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Erasístrato era un poco más joven que Herófilo,
ambos vivían en la misma ciudad. Pero mientras Herófilo
en lo doctrinario fue conservador, Erasístrato siguió
ideas propias. Se sabe que hizo disecciones de órganos humanos
y que escribió dos obras de anatomía, de las que
se conservan sólo fragmentos. Estos contienen descripciones
magníficas del corazón y sus válvulas, de
la tráquea, el hígado, las vías biliares y
del cerebro. Descubrió que había nervios sensitivos
y nervios motores. Dijo que existían tres tipos de conductos:
las venas, las arterias y los nervios. Descubrió la epiglotis,
con lo que corrigió el error de creer que los líquidos
ingeridos pasaban al pulmón para refrigerarlo.
En Erasístrato influyó mucho la doctrina de Demócrito.
Y así, pensó que el organismo estaba constituido
en
último término por átomos, átomos rodeados
de un vacío que tenía fuerza de atracción:
atraía la sangre desde la venas, el aire desde las arterias
y el pneuma anímico desde los nervios, y así se nutrían
los órganos. Observando en el cadáver las arterias
exangües, concluyó que éstas normalmente transportaban
aire. La sangre que fluía de ellas en algunas heridas se
debía a un hecho patológico: ella había penetrado
en las arterias y desplazado el aire. En patología reconoció
la dureza leñosa del hígado, la cirrosis hepática
de hoy, y correctamente vio en ella la causa de la acumulación
de líquido en el abdomen, de la ascitis, de estos casos.
Según él, la enfermedad se presenta localmente debido
a alteraciones de los órganos, y así pueden reconocerse
las enfermedades a través de los órganos y no, como
se creía anteriormente, por alteración de los humores.
Erasístrato es considerado el primer patólogo. Dijo
que el mecanismo patológico más importante era la
plétora, la superabundancia de sangre y materias alimentarias
en las venas, por lo que éstas se hinchaban y rompían,
la sangre obstruía las arterias y el aire no podía
fluir normalmente. A su vez, la plétora producía
inflamación y aparecía fiebre. Lo que determinaba
las manifestaciones de la enfermedad era el lugar de la plétora.
El tratamiento debía estar dirigido contra la causa que
desencadena la plétora. Pero dijo que la profilaxia era
más importante que la terapéutica en concordancia
con el aforismo plenamente vigente hoy día de que prevenir
es mejor que curar.
Erasístrato no logró consolidar esta escuela anatómica.
Sus escritos fueron conocidos, pero cayeron en descrédito
con la dura crítica de Galeno. Este, sin embargo, tenía
razón en que las arterias no transportaban aire sino sangre. |
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