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La salud fue concebida como una buena mezcla de los humores, como
una eyctasía, lo que representaba armonía
en la naturaleza del hombre. El estado de salud era justo, fuerte,
equilibrado y bello. En tanto la enfermedad era un cambio de esta
naturaleza que resultaba de una mala mezcla de los humores, era
una dyscrasía, un desequilibrio general, y, por consiguiente,
el hombre enfermaba en su totalidad. En la medicina actual es frecuente
calificar la salud como un estado de equilibrio y a la enfermedad,
como un desequilibrio.
La enfermedad, la nósas, fue concebida, tal como
lo hacemos hoy, como un proceso, como un cambio desarrollado en
el tiempo. Las enfermedades, como todo cambio, tienen sus causas
y, además, modos típicos y aspectos específicos,
que se manifiestan en el tiempo constituyendo un curso natural.
Las ideas de modo típico y aspecto específico se
convertirán después en los conceptos de género
y especie. El proceso nosológico general era concebido así:
por alguna causa, en el alimento o en el aire, se producía
un exceso de un humor; debía, por lo tanto, ser expulsado
para restaurar el equilibrio. Para eso, esta substancia, llamada
más tarde materia peccans, pasaba por un proceso
de cocción producido por el calor innato, la pépsis,
por lo que se mezclaba y era eliminada por la orina o las heces
o por alguna vía. Si la eliminación era rápida,
se llamaba crísis, si era lenta, se denominaba lysis.
Otras veces la materia peccans se separaba y depositaba
en algún órgano, por ejemplo, como un absceso. El
depósito se producía en algún órgano,
pero el que ocurriera en éste o en ese otro era más
bien un accidente.
Las enfermedades tenían días críticos, días
en que podía ocurrir la crisis. Así, uno de los aforismos
dice:
El cuarto día es indicador del séptimo; el octavo,
comienzo de otra semana; ha de observarse el undécimo,
pues éste es cuarto de la segunda semana. Ha de observarse
a su vez el decimoséptimo, pues éste es el cuarto
a partir del decimocuarto, séptimo a partir del undécimo.
La teoría de los días críticos sin duda está
basada en la experiencia, en la observación de que ciertas
fiebres hacían crisis en días determinados, como
las fiebres palúdicas terciana y cuartana. Y malaria había
en Grecia. Pero, además, hay influencia mágico-religiosa:
el número cuatro es un número pitagórico,
representa el volumen y es uno de los enteros sencillos de la cuarta
justa en la escala musical. El número siete es de origen
babilónico, es el número de los que entonces se llamaban
planetas: Mercurio, Venus, Luna, Marte, Júpiter, Saturno,
Sol. Neptuno, Urano y Plutón no son visibles a simple vista.
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