Marcello Malpighi

 

Nació en 1628 en Crevalcore, cerca de Boloña y murió en 1694, en Roma. Pasó la mayor parte de su vida en Boloña, donde fue profesor hasta 1691, año en que pasó a ser médico de la corte papal por un llamado de Inocencio XII. Se doctoró en Boloña en 1651 y pronto su prestigio llegó a otras ciudades italianas. Por invitación del Gran Duque de Toscana, que quería hacer de la Universidad de Pisa la mejor de Italia, se fue a esa Universidad donde fue profesor durante tres años. Allí conoció a Giovanni Borelli, un iatrofísico, profesor de matemáticas y de quien Malpighi se hizo muy amigo y aprendió matemáticas. Borelli hizo contribuciones en el estudio del aparato locomotor y de la fisiología respiratorio desde el punto de vista físico.

Al volver a Boloña ocupó una cátedra de medicina práctica, pero su interés estaba en otro campo: la anatomía microscópica a la que se dedicaba desde la edad de 30 años, y lo hizo en forma sistemática. Si Vesalio fue el fundador de la anatomía macroscópica, Malphigi lo fue de la microscópica. Su campo no se limitó al reino animal, abarcó también el de las plantas. A su regreso a Boloña recibió una carta del Secretario de la Royal Society invitándolo a entablar una correspondencia, de ahí que muchos de sus trabajos vieran la luz en las Philosophical Transactions.

Sus primeras contribuciones se refieren al desarrollo del huevo del pollo. Su lema era omne animal, omne vivum ex ovo, aplicable a animales y a plantas. La descripción que hace del embrión de pollo, de los somitos, del esbozo cardíaco, del encéfalo con sus vesículas primitivas, es admirable. En 1661, en su trabajo De pulmonibus observationes anatomicae, comunicó en las Philosophical Transactions un doble descubrimiento: la estructura alveolar del pulmón y los capilares pulmonares, lo que despertó mucho interés entre los médicos ingleses. Había llenado la laguna que dejó Harvey.

Describió por primera vez en la piel el estrato celular que lleva su nombre, las papilas linguales, los corpúsculos gustativos, los folículos esplénicos, los corpúsculos renales. Descubrir este nuevo mundo era mucho más difícil de los que hoy uno se imagina. Desde luego no se conocían los métodos de tinción de tejidos.

Malpighi era un hombre de naturaleza alegre, modesto, moderado y amable. Pero su vida no fue fácil. La enseñanza aún se hallaba en manos principalmente de galenistas, que menospreciaban los estudios de Malphigi y envidiaban los honores que éste recibía fuera del país, particulamente en Inglaterra. La Royal Society había tomado contacto con él a raíz del descubrimiento de los capilares y desde entonces patrocinaba la publicación de sus investigaciones. Malphigi fue perseguido; su casa, desvalijada, sus instrumentos y manuscritos fueron destruidos y él mismo fue amenazado de muerte. Por fin llegó el llamado papal a Roma, donde pasó sus últimos años en calma y con mejor disposición de ánimo.