CUARTA SECCION. TUMORES OSEOS Y LESIONES PSEUDO-TUMORALES
TUMORES OSEOS. ESTUDIO CLINICO, RADIOGRAFICO Y ANATOMOPATOLOGICO. PRONOSTICO Y TERAPEUTICA
TUMORES PRIMITIVOS DEL ESQUELETO

Tienen su origen en algunos de los tejidos que forman el hueso, considerado como un órgano.

Las células que constituyen cada uno de los tejidos del hueso (condroblástico, osteoblástico, fibroblástico, mielorreticular, nervioso, vascular, etc.), tienen la potencialidad de generar tumores de las series respectivas.

Sobre esta base, del origen histológico de los distintos tumores óseos, es que Lichtenstein creó la clasificación que lleva su nombre. Corresponde, por lo tanto, a una clasificación histogenética.

Esta clasificación está basada en dos aspectos patológicos:

Así, atendiendo a estos dos aspectos, se les clasifica en tumores de la serie condroblástica, osteoblástica, fibroblástica, mielorreticular, etc.

Posteriormente, diferencia los tumores de cada familia en benignos y malignos de acuerdo a las características histopatológicas de la célula tumoral y del tejido intercelular que constituye la neoplasia. Sin embargo, es necesario reconocer que, como en toda clasificación de entidades patológicas, se crean dificultades de interpretación.

En la familia de los tumores condroblásticos, fibroblásticos, osteoblásticos y células gigantes, encontramos excelentes y claros ejemplos que ilustran este hecho.

Estudio clínico

El médico recibe del enfermo una valiosa información obtenida de una anamnesis que debe ser cuidadosa y exhaustiva y de un examen físico completo e inteligentemente interpretado.

La experiencia ha demostrado que resulta casi imposible imaginar que, después de una muy buena anamnesis y de un completo examen físico, el médico no haya logrado obtener una buena orientación diagnóstica.

En el campo preciso de los tumores óseos, se ha demostrado que ello es absolutamente válido. Los exámenes posteriores, radiográficos, cintigráficos y de laboratorio, entre otros, no tienen generalmente otro valor que confirmar la sospecha clínica inducida por la anamnesis y el examen físico, además de agregar algunos datos complementarios.

Edad

Siendo valiosa la información recibida del paciente: dolor, aumento de volumen, tiempo de evolución, existencia de uno o más signos inflamatorios, ubicación y tamaño del tumor, hay un antecedente que presenta un valor superior a los demás, en lo referente a circunscribir una posibilidad diagnóstica y es la edad.

En primer lugar, hay que dejar establecido que, por lo menos el 80% de los tumores óseos primitivos, son diagnosticados antes de los 30 años (Figura 1).

 

Figura 1

Por lo menos el 75% de los tumores óseos primitivos del Registro Nacional de Tumores Oseos (1.937 casos) fueron diagnosticados antes de los 30 años de edad. Por ello, una buena lógica clínica obliga a suponer que todo tumor óseo que aparece antes de esa edad tiene una elevada posibilidad de corresponder a un tumor óseo primitivo.

Si este estudio lo proyectamos sólo a los tumores óseos benignos, la tendencia señalada es aún mayor. Es muy probable que esta incidencia sea más alta todavía, si consideramos que muchos de aquellos tumores diagnosticados después de los 30 años, tuvieron su origen antes de esa edad, habiendo pasado inadvertidos considerando su lento crecimiento y su escasa sintomatología (Figura 2).

Figura 2

Si se trata de tumores óseos benignos, la proporción de tumores diagnosticados antes de los 30 años, aumenta a un 80%, por lo menos. Muchos de aquéllos diagnosticados después de los 30 años, muy probablemente tuvieron su origen real antes de esa edad.

 

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