| |
La salud era el bien más preciado en esa sociedad griega,
sin salud no podía haber belleza, y por lo tanto no podía
alcanzarse el ideal de reunir ambas condiciones. Y esto influyó
en que el médico tuviera una buena posición social,
a pesar de que su trabajo en buena parte era manual y retribuido
con dinero, dos cosas que eran menospreciadas. Si bien la medicina
era sólo un saber técnico y no ciencia propiamente,
no era una técnica cualquiera, pues el médico se
ocupaba de devolver ese bien al enfermo, era la más elevada
de las artes.
Sólo las grandes comunidades tenían un médico
municipal permanente que recibía un salario. De regla, el
médico tenía que viajar buscando trabajo. Llegado
a un sitio adecuado, arrendaba un lugar que se convertía
en iatreion, consulta con sala quirúrgica. Los que
tenían dinero podían pagar al médico para
ser atendidos en casa. La norma era no decirle al paciente qué
afección tenía, a lo menos si era grave. También
era norma la consulta entre colegas. No había nada parecido
a una licencia médica. La profesión se ejercía
bajo dura competencia. La mejor manera de asegurarse el futuro
era adquirir prestigio, y ello se lograba especialmente formulando
pronósticos acertados. De ahí que el pronóstico
haya tenido mucha importancia no sólo en la doctrina sino
también en la práctica médica.
La mujer de la sociedad griega clásica en lo médico
estaba desamparada: por una parte, rara vez recibía atención
de un médico, y, por otra, tenía prohibición
de realizar actividad médica. Según una anécdota
relatada por Herófilo, existía una mujer con nobles
afanes, llamada Agnódice, ansiosa de poder asistir a mujeres
en las horas del parto, y para lograr tal propósito se vestía
de hombre para recibir clases de Herófilo. De esta manera
se convirtió en matrona y pudo asistir a muchas parturientas.
Pero los médicos envidiosos de sus éxitos la denunciaron
ante el Areópago, pero las distinguidas atenienses a que
había asistido, se pusieron de su lado, y fue absuelta y
la ley fue derogada.
El que quería dedicarse a la medicina, seguía en
calidad de aprendiz a un maestro al que le pagaba un honorario.
Refieren que Hipócrates aceptaba aprendices que, además
del pago de honorarios, debían prestar juramento. ¿Qué
se exigía del joven para entrar a la profesión? Según
el tratado hipocrático La ley, lo siguiente:
Quienquiera que esté por adquirir un conocimiento competente
de medicina, debe poseer las siguientes condiciones: habilidad
natural, instrucción, un lugar favorable para el estudio,
tuición desde la niñez, amor al trabajo, tiempo.
Ante todo, se requiere una habilidad natural porque si la naturaleza
se opone, todos los esfuerzos serán vanos. Pero cuando
la naturaleza señala el camino hacia lo mejor, entonces
comienza la instrucción del arte del que el estudiante
debe apoderarse por reflexión y convertirse en un alumno
precoz en un lugar de trabajo favorable para el estudio. Mas
aún, el tiene que trabajar un tiempo largo, de manera
que el aprender eche raíces y produzca frutos adecuados
y abundantes.
|
|