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Habían pasado cerca de dos siglos desde que un morfólogo
en Padua, Vesalio, había hecho cambiar la faz de la medicina.
Y entonces otra vez un morfólogo en Padua producía
una obra monumental, que ampliaba la de su antecesor y daba un
nuevo impulso al avance de la medicina. Morgagni, con su investigación
morfológica sistemática y rigurosa, consolidó
el método de estudio anátomo-patológico, echó
por tierra la doctrina humoral al descubrir en los órganos
el sitio de la enfermedad y, con el análisis clínico
de cada caso de autopsia, sentó las bases del estudio de
correlación clínico-morfológica.
Morgagni es de esa época en que las universidades italianas
habían dejado de brillar como otrora y los estudiantes de
medicina eran atraídos por el norte, especialmente por Leiden.
Morgagni nació en Forli, cerca de Boloña, en 1682,
y murió en 1791 habiendo cumplido los noventa años
de edad. Fue un niño talentoso, a los 14 años de
edad escribía poesías y ensayos y discutía
temas de filosofía. Fue poeta, arqueólogo, estudioso
de la historia de la medicina y un apasionado por los clásicos.
Publicó trabajos sobre arqueología e historia de
la medicina y una biografía sobre Valsalva, su maestro.
Era un latinista distinguido, de notable estilo literario.
Morgagni ingresó a la Universidad de Boloña a los
16 años y se doctoró allí a los 19; hasta
casi los 30 años de edad se desempeñó en su
ciudad natal como médico práctico, lo que no impidió
que a los 24 años de edad escribiera un estudio anatómico: Adversaria
anatomica, al que pronto siguieron otros dos: Adversaria
y Epistolae anatomicae. Estas obras le dieron prestigio, y
el Gobierno de Venecia le ofreció una cátedra en
Padua. Morgagni tenía 29 años, durante cuatro años
ocupó la cátedra de Medicina teórica, luego,
durante 56 años, la de anatomía, la misma que había
tenido Vesalio. Fue discípulo de Valsalva y maestro de Scarpa.
La vida de Morgagni transcurrió sin dramatismo, fue la
vida tranquila de un sabio entregado al trabajo: estudio, disección,
consultas y reuniones. Era un trabajador incansable, riguroso,
honrado, concienzudo y minucioso. Era estimado por colegas de Italia
y Europa, amigo de papas, senadores y patricios venecianos. Su
obra, resultado de sus estudios de décadas, De sedibus
et causis morborum per anatomen per anatomen indagatis apareció en
1761 cuando él había cumplido los 80 años
de edad.
La obra de Morgagni, mirada superficialmente, no es original,
pues desde hacía tiempo se hacían autopsias y se
describían lesiones de los órganos. En el siglo XVII
Théophile Bonet, un médico de Ginebra, en su obra Sepulchretum,
había recopilado, sin mayor discriminación, todas
las observaciones anátomo-patológicas que había
encontrado, unas interesantes, otras sin valor alguno. En el siglo
XVIII habían proseguido los estudios anátomo-patológicos,
especialmente en Italia, por ejemplo, por parte del propio Valvalsa.
Pero en todos estos estudios se trataba de observaciones aisladas
hechas en órganos diversos, no siempre con el debido rigor
y precisión. En la obra de Morgagni, en cambio, se trata
de una investigación rigurosa, sistemática y detallada
hecha por un hombre observador y minucioso, que se toma tiempo
para hacer una exposición acabada del cuadro clínico
y de las lesiones de cada caso. De ahí que en adelante,
a manera de principio, el síntoma pasaría a quedar
unido a la lesión morfológica.
Aun hoy día no siempre es fácil distinguir lo que
morfológicamente es normal de lo que no lo es y qué
es causa y qué es efecto. En aquel tiempo la distinción
era mucho más difícil. Por supuesto la obra de Morgagni
contiene errores en algunos casos: causa tomada por efecto, relaciones
no reconocidas -como entre un tumor y metástasis-, jerarquización
equivocada. Nada de esto merma su valor.
La obra está compuesta de un prefacio y de 70 capítulos
escritos a manera de cartas dirigidas a los colegas del autor.
En el prefacio el autor rechaza todo derecho a la originalidad
reconociendo el mérito de sus predecesores. El cuerpo de
la obra no está
enfocado desde punto vista anátomo-patológico sino
clínico, aunque la parte esencial es la morfológica.
Los capítulos están ordenados según las enfermedades
siguiendo el orden tradicional a capite ad calcem (de la cabeza
al fin) y están basados en alrededor de 700 casos con
autopsia, que cubren prácticamente todo el campo de las
lesiones al alcance del ojo desnudo. Los casos están comentados
por el autor.
Entre ellos destacan las primeras descripciones de lesiones de
aneurismas aórticos asociados a sífilis, algunos
de ellos rotos; aortitis luética, endocarditis vegetante,
gomas cerebrales, atrofia amarilla aguda del hígado, tuberculosis
renal. Un tema de particular interés es el de la apoplejía,
de la que habían muerto Malphigi, su discípulo Valsalva
y Ramazzini, amigo de Morgagni. Este describe las dos lesiones
de la apoplejía: reblandecimiento y hemorragia cerebrales,
y comprueba la idea de Valsalva de que la lesión cerebral
se encuentra en la lado contrario al de la parálisis. Describe
la lesión del cristalino que hoy se conoce como catarata
de Morgagni. También identificó el cuadro clínico
y anátomo-patológico -la hepatización pulmonar-
de la neumonía. Fue el primero en demostrar que el absceso
cerebral era la consecuencia -y no la causa como se creía-
de la supuración ótica. Describió las lesiones
que hoy se reconocen como tíficas: úlceras intestinales
con esplenomegalia y tumefacción de ganglios linfáticos
mesentéricos. Entre los tumores se encuentran del esófago,
estómago, recto, páncreas, hígado, ovario.
Pero las metástasis tumorales era un fenómeno cuya
correcta interpretación tardaría todavía un
siglo.
Los médicos de entonces se hallaban muy lejos de poder
apreciar el alcance de la obra de Morgagni, que empezó a
influir en la medicina moderna en el siglo XIX en Francia.
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