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La correcta prescripción de fármacos en el anciano tiene
la mayor importancia, dado que este grupo etáreo está frecuentemente
polimedicado y la frecuencia de reacciones adversas (RAM) es elevada.
Por ejemplo:
- Entre 65 y 90% de los ancianos consumen algún medicamento
(OMS).
- En Inglaterra los adultos mayores consumen el doble de fármacos
respecto de la población general y alrededor de 10% de los ingresos
hospitalarios a unidades geriátricas son motivados por RAM. Entre
un 25% a 50% comete errores en la administración de medicamentos,
cifras que aumentan al incrementarse el número de fármacos
prescritos.
- Estudios de fármaco vigilancia en hospitales han establecido
una relación lineal entre edad y frecuencia de RAM, las que aumentan
a 25% en adultos mayores de 80 años hospitalizados. En sujetos
entre 20 a 29 años dicha frecuencia es de 3%.
- Las RAM son la forma más frecuente de enfermedad iatrogénica
en adultos mayores. La edad avanzada predispone a RAM.
Existen factores farmacológicos y no farmacológicos que
determinan la eficacia y seguridad de un tratamiento en el anciano.
Factores no farmacológicos
- Reconocimiento de la necesidad de atención por parte del paciente
o sus cuidadores.
- Presentaciones atípicas de la enfermedad en el AM, omisión
de síntomas, quejas múltiples y vagas.
- Coexistencia de múltiples enfermedades (físicas y psicológicas)
que interactúan en forma compleja y dificultan el diagnóstico.
- Dificultades en la adhesión al tratamiento debido a defectos
en órganos de los sentidos y alteraciones cognitivas.
- Mal cumplimiento de las prescripciones debido a factores culturales
y económicos.
- Uso de numerosos medicamentos (polifarmacia), a menudo prescritos
por distintos médicos y por automedicación. Pareciera
ser que un grupo importante de ancianos modifica las dosis de fármacos
de acuerdo a sus síntomas, fenómeno que requiere mayor
estudio para su correcta interpretación.
Factores farmacológicos
Se refieren a modificaciones farmacocinéticas y farmacodinámicas
asociadas al envejecimiento.
Modificaciones farmacocinéticas
Absorción. La absorción de fármacos puede
modificarse con la edad, sin embargo, diversos estudios demuestran que
es el parámetro farmacológico menos afectado. Algunos
factores asociados a estos cambios son: Menor acidez gástrica.
- Disminución de la superficie de absorción.
- Retardo en el vaciamiento gástrico.
- Movilidad intestinal disminuida.
- Presencia de fármacos concomitantes que interfieren en su
absorción.
Distribución. Se han demostrado varios cambios en la
composición corporal en el anciano que pueden afectar la distribución
de fármacos en los distintos compartimientos del organismo. Existe
reducción de la masa magra, aumento del tejido adiposo y reducción
del agua corporal total (10 a 15%). Esto significa que fármacos
liposolubles, como diazepam y clorodiazepóxido tienen un mayor
volumen de distribución. Por el contrario, aquellos hidrosolubles,
como digoxina, tienen un volumen de distribución reducido. De
no producirse cambios en el aclaramiento plasmático del fármaco,
los cambios en el volumen de distribución producen variaciones
proporcionales en la vida media de eliminación.
También se observa reducción de los niveles de albúmina
plasmática que determina un aumento de la fracción libre
de fármacos tales como cimetidina y furosemida. Para aquellos
fármacos que se unen ampliamente a proteínas y cuya fracción
libre se encuentra aumentada en los ancianos, debe esperarse una reducción
del margen terapéutico con mayor riesgo de toxicidad.
Se ha señalado que los factores anteriores probablemente tengan
real importancia en la administración aguda de fármacos,
no así en tratamientos crónicos en los cuales el aclaramiento
renal y hepático son determinantes en los niveles plasmáticos
alcanzados.
Aclaramiento renal. Entre los cambios fisiológicos que
tienen lugar en el riñón se observa disminución
del flujo sanguíneo renal, de la filtración glomerular
y de la excreción tubular.
Los estudios efectuados demuestran una disminución variable
de la velocidad de filtración glomerular entre 35 a 40% a los
70 años respecto de sujetos de 20 años. Estos hechos adquieren
relevancia en la utilización de fármacos de margen terapéutico
estrecho, entre los cuales es importante mencionar aminoglucósidos,
atenolol, digoxina, litio, cimetidina, clorpropamida y procainamida.
En todos ellos, la dosificación debe ser ajustada estrictamente
de acuerdo a estas alteraciones. Para efectuar este ajuste puede estimarse
el aclaramiento de creatinina de acuerdo a la siguiente fórmula:
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Aclaramiento de creatinina = |
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(140 edad) x peso corporal (kg) |
| ------------------------------------------- |
| 72 x creatinina sérica (mg/dl) |
El resultado debe multiplicarse por 0,85 en el caso de mujeres.
Aclaramiento hepático. Algunos de los cambios fisiológicos
hepáticos asociados a la edad son disminución del flujo
sanguíneo hepático, del número de células
hepáticas y de la cantidad de enzimas microsomales oxidantes.
Se dispone de evidencia respecto a que las reacciones Fase I (óxidoreducción
e hidrólisis) pueden encontrarse afectadas en sujetos de edad
avanzada. En cambio, las reacciones Fase II (conjugación con
glucorónido, sulfato o acetato) no se ven alteradas en estos
grupos. Estos cambios se traducen en alteraciones del metabolismo de
algunos fármacos y del efecto de primer paso. Según estudios
recientes, la disminución de la actividad enzimática estaría
más bien condicionada por patología intercurrente que
por efectos de la edad. La disminución del flujo sanguíneo
hepático secundaria a insuficiencia cardiaca también influye
en la capacidad de metabolización de fármacos.
Ente los medicamentos que deben ser vigilados más estrictamente
debido a la reducción de su aclaramiento hepático se encuentran
benzodiazepinas (diazepan, clorodiazepóxido, alprazolam), quinidina,
propranolol, lidocaína, nortriptilina, amitriptilina, carbamazepina,
teofilina y tolbutamida.
No parece existir una diferencia significativa respecto de la inducción
e inhibición enzimática del metabolismo por otros fármacos
en el anciano, cuando se compara con la población más
joven.
Farmacodinamia Aun cuando se requiere de mayores estudios, existe
ya evidencia de diferencias en la respuesta a fármacos entre
jóvenes y ancianos. Estas diferencias no sólo tienen relación
con la cantidad y sensibilidad de los receptores en diversos tejidos,
sino también con la mayor o menor integridad de diversos mecanismos
homeostáticos del individuo.
Con relación a estos últimos, podemos señalar
la mayor tendencia a hipotermia producida por alcohol, neurolépticos
y antidepresivos tricíclicos, entre otros, así como la
hipotensión postural, inducida por antihipertensivos, neurolépticos,
benzodiazepinas y agentes antiparkinsonianos.
Fármacos con acción sobre el sistema nervioso central,
tales como sedantes y tranquilizantes pueden entorpecer el control postural
y favorecer la ocurrencia de caídas. Con respecto a la afinidad
y sensibilidad de receptores, se ha señalado la disminución
de respuesta de receptores beta adrenérgicos tanto frente a fármacos
agonistas (isoproterenol) como antagonistas (propranolol).
Reacciones adversas a farmacos
Conviene recordar que se puede describir al menos dos tipos de reacciones
adversas:
Tipo A: por acentuación de una reacción farmacológica
conocida, por lo tanto predecible y relacionada con la dosis. Por ejemplo:
intoxicación digitálica, excesiva sedación por el
uso de hipnóticos.
Tipo B: idiosincrásicas, es decir, no predecibles, sin relación
con la dosis y por mecanismos en general oscuros. Son mucho menos frecuentes
que las reacciones tipo A. Entre ellas
se cuentan alergias, polineuropatías, anemia aplástica.
En la Tabla 1 se muestran ejemplos importantes de reacciones advesas
en adultos mayores. Como se puede observar, las RAM en adultos mayores
a menudo exhiben un patrón diferente, atípico e inespecífico,
destacando incontinencia urinaria, depresión, intranquilidad, confusión,
síntomas extrapiramidales, constipación y caídas.
Tabla 1.
Ejemplos de reacciones adversas a farmacos en adultos mayores*
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| Antiinflamatorios |
Irritación gástrica
Hemorragia crónica |
| Anticolinérgicos |
Estreñimiento
Retención urinaria
Delirio |
| Antihipertensivos |
Hipotensión |
| Bloqueadores de canales de calcio |
Menor contractilidad cardíaca |
| Diuréticos |
Deshidratación
Hiponatremia
Hipopotasemia
Incontinencia |
| Digoxina |
Arritmias |
| Antidepresivos tricíclicos |
Efectos anticolinérgicos
Hipotensión postural
Taquicardia
Conducción cardiaca prolongada
Sedación
Alteraciones cognitivas |
| Sedantes e hipnóticos |
Sedación excesiva
Trastornos de la marcha
Delirio |
* Adaptado de Kane R, Ouslander J, Abrass I. 1997 Farmacoterapia.
Geriatría clínica,
Tercera Edición capítulo 14: 313-42. |
Como principio general, se debe considerar siempre como posible RAM
la aparición de síntomas o cambios en el curso de una enfermedad
que no son atribuibles claramente a algo previsto.
Las RAM pueden ser atribuidas con frecuencia a la edad o simular otra
cripciones). Un ejemplo ilustrativo se muestra en la Figura 1.
Paciente con dolor crónico y tendencia
a inmovilidad
Uso de analgésicos narcóticos (codeína)
Constipación
Fecaloma

Pseudodiarrea asociada a fecaloma

Uso de antidiarreicos (loperamida)

Cascada de desastres
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| Figura 1. Ejemplo de una cascada de prescripciones en un anciano
con resultados desastrosos. |
Uso de Psicofarmacos
Numerosa evidencia apoya el hecho de que los fármacos psicotrópicos
(antidepresivos, antipsicóticos, sedantes e hipnóticos)
se encuentran entre los más y peor utilizados en los adultos mayores.
Algunas recomendaciones pueden orientar la utilización más
racional de fármacos psicotrópicos en este grupo son:
- Antes de atribuir un síntoma psicológico a una enfermedad
psiquiátrica, hay que considerar la existencia de enfermedades
sistémicas que lo causen. Lo anterior obliga a una evaluación
médica cuidadosa antes de prescribir un psicotrópico.
- Evaluar la posibilidad de una interacción inapropiada entre
el paciente y el (los) cuidador (es) que pueda originar el comportamiento
anormal (agitación, agresividad). En este caso debe privilegiarse
la intervención ambiental no farmacológica dirigida a
la modificación de los factores causales dela alteración,
por ejemplo educación de los cuidadores.
- Considerar la presentación atípica de las enfermedades
psiquiátricas en el anciano, tales como la psicosis paranoide
en el contexto de una depesión. Esto hace aconsejable la consulta
a especialistas calificados cuando la complejidad del caso lo requiera.
- Privilegiar, en tanto sea posible, las opciones de tratamiento no
farmacológico: cambios ambientales, terapias grupales, psicoterapia
de apoyo, ergoterapia, entre otras. Estas alternativas permitirán
retardar o al menos disminuir la necesidad de fármacos en el
paciente.
- Se hace indispensable un conocimiento profundo de los medicamentos
a utilizar en un paciente dado, considerando cuidadosamente las características
del paciente (fragilidad) y los riesgos del fármaco.
- Debe evaluarse la respuesta al tratamiento en forma cuidadosa, a
fin de realizar los cambios que se estimen oportunos y evitar de este
modo reacciones adversas y daño en la funcionalidad y calidad
de vida del paciente.
- Iniciar el tratamiento con las dosis mínimas útiles
e incrementarlas progresivamente si fuera necesario
Referencias escogidas
- KANE R, OUSLANDER J, ITAMAR A. Farmacoterapia. En: Kane R, Ouslander
J, Abrass I eds. Geriatría Clínica 3°
Edición Mc Graw Hill, 1997; 313-32.
- VALENZUELA E. Prescripción de Fármacos en El Anciano.
En: Pontificia Universidad Católica de Chile. Colección
Teleduc Gerontología Básica Lecturas Complementarias
1999; 159-62.
- SWIFT C. Clinical Pharmacology and Therapeutics. En: Pathy J. ed.
Principles and Practice of Geriatric Medicine3° Edición
Willey, 1998; 251- 62.
- ROCHON P, GURWITZ J. Drug Therapy. Lancet 1995; 346: 32-6.
- COHEN J S. Avoiding adverse reactions: Effective lower dose drug therapies
for older patients. Geriatrics 2000; 55: 54- 64.
- FERNER R, ARONSON J K. Medication errors, worse than a crime. Lancet
2000; 355: 947-8.
- ROCHON P, GURWITZ J H. Optimizing drug treatment for elderly people:
the prescribing cascade. BMJ 1997; 315: 1096-9.
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