La osteoporosis pertenece al grupo de "enfermedades crónicas no transmisibles
del adulto", al cual se ha hecho alcance específico en anteriores
números de este Boletín. Este grupo, en el que además
figuran las enfermedades cardiovasculares, las tumorales malignas y las
respiratorias, ocupa un lugar preponderante como causa de muerte en poblaciones
como la nuestra, que están en transición demográfica,
debido al incremento de la expectativa de vida.
A modo de ejemplo, la fractura de cadera, que es una
de las expresiones clínicas más temidas de la osteoporosis,
conlleva una alta mortalidad durante el primer año de ocurrida
(12 a 20%), aun en países con alto desarrollo tecnológico,
marcando así un hito en la vida de los sujetos afectados. Adicionalmente,
existe un menoscabo notable en la calidad de vida de estos pacientes,
dado que gran parte de ellos son incapaces de retomar una vida normal
en cuanto a las actividades del diario vivir y que un subgrupo requiere
de asistencia profesional hasta el momento de su muerte.
Basada en las consideraciones mencionadas y en el impacto
económico significativo de las fracturas, la OMS ha clasificado
la osteoporosis como el quinto problema de salud a nivel global. En la
presente revisión se abordarán algunos aspectos conceptuales
vinculados a la epidemiología de esta enfermedad, sus principales
factores de riesgo y de protección, así como las medidas
que conviene considerar para el control y prevención de esta condición
crónica.
Definiciones
La osteoporosis fue definida en 1991 como "una enfermedad
esquelética sistémica, caracterizada por baja masa ósea
y deterioro en la microarquitectura del tejido óseo, que origina
fragilidad ósea aumentada con el consecuente aumento en el riesgo
de fractura".
Aun cuando esta definición cubre el espectro de
manifestaciones de la enfermedad, en el campo de las enfermedades crónicas
el contar con definiciones operacionales facilita enormemente su estudio.
En este sentido, un paso fundamental fue dado por un panel de expertos
de la OMS en 1994, al proponer criterios diagnósticos de osteoporosis
para el uso clínico basados en la determinación de la densidad
mineral ósea (DMO). Estos se fundamentan en múltiples estudios
prospectivos que demuestran que el riesgo de fracturas de tipo osteoporótico
aumenta progresiva y continuamente en la medida que la DMO disminuye.
Esta aproximación se apoya en la existencia actual de tecnología
capaz de medir con certeza la DMO y la posibilidad de desarrollar valores
para establecer intervenciones antes de la ocurrencia de fractura.
Distintos criterios han sido utilizados para definir
osteoporosis. El más empleado ha sido la identificación
de un punto de corte, conocido como "umbral de fractura", bajo el cual
se incluyen la mayoría de los pacientes con fracturas de tipo osteoporótico.
Este punto puede ser variable y arbitrariamente establecido a nivel del
promedio o en 1 ó 2 desviaciones estándar bajo éste.
La fijación de valores altos de DMO como punto
de corte, buscando una alta sensibilidad, reduce la probabilidad de ocurrencia
de falsos negativos, pero puede determinar el sobretratamiento de sujetos
sin clara indicación (bajo riesgo), con el consiguiente incremento
en costos y rendimiento. Por otro lado, la fijación de un punto
de corte utilizando valores bajos de DMO (más exigentes, buscando
mayor especificidad), controla el problema de los falsos positivos, pero
excluye la identificación de sujetos en etapas tempranas de la
enfermedad, en quienes las medidas de prevención secundaria tendrían
un mayor efecto.
En esta decisión deben incluirse también
los factores de mayor peso epidemiológico que modifican la DMO
de los individuos, entre los cuales los más importantes son la
edad y el sexo. Para mujeres adultas, el punto de corte de 2,5 desviaciones
estándar bajo el promedio de lo observado en población sana
de 30 años (cuando se alcanza la masa ósea máxima),
satisface la mayoría de las consideraciones previas, particularmente
para la fractura de cadera. Este valor clasifica como osteoporóticas
al 30% de las mujeres postmenopáusicas, utilizando mediciones de
DMO de la columna, cadera o antebrazo, lo cual coincide aproximadamente
con el riesgo de por vida de sufrir fractura en esos sitios. Con objeto
de establecer un umbral para medidas preventivas, similares consideraciones
permiten asignar como punto de corte una desviación estándar
bajo el promedio de población sana de 30 años.
De acuerdo con esto, la definición operacional
de osteoporosis propuesta por el panel de expertos de la OMS en 1994,
que es la más utilizada en la práctica clínica, se
describe en la Tabla 1.
El valor promedio de población adulta joven que
se utiliza como referencia en esta definición corresponde al obtenido
a los 30 años en población sana del mismo sexo y raza. La
distancia entre la DMO encontrada en un sujeto cualquiera y este promedio,
también se denomina score T. Por simplicidad nos referiremos a
osteopenia con score T entre 1,0 y 2,5, osteoporosis con
score T < -2,5, etc. Otra medida expresada al analizar la DMO es el
score Z. Este se obtiene cuando se contrasta la medición de DMO
con el promedio de población de similar edad, sexo y raza y da
cuenta de cambios más recientes de la DMO. Sin embargo, no es válido
aplicar las categorías anteriores al score Z para el diagnóstico
de osteoporosis, ya que de dicha forma, la incidencia de osteoporosis
no aumentaría con la edad aunque la masa ósea estuviera
disminuyendo y el riesgo de fractura aumentando.
Considerada en este sentido, la osteoporosis es similar
a otras condiciones crónicas, habitualmente clínicamente
silentes hasta que ocurren sus complicaciones. En estos casos es deseable
identificar a través de una medición (en este caso la DMO),
los portadores de tal afección antes que ocurra la complicación.
No obstante lo anterior, es necesario considerar que
esta última aproximación tiene varias limitaciones:
- Los estudios que avalan la relación entre DMO y riesgo de fractura
han sido realizados mayoritariamente en mujeres anglosajonas postmenopáusicas.
Aunque el riesgo de fractura depende de la cantidad absoluta de hueso,
la extensión de estos criterios a otras poblaciones (mujeres
premenopáusicas, hombres, niños, etc.) no es del todo
válida;
- No existe una correlación óptima entre mediciones de
masa ósea efectuadas en sitios distintos (antebrazo y columna).
Por ello es deseable que la estimación del riesgo sea sitio -
específico; además, mientras más sitios sean analizados,
mayor será el número de sujetos afectados;
- Existen factores independientes de la DMO que determinan riesgo de
fractura y en muchas ocasiones la DMO será un parámetro
adicional a éstos para consideraciones de prevención y
terapia (véase, artículo sobre fisiopatología de
la osteoporosis).
|
Tabla 1.
DIAGNOSTICO DE OSTEOPOROSIS SEGUN CRITERIO OMS.
|
| Categoría |
Definición |
| A. Normal |
DMO entre +1 y -1 DE del promedio de población adulta
joven. |
| B. Osteopenia |
DMO entre -1 y 2,5 DE del promedio de población
adulta joven. |
| C. Osteoporosis |
DMO bajo 2,5 DE del promedio de población adulta
joven. |
| D. Osteoporosis grave |
DMO bajo 2,5 DE del promedio de población adulta
joven y una o más fracturas de tipo osteoporótico. |
Magnitud del problema
La osteoporosis es reconocida como enfermedad específica
desde épocas remotas, habiendo sido descrita ya por Hipócrates.
Sin embargo, sólo en los últimos 50 años se le ha
conferido especial importancia, despertando su estudio un particular interés
por la elevada magnitud del problema a nivel poblacional; hoy se estima
que es la enfermedad crónica más prevalente en todo el mundo,
especialmente en mujeres mayores de 65 años.
La enfermedad presenta una amplia distribución
mundial, con prevalencias variables en diferentes zonas, lo que se ha
constituido en un verdadero puzzle desde la perspectiva epidemiológica.
Diversos factores asociados a la enfermedad han sido estudiados para establecer
su participación tanto en la frecuencia de la enfermedad como en
su historia natural.
Sin duda, el factor racial es uno de las variables de
mayor importancia como factor asociado a esta distribución. En
la Tabla 2 se muestra que existen grandes variaciones regionales en las
tasas de incidencia de fractura de cadera. En general, las tasas más
altas se observan en población de sexo femenino y en los países
del norte de Europa y Estados Unidos. Países europeos de la cuenca
mediterránea registran tasas inferiores. Se han observado incluso
fluctuaciones dentro de un país, lo que pone en evidencia lo heterogéneo
de su presentación y de su historia natural. Los países
más industrializados de Asia (Japón, Taiwán, Corea)
registran tasas de incidencia elevadas, comparables a las de países
del norte de Europa y Estados Unidos. Un caso especial es el que ocurre
en China, en donde las tasas de incidencia son mayores en hombres que
en mujeres, situación por cierto excepcional. Otro hecho a destacar
es que las tasas registradas en población de color, tanto en Estados
Unidos como en países africanos, son inferiores a las observadas
en individuos de similar edad, pero de raza caucásica.
TABLA 2
Tasas de incidencia de fractura de cadera segun sexo, paises seleccionados.
|
|
Países o áreas
|
Mujeres
|
Hombres
|
Razón M :H
|
|
EEUU (Rochester)
|
101.6
|
50.5
|
2.0
|
|
Nueva Zelandia
|
96.8
|
35.2
|
2.7
|
|
Suecia
|
87.2
|
38.2
|
2.3
|
|
Israel (Jerusalén)
|
69.9
|
42.8
|
1.6
|
|
Inglaterra
|
63.1
|
29.3
|
2.2
|
|
Holanda
|
51.1
|
28.5
|
1.8
|
|
Finlandia
|
49.9
|
27.4
|
1.8
|
|
Antigua Yugoslavia *
|
39.2
|
37.9
|
1.0
|
|
Antigua Yugoslavia **
|
17.3
|
18.2
|
1.0
|
|
Hong Kong
|
31.3
|
27.2
|
1.2
|
|
Singapur
|
15.3
|
26.5
|
0.6
|
|
Sud Africa (Bantu)
|
5.3
|
5.6
|
0.9
|
| Tasas expresadas por 100.000 habitantes,
ajustadas a la población de EEUU 1970. * Zonas con dietas con
bajo consumo de calcio. ** Zonas con dietas con alto consumo de calcio. |
En EE.UU, país que dispone de estadísticas
muy completas, ocurren entre 850.000 y 1.500.000 fracturas anualmente
en personas mayores de 65 años. De éstas, 50 % son vertebrales,
25% en antebrazo distal (fractura de Colles) y el 25% restante, de cadera,
dando cuenta así de las principales fracturas de tipo osteoporótico.
El riesgo de por vida de sufrir estas fracturas a partir de los 50 años
se muestra en la Tabla 3, en la que se aprecia que 40% de las mujeres
y 13% de los hombres mayores de 50 años sufrirán alguna
fractura relacionada con esta enfermedad en el resto de su vida. Las fracturas
vertebrales y de muñeca causan dolor, deformidad e incapacidad.
La mortalidad de la fractura de cadera en el año siguiente alcanza
hasta el 20%, la mitad de los sobrevivientes requiere asistencia para
caminar y el 25% atención institucionalizada permanente. Los costos
directos atribuibles a la osteoporosis para 1995 fueron estimados en 14
billones de dólares.
Estimación de la magnitud del problema en
Chile
En nuestro país no existen estudios que proporcionen cifras
de prevalencia poblacional de osteoporosis, disponiéndose sólo
de información sobre egresos hospitalarios por fractura de cadera.
Con algunas consideraciones, este indicador es aceptado internacionalmente
como un buen estimador de la frecuencia de osteoporosis, sobre todo
en términos comparativos.
Entre 1980 y 1993, los estudios chilenos muestran un incremento en
la tasa de egresos hospitalarios por fractura de cadera desde 140 a
162 por 100.000 habitantes, cifras ajustadas por edad. Al igual que
lo observado en otros países, estas tasas (también expresadas
por 100.000 habitantes) están fuertemente influenciadas por el
factor edad y sexo: 7,6 a los 50 años y 475,7 a los 80 años
en varones versus 2,5 y 1200,6 en mujeres a los 50 y 80 años
respectivamente (datos de 1990).
|
TABLA 3
Estimacion del riesgo de por vida de fractura a los 50 años
(origen?)
|
| Sitio de fractura |
Mujeres |
Hombres |
| 1. Antebrazo distal |
16,0 (15,7-16,7) |
2,5 (2,2-3,1) |
| 2. Fémur proximal |
17,5 (16,8-18,2) |
6,0 (5,6-6,5) |
| 3. Vertebral* |
15,6 (14,8-16,3) |
5,0 (4,6-5,4) |
| 4. Cualquiera de las anteriores |
39,7 (38,7-40,6) |
13,1 (12,4-13,7) |
** Tomado de referencia 2
*Fractura clínicamente diagnosticadas
Entre paréntesis se anota el intervalo de confianza al 95%. |
Información reciente al respecto coloca a nuestro país
muy por debajo de la frecuencia exhibida por países europeos,
con cifras de magnitud que oscilan entre 3 a 5 veces menores, las que
revelarían un menor riesgo absoluto y relativo de nuestra población.
Sin embargo, es necesario considerar que no puede descartarse la existencia
de factores locales de registro que pudieran subestimar nuestras cifras
(movimiento de pacientes entre servicios, cobertura de servicios médicos,
conducta poblacional frente a la fractura, etc.).
Nuestro proceso de transición demográfica se traduce
en una creciente población mayor de 65 años (actualmente
del orden de 6,6%, con cerca de un millón de personas). La prolongación
de la expectativa de vida a toda edad en el período 1995-2000
sitúa a la osteoporosis ya como uno de nuestros principales problemas
de Salud Pública.
Al relacionar esta enfermedad con los diferentes estratos de edad,
se insiste reiteradamente en concentrar la atención en población
de edad avanzada, subestimándose la importancia que, en términos
preventivos, tiene a población (principalmente femenina) cercana
a los 50 años de edad, altamente susceptible, en la cual los
beneficios de medidas preventivas han mostrado la mayor potencialidad
de beneficios. Información chilena en población femenina
postmenopáusica asintomática seleccionada, muestra una
cifra de osteopenia en columna lumbar, ajustada por edad, del orden
de 21,7%, utilizando medición con técnicas estandarizadas.
Observaciones recientes de nuestra población muestran que el
incremento de las tasas de fractura de cadera es de mayor magnitud que
el esperable en función del envejecimiento poblacional señalado
previamente, lo que apunta a un cambio en el comportamiento epidemiológico
de esta enfermedad, involucrando a la dieta y a otros factores de riesgo.
Esta observación es concordante con lo informado en la literatura
internacional.
Factores de riesgo
Los factores de riesgo para osteoporosis se relacionan
con cinco categorías principales: edad, influencia genética,
influencias ambientales, factores endocrinos o enfermedades crónicas
y características físicas del hueso (Tabla 4). La contribución
relativa de cada factor está influenciado por la edad en la cual
éste se expresa. Por ejemplo, la deficiencia estrogénica
ejerce un efecto catastrófico mientras más tempranamente
se expresa en la vida de la mujer. Los mecanismos que explican la asociación
de riesgo entre estos factores y la fractura son explicados en el el capítulo
sobre patogenia de esta monografía.
|
Tabla 4.
FACTORES DE RIESGO PARA OSTEOPOROSIS
|
| 1. Edad |
Cada década aumenta el riesgo entre 1.4 a 1.8 |
| 2. Herencia |
Raza: blanca y oriental mayor riesgo que negra y polinésica
Sexo: mujeres mayor que en hombres
Historia familiar: fracturas en parientes de primer grado
Polimorfismo para receptor de vitamina D y gen del colágeno
tipo I |
| 3. Ambientales |
Nutricionales: ingesta cálcica o de vitamina D deficientes.
-ejercicio: sedentarismo, ejercicio anaeróbico, carga mecánica
excesiva
-fármacos: anticonvulsivantes, corticoides, furosemide, sedantes
-trauma: condiciones físicas o ambientales favorecedoras de
caídas
-otros: tabaquismo, ingesta excesiva de café o alcohol. |
| 4.a) Factores endocrinos |
Hipogonadismo, hipercortisolismo, hiperparatiroidismo, hipertiroidismo.
|
| b) Enfermedades crónicas |
Gastrectomía, daño hepático crónico,
insuficiencia renal crónica |
| 5. Característicasfísicasdel hueso. |
Masa ósea , tamaño y geometría, microarquitectura,
remodelamiento óseo, fracturas previas. |
La identificación estos factores de riesgo tiene
mayor valor en el diseño de estrategias de prevención a
nivel comunitario que a nivel individual, en la práctica clínica.
En este ambiente los factores más importantes a considerar para
estimar el riesgo de la paciente en cuestión son:
- La densidad mineral ósea, como ya se comentó;
- Antecedente de fractura después de los 40 años de edad;
- Antecedente de fractura de tipo osteoporótica en familiares
de primer grado;
- Peso inferior a 57,8 kg (o en el cuartil más bajo de la distribución
correspondiente para la edad)
- Tabaquismo actual.
Finalmente, existen condiciones protectoras para el riesgo
de desarrollar osteoporosis o fracturas, tales como índice de masa
corporal elevado, mayor paridad y eje longitudinal de la cadera corto,
entre otros.
Consideraciones preventivas
Puede utilizarse esta enfermedad como modelo de análisis
de las medidas de prevención y control utilizadas en Salud Pública.
Este enfoque aclara conceptos y facilita la focalización de las
intervenciones en las poblaciones adecuadas.
Prevención primaria
El objetivo es bloquear e interferir la acción de eventuales
factores de riesgo en su contacto con sujetos susceptibles. Conocidos
los factores de riesgo, pueden desplegarse medidas específicas.
Particular importancia tienen una nutrición y aporte de calcio
adecuados, particularmente en la adolescencia y durante los embarazos,
ejercicio físico moderado, no catabólico (deporte de alta
exigencia) y el control de factores de riesgo como tabaquismo y consumo
de alcohol. Existe consenso en que estas medidas preventivas deben comenzar
a operar tempranamente en la vida y perdurar toda la vida del sujeto.
Mención aparte merece el uso de terapia de reemplazo hormonal,
considerada hoy una valiosa herramienta de prevención primaria,
cuando el grupo objetivo es población femenina en etapa postmenopáusica.
Prevención secundaria
En este caso el objetivo es diagnosticar la enfermedad lo más
precozmente posible y tratarla adecuadamente. Los alcances de las medidas
terapéuticas específicas para el control de esta enfermedad
son comentados en otros artículos de este Boletín. Desde
la perspectiva epidemiológica, la aplicación de programas
de tamizaje puede permitir separar la población en diferentes
grupos de riesgo osteoporótico. Sin embargo, por el uso de tecnología
asociado a ellos, existe controversia acerca de su utilidad en términos
poblacionales (costo-efectividad). En el intertanto parece sensato la
utilización de tecnología diagnóstica en sujetos
con elevado riesgo epidemiológico, según los factores
antes mencionados, utilizando parámetros clínicos o bioquímicos
en cada caso individual. Así, la relación costo-beneficio
es claramente positiva en un enfoque de alto riesgo.
Prevención terciaria
El objetivo más importante es la reducción del riesgo
de las complicaciones propias de la enfermedad, considerando un daño
basal ya establecido. Estas medidas se concentran principalmente en
el control de los factores asociados a fracturas en general y buscan
reducir la incidencia de fracturas en hueso osteoporótico. En
nuestra población se dispone de información acerca de
los factores de riesgo más relevantes asociados a fractura de
la cadera, entre los cuales es posible identificar factores relativamente
simples de controlar en el microambiente familiar (limitación
funcional, necesidad de asistencia física, riesgo de caídas,
uso de fármacos, déficit sensorial, deterioro nutricional,
entre otros).
Es importante considerar que, independientemente de la etapa de la
historia natural de la enfermedad en que se encuentra un sujeto, pueden
y deben seguir operando medidas de prevención primaria, que suelen
postergarse en beneficio de la utilización de drogas de alto
costo y limitado efecto.
Referencias escogidas
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case of Chile. Public Health 1995;109:431-442.
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Report Series 843, Geneva, 1994
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- Bacon WE, Maggi S, Looker A, Harris T, Nair CR, Giaconi J, Honkanen
R, Ho SC, Peffers KA, Torring O, Gass. International comparison of hip
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- Arteaga E, Campusano C, Rodríguez JA, Cervilla V, López
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- Pumarino H, Contreras L, Kirschbaum A. Tendencia de las tasas de fractura
de cadera en 12 años en Chile ¿aumento independiente de
envejecimiento poblacional? Rev Med Chil 1997;125(8):893-898
- Pumarino H, González P, Oviedo S, Lillo R. Densidad
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en una población chilena normal. Un estudio en mujeres. Rev Med
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- Sowers R, Galska D. Epidemiology of bone masss in premenopausal women.
Epidemiological reviews 1993; 5: 374-98.
- Valdivia G, Giaconi J, Arteaga E, Pumarino H, Gajardo H, Villarroel
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