|
Para el manejo adecuado de los efectos adversos de las sustancias psicoactivas
(alcohol y drogas) es necesario comprender el proceso adictivo (uso, abuso
y dependencia) el cual incluye normas socioculturales de uso, el curso
clínico de los trastornos por uso de sustancias y la neurobiología
de la adicción.
El consumo de sustancias psicoactivas en los diversos países del
mundo es muy amplio, estimándose una prevalencia cercana al 100%
para al menos una experiencia de consumo en la vida. Tanto el súbito
y dramático incremento de su uso, como la respuesta de la sociedad,
han sido comparados al impacto de las plagas durante la edad media. En
algunas personas, el uso de sustancias psicoactivas los expone al desarrollo
del "abuso", con el riesgo de presentar problemas en su salud y adaptación
social. Para estos individuos existe un progresivo y grave compromiso
individual o social, con problemas legales, uso de servicios de salud,
ausentismo laboral, etcétera.
Los enormes progresos en la comprensión y tratamiento de los trastornos
adictivos han sido ensombrecidos por nuestros conceptos sobre los enfermos
y por los mitos sobre su tratamiento, generándose dificultades
para un diagnóstico y tratamiento oportunos. Sólo un porcentaje
muy bajo de los afectados se encuentra en tratamiento. Los principales
obstáculos para el diagnóstico son deficiencias en la formación
de los profesionales de salud y pesimismo en relación a la eficacia
del tratamiento.
Antecedentes
El reconocimiento de la conducta adictiva en el ser humano data de la
antigüedad, describiéndose para cada una de las sustancias
psicoactivas un trastorno específico (por ejemplo: alcoholismo,
tabaquismo, etcétera). La investigación científica
sobre el tema se inició sólo a partir de los años
30, y los conceptos actuales de clasificación se basan en dos aportes
fundamentales:
1.- Jellineck (1960) considera el alcoholismo como una enfermedad médica,
de carácter progresivo, que inevitablemente lleva a una pérdida
total del control de la sustancia, llegando a un desenlace fatal.
2.- Edwards y Gross (1976) incorporan el concepto de síndrome de
dependencia.
La tercera edición del manual de diagnóstico de los trastornos
mentales (DSM III,1980) reúne todas las formas de adicción
bajo un sólo concepto: "abuso y dependencia de sustancias psicoactivas"
y en forma independiente señala las complicaciones derivadas de
su uso. Esta clasificación propone criterios diagnósticos
que se han perfeccionado hasta la versión del DSM IV (1994) e ICD
10 (1994). Ambas identifican precoz y confiablemente un número
mayor de personas con abuso o dependencia. El DSM IV identifica 11 grupos
de sustancias psicoactivas capaces de producir abuso y dependencia:
1.-Alcohol
2.-Anfetaminas (simpaticomiméticos)
3.-Alucinógenos (LSD, mescalina)
4.-Cafeína
5.-Cannabis
6.-Cocaína
7.-Fenilciclidina (PCP)
8.-Inhalantes (hidrocarburos. solventes, cloruro de etilo)
9.-Nicotina
10.-Opiáceos (naturales: morfina, semisintéticos: heroína,
sintéticos: codeína)
11.-Sedantes, hipnóticos o ansiolíticos (benzodiazepinas
y barbitúricos)
Estas sustancias se distinguen entre sí por efectos psicoactivos
específicos y por su capacidad para producir trastornos.
Epidemiología
Así como la histeria fue el mayor problema psiquiátrico
durante el siglo XIX, no cabe duda que el abuso y dependencia de sustancias
psicoactivas es el mayor problema de nuestro siglo. El país con
el mayor consumo de sustancias psicoactivas es EE UU, de tal modo que
sus estudios de prevalencia nos permiten un marco de referencia.
Kessler y cols. encontraron una prevalencia de 26,6% a lo largo de toda
la vida para abuso o dependencia de cualquier sustancia psicoactiva, siendo
más frecuente en hombres (35,4%) que en mujeres (17,9%). Esta prevalencia
es la más alta que la suma de todas las formas de trastornos del
ánimo (19,3%) o trastornos de ansiedad (24,9%). El alcohol es la
sustancia más prevalente (14,1%), en relación a la suma
de las otras sustancias (12,5%).
En Chile, el alcoholismo ha sido históricamente el mayor problema
de Salud Pública, con una prevalencia cercana al 20% en los mayores
de 15 años. En los últimos 30 años se ha triplicado
en la población menor de 21 años y se ha observado un aumento
creciente entre las mujeres y los mayores de 65 años, asociándose
a un aumento del consumo de cerveza y licores. Las complicaciones psiquiátricas
del alcoholismo determinan entre el 35% al 50% de todos los ingresos a
los hospitales psiquiátricos, los suicidios logrados son mayores
en los grupos de dependientes de alcohol y de otras sustancias psicoactivas.
En relación al consumo de drogas propiamente tal, el estudio más
reciente de población general de nuestro país efectuado
en 1994 por el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea,
en una población de 12 a 64 años de edad, utilizó
criterios diagnósticos comparables en muchos aspectos al estudio
norteamericano (Figura 1). Para efectos de comparación se excluye
el uso de alcohol, tabaco y tranquilizantes, destacando la similitud de
algunas cifras.
 |
Figura1.
Prevalencia de uso de drogas en población de 12 a 64 años
en Chile. (CERC, 1994) y en USA (Referencia 5). No se incluye el uso
de alcohol, tabaco ni tranquilizantes. |
El médico general puede evitar tratar estos enfermos, pensando
que no es su responsabilidad. Sin embargo, uno de cada tres pacientes
atendidos en la atención primaria tiene problemas de abuso de sustancias,
siendo los más frecuente alcohol, tabaco y benzodiazepinas.
Etiología
Aún permanece imprecisa, a pesar de lo grave y extenso del problema.
Se ha encontrado una influencia conjunta de factores socioculturales,
familiares, psicodinámicos, de personalidad y genéticos.
El estudio de los factores genéticos han tenido un desarrollo importante
en los últimos años, encontrándose que el riesgo
de desarrollar una dependencia en familiares de primer grado es 4 veces
superior al de la población general. Estos estudios han permitido
delimitar poblaciones de alto riesgo entre los familiares de dependientes,
las cuales se caracterizan por un inicio temprano del uso de sustancias,
consecuencias sociales más graves, deterioro progresivo de los
vínculos familiares, disminución del rendimiento académico,
aumento de conductas antisociales, mayor morbilidad y mortalidad precoz
y una peor adhesión al tratamiento.
La Tabla 1 resume los principales factores de riesgo para el desarrollo
de la adicción a sustancias. Estos factores pueden actuar como
protectores o facilitadores del consumo: el proceso de evolución
hacia la dependencia resulta del efecto conjunto de ellos. El problema
se agrava, pues la sociedad mantiene una actitud ambivalente de censura
y marginación a quienes sufren de una adicción y, por otra
parte, estimula e incentiva su uso. Esto es especialmente evidente en
relación a las dos sustancias responsables de las más altas
tasas de morbilidad y mortalidad, el alcohol y el tabaco.
Tabla 1
Predictores de abuso y dependencia de diferentes sustancias
1. Factores socioculturales
1. etnia
2. cultura
3. subcultura
4. dinámica familiar:baja consistencia, cohesión,
expresividad y comunicación; alto nivel de conflictos.
5. dinámica de pares
6. dinámica escolar
2. Factores de riesgo individual
1. actitud: expectativas sobre drogas.
2. personalidad: deshinibición, búsqueda de novedades,
exposición al riesgo, evitación del sufrimiento,
hiperactividad y labilidad emocional.
3. Cognición
4. Conducta
5. Factores genéticos
|
Diagnóstico
Los criterios diagnósticos de abuso y dependencia están
centrados en la conducta adictiva, en las complicaciones derivadas del
consumo y no directamente en las cantidades de sustancia utilizada. Una
de las clasificaciones más aceptadas es el DSM IV, cuyos criterios
se resumen en las Tablas 2 y 3. Para el diagnóstico de dependencia
es importante la identificación de tres fenómenos fundamentales:
Tabla 2
abuso de sustancias*
1. Uso recurrente de la sustancia, con el consiguiente fracaso
en obligaciones laborales, escolares o domésticas.
2. Uso recurrente de la sustancia en situaciones en las cuales es
físicamente peligroso.
3. Problemas legales recurrentes como consecuencia del uso de sustancias.
4. Uso continuo de la sustancia a pesar de tener problemas sociales
o interpersonales, provocados o exacerbados por la sustancia.
* DSM IV, 1994. Se debe cumplir un criterio o más, en un
período de 12 meses, sin haber reunido los criterios de dependencia.
|
Tolerancia. Puede objetivarse en la necesidad de aumentar la
cantidad de la sustancia para lograr la intoxicación o el efecto
deseado, o en una disminución del efecto con el uso de la misma
cantidad. Para algunos grupos tales como alcohol y benzodiazepinas existe
tolerancia cruzada, de modo tal que el uso regular de uno de ellos facilita
el consumo de grandes cantidades de la otra sustancia en un tiempo muy
breve. El desarrollo de tolerancia es un fenómeno relativamente
precoz en el proceso adictivo, exponiendo a la persona a un aumento
importante del uso de la sustancia y a sus efectos tóxicos.
Privación. Se manifiesta cuando la sustancia se suspende,
o cuando ésta se utiliza para aliviar o evitar los síntomas
de privación. Las características clínicas de la
privación dependen del grupo de sustancias utilizadas, existiendo
para cada una de ellas criterios específicos que facilitan su
identificación. Como concepto general se puede afirmar que aquellas
que tienen un efecto principal de tipo sedativo (alcohol, barbitúricos
y benzodiazepinas) el síndrome de privación es opuesto,
manifestándose una hiperexitabilidad del sistema nervioso, llegando
al delirium o a las convulsiones. En aquellas sustancias cuyo efecto
central es activante (cocaína, anfetaminas o estimulantes en
general) la privación se manifiesta como una disminución
de la actividad del sistema nervioso y clínicamente como una
depresión y fatiga importante, con alto riesgo de conductas autodestructivas
y suicidas.
La privación no ocurre con todas las sustancias (por ejemplo
marihuana), pero cuando esta se manifiesta da un sello indiscutible
de dependencia y gravedad. El alivio de los síntomas de privación
es una de las mayores causas de consulta médica en las adicciones,
la cual habitualmente se resuelve en forma satisfactoria, sin orientarse
el tratamiento al proceso adictivo.
Compulsión y descontrol en el uso de la sustancia. Los
criterios 3 al 7 de la Tabla 3 reflejan en su conjunto una pérdida
de libertad en el control de la sustancia y una necesidad de mantener
su uso a pesar de las consecuencias adversas. En acuerdo a estas conductas,
es posible efectuar el diagnóstico de dependencia en etapas más
tempranas y con un nivel de daño orgánico, individual
y social menor.
Tabla 3
Dependencia de sustancias*
1.Tolerancia.
2.Privación.
3.Uso de la sustancia en una cantidad mayor o por un período
mayor de tiempo.
4.Deseo persistente o esfuerzos inútiles para detener o controlar
el uso de la sustancia.
5.Emplear gran cantidad de tiempo en actividades para obtener la
sustancia, usarla o recuperarse de sus efectos.
6.Reducción de actividades laborales, sociales y recreacionales
por el uso de la sustancia.
7.Uso de la sustancia a pesar del conocimiento de las consecuencias
(físicas o psíquicas).
* DMS IV, 1994. Se deben cumplir 3 criterios a lo menos, en un período
de 12 meses).
|
Diferencias entre abuso y dependencia
La Tabla 4 resume el potencial de abuso y dependencia, cuya diferenciación
es importante en clínica. El abuso es una etapa previa a la dependencia,
de menor gravedad, reversible, pues luego de un período de abstinencia
es posible retornar al uso moderado y controlado de algunas sustancias,
cuando existe para ella un nivel de uso normal, como son el alcohol
y las benzodiazepinas. Para la nicotina no existe la etapa de abuso,
pues al tener un potencial adictivo mayor se pasa directamente a la
dependencia. Fenómenos similares parecen ocurrir con sustancias
altamente adictivas, tales como la pasta base de cocaína, con
la cual luego de breves e intensos períodos de abuso se llega
a la dependencia.
Tabla 4
Potencial de abuso y dependencia de diferentes sustancias
|
|
|
Dependencia
|
Abuso
|
Intoxicación
|
Privación
|
|
Alcohol
Anfetaminas
Alucinógenos
Cafeína
Cannabis
Cocaína
Fenilciclidina
Inhalantes
Nicotina
Opiáceos
Sedantes
|
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
|
X
X
X
X
X
X
X
X
X
|
X
X
X
X
X
X
X
X
X
X
|
X
X
X
X
X
X
|
Durante las dos últimas décadas se han identificado técnicas
de intervención breve y altamente focalizadas en los diversos niveles
de la atención primaria, como los sitios iniciales e ideales de intervención
para el abuso de alcohol y drogas. Esto permite organizar programas eficaces
con diversos niveles de complejidad: screening e identificación de
casos, intervenciones breves, evaluación, seguimiento, y referencia
a centros especializados si es necesario.
El screening e identificación de casos emplean cuestionarios o
entrevistas estructuradas, que permiten identificar problemas asociados
al uso de alcohol o drogas. Estas pueden ser administradas como parte
de una evaluación inicial global de salud o enmascarada para grupos
con mayores niveles de sospecha, las cuales pueden ser aplicadas a los
sujetos o a informantes colaterales (familiares o referentes laborales).
Un segundo nivel de investigación es la utilización de marcadores
biológicos de laboratorio, que permiten identificar personas con
un consumo más importante de sustancias, los cuales mediante algoritmos
que combinan diversas fuentes de información orientan el juicio
clínico y una apropiada intervención en cada caso.
Comorbilidad
El diagnóstico dual se refiere a la concurrencia de dos entidades
independientes en una misma persona. En este momento es poco frecuente
que una persona utilice una sola sustancia psicoactiva, el uso múltiple
es lo habitual. Hasta ahora el énfasis de la investigación
ha estado puesto principalmente en las características epidemiológicas
y clínicas de la población afectada, más que de
su tratamiento, dada las dificultades de efectuar seguimiento en esta
población.
La ausencia de un diagnóstico oportuno de otra enfermedad que
coexiste con el abuso o dependencia, determina un estilo de adaptación
que tiende a disminuir aún más la autoestima, prolonga
las hospitalizaciones y determina que los pacientes reinicien rápidamente
el uso de sustancias al ser dados de alta. Esto lleva a dificultades
y faltas en los compromisos de tratamiento, por lo que los pacientes
no logran adherir adecuadamente a los programas de autoayuda. Los enfermos
con patología dual evolucionan prontamente a un grave deterioro
de sus grupos de apoyo, pudiendo ingresar al grupo social de pacientes
sin redes sociales, vagabundos o sin hogar.
La comorbilidad es muy frecuente en los trastornos psiquiátricos.
Es así como el 74% de los pacientes psiquiátricos hospitalizados
refieren haber abusado de sustancias y el 13% abusa regularmente de
drogas, sin considerar el alcohol. La identificación de un trastorno
preexistente o concurrente es difícil, ya que muchos síntomas
psíquicos o incluso condiciones médicas pueden ser causadas
por la sustancia. Uno de los criterios que pueden ser útiles
para precisar la comorbilidad es el comienzo de los síntomas.
Es así como la existencia de un importante deterioro social previo
a la hospitalización, uso de psicofármacos y pobre desempeño
laboral, debieran plantear la existencia de patología dual.
Los trastornos del ánimo como distimia, doble depresión
(sobreimposición de una depresión mayor a una distimia)
y trastorno bipolar exponen a un alto riesgo de uso de anfetaminas,
cocaína, alcohol y benzodiazepinas. El alto nivel de sufrimiento
que acompaña al abuso y dependencia, asociado a la existencia
de psicopatología, produce importantes dificultades en al área
interpersonal, en el mundo laboral y en las relaciones sociales, pudiendo
orientar la impresión clínica hacia la existencia de un
trastorno esquizofrénico más que a uno del área
afectiva.
Los trastornos de ansiedad ocupan el segundo lugar luego de los trastornos
del ánimo, siendo muy difícil su separación inicial,
ya que una crisis de pánico puede presentarse en relación
a intoxicación de cocaína, uso de marihuana o privación
de alcohol o benzodiazepinas. Es importante destacar los altos porcentajes
de suicidio en pacientes con trastorno de pánico no tratado (18%),
tan altos como los asociadas a depresión no tratada (15%). Otro
trastorno de ansiedad preexistente es la fobia social, especialmente
asociada a alcohol, tabaco y benzodiazepinas.
La esquizofrenia frecuentemente se complica con abuso y dependencia,
habitualmente con estilos inhabituales de consumo, de carácter
bizarro, con uso de vías inhabituales (ojo, pene, vagina). Frecuentemente
empeoran los síntomas psicóticos o se generan síntomas
paranoides cuando se usan altas dosis de cocaína o anfetaminas.
El uso de psicoestimulantes como cocaína y anfetaminas, hoy cada
día más frecuente, se caracteriza por asociarse a una
alta biodisponibilidad, produciéndose frecuentes trastornos del
ánimo y, en fases más avanzadas, accidentes cerebrovasculares.
Los inhalantes y solventes se asocian siempre a psicopatología
preexistente y a su vez inducen rápidamente importantes trastornos
neuropsiquiátricos y físicos.
Las benzodiazepinas son frecuentemente utilizadas por pacientes depresivos,
con trastornos de la conducta alimentaria y bipolares.
Los trastornos psiquiátricos, las enfermedades médicas
y el abuso o dependencia deben ser identificados independientemente
y tratados en forma diferencial, para evitar la repetición y
prolongación de las hospitalizaciones. Ambos aspectos deben ser
considerados en el diagnóstico diferencial y en una planificación
de tratamiento.
En la Figura 2 se
resumen los criterios de manejo enunciados.
 |
|
Figura 2.
Algoritmo de manejo inicial de un paciente con problemas asociados
a sustancias psicoactivas. Adaptado de la referencia 7.
|
Conclusión
El desafío de nuestra década es poner al servicio de la
comunidad, de una manera oportuna y eficiente, los diversos progresos
en el campo de las adicciones, que implican una reorientación de
la intervención a la comunidad, aprovechando diversas instancias
de diagnóstico precoz, utilizando los recursos que ofrece la atención
primaria y médica general para la identificación, intervención
y derivación a centros especializados, si ello es necesario. Una
recuperación de la salud, de la capacidad laboral, de un desempeño
eficaz, y de un área aún más subjetiva, como son
los componentes de la llamada calidad de vida, justifican plenamente un
diagnóstico y tratamiento estricto de la adicción.
Esto implica una apertura de diversas instancias de la sociedad, dependendientes
de los sistemas de administración en salud, para ofrecer una intervención
oportuna, fácil y eficaz. Por otra parte, supone una activa capacitación
de los profesionales no especialistas en el desarrollo de dichas intervenciones.
Referencias escogidas
1.- Jellinek EM. The disease concept of alcoholism. Highland Park, NJ.
Hillhouse Press, 1960.
2.- Edwards G, Gross MN. Alcohol dependence: provisional description of
clinical syndrome. Br J Med 1976; 1: 1058-1061.
3.- Diagnostic and statistical manual of mental disorders, 4Ed. (DSM IV).
Washington, DC. American Psychiatric Association, 1994.
4.- Organización Mundial de la Salud. Décima revisión
de la clasificación internacional de enfermedades (ICD-10) 1994.
5.- Kessler RC, McGonagle KA y cols. Lifetime and 12-month prevalence
of DSM-III-R psychiatric disorders in the United States. Arch Gen Psych.
1994; 51: 8-19.
6.- Gold M S y Slaby AE. Dual diagnosis in substance abuse. Marcel Dekker
Inc. New York, 1991.
7.- Brown HL. Identification and office management of alcohol and drug
disorders. En Fleming M y Barry KG. Addictive disorders. Mosby Year Books.
St Louis, 1992.
|