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Concepto y magnitud del problema |
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La constipación (o estreñimiento)
puede definirse como la retención anormal de materias fecales,
lo cual se manifiesta clínicamente por eliminación
de deposiciones aumentadas de consistencia, que causan molestia
o dolor al paciente. La constipación debe considerarse como
un síntoma secundario a una amplia variedad de trastornos.
La frecuencia con que distintos niños evacúan su
intestino es muy variable. En algunos, la defecación se produce
una o más veces al día, mientras que en otros ocurre
cada dos o más días. En este último caso no
se puede hablar de constipación si las deposiciones son de
consistencia normal. Se considera que un niño es constipado,
aunque tenga deposiciones diarias, si éstas son duras o insuficientes,
y persiste materia fecal en el recto. En recién nacidos y
lactantes alimentados al pecho materno, aún cuando puedan
pasar en ocasiones varios días entre una evacuación
y otra, la deposición es siempre fluída, (y tiene
otras características típicas, tales como color amarillo
oro, pH ácido, emisión explosiva, etc.)
Los factores más importantes que afectan la frecuencia de
las deposiciones son la edad y la dieta.
1. Edad: La frecuencia de las evacuaciones varía con la
edad, disminuyendo progresivamente desde un promedio de 4 deposiciones/día
en la primera semana hasta una deposición cada 24-48 horas
en el niño mayor. La disminución de la frecuencia
de la defecación con la edad, se correlaciona con un aumento
del tiempo de tránsito intestinal: éste es de aproximadamente
8 horas en las primeras semanas de vida y llega a 26 horas, entre
los 3 y los 13 años de edad.
2. Dieta: La frecuencia y consistencia de las evacuaciones y el
tiempo de tránsito intestinal, están también
muy influenciados por la cantidad de fibra de la dieta: las dietas
ricas en fibra, producen deposiciones más frecuentes, más
blandas y un tiempo de tránsito intestinal más corto
(la fibra dietética, influye también en la consistencia
de las deposiciones: las dietas ricas en fibra, producen deposiciones
blandas). Por el contrario, las deposiciones duras y secas, son
características de las dietas con escaso contenido en fibra.
Típicamente, el niño alimentado al pecho materno presenta
normalmente deposiciones fluídas, frecuentes e incluso explosivas,
debido a la presencia de una alta concentración de lactosa
en la leche humana.
La constipación es muy frecuente en la infancia, y de acuerdo
a distintas publicaciones, puede estimarse que constituye el motivo
de consulta de un 15-30% de los niños referidos al gastroenterólogo
infantil. En nuestro Consultorio de Gastroenterología Infantil
Ambulatoria, casi un tercio de todas las consultas son por constipación.
Generalmente, durante los primeros 2 años de vida, la familia
suele sobreestimar el problema y tiende a efectuar por cuenta propia
tratamientos caseros ante lo que creen que es constipación.
En el niño mayor en cambio, tiende a ocurrir el fenómeno
contrario, ya que muchas veces esta patología se subestima
y el paciente llega a la consulta médica muy tardíamente,
con las complicaciones propias de la constipación crónica. |
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Fisiología de la defecación |
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El ciego recibe del íleon terminal un volumen variable
de contenido intestinal, cuya cantidad está influenciada
por la cantidad de fibra de la dieta. Este contenido progresa lentamente
por el colon, a una velocidad tal que permite la absorción
del exceso de agua, de electrolitos y de algunos nutrientes. De
esta forma se va constituyendo el bolo fecal, cada vez más
espeso, que finalmente queda retenido en el sigmoides. Una o dos
veces al día, se vacia materia fecal desde el sigmoides hacia
el recto, el que en condiciones de reposo se encuentra vacío.
La consistencia de las deposiciones a nivel rectal es tal que permite
su eliminación controlada. Una vez que las deposiciones han
llegado al recto, la continencia anal se logra fundamentalmente
por los siguientes mecanismos: la contracción mantenida del
esfínter anal interno, que está formado por un engrosamiento
de la capa circular de la musculatura lisa del recto; la contracción
del esfínter anal externo, constituído por musculatura
estriada; y por último, la existencia de un ángulo
formado por los ejes del canal anal y del recto. Este ángulo
se acentúa por la contracción de algunos músculos
del piso pelviano, entre los cuales, el más importante es
el elevador del ano. Cuando llega una cantidad suficiente de deposiciones
al recto, se distiende su pared, y en ese momento el individuo adquiere
la sensación de plenitud rectal. Al mismo tiempo, y en forma
refleja, se provoca una contracción de la musculatura longitudinal
del recto, que aumenta la actividad propulsiva rectal y simultáneamente
se produce una relajación del esfínter anal interno;
este es el reflejo recto-anal o recto-esfinteriano, cuya indemnidad
constituye un factor muy importante en el acto de la defecación.
Como consecuencia de este reflejo, la masa fecal desciende, y distiende
el canal anal, lo que genera la sensación de urgencia defecatoria.
En ese momento, la defecación puede ayudarse en forma voluntaria,
mediante la relajación de la musculatura del piso pelviano
y del esfínter anal externo, y elaumento de la presión
abdominal, por contracción del diafragma y de losmúsculos
de la pared del abdomen. Por otro lado, la defecación también
puede impedirse voluntariamente, al contraer el esfínter
anal externo y los músculos del piso pelviano, lo que ocluye
el canal anal. Si esto ocurre, las deposiciones ascienden, el recto
se relaja, acomodándose a este nuevo volumen, y desaparece
el deseo de defecar, hasta que se produzca un nuevo incremento de
la masa fecal. Si la defecación se impide voluntariamente
en forma repetida, el recto se hace más tolerante al contenido
de las deposiciones, disminuye su capacidad propulsiva y aumenta
el umbral que genera el reflejo recto-anal. Ésta es una causa
muy frecuente de estreñimiento crónico. En resumen,
podemos decir que, para que se produzcan evacuaciones normales,
es necesario que se cumplan varias condiciones:
1) Debe existir un volumen adecuado de materia fecal, que estimule
la actividad propulsiva del colon y recto. Este volumen puede
incrementarse aumentando el volumen de fibra de la dieta.
2) Debe existir una normalidad anatómica y de la función
motriz del colon y del recto, que permitan un transporte eficiente
del bolo fecal.
3) Debe producirse un funcionamiento correcto del reflejo recto-esfinteriano.
4) Por último, es fundamental la participación
voluntaria del individuo, que ayude en el momento de la expulsión
fecal.
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Fisiopatología y cuadro clínico |
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De acuerdo a la evolución clínica, la constipación
puede ser de curso agudo o crónico.
La constipación aguda se asocia con frecuencia a
cambios bruscos en el hábito de alimentación, a enfermedades
febriles, intervenciones quirúrgicas o lesiones anorrectales.
En estos casos los factores desencadenantes son: la falta de ingestión
de líquidos o de fibra en la dieta, las pérdidas hídricas
por vómitos, fiebre y el reposo en cama por enfermedades
prolongadas . En el caso de las lesiones anorrectales (fisuras,
erosiones), se produce retención voluntaria por dolor anal.
Si la constipación es de corta duración, la pared
rectal mantiene un tono normal, y la defecación puede reiniciarse
sin problemas ya sea espontáneamente o con el uso de medicamentos
apropiados. Sin embargo, como consecuencia de la persistencia del
problema por varios días, y por la eliminación de
deposiciones muy aumentadas en su diámetro y consistencia,
suelen producirse fisuras anales, que por espasmo esfinteriano secundario
al dolor, pueden provocar una constipación crónica,
que no mejorará mientras no cicatrice la fisura.
En la constipación crónica, cualquiera sea
su etiología, se van produciendo una serie de eventos fisiopatológicos
que dan origen a síntomas muy variados. Las evacuaciones
dolorosas provocan retención fecal voluntaria para evitar
el dolor. El recto permanece ocupado en forma permanente y las deposiciones
retenidas se van endureciendo por reabsorción de agua y dan
origen a un fecaloma que va creciendo tanto en diámetro como
en longitud. La pared rectal permanece muy distendida y va perdiendo
la capacidad de contraerse en forma efectiva, lo que aumenta la
retención fecal. Simultáneamente con el crecimiento
del fecaloma, se produce una dilatación del recto y del colon,
llegándose a constituír un megarrecto y un megacolon,
cuyo tamaño dependerá del grado y del tiempo de obstrucción.
La obstrucción mecánica ocasionada por el fecaloma,
puede provocar dolor y distensión abdominal, simulando a
veces un cuadro de abdomen agudo, o de masa abdominal. La presentación
como dolor abdominal recurrente es también frecuente.. La
eliminación de deposiciones grandes y duras, provoca fisuras
anales que se manifiestan clínicamente por dolor y sangramiento
anal; el dolor aumenta la retención fecal voluntaria. Finalmente,
la masa fecal retenida, entreabre el canal anal, y se produce escurrimiento
fecal involuntario, que el paciente no percibe y que es interpretado
como encopresis en el niño ya entrenado (usualmente mayor
de 4 años). |
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Causas de constipación crónica |
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La mayoría de las causas de constipación son funcionales,
es decir sin lesiones orgánicas demostrables y sólo
un pequeño grupo presenta una enfermedad orgánica
(Tabla 1).
Tabla 1
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| A. Sin alteraciones orgánicas demostrables
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| B. Secundaria a enfermedad orgánica. |
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Constipación No orgánica |
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Etiopatogenia:
En la mayoría de los pacientes con constipación crónica
(90-95%), no es posible identificar una causa orgánica subyacente.
En algunos casos, es posible señalar algunos factores ambientales,
que pueden iniciar el cuadro o bien mantenerlo. Una enfermedad prolongada,
que obligue a permanecer en reposo estricto; la utilización
de una dieta inadecuada, con escaso contenido de fibra; un entrenamiento
muy precoz y coercitivo del esfínter anal; la dificultad
para acceder a servicios higiénicos adecuados, etc., todos
ellos pueden provocar una dificultad en las evacuaciones o una retención
voluntaria por dolor, lo que produce una distensión del recto,
con pérdida de la sensibilidad rectal y del deseo de defecar.
Todas estas alteraciones pueden acentuarse si se producen fisuras
anales que aumentan el dolor anal, generándose un círculo
vicioso, que lleva a la retención fecal progresiva, con la
formación de un fecaloma.
En el desarrollo de una constipación crónica no orgánica,
parece ser importante también la predisposición genética.
En muchos de estos niños, hay una tendencia a la constipación
desde el primer año de vida, antes de que puedan influir
factores dietéticos o de entrenamiento del esfínter
anal, y en ellos suele haber además una historia familiar
positiva; también se ha observado una concordancia para constipación
6 veces mayor en gemelos univitelinos que en bivitelinos. Estos
hechos determinan que exista una predisposición genética
para esta afección, aunque en muchos casos no puede descartarse
como factor confundente la existencia de determinados estilos de
vida compartidos por todo el grupo familiar (ej.: alimentación
con escasa fibra).
Diagnóstico y Tratamiento:
La mayoría de los pacientes con constipación no orgánica
crecen normalmente y lucen sanos. Su examen abdominal es generalmente
normal, aunque es posible obtener alguna idea sobre el grado de
retención de deposiciones. Es importante inquirir en los
pacientes sobre el uso de ciertos medicamentos, ya que hay varios
de ellos que al ser utilizados por períodos prolongados,
pueden provocar constipación. Ellos son: antiácidos
(compuestos de calcio y aluminio), anticolinérgicos (descongestionantes
y antiespasmódicos), anticonvulsivantes, antidepresivos,
bismuto, diuréticos, hematínicos (especialmente el
hierro), opiáceos y algunos tranquilizantes.
Aunque los recién nacidos y lactantes menores alimentados
al pecho, que tienen deposiciones infrecuentes, no presentan realmente
constipación ya que las heces no son duras, es necesario
en ocasiones tomar medidas terapéuticas ya que estos niños
suelen experimentar cólico infantil. Éste probablemente
se debe a hipertonía temporal del esfínter anal, que
ocurre por razones desconocidas, y que lleva a que el niño
puje constante e inefectivamente. Puede ser útil, en esta
situación usar una sonda rectal para favorecer la apertura
del esfínter, la que también puede hacerse con una
maniobra suave de tacto rectal con el dedo meñique. En el
hogar, pueden usarse juiciosamente supositorios de glicerina con
el mismo objetivo.
El diagnóstico descansa en los elementos clínicos
positivos y la exclusión de las causas orgánicas en
base a la historia y examen físico. Se ha sugerido que todo
paciente con constipación crónica debiera tener un
examen de orina completo y urocultivo, porque un número significativo
de estos niños tienen infecciones urinarias recurrentes.
Una radiografía abdominal puede identificar la extensión
de una impactación fecal y puede ser útil en el seguimiento
del paciente, pero el mismo objetivo puede lograrse con un cuidadoso
examen físico.
El tratamiento tiene que ser prolongado, especialmente si hay presencia
de fecaloma, en cuyo caso debe prolongarse por más de un
año, pues el colon y el recto se demoran mucho en normalizar
su función. Se deben discontinuar aquellos medicamentos que
puedan tener un rol en la génesis del problema. Parte importante
del tratamiento debe estar enfocado en la educación de aspectos
dietéticos y de comportamiento. El objetivo del tratamiento
es mantener el recto desocupado, y esto se puede lograr con las
siguientes medidas:
1) Desimpactación y vaciamiento del fecaloma: Ningún
régimen dietético ni medicamentoso puede mejorar la
constipación si no se desocupa el colon previamente. Una
posibilidad es utilizar enemas evacuantes diarios de una solución
de NaCl al 9%o (20-30 cc/kg de peso). Si el fecaloma es demasiado
voluminoso, puede ser necesaria la hospitalización del paciente
para practicar una proctoclisis o sifonaje. Algunos niños
con impactación fecal refractaria pueden ser tratados con
el uso oral de soluciones de polietilenglicol por vía oral
o nasogástrica por 6 a 8 horas. Si se requiere de una desimpactación
manual, se recomienda el uso de anestesia general.
2) Medidas dietéticas: Es de gran importancia que
el paciente y su familia tomen conciencia de que al largo plazo,
sólo la adopción de un estilo de vida en que se enfatice
el consumo de una dieta rica en fibras: verduras, frutas, legumbres
y cereales y de abundantes líquidos del tipo de los jugos
(zumos) naturales de frutas, conseguirá un control apropiado
de la constipación. Deben evitarse las bebidas carbonatadas
y los jugos artificiales, así como el exceso de azúcares
refinados (golosinas, masas).
3) Medicamentos: Ciertos medicamentos pueden ser coadyuvantes
a las medidas dietéticas y a la instauración de un
hábito adecuado de defecación. Entre estos medicamentos,
figuran principalmente los lubricantes y agentes osmóticos,
los que deben utilizarse en forma permanente durante los primeros
meses de tratamiento, para ayudar a normalizar el hábito
intestinal. No es conveniente utilizar laxantes de otro tipo, pues
pueden provocar una rectitis química. Los más utilizados
son:
a) Extracto de "sopa de malta" (Maltín®). La constipación
en lactantes menores generalmente responde bien al aumento en
la ingesta de líquidos y el uso de extracto de sopa de
malta (15-60 ml/día), que puede ser agregada en dosis fraccionadas
al biberón. Este preparado existe desde principios de siglo
en los Estados Unidos y desde hace muchos años en Chile.
Su uso es generalmente empírico, con buenos reultados comunicados
por quienes lo prescriben, y está libre de efectos indeseables.
En cuanto al aumento de los líquidos, éstos deben
ser principalmente zumos de frutas, no recomendándose el
uso de "jugos" artificiales ni de bebidas carbonatadas.
b) Lactulosa: es un disacárido artificial (galactosa-fructosa,)
muy seguro para uso a largo plazo, ya que no entra a la circulación
sistémica (< 1% de absorción). Produce un aumento
en la actividad osmótica y acidificación del contenido
colónico, produciendo un aumento en el contenido acuoso
de las deposiciones y en la motilidad colónica. La dosis
es de aproximadamente 2 ml/Kg/día en 2-3 dosis diarias.
c) Aceite mineral (vaselina líquida): es una mezcla de
hidrocarburos que lubrica el contenido intestinal y ablanda las
deposiciones. Es de acción local, aunque se pueden absorber
pequeñas cantidades, produciendo depósitos en el
hígado, bazo, nódulos linfáticos y otros
tejidos, que son de significado clínico desconocido. Debe
modularse su dosis hasta obtenerse deposiciones blandas. Habitualmente
se utilizan entre 10 y 20 ml 3-4 veces al día. El uso prolongado
de aceite mineral no produce complicaciones; no se ha demostrado
con su uso reducción significativa de los niveles plasmáticos
de vitaminas liposolubles. Sin embargo, no es recomendable el
uso de aceite mineral en lactantes, ni en pacientes neurológicos
dañados, ni en pacientes habitualmente vomitadores, por
el riesgo de aspiración pulmonar.
d) Dioctilsuccinato sódico (Regal®, colace): laxante
que ayuda a ablandar las deposiciones, al parecer sin provocar
irritación de la mucosa rectal o incrementar la motilidad
intestinal. No hay contraindicaciones conocidas y la incidencia
de efectos adversos (gusto amargo y náuseas) es muy bajo.
No hay suficientes estudios controlados de este medicamento en
niños constipados; la información que se maneja
es principalmente empírica. La dosis parece ser efectiva
solamente después de 2 a 3 días de terapia y las
dosis recomendadas varían con la edad (< 3 años:
10-40 mg/día; 3-6 años: 20-60 mg/día; 6-12
años: 40-120 mg/día; >12 años: 50-500
mg/día; en 2 0 3 dosis al día).
e) Sales de magnesio: pueden ser asociados a alguno de los medicamentos
anteriores en casos refractarios, por cortos períodos debido
al riesgo potencial de trastornos electrolíticos, hipotensión
o depresión respiratoria, ya que hasta un 20% de la dosis
es absorbida. El citrato de Magnesio (16.17% magnesio; 4-4.7 mEq/5
ml) se usa en 4 mg/Kg/dosis cada 4 o 6 horas, por vía oral,
hasta obtenerse deposiciones líquidas (dosis máxima:
200 ml/día). El hidróxido de Magnesio (leche de
magnesia) (41.69% magnesio; 13.7 mEq/5 ml) se usa en 40 mg/Kg/dosis
cada 4 o 6 horas, por vía oral, hasta obtener deposiciones
líquidas.
f) Cisaprida: Es un agente procinético, que colaboraría
a la evacuación acelerando la peristalsis en el colon.
Se usa en dosis de 0,3 mg/kg por dosis, cada 8 horas. Su utilidad
parece estar confirmada en estudios controlados, pero siempre
que se utilice en concomitancia con las medidas dietéticas,
los hábitos de defecación y los ablandadores fecales.
No tiene mayor impacto terapéutico usado en forma aislada
de las medidas citadas.
4) Entrenamiento intestinal para establecer una evacuación
periódica frecuente: Con la retención crónica,
se origina un aumento del umbral del reflejo rectal-anal, y el paciente
experimenta el deseo de defecar sólo cuando llega un gran
volumen de deposiciones al recto. Para que se reinstale un reflejo
normal, que se inicie con volúmenes fecales pequeños,
se requiere de un tratamiento medicamentoso prolongado de varios
meses. Inicialmente el niño deberá evacuar sin experimentar
el deseo, utilizando la musculatura voluntaria. Es útil establecer
un horario regular, para crear el hábito, preferentemente
después de las comidas, de modo de aprovechar el reflejo
gastro-cólico, dedicando un tiempo razonable (5-15 minutos)
a los intentos de defecación completa. Se puede incluír
un sistema de refuerzos positivos usando un calendario en que el
niño pone una estrella cada vez que pasa una deposición
en el baño, logrando un refuerzo positivo o gratificación
(un juguete, por ejemplo) después de un cierto número
de estrellas.
5) Tratamiento de fisuras: El tratar adecuadamente las fisuras
anales es de vital importancia para que el paciente pierda la fobia
que lo lleva a evitar la defecación, a causa del dolor. Al
ablandarse considerablemente las deposiciones por medio de la dieta
con fibra, y el uso de lubricantes, se consigue ya un objetivo en
el manejo de las fisuras. El tratamiento local debe iniciarse con
la desimpactación fecal del recto. Deben usarse, además,
cremas cicatrizantes en la región anal (por no más
de 4-5 días cuando contienen corticoides) y pomadas de anestesia
tópica (dimecaína); el paciente debe limpiarse con
algodón mojado en agua tibia después de defecar (nunca
con papel) y, por último, puede recurrirse a "baños
de asiento", que contribuyen a la cicatrización pronta de
la fisura. La gran mayoría de los niños mejoran de
las fisuras con este tratamiento. Pocos pacientes, generalmente
niños mayores, pueden requerir una intervención quirúrgica
local.
Los pacientes que no responden a este esquema terapéutico
en un plazo aproximado de dos meses, o antes si aparecen otros problemas,
deben ser derivados al especialista, a fin de que éste pueda
descartar las causas orgánicas, no evidentes en el examen
físico. En algunos niños con mala respuesta al tratamiento
médico, se ha observado una contracción paradójica
del esfínter anal externo, en el momento de la evacuación.
En estos casos puede ser beneficioso un tratamiento de modificación
conductual mediante retroalimentación (biofeedback) manométrico.
Esta técnica se realiza con el mismo equipo utilizado con
fines diagnósticos y tiene como objetivo mejorar la sensibilidad
de percepción rectal, y enseñar al niño a evitar
la contracción paradójica del esfínter anal
externo. Dicha modalidad terapéutica se utiliza todavía
escasamente en nuestro medio y aún es de costo elevado. |
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Constipación Orgánica |
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Aunque los trastornos orgánicos sólo se encuentran
en una minoría de los niños, es importante que ellos
sean reconocidos oportunamente, ya que pueden necesitar un tratamiento
específico. A veces es difícil diferenciar los niños
con constipación no orgánica, de aquéllos que
tienen un trastorno orgánico. Es muy importante hacer una
anamnesis y un examen físico acuciosos. Este último
debe incluír un examen proctológico, con inspección
cuidadosa de la región perineal, y siempre un tacto rectal,
que permite evaluar el diámetro y tono del canal anal, las
características de la ampolla rectal, identificar una masa
posterior como un teratoma o un meningocele anterior, y la presencia
o no de un fecaloma. El desarrollo de una constipación precoz,
especialmente en los primeros días de vida, y la intensidad
del cuadro clínico, que no responde al tratamiento médico,
sugieren la posibilidad de un trastorno orgánico subyacente.
Asimismo, la presencia de manifestaciones asociadas, tales como
vómitos, distensión abdominal persistente y retraso
pondoestatural, son indicios de un trastorno orgánico serio
(del tipo de la Enfermedad de Hirschsprung o la pseudo-obstrucción
crónica idiopática).
Una evaluación diagnóstica más completa utilizando
una enema baritada, manometría rectal y biopsia rectal por
succión, se reserva para pacientes con constipación
no orgánica con un fracaso a la terapia médica, o
para aquellos con fuerte sospecha de una enfermedad orgánica
de base.
Trastornos anatómicos del colon y de la región
anorrectal:
Las anomalías anorrectales tienen en común que todas
provocan una dificultad en el vaciamiento del recto, en la etapa
final de la evacuación. Como consecuencia de la retención
fecal progresiva, y al igual que lo que ocurre en la constipación
crónica no orgánica, se produce un fecaloma, y aparece
escurrimiento fecal secundario. El tacto rectal comprueba el fecaloma
y el enema baritado muestra un megarrecto y a veces un megacolon,
cuyo tamaño depende de la duración del proceso y del
grado de obstrucción.
Las anomalías anorrectales congénitas más
graves, presentan síntomas precoces, desde las primeras semanas
de vida, y se asocian con síntomas obstructivos pronunciados.
Las menos graves pueden conducir a un trastorno crónico de
retención de deposiciones que puede demorarse mucho en ser
detectado. La anomalías más comunes incluyen fisura
anal, estenosis anal, ano anterior y acalasia rectal.
Fisura Anal
Las fisuras anales pueden ser consecuencia de una constipación
aguda (debido a la eliminación de deposiciones de gran
diámetro), o pueden asociarse a, y complicar cualquier
cuadro de constipación crónica, de etiología
orgánica o funcional. Con frecuencia producen dolor y sangramiento
anal, el que suele ser escaso y se manifiesta como gotas o estrías
de sangre roja que cubren la deposición, o aparecen después
de evacuar. El diagnóstico se hace por la simple inspección
anal; el tratamiento es similar al mencionado para la constipación
crónica no orgánica.
Estenosis Anal
La estenosis anal, puede ser congénita o constituír
una secuela de una imperforación anal operada. La forma
congénita presenta sintomatología a las pocas horas
de nacido el niño. Una variedad de la estenosis la constituye
el "ano cubierto", en que hay una abertura anal de escaso calibre,
que produce retención fecal en la ampolla. Esta anomalía,
habitualmente no da manifestaciones mientras el recién
nacido elimina meconio o mientras es alimentado al pecho materno
exclusivo; posteriormente las deposiciones se endurecen, y aparece
dolor al obrar. Ya en los primeros meses de vida, se forma un
fecaloma. El diagnóstico se sospecha por las características
de las deposiciones y se confirma por medio de la inspección
anal y del tacto rectal, que demuestra la estrechez del canal
anal. El tratamiento depende de las características de
cada paciente; puede bastar con dilataciones digitales progresivas
o pudiera requerirse cirugía.
Ano Anterior
El ano anterior es una anomalía que ocurre con más
frecuencia en niñitas y cuya frecuencia parece haber sido
sobreestimada en décadas pasadas. Desde los primeros meses
de vida, las evacuaciones se producen con mucho esfuerzo y se
acompañan de dolor intenso en la región anal. Al
parecer, las dificultades en la evacuación se deben a la
dirección exageradamente oblicua del canal anal. Con cierta
frecuencia esta malformación puede asociarse con malformaciones
del canal o del esfínter interno (acalasia esfinteriana).
El diagnóstico se hace por la inspección anal y
el tacto rectal. Debe recordarse que normalmente en el sexo femenino
el ano está ubicado por delante de la línea media.
Al examinar el recto se puede constatar que el canal anal es de
tamaño normal, pero existe una bolsa rectal prominente
posterior al orificio anal, producida por el impacto de la masa
fecal al ser empujada por la contracción del recto. Esta
bolsa rectal posterior puede ser vista en el enema baritado. El
desplazamiento anterior puede ser sutil o bastante acentuado.
En la mayoría de los casos, basta con realizar un tratamiento
médico tomando las medidas destinadas a ablandar las deposiciones.
El tratamiento quirúrgico debe indicarse solamente cuando
la sintomatología persiste a pesar de haberse intentado
un tratamiento médico prolongado (por varios meses). Según
el grado de desplazamiento del ano en el periné, puede
bastar con la ampliación del ano hacia atrás, extirpando
el tejido fibroso subcutáneo que existe en estas anomalías
o bien puede ser necesaria la reimplantación del ano en
los casos más severos.
Acalasia Rectal Miogénica
En sujetos normales, la llegada de deposición al recto,
produce distensión de la pared de éste, con aumento
de su actividad propulsiva y relajación del esfínter
interno, lo que permite la evacuación del contenido rectal;
este es el reflejo recto-anal o rectoesfinteriano. La acalasia
consiste en la falta de relajación adecuada del esfínter
interno, al distenderse la pared rectal. Puede deberse a una fibrosis
del esfínter, por inflamación crónica de
la región anorrectal en casos de retención fecal
prolongada (acalasia miogénica). La acalasia rectal se
sospecha por la existencia de un megarrecto y por la constatación
de una hipertonía del canal en el tacto rectal; se confirma
mediante la manometría anorrectal que muestra alteración
del reflejo recto-anal, (ausencia o disminución notoria
en los casos de acalasia miogénica). El tratamiento es
quirúrgico, mediante una esfinteromiomectomía. En
la intervención se extirpa una franja del músculo,
de longitud suficiente para permitir una evacuación fácil
del recto.
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Alteraciones de la Inervación |
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De todas las alteraciones intrínsecas y extrínsecas
de la inervación (Tabla 1) especial mención merece
la enfermedad de Hirschsprung.
Enfermedad de Hirschsprung
Es una anomalía congénita de la inervación
intrínseca de la pared del tracto gastrointestinal por
ausencia de los plexos ganglionares submucosos (de Meissner) y
mientéricos (de Auerbach). El segmento afectado se extiende
proximalmente desde el esfínter anal interno, por una distancia
variable, aunque la región afectada con mayor frecuencia
es la rectosigmoidea (75% de los casos). Un 15% de los pacientes
tiene aganglionosis hasta el colon transverso y un 10% tiene aganglionosis
total del colon. La enfermedad de Hirschsprung de "segmento ultracorto"
o acalasia neurogénica (aganglionosis limitada casi exclusivamente
al esfínter interno) corresponde entre el 14 y el 20% del
total de enfermos con aganglionosis. Existe una variedad de presentaciones
clínicas siendo las más comunes la constipación
y obstrucción intestinal parcial. Las formas más
graves son la enterocolitis y la perforación intestinal,
que son vistas en el período neonatal y conllevan una alta
mortalidad. El diagnóstico clínico debe ser sospechado
precozmente en un recién nacido que no pasa meconio el
primer día de vida; ante la presencia de une enterocolitis
alternada con episodios de constipación; o ante una constipación
que no responde a una terapia médica bien hecha. El diagnóstico
se documenta con la presencia de una zona de transición
(area adyacente al segmento agangliónico contraído)
en el enema baritada hecho sin preparación del colon y
en el hallazgo manométrico de ausencia de relajación
del esfínter interno con la distensión del recto
producido por el balón inflado con aire. El diagnóstico
final descansa en la ausencia de células ganglionares en
la biopsia rectal por succión. El tratamiento quirúrgico
es curativo con resección de la zona afectada y reconstitución
del tránsito intestinal en una primera o segunda intervención
de acuerdo al caso individual.
Existe una larga lista de condiciones médicas sistémicas
que producen constipación como un síntoma asociado.
Se debe poner especial énfasis en la historia y examen
físico para sospechar estas entidades (Tabla 1) e iniciar
una evaluación dirigida.
Finalmente, existe un grupo de problemas de la motilidad gastrointestinal
de compleja fisiopatología agrupadas bajo el nombre de
Pseudoobstrucción Intestinal Crónica. Incluyen problemas
miogénicos y neurogénicos que cursan con constipación
como una de las manifestaciones cardinales. La derivación
precoz de estos pacientes a centros especializados evitan las
secuelas nutricionales y complicaciones sistémicas asociadas.
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