| Referencias
Bibliográficas |
| |
|
|
| |
Lebenthal,
E. y Duffey, M.E. Textbook of secretory diarrhea. Raven Press,
New York, 1990
Barnes L.A.,
Ed. Manual de nutrición en Pediatría. Tercera
Edición. Comité de Nutrición de la Academia
Americana de Pediatría. Editorial Médica Panamericana.
Buenos Aires. 1994.
Vanderhoof,
J.A. Diarrhea. En: Wyllie, R. y Hyams, J.S. Pediatric gastrointestinal
disease. W.B. Saunders Co. , Philadelphia. 1993. Capítulo
15.
Manual de
Tratamiento de la Diarrea. Serie Paltex No. 13. Organización
Panamericana de la Salud. Edit. OPS/OMS. 1987.
WHO: Readings
on Diarrhoea - A student Manual. W.H.O., Geneva, 1992.
Snyder, J.D.
y Merson, M. The magnitud of the global problem of acute diarrhoeal
disease: A review of active surveillance data. Bull W.H.O.,
60: 605-613 (1982).
Claeson, M.
y Merson, M.H. Global progress in the control of diarrhoeal diseases.
Pediatr Infect Dis J, 1990; 9: 345-355.
Richards, L.,
Claeson, M. H. y Pierce, N.F. Management of acute diarrhea in
children: lessons learned. Pediatr Infect Dis J, 1993; 12: 5-9.
De Zoysa I.
, Rea, M. and Martines, J. Breastfeeding in the first six month.
BMJ, 304: 1068-69, 1992.
Bern C., Martines
J., de Zoysa I. y Glass RI. The magnitude of the global problem
of diarrhoeal disease: A ten year update. Bull W.H.O., 70: 705-714,
1992.
Gore SM, Fontaine
O, Pierce NF. Impact of rice based oral rehydration solution
on stool output and duration of diarrhoea: Meta-analysis of 13 clinical
trials. BMJ, 1992; 304:287-291.
Chew F et al.
Is dilution of cow's milk formula necessary for dietary management
of acute diarrhoea in infants aged less than 6 months? Lancet,
341:194-197 (1993). |
|
| |
|
|
| |
| |
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
|
|
|
|
Definiciones y consideraciones epidemiológicas |
| |
Se define a la diarrea como el aumento
de la frecuencia, contenido líquido, y volumen de las heces.
Un niño experimentará entre uno y tres episodios de
diarrea aguda por año, en los tres primeros años de
vida, cifra que asciende hasta diez por año en comunidades
de extrema pobreza. En los países en desarrollo la letalidad
por diarrea aguda infantil es elevada. En Chile las cifras de mortalidad
por diarrea aguda han tenido una tendencia histórica al descenso,
y las estadísticas actuales señalan que fallecen menos
de 100 niños anuales en todo el territorio a causa de esta
enfermedad. Sin embargo, en nuestro país, la diarrea es un
problema importante, por su impacto en la salud infantil general,
por su relación con la desnutrición, y por la alta
demanda de atenciones ambulatorias y de hospitalizaciones que la
caracterizan. La diarrea aguda, entre nosotros, es una enfermedad
típicamente estacional, con muy pocos casos en invierno y
una elevada demanda de atenciones en verano.
La mayor parte de los episodios de diarrea aguda remiten espontáneamente
y duran de 3 a 7 días. Convencionalmente, se considera como
diarrea prolongada a la que dura más de 14 días. Una
alta proporción de niños que evolucionan hacia un
curso prolongado presentan ya altas tasas fecales y deshidratación
iterativa a los 5-7 días de evolución intrahospitalaria.
Por ello, se ha propuesto el término de "diarrea en vías
de prolongación" para los casos que sobrepasan los 7 días,
con pérdidas fecales elevadas y deshidratación rebelde.
Este concepto, permite poner en marcha una toma de decisiones apropiada,
sin esperar a que la enfermedad cumpla con la definición
convencional de "diarrea prolongada". |
|
| |
|
|
Etiologías de Diarrea Aguda |
| |
En Chile, el enteropatógeno más frecuentemente
aislado en niños hospitalizados por diarrea es el rotavirus.
En la comunidad, por otra parte, se aisla con mayor frecuencia:
Escherichia coli enteropatogénica (ECEP), Shigella, Giardia
lamblia, Campylobacter jejuni y rotavirus. En 30-40% de los casos
no se aisla un patógeno fecal. En numerosas oportunidades
se aisla más de un patógeno en niños con diarrea.
El significado de este hallazgo en ocasiones es incierto. Alrededor
de un 5% de individuos asintomáticos son portadores de enteroparásitos.
Una proporción más bien baja de individuos asintomáticos
son también portadores de ciertos patógenos, incluyendo
C. jejuni, Shigella y rotavirus, el cual se ha aislado de las deposiciones
de un 4-5% de recién nacidos sanos.
Actualmente, en nuestro país es posible aislar un enteropatógeno
en la mayoría de los episodios de diarrea aguda en niños
hospitalizados. En porcentajes que van entre 5 y 30% de los casos,
los métodos diagnósticos en uso no permiten identificar
el patógeno fecal. En ocasiones, el rotavirus se superpone
a un episodio previo de diarrea iniciado por otra causa, dando así
origen a una diarrea de evolución prolongada que consiste,
realmente en 2 o más episodios individuales sucesivos o superpuestos.
En estos casos es común que se interprete el cuadro, erróneamente,
como un solo episodio de larga duración. Con cierta frecuencia
se aislan determinados serotipos de ECEP, tanto en niños
hospitalizados como en niños sanos de la comunidad. Con menos
frecuencia que los agentes antes mencionados se ven Shigella sp.,
Salmonella, sp., Campylobacter jejuni y Cryptosporidium en niños
hospitalizados. El cólera ha sido una etiología muy
rara de diarrea aguda en Chile, hasta ahora, a pesar de su implantación
reciente en el país.
Un hecho característico de las infecciones por bacterias
enteropatógenas es que ocurren con mayor frecuencia en niños
que no reciben lactancia materna, lo que recalca el importante papel
protector de la lactancia materna exclusiva frente a enteropatógenos,
especialmente en los primeros meses de vida, en que el lactante
parece ser más lábil a la ECEP y a otros patógenos.
En el lactante alimentado al pecho materno, la infección
por rotavirus puede producirse, pero generalmente es más
leve o no se expresa clínicamente.
Dado el conocimiento actual sobre la etiopatogenia de la diarrea
aguda y la creciente disponibilidad de variados métodos diagnósticos
microbiológicos, es impropio formular el diagnóstico
de "diarrea parenteral" o de "transgresión alimentaria" en
pacientes pediátricos, sin una investigación apropiada
de la flora enteropatogénica del paciente.
Tabla 2.1: Etiologías de Diarrea Aguda Infantil
en Chile
|
| A. Agentes más frecuentemente aislados:
|
| Agentes aislados con menos frecuencia:
|
| (*) patógenos más frecuentemente
aislados en niños hospitalizados con diarrea agua |
|
|
| |
|
|
Mecanismos de Diarrea |
| |
En el intestino delgado, ocurre absorción
del agua y electrolitos por las vellosidades del epitelio y, simultáneamente,
secreción de éstos por las criptas. Normalmente la
absorción es mayor que la secreción, por lo que el
resultado neto favorece ligeramente a la absorción, con lo
que más del 90% de los fluídos que llegan al intestino
delgado son absorbidos a lo largo del tracto gastrointestinal. Si
se produce cualquier cambio en el flujo bidireccional, es decir,
si disminuye la absorción o aumenta la secreción,
el volumen que llega al intestino grueso pudiera superar la capacidad
de absorción de éste, con lo que se produce diarrea.
La diarrea acuosa puede producirse básicamente por dos mecanismos,
que pueden sobreponerse en un mismo individuo. Éstos son:
a) Secreción --> diarrea secretora
b) Acción osmótica --> diarrea osmótica.
El rotavirus causa una lesión parcelar de las células
absortivas de la mucosa del intestino delgado, lo que da origen
a mala absorción parcial y transitoria de nutrientes, como
mecanismo inicial de la diarrea. Luego ocurre una proliferación
rápida de las células inmaduras de las criptas, las
que poseen una actividad secretora predominante, con una insuficiente
capacidad absortiva. Por ello es común que durante el curso
de la enteritis aguda por rotavirus haya un cierto grado de pérdidas
fecales (mala absorción) de diversos nutrientes. Como suelen
preservarse amplias áreas de la mucosa con normalidad histológica
y funcional, se considera que la mucosa no dañada compensa
la disfunción de las áreas invadidas por el virus.
La enfermedad es autolimitada, con un comienzo brusco con vómitos
y fiebre, a los que sigue la diarrea, que dura de 5 a 7 días.
Las tasas fecales son relativamente altas y la gran mayoría
de estos pacientes se recuperan perfectamente con uso exclusivo
de terapia de rehidratación oral (TRO) y una realimentación
precoz, iniciada luego de la fase inicial de TRO.
Las cepas enterotoxigénicas de E. coli producen toxinas que
inducen una elevada secreción intestinal de agua y electrolitos.
En este sentido, el mecanismo aludido es semejante, cualitativamente,
al producido por el Vibrio cholera. Sin embargo este último
genera unas pérdidas fecales (por exacerbación del
mecanismo secretor) aún más elevadas. Las cepas enteroadherentes
de Escherichia coli al adherirse estrechamente a la mucosa intestinal
pueden destruír el ribete en cepillo de las células
de la superficie sobre la cual se implantan. La Shigella y las cepas
invasoras de Escherichia coli invaden la mucosa y la Shigella además
elabora una toxina secretogénica. El Clostridium difficile,
que habitualmente se asocia con el uso de antibióticos, también
elabora toxinas, las que afectan el intestino grueso. |
|
| |
|
|
Complicaciones de la Diarrea Aguda |
| |
La deshidratación con acidosis es la complicación
más común de la diarrea aguda. En la diarrea predominantemente
secretora, el contenido intestinal presenta altas concentraciones
de sodio y cloruros. En diarreas predominantemente osmóticas,
el contenido de electrolitos es más bajo. En estos casos,
la osmolaridad del contenido fecal depende principalmente de la
presencia de sustratos orgánicos (hidratos de carbono no
absorbidos, ácidos orgánicos de cadena media, etc.)
La mayoría de las diarreas que causan excesivas pérdidas
de líquidos resultan en una concentración isotónica
de los espacios corporales (isonatremia). En niños desnutridos
o con diarrea crónica o repetida, tiende a producirse hiponatremia.
La deshidratación hipernatrémica, por otra parte,
se ve raramente en la actualidad y su tratamiento requiere de una
corrección más lenta y controlada de la deshidratación.
Se habla de deshidratación leve o inaparente, (que
es la que más frecuentemente se produce en diarreas agudas),
cuando las pérdidas de agua corporales son inferiores a 40-50
ml/kg de peso corporal. Hasta este límite de pérdida,
aproximadamente, los signos clínicos objetivos de deshidratación
son pocos. En primer lugar no se observa aún sequedad de
las mucosas o disminución de las lágrimas. Sin embargo,
puede haber aumento en la velocidad del pulso y una cierta palidez
de la piel. El paciente se aprecia, además, algo sediento.
En estos casos es correcto hablar de deshidratación "inaparente",
porque, a pesar de la pérdida de agua corporal, ésta
no se ha hecho todavía sentir en los índices objetivos
del examen físico. Cuando la deshidratación alcanza
a pérdidas de líquido corporal de 50 a 100 ml/kg de
peso, es corriente referirse a ella como deshidratación "moderada".
Si las pérdidas superan los 100 ml/kg de peso se habla ya
de deshidratación "grave". La acidosis es relativamente proporcional
al grado de deshidratación. Esta clasificación ha
tendido a perder vigencia con el tiempo, y se prefiere recurrir
a clasificaciones más funcionales, generadoras por ello,
de una pronta toma de decisiones, más que usar clasificaciones
puramente descriptivas. Los signos clínicos de deshidratación
se detallan en la Tabla 2.2.
Tabla 2.2
Evaluación del Estado de Hidratación de un paciente
con Diarrea (*) |
| |
Plan A
|
Plan B
|
Plan C
|
| Condición General |
Bien, alerta |
Irritable |
Letárgico o inconsciente |
| Ojos |
Normales |
Algo hundidos |
Muy hundidos y secos |
| Lágrimas |
Presentes |
Ausentes |
Ausentes |
| Mucosas orales |
Húmedas |
Secas |
Muy secas |
| Sed |
Bebe normalmente |
Bebe ávidamente, está sediento
|
Bebe mal o no es capaz de hacerlo |
| Pliegue cutáneo |
Vuelve a su estado normal rápidamente
|
Se retrae lentamente |
Se retrae muy lentamente |
| Decisión |
No tiene signos de deshidratación
|
Si tiene 2 o más signos de deshidratación,
incluyendo al menos un signo destacado, hay deshidratación
clínica. |
Si tiene 2 o más signos de deshidratación,
incluyendo al menos un signo destacado, hay deshidratación
grave. |
| Tratamiento |
Plan A |
Pesar al paciente si es posible y
usar Plan B |
Pesar al paciente si es posible y
usar Plan C, URGENTE
|
|
(*) Readings on Diarrhoea: A Student's Manual. WHO-Geneva,
1992
|
|
|
| |
|
|
Diagnóstico de la Diarrea Aguda y Exámenes
de Laboratorio |
| |
En la historia clínica de la enfermedad es esencial indagar
sobre: duración de la enfermedad; características
de las deposiciones; frecuencia de evacuaciones durante las 24 horas
previas; presencia y frecuencia de vómitos; presencia de
fiebre, irritabilidad, decaimiento, sed; capacidad o no de recibir
alimentos y líquidos; tipo y volumen de los alimentos recibidos;
normalidad o no de la diuresis, etc. Algunas consideraciones epidemiologicas
son también útiles, tales como: si el niño
asiste al jardin infantil, si ha consumido vegetales o mariscos
crudos o si ha realizado viajes recientes. En el examen físico,
se debe evaluar el estado general del niño; su estado de
conciencia, y muy especialmente, el grado de deshidratación
y la presencia de manifestaciones que puedan impartir un carácter
especial al cuadro (distensión abdominal marcada, edema,
fiebre alta, etc.) Es importante pesar al niño, puesto que
así podrá objetivarse si sufrió o no una pérdida
de peso importante durante la diarrea. Este cálculo es factible
sólo si se conoce el peso previo del niño, registrado
unos pocos días antes. En todo caso, el peso al ingreso (o
al momento del diagnostico) servirá para ser usado como registro
de línea base y valorar sus cambios durante el curso de la
enfermedad.
Exámenes destinados a obtener información etiológica:
Habitualmente se toma al ingreso una muestra fecal para investigar
la presencia de rotavirus, por ser éste el patógeno
más frecuentemente asociado a diarrea aguda en niños
hospitalizados en Chile. En ciertas circunstancias, será
necesario recurrir al aislamiento de enteropatógenos mediante
coprocultivo (por ej. cuando existe síndrome disentérico
o diarrea acuosa con ausencia de rotavirus), o a exámenes
parasitológicos fecales (Telemann, PAFS, tinciones para Cryptosporidium,
etc.) En el síndrome disentérico, deberá también
buscarse Entamba histolytica. Los leucocitos polimorfonucleares
fecales son de utilidad muy limitada en la práctica diaria.
Se correlacionan con la presencia de una bacteria invasora sólo
cuando están presentes en alto número (+++), pero
en esta situación ya es posible observar pus, e incluso sangre
a simple vista. Si los leucocitos polimorfonucleares fecales son
(+) a (++), el examen pierde inmediatamente especificidad, por lo
que no se recomienda usarlo en esta última instancia como
índice diagnóstico etiológico o como criterio
de decisión para prescribir tratamiento (antibióticos).
Se puede apreciar presencia de moderada cantidad de leucocitos fecales
en diarrea por agentes no invasores, incluyendo el rotavirus, probablemente
como manifestación microscópica de una inflamación
química del área rectal o perianal.
Exámenes complementarios: Ciertos exámenes
complementarios ayudan a evaluar globalmente al paciente o a caracterizar
mejor la diarrea. En algunos pacientes hospitalizados será
útil recurrir a exámenes bioquímicos, como
electrolitos del plasma, gases en sangre, etc. aunque se suele abusar
de estos exámenes como elementos para individualizar la toma
de decisiones terapéuticas. En general, cualquier tipo de
deshidratación ya sea leve o moderada puede corregirse sin
problemas por la vía oral, usando la terapia de rehidratación
oral (TRO) una vez que las necesidades del paciente se han identificado
mediante su historia y examen físico, tal como se ha mencionado
antes. Si al paciente se le indica un determinado esquema de rehidratación
oral, con control clínico bajo vigilancia médica,
es innecesario efectuar los exámenes mencionados, ya que
la evolución de estos será paralela a la evolución
clínica del niño.
También se suele abusar de los exámenes que miden
pH y sustancias reductoras fecales, dado que cierto grado de mala
absorción parcial y transitoria de hidratos de carbono es
casi de regla en determinadas diarreas agudas infantiles, lo que
no justifica el uso de dietas exentas de hidratos de carbono (lactosa).
En diarreas de curso inhabitual (duración mayor de 7 días,
por ejemplo), así como en pacientes con sospecha de tener
una deficiencia primaria de sacarasa-isomaltasa, en desnutridos
graves y en lactantes menores de 3 meses, puede justificarse el
usar las pruebas de pH y sustancias reductoras fecales con criterio
de toma de decisiones. Es aconsejable no olvidar que los lactantes
que reciben leche materna tienen normalmente un pH fecal ácido
y sustancias reductoras presentes.
Por último, ciertas pruebas de laboratorio, como los exámenes
de orina, el hemograma, la velocidad de sedimentación, etc.,
pueden colaborar en la evaluación del paciente. En nuestro
medio se ha tendido a sobrevalorar la responsabilidad etiológica
de la infección del tracto urinario (ITU) en la producción
de diarrea aguda infantil. Sin embargo, la realización de
exámenes de orina se justifica más que nada con el
propósito de hacer un "rastreo" de ITU en el niño
hospitalizado con diarrea de origen no precisado, dado que, característicamente,
la ITU se presenta de manera bastante inespecífica y solapada
en la infancia. |
|
| |
|
|
Diarrea y Nutrición |
| |
La diarrea aguda induce efectos adversos sobre la nutrición
por variadas causas: vómitos, mala absorción, hipercatabolismo,
anorexia, y suspensión o dilución inmotivada de la
alimentación. En este último caso hay claramente un
factor iatrogénico, el que constituye hoy en día un
serio problemas global que conspira contra el tratamiento racional
de la diarrea. Para minimizar los efectos adversos de la diarrea,
la alimentación debe continuar durante la enfermedad, ofreciéndole
al niño tanto como desee comer. Ha sido bien documentado
que la recuperación nutricional es superior cuando se les
ofrece a los niños una ingesta dietética liberal durante
la diarrea, que cuando se les restringe la alimentación.
La alimentación continuada provee de proteínas y energía
al paciente evitando así los carencias, ayuda a regenerar
la mucosa intestinal y evita la suspensión de la lactancia
materna. A pesar de que, tradicionalmente, se ha tendido a restringir
la alimentación del niño durante y después
de un episodio de diarrea aguda, es importante considerar que no
hay ninguna evidencia científica sólida que fundamente
la suspensión, reducción o dilución de la alimentación
normal del niño mientras éste tenga diarrea, o durante
la convalescencia. El esquema dietético que se debe aconsejar
no debe colaborar con los efectos adversos sobre la nutrición,
anteriormente nombrados.
Es muy improbable que el hecho de mantener la alimentación
continuada durante la enfermedad pueda inducir una pérdida
mayor de líquidos y electrolitos. Tampoco es necesario -
salvo en casos excepcionales - el uso de fórmulas sin disacáridos
durante la diarrea aguda. La mala absorción de hidratos de
carbono que se ve durante el curso de la diarrea es, en la mayor
parte de los casos un fenómeno parcial, transitorio, y más
un epifenómeno que un factor agravante de la diarrea. Por
otra parte, se debe ser cuidadoso para no ofrecer al paciente con
diarrea, volúmenes de leche, por ejemplo, que superen lo
que normalmente toma estando sano, ya que la enteritis que está
sufriendo, obviamente, le va a dificultar la digestión y
absorción de cantidades mayores de lactosa que las que está
habituado a recibir. |
|
| |
Medicamentos |
| |
No es en absoluto recomendable usar medicamentos
tales como antiespasmódicos, antisecretores, adsorbentes
ni otros antidiarreicos. Los antibióticos o antimicrobianos
tienen indicaciones precisas y éstas se reducen a su uso
en los casos de disentería (Shigella, principalmente), de
diarrea de curso severo por ciertas cepas de ECEP, de amibiasis,
giardiasis, etc., teniéndose en cuenta que la mayoría
de las diarreas agudas infantiles son de curso autolimitado (rotavirus,
algunas cepas de E. coli, Campylobacter jejuni y otros).
|
TABLA 2.3
ANTIMICROBIANOS USADOS EN CASOS ESPECIFICOS DE DIARREA
AGUDA
|
- Shigella: Antibióticos de amplio espectro: Cloramfenicol,
Cotrimoxazol, etc.
- E.coli enterotoxigénica: Furazolidona, Sulfato
de colistín, (Gentamicina)
- Amebiasis intestinal aguda: Metronidazol
- Giardiasis: Metronidazol
- Campylobacter jejuni: Eritromicina. (La diarrea asociada
a esta bacteria es de curso autolimitado; el empleo de
antibióticos sólo hace más precoz
la erradicación del germen, sin modificar el curso
clínico.)
|
|
|
| |
|
|
| |
Tratamiento del Niño con Diarrea Aguda: Rehidratación
y Realimentación |
|
| |
Un esquema útil para manejar al niño
con diarrea parte de evaluar el grado de deshidratación y
de la disponibilidad de la via oral, según lo cual se selecciona
uno de los planes de tratamiento siguientes:
- Plan de tratamiento A: para prevenir la deshidratación
en niños sin deshidratación clínica.
- Plan de tratamiento B: para tratar la deshidratación
mediante el uso de SRO en pacientes con deshidratación
clínica sin shock y
- Plan de tratamiento C: para tratar con rapidez la deshidratación
con shock o los casos de niños que no pueden beber.
El detalle de los planes A, B y C se presenta al final del capítulo
Nota: La evaluación clínica del paciente y la
puesta en práctica de estos planes terapéuticos está
descrita en detalle en el Manual de Tratamiento de la Diarrea
- Serie Paltex para ejecutores de programas de salud, Nº 13.
Org. Panamericana de la Salud, 1987.
Tabla 2.4
Bases del Tratamiento de la Diarrea Aguda
|
- Prevenir la deshidratación si ésta no se
ha evidenciado en forma clínica
- Corregir la deshidratación cuando ella está
presente
- Mantener la provisión de líquidos durante
el curso de la diarrea
- Mantener la alimentación durante la diarrea y la
convalescencia
- Erradicar el agente causal sólo cuando esto es
deseable, factible, útil y no constituye un riesgo
para el paciente
- Evitar la iatrogenia
|
Se debe distinguir entre la rehidratación, es decir
la reposición de las carencias de líquidos, y la terapia
de mantenimiento de la hidratacion durante la diarrea, es decir,
el reemplazo, volumen a volumen, de las pérdidas fecales
a medida que se van produciendo. Los pacientes con deshidratación
sin shock pueden ser tratados exitosamente por la vía oral
usando la solución de rehidratación oral (SRO) preconizada
por la OMS/UNICEF, u otras soluciones de rehidratación oral
fisiológicamente aptas, a lo que seguirá la realimentación
precoz con fórmulas lácteas y alimentos semisólidos.
Mientras la diarrea continúe, deberá recurrirse al
uso continuado de SRO, alternada con agua u otros líquidos
hipoosmolares (leche materna, por ejemplo.) También se pueden
usar soluciones con concentraciones de sodio inferiores a los de
la SRO de la OMS/UNICEF (ej.: 60, 45 mEq/lt). La administración
de SRO debe hacerse en forma gradual y fraccionada, usando taza
y cuchara o gotario. No se aconseja, en principio, emplear biberones
porque los volúmenes relativamente grandes así ofrecidos
pueden inducir el vómito en el niño. Las sondas nasogástricas
solamente deben ser usadas en situaciones especiales, incluyendo
la carencia de personal auxiliar, aunque la solución lógica
para este problema debiera ser que la propia madre tomara parte
en el tratamiento y cuidados del niño. Un riesgo de las sondas
nasogástricas es la infusión de un volumen de solución
muy superior a los requerimientos del paciente, lo que puede aumentar
los volúmenes fecales.
El grado de deshidratación del paciente determina el plan
de tratamiento a seguir. Para tratar con prontitud la deshidratación
grave es aconsejable recurrir a la administración rápida
de soluciones de rehidratación por vía venosa, durante
un plazo corto de 2 a 4 horas, con la complementación con
SRO por boca una vez que se haya corregido la deshidratación
clínica. Esta situación ocurre en no más del
5% al 10% de los lactantes hospitalizados con diarrea. Los pacientes
con shock hipovolémico por deshidratación grave, íleo
paralítico, estado de coma, convulsiones, o los que presenten
pérdidas fecales o por vómitos que excedan con mucho
los volúmenes que se pueden aportar por boca, requieren tratamiento
con fluídos intravenosos.
La indicación de hospitalización en niños
con diarrea aguda debe ser individualizada y acorde a la disponibilidad
de los recursos locales. Como regla general, ningún
paciente en el Plan A, algunos pacientes del Plan B, y todos
los pacientes en el Plan C, son admitidos al hospital. Los principios
que rigen el tratamiento de la diarrea aguda se resumen en las Tablas
2.4 y 2.6.
En síntesis, el plan A se basa en las siguientes medidas:
aumentar la ingesta de líquidos y mantener la lactancia materna;
seguir dando los alimentos habituales - incluyendo leche de vaca
- y observar al niño para identificar a tiempo los signos
de deshidratación u otros problemas. Los líquidos
a suministrar pueden ser alimentos caseros: agua de arroz, sopas
de cereales y pollo, yogurt, o bien soluciones de rehidratación
oral con 30 a 60 mEq/lt de sodio. Están contraindicadas las
bebidas carbonatadas y jugos industriales, por su elevada osmolaridad
y alto contenido de hidratos de carbono. Los niños menores
de dos años deben recibir alrededor de 50 a 100 ml de SRO
después de cada evacuación diarreica; en los niños
de más edad se puede usar el doble de ese volumen.
El plan de tratamiento B se basa en la necesidad de suministrar,
durante un período corto de rehidratación, un volumen
de líquidos que sirva para reemplazar el déficit de
agua y electrolitos causadas por la diarrea y/o vómitos.
En este caso, se propone emplear entre 50 y 100 ml/kg durante las
primeras 4 a 6 horas. El paciente tiende a dejar de beber la solución
tan pronto se rehidrata, puesto que sus mecanismos homeostáticos
ya funcionan con eficiencia. Esta fase de rehidratación puede
ser ejecutada en la sala de emergencia, policlínico o cualquier
sala que cuente con un mínimo de personal entrenado en la
supervisión de rehidratación, la que será efectuada
por las propias madres de los pacientes. Cuando el niño está
bien hidratado, se pasa a la fase de mentenimiento, que ha sido
antes descrita (Plan A).
El plan de tratamiento C combina la administración muy rápida
de soluciones de rehidratación por vía venosa, durante
un plazo corto de 2 a 4 horas, con la complementación con
SRO por boca una vez que se haya corregido la deshidratación
clínica.
Tabla 2.5
Composición de la Solución de Rehidratación
oral de la OMS
|
| Componentes |
g/l |
mEq/l |
| Sodio |
|
90 |
| Potasio |
|
20 |
| Cloruros |
|
80 |
| Citrato |
|
10 |
| Glucosa |
20 |
111 |
| Osmolaridad (mOsm/Kg) |
311 |
|
|
|
Tratamiento de casos especiales: |
| |
En no más del 5 al 10% de los lactantes
hospitalizados con diarrea se requiere usar soluciones intravenosas
adicionales. Las causas principales para la rehidratación
intravenosa son: shock hipovolémico por deshidratación
grave, íleo paralítico, estado de coma y convulsiones.
También puede suceder que las pérdidas fecales o por
vómitos excedan con mucho los volúmenes que se pueden
aportar por boca. Esto ocurre cuando los flujos fecales son superiores
a 10 ml/kg/hora o si hay 4 o más vómitos de gran volumen
en una hora. Los restantes pacientes pueden ser en su totalidad
tratados exitosamente con soluciones de rehidratación oral.
Cuando es necesario recurrir a la terapia intravenosa de urgencia,
debido a una deshidratación grave, ésta debe complementarse
usando la vía oral con SRO, tan pronto se haya repuesto la
carencia de líquidos por vía parenteral.
El hecho de acortar el período de rehidratación permite
que el paciente recupere la normalidad de sus funciones en un período
relativamente breve. Con ello, entre otras cosas, el paciente recupera
pronto el apetito, lo que permite suministrarle cantidades normales
de alimento con la misma densidad energética que recibía
antes de enfermar.
Según la concentración de sodio en el suero, la deshidratación
se clasifica en tres tipos: isonatrémica, (131 a 149 mEq/L);
hiponatrémica (< 130 mEq/L) e hipernatrémica (>
150 mEq/L). Desde luego que esta clasificación es convencional
y los límites señalados para separar los tres tipos
son relativamente arbitrarios. Esta clasificación, sin embargo,
pretende identificar las situaciones especiales que podrían
requerir de un manejo clínico diferente.
Anexo:
Planes A, B Y C de manejo del niño con diarrea
Plan A
Para enseñar a la madre a:
1· Continuar tratando en el hogar el episodio de diarrea
de su hijo
2· Dar tratamiento precoz en el hogar en futuros episodios
de diarrea
Explicar las tres reglas para tratar diarrea en el hogar:
1· Dar al niño más líquidos que lo
habitual para evitar deshidratación: Usar líquidos
fisiológicamente formulados, (SRO, sopas, agua de arroz,
yogurt sin aditivos), y alternar con agua pura. Usar SRO tal como
se describe mas abajo. En niños que aún no reciben
sólidos dar SRO u otros líquidos, pero no comidas
propiamente tales (sopas, etc.) Dar tanto como lo que el niño
acepte. Continuar dando estos líquidos hasta que termine
la diarrea.
2· Dar al niño alimentación normal para
evitar desnutrición: Continuar con lactancia materna.
Si el niño no recibe lactancia materna, dar las fórmulas
de costumbre. Si el niño ya recibe sólidos, dar
cereales (arroz, fideos, sémola, maicena, etc.) con carnes
y verduras. Agregar aceite antes de servir. Dar plátano
para proporcionar potasio.
3· Llevar al niño a control pronto si el niño
no mejora en tres días, o si desarrolla: vómitos
frecuentes, decaimiento marcado, sangre fecal, fiebre alta, exceso
de deposiciones líquidas. Si al niño le dan SRO
en casa, mostrar a la madre como se prepara y administra la ORS.
Después de cada deposición alterada dar los siguientes
volumenes:
|
Edad
|
Volumen de SRO a dar luego de cada deposición
alterada |
Volumen aproximado a usar en 24 horas |
| Menores de dos años |
50-100 ml |
500 ml/día |
| 2 a 10 años |
100-200 ml |
1000 ml/día |
| Más de 10 años |
Tanto como lo desee
|
2000 ml/día |
Forma de administrar SRO:
- Dar una cucharadita cada 1-2 minutos en niños menores
de 2 años
- Dar tragos frecuentes en niños mayores
- Si el niño vomita, esperar 10 minutos. Luego continuar
con más lentitud. Ej.: darle una cucharadita cada 2 a 3
minutos.
Plan B
Para tratar deshidratación clínica mediante rehidratación
oral
Volúmenes aproximados de SRO para dar en las primeras
4 horas:
|
| Edad * |
Menos de 4 meses
|
4 a 11 meses |
12 a 23 meses |
2 a 4
años |
5 a 14
años |
15
años o más |
| Peso en kg |
Menos de 5 |
5 a 8 |
8 a 11 |
11 a 16 |
16 a 30 |
30 o más |
| Volumen en ml |
200-400 |
400-600 |
600-800 |
800-1200 |
1200-2200 |
2200-4000 |
* Usar la edad del paciente sólo cuando no se conozca
el peso. El volumen aproximado de SRO en ml. puede calcularse multiplicando
el peso del paciente en kgs. por 75.
- Si el niño pide más SRO que lo señalado,
dar más.
- Si la madre da pecho, que siga dándolo entre las administraciones
de SRO.
- En niños menores de 4 meses que no reciben pecho, se
puede alternar la SRO con agua pura: 100-200 cc. en 4 hrs.
- Mostrar a la madre como preparar y dar SRO.
- Dar una cucharadita cada 1-2 minutos en niños menores
de 2 años
- Dar tragos frecuentes en niños mayores
- Si el niño vomita, esperar 10 minutos. Luego continuar
con más lentitud. Ej.: 1 cucharadita cada 2 a 3 minutos.
- Si el niño desarrolla edema palpebral, suspender la administración
de SRO y dar agua o leche materna. Pasar posteriormente al plan
A.
Después de 4 horas, reevaluar al niño cuidadosamente
de acuerdo a la tabla. Luego, seleccionar el plan apropiado.
- Si no hay signos de deshidratación, pasar a Plan A.
- Si todavía hay deshidratación, repetir Plan B
pero empezar a ofrecer alimentación, tal como se detalla
en plan A.
- Si han aparecido signos de deshidratación grave, pasar
a Plan C.
- Dar a la madre SRO para que le sea administrada al paciente
en la casa.
- Dar a la madre instrucciones sobre como realimentar al paciente,
(según el Plan A)
Plan C
Para tratar deshidratación grave de inmediato
Si se puede comenzar con líquidos intravenosos (iv) de
inmediato:
Empezar con líquidos intravenosos. Dar 100ml/kg de solución
Ringer-Lactato, o si no está disponoble: dar solución
de NaCl al 9 por mil (salino). Si el paciente puede beber, dar solución
de rehidratación oral (SRO) mientras está pasando
la infusión iv. Los líquidos intravenosos se dan de
la siguiente manera:
| Edad |
Inicialmente, dar 30 ml/Kg en |
Luego, dar 70 ml/Kg en |
| Lactantes menores de un año
|
1 hora * |
5 horas |
| Niños mayores de un año
|
30 minutos * |
2 horas y media |
* Repetir una vez más si el pulso radial
no es detectable o todavía es muy débil.
- Evaluar nuevamente al paciente cada una o dos horas. Si la hidratación
no ha mejorado, aumentar la velocidad de goteo.
- Dar también SRO (alrededor de 5 ml/kg/hora) tan pronto
como el paciente pueda beber: habitualmente después de
3 a 4 horas en menores de un año o después de 1
a 2 horas en pacientes mayores.
- Después de 6 horas en menores de un año y después
de 3 horas en pacientes mayores, evaluar nuevamente al paciente,
usando la tabla de evaluación de hidratación. Luego,
elegir el plan apropiado para continuar tratamiento (plan A, B,
C).
Si no se puede comenzar con líquidos intravenosos (iv)
de inmediato, pero se va a trasladar al paciente a otro sitio prontamente:
- Enviar al paciente inmediatamente a donde le puedan poner una
infusión iv.
- Dar a la madre SRO para que le sea administrada al paciente
mientras dure el viaje, si el paciente puede beber.
Si el médico o la enfermera están entrenados para
colocar una sonda nasogástrica (sng) y no se puede trasladar
al paciente prontamente:
- Iniciar rehidratación por sng usando SRO: dar 20 ml/kg/hora
por 6 horas (total de 120 ml/kg).
- Re-evaluar al paciente cada 1 ó 2 horas. Si hay vómitos
repetidos o distensión abdominal creciente, dar la SRO
más lentamente. Si la hidratación no ha mejorado
después de3 horas, enviar al paciente para terapia iv.
- Repetir una vez más si el pulso radial no es detectable
o todavía es muy débil.
- Evaluar nuevamente al paciente cada una o dos horas. Si la hidratación
no ha mejorado, aumentar la velocidad de goteo.
- Dar también SRO (alrededor de 5 ml/kg/hora) tan pronto
como el paciente pueda beber: habitualmente después de
3 a 4 horas en menores de un año o después de 1
a 2 horas en pacientes mayores.
- Después de 6 horas en menores de un año y después
de 3 horas en pacientes mayores, evaluar nuevamente al paciente,
usando la tabla de evaluación de hidratación. Luego,
elegir el plan apropiado para continuar tratamiento (plan A, B,
C).
|
TABLA 2.6
Medidas que deben evitarse en el tratamiento de la diarrea
1. Suspensión de la lactancia materna
2. Uso de líquidos de hidratación no fisiológicos:
bebidas carbonatadas u otras que tienen, también,
alta osmolaridad y elevado contenido de azúcares
(jugos y jaleas industriales, ciertos zumos de frutas, etc.)
3. Uso de antieméticos, antidiarreicos, antisepasmódicos,
antisecretorios, adsorbentes.
4. Uso indiscriminado de antibióticos o antimicrobianos
5. Suspensión de la alimentación más
allá de las 4-6 horas de rehidratación inicial
|
|
|
|