Los trastornos del ánimo tienen una prevalencia de vida de 16,3%
en Chile, y entre estos, los cuadros depresivos son los más relevantes,
con una prevalencia de vida de 11,3%.
Al considerar la depresión en el adulto mayor se debe tener algunas
consideraciones especiales.
Psicosociales: Se une la disminución de actividad física
y psíquica con la muerte de amigos y familiares y declinación
socioeconómica.
Somáticas: Con frecuencia coexisten múltiples
lesiones orgánicas que significan a su vez diversos tratamientos;
esto implica considerar variables farmacológicas y económicas
adicionales al decidir el tratamiento de la depresión.
Depresión versus demencia: Sus síntomas frecuentemente
se confunden, coexisten o se agravan mutuamente.
Terapéuticas: Se debe tener especial cuidado con los
potenciales efectos colaterales de los psicofármacos, así
como con las posibles interacciones derivadas de la polifarmacia usual
en este grupo.
Dada la vastedad del tema nos centraremos en algunos tópicos
especialmente significativos en la depresión del adulto mayor.
Definición
En estricto rigor, el diagnóstico de depresión en un
adulto mayor debe ajustarse a los mismos criterios que para otras etapas
de la vida. Con la idea de presentar una definición operacional
relativamente sencilla y fácilmente comunicable presentamos en
la Tabla 1 los criterios para depresión de la Asociación
Psiquiátrica Americana, contenidos en el DSM-IV (manual diagnóstico
y estadístico, cuarta versión).
Tabla 1. Episodio depresivo mayor.
Adaptado de los criterios diagnósticos para episodio
depresivo mayor del DSM - IV
A. Al menos cinco de los siguientes síntomas han estado
presentes durante el mismo período de dos semanas y representan
un cambio del funcionamiento previo; al menos uno de estos síntomas
es (1) ánimo deprimido o (2) anhedonia.
1. Animo deprimido casi todo el día, casi cada día,
sugerido por reporte subjetivo o por la observación de
otros.
2. Marcada disminución del interés o placer
en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día,
casi cada día (anhedonia, apatía).
3. Significativo aumento o pérdida de peso (más
de 5% del peso corporal en un mes), o disminución o incremento
en el apetito casi cada día.
4. Insomnio o hipersomnia casi cada día.
5. Agitación psicomotora o enlentecimiento casi cada
día (observable por otros, no la sensación subjetiva).
6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día.
7. Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada
casi cada día.
8. Disminución de la capacidad para concentrarse o
pensar, o marcada indecisión, casi cada día.
9. Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida
sin un plan específico, o un intento de suicidio, o un
plan específico para cometerlo.
B. Los síntomas no cumplen criterios para episodio mixto.
C. Los síntomas causan alteraciones clínicamente
significativas o entorpecen el funcionamiento social, ocupacional
o en otra área importante.
D. Los síntomas no se deben a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia (ej., abuso de drogas, medicación)
ni a una condición médica general (ej., hipotiroidismo).
E. Los síntomas no son mejor explicados por un duelo,
aunque este puede complicarse por un cuadro depresivo.
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Aspectos Epidemiológicos
La prevalencia en la comunidad de depresión entre mayores de
65 años se ubica entre el 2 y 3% en Estados Unidos, en tanto
la prevalencia de los últimos 6 meses en Santiago de Chile alcanza
al 5,6%, lo cual es más bajo que para la población general.
Sin embargo, en instituciones tales como casas de reposo u hogares de
ancianos, la prevalencia de depresión se eleva hasta un 17-20%,
con un 28 a 40% de los internos con síntomas depresivos.
Por otra parte, según estudios de seguimiento, la presencia
de depresión en pacientes geriátricos hospitalizados por
causas no psiquiátricas sería un factor de riesgo para
morir 30 meses después del diagnóstico.
Entre los ancianos con depresión, entre un 18 y un 57% presenta
un síndrome demencial que desaparece una vez que remite el cuadro
depresivo. Este tipo particular de demencia reversible,
o pseudodemencia depresiva como también ha sido denominada,
se asociaría con un riesgo 4 a 5 veces mayor de presentar demencia
irreversible a 34 meses que aquellos que presentan un cuadro depresivo
puro. Para complicar un poco más la situación, se debe
agregar que alrededor de 1/3 de los cuadros demenciales coexisten con
depresión. Dado la importancia de esta relación entre
depresión y demencia, especialmente en este grupo etáreo,
será este aspecto en el que profundizaremos algunos conceptos.
Mitos respecto de la depresión en el adulto mayor
Al igual que en otros aspectos concernientes al adulto mayor, muchas
creencias firmemente arraigadas son devueltas por la investigación
como una serie de prejuicios o mitos. Basándonos en la revisión
realizada por Dan Blazer discutiremos algunas de estas creencias, las
que dicen que la depresión en el adulto mayor es:
Sintomáticamente diferente: A veces hacer el
diagnóstico de depresión se hace difícil por
la tendencia de los adultos mayores a negar los sentimientos de culpa,
tristeza o malestar psicológico. Sin embargo, en estudios en
pacientes hospitalizados y en la comunidad no se observaron mayores
diferencias en la presentación de los cuadros clínicos,
aunque aparecieron algunas peculiaridades, como una mayor representación
de ánimo deprimido, molestias psicosomáticas, pobre
satisfacción con la vida y desconfianza.
Más frecuente: Aunque algunos estudios muestran
que la población mayor presenta síntomas disfóricos
frecuentemente, estos suelen asociarse con una variedad de estresores
psicosociales y no llegan a constituirse en episodios depresivos.
De hecho, hoy se considera que la prevalencia de depresión
en el adulto mayor es menor que en el resto de la población,
tal como ocurre en el caso de Chile.
Más crónica: Trabajos iniciales indicaban
una alta tasa de recurrencia de los episodios depresivos en sujetos
de la tercera edad, lo cual se ha mantenido sin cambios. Lo que ha
ido variando es el conocimiento cada vez mayor acerca del curso de
los trastornos depresivos, resaltando la alta recurrencia de éstos
en todos lo grupos etáreos, incluidos los adultos mayores.
Estos hallazgos han impulsado a instaurar tratamientos de mantención
muy prolongados o de por vida, tras el segundo o tercer episodio.
Más difícil de tratar: Se ha especulado
que la depresión responde más difícilmente a
tratamiento en el adulto mayor que en otro grupos etéreos.
Lo que hoy está claro es que los episodios depresivos no complicados
con comorbilidad somática o daño cognitivo tiene la
misma probabilidad de respuesta a tratamiento que en pacientes más
jóvenes. La comorbilidad somática, frecuente en estos
pacientes, se ha demostrado que empeora el pronóstico de la
enfermedad depresiva a cualquier edad. Obviamente al tratar adultos
mayores deberemos considerar especialmente los perfiles de efectos
colaterales e interacciones de los psicotrópicos que indiquemos.
Depresión con Demencia Reversible
Si bien los criterios diagnósticos para depresión del
DSM-IV incorporan la aparición de síntomas cognitivos,
existe un grupo de pacientes en que este hecho se convierte en una alteración
grave y central del cuadro, apareciendo sintomatología demencial
que obliga a considerar las demencias de curso reversible e irreversible
dentro de los diagnósticos diferenciales. En algunos casos esta
diferenciación puede ser muy difícil de establecer, aunque
existen algunos detalles clínicos que orientan a un origen depresivo
de los síntomas, entre estos elementos debemos considerar:
Historia de episodios depresivos previos, con o sin compromiso
cognitivo. Un factor adicional es el antecedente de tratamientos exitosos
con antidepresivos.
Comienzo abrupto de los síntomas, con un evidente empeoramiento
cognitivo en un período inferior a 6 meses.
En la anamnesis es posible establecer que los síntomas
depresivos han precedido la sintomatología demencial.
Habitualmente las quejas respecto del empeoramiento cognitivo
son peores de lo que el clínico puede encontrar al realizar un
examen objetivo de funciones corticales, es decir, la queja subjetiva
es mayor al hallazgo objetivo, lo cual normalmente es la inversa que
la de los sujetos con demencia tipo Alzheimer.
Entre los contenidos ideacionales se hace evidente la tendencia
a exagerar los propios errores y culparse excesivamente. Esto tiene
su máxima expresión en el delirio de culpa. Otras temáticas
comunes son la enfermedad somática, la desesperanza y la ruina,
cada una de las cuales puede tener su expresión delirante.
La presencia de ciertas alteraciones neurovegetativas propias
de la depresión, como la disminución del apetito y el
insomnio medio y/o de despertar precoz.
Por último, el antecedente familiar de un cuadro anímico
mayor, trastorno bipolar o monopolar recurrente, debe hacer pensar en
la posibilidad de un sustrato orgánico para el cuadro demencial
que se evalúa.
Finalmente, ante la sospecha de una depresión complicada con
una demencia reversible, se debe realizar un tratamiento
antidepresivo estándar, considerando las dificultades propias
del paciente añoso, lo que discutiremos más adelante.
En algunas ocasiones el diagnóstico diferencial sólo se
aclara retrospectivamente, cuando un paciente en el que existió
la duda diagnóstica fue tratado con terapia antidepresiva con
total mejoría de los síntomas cognitivos y anímicos.
Enfermedad de Alzheimer y Depresión
Miraremos el problema desde el lado contrario. Sabemos que 10 a 30%
de los enfermos con Enfermedad de Alzheimer (EA) presentan concomitantemente
depresión y que hasta un 50% tiene al menos síntomas depresivos.
Se ha mostrado asimismo que la tendencia a aislarse precede el diagnóstico
de EA en alrededor de 30 meses, en tanto que la aparición de
ideación suicida y el diagnóstico de depresión
son vistos comúnmente alrededor de 20 meses antes de diagnosticar
EA.
La dificultad para identificar casos leves de EA agrega a la frecuente
comorbilidad con depresión el hecho de que ambos trastornos pueden
tener una presentación que incluye síntomas comunes, por
ejemplo apatía y pérdida de interés, dificultad
para pensar y concentrarse, retardo o agitación psicomotora y
trastornos del sueño.
En resumen, la coexistencia de depresión mayor y cuadros demenciales
en los adultos mayores es una realidad frecuente. De hecho, los cuadros
depresivos de inicio en la tercera edad, esto es, sin antecedentes,
suelen ser la antesala de la Enfermedad de Alzheimer. Más allá
de las complejidades del diagnóstico diferencial en los casos
señalados, se debe ser enérgico en tratar tanto las demencias
reversibles de origen depresivo como las depresiones que coexisten
con cuadros demenciales, ya que la respuesta terapéutica es comparable
a la de las depresiones que podríamos llamar puras,
en el sentido de no estar enturbiadas por síntomas de demencia.
Tratamiento
Medidas Generales
1. Variables ambientales. Se debe tener en cuenta el lugar donde el
paciente vive y se desenvuelve, con quienes se relaciona y constituyen
su red de apoyo social. ¿A quién podremos solicitar apoyo
o cuidados especiales en caso de requerirlo?
2. Autonomía del paciente. ¿Es el paciente capaz de cuidar
de sí mismo, de encargarse de su tratamiento? O tal vez debemos
considerar el concurso especial de familiares o amigos, y de no lograrlo,
evaluar la hospitalización del paciente como medida de protección
y medio de asegurar el cumplimiento de las indicaciones.
3. Factores económicos. Se debe evaluar la existencia de un sistema
previsional adecuado o en su defecto la posibilidad de apoyo económico
familiar. Debemos estar seguros de que el paciente tiene los recursos
para cumplir con las indicaciones que estamos dando. Si no es así
tendremos que reconsiderar nuestras opciones.
4. Enfermedades somáticas concomitantes. La presencia de otras
enfermedades hará considerar en forma especial la tolerancia del
paciente a nuestros tratamientos tanto por factores orgánicos (ej.,
disminución de proteínas plasmáticas, falla hepática,
falla renal, etc.) como por la interacción con otros fármacos.
5. Necesidad de hospitalizar. En casos en que la severidad del cuadro
así lo requiera, por ideación suicida franca o necesidad
de cuidados de enfermería, se debe indicar la hospitalización.
También se debe efectuar cuando tenemos dudas de que el paciente
por razones de poca autonomía o escasa red de apoyo pueda cumplir
las indicaciones.
Medicación Antidepresiva
1. Antidepresivos tricíclicos. En Chile sólo están
disponibles la imipramina, la amitriptilina y la clomipramina, los cuales
tiene una excelente acción antidepresiva, pero debido a sus importantes
efectos anticolinérgicos no son recomendable como primera opción,
ya que se arriesgan hipotensión, retención urinaria, constipación
y arritmias. En los casos en que se deben utilizar, pueden bastar dosis
de 75 a 150 mg/día, dosis que se debe alcanzar con aumentos sucesivos
de 25-50 mg cada 3 ó 4 días para asegurar su tolerancia.
2. Inhibidores de recaptura de serotonina. Se han convertido en la primera
opción debido a su fácil posología, generalmente
una toma diaria, y a su perfil de efectos colaterales relativamente benignos.
En Chile disponemos de fluoxetina, sertralina, paroxetina, citalopram
y fluvoxamina. Para fluoxetina, paroxetina y citalopram la dosis útil
suele ser de 20 mg/día, aunque se sugiere comenzar con la mitad
de esa dosis y subir al cabo de unos días. En el caso de sertralina
y fluvoxamina la dosis útil habitual es 50 y 100 mg/día
respectivamente. Debido a la larga vida media de la fluoxetina (hasta
7 días con sus metabolitos activos) se tiende a preferir cualquiera
de los otros cuando existe una mejor disponibilidad económica,
aunque son comparables en efecto antidepresivo.
3. Otros antidepresivos. Son también seguros en este grupo etáreo:
Mianserina: antidepresivo de acción noradrenérgica,
útil en dosis de 30 a 60 mg/día, con un muy buen efecto
sedante, que lo hacen recomendable en sujetos con gran angustia o trastornos
del sueño.
Venlafaxina: de acción mixta noradrenérgica y
serotoninérgica, útil en ancianos en dosis de 75 a 150
mg/día.
Mirtazapina, moclobemida, tianeptina, amineptino y trazodona:
son también seguros en ancianos.
Como en todo tratamiento antidepresivo, este se debe mantener por al
menos 6 meses tras la recuperación completa del episodio índice,
utilizando siempre la misma dosis que se requirió para obtener
la mejoría. En los casos recurrentes se evaluará el tratamiento
a permanencia de por vida.
Medicación Ansiolítica e Hipnótica
En general, se recomienda evitar las benzodiazepinas, por los riesgos
de reacciones paradójicas y por su impacto mermando funciones cognitivas.
Como ansiolítico se puede optar por la buspirona en dosis de
10-30 mg/día y como hipnóticos se usan con éxito
antihistamínicos, hidrato de cloral o antidepresivos como la trazodona,
en dosis de 25 a 100 mg/noche. Uso de Antipsicóticos En los casos
de depresión con síntomas psicóticos se recomienda
utilizar fármacos con poco efecto anticolinérgico, especialmente
haloperidol, en dosis de 2 a 5 mg/día, o, si se quiere disminuir
el riesgo de síntomas extrapiramidales, se puede indicar risperidona
en dosis de 1-3 mg/día.
Terapia Electroconvulsiva
Este es el tratamiento de elección de los cuadros depresivos
con síntomas psicóticos, particularmente en sujetos incapaces
de tolerar mezclas de antidepresivos y antipsicóticos o en quienes
por cuya gravedad no se pueda esperar la latencia habitual en el inicio
del efecto antidepresivo de las psicofármacos.
Psicoterapia
Las herramientas psicoterapéuticas deben ser consideradas en el
manejo de duelos, aceptación de los cambios de roles que esta etapa
trae consigo, e importantemente el manejo de la desesperanza como elemento
perpetuador de los cuadros depresivos del anciano. La consideración
del sistema en que el paciente se desenvuelve, habitualmente la familia,
debe siempre tenerse en cuenta, ya que el funcionamiento sistémico
puede estar íntimamente relacionado con el funcionamiento y roles
del sujeto.
Referencias escogidas
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