La medicina en la Republica: siglo XX

 

En el siglo pasado se consolidaron las grandes disciplinas formadas en el siglo anterior, nacieron la pediatría y salud pública chilenas, se desarrollaron las ciencias básicas, surgió la brillante clínica chilena; mediado el siglo, la anatomía patológica se puso a la altura de los tiempos. Este progreso se debió a los grandes médicos de la época, a la fundación de nuevas escuelas de medicina, a la creación de organismos e instituciones de salud y al mejoramiento de la infraestructura material.

En 1923 se fundó la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción. En poco tiempo ella prosperó con destacados profesores en las cátedras de ramos básicos. La fisiología y la fisiopatología tuvieron un desarrollo de primer nivel tanto en docencia como en investigación. En 1930 fue contrató al destacado profesor alemán de anatomía patológica Ernst Herzog y se construyó un instituto, en el que Herzog impartió la enseñanza e hizo importantes contribuciones en el campo del sistema nervioso vegetativo, publicadas en Alemania.

El fundador de la pediatría en Chile fue Roberto del Río. El hospital que lleva su nombre, el primero en su género en Chile, funcionó de 1900 a 1939 en la manzana del actual Hospital San Juan de Dios. Allí, sucedió al doctor del Río su discípulo Luis Calvo Mackenna y después, Arturo Scroggie. En 1940 Santiago tenía otros dos hospitales pediátricos: el Hospital Manuel Arriarán -nombre del benefactor- y el Luis Calvo Mackenna, donde funcionó la cátedra de Aníbal Ariztía.

El doctor José Ducci, padre del hepatólogo, gran colaborador de Hernán Alessandri e impulsor de la enfermería, Héctor Ducci, fue el gran impulso de la física médica a comienzos del siglo. Eduardo Cruz-Coke dió un nuevo impulso a la química fisiológica iniciada por García Valenzuela. Eminente impulsor de la biología fue Juan Noé, nacido en Pavía y contratado en 1912. Recibió a la cátedra de manos de su antecesor, Vicente Izquierdo. De la cátedra de biología general del profesor Noé surgieron las de biología, histología, embriología con anatomía comparada y parasitología. Su labor científica y docente se entendió por 36 años. Uno de sus logros importantes fue la erradicación de la malaria en Chile. En 1944 se fundó el Instituto de Biología que lleva su nombre.

Especialidades que afianzaron su desarrollo con grandes maestros en las primeras décadas del siglo, fueron la obstetricia con Carlos Monckeberg, discípulo de Caupolicán Pardo. Aquél ocupó la cátedra de Obstetricia en la Maternidad de San Vicente, donde se formarían otros tantos maestros, entre ellos, Víctor Manuel Avilés. Esa Maternidad fue construida en 1927. Su edificio se conserva. Maestro de la oftalmología fue Carlos Charlín Correa, formado en Alemania y Francia, fundador del Servicio de Oftalmología del Hospital del Salvador en 1917.

Hasta 1925 se siguió la escuela alemana de neuropsiquiatría, en aquel año se separó en neurología y psiquiatría. Asumieron las cátedras de neurología Arturo Lea Plaza y de psiquiatría, Oscar Fontecilla. La cirugía continuó su desarrollo principalmente con los discípulos de Lucas Sierra, entre ellos, Alvaro Corbalán y Félix de Amesti. Con Alfonso Asenjo, especializado en Alemania, nació en Chile la neurocirugía moderna. En 1954 se fundó el Instituto de Neurocirugía. Aunque la radiología chilena tuvo tempranos comienzos, no afirmó su desarrollo hasta 1937 con la creación del Instituto de Radiología del Hospital San Borja bajo la dirección de Erich Heegewaldt. Diseñó los planos del Instituto de Radiología del Hospital San Borja y fue maestro de la radiología chilena.

Los principales avances en medicina social fueron la ley que creó el Código Sanitario y la Dirección de Sanidad en 1918, elaborada por Ramón Corbalán Melgarejo y Alejandro del Río; la ley del Seguro Obligatorio de 1924, concebida por Exequiel González Cortés; la ley de Medicina Preventiva de 1938, impulsada por Cruz-Coke, y en 1952 la ley que creó el Servicio Nacional de Salud, en que se fusionaron, entre otros organismos, la Dirección General de Sanidad y la Junta de Beneficencia. En 1911 Alejandro del Río creó la Asistencia Pública con su local de la calle San Francisco. En 1943 se fundó la Escuela de Salubridad de la Universidad de Chile, y en 1948, el Colegio Médico de Chile.

Hasta pasada la mitad del siglo hubo en Chile numerosos clínicos eminentes, entre ellos Hernán Alessandri. Trabajó en el Hospital del Salvador desde 1931 hasta después de dejar la jefatura del servicio en 1963. Fue impulsor de la reforma de 1943, en que se establecía, entre otras modificaciones, la práctica clínica de los estudiantes desde el cuarto año. Hizo del Servicio de Medicina un modelo para el país y el extranjero, hoy irreproducible, de clínica médica universitaria. Mostró la eficacia de la unión docente-asistencial. Dirigió el desarrollo de las especialidades médicas. Dejó numerosos discípulos. Fue ése el período en que la clínica chilena iniciada por García Guerrero floreció en diversos servicios docente-asistenciales.

En 1930 abrió sus puertas la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica y poco a poco organizó los primeros cursos . De la actividad académica en las disciplinas básicas surgirían importantes contribuciones en el campo de la fisiología, neurofisiología y, pasada la mitad del siglo, en citología ultraestructural. En 1940 entró en funciones su Hospital Clínico. Pasada la mitad del siglo tenía un desarrollo pionero primero, en anatomía patológica y radiología, después, en cardiología, cirugía cardíaca y laboratorio clínico.

La anatomía patológica no tuvo un progreso significativo en el país sino a partir de 1945, cuando Roberto Barahona asumió la cátedra de Anatomía Patológica de la Universidad Católica. Los justificados intentos de la Universidad de Chile por asentar la disciplina a comienzos de siglo, no habían fructificado, a pesar de la contratación del profesor Max Westenhoefer, el último de los grandes discípulos de Virchow. Llegado al país en 1908, había renunciado tres años después tras la reacción que había causado su descarnado informe sobre las condiciones de trabajo, informe aparecido en 1911 en la Berliner Klinische Wochenschrift. En 1928 había sido contratado, esta vez por la Junta de Beneficiencia, para organizar la anatomía patológica en hospitales de Santiago y para formar anátomo-patólogos chilenos. Permaneció en la primera tarea hasta 1930 y dejó el Instituto de Anatomía Patológica en el Hospital del Salvador. Westenhoefer fue el primero en Chile en exigir el régimen de jornada completa con dedicación exclusiva.

Roberto Barahona pertenecía a la segunda generación de discípulos de Westenhoefer. Llevó la anatomía patológica al más alto nivel de su época, la hizo así en Chile digna de la importancia fundamental que le corresponde como disciplina de investigación morfológica y de progreso médico. El ramo pasó a dar un sello a la formación de los médicos de la Universidad Católica. Al cabo de 10 años de ocupar la cátedra, se habían formado con él 24 especialistas. Por sobre todo, creó una escuela cimentando la disciplina en la patología general, escuela que en su sede ha permanecido entregada a la labor académica. En ella se continuaron formando muchos patólogos, particularmente, los que establecieron nuevos centros de patología, así, los de la Universidad de Valdivia, de La Frontera y de Valparaíso. El Hospital del Salvador tuvo el privilegio de ser el lugar de encuentro de dos poderosos intelectos en la reunión anátomo-clínica de Alessandri y Barahona. De su colaboración surgieron varias publicaciones.

Con el régimen docente-asistencial de colaboración entre universidades y Servicio Nacional de Salud, la medicina chilena se desarrolló en hospitales dotados de médicos universitarios, estatales y residentes día.y noche. En 1970 eran escasísimos los médicos en Santiago que no tenían algunas horas de trabajo en esos establecimientos. Las clínicas particulares eran poquísimas. En las décadas siguientes se produjo un cambio drástico de la organización de la medicina chilena con el aflojamiento del vínculo docente-asistencial, el auge de la medicina liberal, las numerosas clínicas privadas y la tuición cada vez más lejana de las universidades sobre la enseñanza de postítulo.