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Con seguridad en el siglo XV se practicaron autopsias para comprobar
diagnósticos. Las primeras exploraciones anátomo-patológicas
sistemáticas fueron hechas, al parecer, por Antonio Benivieni,
nacido en Florencia en 1443 y muerto en 1503. Era un hombre culto,
procedía de una familia noble y acaudalada. Escribió
sobre medicina, filosofía, literatura y arte. En su actividad
médica fue coleccionando casos clínicos, en veinte
de ellos practicó la autopsia. Después de su muerte,
a instancias de su hermano Geronimo, poeta, fue publicada la obra De
abditis nonnullis ac mirandis morborum et sanationum causis (De
algunas causas obscuras y admirables de enfermedades y curaciones),
que contiene los casos de autopsias, así, por ejemplo, el
caso XXXVI:
Endurecimiento del estómago: Mi pariente, Antonio Bruno,
retenía por un corto espacio de tiempo el alimento que
había comido y luego lo vomitaba. Fue cuidadosamente tratado
con toda clase de remedios para curar el trastorno del estómago;
pero como nada le trajo ninguna utilidad, su cuerpo empezó a
enflaquecer debido a la desnutrición hasta que quedó convertido
en poco más que hueso y piel. Finalmente murió.
El cadáver fue abierto por razones de beneficio público.
Se encontró que la abertura del estómago se había
cerrado y que este órgano se había endurecido en
la parte inferior, con el resultado de que nada podía
pasar a través de él a los otros órganos
y así
la muerte fue la inevitable consecuencia.
Se trata muy probablemente de un cáncer gástrico.
No todos los casos descritos nos son tan claros como éste.
Por ejemplo, en otro se dice así: ...hice abrir el cuerpo.
El corazón estaba cubierto en todas partes de pelos debido
a su extremo calor. Probablemente, una pericarditis fibrinosa,
un corazón velloso. Pero en el texto de Benivieni está
implícita la concepción de esa época de que
los pelos eran una especie de secreción de la piel, producto
del calor interno.
Estos casos constituyen, en pequeño, lo que será
después la obra monumental de Morgagni.
La clínica y epidemiología
La nueva mentalidad se dirigió, naturalmente, contra
Galeno y la medicina árabe, ante todo en la voz de Paracelso,
paladín de un cambio radical. En su ataque furioso a la
tradición médica llegó a quemar públicamente
textos de Galeno, Avicena y Rhazes mientras danzaba alrededor
de la hoguera. Sin embargo, como se verá más adelante,
la personalidad de Paracelso es una de las más contradictorias
en el campo de la historia de la medicina. Vivió del 1493
al 1541, fue, por tanto, contemporáneo de Vesalio. Hay
un marcado contraste entre ambos en cuanto a personalidad y carácter
de sus obras.
El clínico más destacado fue el francés
Fernel, que vivió de 1506 a 1588. Era además matemático
y astrónomo. Describió la sintomatología
de la influenza y consideró la sífilis y la gonorrea
como enfermedades diferentes, aunque la distinción definitiva
se haría sólo a mediados del siglo XIX. De Fernel
viene la denominación de lues venérea. De
este período son las primeras descripciones del cuadro
clínico de la coqueluche, escarlatina y varicela y la
introducción del concepto de reumatismo. A mediados
del siglo XVI se introduce en Padua la enseñanza junto
a la cama del enfermo.
Hacia fines del Renacimiento, por el impulso de los humanistas,
se trataron de entender los factores psicológicos de enfermedad.
Se retoma la idea de la imaginación o sugestión como
factor curativo o perturbador de la mente. Aparece la idea de
que las brujas no eran aliadas del demonio sino enfermas de la
psiquis y se intenta por primera vez una clasificación
de las enfermedades mentales.
A fines del siglo XV se propagó la sífilis por
Europa tras el sitio infructuoso de Nápoles en 1495 por
las tropas francesas de Carlos VIII. La ciudad era defendida
por italianos y españoles. Durante el sitio las prostitutas
y vivanderas francesas tomaron contacto con los soldados españoles,
probablemente contrajeron así la lues, que luego transmitieron
a los soldados franceses, pues éstos se retiraron rápidamente
abatidos por una misteriosa epidemia. De ahí el nombre
de morbo gallico.
El nombre de sífilis viene de un poema de Gerolamo
Fracastoro, inspirado en una historia de Ovidio en que aparece
el nombre de Sipylus. Siguiendo la costumbre de los humanístas
de la época, Fracastoro alteró el nombre, y de
ahí Syphilis. Fracastoro nació en Verona
en 1478; murió
los 75 años. Fracastoro estudió en Padua junto
con Copérnico. Fracastoro fue un humanista. De Padua se
trasladó
a vivir en hermosa finca de Verona. Allí recibía
amigos, se tenían veladas musicales y se discutían
temas científicos. Fracastoro escribió en latín,
se dice, en muy buen latín. En lo médico su interés
se centró en la investigación de enfermedades transmisibles.
Sus dos obras más importantes son el poema en hexámetros Syphilidis
sive de morbo Gallico (La sífilis o sobre el mal francés)
y su tratado De contagione et contagiosis morbis et eorum curatione
(Del contagio, las enfermedades contagiosas y su curación).
En este último se exponen ideas geniales acerca de la
transmisión de enfermedades epidémicas y , por
primera vez, se fundamenta el concepto de contagio. Este
se producía, según el autor, por partículas
diminutas, que él denominó seminaria contagiorum,
capaces de penetrar y multiplicarse en los cuerpos sanos por
contacto directo o por medio de material contaminado. Según él,
estos gérmenes eran específicos y los responsables
de una determinada epidemia, cuyas variaciones se debían
a distinto grado de virulencia. Dentro de su teoría analizó
la viruela, el sarampión, la lepra, sífilis, tifus
exantemático y diversas enfermedades cutáneas.
En sus investigaciones comprobó que muchas fiebres tenían
caracteres propios, específicos y que, por lo tanto, constituían
unidades nosológicas. Así, fue el precursor de
Sydenham en cuanto al concepto ontológico de enfermedad.
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