La anestesia general

 

Desde comienzos del siglo se consideraba la posibilidad de usar el éter y el gas hilarante como anestésicos. Pero el paso práctico decisivo tuvo lugar en Connecticut en 1844, cuando Horace Wells, dentista, usó el óxido nitroso exitosamente en un paciente. Poco después, otro dentista norteamericano, William Morton, que había introducido el uso del éter en su práctica dental por sugerencia de su maestro Charles Jackson, le ofreció al célebre cirujano John Warren de Boston ensayar este método en una operación. La intervención bajo anestesia general -extirpación de un tumor de la mandíbula- tuvo lugar el 16 de octubre de 1846 en el Massachusetts General Hospital.

El método se difundió rápidamente. Sus tres promotores se trenzaron en una fea disputa por la prioridad, y cada uno murió trágicamente. Por ironía, ninguno de ellos había sido el verdadero descubridor: Crawford Long de Dansville, en Georgia, había empleado la anestesia con éter ya en 1842, pero no la había dado a conocer.

La cirugía había salvado uno de los dos grandes escollos: el dolor.

La anestesia local se introdujo después de la general, hacia fines de ese siglo.