Desarrollo histórico

El primer canciller del imperio alemán, Otto von Bismarck (1871), figura en la historia de la seguridad social como su fundador. Durante la segunda parte de sus 19 años de gobierno inició un seguro de accidentes para la tercera edad, además de un modelo de medicina socializada. A partir de estas reformas se empezó a construir la seguridad social para los trabajadores durante la revolución industrial. Las áreas básicas de protección que se desarrollaron fueron la vejez y la invalidez, la sobrevivencia de viudas e hijos, el desempleo y también la salud.

Debe notarse que ya a mediados del siglo 19 se establecieron autoridades nacionales de salud pública en Inglaterra, Francia, Alemania y los Estados Unidos de América. Ello impulsó el uso del análisis estadístico para organizar el enfrentamiento de los problemas de salud y se pudo investigar las condiciones sanitarias en localidades y hogares en riesgo. También se organizaron los servicios hospitalarios materno-infantiles, lo que permitió iniciar el registro de los nacimientos.

En el siglo 20, la salud pública en el ámbito mundial ha debido considerar que los servicios de salud son un pilar importante en la estructura social de un país. En consecuencia, una de sus tareas prioritarias ha sido la organización de los servicios de salud, puesto que el Estado asumió su responsabilidad en este sentido y los nuevos descubrimientos han debido hacerse accesibles a toda la población, como instrumento de equidad social.

A inicios de este mismo período, las condiciones de saneamiento ambiental mejoraban en Europa y los Estados Unidos, pero las condiciones sociales se habían deteriorado, aumentando los problemas de salud en los grupos de menores ingresos. Por ello, muchos líderes sociales en el mundo, incluyendo los de Chile, promovieron la responsabilidad social del Estado en la salud de la población. Emergieron también las organizaciones internacionales en el campo de la salud, como la Oficina Sanitaria Panamericana, que se creó en 1902 y que en 1949 se constituyó como la oficina regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pasando a llamarse Organización Panamericana de la Salud (OPS), organismo que ha establecido progresivamente lineamientos políticos y técnicos en el ámbito del adulto mayor como respuesta a los cambios demográficos y epidemiológicos regionales y mundiales.

Sin embargo, la creciente crisis de los sistemas de financiamiento de la seguridad social en el mundo hicieron que se estudiaran y aplicaran reformas en la mayoría de los ámbitos que involucran la seguridad de las personas, en particular aquellas relacionadas con los aspectos previsionales y gradualmente en materias de salud, entre otras.

En ese sentido, la evolución de las características de la atención en salud en Chile también ha estado marcada por fenómenos universales. La revolución científica y tecnológica que ocurrió particularmente después de la segunda guerra mundial aceleró la aparición de nuevos descubrimientos en el diagnóstico y la terapéutica médica. Al mismo tiempo, los costos de la atención médica han tendido a aumentar notoriamente. Por otra parte, los problemas de falta de equidad en el acceso se han agudizado en países de muy diferente orientación política y realidad económica.

El informe “Invertir en Salud” del Banco Mundial destaca como problemas actuales de los servicios de salud la asignación equivocada de recursos, la desigualdad en el acceso, la ineficiencia en el gasto y la explosión de los costos. Define algunas recomendaciones en el ámbito político-económico, como son el fomento de políticas de crecimiento económico de los países, aumentando el ingreso percápita y la disminución de las tasas de desempleo, aumento del nivel de educación general, mejoramiento del gasto público en salud con mayor énfasis en programas de intervención comunitaria de nivel primario, así como financiamiento y prestación de un conjunto de servicios clínicos básicos que deben dar respuesta a las características y condiciones epidemiológicas de cada país.

Además, establece la necesidad de mejorar la gestión de los servicios estatales a través de la descentralización en materias administrativas y presupuestarias, promoviendo la diversidad y competencia. Por otra parte, recomienda incentivar la generación de sistemas de seguros privados y públicos para enfermedades catastróficas y para aquellas no abarcadas por el conjunto de servicios básicos que dan los planes.

Organización del Sistema de Salud

Chile destaca en el contexto americano por la provisión de servicios sociales. La Caja de Seguro Obrero Obligatorio se fundó en 1924 y contó con atención médica desde 1930. Otras Cajas de Previsión para empleados se organizaron entre 1920 y 1940. En 1946 se creó el Servicio Nacional de Salud (SNS) en Inglaterra, mientras que en Chile esto ocurrió en 1952. Como al SNS accedieron los obreros e indigentes, los empleados fueron incorporados organizadamente a la seguridad social en salud a través del llamado Servicio Médico Nacional de Empleados (SERMENA) en 1967.

En los años 80 se crearon dos sistemas de salud en Chile y se suprimió la separación empleados y obreros para su acceso. Aparecieron las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRE). Esto se dió bajo la nueva tendencia mundial de crear y optimizar el uso de recursos en una mezcla pública - privada, orientada a incentivar la diversidad y la competencia entre estos sectores, a fin de lograr mayor eficiencia, mayor calidad de los servicios y mayor satisfacción de los consumidores.

Durante los años previos a la fundación de las ISAPRE, los grupos de ingresos medios (empleados) fueron subsidiados por SERMENA en sus costos de atención, aunque ellos también cotizaban por ello (no se ha hecho el cálculo de ese subsidio). Cuando el subsidio se hizo muy bajo y además se produjo el incremento explosivo de costos por el acceso a nuevas tecnologías, se hizo evidente la necesidad de contar con seguros.

Los seguros de salud permiten teóricamente proteger a los enfermos con el apoyo financiero de los sanos, a través de la diversificación aleatoria del riesgo. Hoy en día existe consenso en que la naturaleza privada o pública de los seguros no es requisito para lograr este objetivo, sino que el diseño de los mismos es la clave para lograrlo.

Esta reforma de los 80 se planteó como un mecanismo de combinar la entrega de prestaciones de salud a la población con niveles de ingreso suficientes y diferente a la seguridad social, que concentraría a los grupos pobres o empobrecidos que requieren apoyo del Estado.

En Chile el sector público atiende a 64% de la población con medicina curativa y da cobertura a 100% de la población para los llamados programas públicos con externalidades, como es el caso del Programa Ampliado de Inmunizaciones y otros. Las ISAPRES, que están encargadas de la administración privada del seguro obligatorio de salud, cubren cerca de 25% de la población. El porcentaje restante pertenece especialmente a los servicios de las fuerzas armadas y particulares.

Las encuestas de opinión pública en Chile han revelado que las poblaciones adscritas a ambos subsistemas de atención se manifiestan inseguras y descontentas en su sistema, particularmente por las dificultades de acceso y por los costos no cubiertos por el seguro en determinadas circunstancias.

Características socioeconómicas de la población en la tercera edad

Los cambios demográficos y epidemiológicos del país adquieren gran importancia en la asignación de recursos para financiar el sistema de salud chileno. Aunque estos aspectos se desarrollan más extensamente en otro artículo de este mismo Boletín, conviene agregar los siguientes datos, especialmente socioeconómicos:

• Las proyecciones de población adulta mayor para el año 2010 son que por cada 100 menores de 15 años habrá 50 personas mayores de 60 años y más y en el 2034 tendrán una relación 1 a 1.

• Del total de la población de Chile, 10% corresponde a adultos mayores de 60 años, destacándose una mayor concentración de mujeres (56,2%), respecto de hombres, situación explicada por la mayor esperanza de vida. Un 81,8% de ellos vive en sectores urbanos y sólo 18,2 % en sector rural.

• La mayor vulnerabilidad por ingresos y pobreza está centrado en los sectores rurales. Es necesario destacar que en los últimos diez años la pobreza en este grupo mayor de 60 años ha descendido de 22,6% a 13,7%. Otro indicador de riesgo de vulnerabilidad es el nivel de analfabetismo que llega a 17% en este grupo de edad.

• Un 47,5% se encuentra casados o conviviendo. La proporción de hombres casados es de 66,2% mientras que en las mujeres 50,1% son viudas y 31,6% casadas; 25% de los jefes de hogar tiene 60 años y más.

• Ha habido un incremento de la participación en la fuerza de trabajo de este grupo: 22,8% de los mayores de 60 años está ocupado y en la actualidad un 8% de varones y 5% de mujeres están económicamente activos.

Desafíos de las ISAPRES en la tercera edad

Por los antecedentes expuestos, las necesidades, expectativas y demanda por servicios de salud de estos grupos crecerán sustancialmente en el futuro. Se proyecta un incremento de los costos de los servicios de salud en nuestro país de 13% para año 2000 y 38% para el año 2030, como consecuencia del comportamiento de la morbilidad y mortalidad más frecuente del adulto.

Aunque la reforma de los sistemas de salud es un proceso permanente, la gran mayoría de los países latinoamericanos la están planteando actualmente como una prioridad para enfrentar los problemas indicados, especialmente las desigualdades de acceso existentes.

Las ISAPRES se crearon como empresas privadas (con y sin fines de lucro) con el propósito de administrar la cotización obligatoria para la salud a través de la oferta de variados planes para sus afiliados, asumiendo que las personas tendrían mayor libertad de elección para optar por un sistema u otro.

Entre sus principales características, destaca que las personas pueden optar por asignar su cotización obligatoria al sector público o al privado. El porcentaje mínimo de las remuneraciones destinadas a financiar las prestaciones de salud es igual, cualquiera sea la opción elegida. Son reguladas por ley, inicialmente por FONASA y desde 1990 por la Superintendencia de ISAPRES.

Respecto a su organización, se crearon aquellas abiertas, que podían ser con o sin fines de lucro, y las cerradas, que son manejadas por personal de las empresas a las que pertenecen. Estas últimas tienen infraestructura pequeña y no tienen fines de lucro, constituyendo una proporción mínima del sistema.

Después de 20 años de creadas y con los evidentes cambios en la composición etárea de la población, además del incremento de demanda de servicios y del uso de tecnología médica más compleja, empiezan a aparecer algunas debilidades del sistema que deben ser resueltas. Estas son especialmente las exclusiones de acceso a las ISAPRES por diferentes motivos, generalmente asociados al incremento de la edad y los problemas de cobertura financiera en las enfermedades catastróficas.

Los problemas de salud tienden a aumentar con el paso de la edad, lo que implica un aumento de la prima o reducción de la cobertura del plan de salud de la ISAPRE, cuando se produce el nuevo contrato anual. Además, estos beneficiarios mayores aumentan notablemente los costos de su atención, así como el gasto privado de los hogares, entendido como el gasto directo del bolsillo para la compra de bienes y servicios de salud. Muchos de ellos migran a FONASA. Ello significa que, estimativamente, 85% de los adultos mayores de 65 años están en el sector público, en comparación a un 64% que opta por FONASA en la población general.

Por tanto, la seguridad social del sector público debe hacerse cargo de parte importante de este grupo social, que tiene características heterogéneas. Se está implementando actualmente el Programa de Salud del Adulto Mayor en el Ministerio de Salud, para dar respuesta a una demanda creciente de prestaciones de salud en el sector público para este grupo etáreo.

Soluciones en marcha

Diferentes autores que han analizado el sistema de salud chileno coinciden en que las ISAPRES hasta ahora no cubren adecuadamente las enfermedades catastróficas ni aseguran suficientemente para la tercera edad.

La propuesta más destacada para este grupo de edad la está implementando desde hace poco la Asociación de ISAPRES. Se trata del reaseguro de carácter obligatorio para las enfermedades catastróficas, que dictaminó la Superintendencia de ISAPRES. Los beneficiarios sólo pagan en esos eventos un deducible máximo equivalente a dos sueldos, con un piso de 60 UF y un tope de 126 UF. Este beneficio adicional es de cobertura universal y obligatoria. No discrimina a las personas enfermas y a los ancianos.

Este reaseguro tiene un costo entre 1.000 y 1500 pesos/mes por cotizante. Si este beneficio adicional de cobertura en enfermedades catastróficas funcionara en términos aceptables para una mayoría de beneficiarios (primas estables con pocas variaciones esperables, atención satisfactoria, etc.), los problemas para los menores de 65 años tienen una salida. Sin embargo, los costos de la salud para los mayores de 65 años todavía podrían ser muy altos para muchos, especialmente porque los fármacos no están incluidos en los planes privados que se ofrecen. Este reaseguro podría también, teóricamente, impedir el alza de las primas en los planes básicos por riesgos presentes. Este aspecto deberá evaluarse próximamente.

Las ISAPRES también están empezando a proponer otras soluciones para la tercera edad para reducir las primas. Una de ellas tiene un plan que premia la estadía prolongada (10 años) en la misma institución con primas de menor costo en la tercera edad. Además, tiene actividades preventivas de enfermedades del adulto a partir de los 40 años, que son requisito para apoyar el financiamiento del plan básico de la tercera edad.

Otras propuestas para la seguridad social en salud

Dado que la equidad en la financiación es una meta de los sistemas de salud, es necesario evaluar si los cambios en marcha referidos al reaseguro logran proteger contra el riesgo financiero de los hogares. Todos los hogares debieran pagar una proporción equitativa de acuerdo a sus ingresos. La equidad en la financiación abarca dos aspectos fundamentales:

a) La mancomunión de los riesgos de los sanos y los enfermos.
b) La distribución del riesgo entre los distintos niveles de ingreso.

Con las contribuciones de los que están sanos se paga la atención de los enfermos. Se evita así una doble carga: la enfermedad y sus costos financieros. La premisa de la equidad significa una contribución mayor de quienes tienen más. Se trata de prevenir el empobrecimiento financiero de los hogares cuando tienen un enfermo.

Esta meta ha sido propuesta por el Banco Mundial y recientemente por la Organización Mundial de la Salud. Mientras Chile lo intenta por su propio camino, otros países siguen otras vías. Por ejemplo, Suiza ha establecido una cotización igual para jóvenes y adultos mayores; además, los sectores de mayor ingreso pagan más para obtener beneficios extras sobre un programa básico muy completo. Existen limitaciones para los costos médicos.

La reforma holandesa consideró que los costos aumentan por las nuevas tecnologías y por el envejecimiento de la población; pero además el modo de pago era contrario a la eficiencia y a la calidad. Por ello, establece un fondo recaudador central que asigna a los seguros un presupuesto anual fijo basado en capitación (ajustado por edad, sexo, etc.). Este fondo central permite combinar todos los riesgos (por edad, características sociales, riesgo en salud) reuniendo todos los aportes al sistema que la sociedad ha acordado, para luego distribuirlos equitativamente. También controla los paquetes básicos de sus dos sistemas, asegurando a la tercera edad. Esto permite controlar los gastos de acuerdo a las posibilidades del país. Además, el sistema de facturación a los especialistas ya no es a través de pago por servicio, sino que por grupos de población o pacientes atendidos. El estado delega la planificación, la “tarificación”, la gestión y el control de calidad a los aseguradores y proveedores privados, mientras se reserva la dictación de normas y el control general de costos. Esto es lo que se ha llamado cuidado administrado (managed care) en que participan como proveedores tanto el sectores público como el privado.

Estados Unidos subsidia sólo la mitad de los costos totales en el cuidado de la salud para la tercera edad. MEDICARE es esencialmente universal para los mayores de 65 años y dado que tiene copagos importantes, la mayoría de sus beneficiarios tiene un seguro suplementario voluntario para reducirlos. Otros sujetos mayores de 65 años (14% del total en 1997) se han afiliado a organizaciones privadas de salud administrada (HMOs) con el mismo objetivo. El subsidio para tratamiento con fármacos es prácticamente inexistente. MEDICARE ha revolucionado el acceso a la atención de salud de la tercera edad y de los discapacitados. Ha contribuido francamente a la mejoría de sus niveles de salud y de su expectativa de vida en los últimos treinta años, además de reducir claramente su pobreza.

No debiera olvidarse la creación de otros servicios para responder a las necesidades y mejoramiento de la calidad de vida de los adultos mayores, como es el desarrollo de sistemas domiciliarios de cuidado, de administración de alimentos, centros de cuidado ambulatorio para adultos mayores y casas de reposo, que deben estar incluidos en el posible rediseño de sistemas de financiamiento de toda la seguridad social.

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