Definiciones
La definición y diagnóstico del esófago de Barrett
(EB) ha sido objeto de discusión desde su descripción original
por Norman Barrett en 1950. Se ha propuesto incluso evitar esta denominación,
reemplazándola por columnar-lined esophagus, que pudiera traducirse
como "metaplasia columnar del esófago". No existe actualmente una
definición que sea, al mismo tiempo, universalmente aceptada y clínicamente
útil.
Definición conceptual
Condición en la cual cualquier extensión del epitelio
plano pluriestratificado normal del esófago es reemplazado por
epitelio columnar, metaplásico.
En la práctica clínica es difícil aplicar esta
definición, debido a las dificultades que representa la delimitación
exacta de la unión gastroesofágica (UGE) y la imposibilidad
de distinguir el epitelio columnar normal del metaplásico desde
el punto de vista endoscópico.
La caracterización histológica del epitelio columnar
también ha sido controversial. Se han descrito tres tipos: epitelio
fúndico secretor de ácido, epitelio cardial (junctional
ephitelium) y epitelio de tipo intestinal con células caliciformes
(también llamado epitelio columnar especializado). Los dos primeros
son indistinguibles del epitelio columnar que se encuentra normalmente
en la región cardial y en el cuerpo gástrico, aunque cuando
se ubica en el esófago habitualmente presenta alteraciones variables
en su arquitectura. El último se considera definitorio de EB
Definición clínica y diagnóstico
Depende de la conjunción de criterios endoscópicos e
histológicos. Ha evolucionado desde la exigencia de una extensión
variable (>2-5 cms) de epitelio columnar por encima de la UGE, hasta
aceptar como diagnóstica la presencia de cualquier extensión
de epitelio columnar de tipo intestinal por encima de la UGE. En ambos
casos debe enfrentarse el problema que representa la localización
precisa de la UGE, que no es definida en forma coincidente por anatomistas,
radiólogos, fisiólogos y endoscopistas.
En la práctica clínica, la UGE se localiza habitualmente
por criterios endoscópicos (de los que el límite proximal
de los pliegues gástricos parece el más confiable) o manométricos
(el borde distal de la zona de hiperpresión que representa el
esfínter esofágico inferior). Los cambios dinámicos
de la UGE, determinados por la respiración, la motilidad y la
distensión, así como la variabilidad en la estimación
de distancias, constituyen evidentes factores de error. La exigencia
de una extensión mínima de epitelio columnar sobre la
UGE (>2 cms) para plantear el diagnóstico es obviamente arbitraria
y constituye más bien una concesión razonable a la variabilidad
inherente de las mediciones.
El definir como EB cualquier extensión de epitelio intestinal
en el esófago también exige tanto precisar la ubicación
de la UGE como un exámen histológico. Una biopsia tomada
en o bajo la UGE, en un estómago con atrofia y metaplasia intestinal
puede llevar a diagnosticar falsamente como EB lo que corresponde a
una metaplasia intestinal del estómago.
Una duda no aclarada es la frecuencia con la que pueden encontrarse
áreas de metaplasia intestinal en la UGE de personas normales.
Los resultados publicados en biopsias de pacientes no seleccionados,
sometidos a endoscopia por razones distintas a reflujo gastroesofágico
(RGE), varían entre 9 y 32%, siendo 20% una estimación
razonable.
Los dos criterios aquí analizados están correlacionados.
Mientras mayor sea la extensión de esófago cubierto por
epitelio columnar, mayor es la probabilidad que exista epitelio intestinal
en la biopsia.
El EB comprende, por lo tanto, un amplio espectro de pacientes. En
un extremo se encuentran los portadores de lo que puede llamarse un
EB largo o clásico, detectados fácilmente en una endoscopia,
en los que un largo segmento del esófago (>2-3 cm) está
cubierto por epitelio columnar, generalmente de tipo intestinal. Estos
pacientes tienen generalmente un RGE intenso y prolongado y un riesgo
mucho más elevado que la población general de desarrollar
un adenocarcinoma esofágico. En el otro extremo se encuentran
los portadores de un EB corto o ultracorto (<2 cm), diagnosticados
histológicamente por la presencia de cualquier extensión
de epitelio columnar intestinal en el esófago. La asociación
con RGE es menos importante y muchos son completamente asintomáticos.
No ha sido precisado si el riesgo de adenocarcinoma en ellos es diferente
al de la población general.
No hay una separación clara entre ambos polos, por lo que la
población con EB forma probablemente un continuo entre ambos
extremos. Un grupo adicional son aquellos paciente con UGE endoscópicamente
normal, en los que una biopsia demuestra metaplasia intestinal a ese
nivel. El riesgo potencial de esta condición es el desarrollo
de un adenocarcinoma gástrico del cardias, aunque dada la fecuencia
comunicada de detección en población no seleccionada (20%),
es necesario aceptar que la mayor parte de estos pacientes nunca desarrollará
una condición patológica relevente. Por otra parte, el
biopsiar una UGE endoscópicamente normal no es una conducta apropiada
en la actualidad.
Una definición consensual de EB, clínicamente útil,
sería la presencia de cualquier extensión endoscópicamente
detectable de metaplasia columnar en el esófago distal, cuya
biopsia demuestre epitelio de tipo intestinal.
La Tabla 1 muestra un resumen de las posibilidades diagnósticas
y la conducta sugerida, de acuerdo a los criterios endoscópicos
e histológicos señalados.
TABLA 1
ESOFAGO DE BARRET: RESUMEN DE CRITERIOS DIAGNOSTICOS, PATOLOGIA
ASOCIADA Y MANEJO SUGERIDO
|
|
Endoscopia
|
Histología
|
Asociacion con RGE
|
Asociación con cáncer
|
Diagnóstico propuesto
|
Conducta sugerida*
|
|
>2 cms de esofago con epitelio columnar
|
Epitelio Columnar Intestinal
|
Marcada
|
Demostrada
|
Esofago de Barrett
|
Tratar RGE. Biopsias regladas cada 6 meses a 2 años
|
|
>2 cms de esofago con epitelio columnar
|
Epitelio Columnar Fúndico o Cardial
|
Marcada
|
No demostrada
|
Esófago de Barrett (error de muestreo)
|
Tratar RGE. Biopsias aleatorias cada 2 años
|
|
<2 cms de esófago con epitelio columnar
|
Epitelio Columnar Intestinal
|
Variable
|
Probable
|
Esofago de Barrett (corto o ultracorto)
|
Tratar RGE. Biopsias regladas cada 6 meses a 2 años
|
|
<2 cms de esófago con epitelio columnar
|
Epitelio Columnar Fúndico o Cardial
|
Variable
|
No
|
Sospecha de EB ultracorto
|
Tratar RGE. Biopsias aleatorias cada 2 años
|
|
UGE normal
|
Epitelio Columnar Intestinal
|
No
|
No demostrada
|
UGE con metaplasia intestinal
|
Ninguna
|
|
* Ver Texto
|
Epidemiología
La prevalencia de EB en la población general puede estimarse
en aproximadamente 0,3%, de acuerdo a un estudio en autopsias. Considerando
que casi todos los casos no habían sido diagnosticados en vida,
el seguir sólo los casos diagnosticados clínicamente para
detectar tempranamente un cáncer, debiera tener un mínimo
impacto en la tasa de muerte por adenocarcinoma esofágico. El
EB está fuertemente asociado con RGE, cuya frecuencia se ha estimado
en USA entre 20 y 40% de la población. Sin embargo, sólo
3-5% de los pacientes con RGE tiene EB con metaplasia intestinal.
El EB es más frecuente en sexo masculino y en caucásicos
y la edad media al diagnóstico es aproximadamente 60 años.
Se ha descrito asociación familiar. La relación con adenocarcinoma
esofágico se analiza más adelante.
Etiopatogenia
Contra la creencia original de Barrett, que postuló inicialmente
un origen congénito, actualmente se acepta el EB como una condición
adquirida, en la que una injuria intensa y sostenida sobre el epitelio
del esófago distal, generalmente debida a RGE, provoca el reemplazo
del epitelio plano pluriestraficado normal por un epitelio columnar
metaplásico, más resistente al ácido. El origen
de este nuevo epitelio serían células totipotenciales
ubicadas en la capa basal o germinativa del epitelio esofágico.
Relación entre EB y RGE. La asociación entre EB y RGE
fue planteada precozmente luego de su descripción inicial y confirmada
en 1970 por Bremmer, utilizando un modelo experimental en perros.
Diversos estudios demuestran que el EB es más frecuente en pacientes
sometidos a endoscopia por síntomas de RGE que en los estudiados
por otras causas y que los pacientes con EB tienen mayor frecuencia
de esofagitis, estenosis, úlcera esofágica y otras complicaciones
del RGE. Estudios con pHmetría de 24 horas muestran que los pacientes
con EB tienen mayor intensidad y frecuencia de exposición al
reflujo ácido que el resto de los pacientes con RGE, lo que pudiera
relacionarse con presiones promedios del esfínter gastroesofágico
inferior (EEI) más bajas y peristalsis esofágica menos
activa. No hay estudios publicados sobre la frecuencia de relajaciones
transitorias del EEI en estos pacientes. La influencia de la esofagitis
sobre la motilidad debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados
manométricos. El EB representa probablemente la expresión
más intensa del espectro fisiopatológico del RGE, aunque
hasta un 25% de los pacientes con EB "largo" o "clásico" son
asintomáticos. Como se anotó previamente, la asociación
entre RGE y EB "corto" es mucho menos clara y una proporción
desconocida, pero probablemente mayoritaria de estos pacientes, es asintomática.
EB y reflujo duodeno-gastro-esofágico. La importancia sinérgica
de ácido y pepsina como causa de injuria esofágica está
apoyada en evidencias clínicas y experimentales. Sin embargo,
la frecuencia y duración de la exposición ácida
no siempre predice la intensidad del daño. Esto sugiere la acción
de factores adicionales. Entre ellos se cuentan la resistencia inherente
de la mucosa esofágica, el efecto protector de la saliva, la
secreción esofágica de bicarbonato y, posiblemente, el
reflujo de contenido duodenal hasta el esófago, que incluye sales
biliares, lisolecitinas y tripsina.
Los métodos disponibles para detectar reflujo duodeno-gastro-esofágico
(RDGE) son subóptimos y sólo semicuantitativos. El más
confiable actualmente es el Bilitec®, sistema de fibra óptica
que detecta la presencia de bilirrubina por espectrofotometría.
Diversos estudios utilizando este sistema sugieren que existe una acentuación
progresiva tanto en la cuantía del reflujo ácido como
del RDGE desde controles sanos hasta pacientes con esofagitis y que
los valores máximos se observan en los pacientes con EB. Un estudio
de Vazzi y Richter mostró que la exposición simultánea
del esófago al ácido y al contenido duodenal ocurría
en el 95% de los pacientes con EB y en el 79% de los con RGE, sugiriendo
una acción sinérgica entre el efecto nocivo del ácido
y el RDGE. Otros estudios sugieren que en los pacientes con EB la exposición
esofágica al contenido duodenal es más intensa que en
los pacientes que tienen sólo esofagitis. Estudios en pacientes
con gastrectomía parcial sugieren que, en ausencia de ácido,
el RDGE puede asociarse a síntomas de RGE pero muy raramente
a esofagitis, sugiriendo que la actividad ácido-péptica
es necesaria para producir injuria esofágica.
El Bilitec® también ha confirmado que el tratamiento agresivo
con bloqueadores de la bomba de protones reduce dramáticamente
tanto el reflujo ácido como el RDGE, incluso en pacientes con
EB. Los mecanismos involucrados no están claros, pero pudiera
atribuirse a una disminución en el volumen de la secreción
gástrica. Además, el aumento del pH intragástrico
e intraesofágico podría inducir cambios cualitativos en
algunos de los componentes del RDGE implicados en la injuria esofágica,
disminuyendo su toxicidad.
EB y cáncer. La frecuencia de adenocarcinoma esofágico
ha aumentado sustancialmente en USA, mientras disminuye la frecuencia
de carcinoma epidermoide. Entre 0,8 y un 3,7% de los cánceres
esofágicos fueron adenocarcinomas en el periodo que va de 1926
a 1976, mientras entre 1979 y 1992 esta frecuencia subió a 54-68%
en diversas series. En Chile, la tasa de mortalidad por cáncer
de esófago se ha mantenido en aproximadamente 5 por cien mil
habitantes entre 1982 y 1991. No existen datos separando los tipos histológicos.
La mayoría de los adenocarcinomas esofágicos se implantan
en EB. La progresión neoplásica es escalonada y puede
reconocerse morfológicamente en la secuencia metaplasia =>
displasia => cáncer. Los pacientes con EB tienen 30 a 125
veces más riesgo que la población general de desarrollar
un adenocarcinoma esofágico, el que se ha estimado entre 0,5
y 1 por 100 pacientes con EB por año. De este modo, el EB es
claramente una lesión premaligna. A pesar de este mayor riesgo,
la mayor parte de los pacientes con EB fallecen de causas no relacionadas
con esta enfermedad.
En USA, y también en Chile, una proporción creciente
de adenocarcinomas gástricos se localizan en la región
cardial. La histología del adenocarcinoma cardial es similar
al del adenocarcinoma esofágico y su frecuencia también
va en aumento. Se ha postulado que estos dos cánceres constituyen
una sola entidad, ambos relacionados con el RGE y EB.
La detección de displasia en el epitelio columnar intestinal
constituye el único marcador de mayor riesgo de malignización
en pacientes con EB. La displasia no es reconocible endoscópicamente,
por lo que es necesario realizar biopsias sistemáticas de la
mucosa metaplásica. El uso de marcadores biológicos de
proliferación celular y la detección de alteraciones en
oncogenes y genes supresores de tumor en áreas de mucosa metaplásica,
constituyen herramientas de detección precoz que debieran demostrar
su utilidad en el futuro cercano.
Manifestaciones clínicas
La presencia de metaplasia columnar en el esófago distal no
causa síntomas por sí misma, sino por su asociación
con RGE o sus complicaciones. La endoscopia con biopsias dirigidas constituye
el gold-standard para el diagnóstico de EB. Sin embargo, debido
a la gran cantidad de pacientes con RGE y la baja frecuencia de EB,
no parece costo-efectivo el realizar endoscopia a todos ellos. Se ha
sugerido que los siguientes pacientes con RGE deben ser sometidos a
una endoscopia:
- RGE complicado (disfagia, estenosis, úlcera, hemorragia).
- RGE con esofagograma que muestre patrón reticular o seudomembranas.
- RGE con sintomatología persistente a pesar del tratamiento.
- RGE asociado a esclerodermia.
Tratamiento
La consistente asociación entre EB y RGE hace atractiva la hipótesis
de que al eliminar el RGE, la metaplasia esofágica podría
revertirse y ser reemplazada nuevamente por epitelio esofágico
normal. Sin embargo, hasta ahora ni el tratamiento médico ni
el quirúrgico del RGE han demostrado en forma consistente una
regresión significativa del epitelio metaplásico o disminución
del riesgo de cáncer esofágico. La posibilidad de que
un tratamiento agresivo del RGE pudiera prevenir la aparición
de EB (prevención primaria) o evitar su progresión (prevención
secundaria) constituye una hipótesis razonable pero no suficientemente
comprobada. Ni la terapia médica ni la quirúrgica evitan
la necesidad de seguimiento endoscópico y biopsias para detectar
precozmente displasia o cáncer en la mucosa metaplásica.
Seguimiento endoscópico. La demostrada asociación
entre EB y adenocarcinoma esofágico justifica su denominación
de condición premaligna. Un estudio reciente sugiere que el
seguimiento endoscópico e histológico seriado de los
pacientes con EB tiene un perfil de costo-beneficio más favorable
que la mamografía para la detección precoz de cáncer
de mama. Sólo se justifica el seguimiento en los pacientes
que acepten o estén en condiciones de someterse a cirugía
en caso de detectarse un cáncer, aunque este concepto puede
requerir modificaciones en el futuro, si la terapia endoscópica
demuestra su eficacia. Se ha sugerido endoscopia a intervalos variables
entre 6 meses (cuando existe displasia leve o moderada) y 2 años
(cuando no hay displasia). Cuando se detecta displasia intensa (severa)
la conducta es debatida entre cirugía y seguimiento endoscópico
con biopsias cada 1-3 meses, pero la mayor parte de los autores se
inclina a indicar esofagectomía, por la alta frecuencia de
carcinoma invasor concurrente. Las biopsias deben ser regladas, tomando
una muestra de cada cuadrante del esófago, cada 2 cm, a lo
largo de toda la zona metaplásica, así como biopsias
adicionales de cualquier zona sospechosa.
Tratamiento médico. Los objetivos son lograr alivio
sintomático e intentar detener la extensión proximal
de la metaplasia. Se basa en los bloqueadores de la bomba de protones.
El alivio sintomático por sí solo no constituye evidencia
suficiente de bloqueo ácido adecuado, por lo que se ha recomendado
pHmetría de 24 horas intratratamiento, para ajustar las dosis
hasta lograr una normalización de la exposición ácida
del esófago, requiriéndose habitualmente dosis de omeprazol
entre 40 y 80 mg/día.
Tratamiento quirúrgico. Puesto que la cirugía
no ha demostrado efectos convincentes sobre la mucosa metaplásica,
las indicaciones de cirugía anti RGE en los pacientes con EB
debieran ser las mismas que para el resto de los pacientes con RGE.
Como los pacientes con EB pertenecen frecuentemente al grupo con RGE
intenso, no es de extrañar que tanto la frecuencia de alteraciones
graves en los mecanismos fisiológicos anti reflujo como la
asociación con esofagitis refractaria o recurrente, estenosis
y úlcera esofágica, sea también más elevada
en este grupo de pacientes. Algunos han planteado que la sola presencia
de EB predice una mala respuesta al tratamiento médico, y que
la mayor parte de estos pacientes son candidatos a terapia quirúrgica.
Las técnicas quirúrgicas generalmente empleadas son
las mismas que en el resto de los pacientes con RGE, aunque algunos
autores han sugerido la necesidad de agregar técnicas específicas
para evitar el RDGE, cuyo real papel en la patogenia del EB es aún
debatida.
Terapia ablativa endoscópica. Diversas formas de terapia
ablativa endoscópica (TAE), generalmente asociadas a terapia
anti RGE, se han empleado para tratar el EB, estimuladas por la incapacidad
de lograr regresión de la metaplasia solo con terapia anti
RGE. La hipótesis actual es que la eliminación de la
mucosa metaplásica, acompañada de un intenso bloqueo
de la secreción de ácido, promovería la reepitelización
a partir de espitelio escamoso normal. Si bien existen reportes que
demuestran reepitelización escamosa luego de TAE, también
está documentada la persistencia de focos de metaplasia columnar
por debajo del epitelio escamoso, e incluso la aparición de
adenocarcinoma luego de TAE. Los resultados globales a largo plazo
son dificiles de evaluar debido a la diversidad de técnicas
empleadas (que incluyen láser Nd:YAG, láser argón,
electrocoagulación multipolar y terapia fotodinámica)
así como por la falta de seguimiento prolongado. La terapia
fotodinámica representa probablemente la modalidad más
promisoria. Actualmente la TAE debe ser considerada dentro de protocolos
de investigación, incluyendo esencialmente pacientes con displasia
que tengan alto riego quirúrgico o que rechacen la cirugía.
Referencias escogidas
- Beck IT, Champion MC, Lemire S, Thomson AB, et al. The second canadian
consensus conference on the management of patients with gastroesophageal
reflux disease. Can J Gastroenterol 1997; 11 (Suppl B) :7B-20B.
- Cameron AJ. Epidemiology of columnar-lined esophagus and adenocarcinoma.
Gastroenterol Clin North Am 1997; 26:487-94.
- Csendes A, Braghetto I, Burdiles P, Diaz JC, Maluenda F, Korn O. A
new physiologic approach for the surgical treatment of patients with
Barrett's esophagus: technical considerations and results in 65 patients.
Ann Surg 1997; 226:123-33.
- Bremner CG, Bremner RM. Barrett's esophagus. Surg Clin North Am 1997;
77:1115-37.
- Marshall RE, Anggiansah A, Owen WJ. Bile in the oesophagus: clinical
relevance and ambulatory detection. Br J Surg 1997; 84: 21-8.
- Richter JE. Long-term management of gastroesophageal reflux disease
and its complications. Am J Gastroenterol 1997; 92: 30S-34S y 34S-35S.
- Sampliner RE. Ablative therapies for the columnar-lined esophagus.
Gastroenterol Clin North Am 1997; 26:685-94.
- Spechler SJ. Short and ultrashort Barrett's esophagus--what does it
mean? Semin Gastrointest Dis 1997; 8: 59-67.
- Vaezi MF, Richter JE. Bile reflux in columnar-lined esophagus. Gastroenterol
Clin North Am 1997; 26:565-82
|