Hasta mediados de la alta Edad media la medicina se ejerció
principalmente en los monasterios. El primero un fundarse fue el
de los Benedictinos en el año 529, el Monasterio de Montecassino,
destruido en 1944. En los siglos siguientes se fundaron otros
en España, Francia, Alemania e Irlanda. Tras la gran peste
que azotó a Europa en el siglo VI y la conquista de Italia
por los lombardos, los monasterios concentraron aun más
a la gente culta que buscaba refugio. Hacia el inicio de la alta
Edad media cobraron importancia las escuelas catedralicias, como
por ejemplo, la Escuela de Chartres.
Sin embargo, el ejercicio de la medicina por parte de los monjes
estaba circunscrito a su misión caritativa. En el siglo
IX la biblioteca del Monasterio de San Galeno tenía seis
obras de medicina y mil de teología. Los textos médicos,
escritos en latín, eran en su mayoría fragmentos
simplificados o resúmenes de las grandes obras griegas y
tenían un marcado carácter práctico. Ya no
se sabía griego. Galeno, conocido a través de comentaristas,
era la autoridad indiscutida. Así, de sus obras se dedujo
la tesis del pus laudabilis según la cual el pus
era un producto natural que favorecía la curación
de las heridas. Esta tesis hizo más difícil los progresos
en el tratamiento de las heridas.
En la Edad media se produjo claramente el divorcio entre medicina
y cirugía. La separación se había insinuado
en la medicina alejandrina. Después contribuyeron a ahondarla
el hecho de que Galeno, llegado a Roma, abandora la práctica
quirúrgica y dijera que la cirugía sólo era
una forma de tratamiento. Así, el cirujano quedó subordinado
al médico. Pero en la Edad media actuaron factores decisivos
de separación y degradación de la cirugía.
Para el Cristianismo de entonces el cuerpo del hombre era una vil
prisión del alma. El organismo humano no merecía
mayor estudio. La doctrina islámica, que se hizo sentir
después, era similar en este aspecto: el cuerpo de los muertos
era sucio e impío y había que abstenerse de tocarlo
y mancharse con su sangre. Por otra parte, la medicina medieval
tuvo un marcado carácter especulativo, la teoría
médica constituía lo substantivo, la labor manual
era desdeñada. Así, la práctica quirúrgica
fue quedando en manos de los barberos. Por último, en 1163
se formuló el famoso edicto del Concilio de Tours: Ecclesia
abhorret a sanguine, con el que oficialmente se prohibía
la práctica quirúrgica a los clérigos. La
prohibición fue promulgada por el papa Inocencio III y se
hizo vigente en 1215. El edicto estaba basado en el derecho canónico:
la culpa de la muerte de un hombre anula para siempre el ejercicio
sacerdotal. Pero en ese mismo siglo los cirujanos barberos empezaron
a subir de status en Francia y más todavía, en el
Renacimiento.
A este empobrecimiento de la medicina el cristianismo de entonces
reintrodujo un elemento religioso: la enfermedad era el castigo
a pecadores o la posesión por el demonio o la consecuencia
de una brujería. De ahí, la oración y la penitencia
para alejar el mal. También los germanos reintrodujeron
elementos mágicos, que se transmitieron a la medicina popular.
La medicina monástica se extendió oficialmente hasta
el Concilio de Clermont de 1130, en que se prohibió a los
monjes ejercer la medicina porque perturbaba la vida sacerdotal.
La medicina dejó
de enseñarse en los monasterios también por influencia
de los árabes.
La medicina escolástica
La medicina en las escuelas catedralicias y su enseñanza
estuvo a cargo del clero secular. Se trataba en lo fundamental
de la doctrina hipocrática con un fuerte carácter
especulativo y elementos religiosos. Las especulaciones en torno
a la orina y pulso del paciente eran parte de esa medicina. Löbel,
un historiador, dice al respecto:
El vaso de orina se convirtió en el signo distintivo
del médico...La orina contenida en un vaso simbolizaba:
en su capa superior, la cabeza; en la siguiente, el pecho;
en la tercera, el vientre; en la cuarta, el aparato génito-urinario.
Si cuando era sacudida, la espuma bajaba a la segunda región
del líquido y sólo muy lentamente volvía
arriba, significaba ello que los órganos del pecho eran
el asiento de la enfermedad, pero si subía con rapidez
era que la enfermedad se limitaba a la cabeza.
Tal vez el progreso más importante de la medicina medieval
fue la construcción de hospitales, de mayor envergadura
que los valetudinaria. Después de los construidos bajo
el imperio de Constantino, comenzó en 1145 y bajo influencia
árabe, una segunda ola de fundación de hospitales,
el primero en Montpellier. En el curso de pocos siglos había
una red de hospitales en toda Europa. Estos hospitales cristianos
eran hospicios, es decir, estaban destinados a amparar peregrinos
y pobres, enfermos o no, a darles hospitalidad. Carácter
propiamente médico tuvieron los administrados por ciertas
órdenes caballerescas, así la Orden de los Caballeros
de San Juan con su hospital en Jerusalem. La transformación
de hospicio a hospital se aceleró en el siglo XIII.
La mayor parte de la Edad media transcurrió entre dos
pestes: la de Justiano en el siglo VI -al parecer también
peste bubónica- y la Peste negra, que estalló en
el siglo XIV. Pero precisamente en el lapso comprendido entre
estas epidemias se extendió la lepra por Europa, y cuando
había declinado apareció la sífilis.
La escuela de Salerno y las universidades
En el sur de Italia el retroceso de la civilización había
sido menor debido a la ocupación por parte de los bizantinos
primero, y por los árabes después.
La ciudad de Salerno se encuentra en el Golfo de Pesto, pocos
kilómetros al sur de Nápoles. Bajo influencia árabe
desde Sicilia y el sur de Italia, floreció allí
en los siglos XI y XII, antes que las universidades, una escuela
doblemente excepcional: por un lado, exclusivamente médica
y, por el otro, laica, una civitas hippocratica, fundada,
según la leyenda, por un griego, un cristiano, un judío
y un musulmán. La escuela data del comienzo del siglo
X. La ciudad, donde los benedictinos tenían un claustro,
fue un arzobispado desde fines del siglo X. Se dice que los médicos
de la escuela y estos monjes tenían buenas relaciones.
Curiosamente para la época, el interés de esa
Escuela estaba centrado en el empirismo y la observación
y no en el aspecto teórico y especulativo. El plan de
estudios era tan bueno que lo adoptó después la
Universidad de París. Los numerosos textos que datan de
entonces contienen muy buenas descripciones clínicas,
por ejemplo, de la disentería y de enfermedades del aparato
urogenital. Importantes son también las indicaciones farmacológicas,
entre ellas, ungüentos con mercurio para afecciones cutáneas
y algas marinas en caso de bocio; varios tratados de anatomía
basados en la disección de cerdos y diversas obras de
cirugía. Pero la obra tal vez más famosa es el Regimen
sanitatis Salernitatum, que resume en verso el saber en esa
Escuela. Entre los estudiantes y profesores hubo mujeres. La
Escuela de Salerno también fue una excepción en
cuanto a que allí medicina y cirugía no se separaron,
lo mismo ocurrió en el sur de Francia.
Las universidades nacieron como una corporación de profesores
y estudiantes puesta bajo la protección del papa, del
emperador o del municipio con el fin de librarse de la autoridad
del prelado o señor feudal. Recibían así varias
prerrogativas, entre ellas, autogobierno, diversos fueros y la
potestad de conferir títulos Las primeras universidades
se fundaron a comienzos del siglo XII: la de Boloña en
1088, la de París en 1110, siguieron la de Oxford en 1167
y la de Montpellier en 1181. En ellas la medicina estaba en manos
del clero. La Universidad de Montpellier tuvo un período
de florecimiento en el siglo XIII. Entre los médicos formados
allí estuvo Petrus Hispanicus, que en 1277 fue elegido
Papa como Juan XXI. También estudió en Montpellier
Henri de Mondeville, que criticó
a Galeno, especialmente lo del pus laudabilis y abogó
por el estudio de la anatomía.
La Medicina árabe
La medicina árabe fue una medicina hipocrática
clásica. Tenía sí con la medicina medieval
algunos rasgos comunes: sujeción a los autores considerados
autoridades, abandono de los estudios anatómicos, desinterés
por la cirugía, apego a la cauterización, observancia
de la tesis del pus laudabilis en cirugía. Pero
ya en el siglo IX se combatía la charlatanería,
se propiciaba una formación general del médico,
se estimulaba la observación, se fomentaba la salud pública,
se abogaba por un control central de la medicina. Los progresos
aportados por la medicina árabe fueron la construcción
de hospitales, nuevas observaciones clínicas especialmente
en enfermedades infecciosas y oculares y la ampliación
de la farmacopea.
Dos son los médicos más famosos: Rhazes y Avicena,
ambos de origen persa. Eran de mentalidad muy diferente. Rhazes
era el artista, inclinado a la historia clínica, al caso
singular. Avicena, en cambio, habiendo también observado
mucho, era un aristotélico interesado en lo general. Construyó
un inmenso sistema unitario que comprendía la totalidad
del saber greco-árabe.
Rhazes
De la vida de Rhazes se conoce poco, se sabe que nació
en el año 860, vivió hasta el año 932, que
quedó ciego, y que escribió muchas obras. Impresas
existen, sin embargo, muy pocas.
Estudió primero filosofía y música, y fue
un gran guitarrista. Su interés por la medicina nació
de sus visitas a un amigo farmacéutico en un hospital
y con quién discutía temas médicos. Inició
sus estudios médicos a los treinta años. Después,
dirigió un hospital en su ciudad natal. Su fama llegó
rápidamente a Bagdad.
Las obras de Rhazes versan sobre filosofía, matemáticas,
física, química y medicina. Famoso es su Kitab-el-Mansuri, El
libro de Mansur, un conciso manual de medicina que prestó
valiosos servicios en la enseñanza. Particularmente estimada
hoy es su monografía sobre la viruela y el sarampión,
la primera sobre esta materia. Es una obra clásica con
excelentes descripciones de clínica y en que se diferencian
por primera estas enfermedades. Fue el primero en introducir
el uso sistemático de preparados químicos en la
terapéutica. Su fama se difundió sobre todo por
su obra enciclopédica de la medicina llamada el-Hawi, Continens en
su traducción latina, obra póstuma recopilada por
sus discípulos. Rhazes fue el gran clínico del
Islam. Rechazó la idea de que las enfermedades podían
diagnosticarse mirando sólo la orina.
Avicena
La vida de Avicena se extendió desde el año 980
al 1037. Fue un niño prodigio, a los 10 años recitaba
de memoria el Corán y las obras de los clásicos.
Primero estudió filosofía, derecho, matemáticas
y en particular, la geometría de Euclides. A los 16 años
comenzó a estudiar medicina, tenía un ansia inmensa
por saber, estudiaba hasta avanzada la noche. A los 18 años
ya era famoso. Cuando tenía alrededor de 20 años
escribió su primera obra: una enciclopedia en 20 volúmenes.
Después de la muerte de su padre inició una vida
errante, que tuvo altos y bajos. Fue visir, ministro de estado,
estuvo en prisión. En el último período
de su vida pudo dedicarse enteramente a la ciencia. Dejó un
gran número de obras, que abarcan todo el saber de su
tiempo. Apareció ante la posteridad como un nuevo Aristóteles.
Su mayor éxito lo alcanzó en medicina con su Canon
de medicina, una obra de cincuenta partes que trata de la
teoría médica. Esta obra, que contiene alrededor
de un millón de vocablos, es tal vez la de mayor influencia
que haya existido, fue estudiada durante seis siglos, traducida
al latín en el siglo XII.