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El concepto que tenemos hoy de enfermedad es el de una
abstracción, hay entidades morbosas distintas, que
se pueden estudiar en los libros y que pueden repetirse en muchos
individuos. En los hipocráticos prima, en cambio, la noción
de enfermedad como proceso patológico general. La enfermedad es
la lucha entre la naturaleza del hombre y el mal, siendo el síntoma
la expresión de esta lucha. El paciente y su enfermedad
están unidos inseparablemente como un hecho único
que nunca se repite. La idea de enfermedades diferentes era vaga,
con frecuencia lo que hoy para nosotros es un síntoma o
signo, era para ellos una enfermedad. Así, por ejemplo,
la phthísis corresponde a lo que hoy llamaríamos enfermedades
consuntivas, un conjunto de afecciones muy diversas, entre
ellas, la tuberculosis; la malaria se describe entre las fiebres.
Hay claras descripciones de cuadros patológicos que hoy
no vacilaríamos en catalogarlos como entidades nosológicas
bien determinadas, y que, sin embargo, no se reconocían
como una enfermedad definida. He aquí una:
Les sobrevenían... hinchazones junto a los oídos
a muchos, en un sólo lado o en ambos, a la mayoría
sin fiebre y sin verse obligados a guardar cama; pero hay quienes
también tenían un ligero calor febril. Se extinguieron
en todos sin causar daño y en ningún caso supuraron
como las que se originan por otros motivos. Y su carácter
era: flácidas, grandes, difusas, sin inflamación,
indoloras; en todos desaparecieron sin señal. Se producían
éstas en adolescentes, en jóvenes, en los que están
en flor de la edad, y de éstos especialmente los que frecuentan
la palestra y los gimnasios. Pero en mujeres, en pocas se producían.
Y toses secas en muchos, que tosían y no expectoraban nada;
voces roncas. No mucho después, pero en algunos incluso
después de un tiempo, inflamaciones con dolor en los testículos
en un sólo lado, y en algunos, en ambos. Fiebres a unos,
pero a otros no (Epidemias, I, 1)
A pesar de este cuadro característico de parotiditis y
orquitis urleana, el médico hipocrático no lo califica
con un nombre especial. Precisamente los médicos de la Escuela
de Cos criticaban a los de la Escuela de Cnido por la tendencia
de éstos a hacer distinciones y poner nombres diferentes.
El estudio de las causas de las enfermedades, la etiología,
aunque de reconocida importancia teórica en la medicina hipocrática,
se desarrolló poco porque los métodos de examen eran
muy elementales. Los factores etiológicos principales eran
el clima, en particular, las estaciones, los vientos y los lugares,
los alimentos y los traumas físicos. El pneyma, es
decir, el aire, llegó a tener un papel importantísimo.
Aparte la teoría de los humores, tampoco se investigó
mayormente la patogenia, es decir, la concatenación
de las alteraciones desencadas por las causas del proceso patológico.
A esta situación contribuyeron dos aspectos negativos del
médico hipocrático: por una parte, más allá
de lo mucho que observó, su fuerte tendencia a la especulación,
entendida ésta en el sentido de perderse en sutilezas o hipótesis
sin base real; por otra, la falta de desarrollo del pensamiento
anatómico. El hacer autopsias era algo ajeno a esa medicina.
En la medicina hipocrática no se encuentra el concepto de
contagio a pesar de que precisamente en el siglo V, durante la guerra
del Peloponeso, una peste, conocida como la Peste de Atenas, azotó
Grecia. La descripción que Tucídides es clásica.
No se sabe con certeza qué peste fue, si fue peste bubónica,
tifus, tifoidea, escarlatina o dos infecciones juntas. Tampoco se
sabe cuántos murieron en Atenas, si un tercio, la mitad o
dos tercios de la población.
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