En su obra "Origen y meta de la historia", Karl
Jasper propone la tesis que el siglo VI a.C. constituye un "tiempo axial"
para el hombre contemporáneo. Es decir, un momento en el que la
cultura adquiere ciertas características que continúan presentes.
Ese "tiempo axial" representaría el clímax de un proceso
de crecimiento espiritual ocurrido entre los años 800 y 200 a.C.,
etapa en la que se habría plasmado "el hombre con el que vivimos
hasta hoy". Nos recuerda Jasper que durante ese siglo en la China viven
Confucio y Lao-tsé. En la India predica Buda. En la antigua Persia,
Zarathustra enseña su doctrina sobre el bien y el mal. El pueblo
hebreo escucha profetizar al Deutero-Isaías. En la Magna Grecia,
Pitágoras funda su escuela y cultiva un severo ascetismo.
El tiempo axial
La tesis de un "tiempo axial", esbozada inicialmente
por Lasaulx en 1856, y algo más tarde (1870) por von Strauss,
es compartida plenamente por Toynbee. Este, en su libro póstumo
"La gran aventura de la humanidad", destaca la contemporaneidad de los
líderes espirituales antes mencionados y afirma que, desafiando
a la tradición, rechazaron tanto el culto de la naturaleza como
el culto del hombre e irrumpieron "a través de estos velos oscurecedores
para cobrar una visión directa de la realidad espiritual desnuda".
Es importante señalar, sin embargo, que esos líderes no
surgieron en sociedades totalmente primitivas e indiferentes. En el
siglo VI a.C. tanto en China como en la India se iniciaron diversas
corrientes filosóficas. Lo mismo puede decirse de Grecia donde,
en un período de tiempo relativamente corto, (siglos VI-V a.C)
encontramos a Homero, Tucídides, los trágicos y todos
los grandes filósofos.
Para Jasper, el tiempo axial es un acontecimiento
misterioso en cuanto a sus causas. Intentando encontrar una respuesta
"empírica", describe esa época diciendo que, por primera
vez, el hombre adquiere conciencia de la totalidad del ser, de sí
mismo y de sus límites; siente la "terribilidad" del mundo y,
desde el abismo de su propia impotencia aspira a la liberación
y a la salvación. Ese fenómeno reflejaría "una
conciencia que se ha hecho consciente de sí misma", "un pensamiento
que se vuelve hacia el pensamiento y lo hace su objeto". La adquisición
de esa nueva conciencia de realidad existencial hace que las concepciones,
costumbres y situaciones queden sometidas a examen y prueba. Comienza
así el ocaso de la edad mítica. La religión, centrada
en dioses dominados por las mismas pasiones de los hombres, se impregna
de ética y la idea, ya presente entre los hebreos, de un Dios
único poseedor de todas las perfecciones, comienza a cobrar fuerza,
por lo menos entre los hombres cultos. En ese despertar de una nueva
espiritualidad, el hombre anhela la comunión con la divinidad
como camino de perfección y trascendencia.
A partir del "tiempo axial", entonces, la vida
humana habría adquirido un nuevo sentido y, junto con ello, se
habría iniciado el cultivo de nuevos valores. Eso implica el
desarrollo de una visión distinta del hombre con respecto a sus
orígenes, su mismidad y sus proyectos de vida. Un cambio de esa
naturaleza habría influido, además, en las relaciones
humanas y, por lo tanto, en la sociedad y sus organizaciones políticas.
El hombre como un pequeño mundo
Para la civilización occidental, ninguno
de los acontecimientos que ocurrieron a partir del siglo VI a.C. influyó
tan decisivamente como el proceso de cambio cultural que experimentó
Grecia y el helenismo. Según Tovar, "unos pocos humanos descubrieron
el pensamiento y se preguntaron de un modo racional por el mundo circunstante".
Ese "descubrimiento", que tiene raíces fenicias, egipcias y babilonias,
tuvo sus primeras manifestaciones en la ciudad de Mileto, próspera
colonia jónica. Allí, un mercader llamado Tales, aficionado
a los viajes, los números y la geometría, plantea por
primera vez la idea de que el mundo está formado por una sustancia
primordial, componente de todo lo vivo e inerte, y supone que esa sustancia
es el agua. Comienzan, de esa manera, las especulaciones cosmogónicas
y el interés por la naturaleza, de las que surgirían la
filosofía y las ciencias. En un mundo (kósmos) en el que
la razón discierne un orden coherente, el hombre es percibido
como una parte consubstancial del todo. Demócrito lo define como
"un pequeño mundo" (mikròs kósmos) diferente de
otros mamíferos sólo en su capacidad de pensar, hablar,
sufrir y de modificar el entorno para su propio beneficio.
En ese nuevo ambiente, desmitificado e intelectualmente
inquieto, la medicina griega experimenta un cambio radical. Desprendiéndose
de un largo pasado de superstición religiosa y magia, adopta
el método de los naturalistas y, puesto que el hombre es parte
de la naturaleza, comienza a indagar en los misterios de las enfermedades
usando herramientas propias de los filósofos. Es así como
el quehacer médico se trasforma en una técnica, es decir
en un campo de conocimientos racionales obtenidos empíricamente,
que son usados para beneficio de los hombres.
El proceso de racionalización de la medicina,
su incorporación de conceptos derivados de la filosofía
natural, el uso de la observación minuciosa, el intento por derivar
principios generales, otorgó al quehacer de los médicos
una insospechada eficacia, lo que, a su vez, significó que adquirieran
un gran prestigio social. En ese sentido, a apartir del siglo V a.C.
la medicina griega no fue una profesión entre otras. Como señala
Jaeger: "aunque no hubiese llegado a nosotros nada de la antigua literatura
médica, serían suficientes los juicios laudatorios de
Platón sobre el médico y su arte, para llegar a la conclusión
de que el final del siglo V y el siglo IV a.C. representaron en la historia
de la profesión médica un momento culminante de cotización
social y espiritual".
Pero junto con lograr un gran avance en lo propiamente
técnico, la medicina griega desarrolló una visión
del hombre desde la que surgió un ethos de respeto a la vida
y de búsqueda del bien de la persona enferma, ya sea libre o
esclava, ciudadana o forastera. Esa actitud, hecha práctica,
otorgó a la medicina un sello de profesión humanitaria
que aún hoy, plagada de contradicciones, mantiene como un ideal.
La solidaridad y ayuda compasiva de los médicos se trasformó
en un ejemplo para toda la sociedad, fortaleciendo así uno de
los valores que distingue al hombre de otras creaturas, cual es su preocupación
por la suerte de sus semejantes. Por esa razón, la nueva medicina,
surgida en el siglo V a.C., debe ser considerada como otra de las vertientes
del espíritu que brotaron durante el tiempo axial y que contribuyeron
al encuentro del hombre con su propia humanidad.
La nueva medicina
El hombre al que se atribuye el inicio de la
nueva medicina griega es Hipócrates. Nacido probablemente entre
los años 470 y 460 a.C., en la isla de Cos, donde ya existía
una escuela médica prestigiada, el hombre que desde la antigüedad
ha sido considerado "Padre de la Medicina", fue contemporáneo
de Pericles, Demócrito, Sócrates y Platón. El primer
médico que concibió las enfermedades como trastornos que
ocurren en el interior del organismo humano por causas "naturales",
fue Alcmeón de Crotona. Sin embargo, nadie disputa a Hipócrates
y a los asclepíadas de su escuela de Cos el mérito de
haber profundizado y popularizado ese concepto, junto con perfeccionar
el método empírico. Ese enorme legado ha llegado hasta
nuestros días en la forma de un "Corpus hipocrático",
constituido por algo más de un medio centenar de obras consideradas
auténticas, y algunas apócrifas. En ellas se tratan materias
diversas, como la práctica médica, la dietética,
la anatomía y las causas de las enfermedades y su tratamiento.
Ciertos textos representan verdaderos tratados, otros son breves ensayos
e, incluso, lo que parece ser apuntes para clases magistrales. Con respecto
a la autoría de esos textos y a las fechas en que fueron escritos,
existen diversas opiniones. La mayoría de los expertos supone
que sólo unos pocos corresponden a obras del propio Hipócrates.
El resto habrían sido escritos por médicos de la escuela
hipocrática entre el siglo V y hasta mediados del IV a.C., incluyendo
algunos posteriores a ese período.
El concepto "naturalista" de enfermedad supone
que se trata de una alteración en el mikròs kósmos
del hombre, equivalentes a desequilibrios en sus elementos constitutivos,
causadas por problemas dietéticos, accidentes, vida desordenada
y la influencia de factores presentes en la naturaleza universal, particularmente
los cambios estacionales. Esta visión excluye todas las causas
de tipo "sobrenatural", es decir, por intervención divina o de
tipo mágico. Sin embargo, no descarta la posibilidad de que el
trastorno se deba a un designio divino o al destino. Lo anterior está
expuesto con mucha claridad en el libro "Sobre la enfermedad sagrada",
es decir, la epilepsia. En ella afirma su autor: "...Acerca de la enfermedad
que llaman sagrada sucede lo siguiente. En nada me parece que sea algo
más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene
su naturaleza propia, como las demás enfermedades, y de ahí
se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres
como una cosa divina por su inexperiencia y su asombro".
Los textos del "Corpus" manifiestan, además,
un rechazo a la especulación a priori como una forma válida
para adquirir conocimientos médicos. Los hipocráticos
proponen, en cambio, que todo lo que puede establecerse como hecho verdadero
depende de la percepción de los sentidos y, en consecuencia,
la observación resulta un quehacer esencial. El texto "Sobre
el dispensario médico" contiene una frase que ilustra esa actitud:
"Examínese desde el comienzo las semejanzas y diferencias (con
el estado de salud), según las más importantes, las más
fáciles, las que conocemos por todos (nuestros recursos) en todo.
Lo que se ve, lo que se toca, lo que se oye; lo que puede percibirse
con la vista, con el tacto, con el oído, con la lengua, con el
entendimiento; lo que puede conocer todo aquello con que conocemos"
(Libro III, 272). Y, como señala Laín a propósito
de la cita anterior, el uso de la lengua no es una hipérbole,
ya que un pasaje de "Epidemias" (Libro V, 318) revela que el médico
hipocrático investigaba hasta el sabor dulce o amargo del cerumen
de sus enfermos.
El método empírico
Para reunir información que permita sustentar
o rechazar una tesis es necesario que las observaciones sean ordenadas
de acuerdo a ciertas relaciones, es decir, que sean clasificadas, o
se intervenga en lo observado disponiéndolo artificialmente para
una mejor observación. En otras palabras, que se realicen experimentos.
Los hipocráticos fueron más observadores que experimentadores,
aunque sus registros de los efectos producidos por ciertos tratamientos
corresponden, en rigor, a crudos "cuasi-experimentos". Aún así,
las investigaciones realizadas por los discípulos de Hipócrates
fueron muy poco sofisticadas, incluso comparadas con las que llegaron
a efectuarse en la Academia y el Liceo. En ese sentido, baste recordar
el ejemplo del notable estudio de Aristóteles sobre el desarrollo
del embrión de pollo, efectuado mediante la apertura sucesiva
de huevos en estados distintos y conocidos de incubación. Nada
similar en cuanto a creatividad y exactitud científica contienen
los textos del "Corpus".
Pese a sus limitaciones y carencias, el método
empírico de la medicina hipocrática y los conocimientos
que permitió alcanzar impresionaron a Aristóteles e influyeron
en su obra naturalista. En ese sentido, es elocuente el conocido pasaje
del libro A (I) de la "Metafísica": "Por la experiencia progresan
la ciencia y la técnica en el hombre. La experiencia, dice Polus,
y con razón, ha creado la técnica; la inexperiencia marcha
a la ventura. La técnica comienza cuando de un gran número
de nociones suministradas por la experiencia, se forma una sola concepción
general que se aplica a todos los casos semejantes. Saber que tal remedio
ha curado a Calias, atacado de tal enfermedad, que ha producido el mismo
efecto en Sócrates y en muchos otros tomados individualmente,
constituye la experiencia...". Este concepto, fundamental en el desarrollo
de las ciencias modernas, no es otro que el de la derivación
de leyes generales a partir de observaciones individuales. Como tal,
la idea sólo subyace en los textos hipocráticos, pero
nunca fue enunciada con la claridad del estagirita.
Como destaca Marías, en su libro "El tema
del hombre", la medicina de la escuela de Cos influyó también
en otro aspecto fundamental de la filosofía: el problema antropológico.
El interés por la condición humana asoma en los pitagóricos,
pero este aspecto no será tratado formalmente hasta el siglo
V a.C. cuando los sofistas centran su actividad en torno al ente humano
como objetivo pedagógico: la formación de ciudadanos.
El estudio filosófico propiamente tal del hombre se inicia a
partir de los nuevos conceptos sobre su corporeidad y naturaleza física
originados en la medicina hipocrática.
La nueva visión del hombre
Desde una perspectiva naturalista, el hombre
puede ser estudiado como objeto. Pero el interés de los hipocráticos
no se limitó a lo físico, reconocieron en el individuo
aquellas particularidades que lo hacen persona única e irrepetible.
Para ellos no hay enfermedades, como entidades nosológicas, si
no personas enfermas. De aquí, entonces, el énfasis en
la biografía de cada paciente y de sus singulares circunstancias.
Diversos ejemplos de ello contienen los libros del texto "Epidemias".
Por ejemplo: "El hombre que habitaba en el jardín de Dealces
tuvo durante mucho tiempo pesadez de cabeza y dolores en la sien derecha;
tras una causa ocasional, le sobrevino fiebre y tuvo que permanecer
en cama..." (Libro III, enfermo 3º). Entre los hipocráticos,
el interés biográfico no es por un mero afán de
obtener datos potencialmente útiles, es una preocupación
genuina. En ello revelan respeto por lo que hoy llamamos la "persona
humana". Esa actitud es algo nuevo en la historia de la medicina; nada
parecido existe, por ejemplo, en los textos médicos egipcios,
babilonios, indúes o chinos de la misma época.
Los pitagóricos habían propuesto
la idea del hombre como una antinomia de cuerpo (soma) y alma (psiche).
El cuerpo y sus necesidades representaban una cárcel de la cual
era necesario liberar el alma para poder entrar en comunión con
lo divino. En la visión hipocrática, en cambio, más
tarde recogida y profundizada por Galeno, esa dualidad no existe. La
psiché equivale a las funciones mentales superiores, por lo tanto,
una esfera estrechamente vinculada a la corporeidad, con la que mantendría
una relación de interdependencia. Eso explica el enfoque "psicosomático"
de la escuela de Hipócrates. Esos asclepíadas reconocían
que ciertas alteraciones corporales afectan el estado mental y, a su
vez, que estados mentales alterados pueden provocar trastornos corporales.
Diversos textos del "Corpus" ilustran esta creencia. A modo de ejemplo,
resulta elocuente el texto que sigue, tomado de "Epidemias" (II) relativo
a la conveniencia de ".. excitar los movimientos del ánimo, las
alegrías, los temores y otros sentimientos semejantes; si el
estado del enfermo se halla complicado con una enfermedad del resto
del cuerpo, se le tratará; si no con eso basta". Por lo tanto,
la medicina hipocrática conoció la influencia de los problemas
mentales y afectivos sobre el resto del organismo y utilizó esa
información en la forma que sugiere la cita precedente. Este
hecho constituye otras de las razones por las cuales los médicos
de esa escuela se interesaron por las personas.
La norma moral hipocrática
En el mundo griego que antecedió a Hipócrates,
las primeras normas morales escritas, con frecuencia de manera implícita,
surgen de los escritos homéricos en la forma de máximas
que establecen deberes hacia dioses, reyes y otras personas. Para los
filósofos de la escuela jónica y, en alguna medida para
todas las escuelas que antecedieron a los sofistas, el orden moral hace
parte del orden universal. Las mismas leyes divinas que rigen los fenómenos
naturales rigen las acciones humanas. Empédocles, haciendo suya
la ética órfico-pitagórica, propuso que la ley
que gobierna al cosmos es la suprema norma moral.
Tal vez en ninguna de las escuelas filosóficas
la norma moral adquirió la importancia que tuvo entre los pitagóricos.
Algunos de los preceptos contenidos en los versos áureos ilustran
el ascetismo de los miembros de estas comunidades: "Sobre todo, respétate
a ti mismo"...."No permitas que el sueño cierre tus párpados
antes de acostarte ... sin haber examinado la razón de todas
tus acciones en el día pasado...¿En qué he hecho
mal? ¿Qué he hecho? ¿Qué he omitido que haya
debido hacer?... Si en este estrecho examen encuentras que has hecho
mal, repréndete severamente por ello".
Según Edelstein, la moral pitagórica
habría tenido una fuerte influencia en la escuela de Hipócrates,
hecho que se manifiesta en el contenido del "Juramento". Este texto,
el más breve y, a la vez, el más conocido del "Corpus",
contiene las normas de conducta a las que debían adherir todos
los iniciados en el "arte" médico. La tesis de Edelstein se basa
en ciertas coincidencias entre la doctrina pitagórica y la ética
hipocrática - como mantener la vida y la profesión en
pureza y santidad, venerar a los maestros o el de no revelar a extraños
los secretos de la profesión - pero, principalmente, en que algunas
de las normas más relevantes, como la prohibición de realizar
abortos o procurar venenos, no fue generalmente seguida por los médicos
de la antigüedad. Autores más recientes difieren de esa
posición y consideran que el "Juramento" es un producto intelectual
de la escuela hipocrática, la que vierte en ese documento no
sólo su concepción del arte médico sino su visión
antropológica.
El "Juramento" y la filantropía
El "Juramento" (Hórkos) tiene diversos
aspectos que es necesario destacar. En primer término, el reconocimiento
de una autoridad y un orden divino, lo que implica una norma moral superior.
En seguida, el concepto de la práctica de la medicina como un
ministerio al cual sólo algunos merecen acceder. Esto último
refuerza la idea de una identidad médica hipocrática que
se constituye en comunidad, cuyo ideal de conducta es la pureza y piedad
de vida y arte. Por último, casi como una necesaria explicitación
de lo anterior, el "Juramento" contiene una serie de normas que se sustentan
en dos principios generales: el respeto a la vida y la búsqueda
del bien integral de las personas. Eso significa que el médico
debe rechazar toda acción que pueda provocar daño al enfermo,
particularmente inducir un aborto o administrar venenos a quien lo solicitare.
Además, debe respetar la confidencialidad de todo lo que se le
informe en el curso de su práctica y evitar trato sexual con
mujeres u hombres de las casas donde ha sido llamado. Por último,
hay también un compromiso de honestidad profesional, especificado
en la prohibición de practicar cirugía, dejando ese tipo
de terapia a "aquéllos que lo tienen por oficio". Vale decir,
no extralimitarse respecto a las propias competencias.
Además del "Juramento", el "Corpus" contiene
otros textos en los que existen referencias a la ética profesional
y la actitud que el médico debe tener hacia los enfermos. Estos
textos, sin embargo, son posteriores al siglo IV a.C. y mencionan una
nueva actitud y un nuevo concepto: la "filantropía", es decir,
la práctica médica realizada por amor a la humanidad.
Dado que ese término surge por primera vez en la filosofía
estoica, se ha planteado que la medicina de la escuela de Cos asumió
su característica filantrópica sólo en una etapa
tardía. Esta tesis resulta incongruente con diversos hechos.
En primer lugar, el texto del "Juramento", uno de los documentos más
antiguos del "Corpus", es explícito en cuanto a su altruismo
y orientaciones humanitarias. En segundo término, el interés
en lo que podríamos denominar "psicología del enfermo",
está presente en "Sobre la ciencia médica", otro de los
escritos de la colección hipocrática fechados en el siglo
V a.C. Esta obra demuestra la existencia de una actitud de compasiva
comprensión en los médicos de la escuela hipocrática
inicial. Refiriéndose a los enfermos, dice: "... no saben lo
que padecen ni por qué padecen, ni lo que va a suceder a partir
de su situación actual ... y reciben las prescripciones del médico,
aquejados por el dolor presente, temerosos del futuro, llenos de enfermedad,
vacíos de alimentos, ansiosos de recibir algo contra la enfermedad,
más que lo conveniente a su salud; sin deseos de morir, pero
incapaces de soportarlo con firmeza". La descripción anterior
sólo puede haber sido escrita por un médico movido por
una actitud empática. Esa misma actitud se expresa sin ambages
en otro escrito del "Corpus" que procede probablemente del siglo IV
a.C. ("Sobre las flatulencias"). Su autor manifiesta: "El médico
ve lo horrible, toca lo desagradable y crea su propia preocupación
del padecer ajeno". Resulta difícil imaginar que un médico
que expresa esos sentimientos no actúa en forma compasiva y solidaria,
es decir, por amor al hombre.
Amor al hombre y amor a la medicina
Considerando las evidencias anteriores, la aparición
de la idea del médico filantrópico en los textos del "Corpus"
posteriores al siglo IV a.C. no debiera interpretarse como un "decubrimiento"
o una renovación espiritual de los asclepíadas hipocráticos
ocurrida en aquella época, si no, más bien, la expresión
de esos sentimientos mediante el neologismo "filantropía". Uno
de esos textos, "Sobre el médico" (segunda mitad del siglo IV
o siglo III a.C.), menciona en su introducción que corresponde
mantener una "conducta gentil y noble, ser digno y compasivo hacia todos".
En el original griego el término traducido como "compasivo" es
"philánthropon". Este término aparece nuevamente en "Preceptos".
Esta obra, que es posterior a "Sobre el médico" (algunos autores
piensan que podría datar del siglo I a.C.), reitera diversos
aspectos fundamentales de la ética hipocrática, entre
ellos el que un médico debe hacer siempre todo lo que esté
a su alcance para la curación de sus enfermos. Eso incluye atenderlos
sin cobro de honorarios cuando son incapaces de afrontar los gastos.
Al respecto menciona que cuando se presente la ocasión, es necesario
"cuidar de alguien que es un extranjero y es pobre, ese tipo de personas
deben ser particularmente ayudadas. Porque si el amor al hombre está
presente, también estará presente el amor por la medicina".
La frase final, frecuentemente citada, significa
que la medicina no puede ser comprendida - y no debiera ser ejercida
- por quienes no sienten amor por sus semejantes. Esta idea refleja
una espiritualidad en la que están contenidos los más
nobles sentimientos de los cuales es capaz un hombre. Como han hecho
notar diversos autores, esa posición es coherente con la tradición
ética expresada en el "Juramento" y en el resto de los preceptos
sobre conducta médica explícita o implícitamente
expresados en los distintos textos del "Corpus".
A diferencia de la actitud pitagórica
o estoica, la medicina ejercida por los asclepíadas fieles a
los preceptos de Hipócrates trasciende el ejercicio de prácticas
piadosas o el cultivo de formas virtuosas de enfrentar los avatares
de la existencia humana, es un quehacer inspirado y orientado por el
amor compasivo hacia el que sufre y por un respeto reverencial hacia
la vida humana. Es en esa alteridad radical y en esa valorización
de la vida, tal vez, donde la ética hipocrática difiere
diametralmente de la estoica. Para los filósofos de esta escuela,
fundada por Zenón "el fenicio" a fines del siglo IV a.C., la
salud corporal, aunque puede ser deseable para el hombre que sabe vivir
rectamente, no tiene valor en sí. Zenón la consideraba
un "indiferente". Por otra parte, la vida perdía todo sentido
para un estoico cuando la invalidez o una enfermedad dolorosa e incurable
la trasformaban en un suplicio. En esa situación los estoicos
consideraban no sólo lícito si no que deseable poner fin
a la vida. Es así como varios de ellos, incluyendo algunos connotados,
optaron libremente por la alternativa del suicidio, acto para el cual
un hipocrático fiel a los preceptos de su escuela no habría
aportado los medios para realizarlo.
Una larga tradición humanitaria
Aún antes de la creación de la
escuela hipocrática, la medicina griega, y probablemente la de
otras regiones del mundo, mantenía una tradición de sacrificado
altruismo. Es sobrecogedor, por ejemplo, el testimonio de Tucídides
sobre el comportamiento de los médicos durante la plaga de Atenas,
en el año 430 a.C. El gran historiador relata escuetamente que
"los médicos no servían de mucho, ya que ignoraban la
forma de tratarla, y eran ellos los que morían en mayor número,
puesto que visitaban con frecuencia a los enfermos" ... ( "La plaga"
2.47, 4). De este breve relato se deduce que Tucídides consideraba
absolutamente natural que los médicos estuvieran dispuestos a
arriesgar la vida y perderla, en su afán por salvar otras vidas.
Esa heroica abnegación revela que, aún antes de la publicación
de las normas hipocráticas, ya existía entre los griegos
una tradición médica humanitaria que no flaqueba incluso
en las situaciones más adversas. Sin embargo, como lo indican
los comentaristas de siglos posteriores, la actitud humanitaria de los
hipocráticos fue considerada un hito espiritual de la humanidad.
Por ejemplo, refiere Temkin en su libro "Hipócrates en un mundo
de paganos y cristianos", que Escribonio Largo, médico pagano
del siglo I de nuestra era, consideraba que el "Juramento", enseñó
a los médicos a respetar la vida humana tanto potencial como
actual, y de esa forma, los hizo personas humanitarias, agregando "todos
quienes actúan según ese principio, con ánimo devoto
y consagrado, preservan la reputación y dignidad de la medicina,
porque la medicina es una ciencia para sanar, no para provocar daño".
La referencia al "ánimo devoto y consagrado" ("pio sanctoque
animo") se refiere al texto del "Juramento" que compromete a los médicos
a llevar ese tipo de vida y a practicar la medicina con el mismo espíritu.
Algo posterior a Escribonio es Sarapión,
filósofo estoico de fines del siglo I, quien compuso un poema
titulado "Sobre los deberes éticos del médico". Esta obra,
que fue grabada en piedra en el templo ateniense de Asclepio, exhorta
a los médicos a atender a todos los hombres como hermanos, porque
"somos hijos de la misma sangre" y a no actuar contrariando las leyes
divinas y el "Juramento" de Hipócrates.
Algunos siglos más tarde, Libanio, orador
griego que vivió entre los años 314 y 393 d.C., expone
en un discurso ficticio, "Contra un médico mago", lo que la medicina
espera del joven médico que va a iniciar la carrera: "... practica
tu arte fielmente. Sé confiable; cultiva el amor a la humanidad;
si eres llamado a atender a un enfermo, apúrate en partir; ...
comparte el dolor de los que sufren; alégrate con los que han
encontrado alivio..."
Hipócrates como líder espiritual
La noble tradición humanitaria de los
hipocráticos fue asumida plenamente por los médicos cristianos,
a quienes resultaba de absoluta coherencia con el precepto de amor al
prójimo practicar una medicina al servicio de la vida y para
el bien del hombre. De hecho, el concepto de filantropía, usado
como sinonimia de "agapé", se transformó en el "cáritas"
de la literatura eclesial latina. San Pablo exalta la caridad como la
piedra angular de la espiritualidad cristiana, puesto que sin ella resultan
incomprensibles la fe y la esperanza. En ese sentido la parábola
del Buen Samaritano, usada por Jesús como paradigma del amor
a nuestros semejantes, parece el contrapunto cristiano de las recomendaciones
de "Preceptos", antes comentadas, respecto a la ayuda que el médico
debe prestar a los extranjeros desposeídos. El asclepíada
fiel a los mandamientos de la escuela hipocrática no habría
seguido su camino indiferente al clamor del hombre que, herido por asaltantes,
yacía a la orilla del camino. Esa concordancia entre la ética
de la escuela de Cos y el Evangelio de Cristo explica el hecho que apareciera
en la antigüedad tardía una paráfrasis cristiana
del "Juramento" de Hipócrates formulado "en la medida que un
cristiano puede jurarlo", es decir, omitiendo las referencias a las
divinidades paganas. Igualmente, explica el que la Iglesia Católica
haya jugado un papel tan importante en dar a conocer y promulgar la
aceptación del "Juramento", hasta el punto que en el año
1531 el Papa Clemente VII la prescribió a todos los que obtendrían
el grado de doctor en medicina.
Sin embargo, las virtudes de los seguidores de
Hipócrates no pueden ser idealizadas. Para el hombre de todas
las épocas nada resulta más difícil que despojarse
del egoísmo de su propio bienestar y placer para servir a otros
y buscar, desinteresadamente, el bien de otros. Los médicos de
la escuela de Cos no fueron una excepción. En varios de los textos
del "Corpus", particularmente "Sobre la decencia", algunas de las recomendaciones
sobre la práctica médica se refieren a aspectos frívolos
como el vestir y el comportarse y las diversas situaciones que el médico
debe evitar si quiere "alcanzar la fama". Tampoco se omite en estos
consejos la mejor forma de enfrentar el problema de los honorarios y
de asegurarse que el médico no quedará impago. Pero esas
debilidades de algunos discípulos tardíos no opaca la
enorme contribución histórica que significa el haber promovido
en forma singular al surgimiento de una de las corrientes de humanización
del hombre más poderosas y fecundas entre las que antecedieron
a la era cristiana. Desde esa perspectiva, la figura de Hipócrates
trasciende la historia de la medicina y se inserta entre los grandes
líderes espirituales de Oriente y Occidente.
Encuentro Científico con el Decano
A continuación se reproducen los resúmenes
de los cuatro mejores trabajos presentados en el Segundo Encuentro Científico
con el Decano realizado el 11 de noviembre de 1995.
Polimorfismo del gen de citocromo P-4502E1 en población chilena
Sebastián Muñoz, Valeska Vollrath,
Francis Palisson, Juan F. Miquel, y José Chianale. Departamento
de Gastroenterología, Pontificia Universidad Católica de
Chile.
Introducción
Los citocromo P-450 son un conjunto de monooxigenasas
que participan en el metabolismo de diversos xenobióticos, incluyendo
carcinógenos. Los genes que las codifican (CYP) poseen polimorfismos
que determinan diferencias en la actividad enzimática o en la
regulación génica. Los polimorfismos de CYP se han utilizado
como marcadores de susceptibilidad a diversas neoplasias. El gen CYP
2E1 participa en el metabolismo de etanol y en la activación
de carcinógenos. La región 5' reguladora del gen posee
un alelo normal (cl) y un alelo mutado (c2), responsable de un incremento
de la transcripción. La frecuencia del alelo c2 en población
caucásica varía entre 2 y 5%, en población asiática
entre 20 y 24% y en población indoamericana es desconocida. Objetivos:
determinar la frecuencia del polimorfismo del gen CYP 2E1 en una población
indoamericana del sur de Chile y en poblaciones mestizas de distinto
nivel socioeconómico (Graffar IV y II-III).
Metodología
Se estudiaron tres poblaciones: a) 84 sujetos mapuches, habitantes
del reducto de isla Huapi, lago Ranco. b) 161 sujetos habitantes de la
comuna de La Florida (Graffar IV) y c) 102 sujetos donantes del banco
de sangre de nuestro hospital (Graffar II-III). El polimorfismo de CYP
2E1 se estudió a partir de DNA genómico mediante la técnica
de PCR-RFLP. Se amplificó la región 5' del gen mediante
el uso de partidores y el producto amplificado se digirió utilizando
las enzimas de restricción PstI y RsaI.
Resultados
La frecuencia del alelo c2 del gen CYP 2E1 fue 24% en la población
mapuche, 16% en población Graffar IV y 10% en la población
Graffar II-III, similar a lo esperado considerando el origen mestizo
de nuestra población (X2: p<0,05).
Conclusiones
1) La similitud
de la frecuencia del alelo c2 del gen CYP 2E1 entre población
mapuche y asiática es concordante con la hipótesis del
origen asiático de la población indoamericana. 2) Existe
una gradiente sociogenética del polimorfismo de CYP 2E1 en la
población chilena. 3) La alta frecuencia de este alelo permite
estudiar, con potencia estadística, al polimorfismo de CYP 2E1
como marcador de susceptibilidad a cánceres prevalentes en Chile.
(Financiado parcialmente por ICU y Ministerio de Relaciones Exteriores
de Italia).
Expresión inmunohistoquimica de p21ras,
c-erbB-2 Y p53 en colecistitis crónica, displasia y carcicoma invasor
de la vesicula biliar
Bruno Nervi, Leonardo Andrade y Sergio González.
Departamento de Anatomía Patológica, Escuela de Medicina,
Pontificia Universidad Católica de Chile.
El cáncer de la vesícula biliar (CaVB)
tiene un mal pronóstico y una sobrevida promedio de aproximadamente
6 meses. Aunque se desconocen las causas, recientes estudios sugieren
que en su desarrollo jugarían algún papel los oncogenes
y los genes supresores de tumores. Con el objeto de evaluar la posible
participación de éstos, se estudió la expresión
de las oncoproteínas correspondientes a los genes mencionados mediante
inmunohistoquímica con anticuerpos monoclonales contra p21ras,
c-erbB-2 y p53 en casos de colecistitis crónica (n=47), displasia
y regeneración del epitelio vesicular (n=23) y CaVB (n=22). Se
utilizó la técnica de complejos avidina-biotina-peroxidasa
y se evaluó la reacción positiva en cada caso tanto en mucosa
tumoral como en la no tumoral. En los casos de colecistitis crónica
se encontró una reacción positiva en 25,5% (12/47) para
p21ras, 21,3% (10/47) para c-erbB-2 y 2% (1/47) para p53. En los casos
de CaVB se encontró reacción positiva de 72,7% (16/22) para
p21ras, de 59,1% (13/22) para c-erbB-2 y 59% (13/22) para p53. En los
casos de displasia y epitelio regenerativo se detectó p53 en 9
y 16,6%, respectivamente. La expresión de oncoproteínas
fue significativamente mayor en CaVB que en colecistitis crónica
y otras lesiones epiteliales no carcinomatosas. No se encontró
correlación entre la expresión de oncoproteínas y
la sobrevida de los pacientes de los grupos estudiados. Los resultados
sugieren que tanto los oncogenes como p53 mutada participarían
en la patogenia del CaVB. p53 participaría predominantemente en
las fases avanzadas del desarrollo del CaVB.
Detección y prevalencia de la mutuación
Lisina-Arginina en el gen P450c 11AS (Aldosterona sintetasa) en hipertensos
hiporreninemicos y normotensos.
Patricia López, Francisca Merino, Víctor
Dinamarca, Joaquín Montero, Carlos Fardella, Pamela Vignolo. Departamentos
de Medicina Interna y Endocrinología. Pontificia Universidad Católica
de Chile.
La hipertensión arterial hiporreninémica
(HTAHR) afecta alrededor de un 20% de hipertensos esenciales a nivel mundial,
asociándose muchas veces a elevación de diversos mineral
o corticoides. Un modelo animal de HTAHR lo constituyen las ratas Dahl
sensibles a sal, por cursar con HTA y renina suprimida. En ellas se ha
comunicado que el gen P450c11AS (encargado de la síntesis de la
aldosterona) presenta mutaciones puntuales que incrementan la capacidad
de sintetizar mineralocorticoides. Debido a esto estudiamos el gen P450c11As
en 14 sujetos con HTA y actividad de renina plasmática (ARP) suprimida
(PA>140/90 y ARP<0,5 ng/ml/h), y de 5 sujetos normotensos. En ellos
se preparó DNA genómico y se amplificó por PCR una
región de 1200 pb. correspondiente a los exones 3,4 y 5. Los productos
PCR fueron secuenciados directamente. El estudio demostró que en
el axón 3 (codón 173) 8 hipertensos eran homocigotos para
lisina (AAG), 2 para arginina (AGG) y 4 heterocigotos. Los normotensos
sólo codificaban para lisina. Con el fin de estimar la prevalencia
de la mutación y establecer el grado de asociación con HTAHR
estudiamos a 19 hipertensos esenciales y 27 normotensos, usando la enzima
de restricción BSU361 que corta sólo a los portadores de
la variante mutada arginina y lo correlacionamos con la relación
Aldost/ARP. En normotensos, 12 de 54 alelos posibles (22,2%), estaban
mutados y en hipertensos 11 de 38 lo estaban (28,9%), sin embargo los
hipertensos con relación Aldost/ARP>10 <25 concentraban el
100% de los alelos mutados, de 26 alelos 11 estaban mutados (42,3%). En
conclusión este trabajo demuestra por primera vez la existencia
de un cambio en la secuencia normal del gen que codifica para el citocromo
P450c11AS en pacientes con HTA hiporreninémica. Este cambio se
concentra en pacientes con HTA hiporrenimémica con relación
Aldost/ARP entre 10 y 25. Si este cambio produce una mayor actividad del
citocromo y una mayor síntesis de mineralocorticoides está
por demostrarse. Proyecto Fondecyt 1951094 y DIUC 94/03E.
Rol del calcio intracelular en el aumento de la
actividad ciliar producida por ATP en cultivos primarios de células
del oviducto del mono.
María Carolina Danovaro y Manuel José
Villalón. Unidad de Reproducción y Desarrollo, Facultad
de Ciencias Biológicas. Pontificia Universidad Católica
de Chile.
En vertebrados, el transporte mucociliar juega
un papel importante en el "clearence" de las vías respiratorias
y en el transporte de gametos en el oviducto. Estudios previos realizados
en nuestro laboratorio indican que en cultivos primarios de células
ciliadas del oviducto del mono, el ATP estimula la frecuencia del batido
ciliar en forma dosis dependiente, lo que sugiere la presencia de receptores
purinérgicos en la mucosa del oviducto. El objetivo de este trabajo
fue determinar el efecto de suramina, un bloqueador de receptores purinérgicos,
sobre la estimulación de la actividad ciliar producida por ATP
y además establecer el rol del calcio intracelular en el acoplamiento
de esta respuesta. Trozos de mucosa del oviducto de mono Cebus apella
y Macaca nemestrina fueron incubados en cámaras de Rose con medio
suplementado con 10% de suero de caballo, a 37ºC. Luego de 4 días
en cultivo, las células ciliadas presentaban características
morfológicas similares a las observadas en vivo. La adición
de concentraciones finales de ATP al cultivo de entre 1 uM y 250 uM, produjo
una estimulación dosis dependiente de la frecuencia de batido ciliar,
alcanzándose una respuesta máxima de un 56% sobre la actividad
basal. La preincubación de los cultivos con suramina, un bloqueador
específico de los receptores purinérgicos disminuyó
significativamente la estimulación de la actividad ciliar producida
por ATP. Utilizando un sistema digital de imágenes y el marcador
fluorescente FURA-2, se determinaron las variaciones de calcio intracelular
antes y después de la estimulación de los cultivos de oviducto
con 100 uM de ATP. Resultados preliminares indican que la estimulación
con ATP produce un alza transiente de los niveles de calcio intracelular.
Nuestros resultados sugieren que el efecto estimulador del ATP sobre la
actividad ciliar es mediado por receptores purinérgicos presentes
en células ciliadas del oviducto. Además sugieren que calcio
participa en el acoplamiento de la cilio-estimulación producida
por el ATP en la mucosa oviductal. Las bajas concentraciones de ATP necesarias
para estimular el batido ciliar sugieren que el ATP podría constituir
una señal fisiológica de regulación de la actividad
ciliar en el oviducto.
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