PRIMERA SECCION. PATOLOGIA TRAUMATICA
Capítulo Primero. Fracturas. Fracturas del Miembro Inferior.
LESIONES TRAUMATICAS DE LA RODILLA

CONTUSION DE RODILLA

Corresponde a la lesión de partes blandas, sin daño específico de alguna de las estructuras de la articulación.

Síntomas

Dolor en todo el contorno articular.

Aumento de volumen moderado, tanto por edema traumático, como por derrame articular.

Equímosis frecuente en el sitio de la contusión.

Debe descartarse, por la anamnesis y el examen físico, la existencia de lesiones específicas.

En contusiones directas en la cara anterior de la articulación, puede producirse una bursitis traumática, con aumento de volumen prerotuliano, dolor y limitación funcional.

La hidartrosis traumática suele acompañar al síndrome y ello producido por traumatismo violento que llega a comprometer la sinovial (sinovitis traumática).

Confirmado el diagnóstico, el tratamiento exige reposo absoluto de la articulación, vendaje elástico, calor local, analgésicos. Generalmente el proceso cura definitivamente entre 10 a 15 días.

Hemartrosis

Corresponde a la existencia de sangre dentro de la articulación; las causas son todas patológicas, pudiendo variar desde las más leves hasta las extremadamente graves.

  • Ruptura sinovial por traumatismo.
  • Fractura intraarticular: rótula, platillos tibiales, cóndilos femorales. En estos casos, la sangre extraída por punción muestra gotas de grasa sobrenadando la superficie del líquido hemático.
  • Extenso desgarro cápsulo-ligamentoso con ruptura además de la sinovial. En estas circunstancias el hematoma producido por el desgarro cápsulo-ligamentoso, que puede ser extenso, inunda la cavidad articular, generando la hemartrosis.
    Desgarros ligamentosos de mediana intensidad, que no logran ruptura sinovial habitualmente no se complican de hemartrosis importantes.
  • Ruptura de ligamentos cruzados.
  • Tumores de la sinovial.
  • Lesiones pseudotumorales como la sinovitis villo nodular.
  • Discracias sanguíneas (hemofilia).
  • Como complicación en tratamientos anticoagulantes.

Todas estas hemartrosis tienen desde el punto de vista clínico, la característica común de su instalación rápida.

En fracturas de rótula o platilos tibiales, por ejemplo, en algunos minutos adquieren un volumen desusado. Son extremadamente dolorosas y son las que, generalmente, obligan a una punción articular evacuadora de la sangre intra-articular.

En la hemartrosis post-traumática, sólo significa que un elemento orgánico constitutivo de la articulación está lesionado. Es papel del clínico determinar la naturaleza del síndrome.

Cual sea su naturaleza y mientras ésta no sea diagnosticada, el tratamiento se reduce a: reposo de la articulación, vendaje suavemente compresivo, calor local, analgésicos; la punción evacuadora está indicada en dos circunstancias:

  1. Casos en los cuales el derrame es de tal magnitud que provoque dolor que puede llegar a ser intolerable: corresponden a hemartrosis a tensión. Las que ocurren en las fracturas de la rótula o de los platillos tibiales, son buenos ejemplos de ello.
  2. Puede tener además un significado diagnóstico, cuando se detectan flotando en la superficie de la sangre extraída, pequeñas gotas de grasa. La conclusión es casi segura: la hemartrosis tiene su origen en una fractura intra-articular (rótula o platillo tibial).