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Generalidades |
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Se entiende por hemorragia digestiva,
la pérdida de sangre que se origina en cualquier segmento
del tubo digestivo, desde el esófago hasta el ano. Puede
ser alta o baja; la alta es aquélla que se produce sobre
el ángulo de Treitz, y la baja, la que tiene su origen bajo
él.
Las causas de la hemorragia digestiva son numerosas. Si se analizan
los casos de etiología comprobada en el hospital, se puede
observar que aproximadamente en el 10% de ellos, la hemorragia es
secundaria a una enfermedad sistémica, ya sea un trastorno
hematológico o una septicemia. En el resto de los casos,
se comprueban lesiones locales del tubo digestivo, siendo éstas
más frecuentes en las regiones más distales. En cambio,
en la consulta ambulatoria de gastroenterología, puede apreciarse
que la hemorragia se origina casi siempre en lesiones locales del
tracto gastrointestinal, aumentando el porcentaje de ellas en el
colon, recto y ano (80% de los casos).
En la anamnesis es necesario considerar la edad del niño,
la forma cómo se exterioriza el sangramiento, la magnitud
de la hemorragia y la presencia de otros síntomas. En relación
a la edad, hay que tener en cuenta que hay causas que se presentan
más comúnmente en determinados grupos etarios (Tabla
1).
Dependiendo del tiempo en que la sangre tenga contacto con el jugo
gástrico y el contenido intestinal, la hemoglobina será
reducida a hematina, la que producirá el típico color
obscuro de la sangre eliminada. La presencia de hematemesis,
indica que la lesión es proximal al ligamento de Treitz,
pudiendo estar localizada en el esófago, estómago
o duodeno. Deben tenerse presentes las causas extradigestivas, como
la hemoptisis o la epistaxis deglutidas y la deglución de
sangre procedente del pezón materno en el niño alimentado
al pecho. La melena puede presentarse en forma aislada o
acompañada de hematemesis. Se origina habitualmente en los
segmentos proximales al yeyuno, pero puede provenir de regiones
inferiores del intestino delgado y aún del colon derecho
(cuando el tránsito intestinal es lento). La hematoquezia
(mezcla de sangre roja con sangre negra), sugiere que la lesión
se ubica distal al ángulo de Treitz, habitualmente en el
íleon o colon proximal. La rectorragia indica en general
que la lesión es baja, habitualmente de colon o recto. Sin
embargo, excepcionalmente, la hematoquezia o la rectorragia pueden
originarse en un sitio proximal al ligamento de Treitz, lo que ocurre
en menos del 5% de los casos, cuando la hemorragia es masiva y provoca
una hiperperistalsis, con un tránsito intestinal muy rápido.
Se calcula que la sangre procedente del duodeno o yeyuno necesita
de una permanencia de aproximadamente 8 horas en el tubo digestivo,
para volverse negra. La eliminación de gotas o estrías
de sangre roja, que cubren la deposición, es propia de las
lesiones ubicadas en la región anorrectal. Si la sangre acompaña
a la diarrea, hay que pensar en un cuadro inflamatorio o infeccioso
que compromete la mucosa intestinal (síndrome disentérico,
colitis por enfermedad inflamatoria crónica, invaginación
intestinal). Por último, la hemorragia puede no ser macroscópicamente
visible, y sólo manifestarse clínicamente por una
anemia ferropriva (hemorragia oculta).
Diagnóstico
Al evaluar un niño con una posible hemorragia digestiva,
hay que tener presente que la deposición negra o roja no
siempre se debe a la presencia de sangre. La ingestión de
espinaca, o de medicamentos con hierro, carbón o bismuto,
pueden impartir un color negruzco a la deposición, simulando
una melena. Asímismo, la ingestión de betarragas o
de algunos alimentos con colorantes rojos, pueden simular una rectorragia.
Por último, la bacteria Serratia mercescens
, provoca una coloración rosada del pañal, que puede
hacer pensar en hemorragia.
Es difícil precisar a simple vista la cuantía de
una hemorragia digestiva, por lo que la apreciación de los
padres suele ser exagerada. Es útil precisar este dato, tratando
de establecer si se trata de gotas, estrías, o un volumen
equivalente a una cucharada, taza, etc. La gravedad de la hemorragia
digestiva, está determinada por el compromiso hemodinámico
que produce. De acuerdo al volumen y velocidad de la pérdida
de sangre y de su repercusión hemodinámica, la hemorragia
digestivapuede ser oculta cuando las deposiciones son de aspecto
normal; leve, cuando no tienen compromiso compromiso hemodinámico;
moderada si se acompaña de signos transitorios de hipovolemia,
que se recuperan rápidamente una vez que se repone el volumen,
masiva si se cursa si con shock hipovolémico, requiriendo
de grandes volúmenes para elevar la presión arterial.
La presencia de otros síntomas, como dolor abdominal, vómitos,
constipación, fiebre, etc, nos ayudan a diagnosticar algunos
cuadros clínicos que se acompañan de sangramiento
digestivo.
En el examen físico debe buscarse aquellos signos que traducen
el compromiso hemodinámico o bien que nos orientan hacia
determinadas etiologías (Tabla 2).
Por último, cuando el sangramiento no es definitivo, es
útil colocar una sonda nasogástrica, la que sirve
para verificar la presencia de sangre en el estómago y vaciar
a este de sangre y coágulos como preparación para
el examen endoscópico.
Hemorragia digestiva alta:
La lesión que origina la hemorragia se produce proximalmente
al ángulo de Treitz. Generalmente el sangramiento es moderado
o masivo y se manifiesta como hematemesis y/o melena, y rara vez
(menos del 5% de los casos), como hematoquezia o rectorragia. El
hematocrito desciende en 1 a 3 días desde el comienzo del
sangramiento. Simultáneamente, se produce un ascenso del
nitrógeno ureico, por absorción de proteínas
desde el intestino delgado y aparición de una insuficiencia
prerrenal secundaria a la hipovolemia. Ocasionalmente se presenta
como anemia crónica cuando el sangramiento es oculto y persistente.
Causas más frecuentes:
- Várices esofágicas
- Esofagitis péptica
- Síndrome de Mallory-Weiss
- Lesiones agudas de la mucosa gástrica
- Ulcera péptica
Etiología del sangramiento:
En la anamnesis es importante tomar en cuenta los antecedentes
de úlcera péptica, consumo de medicamentos (ácido
acetil salicílico, otros antiinflamatorios no esteroidales),
hipertensión portal, sangramiento digestivo previo y vómitos
persistentes. En el examen físico se debe pesquisar la presencia
de lesiones vasculares cutáneas o mucosas, signos de enfermedad
hepática crónica, hepatoesplenomegalia, ascitis y
masas abdominales.
El estudio endoscópico es el procedimiento más útil
para el diagnóstico etiológico y debe realizarse apenas
se estabilice el paciente. Permite diagnosticar la causa del sangramiento
y también efectuar medidas terapéuticas endoscópicas
(esclerosis o diatermo-coagulación).
El estudio radiológico es de poca utilidad diagnóstica.
Si bien su rendimiento en el estudio de várices esofágicas
es aproximadamente del 50-70%, la radiología convencional
no tiene la sensibilidad suficiente como para diagnosticar, por
otra parte, las lesiones inflamatorias como esofagitis superficial,
gastritis, úlceras superficiales o úlceras cubiertas
por coágulos.
La angiografía selectiva y cintigrafía con glóbulos
rojos marcados: Tienen indicación en sangramientos persistentes
o masivos, en los cuales la endoscopía no ha logrado demostrar
el diagnóstico.
Varices esofágicas:
1) Generalidades: Al aumentar la presión
del sistema venoso portal, se abren comunicaciones portosistémicas
(que habitualmente están cerradas), dando origen a colaterales
que llevan a várices esofagogástricas, hemorroides
y circulación colateral del abdomen. La rotura de várices
- especialmente esofágicas, pero también gástricas
- ocurre con mucha frecuencia y constituye la complicación
más importante de la hipertensión portal.
El otro factor importante a considerar como causa de hemorragia
digestiva en pacientes con hipertensión portal, es la gastropatía
hipertensiva. Consiste en una displasia vascular adquirida, con
dilatación difusa de los capilares de la mucosa gástrica.
Constituye una causa persistente de la hemorragia digestiva. una
vez que se obliteran las várices.
2) Etiología: Según el sitio de la
obstrucción, la hipertensión portal se clasifica en:
pre-hepática, intra-hepática y post-hepática.
Sus causas más comunes, por orden de frecuencia son:
- Cirrosis hepática
- Trombosis de la vena porta
- Trombosis de la vena esplénica
- Obstrucción de las venas supra-hepáticas
3) Cuadro clínico:
- Hemorragia digestiva alta: Constituye la manifestación
clínica inicial más importante (80% de los pacientes).
Es más severa en los pacientes con cirrosis hepática,
en los cuales existen habitualmente trastornos de coagulación
asociados.
- Esplenomegalia asintomática: Es la segunda manifestación
inicial más frecuente, después de la hemorragia
digestiva (aproximadamente 20% de los casos).
- Hiperesplenia: Es frecuente en la hipertensión prehepática
de varios años de evolución. Es habitualmente leve
o moderada; es más acentuada en los casos de trombosis
de la vena esplénica.
- Ascitis: Es una manifestación tardía en cirrosis
y enfermedad hepática terminal. Es propia de la hipertensión
intrahepática y suprahepática, pero puede aparecer
transitoriamente en la obstrucción venosa portal aguda.
- Circulación colateral del abdomen.
- Hepatomegalia: Presente en hipertensión intra- o supra-hepática.
- Estigmas de hepatopatía crónica y alteración
de las pruebas de función hepática.
4) Diagnóstico: La demostración de
várices esofágicas o gástricas se hace por
- Endoscopia: Es el examen de mayor utilidad. Permite además
efectuar tratamiento mediante escleroterapia endoscópica.
- Ultrasonido (con doppler): Detecta las várices y la magnitud
del flujo hepatofugal.
- Otros exámenes: esplenoportografía y arteriografía
(fase venosa), que permiten: determinar el sitio de la obstrucción
y orientarse respecto a la anatomía, distribución
de las colaterales y la dinámica del flujo portal, en pacientes
con indicación quirúrgica.
5) Tratamiento (Manejo del episodio agudo): En el
período agudo del sangramiento, el tratamiento es fundamentalmente
médico y consta de:
- a) Medidas generales, similares a otras causas de hemorragia
digestiva alta. La reposición del volumen debe hacerse
con lentitud, pues el exceso de volumen puede reiniciar el sangramiento.
Con estas medidas, el sangramiento se detiene espontáneamente
en la mayoría de los casos, especialmente en la hipertensión
portal extrahepática.
- b) Vasopresina: infusión endovenosa en suero
glucosado por una vena periférica: 0.2 a 0.4 U/min por
20 a 40 min. La vasopresina produce vasoconstricción
del territorio esplácnico, con lo que disminuye la presión
portal. Como efectos colaterales, puede haber vasoconstricción
en otras áreas vasculares, como cerebro, extremidades
e intestino.
- c) Escleroterapia de emergencia: Se utiliza sólo
en las várices esofágicas (no en las gástricas).
Es recomendable hacer el procedimiento bajo la utilización
de vasopresina.
- d) Bloqueadores H2: para prevenir el sangramiento gástrico,
provocado por la gastropatía hipertensiva.
- e) Ligadura elástica de las várices por
vía endoscópica.
- f) Tratamiento quirúrgico: Se hace ante el fracaso
del tratamiento médico. Consiste en practicar una desconexión
o una anastomosis portosistémica. Ambas técnicas
tienen una alta mortalidad en la etapa de sangramiento agudo.
La técnica de ligadura directa de las várices,
que fuera utilizada durante muchos años, no debe efectuarse
porque tiene un alto porcentaje de resangramiento.
-
5b) Tratamiento preventivo de la recidiva hemorrágica:
No hay consenso sobre cual es el mejor tratamiento para disminuir
la frecuencia de hemorragias y aumentar la sobrevida. El tratamiento
y pronóstico varían dependiendo de la enfermedad subyacente.
Las alternativas terapéuticas son las siguientes:
a) Escleroterapia endoscópica: Es el tratamiento de elección.
Se usa inyección intra- o paravaricosa. Tiene muy baja
mortalidad y disminuye la recurrencia de sangramientos.
Fracaso: Sangramiento de várices gástricas o gastropatía
hipertensiva.
b) Propanolol. Es un bloqueador beta adrenérgico no selectivo.
Disminuye el gasto cardíaco y produce vasoconstricción
esplácnica. Se logra un efecto favorable con él,
al disminuir la frecuencia cardíaca en un 25%. La dosis
es de 0.5 a 3 mg/kg/día. Se administra por vía oral
y es bien tolerado. No disminuye la perfusión hepática.
c) Tratamiento quirúrgico: Debe postergarse lo máximo
posible. En casos de hipertensión prehepática mientras
más tiempo pase antes del tratamiento quirúrgico,
es mejor, por la mayor posibilidad de que se desarrollen "shunts"
espontáneos.
- Desconexión portosistémica.
- Anastomosis: Portocava, Mesocava o Esplenorrenal
distal. Este último, actualmente, es el procedimiento
de elección porque altera menos la perfusión
hepática. La complicación más frecuente
de las anastomosis es la trombosis del "shunt".
- Transplante hepático: Se ha efectuado en enfermedad
hepática avanzada, con hipertensión portal secundaria.
Esofagitis (ver capítulo 9, "Reflujo Gastroesofágico"):
La esofagitis y las ulceraciones esofágicas pueden producir
hemorragia digestiva macroscópica, con hematemesis y melena,
o bien microscópica (hemorragia oculta). La etiología
más frecuente es la esofagitis péptica, secundaria
a reflujo gastroesofágico no tratado. Otras causas son la
esofagitis infecciosa (Candida o herpes), la medicamentosa, y las
lesiones (ulceraciones) químicas producidas por la escleroterapia.
1) Sintomatología:
- Acidez y ardor (pirosis), que el enfermo localiza en el epigastrio
y en la región retroesternal.
- Regurgitaciones ácidas o vómitos, crónicos.
- Dolor retroesternal.
- Disfagia.
- Otros síntomas de reflujo gastroesofágico.
2) Diagnóstico: La sospecha de esofagitis
es esencialmente clínica. El procedimiento de elección
para confirmar la esofagitis, es la esofagoscopia con biopsia de
la mucosa esofágica.
3) Tratamiento:
- Tratamiento del reflujo gastroesofágico (ver capítulo
respectivo) y de otras causas específicas de esofagitis.
- Bloqueadores H2 (ranitidina, famotidina) o inhibidores de la
bomba de protones (omeprazol). El tratamiento debe ser prolongado
(entre dos y tres meses) y la respuesta clínica va a depender
de la intensidad de la esofagitis. Ante el fracaso del tratamiento
médico de la esofagitis péptica, debe plantearse
el tratamiento quirúrgico del reflujo gastroesofágico.
- Hemorragia digestiva: Ver capítulo de Hemorragia digestiva
alta.
Sindrome de Mallory-Weiss:
Se caracteriza por laceraciones no penetrantes de la mucosa
del esófago distal o del estómago proximal. Se presenta
después de eventos que provocan un aumento súbito
de la presión abdominal, habitualmente por vómitos,
y con menor frecuencia por náuseas, tos o convulsiones. El
reflujo gastroesofágico puede ser un factor predisponente.
Habitualmente los pacientes relatan haber presentado náuseas
y vómitos no hemáticos, que precedieron a la hematemesis.
El sangramiento puede variar desde un episodio limitado de hematemesis,
hasta una hemorragia masiva con melena y shock. El mejor método
diagnóstico es la endoscopia precoz, que permite confirmar
la presunción diagnóstica y además efectuar
una intervención terapéutica. El esófagograma,
el estudio con glóbulos rojos marcados y la angiografía
tienen una menor sensibilidad diagnóstica. En la mayoría
de los pacientes, el sangramiento se detiene espontáneamente
y aparte del apoyo hemodinámico, no se requiere de ninguna
terapia adicional. Si en el momento del examen, se comprueba la
presencia de un sangramiento activo, puede efectuarse una escleroterapia
endoscópica o una electrocoagulación. Si el sangramiento
es masivo e impide una visualización adecuada de la lesión,
se puede inyectar epinefrina en el área que la rodea, para
permitir la electrocoagulación. Muy ocasionalmente, en casos
de no poderse controlar el sangramiento, es necesario efectuar un
tratamiento quirúrgico. |
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Hemorragia Digestiva Baja |
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a) Generalidades:
Se caracteriza por la pérdida de sangre por el recto,
originada distalmente al ángulo de Treitz. Su magnitud puede
variar desde el sangramiento microscópico, hasta la hemorragia
exsanguinante. Las causas pueden separarse en dos grupos, según
se acompañen o no de diarrea (Tabla 5.2).
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Tabla 5.1
Causas de Hemorragia Digestiva Baja por grupo de edad
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A cualquiera edad
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Recién nacidos
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Lactantes |
Preescolares y escolares |
| Fisura anal |
Alergia a proteína láctea
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Divertículo de Meckel
con mucosa ectópica |
Pólipos juveniles |
| Infección enteral por
enteropatógenos (colitis infecciosas) |
Enterocolitis necrosante |
Invaginación intestinal |
Púrpura de Schönlein-Henoch
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| Colitis asociada a antibióticos
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Síndrome hemolítico
urémico |
Colitis ulcerosa |
| Malformaciones vasculares del
intestino |
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Hiperplasia nodular linfoide
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Enfermedad de Crohn |
| Poliposis familiares |
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Fiebre Tifoidea |
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Tabla 5.2
Causas de Hemorragia Digestiva Baja
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| Sin diarrea |
Con diarrea |
- Fisuras anales
- Poliposis rectales y de colon
- Poliposis familiar de Peutz-Jeghers
- Divertículo de Meckel
- Invaginación intestinal
- Púrpura de Schoenlein-Henoch
- Vólvulo intestinal
- Malformaciones intestinales
- Colitis ulcerosa
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- A. Enterocolitis infecciosa
- Bacteriana
- Parasitaria
- Colitis pseudomembranosa
- Enterocolitis necrosante
- B. Colitis no infecciosa
- Alergia a la proteína de leche de vaca
- Síndrome hemolítico urémico
- Enfermedad de Crohn
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b) Diagnóstico:
1) Historia clínica: Mientras más distal es
la lesión y mayor es la velocidad de tránsito intestinal,
más rojo es el color de la sangre eliminada. La presencia
de deposiciones formadas, mezcladas de sangre roja que se elimina
al final de la defecación, sugieren una patología
orificial; en cambio, la melena que precede a la hematoquezia o
rectorragia, en un paciente con historia compatible con patología
ulcerosa o ingestión de medicamentos ulcerogénicos,
debe hacer descartar una hemorragia digestiva alta. La constipación
y el dolor al defecar, por otra parte, sugieren la presencia de
fisuras anales.
Si la sangre acompaña a deposiciones diarreicaa, debe pensarse
en un cuadro infeccioso o inflamatorio que compromete la mucosa
intestinal (diarrea bacteriana o parasitaria, colitis pseudomembranosa,
enterocolitis necrotizante, alergia a la proteína de leche
de vaca, síndrome hemolítico urémico, enfermedad
inflamatoria intestinal).
La presencia de dolor abdominal y vómitos, debe hacer pensar
en un cuadro de subobstrucción o de obstrucción intestinal:
invaginación o vólvulo intestinal, púrpura
de Schoenlein-Henoch, etc. La presencia de fiebre sugiere un cuadro
infeccioso o una enfermedad inflamatoria intestinal.
2) Examen físico: La melanosis cutánea o de
mucosas orienta al diagnóstico de Síndrome de Peutz-Jeghers,
en cambio, la presencia de telangiectasias en labios y mucosas,
sugiere la enfermedad de Rendu-Osler.
La inspección anal externa y el tacto rectal, aportan datos
acerca de las características de las deposiciones (diarrea
y/o sangre) y pueden poner en evidencia alguna patología
orificial o rectal baja (pólipo rectal o fisura anal).
3) Sonda nasogástrica: Si al aspirar contenido gástrico
se obtiene sangre, se confirma el diagnóstico de hemorragia
digestiva alta. El líquido bilioso, sin sangre, hace improbable
el origen alto de la hemorragia
4) Métodos especiales de diagnóstico:
a) Rectosigmoidoscopia: Es el primer procedimiento que debe efectuarse
ante la sospecha de una hemorragia digestiva baja. Permite una buena
visión del recto y de parte del sigmoides, donde se encuentran
la mayor parte de las lesiones que provocan rectorragia (pólipos
rectales, rectosigmoiditis, colitis ulcerosa). Permite obtener muestras
para estudio de contenido fecal (examen parasitológico directo,
coprocultivo), y tomar biopsias para estudio histológico.
b) Fibrocolonoscopia: Es el procedimiento de elección en
los casos de hemorragia digestiva baja con rectosigmoidoscopia normal.
Además de lograrse una visión completa del colon,
permite ver parte del íleon, mediante una ileoscopia retrógrada,
y realizar técnicas diagnósticas como las descritas
anteriormente en la letra A (rectosigmoidoscopia), así como
técnicas terapéuticas como polipectomía y electrocoagulación.
La colonoscopia no impide estudios posteriores con bario o estudios
angiográficos.
c) Cintigrafía con tecnecio marcado (pertecnectato de Tc
99m): Es el examen de elección ante la sospecha de divertículo
de Meckel sangrante. Se basa en que el divertículo de Meckel
que sangra se encuentra tapizado casi siempre (90% de los casos)
por mucosa gástrica heterotópica, que concentra el
radioisótopo. Similar es la situación de la duplicación
intestinal con áreas de mucosa gástrica heterotópica.
d) Estudio cintigrafico con globulos rojos marcados: El uso de
glóbulos rojos marcados con pertecnectato de Tc 99m permite
detectar hemorragias activas de hasta 0.1 ml/min (5 veces más
sensible que la angiografía). No permite establecer la causa
del sangramiento, pero sí su localización aproximada,
orientando al endoscopista, angiografista, o cirujano.
e) Estudio angiográfico: Tiene indicación cuando
la hemorragia es masiva, pues, para tener rendimiento, requiere
que la velocidad de sangramiento sea superior a 0.5 ml/min. Habitualmente
no demuestra etiología, sino que sólo la cuantía
y localización del sangramiento (salvo en casos de malformaciones
vasculares.
f) Enteroscopia: Permite ver lesiones intestinales altas, distales
al ligamento de Treitz, que no han podido ser demostradas con los
procedimientos anteriores.
g) Estudio radiológico: Si los estudios cintigráficos
o angiográficos no son posibles, como tampoco la derivación
del paciente a un centro terciario, el tránsito de intestino
delgado y el enema baritado pueden aportar alguna información
útil para una decisión terapéutica.
c) Tratamiento:
El manejo del paciente con hemorragia digestiva baja varía
de acuerdo a la magnitud del sangramiento y a la etiología.
1) Pacientes estables o con sangramiento crónico: Debe
hacerse un estudio etiológico de acuerdo a los métodos
diagnósticos descritos. El tratamiento dependerá de
la causa de la hemorragia.
2) Pacientes hemodinámicamente inestables o con hemorragia
masiva: Deben estudiarse hospitalizados, idealmente en la unidad
de Cuidados Intensivos, durante la fase de la estabilización
hemodinámica. La vasopresina, colocada mediante una infusión
endovenosa en solución glucosada, por una vena periférica,
detiene la hemorragia en un alto porcentaje de los casos, y aunque
su efecto es transitorio, permite completar el estudio. La dosis
es de 0.2 a 0.4 U/min por 20 a 40 min. Produce vasoconstricción
del territorio esplácnico. Debe usarse con cautela, porque
puede producir vasoconstricción de otras áreas vasculares,
tales como cerebro, extremidades e intestino.
Alergia a proteina lactea:
Es un cuadro relativamente frecuente que se ve en el recién
nacido o lactante que ha recibido fórmulas artificiales.
Se ha descrito muy rara vez en niños alimentados al pecho,
en los cuales el antígeno podría pasar a través
de la leche materna. Su presentación suele ser monosintomática,
de mínima repercusión en el paciente, y autolimitada.
Sin embargo provoca considerable ansiedad en los padres. Las deposiciones
suelen ser de consistencia normal o ser algo disgregadas, con mucosidades,
y contienen gotas o estrías de sangre fresca o pequeños
coágulos. Rara vez, estos niños presentan, además,
eccema, dolor abdominal cólico, distensión abdominal
y vómitos. El diagnóstico es difícil de confirmar
con exámenes de laboratorio, de manera que, cuando se sospecha
el cuadro, y una vez descartados los agentes infecciosos, se puede
suspender la fórmula láctea, con lo que debieran desaparecer
los síntomas. Para reemplazar la fórmula láctea
se puede usar fórmulas de soya. La reintroducción
de la leche debe hacerse con cautela, ojalá meses más
tarde, vigilando la aparición de cualquiera manifestación
adversa. En oportunidades en que se ha realizado biopsia endoscópica
a estos pacientes, se confirma la inflamación inespecífica
en el colon distal.
Sindrome hemolítico urémico (SHU):
Esta entidad consiste en una vasculitis que se manifiesta, clásicamente
por anemia hemolítica, trombocitopenia e insuficiencia renal
aguda. El cuadro clínico es precedido habitualmente por un
síndrome diarréico agudo, con fiebre, dolor abdominal,
vómitos y deposiciones alteradas, generalmente con sangre.
Después de algunos días de iniciado el cuadro diarréico,
aparece palidez y oliguria o anuria, y el hemograma muestra una
trombocitopenia y una anemia hemolítica. El sangramiento
masivo es una complicación ocasional del síndrome.
Las causas más frecuentes del SHU son infecciones por bacterias
patógenas, particularmente la Escherichia coli
0157:H7, aunque también puede ser producido por Shigella
y otros agentes. En el tratamiento, el elemento más importante
a considerar es el manejo de la insuficiencia renal.
Fisura anal (ver capítulo 1, "Constipación"):
Constituye una causa muy frecuente de hemorragia digestiva a
cualquiera edad. Se asocia habitualmente a constipación y,
con menos frecuencia, a diarrea. El sangramiento es escaso, en forma
de estrías o gotas de sangre roja, que se eliminan con la
deposición, o después de defecar, y se acompaña
de dolor anal. El diagnóstico se hace por la simple inspección
anal y el tratamiento consiste en corregir el tránsito intestinal
y en mantener una higiene perianal adecuada, con lo cual la fisura
mejora rápidamente en la mayoría de los casos. Si
no cicatriza luego, pasa a constituír una causa de constipación
por retención voluntaria de deposiciones por el dolor.
Pólipos rectales:
Junto con la fisura anal, constituyen una de las causas más
frecuentes de hemorragia digestiva en el niño. Son lesiones
prominentes de la superficie de la mucosa rectal, muy frecuentes
(se pueden encontrar en el 1% de los preescolares o escolares),
y benignas (ha habido comunicaciones aisladas que informan del desarrollo
de un adenocarcinoma a partir de un pólipo juvenil, pero
esta complicación es excepcional). Generalmente son únicos,
aunque pueden ser numerosos y se localizan en la región rectosigmoidea,
especialmente en los últimos centímetros del recto.
El cuadro clínico es muy típico. Se presenta en niños
mayores de 2 años y se caracteriza por la eliminación
indolora de pequeñas cantidades de sangre fresca, a veces
con coágulos, al final de la defecación. Muy excepcionalmente
el sangramiento es masivo y puede conducir a la anemia aguda. Su
crecimiento es autolimitado, ya que al aumentar su tamaño
no aumenta en igual forma su irrigación, lo que lleva a la
amputación espontánea y a la eliminación del
pólipo. El tratamiento es la resección endoscópica,
para prevenir nuevos sangramientos. Cuando los pólipos son
numerosos, debe hacerse el diagnóstico diferencial con las
poliposis hereditarias (poliposis familiares y Enfermedad de Peutz-Jeghers).
En la poliposis familiar existen pólipos adenomatosos en
el colon que presentan tendencia a la malignización. En el
Sindrome de Peutz-Jeghers existen hamartomas que se localizan en
cualquier parte del tubo digestivo. El diagnóstico se sospecha
por la presencia de manchas melánicas en labios y mucosa
bucal.
Divertículo de Meckel :
Es un cuadro mucho menos frecuente que los analizados anteriormente.
El cuadro clínico constituye con frecuencia una emergencia
médica, pues provoca hemorragias masivas, con anemia aguda
y shock. La sangre eliminada presenta con frecuencia las características
de hematoquezia, es decir una mezcla entre melena y rectorragia.
Es la causa más frecuente de sangramiento digestivo grave
en lactantes previamente sanos, sin síntomas de obstrucción
intestinal.
Ante la sospecha de este cuadro, debe efectuarse un estudio cintigráfico
con tecnecio marcado, que es captado por la mucosa gástrica
heterotópica del divertículo sangrante. Si la historia
clínica es característica y no se dispone de este
procedimiento, debe recurrirse a la laparotomía exploratoria
para su confirmación y tratamiento, que es siempre quirúrgico.
Invaginación intestinal:
Constituye una causa frecuente de hemorragia digestiva en lactantes,
especialmente en los menores de un año.
A diferencia del divertículo de Meckel, en el cual el sangramiento
no va acompañado por síntomas de obstrucción
intestinal, en este caso sí hay un síndrome de obstrucción
intestinal, con dolor abdominal habitualmente intenso, intermitente,
acompañado de vómitos. En las primeras 24 horas de
iniciado el cuadro doloroso, aparecen deposiciones frecuentes con
mucosidades y sangre de color rojo obscuro (con aspecto de "jalea
de grosella")
Con fines de diagnóstico y tratamiento, la enema baritada
permite visualizar la detención del medio de contraste en
el sitio de la invaginación, que generalmente es la región
ileocólica, y en los casos de corta duración, reducirla.
También se puede efectuar la reducción con aire. Si
no se logra la reducción con este procedimiento, debe practicarse
la intervención quirúrgica inmediata. |
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