finalidad o como medio, hacer imposible la
procreación". (55)
18. Surge así "la diferencia antropológica y al mismo tiempo
moral que existe entre la contracepción y el recurso de los ritmos
temporales". (56)
"No se trata de una distinción a nivel simplemente de técnicas
o de métodos, en los cuales el elemento decisivo estaría
constituido por el carácter artificial o natural del procedimiento.
(57) Es una diferencia que involucra "dos concepciones de la persona
y de la sexualidad humana irreducibles entre sí. (58)
Es necesario ahora reconocer y motivar la "diferencia": "la razón
última de cada métdodo natural no es simplemente su eficacia
o importancia biológica, sino su coherencia con la visión
cristiana de la sexualidad expresiva del amor conyugal". (59)
"Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible
a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. La objeción,
mirándolo bien, se revela en realidad falaz... De hecho, la cultura
abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes
que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción".
(60)
19. Más que como instrucciones de uso, lo métodos naturales
responden al significado atribuido al amor conyugal, que dirige y determina
la vivencia de la pareja: "La elección de los ritmos naturales
comporta la aceptación del tiempo de la persona, es decir, el de
la mujer, y recíproco, la responsabilidad común, el dominio
de sí. En este contexto, la comunión conyugal viene enriquecida
con los valores de ternura y de afectividad, los cuales constituyen el
alma profunda de la sexualidad humana, aun en su dimensión física".
(61)
20. Los agentes de la salud pueden contribuir, según su propia
oportunidad, a favorecer esta concepción humana y cristiana de
la sexualidad, haciendo accesible a los cónyuges, y primero aun
a los jóvenes, el conocimiento necesario para un comportamiento
responsable y respetuoso de la dignidad peculiar de la sexualidad humana.
(62)
Esto explica por qué la Iglesia apela también a la "responsabilidad"
de los agentes de salud para "ayudar con efectividad a los cónyuges
a vivir su amor en el respeto a la estructura y la finalidad del acto
conyugal que lo expresa".(63)
La procreación artificial
21. La aplicación al hombre de biotecnologías deducidas
de la fecundación de animales, ha hecho posibles diversas intervenciones
sobre la procreación humana, suscitando graves cuestiones de licitud
moral. "Las distintas técnicas de reproducción artificial,
que parecían puestas al servicio de la vida y que son practicadas
no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos
atentados contra la vida" (64)
El criterio ético valoratorio está aquí señalado
por la dignidad del engendrar humano, que "deriva de la originalidad misma
de la persona humana". (65) "La transmisión de la vida humana
es confiada por la naturaleza a un acto personal y consciente y, como
tal, sujeto a las santísimas leyes de Dios: leyes inmutables e
inviolables que deben ser reconocidas y observadas". (66) Tal acto
personal es la íntima unión de amor de los esposos, los
cuales donándose en totalidad recíprocamente, donan la vida.
Es un único e indivisible acto, conjuntamente unitivo y procreativo,
conyugal y de paternidad. (67)
Este acto -"expresión del don recíproco que, según
la palabra de la Escritura, realiza la unión "en una sola carne"
(68) es el centro de la fuente de vida.
22. El hombre no tiene la libertad de desconocer y desatender los significados
y los valores intrínsecos a la vida humana desde que nace. "Es
por esto que no se pueden usar medios y seguir leyes que pueden ser lícitas
en la transmisión de la vida de las plantas y de los animales".
(69) La dignidad de la persona humana exige que ésta venga
a la existencia como don de Dios y fruto del acto conyugal, propio y específico
del amor unitivo y procreativo entre los esposos, acto que por su misma
naturaleza resulta insustituible.
Cada medio e intervención médica, en el ámbito de
la procreación, debe tener una función de asistencia y jamás
de sustitución del acto conyugal. En efecto, "el médico
está al servicio de las personas y de la procreación humana:
no tiene facultad de disponer ni de decidir sobre ellas. La intervención
médica es respetuosa de la dignidad de las personas cuando tiene
por fin ayudar al acto conyugal... Al contrario, a veces sucede que la
intervención médica sustituye al acto conyugal... : en este
caso la acción médica no resulta, como debería, al
servicio de la unión conyugal, sino que se apropia de la función
procreadora y así contradice a la dignidad y a los derechos inalienables
de los esposos y del niño que va a nacer". (70)
23. "No proscribe necesariamente el uso de algunos medios artificiales
destinados únicamente ya sea a facilitar el acto natural, ya sea
a procurar el logro del propio fin del acto natural normalmente realizado".
(71) Es el caso de la inseminación artificial homóloga,
o sea, dentro del matrimonio con semen del cónyuge, cuando ése
es obtenido a través del acto conyugal normal.
24. Es ilícita la FIVET (Fertilización in vitro con embrión
transferido) homólogo, porque la concepción no proviene
de la realización del acto conyugal -"el fruto del acto conyugal
específico del amor entre los esposos" (72)- sino fuera:
in vitro, por obra de técnicas que le determinan sus condiciones
y deciden su actuación. (73) LA FIVET responde no a la lógica
de la "donación", que connota el generar humano, sino de la "producción"
y del "dominio", propia de los objetivos y de los efectos. Aquí
el hijo no nace como "don" de amor, sino como "producto" de laboratario.
(74)
"En sí misma" la FIVET "disocia los gestos que están destinados
a la fecundación humana del acto conyugal", acto "indivisiblemente
corporal y espiritual". La fecundación se efectúa fuera
del cuerpo de los cónyuges. Esta no es "ni de hecho obtenida ni
positivamente querida como la expresión y el fruto de un acto específico
de la unión conyugal", sino como el "resultado" de una intervención
técnica. (75)
El hombre "no considera ya la vida como un don espléndido de Dios,
una realidad "sagrada" confiada a su responsabilidad y, por tanto, a su
custodia amorosa, a su "veneración". La vida llega a ser simplemente
"una cosa", que el hombre reivindica como su propiedad exclusivamente,
totalmente dominable y manipulable". (76)
25. El deseo del hijo, aunque sincero e intenso, de parte de los cónyuges,
no legitima el recurso de técnicas contrarias a la verdad del engendrar
humano y a la dignidad del nuevo ser humano. (77)
El deseo del hijo no origina ningún derecho al hijo. Este es persona,
con dignidad de "sujeto". En cuanto tal no puede ser querido como "objeto"
de derecho. El hijo es más bien sujeto de derecho: el hijo tiene
el derecho a ser concebido en el pleno respeto de su persona. (78)
26. Además de estas razones intrínsecas a la dignidad de
la persona y a su concepción, contribuyen también circunstancias
y consecuencias relativas al modo como es practicada hoy la FIVET homóloga,
que la hacen moralmente inadmisible.
Esta, en efecto, se obtiene a costa de numerosas pérdidas embrionarias,
que son abortos procurados. Puede comportar, además, el congelamiento,
lo que significa la suspensión de la vida, de los embriones así
llamados "supernumerarios" y frecuentemente también su destrucción.
(79)
Es inaceptable la inseminación "post mortem", o sea con semen,
depositado en vida, del cónyuge difunto.
Se trata de factores agravantes de un procedimiento técnico que
ya en sí mismo es moralmente ilícito y que permanece como
tal aun sin ellos. (80)
27. Las técnicas heterólogas están "marcadas" por
la "negatividad ética" de una concepción disociada del matrimonio.
El recurso de gametos de personas extrañas a los esposos es contraria
a la unidad del matrimonio y a la fidelidad de los esposos y perjudica
el derecho del hijo a ser concebido y traído al mundo en el matrimonio
y por el matrimonio.
"La procreación se convierte entonces en el "enemigo" a evitar
en la práctica de la sexualidad. Cuando se acepta es sólo
porque manifiesta el propio deseo, o incluso la propia voluntad, de tener
un hijo "a toda costa" y no, en cambio, por expresar la total acogida
del otro y, por tanto, la apertura a la riqueza de vida de la que el hijo
es portador". (81)
Tales técnicas, en efecto, desatienden la vocación común
y unitaria de los cónyuges a la paternidad y a la maternidad -a
"convertirse en padre y madre solamente uno a través del otro"-
y provocan una "ruptura entre paternidad genética, paternidad gestacional
y responsabilidad educativa", que repercute desde la familia a la sociedad.
(82)
Motivo ulterior de deslegitimación es la comercialización
y la selección eugenética de los gametos.
28. Por los mismos motivos, agravados en la esencia del vínculo
matrimonial, es moralmente inaceptable la fecundación artificial
de núbiles y conviventes. (83)
"Así se deforma y falsifica el contenido originario de la sexualidad
humana, y los dos significados, unitivo y procreativo, innatos a la naturaleza
misma del acto conyugal, son separados artificialmente. De este modo se
traiciona la unión y la fecundidad se somete al arbitrio del hombre
y de la mujer". (84)
29. Igualmente contraria a la dignidad de la mujer, a la unidad del matrimonio
y a la dignidad de la procreación de la persona humana, es la maternidad
"sustitutiva".
Implantar en el útero de una mujer un embrión que le es
genéticamente extraño como también fecundarla solamente
con el propósito de entregar el niño que va a nacer a un
destinatario, significa disociar la gestación de la maternidad,
reduciéndola a una incubación irrespetuosa de la dignidad
y del derecho del hijo a ser "concebido", llevado en el seno materno,
traído al mundo y educado por sus propios padres". (85)
30. El juicio de ilícito moral concierne claramente a la modalidad
por medio de la cual se obtiene la fecundación humana y no al fruto
de estas técnicas, que es siempre un ser humano, para acoger como
un don de la bondad de Dios y para educar con amor". (86)
31. Las técnicas de fecundación artificial pueden abrir
hoy el camino a experimentos o proyectos de fecundación entre gametos
humanos y animales, de gestación de embriones humanos en úteros
animales o artificiales, de reproducción sexual de seres humanos
mediante fisión gemelar, clonación, partenogénesis.
Tales procedimientos son opuestos a la dignidad humana del embrión
y de la procreación, por lo cual deben considerarse reprobables.
(87)
32. Una medicina ordenada al bien integral de la persona no puede prescindir
de los principios éticos que presiden el engendrar humano.
Este es el motivo de la "presente apelación" a médicos
e investigadores a dar "un testimonio ejemplar del respeto debido al embrión
humano y a la dignidad de la procreación". (88)
33. El servicio médico a la vida acompaña el vivir de la
persona a lo largo de toda la existencia terrenal. Esto se convierte en
protección, promoción y cuidado de la salud, o sea, de la
integridad y del bienestar psico-físico de la persona, en la cual
la vida "toma cuerpo". (89)
Es un servicio fundado en la dignidad de la persona humana y en el derecho
a la vida y se expresa tanto en la profilaxis, tratamiento y rehabilitación,
como también en la promoción de la salud global del hombre.
34. Esta responsabilidad compromete al agente de la salud en un servicio
a la vida que va "desde su primer inicio hasta su término natural",
o sea "de la concepción a la muerte". (90)
Citas
1. JUAN PABLO II, durante la visita al "Mercy Maternity Hospital de Melbourne,
28 nov. 1986, en Insegnamenti IX/2 (1986) 1734, n. 5. "La vida y la salud
física son bienes preciosos donados por Dios. Debemos cuidarlas
razonablemente, teniendo en cuenta la necesidad ajena y el bien común"
(CCC 2288).
2. EV, 89, p. 161.
3. Cf. JUAN PABLO II. A los participantes de los dos Congresos de medicina
y cirugía 27 0ct. 1980, en Insegnamenti III/2, p. 1010, n. 6.
4. "En el ejercicio de vuestra profesión, vosotros tenéis
siempre un quehacer con la persona humana, que deposita en vuestras manos
su cuerpo, confiando en vuestra competencia que va más allá
de vuestra solicitud y atención. Trataís con la misteriosa
y grande realidad de la vida de un ser humano, con su sufrimiento y su
esperanza": JUAN PABLO II, A los participantes a un Congreso de Cirugía,
19 feb. 1987, en Insegnamenti X/1 (1987) 374, n. 2.
5. Cf. JUAN PABLO II, A los participantes al Convenio médico sobre
terapia de los tumores, 25 feb. 1982, en Insegnamenti V/1, 698. Cf. también
JUAN PABLO II: "Cada uno de vositros no puede limitarse a ser médico
de órgano o de aparato, sino que debe hacerse cargo de toda la
persona", Al congreso mundial de médicos católicos 3 oct.
1982, en Insegnamenti V/3. pp. 673-674, n. 4.
6. Cf, JUAN PABLO II, Al Congreso de médicos católicos
italianos, en OssRom 18 oct. 1988.
7. JUAN PABLO II, Motu Propio "Dolentium hominum", 11 feb, 1985 en Insegnantenti
VIII/1, p. 474, n.2. "El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere
la contribución de la sociedad para que se tengan las condiciones
de existencia que permitan crecer y alcanzar la madurez: alimentación
e indumentaria, vivienda, asistencia sanitaria, educación básica,
trabajo, previsión social" (CCC 2288).
8. JUAN PABLO II. A los participantes al Convenio médico sobre
terapia de los tumores, 25 feb. 1982, en Insegnamenti V/1, p. 698, n.
4, Cf. A los participantes a un Congreso Científico, 21 mayo 1982,
en Insegnamenti V/2. p. 1972, n. 5.
9. "Como tantas veces he repetido en mis encuentros con los agentes de
la salud, vuestra profesión corresponde a una vocación que
os compromete en la noble misión de servicio al hombre en el vasto,
complejo y misterioso campo del sufrimiento" (JUAN PABLO II, A los representantes
de los médicos católicos italianos, 4 de marzo, 1989, en
Insegnamenti XII, p480. n.2).
10. JUAN PABLO II, A las Asociaciones médicas católicas
italianas, 28 dic. 1978, en Insegnamenti I, p. 436. "Vosotros sabéis
cuan estrecha relación, cuanta analogía, cuanto intercambio
existe entre la misión del sacerdote de una parte y la del trabajador
de la salud de otra: todos están dedicados, en diverso título,
a la salvación del hombre, al cuidado de su salud, a liberarlo
del mal, del sufrimiento y de la muerte, a promover en él la vida,
el bienestar, la felicidad" (JUAN PABLO II, Discurso con ocasión
del 120º Aniversario de la fundación del hospital "Bambino
Gesù", 18 marzo 1989, e Insegnamenti XIVI, 605-608, n 2).
11. EV 1. p.3.
12. Cf. JUAN PABLO II, Carta apost. Salvifici doloris, en Insegnamenti
VII/1. 343-358, nn.28-30; A un grupo internacional de científicos,
27 abril 1984, en Insegnamenti VII/I, 1133-1135, n. 2: A las Organizaciones
sanitarias católicas de los Estados Unidos de Norte América,
14 sept. 1987, en Insegnamenti X/3 (1978) 506.
13. "La relación personalísima de diálogo y de confianza
que se instaura entre vosotros y el paciente exige de vosotros una carga
de humanidad que, para el creyente, se expresa en la riqueza de la caridad
cristiana. Es esta virtud divina la que enriquece cada acción vuestra
y da a vuestros gestos, aún al más simple, la potencia de
un acto realizado por vosotros en comunión interior con Cristo."
JUAN PABLO II, A las Asociaciones de odontólogos, 14 dic, 1984,
en Isegnamenti VII/2, 1592-1594, n.4. "Vosotros llevaís a la habitación
del enfermo y sobre la mesa de cirugía algo de la caridad de Dios,
del amor y de la ternura de Cristo, el gan médico del alma y del
cuerpo": JUAN PABLO II, al Hospital "Fatebenefrtelli", 5 abril 1981, en
Insegnamenti IV/1. p. 895. n. 3.
14. Cf JUAN PABLO II, A la Escuela de enfermeros profesionales "Armida
Barelli", 27 mayo 1989, en Insegnamenti XII/1, p. 1364, n. 3 " ¡Qué
estímulo a la deseada "personalización" de la medicina puede
venir de la caridad cristiana, que hace descubrir en los semblantes de
cada paciente el rostro adorable del grande, misterioso paciente, que
continúa sufriendo en aquéllos sobre los cuales se inclina,
sabia y providente vuestra profesión!" (JUAN PABLO II, A los participantes
de los dos Congresos de medicina y cirugía, 27 oct. 1980, en Insegnamenti
III/2, p, 1010, n 7).
15. Cf JUAN PABLO II, A las asociaciones médicas católicas
italianas, 18 dic, 1978, en Insegnamenti I, 437-438.
16. Cf JUAN PABLO II Al personal del hospital "Fatebenefratelli", 5 abril
1981, en Insegnamenti IV/1 p, 895, n. 3.
17. JUAN PABLO II A las asociaciones médicas católicas
italianas, 28 dic. 1978, en Insegnamenti I, p, 437.
18. JUAN PABLO II A la Federación italiana de trabajadores de
la técnica ortopédica, 19 nov. 1989, en Insegnamenti II/2,
p, 1207 , n. 4: cf. A los participantes a un Congreso científico,
21 mayo 1982, en Insegnamenti V/2 p. 1792, n. 5.
19. "Vuestra obra... puede transformarse en un acto religioso" (JUAN
PABLO II A los participantes a un Congreso de cirugía 19 feb. 1987,
en Insegnamenti de Pablo VI, vol 1, 1963, p. 141).
20. JUAN PABLO II, Motu propio "Dolentium hominum", 11 feb 1985, en Insegnamenti
VII/1 (1985), p. 475.
21. "Cada preocupación por la enfermedad y el sufrimiento es parte
de la vida y de la misión de la Iglesia" (JUAN PABLO II, A las
Organizaciones sanitarias católicas de los Estados Unidos de Norte
América, 14 sept. 1987, en Insegnamenti X/3 (1987), 502-503, n.
3). " La Iglesia, dejándose guiar por el ejemplo de Jesús,
"buen samaritano" (cf. Lc 10, 29-37) y sostenida por su fuerza , siempre
ha estado en la primera línea de la caridad: tantos de sus hijos
e hijas, especialmente religiosos y religiosas, con formas antiguas y
siempre nuevas, han consagrado y continúan consagrando su vida
a Dios ofreciéndola por amor al prójimo más débil
y necesitado (EV, 27, p. 49).
22. Cf JUAN PABLO II. Al congreso mundial de médicos católicos,
3 oct. 1982, en Insegnamenti V/3, P. 676, n. 3. El Señor Jesucristo,
médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, quien perdonó
los pecados al paralítico y le restableció la salud del
cuerpo, ha querido que su Iglesia continúe, con la fuerza del Espíritu
Santo, su obra de sanación y de salvación, aun en sus propios
miembros. Es la finalidad de los dos sacramentos de sanación: del
sacramento de la Penitencia y de la Unión de los enfermos (CCC1421).
23. "Vuestra presencia al lado del paciente se concatena con la de cuantos
- sacerdotes religiosos y laicos - están empeñados en la
pastoral de los enfermos. No pocos aspectos de tal pastoral se encuentran
con los problemas y deberes del servicio de la profesión médica
y acción pastoral, ya que único objeto de entreambos es
el hombre, considerado en su dignidad de hijo de Dios, de hermano necesitado,
al igual que nosotros, de ayuda y de consuelo" (JUAN PABLO II. Al Congreso
mundial de médicos católicos, 3 oct, 1982, en Insegnamenti
V/3, p. 676, n. 6).
24. "Vosotros, mientras aliviáis el sufrimiento y tratáis
de sanarlo, sois al mismo tiempo testimonio de una visión cristiana
del sufrimiento y del significado de la vida y de la muerte, así
como viene enseñado en vuestra fe cristiana" (JUAN PABLO II. A
las Organizaciones sanitarias católicas de los Estados Unidos del
Norte América, 14 sept. 1987, en Insegnamenti X/3 (1987) p. 502
y 505.
25. JUAN PABLO II. Exhort. apost. Christifideles Laici, 30 dic. 1988,
en Insegnamenti XI/4, p.216, n. 53.
26. Cf. JUAN PABLO II. A los participantes al Convenio Internacional
sobre la asistencia a los moribundos, en OssRom 18 marzo 1992, n.6 "Particularmente
significativo es el despertar de una reflexión ética sobre
la vida. Con el nacimiento y desarrollo cada vez más extendido
de la bioética se favorece la reflexión y el diálogo
-entre creyentes y no creyentes, así como entre creyentes de diversas
religiones- sobre problemas éticos, incluso fundamentales, que
afectan a la vida del hombre.
27. JUAN PABLO II, A los participantes a un Congreso de cirugía,
19 feb. 1987 en Insegnamenti X/1. p 375 n3. "El desarrollo de la ciencia
y de la técnica espléndido testimonio de la capacidad de
la inteligencia y de la tenacidad de los hombres, no exime a la humanidad
de los interrogantes religiosos últimos, más bien la estimula
a afrontar la lucha más dolorosa y decisiva, aquélla del
corazón y de la conciencia moral" (JUAN PABLO II. Encíclica
Veritatis splendor n.1).
28. Cf JUAN PABLO II. Motu proprio "Dolentium hominum", 11 feb. 1985,
en Insegnamenti VIII/1 (1985) p. 475.
29. Cf JUAN PABLO II, A las Asociaciones de los agentes de la salud católicos,
24 oct 1986, en Insegnamenti IX/2, p. 1171, n3. "En el contexto cultural
y social actual, en que la ciencia y la medicina corren el riesgo de perder
su dimensión ética original, ellos pueden estar a veces
fuertemente tantados de convertirse en manipuladores de la vida o incluso
en agentes de muerte" (EV, 89, p.161).
30. Sínodo de Obispos, Asamblea especial para Europa. Declaración
conclusiva, en OssRom 20 dic, 1991, n1. 10. "Es ilusorio reivindicar la
neutralidad moral de la investigación científica y de su
aplicación. Por otra parte, los criterios orientadores no pueden
ser deducidos ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad
que puede derivarse para unos en menoscabo de otros, ni peor aún,
de la ideología dominante. La ciencia y la técnica demandan,
por su propio significado intrínseco, el respeto incondicional
de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio
de la persona humana, de su inalienables derechos, de su bien verdadero
e integral, en conformidad al proyecto y a la voluntad de Dios" SCongrDocFe,
Instruc. Donum vitae, 22 feb, 1987, en AAS 80 (1988) Introducción
2, p. 73 (cf. CCC 2294).
31. Comités éticos, formados por expertos en el campo médico
y moral, han sido constituidos también por los gobiernos con tareas
consultivas o de supervisión. "La Iglesia sabe que la instancia
moral abarca en profundidad a cada hombre, implica a todos, también
a aquéllos que no conocen a Cristo y su Evangelio ni tampoco a
Dios. Sabe que propiamente sobre el camino de la vida moral está
abierta para todos la vía de la salvación" JUAN PABLO II.
Encíclica Veritatis splendor n. 3. "...ninguna tiniebla de error
y de pecado puede eliminar totalmente en el hombre la luz de Dios creador.
En la profundidad de su corazón permanece siempre la nostalgia
de la verdad absoluta y la sed de alcanzar la plenitud de su conocimiento.
Es prueba elocuente de ello la inexhausta investigación del hombre
en todo campo y en cada sector. Lo prueba aún más su investigación
sobre el sentido de la vida" (O.c.,n.1) Cf EV 1,p.7.
32. Cf JUAN PABLO II A la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para
la pastoral de los agentes sanitarios, 9 feb, 1990, en Insegnamenti XIII/2,
p 405, n 4.
33. JUAN PABLO II Carta apost. Salvifici doloris, en Insegnamenti VII/1,
354-356, n 29.
34. Cf. JUAN PABLO II A Científicos y agentes de la salud, 12
nov. 1987 en Insegnamenti X/3 (1987) 1088: " La humanización de
la medicina responde a un deber de justicia, cuyo cumplimiento no puede
ser delegado enteramente a otros: exige el compromiso de todos. El campo
operativo es vastísimo: va desde la educación para la salud
hasta la promoción de una mayor sensibilidad en las responsabilidades
de la cosa pública: del empeño directo en el propio ambiente
de trabajo a las formas de cooperación -local, nacional e internacional-
que son posibles gracias a la existencia de tantos organimos y asociaciones
que persiguen entre sus finalidades estatutarias de advertir, directa
o indirectamente, la necesidad de hacer siempre más humana la medicina"
35. EV. 27, p. 49.
36. EV, 34, pp. 62-63.
37. EV, 43, p. 76.
38. JUAN PABLO II. A la Asociación Médica Mundial, 29 oct.
1983, en Insegnamenti VI/2, 921. Cf Alocución a los participantes
a un Convenio de la Pontificia Academia de las Ciencias, 23 oct. 1982,
en Insegnamenti V/3, 895-898.
39. SCongrDocFe, Donum vita. 22 feb. 1987, en AAS 80 (1988) 85, Cf JUAN
PBLO II, Exhort apost, Christifideles Laici, 30 dic. 1988, en Insegnamenti
XI/4, pp. 2133-2135, n. 38; Santa Sede, Carta de los Derechos de la Familia,
22 oct. 1983, art. 4.
40. JUAN PABLO II, A la Unión de juristas católicos italianos,
5 dic 1987 en Insegnamenti X/3 (1987) 1295. "Está siempre viva
en la Iglesia la conciencia de su deber permanente de escrutar los signos
de los tiempos y de interpretarlos a la luz del Evangelio, para que, de
modo adaptado a cada generación, pueda responder a los perennes
interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura
y sobre su recíproca relación" (JUAN PABLO II, Encíclica
Veritatis splendor n2).
41. JUAN PABLO II, A la Asociación médica mundial, 29 oct,
1983, en Insegnamenti VI/2, 921-923. Cf ScongrDocFe, Instruc. Donum Vita,
22 feb. 1987, en AAS 80 (1988) 90-92.
42. Cf. Com Ecum. Vaticano II, Constit. past. Gaudium et spes. n. 50;
PABLO VI, Encíclica Humanae vitae, en AAS 60 (1968) p, 487.
43. EV, 43, pp. 76-77.
44. Cf. PABLO VI, Encíclica Humanae vitae, en AAS 60 (1968) p.
487, n.10.
45. Conc. Ecum. Vaticano II, Constit, past. Gaudium et spes, n. 51.
46. Cf PABLO VI Encíclica Humanae vitae, n.12; JUAN PABLO II,
exhort. apost. Familiaris consortio, en AAS 74 (1982)p. 118, n.32 "Por
esto, el hombre que quiere comprenderse a sí mismo hasta el fondo
no solamente según inmediatos, parciales, frecuentemente superficiales,
e incluso aparentes criterios y medidas del propio ser debe, con su inquietud
e incertidumbre y aunque con su debilidad y pecaminosidad, con su vida
y muerte, acercarse a Cristo..." (JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis
splendor n.8).
47. "Por su íntima estructura, el acto conyugal mientras une profundamente
a los esposos, los hace idóneos para engendrar nueva vida, conforme
leyes escritas en el ser mismo del hombre y de la mujer" (PABLO IV, Encíclica
Humanae vitae, en AAs 60 (1968) pp. 488-489, n. 12).
48. Cf. SCongrDocFe, Instruc, Domun vitae, 22 feb 1987 en AS 80 (1988)
91.
49. Cf. PABLO VI Encíclica Humanae vitae m.12; JUAN PABLO II,
Exhort, apost, Familiaris consortio, en ASS 74 (1982 ) p. 118, n. 32.
" Por esto, "el hombre que quiere comprenderse a sí mismo hasta
el fondo no solamente según inmediatos, parciales, frecuentemente
superficiales, e incluso aparentes criterios y medidas del propio ser
debe, con su inquietud e incertidumbre y aunque con su debilidad y pecaminosidad,
con su vida y muerte, acercarse a Cristo"" (JUAN PABLO II, Encíclica
Veritatis splendor n. 8).
50. Los métodos naturales "son medios diagnósticos de los
períodos fértiles del mujer, que abren la posibilidad a
la abstinencia de las relaciones sexuales cuando motivos justificados
de responsabilidad piden evitar la concepción" (JUAN PABLO II,
A los participantes a un curso para profesores de métodos naturales,
10 enero 1992, en OssRom 11 enero 1992, n. 3).
51. Cf. PABLO VI, Encíclica Humana vitae en AAS 60 (1968), p.
488, n. 11 y p. 492, n. 16.
52. EV, 97, PP. 175-176.
53. Cf. PABLO VI, Encíclica Humana vitae en ASS 60 (1968) p. 489,
n. 13; cf, tambien JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familiaris consortio,
en AAS 74 (1982) p. 118, n.32.
54. EV, 23, p. 42.
55. Cf. PABLO VI, Encíclica Humana vitae en AAS 60 (1968) p. 490,
n. 14.
56. Cf. JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familiaris consortio, en AAS 74
(1982) p. 118, n.32.
57. JUAN PABLO II, A los participantes a un curso para profesores de
métodos naturales, 10 enero 1992, en OssRom 11 enero 1992, n. 3.
EV, 97, pp. 175-176.
58. Cf. JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familaris Consortio, en AAS 74
(1982) p. 118, n. 32, EV, 23, p. 42.
59. JUAN PABLO II, A los participantes a dos Congresos sobre problemas
del matrimonio, de la familia y de fertilidad, 8 junio 1984, en Insegnamenti
VII/1m 1964-1965. " Al lenguaje natural que expresa la recíproca
donación total de los cónyuges, la contracepción
impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no donarse
al otro en totalidad" (Exhort. apost. Familiaris Consortio, 32). Cf, PABLO
VI, Encíclica Humana vitae en AAS 60 (1968) p. 490, n. 14.
60. EV, 13, pp. 23-24.
61. JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familiaris Consortio, en AAS 74 (1982)
p. 120, n. 32.
62. Cf. O. c., p. 122, n. 33.
63. c., p. 125, n. 35.
64. EV 14, p. 25.
65. SCongrDocfe, Instruc. Donum vitae 22 feb. 1987, en AAS 80 (1988)
76.
66. JUAN XXIII, Encíclica Mater et Magistra, III, en AAS 53 (1961)
447. Df. Pio XII, A los congresistas de la Unión católica
italiana de comadronas, 29 oct. 1951, en AAS 43 (1951) 850.
67. Cf. JUAN PABLO II, Audiencia general, 16 enero 1980, en Insegnamenti
III/1 (1980) 148-152.
68. Cf. PIO XII, A las congresistas de la Unión católica
italiana de comadronas, 29 ict, 1951, en AAS 43 (1951) 850.
69. JUAN XXIII, Encíclica Mater et Magistra, III, en AAS 53 (1961)
447.
70. SCongrDocFe, Instruc. Donum vitae, 22 feb. 1987, en AAS 80 (1988)
96.
71. PIO XII, A los participantes al IV Congreso internacional de médicos
católicos, 30 sept. 1949, en AAs 41 (1949) 560.
72. SCongrDocFe, Instruc. Donum Vitae, 22 feb. 1987, en AAS 80 (1988)
92.
73. "La FIVET homóloga es efectuada fuera del cuerpo de los cónyuges
mediante maniobras de tercera persona cuya competencia y actividad técnica
determinan el resultado de la intervención; ella confía
la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos
y de los biólogos e instaura un dominio de la técnica sobre
el origen y destio de la persona humana" (O. c., p. 93).
74. Cf. O. c., AAS 80 (1988) pp. 85-86, 91-92, 96-97, "El origen de una
persona humana es en realidad el resultado de una donación. El
hijo concebido deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede
ser querido ni concebido como el producto de una intervención de
técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría
a reducirlo a objeto de una tecnología científica. Ninguno
puede someter la venida al mundo de un niño a las condiciones de
eficiecia técnica evaluables según parámetros de
control y de dominio" (O. c., p. 92).
75. Cf. O. c., AAS 80 (1988) pp. 91, 92-94.
76. EV 22, pp. 39-40.
77. Cf. O. c., p. 93.
78. Cf. O. c., p. 97. "El hijo no es algo debido, sino un don. El "don
más grande del matrimonio", es una persona humana. El hijo no puede
ser considerado como objeto de propiedad: esto conduciría al reconocimiento
de un pretendido "derecho al hijo". En este campo, solamente el hijo tiene
verdaderos derechos: "el de ser fruto del acto específico del amor
conyugal de sus padres y también el derecho a ser respetado como
persona desde el momento de su concepción"" (CCC 2378).
79. Cf. O. c., pp. 85 y 84. Los "llamados "embriones supernumerarios"
son suprimidos o utilizados para investigaciones que, bajo el pretexto
del progreso científico o médico, reducen en realidad la
vida humana a simple "material biológico" del que se puede disponer
libremente" (EV, 14, p. 25).
80. Cf. O. c., p. 94. "Ciertamente la FIVET homóloga no está
gravada con toda aquella negatividad ética que se encuentra en
la procreación extraconyugal; la familia y el matrimonio continúan
constituyendo el ámbito del nacimiento y de la educación
de los hijos". Sin embargo, la FIVET se contrapone con la dignidad de
la procreación humana, privándola de la dignidad que le
es propia y connatural".
81. EV, 23, p. 42.
82. Cf. O. c., pp. 87-89.
83. Cf. O. c., p. 88
84. EV. 23, p. 42.
85. Cf. O. c., p. 89.
86. Cf. O. c., pp. 92-94.
87. Cf. O. c., p. 95.
88. Cf. O. c., pp. 95-96.
89. Cf. JUAN PABLO II, Al personal del hospital nuevo"Regina Margherita",
20 dic. 1981, en Insegnamenti IV/2, p. 1179, n. 3.
90. Cf. JUAN PABLO II, A los participantes a la 35º Asamblea general
de la Asociación médica mundial, 29 oct. 1983, en Insegnamenti
XI/2. 917-923 (AAS 76 (1984) 390); A las Organizaciones sanitarias católicas
de los Estados Unidos de Norte América, 14 sept. 1987, en Insegnamenti
X/3 (1987) 500-507; A los participates al VII Simposio de los Obispos
Europeos, 17 oct. 1989, en Insegnamenti XII/2, p. 947, n.7.
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