| Bibliografía |
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Definición |
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La hepatitis crónica se define como la presencia
de un proceso inflamatorio difuso del hígado, causado por distintas
etiologías, que se prolonga por 6 meses o más. Sin embargo,
no es necesario esperar 6 meses en el curso clínico de un paciente
para hacer el diagnóstico. Por el contrario, el diagnóstico
precoz puede tener implicancias en el pronóstico. La denominación
de hepatitis crónica se fundamenta en criterios histológicos
específicos y por lo tanto la biopsia hepática es un
examen indispensable para establecer este diagnóstico. |
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Clasificación |
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De acuerdo a sus alteraciones histológicas,
la hepatitis crónica se clasifica en:
- Hepatitis crónica persistente
- Hepatitis crónica lobulillar
- Hepatitis crónica activa
Esta clasificación tiene importancia en el pronóstico,
ya que las dos primeras formas histológicas, en general,
no evolucionan hacia la cirrosis, a diferencia de la hepatitis crónica
activa, en especial aquélla con alteraciones intensas, que
con mucha frecuencia evoluciona a la cirrosis hepática (80%
de los casos). Sin embargo, cada forma histológica no es
una entidad propia, ya que distintas etiologías pueden producir
un daño histológico similar.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el aspecto histológico
puede variar de un sector a otro del hígado y una biopsia
pequeña por punción puede no reflejar la realidad
de todo el tejido hepático. Estas lesiones histológicas
no son estáticas y varían habitualmente, en una u
otra dirección, con la evolución espontánea
de la enfermedad o por efecto de la terapia. Estas observaciones
enfatizan la necesidad de correlacionar los antecedentes clínicos,
bioquímicos y serológicos con las lesiones histopatológicas
al momento de la decisión diagnóstica.
Hepatitis Crónica Persistente:
Se caracteriza por infitrado inflamatorio leve en los tractos
portales, mientras que la arquitectura lobular y la placa limitante
están conservadas. La mayoría de los pacientes son
asintomáticos y tienen una elevación discreta de
las transaminasas.
Hepatitis Crónica Lobulillar:
Se manifiesta con rasgos de hepatitis aguda con inflamación,
extendiendose dentro del lobulo, con necrosis aislada de hepatocitos;
la placa limitante está intacta. En estos pacientes, la
fatiga y la anorexia son comunes; se alternan las remisiones y
las recaídas. Hay marcada elevación de las transaminasas
Hepatitis Crónica Activa:
En ella existe un infiltrado inflamatorio crónico,
que expande las áreas portales y se extiende a los lóbulos,
con erosión de la placa limitante y aparición de
fibrosis. La sintomatología es variable: ictericia fluctuante,
gran elevación de transaminasas, colestasia en ocasiones.
Hay disminución en la albúmina sérica y de
la protrombina. Hay evidencia de hipertensión portal en
las etapas avanzadas
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Etiología |
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Las causas más frecuentes de hepatitis crónica
pueden dividirse en 4 grupos: virales (virus B y C de la hepatitis),
autoinmune, drogas (isoniazida, nitrofurantoína, metildopa,
etc.), y enfermedades metabólicas (fibrosis quística,
enfermedad de Wilson, deficiencia de a1 antitripsina). La tabla
1 resume las diferentes etiologías de la hepatitis crónica.
Tabla 7.1
Causas de Hepatitis Crónica
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1. Viral
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2. Autoinmune
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3. Por drogas
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4. Secundaria a Enfermedades Metabólicas
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- (VHB) Virus de la hepatitis B
- (VHC) Virus de la hepatitis C
- (VHD) Virus de la hepatitis D
- Citomegalovirus
- Virus de Epstein Barr
- Virus de la Rubéola
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- i. Tipo clásico (ANA+, SMA+)
- ii. Tipo LKM (LKM+)
- iii. Tipo SLA (SLA+)
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- isoniazida
- nitrofurantoina
- metildopa
- oxifenisatina
- ketoconazol
- clometasina
- dantrolene
- antitiroídeos
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- Fibrosis Quística
- Deficiencia de alfa-1 antitripsina
- Enfermedad de Wilson
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Cuadro Clínico |
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La hepatitis crónica puede tener diferentes
formas de presentación:
1. Comienzo agudo, muy similar al de una hepatitis viral aguda.
2. Comienzo insidioso, con síntomas generales (dolor abdominal,
astenia, adinamia, pérdida de peso), que preceden o acompañan
a la aparición de ictericia y alteraciones en el examen
físico, propias del daño hepático crónico
(hepatomegalia, esplenomegalia, arañas vasculares, circulación
colateral superficial, palma hepática y ascitis). En los
casos de hepatitis crónica activa, pueden haber además
manifestaciones extrahepáticas (acné, amenorrea,
artritis, dermatitis, colitis, nefritis inespecífica, tromboflebitis,
anemia hemolítica y otras). Posteriormente pueden aparecer
síntomas de insuficiencia hepática.
3. Asintomática, con signos en el examen físico
o alteraciones de laboratorio propios de daño hepático
crónico.
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Diagnóstico |
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El diagnóstico de hepatitis crónica
debe sospecharse, en casos de: compromiso inexplicable del estado
general, con presencia de decaimiento, astenia, adinamia, y baja
de peso, en pacientes con antecedentes o presencia de ictericia
o encefalopatías; hallazgos en el examen físico de:
hepatomegalia, esplenomegalia, o de estigmas de daño hepático
crónico; antecedente o presencia de factores etiológicos
como ingestión de drogas, transfusiones, patologías
autoinmunes, etc; alteraciones de laboratorio, como aumento de transaminasas,
o de gama glutamiltransferasa, hipoprotrombinemia, hiperbilirrubinemia
de predominio directo, hipoalbuminemia o hipergamaglobulinemia.
La biopsia hepática por punción confirma el diagnóstico,
muestra el grado de actividad necroinflamatoria, tiene valor pronóstico
y en algunos casos, puede sugerir la etiología. En casos
de trastornos muy acentuados de la coagulación, que contraindican
la biopsia percutánea, se puede practicar la biopsia transyugular.
El estudio de las posibles etiologías debe ser individualizada
de acuerdo a los antecedentes clínicos, aspectos epidemiológicos,
historia familiar y hallazgos histopatológicos. A continuación
se esbozan los elementos clínicos centrales de algunas causas
de hepatitis crónica, asi como de su diagnóstico y
tratamiento. |
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Tipos de Hepatitis Crónica |
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Hepatitis Viral Crónica:
Una hepatitis crónica asociada a infección por
HBV y HCV ocurre en aproximadamente en 10% y 50%, respectivamente.
La prevalencia de HDV en niños con antígeno de superficie
positivo para HVB es alrededor de 13%. El daño hepatocelular
es mediado por una respuesta inmune celular dirigida contra antígenos
virales expresados en la membrana celular del hepatocito. Este mecanismo
final es compartido con otras formas de hepatitis crónica,
resultando en lisis de hepatocitos, mediado por daño celular
antígeno específico. La evolución a la cronicidad
puede estar influenciada por un estado inmune anormal del huésped,
el uso concomitante de esteroides, o la adquisición del virus
en cuestión en forma temprana en la niñez. Los niños
con hepatitis viral crónica presentan un amplio espectro
de anormalidades clínicas y bioquímicas, variando
desde la forma asintomática hasta la hepatitis grave o la
portación crónica. El diagnóstico se basa en
los elementos clínicos, la histopatología y la serología
viral (ver capítulo de hepatitis aguda). Los resultados obtenidos
en estudios terapéuticos preliminares, con alfa interferón,
en niños con hepatitis crónica activa B ó C,
demuestran una remisión de la enfermedad aproximadamente
en la tercera parte de los casos, pero la recurrencia al suspender
el tratamiento es alta. El tratamiento con alfa interferón
puede ser efectivo en pacientes seleccionados que tienen hepatitis
B crónica (HBeAg+, HBV DNA, y con SGPT superior a 2 veces
los valores normales). El alfa interferon en HCV se asocia con mejoría
en 50% de los pacientes, pero sólo un 25% de ellos mantienen
la remisión después de completado el tratamiento.
El tratamiento con esteroides puede agravar el curso clínico
e incrementar la mortalidad. Las complicaciones más temidas
son cirrosis (3 20% en HBV y 20% en HCV) y hepatocarcinomas. El
HDV incrementa el riesgo de cirrosis pero no está clara su
relación con hépatocarcinoma.
Hepatitis Autoinmune:
La hepatitis autoinmune en Pediatría afecta principalmente
a mujeres adolescentes. En su patogenia se encuentran implicados
cierta predisposición genética (individuos HLA B8
y HLA DR3) y elementos de autoinmunidad evidenciado por la presencia
de autoanticuerpos (antinucleares, ANA; antim?sculo liso, SMA; antimicrosoma
de hígado y riñón, LKM; antiantígeno
soluble hepático, SLA) y defectos en inmunorregulación
celular. La presentación clínica puede tener cualquiera
de las 3 formas descritas para hepatitis crónica en general.
El diagnóstico se basa en los elementos histopatológicos
descritos previamente, más la presencia de: elementos clínicos
de autoinmunidad extrahepática, elevación de la fracción
gama de las proteínas séricas (gama-globulinas), y
presencia de auto anticuerpos circulantes (ANA, SMA, KLM, SLA).
Se han descrito otros anticuerpos en adultos, asociados con entidades
clínicas específicas (anticuerpos antimitocondriales
en cirrosis biliar primaria), pero no han sido descritos casos pediátricos
a la fecha. La terapia médica con inmunosupresores (esteroides
solos o en combinación con azatioprina) puede mejorar la
sobrevida, pero los esquemas actualmente disponibles no previenen
el desarrollo a cirrosis y sus complicaciones. Inicialmente se puede
observar mejoría en los síntomas clínicos y
exámenes de laboratorio, pero con un alto porcentaje de recaídas
al discontinuar los medicamentos, lo que obliga a terapias prolongadas
por años con los subsecuentes efectos colaterales. Para aquellos
pacientes que progresan a cirrosis y falla hepática, el transplante
hepático es la única alternativa.
Hepatitis Crónica Asociada a Drogas:
Aunque muchas drogas pueden causar alteraciones en la enzimas
hepáticas, reflejando daño hepatocelular o colestásico,
solamente 4 drogas han sido asociadas definitivamente con el desarrollo
de hepatitis crónica: metildopa, oxifenisatina, nitrofurantoína
e isoniazida. Es probable que en individuos genéticamente
predipuestos (HLA B8, HLA DR3), estas drogas act?en como autoantígenos,
desencadenando una respuesta inmune celular análoga a la
que ocurre en hepatitis autoinmune (autoantígenos) o en hepatitis
virales (antígenos virales). Los antecedentes clínicos
son el elemento central en el diagnóstico de esta forma de
hepatitis crónica, simultáneamente con la mejoría
en los síntomas y la presencia de marcadores bioquímicos
de inflamación, observados al discontinuar el presunto medicamento
involucrado en la patogenia.
Fibrosis Quística:
La fibrosis quística es la enfermedad genética
letal más frecuente en individuos del grupo étnico
caucásico. Se hereda en forma autosómica recesiva,
generando una disfunción generalizada en el sistema glandular
exocrino, que afecta a los sistemas: gastrointestinal, respiratorio,
hepatobiliar y reproductivo. Los elementos centrales de la enfermedad
son: el daño pulmonar crónico responsable de la mayor
morbilidad y mortalidad, y la insuficiencia pancreática,
con su correspondiente malabsorción y compromiso nutricional.
Sin embargo, hasta un 50% de los pacientes presentan complicaciones
hepatobiliares, incluyendo hepatitis crónica y, en un 5%,
cirrosis. La sospecha clínica debe documentarse con un estudio
de electrolitos del sudor. El tratamiento de esta compleja enfermedad
es multisistémico, involucrando especialistas de diversas
áreas. Sin embargo la hepatitis crónica que se presenta
en la fibrosis quística no tiene tratamiento específico
a la fecha.
Déficit de alfa-1-antitripsina:
La alfa 1 Antitripsina es una alfa 1 globulina sintetizada en
los hepatocitos y normalmente secretada al suero, donde inhibe a
un conjunto de enzimas proteolíticas tales como tripsina,
quimiotripsina, elastasa, colagenasa y uroquinasa. Los niños
con esta enfermedad presentan bajos niveles de alfa 1 Antitripsina
en el suero, lo que se relaciona con múltiples formas de
daño hepático incluyendo hepatitis crónica,
colestasia neonatal y cirrosis. En adultos se ha asociado a enfisema
pulmonar. El daño hepático se produce no por el déficit
de la proteina circulante, sino por su anormal acumulación
en el parénquima hepático. La estructura de la proteína,
que está estrechamente asociada a la capacidad para ser excretada
desde el hepatocito a la sangre y por lo tanto al compartimento
sérico de ella, está determinada por un complejo sistema
de alelos. La biopsia hepática puede mostrar elementos característicos
(glóbulos PAS+, resistentes a la digestión con diastasa).
El diagnóstico puede ser sospechado en ausencia de alfa 1
globulinas en la electroforesis de proteinas séricas, pero
debe ser documentado con la determinación de los niveles
séricos de alfa 1 Antitripsina. Debido a falsos positivos
en inflamaciones o infecciones sistémicas, el diagnóstico
final se realiza con el estudio del fenotipo proteico (fenotipo
Pi). El tratamiento es inespecífico y el transplante hepático
es la única cura conocida.
Enfermedad de Wilson:
La enfermedad de Wilson es una rara enfermedad autosómico
recesiva del metabolismo del cobre, que resulta en una excesiva
acumulación de este metal en el hígado y otros tejidos.
La mayoría de los afectados presentan síntomas antes
o durante la adolescencia, pero no antes de los 7 8 años
de edad. El defecto primario es una mutación única
en un gene que participa en la regulación del transporte
hepático de cobre. La enfermedad tiene múltiples presentaciones
clínicas, siendo la más común la hepatitis
crónica en cualquiera de las variedades descritas anteriormente.
Una vez saturado el hígado de cobre, se produce liberación
masiva de cobre a la circulación, lo que se manifiesta clínicamente
por hemólisis y signos de hepatitis aguda. Finalmente, el
exceso de cobre se deposita en tejidos extra hepáticos tales
como los núcleos basales del sistema extrapiramidal, la región
límbica de la córnea, huesos, articulaciones, y riñones.
El diagnóstico debe ser sospechado en niños mayores
y adolescentes que presentan disfunción hepática asociada
o no con alteraciones neurológicas, psiquiátricas,
esqueléticas, hematológicas o renales. El diagnóstico
definitivo se basa en la presencia de la histopatología hepática
característica, aumento de la cantidad de cobre hepático
en la biopsia, disminución de la céruloplasmina en
el plasma (una de las proteínas transportadoras de cobre),
y aumento en la excreción de cobre urinario. La importancia
del diagnóstico precoz se fundamenta en la existencia de
un tratamiento altamente eficaz, basado en el uso de quelantes de
cobre (D penicilamina, trientine) y en una dieta pobre en cobre
de por vida. El transplante hepático es la única alternativa
para los pacientes con daño hepático terminal o hepatitis
fulminante. |
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