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En general, en el siglo XVIII empiezan a descollar las universidades
del norte europeo y desaparece la hegemonía de las universidades
italianas.
Los logros más notables de la medicina del siglo XVIII ocurrieron
casi todos en la segunda mitad del siglo, particularmente los que
fueron frutos del movimiento de la Ilustración. La separación
entre la medicina del comienzo de siglo y el precedente, es artificial.
De hecho, siguieron en curso las corrientes de los iatrofísicos
y los iatroquímicos, que a comienzos de siglo dieron lugar
a una reacción: el vitalismo, introducido bajo el nombre
de animismo, curiosamente por uno de los químicos más
destacados de la época y también médico: Georg
Stahl, fundador de la teoría del flogisto.
Los logros aludidos se dieron en el campo de la salud pública.
Por primera vez se habló de la medicina social, y pasó
a primer plano la idea de la prevención de enfermedades.
El médico escocés James Lind descubrió la acción
preventiva y curativa del jugo de cítricos en el escorbuto.
El clima, como factor patógeno tan importante en la medicina
hipocrática, pasó a segundo plano frente a las malas
condiciones sociales. Era el tiempo en que comenzaba la industrialización.
Se mejoraron las condiciones higiénicas de cárceles
y hospitales y de la canalización de aguas, a lo que contribuyó
el propio Lavoisier. Sistema de una política médica
global se llama la obra de seis volúmenes de Johann Peter
Frank dedicada a la salud pública. Se fundaron instituciones
para la enseñanza de la obstetricia y se crearon hospitales
pediátricos en Francia e Inglaterra.
El progreso más importante en salud pública fue la
introducción en Europa, a fines del siglo, de una vacuna
efectiva y segura contra la viruela. Desde hacía muchos siglos
se empleaba una vacuna en la medicina de la India, el método
había pasado de ahí a otros pueblos del Oriente. Se
trataba de la variola o variolización, una vacuna preparada
a partir del líquido de vesículas de la viruela misma,
y que producía, en principio, una enfermedad benigna y la
consiguiente protección inmunitaria. Tenía riesgos
altos de provocar una viruela en toda su magnitud. Occidente había
sabido de este método a comienzos del siglo XVIII por dos
personas que habían vivido en Constantinopla.
Un método del todo seguro fue el que descubrió Edward
Jenner, que vivió entre 1749 y 1823. Era un médico
práctico rural. Atendiendo a lo que decía una leyenda,
comprobó efectivamente que las mujeres que ordeñaban
vacas con vaccina, una enfermedad benigna del vacuno con lesiones
similares a las de la viruela, se infectaban, sus manos mostraban
vesículas iguales a las de las ubres, pero no contraían
la viruela. Estimulado por su maestro, el gran cirujano John Hunter,
investigó este fenómeno. En 1796 inoculó a
un niño, James Phipps, con líquido de una vesícula
de una ordeñadora, y el niño, naturalmente, se contagió.
Varias semanas después lo inoculó con líquido
de una lesión de un paciente con viruela, y el niño
no se enfermó. Jenner repitió este procedimiento,
que llamó vacunación, y publicó su trabajo
en 1798. La efectividad del método fue reconocida en toda
Europa, la familia real inglesa se hizo vacunar, algunos estados
de Alemania declararon feriado el día del cumpleaños
de Jenner, al primer niño ruso vacunado le pusieron el nombre
Vaccinov, el Parlamento inglés le dio un subsidio a Jenner
y en 1803 se fundó en Londres la Sociedad Jenneriana.
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